Sailor Moon © Naoko Takeuchi

Adaptación de la novela "Black lace and Linen" de Susan Carroll.

"Encaje negro"

Capítulo XVIII

A Serena se le paralizó el corazón.

"No eres lo que pretendes ser, Mina Tsukino."

Mina. Serena sintió que su momentánea esperanza caía por tierra. Estaba más atrapada que nunca en aquella delirante mascarada.

Seiya la tomó de la barbilla y la forzó a mirarlo a los ojos, como si quisiera penetrar en las profundidades de su alma. - "Por mucho que hables de la desnudez y el sexo, creo que mantienes los mismos valores anticuados que yo. Tienes tan pocas ganas de hacer esas fotografías de desnudo para esa ridícula revista como yo de posar para ellas."

"O sea que sólo estabas poniéndome a prueba" - lo acusó Serena -. "No tenías ninguna intención de llegar hasta el final."

"Supongo que lo habría hecho si tú lo hubieras deseado realmente."

"¿Por qué?"

"Porque la idea de que puedas estar dando vueltas por la playa alrededor de algún otro hombre desnudo me saca bastante de quicio" - sus labios se torcieron en una sonrisa pesarosa -. "Y, sí, tal vez estaba poniéndote a prueba. Me has tenido desconcertado desde el primer momento que te conocí. Es casi como si fueras dos mujeres diferentes."

Serena miró el reloj de reojo. Las cinco. ¿Qué diferencia podían suponer cuatro horas para Mina? Promesa o no promesa, Serena no podía aguantar por más tiempo aquello.

Haciendo acopio de coraje, dijo - "Seiya, hay algo que tengo que explicarte..."

Pero él posó un dedo sobre sus labios, silenciándola. - "No tienes que explicarme nada. Lo entiendo."

"¿L-lo entiendes?"

"Por la razón que sea, crees que tienes que presentar esta fachada de mujer sexy, dura y moderna. Pero no hace falta. Ya eres lo bastante vibrante y deseable sin necesidad de ninguna simulación."

¿Serena Tsukino vibrante y deseable? Oh, Dios, si él supiera... Serena sintió que algo moría dentro de ella mientras Seiya proseguía tiernamente- "Básicamente, creo que eres una mujer demasiado honesta para estos juegos."

¿Demasiado honesta? Serena tragó saliva. La confesión que estaba tratando de hacer se le atenazó en la garganta como una bola de fuego.

"Y no necesitas ayudar a un hombre como Diamante. Si tienes tanto talento como pienso que tienes, puedes salir adelante por tu cuenta. Tienes que tener cuidado con él, Mina. Nunca le hace ningún favor a nadie si no es a cambio de un precio muy alto."

"Ya te dije, Seiya" - Serena consiguió encontrar la voz al fin - "que no ha habido nunca nada entre Diamante y yo. Y nunca lo habrá."

"Bien. Tú no eres el tipo de mujer para Diamante."- El corazón le latió locamente cuando Seiya deslizó las manos en torno a su cintura.

"¿Entonces qué tipo de mujer crees que soy?" – le preguntó tristemente.

"Mía."

La atrajo contra su pecho desnudo. Ella pudo sentir su calor incluso a través del algodón de su blusa. Seiya enredó las manos en su pelo, mientras su boca se posaba sobre la de ella, reclamándola en un beso dulce y posesivo. Serena se fundió contra él, y sus labios se abrieron bajo el asalto de su lengua, invitándole a la posesión.

Seiya contuvo la creciente pasión de aquel beso para dulcificarlo, para degustar sus labios, su barbilla, sus párpados, su pelo. Dejando escapar un profundo suspiro, apoyó la frente en su coronilla. - "Mina" - murmuró - "Quiero hacerte el amor. Nunca he deseado nada con tanta fuerza en toda mi vida."

No. No era a ella a quien deseaba. Seiya ni siquiera sabía su nombre. ¿Pero acaso importaba?, se preguntó Serena anhelantemente.

