Un placer ser tu esclava
Compromiso…?
- ¡¡Potter, afuera!!
- ¡¿Y ahora qué te pasa, Malfoy?!
- ¡¡Baja ya mismo de esa escoba y deja el maldito estadio!!
- Estamos entrenando, ¿acaso estás ciego o qué?
- No, idiota, no estoy ciego. Sólo que nos toca entrenar a nosotros. - el rubio se paró en el medio de la cancha escoltando a sus compañeros. Los gryffindorianos, hartos de los gritos abusivos del slytheriano, bajaron de sus posiciones de vuelo para enfrentarse a su equipo rival.
- ¿Qué mierda te pasa, Malfoy? Nosotros hemos reservado el campo para hoy así que ya pueden ir yendo a otro lugar.
- Pues será que yo soy Premio Anual y no me he enterado de que ustedes hayan reservado nada.
- ¡¡Se lo hemos dicho a Hermione!!- exclamó Ron.
- Me vale poco, comadreja. ¡¡Salgan de aquí!!
- ¿Qué te pasa, Malfoy? ¿Acaso te olvidas te que hoy a la mañana les has pedido perdón a mi hermano y a mi novio?
- Mira, pelirroja…- comenzó el aludido pero se vio interrumpido por una escandalizada Millecent Bulstrode.
- ¡¡Te has disculpado con estos dos?!
Draco volteó para enfrentar a su equipo en donde las miradas asesinas se veían reforzadas por un atisbo de horror. Frunció el ceño y volvió a mirar a sus enemigos.
- Oye, pelirroja, sé que eres muy bonita y todo- Harry se adelantó con los puños apretados pero su novia lo retuvo con sus mejillas totalmente coloradas.- Sí, Potter, por supuesto que tu…chica es preciosa pero no te preocupes que es Weasley y a mí los pobretones nunca me gustaron ¿ok?- Entonces fue el turno del pelirrojo para adelantarse con la idea de defender al honor de su apellido, pero Katie Bell lo detuvo.- Además, si les pedí perdón fue porque en un arrebato de lástima extrema consentí hacerles saber lo mucho que siento que tú, cara-rajada, seas el ególatra empedernido que se cree que el mundo gira a su alrededor con un patético intento de jugar el rol de humilde; y que tú, comadreja, seas la basura insignificante que eres pues me da mucha pena pensar que sangre tan pura como la tuya se manche con la estupidez que rebozas.- Para ese entonces los compañeros de su casa se agarraban las costillas tratando de que éstas no se zafaran a causa de tanta risa mientras que los de la casa roja sostenían a los injuriados haciendo esfuerzos sobrehumanos para que no se desatara una riña en medio del estadio.
- ¡¡Malfoy!!- resonó la voz de una castaña que se incorporaba a la escena corriendo desde las gradas.- ¿Se puede saber qué estás haciendo?
- ¡Fácil! Estoy echando a tus amiguitos del campo para poder entrenar tranquilos.
- ¡¡Nosotros llegamos primeros!!- argumentó Ron furioso.
- Lo sé, no te preocupes. Yo misma les he dado el permiso ¿recuerdas?
- ¿Cómo pretendes que recuerde algo con esa cabecita que tiene?
- Malfoy, me estoy cansando de tus insultos.- advirtió Harry Potter.
- No me digas… ¿qué piensas hacer? ¿Llamar a Dumbledore?
- Sabes muy bien que puedo contigo yo solito y en menos de dos minutos estarías petrificado en el piso.
- No lo creo.
- ¡¡Basta!!- intercedió Hermione metiéndose entre medio de los dos chicos que ya estaban demasiado cerca uno del otro.- Malfoy, teníamos un trato- Los ojos de la Premio Anual centellearon con rabia al mirar fijamente a su colega mientras extendía los brazos para servirle de escudo a su amigo ojiverde.
- Tú lo has dicho: TENÍAMOS, ¡¡pasado!! ¿Crees que puedes jugar conmigo de esa forma? Pues te lo aclaro por si no lo sabes: NO, NO PUEDES.
- ¿De qué trato hablan?- inquirió el pelo-azabache ya más calmado.
- Nada, Harry, nada…
- ¡¡NO!! Estoy harto de tantos secretos entre ustedes dos. ¡¡Quiero saber!!
- ¡¡No te metas, cara-rajada!!
- Vuelve a llamar a Harry así y…
- ¿Y qué? ¿Qué me harás, comadreja? ¿Qué me harás para defender a tu noviecito?
- Malfoy…-advirtió la castaña nuevamente.
