Un Placer ser Tu esclava

Ojo por Ojo

-Y bien Hermione, dinos… ¿Te declaras culpable de haber besado a Draco Malfoy?- la castaña escupió todo el jugo de calabaza que estaba bebiendo, el cual tuvo la gentileza de caer sobre el bienaventurado Harry, quién estaba sentado enfrente de ella.

- ¡Oye! ¡Fíjate a dónde apuntas! Mi amor, ¿estás bien?- preguntó Ginny preocupada por su novio al tiempo que lo limpiaba con una servilleta.

- ¿Y bien? ¿No me piensas contestar?- preguntó Lavander Brown al lado izquierdo de la Premio Anual quién comenzó a cobrar un color rojo en sus mejillas que delataba su nerviosismo o tal vez ira por saberse el blanco de semejante interrogante.

- ¿Qué…por qué me preguntas eso?- balbuceó.

- Por cómo se tocaron. Vamos, si esa ha sido la primera vez que se manosean yo soy hada madrina.

- Obviamente, esa no ha sido la primera vez que "fraternizan"- agregó Parvati Patil al otro lado de su inseparable amiga.

- ¡¿Es verdad eso?! ¡¡Has estado fraternizando con el enemigo?!- inquirió Ron furioso, cuyo arrebato le provocó que el jugo que estaba bebiendo se le escapara por los orificios de su nariz pecosa. Empezó a toser y el pelo-azabache le dio unas cuantas palmadas en la espalda para que se tranquilizara mientras que las señoritas se reían por el espectáculo.

Una vez que el pelirrojo recuperó su compostura los ojos se volvieron a centrar en la castaña.
- ¿Es verdad eso, Mione?- insistió Harry con suma calma pero taladrando con sus ojos esmeralda a su amiga, quién permaneció confusa por unos segundos antes de recordar las palabras de su idioma.

- ¡Malfoy y yo somos totalmente incompatibles!- intentó evadir la pregunta con un estamento sincero.

- Nadie te ha preguntado si son compatibles o no, solamente si se han besado…- observó Lavender perspicazmente.
"Y ¿ésta desde cuando es perspicaz?" pensó Hermione antes de decidir que no le quedaba más opción que mentir si no quería terminar asesinada por dos pares de ojos (uno verdes y otro azules) que la miraban detenidamente.

- Por supuesto que no he tenido nada con Malfoy más que peleas. Ya me tenía harta con sus insultos y humillaciones y decidí darle un poco de su propia medicina, ¿tan difícil es eso de entender?- para al término de su declaración su voz ya sonaba demasiado borde por lo que ninguno de los presentes se atrevió a contradecirla. Aunque la pelirroja Weasley la contemplaba divertida y conciente de lo caradura que era su amiga.

El resto del día transcurrió en un suspiro. Los cuatro amigos pasearon por los jardines de Hogwarts aprovechando los últimos rayos de sol que por un largo período se verían sojuzgados por los estragos de un invierno que en Inglaterra solía prolongarse más de lo común.

Afortunadamente, Hermione no tuvo que toparse con Draco en todo el día y, mejor aún, el conocimiento de la causa de aquello la satisfacía, pues sabía muy bien que el chico debía estar cumpliendo un fastidioso castigo por haberse paseado en paños menores por el castillo. Finalmente, la noche se convirtió para la Premio Anual en un indicio que le advertía de que pronto tendría que encontrarse con su colega en la privacidad de su Sala Común. Cuando entró en ella notó con alivio que él todavía no había vuelto puesto que el living estaba en su mayoría a oscuras, si no fuera por la tenue luz del atardecer que se filtraba por la ventana. Fue derechito hacia su cuarto y creyó óptimo caer en un temprano sueño para recuperar fuerzas y deshacerse de la tensión que la dominaba. Después de todo, la noche anterior sí que había sido agitada.

Se cambió la ropa de civil por su pijama corto de seda negra con finos tirantes, el cual era su preferido por la suavidad de la tela y el vuelo de la prenda que le daba la impresión de estar casi desnuda. Se cercioró de trancar la cerradura de su puerta por si las moscas antes de recostarse en su cama mientras se hundía en las tinieblas pensando en el mar de felicitaciones que había recibido por su jugarreta de la mañana. Sin embargo, muchas de esas congratulaciones no se justificaban por lo que ella hubiese querido: la humillación de Malfoy. Contrariamente, muchas de sus compañeras de curso y también menores le habían agradecido el hecho de haberles revelado uno de las "maravillas del mundo". Por otra parte, los hombres parecían haberse tomado muy en serio sus facultades como masajista, ya que obtuvo varias propuestas que no le hicieron mucha gracia y a las que ella contestaba amenazando con quitar puntos de sus respectivas casas. Con el correr de los minutos y la evaporación de sus pensamientos, fue cayendo en el esperado dormitar que la relajó debajo de sus sábanas.

Para ese entonces, Draco volvía de su tortuosa detención: limpiar el baño de Myrtle la llorona a mano y sin ninguna ayuda mágica. Refunfuñando desde el mismísimo instante de abandonar la oficina de Dumbledore, había moldeado un odio en crecimiento por la castaña que alimentaba su sed de venganza. Cuando entró a la Sala Común de Premios Anuales no pensó siquiera en darse una ducha para quitarse el hedor del maldito y apestoso lavabo abandonado pues tenía una sola idea en mente. Dirigió sus pasos con decisión hacia al dormitorio de su colega a medida que apretaba los puños y guardaba en su rostro aquella misma expresión de rabia que le había durado todo el día. Trató de girar con sutileza el picaporte pero al ver que estaba puesto el cerrojo empuñó su varita para murmurar "Alohomora", con lo cual la cerradura cedió y él pudo entrar sin ningún tipo de restricción.

