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Hola! Este es el mismo capitulo, no tuve tiempo de ver la forma en como estaba subida esta historia y me di cuenta que por alguna razón del destino, se había suprimido ciertas líneas que a mi me parecen bastante importantes para el buen entendimiento de este fic. Asi que aprovechando un breve paréntesis en mis exámenes, arreglo de una buena vez este capi.
¡Hola a todos! Reapareciendo con una nueva entrega de esta historia. Wow, que semana fue la que pasó. Felizmente ahora tenemos vacaciones obligadas en la escuela, lo cual me alegro porque ya me iba a volver loca con tanto paso, exposición y examen cada día...Pero en fin… no es momento para lamentarse, así que ¡vamos con el fic!
Agradecimientos especiales a:
Okashira Janet – sama: En todo un honor el que me haya escrito una sensei como tú. ¡Me alegra que hayas leído mi historia!... Me siento muuuyy feliz. Gracias por dejarme un rewiew. También estaba leyendo Personalidades, (me quedé enganchada a la trama, es súper interesante)… ¡Espero que te agrade este cap!
Lápiz: Ahhhh…bueno, espero que te guste el nuevo capitulo. Y en cuanto a tu pregunta… jejeje, de verdad me gustaría contestártela... pero si lo hago, se acaba la historia… n_n. No te preocupes, tiempo y paciencia sólo tiempo y paciencia… como decía el general Kútuzov.
¡¡¡Muchas gracias a todos aquellos que se dignaron a leer mi fic!!!
ADVERTENCIA:
Por cosas del destino, lamentablemente, Rurouni Kenshin, jamás será mío…Es del gran Nobuhiro Watsuki, del cual me alegro que no sepa español, porque si no, se asustaría con las barbaridades que hago con sus personajes. U_u
Ok, aquí vamos!
CAPITULO 3: FORASTEROS
Amanecía en algún bosque del pacífico Japón de la Era Meiji... Las flores, los árboles, los inocentes animalitos y para completar la feliz escena, un dulce y tierno conejito retozando por el lugar…seguido muy de cerca por una silueta que se movía rápidamente a través de la floresta, dejando sentir a su paso, una temible aura asesina. La sombra avanza ágilmente, confundiéndose con la naturaleza, y estaba cercana ya de alcanzar a su objetivo, que corre asustado tratando de huir del macabro espectro, el cual se apresta a desenvainar una afilada espada…
-hi hi hi
La silueta se quedó estática, con la espada alzada, como dispuesta a rematar al pequeño conejo que en esos momentos se había arrimado a un árbol, mirándole con una expresión tal, que el joven espadachín, suspiró cansinamente y envainó la sakabattou.
Agh! Está bien que no deba matar personas, pero no poder ganarse el sustento diario es demasiado.
Inclinándose hacia el animalito, sonrió a su pesar, mientras sentía unos extraños rugidos provenientes de su estómago.
-Hola, pequeño amigo. ¿Estás perdido? ¿No encuentras tu hogar?
-hi hi hi.
-No es necesario que me respondas. Siento mucho haberte asustado… no fue mi intención, pero tu entenderás que después de casi dos días sin comer...
-hi hi hi.
-Ah, vaya. Si quieres, sessha te llevará a tu casa.
-hi hi hi.
-¡Parece que no eres muy comunicativo, amiguito! Sessha también es así... Recuerdo que a veces, como la señorita Kaoru se molestaba porque no le decía lo que me pasaba…
-hi hi hi.
Dejamos al buenísimo de Kenshin sosteniendo un extraño diálogo, con un pequeño e indefenso animalito. Lo que causa la falta de comida….
Ooooooooooooooooooooooooooo ooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
Érase de un ruinoso, pero bien conservado dojo, en donde habitaban algunos representantes de la raza humana que, convivían juntos, unidos, felices y sin contratiempos, conservando en el rostro una expresión perpetua de felicidad...
