Madame Malkin

-Puf, Snape es un buitre con patas-dijo Hermione a la cinco y tres minutos, cuando llegó a la Biblioteca, y colocó sus libros encima de la mesa donde Ginny ya estaba sentada, pluma en mano y pergamino en blanco.

-¿Buitre?-Entornó una ceja con una sonrisa pícara.-¿Desde cuando tú tan deslenguada eh? Creo que tantos años con mi hermanito te han contagiando.

Hermione sonrió.

-Estoy que no puedo más, ya me había organizado, hecho un horario de trabajo, pero los profesores cada vez nos dejan más deberes...-Hermione levantó la mirada de su libro de Runas Antiguas para mirar a Ginny. Esta era una de las miles de razones por las que le gustaba estar con Ginny, podía quejarse tanto como Ron, sentirse el punto como Harry, echar un poco los libros al costado para ser como cualquiera adolescente: un tantito despreocupada, o en su defecto, quejona.

Y es que con Ginny podía mostrarse con las dos caras, buena, mala, fría, tierna, osada, temerosa, sabelotodo o sabelonada.

-Oh Hermione si quieres hago mi tarea sola, de verdad no quiero carg...

-No boba, para ti siempre voy a estar-la interrumpió dándole un cariñoso apretón en la mano izquierda.

¡Luz verde! A ver cuánto arriesgas hoy, Ginny.

-Eres tan dulce, Hermione.

Se quedaron mirando sin hablar, un juego de ojos cuando de verdad quería ser un juego de bocas. Fue Hermione la que terminó rompiendo la tensión.

-Vamos a trabajar ¿si? A ver dime qué te ha dejado Snape.

Ginny sonrió, había anotado un punto con su amiga. No sabía ni cómo ni cuándo fue que para ella las palabras de Hermione comenzaron a ocasionarle punzadas en el vientre, y su corazón se comenzó a acelerar con latidos nada amicales cada vez que la castaña estaba cerca: en la Madriguera, en Hogwarts, en el autobús Noctámbulo. Cuándo dejó de ser Hermione para ser HERMIONE, como aquel día de verano en Madame Malkin.

Flash Back

-¡Mira esa túnica, Hermione!

-Sí, sí, quiero una nueva para este año, me encanta tanto el olor a nuevo de las túnica de Hogwarts-dijo con un brillo en los ojos tan infantil, como aquel niño que da pequeños saltos cuando le han comprado el helado de frambuesa más grande.

Ginny la miró y sintió una dulzura tan intensa, una oleada de ternura hacia Hermione tan grande, que guardó el comentario medio hiriente que se le escapaba entre los labios y le dedicó una sonrisa alargando la boca y con una frescura que se desprendía de su propio ser.

-Sí, sí, huelen bien-contuviendo una risotada-pero yo me refería a esta túnica-le dijo señalándole una túnica de gala fucsia vaporoso.

-Mmm, está bonita, pero un poco atrevida ¿no lo crees?-le dijo Hermione con una mueca en la cara.

-A que no te la pruebas.

-Bah...

-Oh sí Hermione, puedes enfrentarte a mil dragones, al propio quién-tú-sabes, ser la primera de la clase, pero no te atreves a probarte esta túnica.-Había lanzado el reto, no sabía muy bien a dónde quería llegar y porqué ese sentimiento tan intenso hace un rato, pero Ginny Weasley quería jugar.

-Probarte una túnica no te hace más valiente, Ginny-lo dijo con los ojos entrecerrados, con mucha altivez, pero era Ginny, con ella no valían las frases de sabelotodo, ni la presunción, con Ginny no habían respuestas perfectas memorizadas de los libros.

-No, claro, yo no te he sugerido eso, pero -y lo dijo vocalizando exageradamente-que tú no te atreverías.- Ginny lo dijo como quien sentenciaba y daba por terminada la discusión, y para poner más el dedo en la llaga, se dio media vuelta, ondeando su cabello y se detuvo en una túnica negra.

-¡Me la pruebo!-Las palabras le salieron atropelladas de la boca, y sabía que había pisado el palito, pero ¿cómo era capaz Ginny de saber la dosis necesaria para sacarla de sus casillas? ¡Y todo por una simple túnica!

Hermione cogió la túnica fucsia, demasiado exhibicionista para su gusto y fue al probador a ponérsela.

Ginny esperaba fuera, analizando lo sucedido. Estaba jugando con Hermione, pero no entre risa y risa como solía jugar con Luna, no, no era un sentimiento definible, era un ¿coqueteo? ¡No, por Merlín! Pero ese sentimiento tan abrasador cuando Hermione dijo que le gustaba el olor nuevo de las túnicas, eso jamás lo había sentido con Luna, y hay que ver que Luna es cándida, ni con ninguna otra amiga, era un sentimiento intenso, posesivo, que había aflorado tenuemente hacía algunas semanas pero que hoy había estado en su pico más alto. ¡Pero era su amiga! Esos sentimientos suceden, era como querer a una hermana, claro, pensó Ginny y esto la tranquilizó un poco: es Hermione, tu mejor amiga, la amiga de Harry, la futura novia de Ron, tu confidente, la chica más lista de todo Hogwarts, la chica más mad...¡hermosa!

Ginny se quedó petrificada. Era real, lo que alguna vez había leído a escondida, por vergüenza, en Corazón de Bruja era cierto, esos melosos relatos del amor a primera vista, las palabras más cursis que se negó a pronunciar con sus antiguos novios. El amor no me pega de esa manera tan tonta. Toda aquella burbuja de la que siempre se sintió ajena existía porque por sus poros brotaba un sudor jodidamente caliente, y en sus labios querían aflorar todos los adjetivos del mundo, en inglés y en francés, de lo hermosa y sensual que lucía su mejor amiga.

-Ya sé que no me va pero tampoco tienes que poner esa cara.

¿Ah? ¿Qué? ¿Qué cosa? ¿Los calzones de Merlín qué?

-Ginny, eh Ginny.

-Estás preciosa, Hermione. –No te queda mal, Hermione-le dijo Ginny, escondiendo con temor esa mirada de admiración que brillaba en sus ojos.

Fin del Flash Back