Sailor Moon © Naoko Takeuchi

Adaptación de la novela "Black lace and Linen" de Susan Carroll.

"Encaje Negro"

Capítulo VII

Las letras de la matrícula parecieron grabarse en la mente de Serena, tan negras como en el titular que había leído recientemente, tan ominosas como la palabra clave que los periodistas habían pronunciado una y otra vez en su oído.

Black.

Como clavada al sitio, Serena vio al corpulento chófer salir del coche. Con su físico a lo Conan, era evidente que cumplía además otros servicios.

Se dirigió lentamente a la parte de atrás de la limusina y abrió la puerta. Un hombre alto con ondas de pelo negro como la noche y el delgado rostro oculto tras unas gafas de sol emergió al exterior. Su presencia resultaba imponente en aquella tranquila calle de pueblo.

Serena no había visto nunca a Diamante Black, pero lo reconoció inmediatamente por las fotos de los periódicos. Black el multimillonario, el empresario despiadado, el adversario de Seiya y... el ex amante de Mina.

Fue aquel último pensamiento el que hizo que a Serena se le encogiera de aprensión el estómago. Hasta el momento, había logrado salir más o menos adelante con su actuación como Mina. Pero no había hecho el papel para nadie que realmente conociera a su hermana, y menos para un hombre que la había conocido en términos más íntimos de lo que a Serena le apetecía pensar.

Sin apenas darse cuenta de que lo estaba haciendo, Serena se aferró al brazo de Seiya. - "Seiya" - susurró, como si Black pudiera oírla desde la calle -. "¿Qué está haciendo aquí?."

"No lo sé. Creía que ese hombre no salía nunca del sarcófago a la luz del día."

A pesar del sarcasmo de Seiya, Serena podía sentir cómo se había tensado. Se preguntó cómo reaccionaría Seiya si le proponía que pusieran pies en polvorosa. Probablemente pensaría que estaba loca y, además, era demasiado tarde ya.

Black ya estaba atravesando la puerta de la verja. Serena tenía entendido que los hombres poderosos caminaban como si el mundo tuviera que rendirles pleitesía. Diamante Black caminaba como si esperara que el mundo se apartara de su camino.

Serena tuvo la angustiosa sensación de que la ampliación de doce horas que le había concedido a Mina estaba a punto de llegar a un abrupto fin. Contuvo las ganas de esconderse detrás de Seiya mientras Diamante subía los escalones del porche.

El magnate se detuvo a mirar a Serena y a Seiya. Su rostro parecía más delgado que en la televisión, todo huecos y ángulos, y su boca mostraba una curva arrogante.

"Bien, bien" - dijo -. "El señor Kou ¿no es eso? El visionario constructor de barcos. ¿Sigue allanando propiedades ajenas?"

"Eso es" - Seiya se plantó las manos en las caderas, y su expresión se hizo desafiante - "¿Va a hacerme detener?"

"¿Por qué? ¿Por hacer reparaciones no deseadas?" - la voz de Black tenía cierta cualidad de ronroneo - "Ya le dije en una ocasión que lo entendía. Los entretenimientos deben ser bastante difíciles de conseguir aquí, en este lugar perdido, si tiene que dedicarse a restaurar casas destinadas a la demolición" - la atención de Diamante se dirigió hacia Serena - "Aunque parece que finalmente ha encontrado algo más con lo que divertirse."

Seiya frunció el ceño y dijo -" Supongo que no hace falta que le presente a Mina Tsukino."

"¿Mina?"

Serena percibió la duda en la voz de Diamante y cambió de postura nerviosamente. ¿Era sólo su imaginación o el hombre que se ocultaba tras aquellas gafas oscuras la estaba desnudando mentalmente, decidiendo si se trataba realmente de la mujer que en algún momento había estado en su cama? Forzando una sonrisa, dijo - "Hola, Diamante."

"¿Diamante?" - repitió él.

A Serena se le cayó el alma a los pies, consciente de que había errado por el tono de Black. ¿Cómo demonios debía llamar Mina a aquel hombre?

"Mucho tiempo sin vernos" - dijo Serena débilmente.