- ¡¡Ya váyanse, idiotas!!
- ¡¡Queremos entrenar!!- gritó otro slytheriano.
- ¡¡Sí!! Desaparezcan.
Para ese entonces, los miembros de ambos grupos ya estaban tan enfrentados unos con otros que no quedaba un solo puño sin ser apretado ni un solo rostro sin ser contorsionado en una mueca de ira. Por su parte, la castaña se debatía interiormente, pues no sabía qué hacer, si golpear a su colega o si ponerle un fin definitivo a ese caldero de fatal rivalidad que se cocinaba entre ambos grupos, pero esto último no supo cómo hacerlo así que se decidió por lo primero.
- ¡¡Qué carajo haces, Sangre Sucia?!- gritó Millecent al ver a su capitán en el piso gracias a la piña que le había propiciado la gryffindoriana.
- ¡¡Estás muerta!!- amenazó Nott con su voz trémula.
Con eso, todos los compañeros de su casa se pusieron enfrente de la amenazada para defenderla.
Draco se levantó rápidamente, rechazando la ayuda de unos cuantos slytherianos que se habían adelantado para ofrecerle su mano. Una vez de pie miró a Hermione con severidad y hubiera seguido insultando y maldiciendo si no fuera porque la expresión de aquellos ojos marrones le comprimió el pecho de una manera impensada. Prefirió dirigirse a sus compañeros.
- Vamos.
- ¡¿Qué?! ¿Estás loco? Ahora menos que nunca…
- Nott, no te pedí tu opinión, dije que nos iríamos y eso haremos.
El chico parecía dispuesto a replicar pero la súbita presencia de la Profesora de Transformaciones se lo impidió.
- ¿Qué pasa aquí?- los ojos de Mcgonagall viajaron desde los chicos bajo su tutoría a los de la casa verde pero se detuvieron ante una boca roja e hinchada.- ¿Qué le ha pasado ahí, Malfoy?
El aludido miró a la causa de aquella pregunta y vio cómo un movimiento de la garganta de la chica indicaba que ésta estaba tragando saliva, obviamente nerviosa por ser descubierta.
- Nada, profesora. No me ha pasado nada.
- ¿Piensa que yo puedo creerle aquello?
- No sé, espero que sí.
La señora gruñó antes de volver a hablar irritada.- ¡Vaya a la enfermería a que le desinflamen ese moretón!
El rubio acató rápidamente, no podía esperar para desaparecer de la vista de sus compañeros que estaban igual de incrédulos que los malditos gryffindoriamos, todos mirándole sin entender por qué no había delatado a su colega. Durante el camino a la enfermería él se hizo la misma pregunta: ¿Por qué no pudo acusar a Hermione? Sólo sabía que algo… eso mismo que antes de que apareciera la vieja fastidiosa le hubo comprimido el pecho luego le había hecho mentir. Pero insospechadamente, esa vez había mentido para bien o, al menos, para el bien de cierta persona que en ese momento estaba siendo carcomida por la culpa y que dirigía sus pasos hacia el santuario de Maddam Pompfry para ofrecer sus disculpas.
- ¿Estás bien?- preguntó la castaña al llegar a la habitación de blanco donde el blondo, sentado sobre una camilla, se embebía el labio con un ungüento que le había facilitado la medimaga.
- ¿Qué haces aquí?
- Vine a pedirte perdón.
- ¿Por eso estás colorada?- inquirió el chico con tono socarrón.
- No empecemos de vuelta. Sólo vine a decirte que siento haberte golpeado y a agradecerte que no me hayas inculpado.
- Te lo habrías merecido…
- Mira, sé que estuve mal, especialmente siendo Premio Anual como soy, tuve que haber demostrado mayor compostura frente a los alumnos y no lo hice.
- Entonces te preocupa únicamente eso, ¿verdad? El no haberte comportado como la niña perfecta que siempre aparentas ser.
- Yo no dije eso. Dije que tuve que haberme mostrado con más disciplina, pero resulta que tu idiotez me dificulta las cosas.
- Bueno, pues si mi idiotez te dificulta las cosas ya puedes ir alejándote de mí. ¡Sal de aquí!
- Malfoy, te vine a pedir perdón.
- ¡¡Vaya forma de disculparte que tienes!!
Hermione suspiró para tranquilizarse un poco y se acercó al chico.
