Un placer ser tu esclava

¿Qué fue eso?

- Buenos días, cariño.- saludó Draco a su esposa cuando ésta salía del aula de Transformaciones, habiendo acabado la última clase del día.

- Hola.- replicó ella secamente.

Los demás gryffindorianos que abandonaban el aula de Mcgonagall contemplaron a la pareja de casados con la misma incertidumbre y sorpresa que siempre, todavía no se acostumbraban a verlos tan juntos. No obstante, la renovada actitud de lejanía que manifestaba la castaña tornaba la situación mucho más normal.

- Veo que seguís enojada.- comentó el rubio caminando a la par de su mujer.

- Ves bien.- espetó Hermione.

- No te entiendo, realmente no te entiendo.

- No es tan difícil, Malfoy. No sé qué es lo que no entiendes.

- Me estás cargando, ¿verdad? Primero estás encima de mí besándome y luego me quieres morder y comienzas a dar bofetadas como si nada. Explícame qué es lo entendible de todo esto.

La chica resopló resignada sin detener su marcha. – ¡Por Merlin! ¡¿Cómo no lo ves?! ¿Tú estás ciego o qué? ¿O serás sordo? ¿Acaso no escuchas las idioteces que me dices a cada rato?

- ¿Cómo qué?

- ¡¡Cómo qué?! Por favor, Draco, piensa. Tú vas y me dices que me consideras una idiota y crees…

- ¡Espera!- la interrumpió él tomándola de la muñeca.- Yo nunca he dicho que eres una idiota. Bueno… al menos no en este último tiempo.

- ¡¡Claro que sí!! Esta mañana sin ir más lejos.- recalcó ella enfrentándose a su marido en el medio del pasillo y provocando con ello que los estudiantes transeúntes debieran esquivarlos por los lados.

- ¿Hoy? ¿Hoy yo te he llamado idiota?

- ¡¡Draco!!- exclamó exasperada.- ¿Cómo crees que me sentí cuando dijiste que mis ideologías eran idiotas?

- Ahhh…eso, pues yo te lo dije por una razón muy simple.

- ¿Cuál?- inquirió desafiante.

- Fácil, que estabas estorbando el momento con tus cosas feministas y esas rarezas…

- ¿De qué hablas? Yo no soy feminista.

- Como sea, Hermione, ya dejemos el drama ¿ok? ¿Podemos hacer las pases?- preguntó acercándose a su esposa, quién a su vez ladeó la cabeza para no recibir los labios del blondo aunque no se alejó ni un ápice de él. - ¿Sabes qué? Estuve pensando…- susurró el chico en el oído de la castaña.- De hecho, he estado pensando más de la cuenta, en ti más que nada y en lo obsesionado que me tienes. ¿Alguna vez has sentido algo similar? Unas ganas apremiantes de estar con alguien, de besarlo, de abrazarlo y escucharlo. ¿Lo has sentido?

La gryffindoriana tragó saliva y se estremeció cuando notó la mano del rubio descender por su espalda. ¿Qué debía contestar a eso? Claro que lo había sentido, pero ciertamente no podía confesarle aquello a él, justamente a él.

- ¿A qué quieres llegar?- inquirió odiándose por la debilidad de su voz, la misma que el chico reconoció esbozando su sonrisa maliciosa.

- A que entiendas por qué siempre busco tus besos.- culminó acariciando con su mejilla a la de su mujer.

- Draco, estamos en medio de un pasillo.

- Lo sé, sólo quiero decirte algo más: comprendo que me rechaces pero tú debes comprender que a mí no me gusta ser rechazado así que no te buscaré más.

- ¡¿Qué?!- preguntó algo desesperada.

- Lo que escuchaste, ¿vamos?- El slytheriano tomó la mano de su esposa sin esperar respuesta y comenzó a caminar hacia la oficina de Dumbledore. - Entonces, ¿qué tal tu día?

Hermione tardó unos segundos en contestar pues todavía trataba de asimilar las palabras que le habían sido susurradas al oído.

- Eh…bien, creo. No sé, fue raro.

- ¿Por qué?- se interesó Draco. Ella lo miró extrañada por su nuevo comportamiento pero no dijo nada, se limitó a contestar.