Rodeándole el cuello con los brazos, se apretó más contra él, mientras se oía a sí misma decir - "Yo también te deseo, Seiya."

Lo besó, deslizando la lengua por sus labios, a la vez escandalizada y encantada de su propio atrevimiento. Seiya se estremeció y le devolvió el beso con febril intensidad. Sus manos se deslizaron por la espalda de Serena hasta posarse sobre sus glúteos. La apretó contra su ingle para que pudiera sentir la magnitud de su deseo.

Serena sintió que la necesidad alcanzaba en ella límites desconocidos. Arqueó el cuello cuando lo labios de Seiya descendieron a acariciar la columna de su garganta. Él deslizó las manos por debajo de su blusa. Serena se estremeció al sentir el contacto de sus ásperas palmas contra la piel desnuda, sus dedos ascendiendo hacia la curva de su sujetador.

Sintió que los pechos se le hinchaban de anticipación. Pero, para su asombro y decepción, Seiya se detuvo a medio camino. Gruñendo, se apartó de ella. - "Oh, Dios, Mina" - dijo, jadeante - "No podemos. Aquí no. Ahora no. No... no tengo nada para protegerte."

¿Protegerla de qué? Le costó un momento a Serena entender lo que quería decir. Protección. ¿Cuántos hombres aparte de Seiya serían tan galantes como para detenerse a pensar en algo así en mitad de la pasión? Pensó en volver a arrojarse al refugio de los brazos, de Seiya, e intentar que Seiya superara sus escrúpulos, cuando de pronto recordó algo.

"Espera un momento" - dijo, apartándose de él. Sintiendo que su deseo hacia ella ardía en su ingle como una llama, Seiya inhaló profundamente. Contempló sus movimientos, y se quedó desconcertado cuando la vio sacar algo de la bolsa de las cámaras, y luego regresar junto a él, con expresión de delicioso azoramiento.

"No quiero que pienses que... pero da la casualidad de que..." - extendió la mano y la abrió lentamente - "Toma."

Los ojos de Seiya se dilataron de asombro cuando vio lo que tenía en la palma. Sus labios se curvaron en una sonrisa lenta e incrédula.

"Bueno, desde luego, has venido preparada."

"No, no es eso. No quiero que pienses que he planeado esto... "- dijo ella, claramente alterada por su tono zumbón- "que suelo ir con este tipo de cosas con todo el mundo a quién fotografío."

"No lo creo. De la misma forma que yo no me ofrezco para desnudarme delante de cualquiera que aparezca por la playa..."

"Pero sé que piensas que tengo por costumbre... "

Él la silenció poniéndole un dedo sobre los labios. - "En este momento no pienso nada, excepto lo hermosa que eres. No son necesarias explicaciones ni excusas entre nosotros, Mina. Ni sobre tu pasado. Ni sobre el mío."

Y tomó el paquetito de su palma solemnemente, como si fuera un don que ella le ofreciera. Se lo metió en el bolsillo de los vaqueros, luego se acercó la mano de Serena dulcemente a los labios antes de conducirla a la tienda de lona.

Se estaba fresco y a la sombra dentro de la estructura. El pesado lienzo parecía excluir el mundo exterior... incluso el rumor del océano. Seiya extendió una manta y Serena se sentó, abrazándose las rodillas. Mientras Seiya se sentaba a su lado, ella paseó la mirada por el interior de la tienda, cuyas paredes se agitaban levemente bajo la fuerza del viento. Sonrió

"Esto parece aquella película muda de Rodolfo Valentino, El Jeque. Casi me siento como la heroína raptada por el beduino."

"Soy hay una diferencia esencial" - le apartó un mechón de la cara a Serena - "Yo nunca tomaría a una mujer por la fuerza."

"Ya lo sé, Seiya. Creo que no he conocido nunca a un hombre más gentil que tú."

Un pensamiento fugaz atravesó la mente de Seiya sin que pudiera evitarlo. ¿A cuántos hombres habría conocido ella? No era importante. Lo único que importaba era que estaba con él allí en aquel momento.