Brillante, Serena. Contuvo un gemido. Diamante se la quedó mirando. Estaba en clara ventaja, protegidos sus pensamientos tras los oscuros cristales. Pero, ni cristales ni nada; Serena habría dado cualquier cosa en aquel momento por una bolsa de papel para meter dentro la cabeza.

Tras lo que pareció una eternidad, Black finalmente murmuró - "Ha pasado mucho tiempo, Mina. Me habría costado reconocerte. Es todo un cambio de imagen... de Madonna a Pollyanna."

"He... he estado ayudando a Seiya con la casa" - dijo Serena.

"Y ya veo que han empezado por la parte de abajo."

El comentario levemente jocoso de Diamante Black no tuvo sentido para Serena hasta que se dio cuenta de que Seiya aún sostenía su prenda íntima nueva en la mano. Serena dejó escapar un gemido de horror y se puso como un tomate. Seiya hizo una mueca y metió la prenda otra vez en la bolsa.

"Entonces, ¿qué le ha hecho salir de su ático de lujo, Black?" - inquirió Seiya - "Creía que tendría al menos un centenar de adláteres para hacerle los recados."

"Cierto, pero hay veces que desciendo en persona. Para ver un poco a las masas de desheredados a los que se me acusa de oprimir. Ha logrado despertar mi curiosidad respecto a esta casa por cuya salvación está removiendo cielo y tierra. No me haría ninguna gracia enterarme de que me estoy perdiendo algo de valor."

Diamante pasó por delante de Seiya. Echando hacia atrás la cabeza, examinó la casa con paso lánguido, frunciendo los labios ligeramente. ¿Por qué, se preguntó Serena, con Diamante allí, los desperfectos de la casa parecían de pronto resaltar más? Diamante hizo una mueca cuando se desprendió un trozo de madera de la barandilla por la que acababa de deslizar su bien cuidada mano. Le tendió la tabla rota a Seiya.

"Lo siento. Imagino que querrá preservar esto para la posteridad también."

Seiya le arrancó la tabla de la mano. - "No creo que le gustara saber qué es lo que me apetecería hacer realmente con esto."

Aunque Diamante se echó a reír, Serena se encogió de aprensión. Los modales de Seiya distaban de ser conciliadores. Si había la menor posibilidad de que Diamante flaqueara, Seiya, con su obcecación, la estaba echando a perder. Serena no sabía cuánta influencia había ejercido Mina sobre Diamante, si era que había tenido alguna. Pero si el ejercicio de algo del encanto de su hermana podía ayudar a Seiya, Serena tendría el coraje de utilizarlo.

Tragando saliva con fuerza, se dirigió a Diamante. Posó suavemente la mano en su brazo, forzando una sonrisa a lo Mina en los labios. - "¿No te gustaría ver el interior de la casa antes de decidirte, eh... Diamante... ehh, cariño?"

Serena no sabía qué había dejado más anonadado a aquel hombre, si su solicitud o el uso del apelativo cariñoso. Algo azorada, apartó la mano de su manga.

"Parece que hay un cerrojo en la puerta"– dijo Black.

"Lo puse yo" - dijo Seiya - "Alguien tenía que hacer un esfuerzo por mantener fuera a los vándalos."

"Qué prudente. Pero dudo que tenga mucho efecto delante de los bulldozers. Los cerrojos parecen caros. Me ocuparé de que se los devuelvan cuando la casa haya sido derribada."

"Eso lo decidirán los tribunales."

"No, se lo aseguro. Tendrá su cerrojo me lo ordenen los jueces o no."

La respuesta de Seiya fue una sonrisa tensa y peligrosa. Le asustaba a Serena comprobar hasta qué punto era capaz de leerle la mente a Seiya, sus ganas de agarrar a Diamante por el cuello de su caro traje y sacarlo a trompicones del porche. Y en tal caso, el gorila de Diamante haría papilla a Seiya.

Serena se interpuso rápidamente entre Seiya y Diamante. Siguió intentando convencer a Black seductoramente - "Ya que has venido hasta tan lejos a ver este sitio, podrías al menos detenerte un poco a verlo mejor. Deja que te enseñemos el interior."

"Me temo que no me interesa" - dijo Diamante - "Nunca he sido partidario de los placeres del papel pintado descolorido y las cañerías estropeadas."