- Déjame ayudarte.- Estiró su brazo para tomar el frasco que Draco sostenía en la mano izquierda pero éste se inclinó hacia atrás para que ella no lo pudiera alcanzar.- No seas tan peliagudo. ¡Vamos! Sólo quiero darte una mano.- Se acercó más al blondo para tomar el ungüento logrando que la distancia entre ambos escasease aún más, lo cual el chico aprovechó para pasar el otro brazo por la cintura de la voluntariosa. Ella lo miró desconcertada.- No vine a esto…
- Pero te aseguro que esto lo haces mucho mejor que pedir perdón- la apretó contra sí acercando sus bocas. Hermione no reculó. No obstante, cuando sus labios estaban a punto de toparse la repentina abertura de la puerta les obligó a separarse precipitadamente.
- Los vuelvo a encontrar juntos- observó el director.
- Profesor, yo sólo vine a…- comenzó la Premio Anual todavía avergonzada por la escena del mediodía.
- No te preocupes, Hermione. Eso es lo que quería, hablar con ustedes.
- ¿Acerca de?- tanteó el rubio un poco contrariado con la idea de ser reprendido nuevamente.
- Acerca de la unión de las casas.
- ¿Cómo?
- Eso Draco, quiero que me ayuden en la unión de las casas. Me he enterado de lo sucedido en el campo de Quidditch y creo que ya es hora de ponerle fin a estas inútiles rivalidades.
- ¿Qué tenemos que ver nosotros en ello?
- Bueno, primero que nada, ustedes son los Premios Anuales y si hay alguna razón por la que decidí darles ese cargo a ambos ha sido para limar asperezas pero también por un motivo mucho más importante. Como todos sabemos, Voldemort ya está destruido y no debemos preocuparnos por él o sus mortíos, sin embargo temo que todavía hay ciertos prejuicios entre los de sangre pura y los de familias no magas.
- Claro que sí, los de sangre pura son todos unos retrasados.
- Digamos mejor que pueden ser algo anticuados- terció el director- Justamente por eso necesitamos que esas diferencias se borren definitivamente para que no vuelva a ocurrir algo similar a lo de Voldemort y sus secuaces. Y creo tener la solución perfecta pero para que mi plan tenga éxito necesito de su ayuda.
- ¿Qué tipo de ayuda?- preguntó el rubio con aprensión.- ¿Qué quiere que hagamos?
- Que se comprometan en matrimonio.
Un golpe seco siguió a aquel estamento puesto que el trasero del rubio que había estado apoyado en el borde de la camilla todo ese tiempo resbaló de alguna manera ocasionando que el chico cayera despatarrado al suelo.
-¿Estás bien?- se preocupó Dumbledore, pero no obtuvo respuesta pues al parecer, a causa de los aturdidos oídos de Draco, él no estaba escuchándolo.
Hermione, por su parte, ni siquiera se percató del pequeño accidente, pues sólo se limitaba a mirar a su director con los ojos desorbitados sin dejar de preguntarse la misma interrogación que escapó de su boca.
- ¿Está bromeando?
- ¿Me crees capaz de bromear con algo semejante?
- Sí.- afirmó la chica con seguridad.
El aludido se tomó unos segundos para considerar esa acusación.- Bueno, sí, tal vez…pero no, no es broma.
Recién entonces fue cuando la castaña reaccionó con todo el peso caído sobre sus hombros y tomó asiento en una silla cercana valiéndose de la ayuda como soporte de la mesita dispuesta al lado.
- ¡¡Usted está loco?!- inquirió desconcertado y bastante desesperado el blondo que ya se había puesto de pie con dificultad.
- No, según tengo entendido solamente soy un poco extravagante pero creo que mi salud mental está más que bien. Muchas gracias por preguntar.
- ¡¡Usted nos está vacilando!!
- No, Draco, no les estoy vacilando, ni les tomo por tontos ni nada que ahora esté pasando por tu cabeza. Les estoy pidiendo un favor.
- ¡¡Usted está muy equivocado si piensa que vamos a aceptar algo así!!- gritó el chico.
- Vamos, tampoco es que le estoy pidiendo algo descabellado, han hecho cosas más difíciles para la Orden. Además, he sido testigo de que ustedes no se llevan tan mal últimamente.- Ni falta hacía su sonrisa pícara para entender de qué hablaba el anciano.
- Mire, si piensa que yo me casaré con una mujer únicamente porque estuve a punto de foll…- Sin embargo, el rubio no pudo concluir su frase porque tuvo que zambullirse para evitar que un bisturí terminara clavado entre una de sus cejas y la otra. Se dio vuelta para notar que el utensilio se había insertado en la almohada de su camilla y luego miró a la desquiciada que había apuntado hacia él.