- Porque parece ser que Ron y Harry están peleados. Se han sentado separados durante todas las clases, incluso en el almuerzo. Ron le ha echado miradas asesinas a Harry mientras que Ginny ha estado entre los dos de mediadora y lo peor de todo es que yo no me he animado a preguntarles qué sucedía por miedo a que me dieran vuelta la cara.

- ¿Tan mal están las cosas?

- Pues no sé bien…Odio verlos de esta forma, han estado peleados antes y cada vez que ocurre algo así me angustio muchísimo pero ahora que no me habla ninguno de los dos me siento fatal.

- Ya pasará, supuestamente te quieren.

- ¿Qué te pasa?

- ¿Cómo que qué me pasa?

- ¿Por qué no te has burlado de la situación? El trío de oro está completamente dividido y tú no dices nada al respecto. ¿Ninguna ironía? ¿Nada que acotar?

- Te prometí que me iba a comportar mejor ¿no?

- Sí, pero no estamos enfrente de Harry y Ron, podrías comentar algo y no lo haces.

- ¿En serio?- preguntó antes de suspirar aliviado.- Creí que me moriría conteniendo la alegría. Pues sí, me encanta que ya no estén juntos. Tus amigos son y serán unos imbéciles toda la vida.

- ¡¡Malfoy!!

- ¿Qué? Tú me has dicho que podía comentar algo.

- No lo decía en serio.

- ¿Ves, mujer? ¿Quién te entiende?

- ¡Vete a la mierda!

- Espera- la detuvo antes de que se escabullera de sus manos.- Ok, perdón, ¿vale? Discúlpame por ser sincero cuando tú misma me diste el permiso de serlo. ¿En paz?

- Eres un imbécil, Malfoy.

- Sabes que debemos aparentar ser una pareja feliz, ¿verdad?

- Lo sé, por eso me desahogo contigo ahora y así poder hablarte más civilizadamente frente a Skeeter.

El chico meneó la cabeza en señal de negación preguntándose nuevamente qué era lo que había dicho o hecho mal. Estaba seguro de que esa mujer lo volvería loco dentro de poco si las cosas seguían así. Finalmente, Hermione tomó bruscamente la mano de su esposo y pronunció la contraseña de la gárgola que los separaba de la escalera que los guiaría hasta el santuario del profesor.

- Buenas tardes, señor y señora Malfoy. Me alegra ver que son puntuales.- saludó el director del colegio.

- Yo no diría que han sido puntuales.- se quejó una rubia platinada cuyos rizos enmarcaban perfectamente su rostro falsamente risueño.- Yo he llegado hace diez minutos.

- Teníamos que caminar hasta aquí.- explicó la castaña entre dientes.

- ¿Diez minutos para una simple caminata?

- Estamos hablando de pasillos escurridizos, sin contar con que son más de 142 escaleras y…

- Bueno, bueno…No se preocupe, señora Malfoy, no hace falta que nos recuerde la enormidad del castillo. Siéntese aquí con su esposo.- ordenó el anciano señalando dos sillas idénticas que estaban dispuestas en oposición al lugar donde la periodista permanecía sentada. Marido y mujer acataron en silencio y se sentaron lado a lado todavía tomados de la mano.- Genial, yo les dejaré solos para no estorbarles.- Hermione iba a protestar pero antes de poder encontrar una forma sutil de hacerlo el director ya los había abandonado en las siniestras manos de Rita Skeeter.

- ¿Contenta de volver a verme, señorita Granger?

- Señora Malfoy.- corrigió el rubio.

- Oh, claro, claro, es que es todo tan repentino y…escabroso que se me olvida con facilidad.

- ¿Escabroso? ¿Por qué lo dice?- inquirió el muchacho comenzando a mosquearse con el tono sarcástico de la adulta.

- Pues los recuerdos de años pasados me vienen a la mente. ¿A usted no? ¿Acaso no se acuerda cuando usted mismo me brindaba información acerca de su actual esposa para ridiculizarla en El Profeta?