"Pero esta casa es parte del patrimonio arquitectónico del país."

"Igual que las letrinas campestres. Y esa no es razón para salvarlas todas."

"Pero si al menos..."

"Olvídalo, Mina" - aquella vez fue Seiya quien la interrumpió - "El señor Diamante no distinguiría lo que es auténtica elegancia ni aunque se diera de narices con ella. No hay más que ver esos elefantes de hormigón que construye a los que llama hoteles. Estás perdiendo el tiempo con él."

"Del mismo modo que lo estoy perdiendo yo aquí" - dijo Diamante, consultando su reloj -. De todas formas, ha sido una suerte encontrarte aquí, Mina. Me da ocasión para dejar resuelto un asunto pendiente entre nosotros."

Serena se puso rígida. ¿Lo estaba imaginando o realmente la sonrisa de Black había adquirido un brillo predatorio?

"¿Q-qué asunto pendiente?" - balbuceó Serena.

"Mina" - dijo él suavemente, acercándose más - "No lo habrás olvidado tan pronto..."

"Bueno... yo... yo..."-Lanzó una mirada desesperada hacia Seiya, quien cruzó lo brazos con gesto de... ¿sospecha? ¿despecho? Serena sintió una punzada al recordar cómo había insistido en asegurarle a Seiya que no había nada entre Diamante y ella. Serena retrocedió hasta que su espalda topó con la barandilla del porche. - "Nuestra relación fue de lo más informal, ¿no? Sólo unas cuantas citas."

Serena se estrujó la mente tratando de recordar cualquier cosa que Mina le hubiera contado acerca de Diamante. - Al fin y al cabo, sigues siendo un hombre casado."

"Mi divorcio es casi definitivo."

"Pero... cualquier chispa que pudiera haber entre nosotros ya no existe."

"¿Ah, no?"

Lentamente, se quitó las gafas oscuras. Serena comprobó, consternada, que aquello no mejoraba la situación. Tenía unos ojos verdes de tigre debajo de sus pesados párpados entornados. Y era imposible leerle los pensamientos.

"Sí" - prosiguió ella -. "Aunque vayas a divorciarte, no... no deberías buscar una aventura como si fuera de... rebote."

"Tal como lo dices, cualquier diría que soy una pelota de baloncesto perdida."

Escuchando aquella conversación, Seiya sintió que una extraña mezcla de emociones le atenazaba el estómago. Se preguntó si entendería alguna vez a Mina Tsukino. Con su reputación, tendría que haber sido capaz de arreglárselas con un hombre como Diamante, ponerlo en su lugar con la misma facilidad que se envía a un mastín a su caseta. Y sin embargo Mina parecía tan indefensa contra la agresión de Diamante como aquella vieja casa lo estaría ante sus bulldozers. Una oleada de celos y afán de protección lo invadió de pronto.

Aunque se sintió como un ridículo hombre de las cavernas, no pudo contenerse. Se acercó a Mina y la rodeó protectoramente con un brazo. - "Creo que la señorita le está diciendo que ya no le interesa, Black" - dijo Seiya.

"Sí, eso es" - el suspiro de Serena fue casi de agradecimiento" - "Eso es exactamente lo que estaba intentando decir."

En lugar de irritarse, Diamante pareció más regocijado que nunca. - "¿Cómo? ¿Ya no le interesa seguir su carrera fotográfica?"

"¿Qué demonios está diciendo? "- gruñó Seiya.

"No me diga que Mina no le ha contado cómo nos conocimos."

Seiya le lanzó una mirada interrogativa a Serena.

Ella se mordió nerviosamente el labio mientras jugaba con su trenza. No tenía ni la menor idea de cómo Mina había llegado a tener nada que ver con Diamante. Su hermana parecía sacar sencillamente a los hombres del sombrero, como los ilusionistas los conejos.

Por una vez, Black decidió ayudarla a recordar - "Vi unas fotos de Mina en una exposición local. Me pareció que tenía talento y me ofrecí a usar mi influencia para que consiguiera un trabajo en una de las revistas más importantes de Nueva York."

"Ah, eso" - dijo Serena débilmente.