- ¡¡Qué te pasa, demente?!- vociferó
- ¡¡Aprende a cerrar tu bocaza, Malfoy!! Tú y yo no estuvimos a punto de hacer nada.- los ojos marrones centelleaban furia y los instintos asesinos se hacían más que evidentes.
- No le crea, Profesor, está mintiendo.- alegó el aludido.
- ¡¿Qué dices, cabrón?!- Hermione se adelantó hacia su colega y éste lo mismo hacia ella, ambos mirándose con odio.
- Bueno, bueno…creo que esto se está desvirtuando- terció el adulto- Por favor, sepárense un poquito.- solicitó viendo que ya estaban a pocos centímetros uno del otro.- ¡Ahora!- Finalmente, la voz autoritaria del director se alzó por la enfermería logrando su cometido: Hermione y Draco saltaron alejándose.- Mejor así… No importa qué estuvieron o no a punto de hacer, sólo quiero pedirles este favor y presentarles mis justificados argumentos para que acepten.
- ¡Lo dudo!- dijeron al unísono.
- ¿Ven? Ya nos vamos poniendo de acuerdo- pero la sonrisa juguetona se borró del rostro envejecido cuando recibió dos ceños fruncidos.- Ok, sin bromas, ya entendí. A lo que iba…Creo que tenemos que actuar para afianzar los lazos entre las casas y, lo más importante, para que desparezcan definitivamente los resentimientos entre brujos de sangre pura y brujos de familias no magas.
- ¿Y para eso tenemos que casarnos?- preguntó la castaña escéptica, ganándose el asentimiento de cabeza del chico a su lado.
- Claro…es una idea genial que se me ocurrió hace un rato. Miren, si ustedes se casan sería el afianzamiento más poderoso (el matrimonio) entre un joven de sangre pura y estirpe antiquísima con una señorita que hasta sus 11 años ha estado ajena a todo cuanto al mundo mágico se refiere. Además, cada uno de ustedes son muy conocidos y respetados por la gente de sus casas que resultan ser las principales rivales.
- Lo de respetados lo dice sólo por mí, ¿verdad?
- No, Draco, la señorita Granger también es respetada en Gryffindor.
- Como hagas un comentario más de ese tipo no fallo en el próximo cuchillazo.
El director optó por ignorar esa última amenaza y prosiguió:
- Como verán, si ustedes se casan mataríamos dos pájaros de un tiro de una manera muy sencilla.
Un silencio se apoderó de la escena hasta que el slytheriano habló.
- Suponiendo que su…eh…extravagante plan tenga éxito, ¿qué le hace pensar que yo aceptaría algo así? Realmente, no me importa tanto nada de lo que usted dice como para casarme y mucho menos con cierta persona con instintos asesinos.
- ¡¡Mira quién habla de instintos asesinos!!
- ¡¡Cierra la boca, Granger!!
- ¡¡Ciérrala tú!!
Para ese momento, el profesor ya andaba masajeándose las sienes tratando de aminorar el dolor que comenzaba a agobiarle y preguntándose si en verdad había sido una buena idea acudir a ese par de alumnos.
- ¡Basta! Por favor, también he pensado en mis justificaciones, si me dejaran terminar mi teoría…
Los dos adolescentes, que estaban mirándose enfrentados, hicieron un gesto de mano para indicarle al mayor que continuase sin quitarse los ojos de encima.
- Draco, tú sabes muy bien que después de la guerra todo lo que ha sido relacionado con los mortífagos es gravemente repudiado y entre esas cosas tu apellido.- Con eso, el director se ganó la atención completa de los Premios Anuales.- Por tanto, sabrás que cuando salgas del colegio, tú como varios de tus compañeros tendrán muchos problemas para conseguir trabajo. Tú me podrías decir que no te importa puesto que cuentas con una gran fortuna en Gringotts pero te puedo asegurar que si ésa todavía no se te ha sido arrebata por el Ministerio es por expreso pedido mío, pues les he dicho que tú has tenido una fundamental participación para que nosotros pudiéramos derrotar a Voldemort. No obstante, los políticos siempre buscan nuevas fortunas para solventar sus campañas y demás acciones así que no dudarán en quitarte tu fortuna con la escueta excusa de tu maldecido apellido, pero…si pudieras limpiar tu nombre anti-Sangre-Sucia casándote con una chica de ese origen les demostrarías que tú ya no compartes las mismas intenciones que tus familiares y los del Ministerio ya no tendrían por qué quitarte nada ya que tampoco pueden probar ninguna actuación directa tuya en la guerra porque no la has tenido.
