Un Placer ser tú escava
Noche de Bodas
No quería saber más nada, estaba harta, esa pantomima ya le había superado completamente y la estaba sofocando desde todos sus costados. Primero la reprimenda de sus padres, luego el interrogatorio acosador de sus amigas y finalmente el rechazo de los mejores amigos que siempre había tenido, aquellos que la habían apoyado y aceptado sin importar sus dotes de come-libros. Sin duda, había sido un día perturbador por lo que decidió saltearse la cena y tomarse un buen baño de espuma para despejar un poco esa tensión que le comprimía el cerebro.
Una vez sumergida en el agua de la tina, su mente volvió a correr y comenzó por preguntarse dónde demonios habrían ido sus padres, a los que no había visto después del desayuno. Sin encontrar otra respuesta supuso que se habrían marchado de vuelta a casa pero le fastidiaba que no se despidieran. Apartando el recuerdo de sus padres, trató de idear una forma de ganarse el perdón de Harry y Ron pero realmente lo veía muy difícil, pues conocía el gran rencor que le tenían a Draco, quién se había y seguía portándose con ellos de la peor manera. ¿Qué podría hacer para que la relación entre los chicos se tornara más amena?
Súbitamente, unas manos masajeando sus hombros la sobresaltaron y se giró para averiguar quién la tocaba.
- ¡Mamá!
- Hola, cariño. No te vi en la cena.
- ¿Todavía están acá?
- Claro, nos quedaremos a dormir en el castillo que por cierto es hermosísimo.
- Lo es, pero ¿dónde dormirán?
- Acá.
- ¿Acá? ¿Acá dónde?
- ¿Hay dos habitaciones aquí o no? Dumbledore nos ha dicho que sí.
Hermione insultó internamente a su director.- Sí, claro que las hay.
- Bien, entonces dormiremos tu padre y yo en tu cuarto, que quedará vacante porque supongo que dormirás con tu marido, ¿verdad?
- Obvio, obvio- contestó la joven entre dientes.
- Según tengo entendido, hoy es tu noche de bodas, hija.
- Lo es, mamá.- cercioró la castaña tragando saliva.
- Pues te he traído un regalo. Sal de la bañera para mostrártelo.
-¿Qué es?- preguntó la Premio Anual ya cubierta por una toalla.
- Un baby doll.
- ¡¿Un qué?!
- ¿Por qué te escandalizas, hija? Es sólo una prenda sexy para que agasajes a tu esposo. Debes saber cómo malcriar a tu marido como lo hace una buena mujer.
- ¡Mamá! Jamás podría…
- ¿Por qué no?
- Por…porque estarán durmiendo en la habitación de al lado.
- No te preocupes, querida. Ya le he dado un somnífero a tu padre para que no se intranquilizase y pudiera dormir tranquilo. Ahora mismo está roncando en el séptimo sueño.
- Pero mamá… ¿cómo lo has drogado de esa forma?
- También debes aprender a manipular sutilmente a tu esposo, cariño. Hazle pensar que él lleva puestos los pantalones pero nunca olvides que eres tú la que lleva las riendas de todo y la que le plancha los pantalones que él tanto aprecia, mismo tú se los puedes estropear cuando quieras.- la adolescente quedó boquiabierta ante tanta información, tratando de procesarla. Ese silencio fue el que la señora Granger aprovechó para vestir a su hija con la prenda que le había regalado.
Unos minutos después, Hermione se contemplaba en el espejo del baño con los ojos bien abiertos. El baby doll era de encaje rojo logrando que su abdomen se trasluciera a través de la tela, al igual que sus pezones y, para colmo, la vestimenta (si se le podía llamar así) era tan corta que sus largas piernas estaban completamente desnudas. Una ínfima tanga también roja coronaba el disfraz dejando ver sus glúteos sin ningún tipo de reparo.
- ¡Estás preciosa!
- Parezco una prostituta.
- Obviamente, esa es la intención. Ya verás que ese bombón que tienes por marido me lo agradecerá y a ti más que a nadie.
Sin más, la señora empujó a su hija fuera del baño y la guió en la oscuridad del living hasta el dormitorio del Premio Anual.
- Suerte, querida.- dicho lo cual, le dio un beso en la frente dándole la bendición.