Acariciando el extremo de su trenza, comenzó a desenredársela hasta que el pelo le cayó en torno a la espalda en una cascada de color rubio y destellos dorados. De pronto le pareció tímida, incluso nerviosa.

Y aunque no le gustaba reconocerlo, Seiya también se sentía un poco nervioso. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que se había arriesgado a hacer el ridículo por ninguna mujer, y menos por una como Mina, con su reputación de usar a los hombres y luego librarse de ellos.

Había estado dispuesto a desconfiar de ella y de la poderosa atracción que despertaba en él. Pero, por una vez, no podía luchar contra sus instintos ni su intuición: se había arriesgado a ver más allá de las páginas de los periódicos sensacionalistas y fijarse en la mujer que había descubierto aquellos días, cálida, abierta y compasiva.

Ella alzó la mirada hacia Seiya, con sus ojos grandes, luminosos, y los labios entreabiertos en una invitación. Si aquello le parecía una locura, pensó Seiya mientras se agachaba a besarla, tal vez era porque llevaba demasiado tiempo intentando ser sensato. Ella alzó las manos tímidamente hacia los hombros de Seiya, y luego las hizo descender para explorar la extensión de su pecho. Aquella suave caricia lo excitó más que si hubiera paseado atrevidamente las manos por todo su cuerpo.

A Seiya se le aceleró la respiración, y tuvo que hacer un esfuerzo para contener su creciente deseo. Comenzó a desabrocharle la blusa, obligándose a hacerlo lentamente. Había esperado aquel momento durante demasiado tiempo para desperdiciarlo ahora en un instante de fogosidad.

El tejido de la blusa se abrió y él lo hizo deslizarse por sus hombros abajo, revelando su piel pálida y tersa como el marfil, sus clavículas tan frágiles, y el pulso que latía en la base de su garganta. Luego, la mirada de Seiya descendió hacia su sujetador...

Era absurdo, pero Serena sintió ganas de taparse. Si al menos se hubiera puesto alguna de las atrevidas prendas que había comprado aquella mañana. Su sencillo sujetador de algodón blanco no debía ofrecer una imagen muy seductora.

Mientras Seiya tiraba de ella para que se tumbara a su lado, Serena deseó tener la décima parte de la experiencia en hombres de su hermana.

"Oh, Seiya" - murmuró -. "Es... espero no decepcionarte."

"Qué curioso" - él le ofreció una sonrisa de medio lado -. "Yo estaba pensando exactamente lo mismo. Y deseo tanto hacer que esto sea maravilloso para ti, Mina..."

La dejó anonadada que él fuera capaz de hacer una confesión así, un hombre tan seguro de sí mismo y orgulloso como Seiya. El que pudiera albergar dudas respecto a sí mismo, el que estuviera tan ansioso por complacerla hizo que se le pusiera un nudo en la garganta.

Aquel hombre era siempre tan... tan condenadamente honesto.

¿Y qué le estaba ofreciendo ella a cambio? Mentiras. Fingimientos. ¿Cómo podía dejar que le hiciera el amor cuando lo estaba engañando de aquella manera? Pero, por otra parte, ¿cómo podía soportar detenerlo?, pensó cuando Seiya la besó otra vez.

No pudo contener un suspiro de placer cuando los dedos de Seiya se deslizaron por sus costillas.

"Oh, Seiya" - murmuró ella - "Hay... hay tantas cosas que no sabes de mí. Pienso..."

"Shhh. Los dos pensamos demasiado. Dejemos que la naturaleza siga su curso."

"Pero... ¡oh!"- Boqueó cuando él le soltó el cierre del sujetador y le arrancó impacientemente la prenda. La sostuvo lo bastante cerca de su cuerpo como para que las puntas de sus pechos apenas rozaran el vello de su torso, un tormento tan exquisito como su beso. Luego, le mordisqueó juguetonamente el labio inferior.