POOMMMM
-¡Oye, busu, por qué te enojas conmigo cuando sólo te he despertado! – gritó un adolorido Yahiko, al salir despedido del cuarto de su maestra.
-Y QUIEN DEMONIOS TE MANDA A TI, CHIQUILLO ENDEMONIADO, A EMPAPARME CON AGUA HELADA. ¡ERES UN TONTO!
Bueno…
Corrijamos.
...y conservando en el rostro una expresión casi perpetua de felicidad
Un nuevo día en el dojo Kamiya empezaba. La joven dueña del lugar se encontraba muy animada esa mañana. Estaba decidida a conseguir a algún incauto que pueda mantenerla…ehh… es decir, estaba decidida a conseguir un nuevo discípulo para su escuela, ya que, valgan verdades, el pequeño Yahiko, a pesar de ser un excelente estudiante y un aplicado alumno, no aportaba ningún tipo de renta a su casa y de la bondad no sólo vive el hombre o en este caso, Kaoru. Además estaba el problema que su casi – hermano, era un ser humano que demandaba ropa, atenciones, comida, etc., etc., etc.
¡Por Kami-sama!, que difícil era sobrevivir en esa Era.
Si no podía conseguir a algún nuevo aprendiz, entonces tendría que pedirle a Tae que le diera un trabajo en el Akabeko. ¡Claro! Era una solución ideal. No debía ser tan difícil hacer la comida y servir a unos cuantos comensales ocasionales. Aunque ese restaurante era como un imán para los luchadores, vagos y pleitistas, (era el segundo lugar favorito de Sanosuke) que abusaban de su querida amiga, la cual a veces tenia que conceder que los "clientes" se marcharan sin pagar un solo yen, por evitar alguno de sus golpes.
CLICK – Foquito se prende en la cabecita de Kaoru
SOLUCION A LA FALTA DE DINERO: Pedir a Tae-san un puesto de guardianía en el Akabeko. Con una renta promedio aceptable por semana, podrían vivir bastante bien. Adiós a las preocupaciones por dinero por un buen tiempo. Después de todo, ya era hora que el cabeza de gallo, trajera algo de fondos a la casa. No se negaría, no lo haría… él le debía una considerable suma… jijiji.
¡Que bella era la vida! Adiós ansiedades por el frio, cruel y vil metal. Era hora de preocuparse por su gran amor, por el pequeño pelirrojo, que a pesar de su cara de niña y ese cuerpecito de doncella, había matado a decenas en el Bakumatsu; por ese espadachín que siempre cumplía con las labores de la casa con suma diligencia y un aparente buen humor… ¿Cómo estará? ¿Habría ya encontrado un lugar de reposo? Era cierto que la muchacha lo extrañaba a horrores, pero era mucho mejor llorar su partida momentánea, que llorar su partida eterna. Estaba casi segura que el buen vagabundo, si no le daba un síncope por todo el trabajo que le asignaban, se iba sin pena del dojo, por mucho que quisiera a su señorita Kaoru.
Bah! Eso no era cierto… Kenshin jamás haría algo así.
¿O sí?
Kaoru movió negativamente su cabeza.
- ¡Que horror! Debo dejar de pensar en cosas desagradables como esas – pensó en voz alta la kendoka- Pero ni Yahiko, ni Megumi-san, son las personas más ideales para despejar esas terribles ideas de mi mente… Ahhhh, como me gustaría que Misao-chan estuviera aquí… Claro que traería a la especie de invierno portátil que es su Aoshi-sama. .. ¡Bueno! Pero al menos el no molestaría. Con un poco de té se conformará… - ¡EL TÉ!
Kaoru salió despavorida de su dormitorio, con el kimono mal puesto y con el cabello suelto. ¡Se había olvidado de lo esencial! Tenía que ir a toda prisa al mercado para comprar té. Yahiko miró con extrañeza la forma en como corría su busu-sensei…parecía que hubiera visto a Kenshin… ¿Kenshin? ¡La busu lo había visto!