Hermione tragó saliva al girar el picaporte de la puerta. "Odio mi vida, odio a Dumbledore pero más que nada odio al maldito Malfoy."
- Hazme un nieto rubio y bonito.- escuchó la castaña de boca de su madre antes de cerrar la puerta de la habitación de Draco.
Al girarse, sintiendo cada gota de sudor que se esparcía por su cuerpo a causa del nerviosismo, notó que el cuarto estaba sumido en la más absoluta penumbra, no veía nada. Agradeció la oscuridad pues pensó que tal vez tendría escapatoria si su marido estuviera dormido y ella se metiera en la cama sin que él la pudiera sentir u oír, por lo que caminó de puntillas sigilosamente. Sin embargo, no tardó en ver destruidos todos sus designios cuando un quejido escapó de su boca al golpear dolorosamente su pie contra alguna cosa que descansaba en el piso entorpeciendo el paso. Esperó la condena, algún brazo que la rodeara y la forzara a un abrazo o algún beso robado pero nada, ninguna de esas cosas llegó y ella pudo suspirar aliviada. De a poco y tanteando con sus manos para ubicarse medianamente entre las tinieblas pudo encontrar el borde de la cama, al que fue rodeando hasta llegar al costado, donde se habría acostado si no fuera por la pierna peluda y fornida que le indicó el lado en el que reposaba su esposo. Se sorprendió al no ser jalada por él así que intentó agudizar la vista para que sus ojos se acostumbraran a las sombras con el fin de poder contemplarlo y lo logró ya que lentamente pudo ir distinguiendo la silueta del rubio que dormía cubierto por la única prenda del pantalón de su pijama y sin el abrigo de las sábanas puesto que éstas habían sido depuestas hasta sus pies. Sintió una oleada de calor al apreciar sus ojos cerrados y la imagen angelical que irradiaba en su dormitar pero no se dejó engañar, sabía que era todo un espejismo y que debajo de esa apariencia de espíritu celestial vivía un demonio preparado para robar más almas de las que alimentarse. Sonrió ante la comparación que había confeccionado en su mente, ¿cuán melodramática podía ser? Verdaderamente, tendría que darle la razón a Ginny. Más animada al creer que el slytheriano estaba totalmente inmerso en sus sueños, estiró su brazo para acariciar los músculos que a ella tanto la enloquecían, ésos que la hacían perder la cordura hasta al punto de cometer cualquier disparate sumergiéndola en la más exacerbada pasión que jamás haya experimentado. No quería despertarlo, ¡por Merlín que no!, sólo pretendía… ¿quién sabe lo que pretendía? Solamente una cosa deseaba y ésa era la misma que le arrebataba la sensatez y el sosiego.
Draco había tenido un día asquerosamente tedioso, tuvo que enfrentarse a las reprimendas de Snape quién creía que había cometido una desfachatez casándose con Granger, pero luego supo poner a su profesor en su lugar diciéndole "educadamente" que para padre ya tenía al suyo y que con ése solito le bastaba y también sobraba. Más tarde había tenido que enfrentar las tonterías de sus compañeros de casa que le exigían explicaciones sobre su matrimonio con la Sangre Sucia por excelencia, porque no sólo se trataba de una simple hija de muggles sino de la come-libros amiga de Potter, sin embargo supo excusarse convenciéndoles de lo buena que la castaña era en la cama. Al contrario de lo que todos creían, los de Slytherin no eran muy difíciles de complacer, menos aún después de los estragos de la guerra, con unas anécdotas de sexo exótico y bromas burdas ya los tenías en la palma de tu mano, al fin y al cabo eran todos bastantes pervertidos. No obstante, Pansy no fue tan fácil de apaciguar puesto que su orgullo herido se tornó demasiado cansino pero luego de unas cuantas horas de gritos en la sala común de las serpientes todos los allí presentes convinieron en lo tremendamente insoportable que era la rubia así que le dieron su merecido trasportándola a su dormitorio y encerrándola allí haciendo oídos sordos a sus chillidos quejosos. Finalmente, se había visto obligado a conversar con el padre de su mujer, quién al terminar la cena lo interceptó para preguntarle qué intenciones tenía con su hija. "Tarde." Había pensado el blondo pero igualmente le dio cháchara diciéndole que la amaba de verdad y que sólo