El blondo tragó saliva. ¿Cuánta razón tenía el anciano en lo que exponía? ¡¡Toda!! ¿Tendría que aceptar? ¡¡Por Merlín!!
Hermione miró a su compañero desconcertada. Dumbledore tenía mucha razón en lo que decía, pero…
- Al parecer, Malfoy tiene varios motivos por los que debería casarse conmigo, pero ¿yo? Creo que no tengo ni un sólo motivo para aceptar o ¿sí?
- ¿Porque me quieres y me respetas?- tanteó el barbudo poniendo cara de niño bueno. Aunque el ceño fruncido de la aludida le hizo rebuscar en su inteligente mente un argumento más valedero.- Vamos, Hermione, tú más que nadie ha sufrido los estragos de esta guerra y toda la discriminación que la misma ha conllevado. ¿Realmente quieres que todo se repita, que un grupo de resentidos vuelva a surgir para destruir la tan añorada paz que hemos conseguido? Esto podría ser un ejemplo a seguir, algo que ciertamente haga reflexionar a la comunidad para que todos y cada uno de los que todavía no se convencen de que la igualdad entre los brujos de distintas procedencias es certera y real, lo hagan.
La castaña tragó saliva. Verdaderamente ella había sufrido mucho la discriminación. ¿Cuántas veces tuvo que exigirse al máximo para demostrarse a ella y a los demás que era tan apta como cualquier hechicero? Si podía evitar que algo parecido a lo vivido volviera a ocurrir haría lo que fuese, aunque… ¿casarse?… ¡y con Malfoy!
- Pero estamos hablando de matrimonio, Profesor. Es algo sagrado, destinado al amor y sería un sacrilegio cometer algo de ese estilo.
- En el caso de que no se amasen…
- ¡¡No nos amamos!!- interrumpieron los dos chicos al mismo tiempo.
Dumbledore sonrió significativamente.
- Bueno, en ese caso, yo los puedo casar, puesto que tengo el permiso, y luego de unos meses de actuación y habiendo logrado el efecto deseado podría anularse el matrimonio sin mayores inconvenientes como si ninguno haya estado casado antes. ¿Qué dicen?
Los aludidos se miraron y un rubor intenso se apoderó de las mejillas cetrinas mientras que uno menos evidente se apoderó de las mejillas blanquecinas. El anciano sonrió desde su lugar.
- ¿Tenemos otra opción?
- No, la verdad que no.
- Está bien- volvieron a repetir al unísono.
- ¡Perfecto!- exclamó el estratega.- Mañana al despertarse vengan a mi despacho para entregarles los anillos y lo anunciaremos en público.
- ¡¡Mis amigos!!- profirió la castaña.- ¡¿Qué dirán cuando les cuente del plan?! ¡Mis padres!
- No, no, Hermione. Nadie debe saber que esto es una farsa. ¡Nadie! Ni siquiera sus padres, debemos saber la verdad nosotros tres únicamente, sino nada tendría sentido. Todos deben creer que ustedes se casan porque se aman profundamente.- Los chicos volvieron a mirarse y un nuevo rojo coloreó sus mejillas.- ¿Estamos de acuerdo?
- Sí- mascullaron los jóvenes.
- ¡Genial! Ahora me voy para planear la boda.- Sin más, el director salió canturreando de la enfermería, dejando a dos chicos sumamente avergonzados el uno con el otro.
- ¿Puedes creer lo que acaba de pasar?
- No mucho.- contestó la aludida.
- Yo tampoco.- Hubo un nuevo silencio en el que las mentes de ambos corrieron en diferentes direcciones. Una mueca de disgusto se formó en el rostro de la castaña contrastando con la mueca de satisfacción del rubio.- ¡Oye! ¡Vamos a tener que consumar el matrimonio!
- Ni pensarlo, Malfoy. ¡Jamás! Es un matrimonio completamente falso.
- Eso dices ahora pero después…
- ¡Calla! Debo pensar cómo decirles a Ron y a Harry antes del desayuno de mañana. ¿Cuál sería la mejor forma?- se preguntó a ella misma.
- Si quieres yo te puedo ayudar- una sonrisa maliciosa curvó los labios finos de Draco.
- ¡Ja! ¡¡Ni en tus sueños!!
- Ya veremos…
- ¡¡NO!! Si llegas a intervenir en esto…
- Ya veremos…- repitió el chico antes de abandonar a su futura esposa en la enfermería.
Este capi va dedicado para Susana D Muchas gracias por los dos review!! Enserio muchas gracias esta va para ti
Y tambien para todos aquellos que leen esto Muchas gracias!! X)