"Me decepcionaste, Mina, desapareciendo de aquella forma, después de todo lo que me molesté por ti. La directora de Ella aún está esperando el resto de las fotos. Imagino que has estado demasiado ocupada... ehh... rehabilitando con el señor Kou."

"La directora tendrá esas condenadas fotos, Black" - dijo Seiya.

"La semana que viene" - añadió Serena.

"Eso no basta, Mina. Tienes que tenerlas lo antes posible. Voy a cenar con el editor de Ella mañana por la noche. Para entonces, habré recibido esas fotos tuyas."

Serena suspiró. ¿Qué podía decir? ¿Cómo iba a hacer promesas en nombre de su hermana? No sabía si su trabajo para la revista Ella era importante para Mina. En algún momento, había hablado de irse a Nueva York y establecerse como fotógrafa independiente. Pero la triste verdad era que Serena sabía muy poco de lo que Mina deseaba... aparte de a Yaten Kou.

"Bueno..." - Serena hizo una pausa - "Creo que Mi... es decir, creo que tengo unas buenas tomas de Atlantic City en mi carpeta en la casa de la playa."

La risa de Diamante hizo que a Serena se le erizara el vello de la nuca. - "Ah, Mina. Siempre tan bromista. Naturalmente, sabes muy bien lo que hace falta. Algunas fotos llenas de inocencia primigenia que celebren las glorias de la forma masculina desnuda."

"Fotos de Hombres en cueros" - interpretó escuetamente Seiya, enarcando una foto en dirección a Serena.

Ella se encogió. ¿Fotografías de hombres desnudos? ¡Santo cielo! ¿Adónde íbamos a parar?

"Para mañana por la tarde" - insistió Diamante. Serena se mordió el labio.

"No... no creo que pueda. Quiero decir, no hay tiempo suficiente."

"Pero es la oportunidad de tu vida, querida" - ronroneó Diamante - "No puedo creer que después de todo lo que me molesté por ti..."

"Ella hará esas condenadas fotos" - dijo secamente Seiya.

Serena deseó que la tierra se abriera y se la tragara. Lanzó una mirada a Seiya, en parte de indignación y en parte de desesperación. ¿Pero de qué lado estaba aquel hombre?

Pero antes de que ella pudiera seguir protestando, Diamante había dado el asunto por zanjado. - "Estaré trabajando en mi despacho hasta las cuatro" - dijo - "Haz que me hayan llegado las fotos a esa hora."

Tras ponerse de nuevo las gafas, Diamante comenzó a bajar las escaleras del porche. Se detuvo solamente a lanzar una sonrisa más por encima del hombro.

"¿Sabes que me alegro de haber venido, después de todo? Nunca imaginé que visitar casas ruinosas pudiera ser tan entretenido."

Serena vio alejarse a Diamante sintiendo hervir el resentimiento. Su rostro mantenía una expresión tranquila mientras se subía a su limusina. Pero ella tenía la extraña sensación de que aquel hombre se iba a pasar el camino de vuelta a Atlantic City riendo a mandíbula batiente.

Cuando la limusina de Diamante Black hubo desaparecido calle abajo, Serena tuvo que hacer un gran esfuerzo para volverse a mirar a Seiya, convencida como estaba de que él debía haber interpretado de la peor forma posible lo que acababa de ocurrir entre Diamante Black y ella.

Cuando al fin lo miró, descubrió que estaba recogiendo su caja de herramientas. Toda traza de la calidez, de la risa, de la comprensión que habían compartido antes de la llegada de Diamante parecía haberse desvanecido. A Serena se le cayó el alma a los pies.

"Será mejor que regresemos a la casa de la playa. Me da la impresión de que le espera una tarde ajetreada, señorita Tsukino."

"Seiya, no pienso hacer esas fotografías."

"¿Por qué no? ¿No querrás perder tu gran oportunidad, verdad? Y menos cuando es evidente que le has dedicado tanto esfuerzo a que el señor Black te la ponga en bandeja."

Ella se encogió ante el sarcasmo de su tono. - "Minn... digo, yo no me he acostado con Diamante para avanzar en mi carrera. Es un tipo de cosas que yo no hago."