quería hacerla feliz, sin embargo el señor pareció persuadirse con mayor facilidad cuando Draco le aseguró que había una fortuna aguardándolo en el banco de los magos para proporcionarle a su hija una vida muy próspera. No obstante, el sentimiento de desagrado que le producía el señor Granger no era el mismo que le infundía su suegra, pues antes de irse a acostar ella le comunicó que esa noche su marido y ella dormirían en la habitación de Hermione pero que no se preocupara por Josh ya que se encargaría de dormirlo para que no fastidiara la noche de bodas de los recién casados. El rubio le sonrío un poco perturbado ante tanta camaradería pero no tardó en tumbarse en su cama con la idea de sorprender a su esposa, pues sabía que si esperaba que ella lo aceptara sin represiones estaba perdido. Y allí estaba ella, tocándole el abdomen delicadamente. Había hecho esfuerzos sobrehumanos para no romper en carcajadas al oírla maldecir por aquel golpe que se había dado por tratar de no despertarlo pero ahora la tenía allí, a su lado, acariciándolo y creyéndole dormido. Aspiró su aroma con sutileza mientras que ella pensaba que la respiración profunda se debía al sueño y no a su intento por absorber la fragancia natural que la castaña desprendía. No obstante, cuando la chica comenzó a descender su mano más abajo de su propio ombligo un hormigueo en su panza le provocó jalarla del brazo y con una mano en su cintura depositarla de espaldas a su lado antes de posicionarse sobre ella.
- ¡¡Draco!!
- Te atrapé y por esta noche volverás a ser mi esclava.
- ¡¡Me timaste!! Estabas despierto.
- ¿Y qué? Tú comenzaste a manosearme.
- Yo no te manoseé.
- ¿A no? ¿Y cómo le llamas a lo que estabas haciéndome?
- Eh… ¿acariciar?
- Da igual, cariño. Vamos a consumar nuestro casamiento y ya…
- No, espera…- quiso detenerlo pero para ese entonces los labios de su marido ya estaban operando milagros en su cuello.- No, no, tenemos que hablar…
- No molestes, Hermione…Otro día, en este momento no.- contestó el chico besando la línea mandibular de su mujer mientras sus manos se perdían entre la maraña de cabello castaño. Ella sólo agarraba las sábanas para evitarse la tentación de corresponderle las caricias.
- Lo digo en serio, no puedo seguir con esto, quiero dejar de fingir, no voy a poder seguir siendo tu esposa.
Aquello bastó para que Draco se detuviera y la mirara a los ojos a pesar de no poder ver mucho a causa de la oscuridad que regía en el lugar.
- ¿Qué dices?
- Lo que escuchaste, no puedo continuar con esta pantomima, quiero dejarla.
El rubio se incorporó mosqueado y se llevó las manos a las sienes para masajearlas intentando que las palabras de su mujer penetraran con mayor eficacia en su cerebro. Mientras tanto, la castaña aprovechaba para sentarse y taparse con las sábanas de modo que él no la viese con ese atuendo.
- ¿Es que acaso te volviste loca? ¿Cómo quieres que terminemos con esto que hemos empezado?
-No lo sé, sólo quiero terminarlo ya. No pretendo perder mis amistades por esta locura.
- ¿Amistades? No me digas que todo esto es por cara-rajada y la comadreja.
- ¡Deja de llamarlos así!
- Los llamo como quiero y ahora mismo voy a partirles las caras.- el muchacho atinó a irse furioso pero ella lo retuvo tomándolo de la muñeca.
- Por favor no lo hagas, esto va de mal a peor.
- ¿Qué te dijeron para que estés así?- inquirió volviéndose a sentar al lado de su esposa.
- Que no me perdonarían la traición de haberme casado contigo a sus espaldas, simulando que te odiaba cuando en realidad te amaba.
- ¡¿Me amas?!- preguntó asombrado.
- No, imbécil, eso es lo que ellos creen ¿recuerdas?
- Ah…ya.
- Después me dijeron que por el momento mantendríamos las distancias y que ya no querían hablarme- Al terminar de hablar, la voz de la castaña se quebró y empezó sollozar ocultando su rostro con sus manos. Se odiaba por llorar enfrente de Malfoy pero no podía evadir esa sensación de angustia que la invadía. Por su parte, él frunció el seño al verla en ese estado, no soportaba verla llorar, lo incomodaba y aquello lo perturbaba todavía más, pues siempre había pensado que sentiría placer viéndola sufrir de esa manera pero no, algo le decía que no quería verla llorar.