Instantáneamente, Draco sintió la mano de su mujer flaquear en su propio puño y sin querer que se separase de él afianzó el estrujón con decisión antes de lanzarle a la rubia sobre maquillada miles de dagas a través de sus ojos grises que no lograron amedrentar a la mujer ni en lo más mínimo, más bien consiguió que ella sonriera más ampliamente.

- Eso fue hace mucho tiempo, no tiene ninguna relevancia en el presente.

- ¿Eso quiere decir que ya han conversado y superado esas diferencias?

- Por supuesto.- replicó él mirando de reojo a Hermione. No entendía porque la mano de la chica sudaba más de lo necesario, estaba visiblemente nerviosa y no había dicho una sola palabra desde que tomaron asiento. No importaba, él se haría cargo de la situación.

- Bueno, comencemos entonces.- Skeeter sacó de su bolso floreado una pluma y un anotador mágico que flotó en el aire a la espera de escribir todo cuanto allí se dijera.

- Espere… ¿cómo sé yo que puedo confiar en usted para que escriba nuestras palabras tal cual nosotros las pronunciamos?

- No se preocupe por eso, señor. Dumbledore me ha traído aquí por una razón muy obvia, él se ha hecho el tonto todo este tiempo pero sabe muy bien que soy una animaga ilegal y también sabe que la señorita…quiero decir…señora conoce mi condición a la perfección, al igual que usted. Así que ha aprovechado de su conocimiento para obligarme a escribir un artículo satisfactorio acerca de ustedes.- El chico asintió y volvió a mirar a su esposa que seguía callada, frunció el seño confundido y volvió a enfrentar la mirada de la periodista.- Bueno, empecemos por el principio. ¿Cómo se han enamorado?

Draco tragó saliva, no supo cómo contestar y se sintió completamente tonto por no haber ideado una excusa con anterioridad. Era evidente que esa pregunta no faltaría, ¿por qué no había pensado en ello antes?

- Fuimos electos Premios Anuales- la castaña habló por primera vez con una voz neutral, falta de cualquier tipo de emoción. La pluma mágica comenzó a escribir y en los ojos de su dueña brilló una luz ansiosa de cotilleos y material para distorsionar de alguna manera encubierta la historia que escucharía. –Nos fuimos conociendo de a poco, siendo obligados a rondar los corredores de noche y hacer las tareas propias del cargo que compartimos. Además, convivimos en la misma torre.

- ¿Eso quiere decir que han sucumbido ante la tentación que significa vivir juntos?- interrogó la rubia con malicia.

- No sé a qué se refiere. Solamente digo que al vivir juntos nos hemos visto forzados a idear modos pacíficos de convivencia y dejar nuestros posibles conflictos atrás. Empezamos a conocer el lado oculto de la otra persona y nos enamoramos.- explicó la gryffindoriana como si todo habría podido ser así de simple.

- ¿Tan fácil? ¿Ningún enfrentamiento que les haya llevado a terminar besándose apasionadamente?

- Eso no es de su incumbencia, sólo debe saber que nos conocimos y nos enamoramos.

- ¿En menos de un mes?

- En menos de un mes.- afirmó la castaña.

- Ok.- aceptó Skeeter con reticencia.- Y díganme, ¿qué es lo que les enamoró de la otra persona?

Esa vez fue Hermione quién se quedó sin saber qué decir, pero afortunadamente tuvo a su esposo para rescatarla.

- No podría enumerar todas las cosas en este momento, son muchas aunque no son particularidades sino el todo lo que realmente importa, ¿me entiende? Hermione y yo somos tan diferentes pero a la misma vez tan parecidos que nos compenetramos formidablemente. No es el individuo lo que vale sino el todo, la pareja que formamos estando juntos. Somos como dos partes distintas que se acoplan a la perfección.- Cuando terminó de hablar se preguntó de dónde había salido aquello. Ciertamente no lo había preparado de antemano, entonces ¿de dónde demonios había sacado semejante idea? Giró para encontrarse con los ojos asombrados de su mujer y luego se sorprendió al ver la sonrisa que iba curvando sus labios y más aún cuando recibió de ella un leve beso en la boca.

- Bueno, bueno, muy tierno.- comentó Skeeter con una mueca de asco surcando su rostro.- Siguiente pregunta: ¿no se preocuparon por la reacción de la gente antes de dar la noticia?