"Nunca he dicho que lo hubieras hecho."

"Pero lo estás pensando."

"No tienes ni idea de lo que estoy pensando."

Aquello era cierto y estaba haciendo que Serena se sintiera incómoda, tanto como la mirada extrañamente especulativa que le estaba dirigiendo Seiya.

"Si este trabajo que te ofrece Diamante es algo en lo que ha estado soñando toda tu vida - dijo él -, más vale que no lo dejes escapar..."

"Bueno, pues no... no puedo. Ni siquiera me he traído el equipo fotográfico."

"Sí que te lo has traído. Vi la maleta de las cámaras cuando ayudé a Yaten a descargar tu equipaje."

"Además... ¿dónde iba a sacar unas fotos como...esas? ¿En el salón familiar de tu casa?"

"Eso le encantaría a Lou. Pero no, creo que será mejor que las hagas en la playa. Es un sitio bonito e íntimo."

Serena se humedeció los labios nerviosamente. ¿Qué le pasaba a Seiya? Era como si estuviera tratando de forzarla a hacerlo tanto como Diamante.

"¿Y de dónde se supone que iba a sacar un modelo?" - inquirió - "¿Le digo a algún pescador que pase por ahí si le importa quedarse en cueros para mí?"

"No te lo aconsejo. Conseguirías demasiados voluntarios" - Seiya miró hacia la bahía, con expresión pensativa; luego, al cabo de un segundo, dijo - "No, lo haré yo."

"¿Harás qué?"

"Posar para ti."

Serena se lo quedó mirando, boquiabierta. - "¿Tú?" – dijo, algo jadeante - "¿Estarías dispuesto a posar para mí?."

"Sí."

"¿Desnudo?"

"¿Por qué no? Tú no dejas de decir lo natural que es."

"Pero... pero..."

"Es decir, a menos que creas que no sirvo..." – dijo él, desafiante.

Serena tragó saliva. Aquel era el problema, precisamente. Estaba convencida de que Seiya servía. Demasiado bien. Secándose el sudor que se le había formado en la frente, casi se ahogó al replicar - "Claro que pienso que estarías estupendo desnudo... quiero decir, que eres muy... Pero no creo que quieras..."

"¿Por qué no?" - Seiya se encogió de hombros - "Tal vez me haya vuelto demasiado rígido y puritano. Pero conocerte ha hecho que vea las cosas de forma considerablemente más abierta."

Serena sacudió la cabeza. - "No lo creo. Eres el hombre más celoso de su intimidad que he conocido nunca. Me dijiste que odias que te fotografíen, que es como si desnudaran tu alma."

"Pero no es el alma lo que tengo intención de desnudar para ti" - dijo Seiya con una sonrisa pícara -. "Te llevaré de vuelta a la casa y quedaremos en la playa en cuanto me haya cambiado."

¿Cambiado? ¿Para ponerse qué? Mientras veía a Seiya bajar los escalones del porche, Serena estaba demasiado horrorizada para preguntárselo.

Serena se pasó la siguiente hora dando vueltas por la cocina de los Kou, marcando el número de los primos del campo y tratando de no dejarse arrastrar por el pánico. Finalmente consiguió hablar con un aburrido adolescente que se había despegado lo suficiente de sus juegos de vídeo para informarle de que Yaten y Mina se habían ido a merendar al lago.

¿A merendar?, pensó Serena mientras colgaba el teléfono. Aquello no sonaba a que Mina tuviera intención de hacerle ninguna revelación seria a Yaten. Pero Serena le había dicho a su hermana que podía esperar hasta las nueve de la noche. Y Mina era especialista en retrasar las cosas desagradables hasta el último minuto.

Sin embargo, aquella situación había llegado al límite de lo insostenible. Serena apenas distinguía un lado de la cámara del otro. No podía fingir ser una fotógrafa profesional ni aunque el modelo fuera un perrito de peluche. Si encima se trataba de Seiya en toda su gloriosa desnudez...

Un estremecimiento de la más pícara anticipación la sacudió de la cabeza a los pies. Lo contuvo, pensando que debía avergonzarse de sí misma. Además, se estaba preocupando por nada. Seiya estaba sólo provocándola. Estaba claro que no iba a llegar hasta el final con aquello. Por supuesto. ¿No?