- No llores, Hermione. Muestra decencia, no esa debilidad.
- ¡Métete tu debilidad por el culo!
- No hace falta que seas maleducada.
- No hace falta que seas un capullo a todas horas, ¿no puedes compadecerte de mí ni por un solo instante?
- Lo estoy haciendo, ¿no ves?
- ¡Vaya forma de compadecerte!
- Ok, ok…Lo que dices es que quieres ponerle fin a nuestra actuación porque tus amigos me odian, ¿verdad?
- Sí, por eso y por…- ya se había tranquilizado y se limpió las pocas lágrimas que había derramado con sus puños mientras discurría si sería bueno contarle eso otro que la turbaba. Eventualmente, decidió que era mejor jugar todas sus cartas.- Tampoco quiero seguir porque ya no soporto estar a tu lado, no quiero que me beses más, ni que me toques, ni nada que pueda incitarme a perder los estribos.
- ¿Así que pierdes los estribos cuando te toco, eh?- el joven comenzó a acercarse nuevamente pero ella, adivinando sus intenciones, extendió ambos brazos como barrera.
- Te lo estoy suplicando, Malfoy. Entiende que esto es nuevo para mí, ya no quiero seguir con este juego peligroso porque puedo acabar estrellada contra el muro.
- ¿A qué te refieres?- inquirió entre sorprendido y confundido.
- A que me molesta no poder resistirme a vos y tengo miedo de que termine…
- ¿Que termines enamorándote de mí?- tanteó él ganándose el estremecimiento de su mujer.
- ¡Pues sí! A diferencia de vos, yo sí tengo sentimientos y corro riesgos. No me es tan fácil separar la pasión del amor.
- ¡Vaya! ¡Qué revelación!- exclamó el rubio con sorna.
- ¡¡Sabes qué?!- vociferó ella irritada- Mejor olvida lo que te dije, mañana hablaré con Dumbledore aunque tú no quieras. Ahora dormiré aquí porque no tengo otra opción pero que ni se te ocurra intentar algo, ¿oíste? De lo contrario te castro.- dicho lo cual, se giró para darle la espalda a su esposo y se acostó de lado dispuesta a dormir.
- Hermione…- susurró él en el oído de la chica.- Entiendo lo que me dijiste, ¿ok? Comprendo tu posición pero no podemos hacer nada, yo perdería mi fortuna.
- Lo lamento por ti…- dijo ella demostrando en su tono de voz que no se lamentaba ni un ápice.
- ¡Vamos! No seas así, sabes que de esto pueden resultar cosas muy buenas, cosas a las que tú siempre aspiraste.
- Pero me niego a perder mis amistades por esto.
- Ya encontraremos una solución a eso, ya verás…Potter y Weasley te quieren, anda tú a saber por qué.- Hermione gruñó- Era broma, era broma…- posó su mano en la cintura de la joven y sonrió al sentir su conmoción.
- Te dije que no me tocaras.
- Sólo esto, no haremos nada.
- ¿Y por qué me tocas tanto, Draco? Hay miles de mujeres…
- Pero tú eres la mía.
- Sabes que no y además estabas obsesionado conmigo desde antes que Dumbledore nos viniera con esta chifladura.
- Sencillamente me gustas.
- Repito: hay miles de mujeres.
- Repito: tú eres la mía.
- Me exasperas.
- Y tú a mí.
No hubo réplica, la castaña se limitó a resoplar resignada y a permitir que el chico se abrazara más firmemente a ella e intentando no reflexionar en los cosquilleos que ese mimo le producía. Después de unos minutos, cayó rendida ante Morfeo gracias al ajetreo del largo día, en cambio Draco permaneció despierto pensando en lo que había dicho su cónyuge: había miles de otras mujeres, pero se encontró deseando a una sola y no supo por qué. Prefirió descartar el pensamiento e imitar el dormitar de aquella mujer que tanto deseaba.
Amigos a la porra! Yo me quedo con Draco :) jajaja no no es cierto pero, no intentaria terminar con esa farsa, que para que nos hacemos tontos a Hermione le encanta estar casada con ese cuero de esposo :)
Gracias por los review!!