El rubio caminó de puntillas hasta la cama de la castaña cuya profunda respiración le indicó que estaba plácidamente dormida. Una sonrisa maquiavélica fue curvando sus labios y sus ojos centellearon con un brillo nunca antes visto, ni siquiera en él. Se inclinó despacio y tomó la sábana que cubría a Hermione para deslizarla despacio con el fin de que ella no sintiera ninguno de sus movimientos, lo cual resultó magníficamente. A medida que el cuerpo de la castaña se iba revelando, él sintió una nueva urgencia por abalanzarse sobre ella, pero no para maltratarla como había planeado, más bien para revivir las proezas de la noche anterior.
Quedó estático por unos segundos, discurriendo la mejor forma de actuar pero cuando vio cómo ella se retorcía sumida en su sueño y murmuraba un nombre demasiado parecido al suyo se apresuró a quitarse su camisa y rodearla con sus brazos y piernas sobre la cama aunque sin realmente tocarla.

Contempló su rostro y sus labios, que mantenía contorsionados en una mueca de placer. Sonrío satisfecho consigo mismo pues supo que ella estaba soñando cosas impúdicas y que él era el protagonista de aquellos sueños. Después de oír escapar nuevamente su nombre de los labios de la chica no se resistió más y besó sus labios con delicadeza. Ella correspondió automáticamente, todavía inmersa en su dormitar ajetreado. Sin embargo, cuando el cuerpo de Draco cayó enteramente sobre el de ella sin perder tiempo para empezar a recorrer sus curvas con las manos, los ojos marrones se dispararon pasmados al sentir que esas sensaciones antes soñadas se transformaban en realidad.

- ¡¡Malfoy!!Qué rayos…?- se vio interrumpida por la boca del chico. Intentó forcejear pero no pudo contra las caricias desesperadas del Premio Anual. Cuando se sintió libre para hablar puesto que los labios ámbar habían descendido por su cuello hasta sus pechos, dijo- Esto es violación, Malfoy- aunque sus manos revolviendo la cabellera rubia desacreditaban sus palabras. Gimió pero igualmente su cabeza siguió trabajando para encontrar una forma de salirse de esa situación hasta que un olor desagradable penetró sus fosas nasales.- ¿Qué es esa pestilencia?

Eso pareció surtir efecto ya que el rubio detuvo los besos que en ese momento esparcía por el abdomen de la castaña, habiendo levantado el pijama de seda.

- Es culpa tuya, Granger. Me mandaron a lavar el maldito baño de Myrtle.- con eso Hermione río causando que las antiguas ganas asesinas renacieran en el rubio.- No sé de qué te ríes. ¿Se puede saber por qué me hiciste semejante putada?

Entonces, la castaña recuperó su rigidez y de un empujón se quitó al chico de encima, cayendo éste a su lado en el colchón. Los ojos marrones se clavaron con severidad en los grises azogue, los que le devolvían la misma mirada de rencor.

- ¡¡Me engañaste, cretino!! ¿Qué esperabas que hiciera? ¿Quedarme sentada de brazos cruzados habiendo sufrido la humillación de acostarme contigo por una apuesta que YO gané?

- ¡¿Humillación?! ¡Vamos! No seas hipócrita. Deseaste lo que pasó tanto como yo.

- ¡Mentira! ¡¡Jamás lo hubiera hecho si no fuera porque me mentiste!!

- ¡¡Por supuesto que sí!! ¡¡Acaso no habíamos estado a punto de acostarnos dos veces anteriores a la de anoche?!

- ¡¡Malfoy!! ¡¡Sal de mi cama!!- gritó ella desaforadamente.

- ¡¡Me debes una!! ¡¡Una grande!!

- ¡¡Yo no te debo nada!! No puedo creer que creas tener la razón. ¡¡Eres un bastardo traidor!!
De un movimiento brusco, Draco tomó la muñeca de la castaña atrayendo su cuerpo al de él.
- No me provoques, Granger.

- ¡¿Me vas a pegar?! ¿Serías tan cobarde?- como respuesta sólo recibió un beso violento que casi le lastima los labios por la fuerza que el blondo usó para abrir paso a su lengua. Ella volvió a forcejear pero flaqueó nuevamente y otra vez estaban besándose con pasión, deseando explorar más y más hasta que ya no quedara ningún rincón por ser explorado. Hermione deslizo sus manos por el cuello blanquecino hasta entrelazarse entre los cabellos rubios pero cuando quiso empujar sus cuerpos hacia el colchón en una posición horizontal él la soltó con la misma brusquedad con que la había tomado y se levantó de la cama de un salto.

- Ojo por ojo, Granger. Humillación en público por humillación en público. ¡Estás avisada!

Sin más, el slytheriano agarró su camisa del piso y salió del dormitorio decorado en los colores gryffindorianos, dejando a una castaña acostada totalmente abatida y confusa con miles de sentimientos encontrados y unos ojos acuosos que contenían las lágrimas a duras tientas.