-¡KENSHIIIIIIIIIIIIIIIN! – gritó jubiloso el pequeño niño corriendo atrás de Kaoru, con lágrimas en sus ojillos… ¡Había regresado su héroe! Se sentía tan solo con un luchador sin cerebro y una loca maestra… Como extrañaba la sazón de Kenshin, esa forma exquisita de hacer el arroz…
Kaoru paró en seco al escuchar al pequeño Yahiko… ¿Kenshin? ¿Tan pronto había regresado el dueño de su corazón? Con una sonrisa de felicidad volteó a ver al pequeño que corría alegremente tratando de alcanzarla.
-¡¿Viste a Kenshin?! – dijeron los dos al unísono mientras se abrazaban emocionados.
-…
-…
-Ehh, Kaoru… ¿Acaso tú viste a Kenshin? – preguntó el chiquillo mientras una sonrisa forzada empezaba a aparecer en su rostro.
-¡Qué! ¿Acaso no eras tú el que lo había visto?-replicó la chica, mientras una rayita de cólera aparecía en su rostro.
-¿Entonces porque corrías como alma que lleva al diablo? ¿No lo habías visto?
-Es que me había olvidado de comprar el té y…
Kaoru no pudo terminar la frase por que Yahiko le dio un golpe con su shinai, dejando a su maestra tendida en el suelo, con unos espirales por ojos, y alejándose del corpus delicti, el heredero del Kamiya Kasshin, musitaba:
-Para que otra vez no me ilusiones con tus tonterías, fea.
Oooooooooooooooooooooooooooooooooo ooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
-Que lindo animalito resultó ese conejito. Que bueno que no lo maté, hubiera sido una lástima…
Pero algo en su estómago le decía que era una mas bien una lástima el no haberlo comido, bien asadito con algunas cuantas especias que abundaban por allí.
-Bueno! Lo más probable es que pronto encuentre un río… Y en un río hay peces…
No, mi querido Kenshin, en un río hay vacas…
¡Claro que hay peces grandísimo tonto!
Con esos desvaríos emocionales se la iba pasando nuestro buen amigo, un poco cansado, extenuado, y como en esos momentos no tenía nada mejor que hacer (no había nada para hacer) empezó a acordarse de algunas cosas que ya creía olvidadas. Recordaba haber pasado por situaciones muy complicadas. Sobre todo cuando se convirtió en vagabundo… Muchas veces sobrevivía al límite. Ya se había resignado a ese tipo de vida, hasta que apareció esa chica un poco salvaje, hiperactiva, nerviosa, pero adorable y enérgica: su señorita Kaoru.
Era ella, la que lo había salvado de ese infierno que constituía vivir encerrado en su propia soledad, en su oscuridad. Si bien aparentaba ser un hombre tranquilo y sosegado, en el tiempo que vivió solo, estuvo casi a punto de volverse loco. Lo único que lo mantenía de cierta manera, cuerdo, era la idea de una efectiva expiación de sus pecados. Le costó mucho comprender que la mejor forma de redimirse, era ayudar a los demás… Pero aún cuando se dio cuenta de ello, algo lo mantenía alejado, actuando como un vagabundo.
Era inútil negar que aunque Tomoe había sido su primer gran amor, había tenido a lo largo de su vida muchos idilios. Pero al primer percance en la que tenía que salir a luchar contra alguno de sus antiguos enemigos, el amor volaba por diversas direcciones, quedándose nuevamente solo. Ningún corazón era lo suficientemente fuerte para recibir el suyo, maltrecho y lleno de cicatrices.
Y el volvía a su camino de triste, pero necesaria soledad.
Un camino de total desesperanza…
Sin embargo, todo no fue tristeza. Recordó con claridad a su primer amigo. A aquel pobre muchacho, que desinteresadamente le dio su amistad, el primer hombre que le demostró la posibilidad de poder ser feliz, la posibilidad de ser estimado y querido. Aquel buen chico cuyo destino fue fatal. El precio de dar su amistad pura, a la leyenda Battousai, fue su muerte.