Tranquilizándose con aquel vago pensamiento, Serena salió por la puerta trasera y se dirigió hacia la playa. Sus sandalias se hundían en la arena caliente y suave. La playa era tan íntima como le había asegurado Seiya. Nada más que el oleaje, el cielo y la arena.

En medio de aquel paraje agreste, se erguía la tienda de lona roja y blanca de los Kou, como si fuera la de un jeque del desierto. Seiya estaba allí, esperando. Cualquier esperanza que ella hubiera podido albergar de que le pusiera las cosas más fáciles se desvaneció rápidamente. Incluso desde aquella distancia, veía en su rostro la determinación más absoluta.

Se había puesto un suéter gris con capucha y unos vaqueros cortados que se ajustaban a su cuerpo, marcando claramente su trasero y sus muslos.

Seiya Kou en cueros. La sola idea tuvo un poderoso efecto en ella. Auténticos escalofríos. ¿Era posible, pensó que una mujer pudiera sentir al mismo tiempo lascivia y pudor?

Tropezando un poco en la blanda arena, Serena salvó la distancia que lo separaba. Descubrió que no podía mirar a Seiya a los ojos. Pero bajar la mirada le resultaba igualmente desasosegante. Aquellos vaqueros suyos estaban muy gastados por los sitios más apropiados, y algunos de los rotos dejaban entrever su piel bronceada.

¿Qué se suponía que podía decirle a un hombre al que una iba a fotografiar desnudo?

"Hola" - consiguió decir torpemente Serena, metiéndose una mano en el bolsillo de los vaqueros.

"Llegas tarde" - dijo él.

"He... he tenido que ocuparme de algunas cosas."

- "La luz está empezando a disminuir. Será mejor que empecemos cuanto antes" - dijo Seiya.

Parecía dispuesto a ponerse al asunto con la misma eficiencia con la que abriría una reunión de la junta directiva.

"¡Oh, Maldición!" - exclamó Serena, tratando de chasquear los dedos -. "Se me ha olvidado la bolsa de la cámara, después de todo."

"No hay problema. He subido a buscarla mientras tú estabas ocupada con el teléfono."

Serena hizo rechinar los dientes al ver la enorme bolsa del equipo de Mina junto a la tienda. Aquel hombre era condenadamente eficiente. Iba a conseguir que le diera un ataque de nervios.

Cuando Seiya comenzó a quitarse el suéter, Serena experimentó una punzada de pánico.

"Espera" - gritó, aferrándole de la muñeca; cuando él le dirigió una mirada fría e inquisitiva, balbuceó precipitadamente - "Hummm, tal vez esto no sea muy buena idea. Esa brisa que viene del océano. Brrr" - fingió temblar -. "No quisiera que te resfriases."

"No te preocupes por mí. Tengo sangre vikinga en las venas."

Hizo ademán de seguir quitándose el suéter. - "No" - exclamó Serena -. "Errr... esto... la luz no es la ideal. Podríamos hacerlo en otro momento. Mañana, quizás."

"No, no podemos. Ya has oído lo que ha dicho Diamante. Tienes que enviarle las fotos mañana o perderás tu oportunidad" - Seiya le lanzó una mirada impaciente.

Como ella seguía impidiéndole quitarse el suéter, se quito el cinturon de cuero.

Serena insistió. - "Es que no quiero que hagas nada que... te haga sentirte incómodo."

"¿Quién se siente incómodo? Me da la impresión de que eres tú quien tiene más problemas con esto, Mina."

"Qué va. Es sólo que..." - Serena se estrujó el cerebro, buscando otra excusa - "No puedo fotografiarte así."

"¿Cómo?"

"Estás demasiado rígido."

"¿Demasiado qué?" - inquirió él incrédulamente. Los ojos de Serena descendieron fugazmente hacia la parte delantera de sus pantalones.

"Oh, no... no quería decir... solamente me refería a que estás demasiado tenso."

"No me pasa nada. Bueno, ¿vas a hacer esas condenadas fotografías de una vez, sí o no?"

