¡Hola! Agradezco a las personas que siguen cada capitulo de esta modesta historia. Muchas gracias por su apoyo. He estado un poco ocupada por algunos asuntos que felizmente ya se arreglaron... wEno, ¡a por la historia!
Rurouni Kenshin and Company no son míos. Derechos de autor y etc. etc., son del gran Nobuhiro Watsuki-sensei, y escribo esta historia sin fines de lucro y por diversión.
CAPITULO 5: UNA VIDA JUNTOS
El cielo se tornaba oscuro y el anochecer llegaba al dojo Kamiya. Era ya el tercer día en el que Sano regresaba de trabajar del Akabeko. Nunca se había sentido tan humillado. ¡Trabajo! ¡Él, el gran Sanosuke Sagara, luchador callejero de profesión, perdedor constante en las apuestas y enemigo de todo aquello que implique realizar una ocupación honorable, trabajando como un simple mortal! Por eso, y porque un ebrio hijo de vecino le había tirado un jarrón de sake en la cabeza, y él no pudo golpearlo, porque Tae lo estaba fulminando con la mirada; él estaba aquella noche de muy mal humor. Sobretodo cuando vio que Jou-chan había cocinado y que se acercaba con brinquitos tontos a la ex habitación de Kenshin, para decirle a un desconocido que NO había hecho nada durante todo el día, salvo sonreírle un poco a la dueña de la casa, que lo esperaban para comer.
-¿Señor Eichi? ¿Ya está listo? Estamos esperándole.
El castaño salió de su ensimismamiento. Podía ver a través del soji, la esbelta figura de la dueña de casa.
-No me cabe duda, definitivamente es muy hermosa –se dijo para sí el espadachín- Lástima que sea yo el que se encargue de quitar a esa beldad del mundo de los vivos.
-¿Se va a demorar? – dijo desde el otro extremo, Kaoru, cuya voz sonaba un poco… sólo un POQUITO molesta.
-Eh… si, ya terminé. En unos segundos estoy allá.
-Muy bien. Pero más vale que se apure, ya sabe que aquí la comida se acaba rápidamente.
Eichi se paró y sonrió con picardía. Le enseñaría a la joven quién podía llegara ser él . Abrió el soji lentamente, y al ver que Kaoru estaba caminando por el pasillo, corrió velozmente, de tal forma, que la chica no lo llegó a ver. Lo único que sintió cuando éste pasó, fue como si el aire helado hubiera entrado a la casa.
-Esta casa está ya muy vieja… el viento se filtra por todas partes…– se dijo Kaoru, dirigiéndose al comedor.
Cuanta no sería su sorpresa al ver sentado junto a los demás al nuevo integrante del dojo. Claro que la atmosfera aún estaba un poco enrarecida. Sanosuke y Yahiko lo miraban hostiles, en el otro extremo de la mesa, en tanto que el invitado sonriente, se disponía para comer. Parecía que a aquel chico le divertía bastante la situación y lo tomaba todo con buen humor.
-Señor Eichi… ¿en qué momento llegó? –preguntó una sorprendida Kaoru, sentándose para servir la comida.
-¿No me vio pasar? - respondió Eichi fingiendo sorpresa - Creo que estaba muy concentrada, por eso no reparó en mí.
Sano y Yahiko hicieron un ruido de desaprobación. Kaoru miró reprobadoramente a su amigo y a su discípulo. –No hacen más que comportarse como niños. Cada día es siempre la misma historia…
Sano no aguantó aquella miradita de Kaoru y lanzando un resoplido comenzó a lanzar pestes contra el invitado.
-Ah, vaya, miren al señor que es muy gracioso. ¿Quieres que te diga algo, niño? No te creas tanto. Por el hecho que Kaoru te trata bien, nosotros no haremos lo mismo, y…
-¡Sanosuke! – interrumpióle Kaoru, levantando amenazadora, el cucharón para servir el arroz.
-¡Que cosa! Ya es tiempo de decirte que este tipo no me agrada – respondió mosqueado el luchador – Lo siento, no soy como Kenshin, que se traga todo sin molestarse.
-¡Ya basta! Muy bien, ya me hiciste enojar – gruño la chica dándole la espalda – no te serviré la cena por…
-¡Bueno, total, me haces un favor! – gritó su amigo, saliendo del lugar echando chispas. Yahiko lo miró y se paró para seguirle.
-Oye, Busu, voy a acompañarle, no sea que haga alguna tontería. Me disculpan – dijo.