Otra vez. Sus errores en el pasado, el ímpetu de juventud, cobraron la vida de un joven que nada tenia que ver en ello.
Si tal sólo no hubiera aprendido a usar la espada.
Si tal sólo Kenshin no hubiera aceptado el enseñarle el Hitten Mitsurugi, su joven amigo viviría.
Le llevó mucho tiempo poder librarse de la culpabilidad.
Muchos dicen que el mejor bálsamo para la angustia ocasionada por la pérdida de un ser querido, es el olvido. Pero, ¿cómo no se había acordado de él en todo ese tiempo? ¿Era por eso que se negaba a enseñar su técnica a otros? Quizás su inconsciente aún lo evocaba.
Sus queridas seudo-hermanas, su esposa Tomoe, su buen amigo Naoki… Habían muerto por él.
Ellos eran la razón de su existir. La razón de su tristeza espiritual. La razón de su doliente sonrisa.
Hasta que conoció a Kaoru.
Le pareció una buena niña en un primer momento. La clásica señorita de clase media, que había caído en desgracia y que ahora no podía mantenerse más que con su trabajo. Sin embargo, se sorprendió al conocer la inocencia de su alma. Había aceptado a un hombre sin saber quien era, en su dojo, por el simple hecho de haberlo encontrado herido junto a su puerta. Y al final, él, Kihei Hiruma la traicionó.
Pero ella aún tenía fe en ese hombre. Aún seguía conservando aquella conmovedora inocencia.
Y él, Kenshin… no, Shinta Himura, debía protegerla aún a costa de su vida. Debía proteger a aquel ser humano que le había demostrado amor. No podía permitirse que alguien le hiciera algún daño.
¡Tonto, más que tonto! ¡Debía regresar! No se fiaba mucho de su querido amigo Sanosuke, porque él y Yahiko eran los representantes del género humano más ingenuos que había conocido. Lo más probable es que con unas cuantas miradas desaprobatorias, acogerían a cualquier hijo de vecino que se aventurara a pasearse por el dojo.
Pero… ¿por dónde debía regresar?
Una gotita apareció en su frente, al tiempo que un viento helado lo dejaba blanco.
Tenía un presentimiento muy chiquitito de haberse perdido por completo.
¿Cómo haría para volver a ver a su señorita Kaoru?
El ex vagabundo estaba en esas cavilaciones cuando vio un par de hermosos ojos azules que lo miraban con curiosidad. Parpadeó varias veces. ¡Allí estaba ella! Después de todo este tiempo ¡Lo había seguido!
-¡Señorita Kaoruuuu! – gritó el joven pelirrojo, mientras corría como corre un niño cuando vuelve a ver su juguete favorito. No veía nada más que aquellos espléndidos ojos azules.
-¡Cuidado!
-¿Oro? – Kenshin se sorprendió del grito que lanzó su amada. No era su voz. ¿Qué pasaba? ¿Y por que le había gritado "cuidado"?
El espadachín se dio cuenta demasiado tarde del porqué de la actuación de aquella aparición. Un árbol caía peligrosamente cerca a él, caía, caía…
Un terrible grito.
Oscuridad.
El árbol aplastó materialmente al joven, dejándole inconsciente.
Ooooooooooooooooooooooo ooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo ooooo
La kendoka tuvo al despertar, la extraña sensación de estar en el aire… Ya vería ese condenado mocoso, bueno para nada. ¿Cómo se había atrevido a dejarla en ese estado? Aunque una parte de ella, la de maestra, se alegraba, debido a que el diestro golpe que le propinó, le hizo saber que su habilidad con la espada de bambú, mejoraba notoriamente.
Ummm, que rico era estar en las nubes. Los pies flotaban en el aire, y una calidez la invadía. Lo único que le molestaba era la persistente picazón en la nariz, que fastidio.
-¿Se encuentra mejor, señorita?
-Ah?... sí… déjeme descansar un poco más por favor – suplicó casi inconscientemente.