Los últimos escrúpulos de Serena se desvanecieron cuando Seiya deslizó la mano entre ellos. ¿Cómo podía esperarse que una mujer conservara la cordura cuando Seiya le estaba acariciando un pecho de aquella forma con su mano grande y suave? La sensación pesada y cálida que sentía en su interior se convirtió en rabioso deseo. Enterró las manos en el pelo de Seiya, y no sintió vergüenza alguna cuando él comenzó a bajarle los vaqueros, sino mera impaciencia y anticipación.

Seiya se retiró un poco para devorar con la mirada su desnudez. Se preguntó cómo podía una mujer parecer al mismo tiempo tan frágil y tan seductora. - "Mina" - susurró - "Imagino que habrás oído esto muchas veces, pero eres muy hermosa."

Sus ojos reflejaron incredulidad y gratitud. -" Gracias" - dijo ella.

Había un anhelo en su voz que afectó extrañamente a Seiya. Y se le ocurrió pensar que Mina Tsukino podía hacer mucho más que excitar a su cuerpo. Era capaz de conmoverlo hasta el corazón.

Arrodillándose, Seiya comenzó a despojarse del resto de su ropa con gestos impacientes. Serena lo contempló con los ojos entrecerrados, pero aquella vez no apartó la vista. Era todo fuerza, todo músculo delgado y fuerte, desvergonzadamente, gloriosamente masculino. Mina había tenido razón. El cuerpo de un hombre podía ser algo magnífico.

Debió emitir un murmullo de satisfacción, porque Seiya sonrió irónicamente. - "¿Sientes ahora no haber hecho esas fotos?"

Ella sacudió la cabeza. - "No, soy demasiado egoísta para compartirte con nadie."- Serena experimentó un anhelo tan grande que se quedó anonadada, un deseo de tocar, de conocer cada centímetro de su cuerpo. Pero cuando alargó hacia él una mano, le sorprendió que Seiya no acudiera inmediatamente de nuevo entre sus brazos.

Tardó un segundo en darse cuenta de lo que estaba haciendo. Oyó el rasguido del envoltorio y vio que una expresión peculiar se apoderaba del rostro de Seiya.

La miró. - "¿Fosforescente?"- Serena lanzó una mirada y se quedó conmocionada. Rosa fosforescente, para ser precisos. Sólo Mina podía tener algo así, pensó Serena. Pero en lugar de gemir, tuvo que hacer un esfuerzo para contener una risita.

"Hay que vivir peligrosamente, señor Kou" - murmuró ella.

Él se dejó caer de espaldas a su lado, y Serena oyó el fragor de la risa que surgía de su pecho. Era como una de aquellas bromas tontas que sólo quienes son amantes desde hace mucho tiempo suelen compartir.

Era gracioso que tuviera que ser de aquella forma. No conocía a Seiya más que desde hacía unos pocos días. ¿Cómo podía ser que tuviera la sensación de conocerle de siempre, que su amor le pareciera algo tan nuevo como el primer beso robado, tan intemporalmente familiar como si hubiera pasado una eternidad en sus brazos?

Mientras Seiya la atraía de nuevo hacia su cuerpo, la risa se desvaneció, sustituida por el más crudo deseo. Sus manos se deslizaron sobre ella, acariciándola, explorándola, liberándola.

Serena respondió tocándolo, adaptando su cuerpo al suyo, agitándose debajo de él, haciendo, sintiendo cosas de las que nunca se había creído capaz. A duras penas se reconocía en la amante que gemía y se retorcía con tal abandono entre los brazos de Seiya.

Cuando sintió apretarse su dureza contra ella, se abrió inmediatamente, ávidamente. Seiya se introdujo lentamente en ella, llenándola poco a poco, iniciando movimientos rítmicos. Muy lentamente.

Serena vio el sonrojo de la pasión en su rostro, sintió la tensión en los músculos de su espalda, en sus glúteos mientras trataba de contenerse para no precipitar el final. Lo sintió reprimirse en favor de ella. Serena se sintió poseída por un salvaje abandono como nunca antes lo había conocido y deseó explorar los límites de su poder femenino; deseó arrastrar a Seiya más allá de su capacidad de control.