A Kaoru no le dieron fuerzas ni para molestarse, cuando su alumno le dijo busu. Total ella ya estaba acostumbrada, ¿no? Pero lo que si le dolió fue aquella mirada de Sanosuke, tan fría, tan poco propia de él.
Cuando ambos se fueron, Kaoru sintió como las lágrimas amenazaban con rodar por sus mejillas. Parecíale como si su familia se hubiera dispersado. Su querido Kenshin, en unas vacaciones que ya la estaban preocupando y ahora esos dos la habían abandonado por una estúpida discusión. Batallaba silenciosamente para contener su angustia. Ella era muy fuerte, pero también era muy sensible a momentos como esos… Se sentía como una adolescente simple que a pesar de tener destreza con la shinai, no tenía ningún otro tipo de habilidad. Ni siquiera era buena como mujer… No sabía cocinar, lavaba muy mal, tenía un genio vivo y una lengua irrefrenable.
-A este paso. Acabaré quedándome sola.-susurró mirando al suelo con tristeza.
Una mano sobre su hombro y una amable voz la sobresaltó.
-No diga eso. Estoy seguro que es una mujer admirable. Tenga paciencia…
Kaoru miró a Eichi. – Kami-sama, él estaba conmigo- La sorpresa hizo que se olvidara por un momento de su pena. De pronto se dio cuenta que aquel chico, le estaba sonriendo cálidamente. Ella sintió como si en su interior una llama tibia empezara a expandirse, haciéndola sentir mejor.
-¿Esto es el poder de una verdadera sonrisa? ¿Kenshin sentía lo que yo siento ahora cuando le sonreía para darle ánimos?
-Estoy más que seguro que podrá mejorar. Tenga paciencia. Lo más probable es que nadie le haya enseñado… no puede adjudicarse toda la responsabilidad.
Kaoru al escuchar lo que le dijo Eichi, se quedó como un papel en blanco. ¿Cómo era posible que él…?
-Ehhh, ¿Cómo sabe que no soy buena en los quehaceres del hogar?
Eichi pareció confundido, pero repuso tranquilamente - ¿Ah? Usted lo dijo hace muy poquito.
-¡Que yo qué!
-Sip. Escuché todo… Absolutamente todo.
La kendoka abrió los ojos con temor.
-¡No me diga que usted puede leer el pensamiento de las personas!
Eichi rió de buena gana ante la extraña salida de la muchacha.
-Jajaja. Creo haberle dicho que usted lo había dicho hace poco. Usted estaba hablando. Muy bajito, eso si, pero no soy sordo.
La pelinegra después de la sorpresa se rió junto a él. Si que se había encontrado con un chico excepcional…La hacía sentir muy bien.
-Es un cumplido que agradezco.
-¿Ehhh? ¡Que no que no escuchaba el pensamiento de la gente! – dijo ella levantando un dedo acusador, contra su acompañante.
-¡Claro que no! Pero por esa cara boba que puso, me imaginé que usted estaba pensando en la maravillosa persona que soy – dijo Eichi sonriendo de una forma tal, que a Kaoru le pareció que estaba con la versión masculina de Megumi. Ambos se miraron por un momento y volvieron a reírse, como sólo suelen reírse los que están en la primera juventud.
-Bueno. Hay que hacer algo con ese problema que tienes. – El castaño se interrumpió. No era posible que le estuviera tuteando. Pero ante la mirada divertida de su joven compañera, se relajó. – Tendremos que empezar por lo básico.
Kaoru lo había escuchado atentamente. A ella tampoco se le pasó que él estuviera tomando mayor confianza. Aunque le pareció extraño al principio, decidió dejarse llevar por aquella corriente fresca que representaba el joven. Por eso sonreía infantilmente…es decir, por el simple hecho de querer hacerlo. Con Kenshin sonreía muchas veces por obligación, para que éste no se preocupase por ella, o por que creía que de esa forma, ayudaría a su amado pelirrojo a cubrir su pasado lentamente, y evitar que éste le lastime. Pero con Eichi era diferente. Era como volver a ser una niña, a aquellas épocas felices cuando su padre y su madre vivían con ella.
-¿Me estás escuchando? – preguntó el castaño.
-Qué ¿qué dijiste?
- Siento como si no me hubieras prestado atención. – dijo con una voz frustrada el chico, mirando al suelo con una expresión apesadumbrada.