-…
-AHHHHHHHHHHHHHH
Kaoru despertó completamente al saber que estaba siendo transportada a Kami-sama sabe donde, por un perfecto desconocido. Con un ágil salto, se separó del hombre mientras se tambaleaba, tratando de pararse correctamente.
-Disculpe señorita, no quería asustarla. La quería llevar al río para curar ese tremendo chinchón en su cabeza.
Ajá. El tipo aquel era un perfecto desconocido. Era cierto que Kaoru amaba con todo su corazón a su zanahoria parlante, pero eso no era impedimento para poder ver un atractivo panorama. Total, ella no era ciega y había que distraer la vista de cuando en cuando. Y el prospecto que estaba adelante suyo era bastante atractivo…
Kaoru sonrió tontamente y se empezó a excusar de forma atropellada.
-Oh no se preocupe, jajaja. Yo tuve la culpa. ¡Quien me manda a estar en…! Ehhh, ¿dónde me encontró, señor?
-Al frente de un dojo. Al parecer nadie vive ahí, porque se ve bastante descuidado y…
POC
-AGRADEZCO SU AYUDA, SEÑOR DESCONOCIDO, PERO NO TI-E-NE - DE-RE-CHO - A HA-BLAR - ASI - DE - MI - DO-JO.
-Ah… con que era su casa… -dijo soltando una risita nerviosa el extraño. – discúlpeme nuevamente, yo…
-No tiene importancia… - terminó la chica con una sombra en sus ojos. Ya vería ese pequeño, mira que no limpiar la puerta de entrada. Seguro por eso nadie entraba.
Aunque…
La tarea de limpiar la parte exterior del dojo era suya…
Bah! Igual daría un buen escarmiento al chiquillo ese. Era una excelente forma de desahogarse. Y pensando en desahogarse, estaba ese muchacho que la había ayudado. Por lo menos no la dejó tirada en plena calle, así que no debía ser una mala persona.
Además parecía estar solo. Nunca lo había visto por eso lares. Probablemente era algún viajero que estaba de paso por la ciudad de Tokio. Como agradecimiento, era su obligación ofrecerle al menos una taza de té.
-Señor… - comenzó Kaoru tímidamente, pero dispuesta a romper el silencio y a realizar su "plan".
-Mi nombre es Sakurai Eichi. – se presentó el joven realizando una ceremoniosa reverencia
-Mi nombre es Kamiya Kaoru – dijo la kendoka, aprestándose a saludarlo con igual cortesía.
-Encantado(a) de conocerlo(a) – dijeron al unísono. Confundidos, levantaron rápidamente sus cabezas, chocándose el muchacho con la barbilla de la joven, quedando nuevamente sin palabras y apenados además.
Se quedaron unos minutos mirándose con interés, examinándose atentamente, escudriñando con la mirada todo lo que el corazón aun no podía ver.
-Sakurai Eichi. No parece mayor, a lo mucho tendrá tres o cuatro años más que yo. Estatura promedio, bonito cabello castaño y ojos grandes y negros. Ninguna mujer puede negar que esta muy bien.
-Kamiya Kaoru. Parece menor que yo, aunque no tanto. Interesantes curvas, cabello sedoso, una cálida sonrisa y una bonita nariz. Me pregunto si ya estará casada…aunque lo dudo. Lo más probable es que esté comprometida.
-Señor Eichi… ¿aceptaría usted una taza de té por haberme ayudado? Le ruego que acepte, no tengo otra cosa que ofrecerle…
-Ehhh, bueno yo… encantado… pero… ¿su novio no se molestará?
Un leve rubor apareció en las mejillas de la chica, al escuchar esas palabras. Sin embargo, respondió prontamente.
-No tengo novio señor. Soy soltera…
Un vuelco en el corazón, sintió Eichi cuando lo escuchó. Pero… ¿por qué estaba emocionado? Después de todo era una chica como cualquiera, a la cual el ayudó y la misma que le invitaba un té en su casa. ¿Qué tenía de especial?