Como si fuera el oleaje, alzó las caderas sinuosamente, iniciando un movimiento rítmico y salvaje, urgiéndolo a ir más rápido y más fuerte. Vio oscurecerse y enturbiarse sus ojos. Cuando un gruñido ronco surgió de su garganta, Serena sintió la emoción del triunfo.

El rumor distante y suave del océano, la textura rugosa de la manta bajo su cuerpo, las paredes agitadas por el viento de la tienda se mezclaron en una sola sensación, hasta desvanecerse. Ya no quedaba en el mundo más que Seiya, la sensación de su cuerpo duro, la primitiva unión de sus cuerpos, el fogoso aliento con que susurraba en su oído.

Habían hecho el amor...

"Ha sido maravilloso" - murmuró ella, dejando escapar el aliento - "Gracias."

"De nada" - una risa profunda retumbó en el pecho de Seiya - "El placer ha sido mía, señora" - dijo, arrastrando las palabras.

Dándose la vuelta, él la apartó de su pecho para dejarla tumbarse a su lado. Le apartó el pelo del rostro y la miró con tierno regocijo. - "Dime una cosa" - dijo - "¿Eres siempre tan educada en la cama?"

"No estamos en la cama" - le recordó ella, acariciándole suavemente el pecho con las yemas de los dedos -. "Estamos en una tienda, perdidos en algún desierto lejano."

Si al menos fuera lejano de verdad. Serena suspiró, consciente de que los minutos que faltaban hasta el regreso de Mina iban disminuyendo indefectiblemente. ¿Y cómo no iba a ser consciente de ellos?, pensó Serena, dándose cuenta con cierta consternación de que había hecho el amor con Seiya con el reloj puesto.

Seiya pareció darse cuenta de su mirada de soslayo hacia el reloj, porque enarcó una ceja, mirándola

"¿Tienes alguna cita inminente, señorita Tsukino?" - le preguntó - "¿Tal vez para solucionar algún asunto de camellos con un hombre?"

"Ehh... ah, no."- Serena se arrancó el reloj y lo arrojó al montón de ropa. Miedos, dudas, sentimientos de culpa la cercaron, pero Serena les cerró el paso firmemente. Entre los brazos de Seiya, estaba dispuesta a aferrarse a la deliciosa sensación de después de hacer el amor, a gozar de aquella felicidad todo el tiempo que pudiera antes de que la cruda realidad se inmiscuyese otra vez.

Los dedos de Seiya se deslizaron por su cintura, su cadera, la curva de su muslo, disfrutando evidentemente de sus femeninas formas. A su vez, ella exploró los duros contornos de su delgado rostro, su poderosa mandíbula, las pesadas líneas de su frente, la curva sensual de su boca...

Los labios de Seiya se torcieron en una sonrisa. - "Te has quedado muy callada de pronto. ¿Tienes remordimientos?" - susurró.

Serena sacudió la cabeza para tranquilizarlo. Al menos, no tenía remordimientos respecto a lo que acababa de ocurrir entre ellos. Su pesar iba mucho más lejos... hasta el primer momento en que había accedido al juego de Mina.

Forzó una sonrisa y trató de alegrar el tono de voz - "La verdad es que he estado haciendo serias consideraciones. Sobre si estarías mejor como jeque o como pirata. Sigo siendo partidaria del pirata" - le cogió la barbilla y pasó el pulgar por la línea que atravesaba su piel bronceada -. "Incluso tienes la cicatriz. Probablemente, conseguida en dura pelea con un enemigo bucanero."

Él le tomó la mano y se la besó en el centro de la palma.

"De hecho, la cicatriz es de un accidente."

"¿Un accidente?" - dijo ella zumbonamente -"¿No habrá sido en el cochecito de James Bond de tu madre, no?"

"No, un accidente de avión."

"Dios mío, está claro que has nacido bajo una buena estrella. No todo el mundo puede jactarse de haber sobrevivido a un accidente de avión."