"¡Muy bien!" - dijo ella bruscamente, sintiendo que su propia tensión dejaba paso al enojo. Si tantas ganas tenía de exhibirse en cueros, ¿quién era ella para impedírselo? Aquello no iba a alterarla. Al fin y al cabo, no era ninguna adolescente tonta y vergonzosa.

En cuanto a fotografiarlo, Serena había conseguido arreglárselas en peores situaciones a lo largo de los últimos días. Sin embargo, no logró recordar ninguna mientras abría la bolsa de las cámaras de Mina un momento después. Había tres cámaras, y Serena estaba convencida de que ninguna de ellas era una Instamatic.

Sacó la más pequeña y de aspecto más inofensivo de su estuche. Le dio vueltas en las manos con tanta prevención como si fuera un objeto venido del planeta Marte. El resto del equipo le resultaba sencillamente impresionante: una especie de medidor, más lentes y un paquetito de papel de aluminio...

¿Qué demonios sería aquello? Llena de curiosidad, Serena lo sacó para examinado. Cuando se dio cuenta de que el paquetito en cuestión no tenía nada que ver con la fotografía, se puso colorada y volvió a meterlo en la bolsa antes de que Seiya lo viera.

El hallazgo del preservativo no hizo sino contribuir al azoramiento de Serena. Decidió no hurgar más en la bolsa. ¿Quién sabía lo que Mina podía tener allí metido? Además, intentar cargar la cámara no haría sino contribuir a delatarla aún más.

Tenía que haber una forma de fingir que estaba tomando fotos realmente. ¿Dónde estaba el botoncito que hacía clic? Todas las cámaras tenían un botoncito, ¿no? Mientras Serena lo buscaba, una gaviota pasó volando por encima y emitió su extraño graznido, que le sonó a una risa burlona.

"¿Quién te ha preguntado nada?" - masculló Serena.

"¿Qué?" - preguntó Seiya.

"Nada, yo..." - al alzar la mirada, se quedó sin habla.

Seiya se había quitado el suéter.

La luz de última hora de la tarde bañaba su piel bronceada, los músculos sinuosos de sus hombros, la suave fuerza de sus brazos y su pecho. El calor acudió a las mejillas de Serena.

Con el sol brillando tras él como una bola de fuego y el viento agitando su cabello, había algo de primitivo en su imagen.

Y la respuesta de Serena fue igualmente primitiva... Sintió que el deseo se despertaba en ella con una fuerza tan intemporal como el ritmo del mar. Humedeciéndose los labios, tragó saliva con fuerza. Recordó que le había preguntado en una ocasión a Mina cómo lograba fotografiar desnudos a los hombres sin sonrojarse.

"No es más que un trabajo" - le había dicho su hermana, encogiéndose de hombros - "No tienes más que mantenerte distante e impersonal..."

Pero las reacciones de Serena ante Seiya Kou no habían sido nunca impersonales. Ni en el primer momento. No se dio cuenta de que estaba comiéndoselo con los ojos hasta que sus miradas se encontraron, llenas de deseo. Las manos de Seiya descendieron lentamente hasta el botón de sus vaqueros. Serena se quedó mirando fijamente su estómago plano, la mata de vello rubio que desaparecía por dentro de la cintura del pantalón.

"Quizás deberíamos comenzar antes por algunas fotos de cintura para arriba" - sugirió ella.

"Muy bien" - la voz de Seiya sonaba un poco más ronca -. "¿Dónde me pongo?"

"Ahí mismo está bien."

Buscó refugio detrás de la cámara, tratando de encontrar distancia a través de la lente. Dando vueltas alrededor de Seiya, jugueteó con los diversos dispositivos, girando aquello, apretando lo de más allá, tratando de parecer que sabía lo que estaba haciendo.

"¿No quieres que haga nada?" - preguntó Seiya.

"Bueno, yo..."- Serena enfocó por un momento sus fuertes manos. Recordó las sensaciones que le habían producido cuando Seiya la había besado, al internarse en su pelo, al acariciarle la espalda, al cubrir su pecho..."

"N-no" - gimió -. "Actúa con naturalidad."

No estaría mal que al menos uno de ellos lo consiguiera.

"¿No quieres que me quite el resto de la ropa?"- Ella no pudo responder.