- No, para nada.- replicó el rubio.

- ¿Ni siquiera de sus padres?

- Mis padres han sido muy comprensivos.- contestó la castaña.

- ¿Y los de usted, señor Malfoy? Disculpe, debería haber dicho la de su padre nomás.

- Mi padre está preso.- espetó Draco entonando rencor en su voz.

- Lo sé, debe ser muy difícil para usted estar tan solo después de la muerte de su madre.

- ¡¡Cómo sabe eso?!- exclamó el chico poniéndose de pie en un salto. Hermione lo miró pasmada, no tenía idea de que Narcisa hubiera muerto.

- Una buena periodista tiene sus fuentes, señor Malfoy.

- ¡Eso no viene al caso!

- Claro que sí, estábamos hablando de la reacción de la gente en general y pensé que le habría gustado que su madre estuviera presente para atestiguar la felicidad matrimonial de su único hijo.

- ¡¡Cállese!!- gritó el rubio apretando sus puños y tiñendo sus mejillas de rojo.

- Pero si yo sólo…- comenzó la adulta pero antes de que pudiera continuar el slytheriano ya había abandonado la habitación al tiempo que emanaba furia de sus poros.

- ¿Qué…qué…- balbuceó la castaña totalmente confundida con lo que acaba de ocurrir.

- ¿No piensa ir a buscar a su querido esposo?- terció Skeeter sonriendo malévolamente.

La chica miró la puerta de salida una vez más antes de correr en busca de Draco. No obstante, previamente a cerrar la puerta del despacho detrás de si dijo:

- Haga el favor de desaparecerse en cuanto antes y si consigue que un animal la aplaste al pasar mejor.

- ¡¡Draco!! ¡¿Me esperas, por favor?!- gritó Hermione corriendo detrás del rubio que continuaba con su escapatoria a toda marcha. Desde su posición, la castaña observaba con el ceño fruncido cómo el rubio iba apretando y ciñendo cada vez más fuertemente sus puños mientras ella se preguntaba si alguna vez lo alcanzaría.

Pero finalmente lo hizo, al final de un pasillo desierto.- Draco, detente.- ordenó tomándole la mano para retenerlo. Él acató aunque miró a su esposa surcando su cara con una rabia de la que ella no era culpable pero por la que sin lugar a dudas pagaría de todas formas.

- ¡¡Qué quieres?!- vociferó el chico totalmente enervado por el enojo que sentía.

- Hablar contigo.- contestó ella sin amedrentarse a causa de la evidente furia de su marido.

- ¡¡De qué?!

- Deja de gritarme que yo he venido para que hablemos bien. Quiero saber qué es lo que pasó allí dentro.

- ¿Dentro de dónde?- preguntó más calmado aunque sin saber muy bien lo que decía.

- Sabes bien de dónde. ¿Es verdad lo que dijo Skeeter de tu madre?

Ante aquella pregunta y los ojos indagadores y tiernos de la castaña Draco bajó la vista pero rápidamente volvió a enfrentarse a la mirada marrón para asentir levemente sin poder borrar de su rostro la tristeza que le causaba recordar la muerte de su mamá a pesar de todos sus intentos por evitar que le afectase. De inmediato, Hermione se lanzó al cuello del rubio y lo abrazó con la dulzura y la compasión que le eran propios, tratando de transmitirle a través de aquel gesto todo lo que sentía la situación de su marido sin necesidad de pronunciar palabra. El rubio se sorprendió un poco por la efusividad de su esposa pero no pudo más que experimentar un extraño sentimiento de agradecimiento, así pues rodeó la cintura de la mujer y hundió su cabeza en la maraña de cabello castaño. Se mantuvieron en esa pose por unos segundos sin importarles lo inaudito que resultaba una escena tan íntima entre ellos que no constara de ningún tipo de connotación sexual y por raro que parezca tampoco para el slytheriano la tenía.

- ¿Qué pasó?- inquirió la gryffindoriana una vez que se separó unos centímetros de su esposo.

- ¿Cómo que qué pasó?

- Con tu madre, ¿qué es lo que pasó?