-Venga conmigo, señor. Mi casa no es muy bonita, pero si es bastante acogedora. Por lo menos para una trabajadora como…
Kaoru rió confusa. No le gustaba explicar esa parte, ya que hacía ver a sus amigos como unos reverendos vagos. Y ella, más que nadie, sabía la falsedad de esa premisa. Debía preocuparse por atender bien a su futuro invitado. Estaba segura que podía hacer un te exquisito con…
-¡EL TÉ!
Esa especie de grito logró asustar a los pajarillos que pasaban por su lado, a los peces y a su acompañante, que se limitó por toda respuesta, a pestañear repetidas veces.
-¿Perdón?
La kendoka lo tomó del gi con afán, mientras intentaba convencerlo de la idea de ir a dar un paseo por el mercado. Al chico le pareció un poco rara su petición. Definitivamente no era nada romántico… ¿romántico?
Que tonterías se le ocurrían a veces. Pero lo cierto era, que esa joven vivaz y enérgica que caminaba a su lado, tenía un don especial, un carisma único. Muy probablemente al año ya estaría casada.
Y sin proponérselo, esa idea le enfureció.
Kaoru, por su parte, ajena a la compleja lucha de su compañía, hablaba sin cesar, pasándose de una cosa a otra. Le tenía más preocupada el poder encontrar el bendito té que atender a las actitudes que tomaba el muchacho.
-Espéreme un momento aquí, por favor. No se vaya ¿comprendió?
-¿Ah? Sí, sí, la esperaré.
Cuando la joven de cabellos oscuros desapareció de su campo visual, el joven se comenzó a preguntar, por que se sentía tan solo… No podía… no debía…
Acaso… ¿estaba enamorándose?
No debía hacerlo. Por su bien, por el de aquella amable señorita, no debía albergar esos sentimientos, puesto a que si lo hacía, ella, él, y todos los seres a los que esa niña tuviera como familia, sufrirían mucho. Eran sentimientos muy peligrosos, que debía desterrarlos para siempre de su corazón. Era el perfecto momento para alejarse de ella.
Ya estaba el castaño alejándose del lugar, cuando sintió una mano posarse en su hombro.
-¿A dónde cree que va, señor Eichi?
-Ehh… yo… bueno... la verdad es que… (rayos, y ahora que se puede decir) – viendo a una señora que vendía flores, tomó un ramo, dejando el importe en la canasta, sin que Kaoru ni la vendedora se enteraran y entregándole aquel presente a la chica, que no pudo sino sonrojarse ante tal obsequio.
-Son para usted…
-Es… muy amable… pero, ¿por qué me las regala?
-Bueno… yo… yo… yo la veía un poco triste y creí que unas flores podrían animarla.
-Que detalle, que delicadeza de espíritu… Me gustaría tanto que Yahiko sea así cuando crezca.
-Umm… es hora que me retire… disculpe y…
-¡No señor! Usted viene conmigo
-Es que yo…
-¿Dónde se hospeda usted?
-Yo no tengo un lugar… pensaba quedarme en el hotel que…
-No señor, usted se hospeda en mi dojo por esta noche y hasta que decida irse de Tokio, porque ¿usted no es de aquí, verdad? No lo había visto antes.
-Soy un viajero que recorre el Japón de extremo a extremo. No tengo un lugar ni un sitio donde quedarme. Es muy amable de ofrecerme su hogar, pero creo…
-¡Muy bien! Que no se diga más. Me encantaría presentarle a mis amigos. Seguro les encantará conocerlo. ¡Venga rápido!
El muchacho no pudo contestar, ya que estaba siendo prácticamente arrastrado por la hiperactiva niña, a una velocidad realmente divina. Se dejó llevar por la cálida corriente que era esa chica y decidió disfrutar de aquella oportunidad.
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-¡Alguien! ¡Ayuda! – chillaba desesperadamente una joven de ojos azules y de cabello muy oscuro, mientras intentaba vanamente levantar el árbol, que estaba aplastando al pacifico vagabundo.