Algo pareció apagarse en los ojos de Seiya. -" Sí, lo sé."

Serena se maldijo a sí misma. ¿Cómo podía haber sido tan estúpida? Su hermano había muerto en un accidente de avión. La horrorizada constatación se abrió paso en su mente.

"Oh, Seiya, estabas con Taiki cuando... cuando él..."

"¿Cuando se mató? Sí, lo estaba" - dijo escuetamente Seiya.

"L-lo siento. No lo sabía."

"¿Cómo ibas a saberlo? No es algo de lo que me guste hablar "- al cabo de una pausa, añadió - "Pero no me importaría contártelo a ti."

Había compartido con ella los placeres de hacer el amor y ahora estaba dispuesto a compartir su más privado dolor. Había llegado a confiar en ella hasta aquel punto y Serena sabía que, con un hombre como Seiya, la confianza no era algo fácil. Tenía que haberse sentido halagada, conmovida. Y así era. Pero tampoco se había sentido más abyecta nunca en su vida. Los brazos de Seiya se tensaron en torno a ella mientras le explicaba - "A Taiki le volvía loco todo lo que tuviera motor. Se había sacado el título de piloto y estaba pensando en ampliar el negocio naviero a hidroaviones. Tenía un nuevo modelo que quería probar y me preguntó si quería ir con él."

Seiya dejó escapar una especie de risa triste. - "Diablos, nunca me había gustado mucho volar, pero me habría montado en un cohete a la luna si Taiki hubiera sido el comandante. Era un buen piloto. Era bueno en todo. Aún no sé qué fue lo que pasó. Estaba tomándome el pelo, preguntándome si quería una bolsa para el mareo y un minuto más tarde estaba lanzando maldiciones contra el panel de control. Caímos en picado hacia la costa."

Seiya cerró los ojos un momento antes de continuar. - "Hicimos un aterrizaje forzoso en una franja vacía de playa, a unos seis kilómetros de aquí. No sé cómo, yo salí con una pierna y algunas costillas rotas y esto" - Seiya se rascó la cicatriz de la barbilla y tragó saliva -. "Pero Taiki... ni siquiera llegó al hospital."

Serena sintió que se le atenazaba la garganta. Envolvió con los brazos el cuello de Seiya, deseando ofrecerle alguna gran palabra de sabiduría y consuelo. Pero lo único que pudo decir fue - "Oh, Seiya. Lo siento."

Ella sintió cómo se encogía de hombros. - "Fue una de esas cosas terribles que suceden. Quiero decir, uno de esos giros absurdos del destino. ¿Por qué tenía que sobrevivir yo y no Taiki? Padre de dos hijos, la fuerza impulsora del negocio familiar, tan importante para tanta gente..."

"Igual que tú" - dijo Serena.

Pero Seiya sacudió la cabeza. - "Una parte de mí sabe que no es lógico. El accidente, desde luego, no fue culpa mía. Pero hay otra parte de mí que no puede evitar sentirse... culpable."

Serena se apoyó en un codo, y le acarició la atribulada frente a Seiya. - "Estoy segura de que Taiki no lo habría querido nunca. Taiki habría estado agradecido por todo lo que has hecho por sus hijos, por su negocio" - titubeó antes de añadir suavemente - "Pero, Seiya, no creo que él hubiera esperado que vivieses el resto de su vida por él."

Seiya frunció el ceño, y Serena temió haber hablado demasiado. Pero luego él suspiró y dijo lentamente - "Tienes razón, pero la verdad es que no me ha importado mucho mi propia vida. Hasta hace poco."

"¿Quieres decir hasta que empezaste a interesarte otra vez en la arquitectura, hasta que empezaste a intentar salvar la vieja mansión?"

"No" - dijo él con voz ronca -. "Me refería a hasta que te conocí a ti."

La expresión de sus ojos era tan seria, tan tierna, que Serena sintió que el corazón se le dilataba con un dolor casi insoportable. Sus emociones ante tal confesión fueron una mezcla agridulce.