Se sentía como una mirona descarada mientras contemplaba cómo las manos de Seiya descendían hacia el cierre de su pantalón y abrían el primer botón de su bragueta. Cuando descendieron al siguiente, Serena se estremeció y consiguió apartar la mirada. Le dio la espalda, fingiendo estar totalmente concentrada en algún aspecto de la cámara. La playa parecía estar tan tensa y silenciosa como ella. Sólo el interminable rumor de las olas al romper y los graznidos de las gaviotas quebraban el silencio.

Notó que Seiya se acercaba a ella por detrás. Se puso rígida, imaginando casi que podía sentir el calor que emanaba aquel cuerpo semidesnudo. Le llegó su voz, rasposa y baja, muy cerca de su oído. Pudo sentir su aliento cálido en la nuca.

"Ya que voy a tomarme la molestia de desnudarme, Mina, tengo una sugerencia que hacerte."

"¿S-sí?" - balbuceó ella, como si las rodillas estuvieran a punto de fallarle.

"Tal vez deberías quitarle la tapa al objetivo."

La sugerencia era tan diferente de lo que ella había esperado que tardó un momento en que su mente la registrara.

"¿La tapa del objetivo?" - repitió estúpidamente.

Al bajar la mirada, pasó por la humillación de ver el negro plástico que cubría aún la lente de la cámara. Su mirada se alzó involuntariamente otra vez hacia Seiya.

No se había quitado los vaqueros, después de todo. No sabía si se sentía más aliviada o más decepcionada. El caso fue que se le escapó la cámara de las manos, yendo a parar a la arena.

"Oh, maldita sea" - dijo, agachándose a recogerla y dándose cuenta de cómo le temblaban las manos. - "No suelo ser tan torpe. No sé qué es lo que me pasa."

"Oh, yo creo que sí lo sé." - Serena le lanzó una mirada inquieta.- "Sólo hay un problema con usted, señorita Mina Tsukino" - sus labios se curvaron en una sonrisa lenta - "Es usted un absoluto y completo fraude."


¡Hola!

Estoy muy contenta!! me dejaron muchos reviews!!

Estoy re feliz!

Yo quiero ser Serena!! Quiero que Seiya pose desnudo para mi jejeje. ¿A quien no? XD

Gracias a todas!

veronick: Como veras... las cosas se ponen cada vez mas candentes jejeje. Esto recien empieza! Jajaja

sol .kaori: Hola! creo que para que no desaparezca tu nombre, tengo que separlos del punto, no se por que. Queria preguntarte sobre el concurso de los premios! Pero, aunque no lo creas, no pude instalar el equipo de internet a mi compu. Me siento una inutil. Yo me equivoque de canal y en lugar de mirar Utilisima, mire inutilisima jajaja.

Kinsei-Hime: Mina me hace acordar mucho a mi prima! Siempre termino haciendo lo que ella quiere jajaja. Seiya ya sabe como poner nerviosa a Serena! Yo queiero ser Serena por un dia!

INDO KOU: No te preocupes que Seiya ya esta por enterarse de la verdad! Estoy en un 50% segura que el capitulo que viene te va a gustar! jejeje XD

KuMiKo Kou: Jaajaja, veo que no soy la uniaca pervertida a la que le gustan los lemmons jajaja. NO ESTAMOS SOLAS! Jejeje, eso descubrilo en el siguiente capitulo! XD

emi-87 ¡Bienvenida! Espero que te guste este capitulo! No te pierdas el que sigue!

drixx: Si te gusto el capitulo de la piscina... este te va encantar y el siguiente ni hablar jajaja...TE DEJO CON LA PICA! XD

MISS-ODANGO (x6) XD ¡Gracias! Si! "costa espranza" es por verano del 98! Amo a Tomas Fonzi y Alejo Ortiz (aunque hoy en dia esta pelado) XD

Patty Ramirez de Chiba: Espero que te guste el capitulo!

chikita22bkou Tenia tiempo sin tener noticias tuyas jejeje BzO!

Erill Cullen ¡En el siguiente capitulo Serena va a intentar hablar con Seiya para explicarle la verdad!!

Espero que lo disfruten!

Lucyana Li Kou