¿Qué habría sido? De un momento a otro, el pelirrojo se estaba abalanzando sobre ella y al segundo siguiente era espantosamente aplastado por el tremendo árbol. Parecía conocerla. No. Mejor dicho, había reconocido en ella a alguien que debía querer mucho, al juzgar por la forma de correr y por la sonrisa que salía de sus labios. Pero ¿quién sería? Lo más importante ahora era pedir ayuda.
-¡Señorita Kazuki! ¿Se encuentra bien?
Al fin. Kami-sama había escuchado sus plegarias.
-¡Por favor, ayúdenme! ¡Hay un hombre herido aquí!
-¡Ya vamos! ¡Siga gritando, señorita, para localizarla más rápido!
-¡Por aquí!
Una decena de hombres, casi una expedición, llegaron a donde estaba la joven señorita. Al no ver a nadie herido, se enfadaron un poco pensando que era una broma que les hacía la muchacha. Pero esta se veía demasiado pálida y turbada como para ser una chacota. Lloraba histéricamente y señalaba un enorme árbol que estaba muy cerca a ella.
-Esta allí, por favor, sáquenlo de allí.
Se miraron incrédulos. Al fin, el patrón les había mandado a resguardar a su hija, no a salvar aventureros. Y allí estaba la heredera del imperio económico, desasiéndose en sollozos. Con un suspiro, los hombres empezaron a trabajar, sacando rápidamente a un maltrecho pelirrojo.
Este no se veía muy bien. Aparte de tener un chichón enorme en la cabeza, salía por la delicada boca un hilillo de sangre. Su rostro estaba algo morado, posiblemente por el tiempo sin poder respirar.
-No siento sus latidos. ¡No está respirando! – gritó alarmado uno de los trabajadores a su jefe.
-A un lado por favor. Intentaré aplicar una técnica occidental en este caso – dijo la joven, abriéndose paso entre los chicos, los que la miraban con sumo respeto. Tenían las ideas de su patrón muy arraigadas en sus mentes y ellos sabían de sobra, el respeto que se le tiene que dar a un apellido de abolengo.
La muchacha, puso al pelirrojo, boca arriba, juntó sus manos, levantó levemente el mentón del espadachín, y poniendo sus finos dedos alrededor de su boca, lo besó.
O por lo menos eso les pareció a todos los que presenciaban la escena.
Según ella, le estaba dando respiración boca a boca. Una moderna e importada forma de occidente, para hacer traer a una persona a la vida, si no llega a respirar, siguiendo una serie de pasos.
-Respira por favor, respira, respira.
Un leve movimiento en el pecho del joven se hizo latente. Al segundo siguiente, su cuerpo empezaba a temblar por el acceso de tos que tenía. La pelinegra, lo volteó de forma que le fuera más fácil toser, dando unas leves palmaditas en la espalda. Todo eso ante la atónita mirada del singular público.
-¿Has visto? Los besos de la señorita Kazuki, dan la vida.
-Es un hecho muy extraño
-¿Quién será ese muchacho?
-¿Sabrá el patrón de su existencia?
Kazuki escuchaba las conversaciones que sostenían los empleados de su padre. Con un ademán, hizo llegar hacia ella a tres hombres los cuales levantaron cuidadosamente al herido, llevándole a un de coche, tirado por caballos, que estaba muy cerca del lugar. Ante la venia de la joven señorita, introdujeron al vagabundo al interior del vehículo y se pusieron en marcha. Ese día había sido de grandes sorpresas. Sólo esperaban no traer la furia del anciano señor de su villa por permitir traer a un desconocido junto con su hija.
En el interior del coche, Kazuki, se había provisto de un balde con agua y arrancando un pedazo de la fina tela de su kimono, lo dispuso de una forma tal, que parecía un vendaje en la cabeza del viajero, que pareció reaccionar al contacto de la tela enfriada por el agua. Suspirando, abrió lentamente los ojos y susurró imperceptiblemente.