-¿He? No, no es así. Lo siento, pensaba en otras cosas. Te prometo escucharte con mayor atención - respondió ella, mirándolo fijamente.
Él sonrió nuevamente. En realidad el no había dicho nada, pero por alguna razón le encantaba tomar el pelo a aquella muchacha vivaz. Se ponía muy bonita, cuando la expresión de su rostro era confusa.
-Deja de pensar en esas cosas. Recuerda lo que su padre hizo al tuyo, recuérdalo. Haz que ella te mire, se fije en ti y después recházala y destrúyela.
No obstante, ante esos ojos azules perturbadores que lo miraban curiosos, no se sentía capaz de hacer nada. Se dejaba llevar por aquella vitalidad que sentía cuando estaba con ella.
-Aprenderás a paso a paso a cocinar. La primera lección será el nombre de los ingredientes y como hervir el agua.
-¡Pero si eso ya lo sé!
-Yo soy el profesor aquí. Así que tienes que seguir mis instrucciones. Una lección que no se haga, puede ser el inicio de una catástrofe culinaria. Por ejemplo, vamos a comer ese arroz que has preparado.
-Pero…
-Un profesor debe saber perfectamente las limitaciones de sus alumnos. Así que tengo que probarlo para saber en qué te has equivocado.
Kaoru suspiró con desgana y le sirvió un pote lleno de arroz. Eichi inclinó la cabeza, agradeciendo y comenzó a comerlo. Después de un momento, su rostro se tornó verde pasando cómicamente al morado. La chica lo miró interrogante. No le gustaban las críticas, pero le agradaban las sugerencias, así que prestó oídos a lo que Eichi-sensei iba a decir.
-Kaoru-san, déjame decirte que a este arroz le falta sazón. También parece que no lo has cocinado bien, porque siento algunos granos que están crudos y otros que están demasiado cocidos. ¿Acaso has removido el arroz durante su cocción?
-¿Remover? ¿Se hace eso? Yo pensé que sólo se dejaba cocinar…
Eichi suspiró. – Muy bien. Debemos empezar de una vez… Como mi padre decía… – el joven se interrumpió por un momento, mientras sentía que el nombre de su progenitor no debía haber sido nombrado en esa casa.
La muchacha atribuyó el silencio de su nuevo amigo, el hecho que su padre no este con él, muerto quizá en una guerra absurda. Ya que él la había ayudado anteriormente, decidió animarlo un poco.
-Sé que duele la pérdida de un ser querido -comenzó – Mi madre murió cuando era yo muy pequeña y mi padre falleció poco antes que pudiera dominar la técnica del Kamiya Kasshin. Estuve sola durante mucho tiempo, intentando salir adelante por mi cuenta, tratando de dejar a un lado mi dolor, para poder sobrevivir. De no haber sido por mis amigos no hubiera podido ser lo que soy ahora.
Lo que pasó después que habló, no se lo esperaba. En el rostro de aquel chico tierno y amable se dibujaba una horrible expresión de cólera contenida, como si una careta se hubiera desvanecido. Kaoru, se asustó un poco, sintiéndose culpable por algo, sin saber exactamente que era.
-¿De qué me siento culpable? – pensó mirándolo- ¿Por qué? ¿Quién…? ¿Quién eres tú?
-Bueno, será mejor empezar desde mañana. No suelo tener hambre en las noches, por lo que me retiraré a descansar. Claro, si no se te ofrece nada más – dijo un nuevamente sonriente Eichi.
-No, nada. Buenas noches Eichi-san.
-Buenas noches.
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En otro punto del Japón, un pelirrojo durmiente era el motivo de las discusiones de una bella señorita de cabellos negros con aquellas que estaban a su servicio.
-Pero nos podemos encargar de eso nosotras.- decía una con voz suplicante.
-Que no es necesario. Puedo hacerlo yo sola.
-Señorita, su padre se molestará. No le permitirá que haga esa tarea, además nos regañará.
-Yo hablo con él y todo solucionado.
Hace ya media hora que estaban enfrascadas en la discusión, tres sirvientas con la señorita. El quid del asunto, era que la señorita Kazuki, viendo que el pelirrojo que estaba a su cuidado no se había aseado, muy probablemente desde que se internó en aquel bosque, había ofrecido bañarlo apropiadamente. Las tres doncellas, se escandalizaron al pensar que su señorita, a la que no la dejaban hacer nada, por miedo a que se malogre la suavidad de sus manos, haría ese trabajo tan impropio de su persona. Aunque sabían que a la hija del amo, cuando se le metía una idea, la cumplía rápidamente. Y ahora ella estaba empecinada en bañar a aquel vagabundo. Pero ellas, como guardianas, no podían permitirlo. Además, habían visto que aquel hombre no estaba del todo mal y sus mentes definitivamente lujuriosas, se encargaban de imaginar como sería ese joven sin tanta ropa. Por eso batallaban, quizás más por la última razón que por que Kazuki-sama no se ensuciase las manos.