Emitiendo un gemido bajo, Serena se apartó rodando de él y enterró el rostro entre las manos.

"¿Mina?" - Serena percibió la nota de ansiedad en su voz y la mano cálida que posó suavemente sobre su hombro - "¿He dicho algo malo?"

No, no era lo que había dicho él. Era lo que no había dicho ella.

"Seiya, no sabes... no entiendes. No merezco..." - Serena se atragantó, y una ardiente lágrima resbaló por su mejilla.

Fue incapaz de continuar.

"Sí, sí que lo mereces" - insistió él - "Mina, no puedes hacerte idea de lo que ha sido para mí pasar estos días contigo. Me siento un hombre diferente. Apenas nos conocemos, y sin embargo, cuando estoy contigo, me parece que llevo toda la vida. Me siento..."

"Oh, Seiya. ¡No, por favor!" - gritó.

¿Por qué no le clavaba simplemente un puñal a ella en el corazón y acababa con todo? Se había pasado la vida entera esperando que alguien como Seiya le dijera algo así, lo maravillosa y lo especial que era para él, y ahora no podía dejarle seguir. No, mientras siguiera engañándolo de aquella manera.

Notó su desconcierto y su dolor. Pero antes de que pudiera tragarse las lágrimas y encontrar de nuevo su voz, él dejó escapar una risa poco firme.

"Perdóname, Mina. No pretendía alarmarte poniéndome tan serio así de pronto..."

"No, Seiya. Es... es todo culpa mía. Yo..."

"No seas ridícula" - dijo él, tomándola de nuevo entre sus brazos a pesar de sus débiles intentos por resistirse. - "No te preocupes. Lo entiendo. Era yo quien estaba precipitando las cosas y no tenemos por qué hacerlo" - posó los labios sobre su pelo, su frente y le borró a besos los restos de lágrimas -. "Tenemos todo el tiempo del mundo para llegar a conocernos mejor."

No, no lo tenían. Serena contuvo un profundo temblor y enterró el rostro en el fuerte hombro de Seiya. Incluso por encima del rumor del mar, del retumbar de su propio corazón, creyó oír el despiadado tictac de su reloj.

Las doce horas de Mina habían llegado casi a su fin.

Igual que las suyas.


Hola!

Se que no tengo excusa por haber tardado tantos dias. Pero no fue mi culpa! Mi hermano no pago la factura y obviamente cortaron internet. Hace unos dias mi mamucha habia encargado Speedy por correo, asi yo podia tener internet en mi compu. La cosa fue que cuando llego, lo abri, lei el manual a prueba de idiotas que venia incluido y lo instale. Pero no andubo y no solo eso... casi se me quema un telefono porque me habia quedado sin tono. Pero la odisea no termino ahi, resulta que el modem que enviaron jamas anduvo y yo me estaba volviendo loca para que funcionara.

¡Maldita tecnologia!

Bueno... lamentablemente no termina ahi. Despues de hacer muchos reclamos y de escuchar todo tipo de excusas y soluciones diferentes, un dia llamo mi mamà. Y se metieron con lo mas preciado que hay para un hijo. Se quisieron levantar a mi vieja y no hay perdon para eso. Asi que llame a la compañia de Speedy no muy contenta y le dije un par de cosas acerca de lo mucho que dejaban desear y despues de un par de insultos y quejas lo di de baja.

Asi que me quede sin el pan y sin la torta.

Sin internet en mi compu ni en la de mi hermano.

Pero eso mas o menos se soluciono, mi hermano pago la factura.

En fin, les dejo este capitulo.

Tengo malas noticias para ustedes y buenas para mi jeje. Me voy de vacaciones un par de dias. Mas o menos vuelvo el 30 de Enero asi que tardara un poquito mas en concluir esta historia. Pero no la voy a abandonar. Ya esta casi lista!

Les mando un beso enorme a todas!

Las voy a extrañar mucho!

Dos semanas sin internet... voy a morir!

Buaaa

Lucyana Li Kou!