-Se...ño...rita Ka…o…ru…
-¿Estas mejor? – preguntó Kazuki, satisfecha que sus atenciones hayan resultado positivas.
-Ka…o…ru, Ka…o…ru
-Por favor no hables. Debes descansar, Te has salvado de una buena hoy,
-Ka…o…ru, Ka…o…ru…
-Duerme te lo ruego. Es necesario reposo absoluto cuando tienes un golpe en la cabeza.
El pelirrojo sonriendo dulcemente, cerró los ojos obedientemente, dando paso al sueño reparador producto de las noches de intenso desvelo.
Por su parte de nívea doncella de hermosos ojos azules, miraba tiernamente a su "paciente". Recordaba como ese jovencito corría hacia ella, llamándola. En ese momento, Kazuki pudo distinguir el enigmático color de los ojos del pelirrojo y una sonrisa melancólicamente alegre.
Lo examinó atentamente. Parecía hacerse golpeado muy fuerte. Esperaba que no fuera nada grave. Había escuchado de sus maestros que esos golpes ocasionan problemas tremendos como la amnesia, gentes que no despertaban de su sueño jamás, problemas en el habla, etc.
Rogaba a Kami-sama, para que nada de esas consecuencias le pasara a su protegido.
Que guapo era. Aunque no era el promedio de un hombre que se consideraría atractivo, tenía cierto aire irresistible que atraía. Y ella más que nadie lo acababa de descubrir.
En el momento en que tomó sus labios para hacer reaccionar sus pulmones, una descarga eléctrica recorrió su cuerpo. El olor de aquel hombre, la ternura que adivinaba en él, era como una invitación.
Kazuki se permitió soñar con aquel hombre que estaba a su lado. Soñaba que estaba despierto, que en el momento que corría hacia ella, la alcanzaba y abrazándola, le daba su primer beso. Un beso dulce, cálido y tierno como él.
Pero era únicamente un sueño.
De pronto se acordó que en ese fatídico momento, no era ella a quien él llamaba.
Era a otra.
Un esfuerzo, hizo un esfuerzo grande por acordarse, de todos los momentos hasta ahora pasados con él. Desde su encuentro, hasta el monólogo final en el coche, las únicas palabras que escuchó de él, fueron…
-Señorita Kaoru!
- Ka…o…ru, Ka…o…ru…
Así que era Kaoru. Ella era su rival.
Porque Kazuki se encargaría de conquistar el corazón de ese pelirrojo aventurero a como de lugar.
TO BE CONTINUED…
Ahhh, son exactamente las tres y media de la mañana y supuestamente estoy haciendo unos trabajos para la Escuela, pero, no…vaya, también es bueno darse un descansito de vez en cuando. Ver un libro o un archivo más acerca de derecho, operativa aduanera o economía ya me enferma. ¡Felizmente faltan pocos días para el cierre! Tengo que estudiar mucho en estas últimas semanas. Dos semanas más y soy libre al fin, Yeeee.
Bueno, espero que les haya gustado el capi de ahora... Quizás se sorprendan por la locura de Kaoru por conseguir té. Es que en el manga, a pesar que ella no demuestra esa ansiedad, compra cosas que realmente no necesita. En un primer lugar iba a comprar miso, pero… no sé, ¿Aoshi y el miso? es una pareja tan rara como la de Tsubame – Shishiou u_u. La verdad es que este fic me esta sorprendiendo. Está tomando otros caminos completamente insospechados, y para ser sincera, no se exactamente como puede terminar. Lo que pensé en un momento voló. Tal vez esas ideas me sirvan para hacer otra historia. n_n
Será hasta la próxima. ¡Gracias a la gente que lee esta historia y aguantar hasta el final! Como ya saben dudas, consultas, quejas, chistes, críticas destructivas o parabienes, aki en el llamativo botón verde de los rewiews,
¡Nos lo vemos pronto!
hIT-CHAN