Pero aquella situación daba para rato. Una de ellas, la de mayor jerarquía, miró a otra significativamente. Ésta última asintió y salió disimuladamente de la habitación, dejando que sus otras dos compañeras distrajesen a la señorita mientras ella se encargaba de prepararle algo que definitivamente las haría ganar la disputa.
-Muy bien, señorita. Usted gana – dijo Riku, la primera doncella que habló.
-Bueno, eso es hablar bien – señaló Kazuki, feliz por haberles hecho entrar en razón a las tres chicas.
-Maho-chan, por favor ten todo listo para el baño. – mandóle Riku a otra doncella. Cuando ésta hubo salido, se dirigió a su señorita, que ya había regresado al lado del vagabundo durmiente.
-Eh, míralo Riku-chan… ¿A que es muy tierno?
-¿Cómo puede saberlo? No lo conoce. Es más, él no ha abierto los ojos desde que llegó aquí.
-El rostro dulce y amable dice mucho por él. Debe ser una persona noble y generosa. – dijo Kazuki, mirándolo fijamente.
Tan concentrada estaba que no reparó en la entrada de la primera doncella que salió. Esta llevaba aparte de los insumos para el baño, una gran taza humeante. Riku se levanto presta y cogió la taza.
-Señorita, ¿desea un poco? Kyoko-chan preparó la bebida que tanto le gusta.
-¿Ah? Si, bueno, muchas gracias chicas. – dijo Kazuki tomando la taza y bebiendo distraídamente su contenido.
CINCO, CUATRO, TRES, DOS, UNO…
Plamm
Kazuki fue sostenida por las dos sirvientas que estaban en el cuarto. Ahora también ella había caído en un sueño profundo. Riku y Kyoko la depositaron delicadamente en la cama y procedieron a sacar al pelirrojo de la habitación. Sabían que lo que habían hecho no era lo correcto, pero era la única forma de no desobedecer a la señorita ni al amo.
Oooooooooooooooooooooooo ooooooooooooooooooooo Oooooooooooooooooooooooo
Sanosuke y Yahiko caminaban por las oscuras calles de Tokio, no lejos del dojo. Ambos conversaban animadamente. Yahiko jugaba un poco con su shinai, como dando golpes a algún adversario imaginario.
-No creo que golpear a ese tipo sea la mejor solución.
-¡Pero puedo cogerlo desprevenido! Además parece que no sabe nada de kendo. Será muy fácil ganarle… Un golpe bien dado, lo llevamos a las afueras y fin de la cuestión.
-Escúchame bien, Yahiko-chan. –El pequeño aprendiz hizo el ademan de quejarse, pero Sano continuó – Ese plan tuyo no vale, porque no sabemos nada sobre él. ¿Qué te hace decir que no sabe nada de kendo? Kenshin también engaña bastante bien. Tal vez éste no sea tan fanático como para llevar su espada consigo, pero si sabe algo, te aseguro que un simple golpecito no bastará. Además, he percibido un ki bastante extraño de ese hombre. Y eso no me agrada. No le puedo decir nada a Jou-chan, porque se ha encariñado tanto con el chiquillo, que sería capaz de botarme a patadas. Ya viste como se portó cuando quise hablarle.
-¿Tienes algún plan?-preguntó Yahiko, seriamente.
-Pues sí. Iré a buscar a Kenshin. La única persona en el mundo que es capaz de decirle algo a Jou-chan es ese remedo de ama de casa.
Yahiko le dio un fuerte golpe a Sanosuke en la nuca, haciendo que el luchador soltara un quejido.
-¡Que demonios te ocurre!
-Kenshin es una de las personas que más admiro. No permito que nadie se burle de él. Menos un cabeza de pollo como tú – terminó Yahiko.
Sanosuke por toda respuesta, sonrió al niño y dándole una fraternal palmada en la espalda, continuó caminando. Yahiko quedó un poco sorprendido, y después de un momento pareció comprender. Corrió donde Sano y siguió caminando con él.
-Mientras él busque a Kenshin, yo me quedaré en el dojo, cuidando a Kaoru. Sanosuke quería estar seguro si yo era lo suficientemente leal a Ken como para protegerla de las garras de ese tipo.
-¡Así que todo fue una prueba! – gritó el niño de improviso.
Sanosuke lo miró con perplejidad. ¿Qué estaría pensando ese niño? En fin, era mejor no pensar en ello. Tenía que buscar al pelirrojo y traerlo de vuelta. Estaba seguro que ya no podría aguantar ni un día más consumiendo esas indigeribles comidas que preparaba Jou-chan.
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En la oscuridad de la habitación, la kendoka de ojos azules, se abandonó a sus pensamientos. Le preocupaba mucho el estado de Kenshin. No tenía noticias suyas, prácticamente desde que se fue. Ya había avisado de su ida a los Onniwabanshu, y Misao-chan le había prometido que le informaría si pasaba por Kyoto.
Además desde hace unos días tenía un sentimiento muy extraño, como una gran preocupación y no daba con la razón. Eso le preocupaba aún más. Ella estaba empezando a sospechar que algo le había pasado a Kenshin. Aunque el hecho de vagar casi diez años, sin que nada le pase… Pero aun así, le inquietaba su partida.
-Tonta Kaoru… ¿para que le dijiste que se vaya si vas a estar así después?
Kaoru se golpeó la frente con la palma de la mano, sacudiendo la cabeza. No sólo era ese asunto la que la tenia ansiosa esos últimos días.
Y era relacionado con aquel misterioso chico que vivía con ella.
Aunque le parecía simpático y agradable, había algo en él que no encajaba. Sobre todo esa actitud que tuvo en la cena… En los primeros dos días era reservado y callado. De pronto, comenzó a ser mucho más jovial y más cercano a ella. Eso la ponía muy feliz, sin saber por qué. No era amor, porque ella sabía que su corazón era ya del pelirrojo. El sentimiento para con aquel chico era distinto. Como si se estuviera unida a ese muchacho por algo íntimo, doloroso y lejano. Pero no daba con la razón. ¿Amigos de la infancia? Muy poco probable, porque ella no tuvo amigos cercanos cuando era niña.
Pero pensando fríamente en el asunto, él se había puesto extraño cuando mencionó a su padre. ¡Por supuesto! La clave era el padre de ese chico. ¿Pero, que tenia que ver con ella todo eso?
En tanto en otro cuarto del mismo dojo, Eichi se mesaba los castaños cabellos con desesperación. Intentaba concentrarse en su padre, en su desecha familia y en su desdichada infancia. Intentó pensar en la venganza hace tiempo anhelada, en los años que su madre invirtió para que se convirtiera en un gran espadachín.
-Ella ha fallado como mujer… No sabe cocinar, ni siquiera es fina. ¿De qué me preocupo entonces?
Se echó feliz sobre el blanco futón. Dormiría tranquilo aquella noche.
-Pero es amable, noble y tierna. Y cuando estás como ella es como sentir la primavera dentro de ti, es tan fresca y tan juvenil….
Y aunque no quería pensar en ello, en la mente de Eichi, se grababa la imagen resplandeciente de Kaoru.
TO BE CONTINUED… O_o
AGRADECIMIENTOS ESPECIALES A:
Watashi L, gabyhyatt e Isabel-san: corregido y remasterizado, con mucho cariño. Agradezco tu comentario, me anima mucho a seguir escribiendo. Gracias por darse un tiempo para escribir!
Prometo que no faltará mucho para que Kenshin y Kaoru se encuentren de nuevo. El siguiente capitulo… quizás…. Claro que primero tengo que despertar a Ken de su sueño. Parece que ese golpe si fue fuerte…
Me sorprende haber terminado tan pronto este capitulo. Creo que es porque estaba inspirada, lo cual es algo bueno, porque llevaba días en la primera línea sin saber que más poner. De pronto hoy, domingo 01 de marzo de 2009, llegó a mí la "inspiración divina" y pude terminar todo. Mañana tengo examen y estoy a punto de volverme loca… Ahhh, exámenes, exámenes y exámenes giran alrededor… Comprar memorex no más, ni modo.
Bueno, espero que les haya gustado el capi, volveré (Dios mediante) con otra nueva actualización, tan pronto como el tiempo, mis padres, la compu y mis profes lo permitan.
Ja ne!
hIT-cHAN