- No quiero hablar de ello.

- Vamos, Draco, te hará bien desahogarte. ¿Se lo has contado a alguien alguna vez?

- No.

- ¿Ves? Necesitas decírselo a alguien. Me lo puedes contar a mí.

- No quiero.

- ¿Por qué no? Te quiero escuchar.- insistió la chica haciendo uso de su terquedad. El joven la miró directamente a los ojos y vio autenticidad en ellos pero él no estaba dispuesto a contarle esa confidencia a nadie, más que nada porque los recuerdos ya eran demasiado dolorosos reviviéndolos en su mente como para aumentar el dolor trasladándolos a palabras.

- Lo siento, Hermione, pero no puedo y no quiero hablar de esto.

- Pero ¿por qué nadie lo sabe? Te aseguro que me acordaría si lo hubiera visto en El Profeta.

- Se decidió que era mejor ocultarlo.

- ¿Por qué?

- No puedo contestarte eso, te dije que no quería hablarte del tema.

- Pero…- comenzó ella, sin embargo al mirar la expresión seria de su marido desistió y pasó su mano por el cabello rubio tratando de suavizarlo y lográndolo según indicó el suspiro que el chico exhaló al contacto de su mujer al tiempo que se relajaba cerrando los ojos. – Sólo quiero que sepas que cuando quieras contarme yo te escucharé.

- ¿Desde cuándo te interesas tanto por mí, Hermione?- preguntó abriendo los ojos y buscando la mirada de la castaña, quién desvío la vista por un momento pero se recompuso rápidamente y respondió.

- Eres mi esposo, Draco.

- Claro…- replicó con sarcasmo.- ¡Qué dices! Si siempre te encargas de recordarme que esto es una farsa.

- Pero yo te lo recuerdo porque siempre andas buscando otras cosas de mí.

- ¿Cosas cómo qué?- indagó él apretando a la chica aún más contra si.

- Ya sabes a lo que me refiero.- replicó tornándose colorada.

- Lo sé. ¿Tú todavía no puedes decirlo?

- ¡Cállate!- espetó la joven fingiéndose más ofendida de lo que realmente estaba. Draco sólo sonrío como contestación y se inclinó hacia su mujer para besarla pero se detuvo cuando recordó que le había dicho que ya no la buscaría más porque no le gustaba ser rechazado una y otra y otra vez. No obstante, sonrío más ampliamente cuando notó que era ella quién se acercaba para besarlo, entonces retomó la iniciativa y con una mano en la mejilla de la chica topó sus labios con delicadeza. Las manos de Hermione acariciaron el pelo blondo mientras se amoldaba lentamente en el cuerpo de su esposo, le encantaba sentirse protegida entre los brazos del chico que le quitaba el sueño y la cordura y en ese momento no se acordó del pleito de esa mañana o el del día anterior o el anterior a ése, sólo quería disfrutar de la sensación de adrenalina y, paradójicamente, de concordia que le provocaban los besos tiernos de Draco. Éste, a su vez, abrazaba con fuerza a su mujer, como si no quisiera que se separase nunca de él y de hecho eso mismo quería pero tardaría en reconocerlo aunque a él se le hacía más evidente con cada nuevo beso, mirada, pelea o charla. Al separarse se miraron a los ojos y sonriendo sin ningún atisbo de malicia en su expresión el slytheriano removió un mechón de pelo de la castaña que caía sobre su frente para poder contemplarla mejor.

- Así que solamente te interesas por mí porque soy tu esposo, ¿no?

- No, tonto, por mucho que me pese también me preocupo por ti.

- ¿A sí? ¿Acaso mis encantos ya comenzaron a enamo…

- No sigas si quieres que me quede aquí contigo…

- Como digas, cariño.- Desde que había comenzado la parodia del casamiento se había acostumbrado a llamar a Granger con ese tipo de motes afectuosos y cada vez que estaban solos se obligaba a si mismo a llamarla de la misma manera porque sabía que le fastidiaba. Sin embargo, el rubio se daba cuenta que con el tiempo esos apodos salían de su boca sin premeditación, más bien como una muestra espontánea de lo que realmente sentía. Sonrío para si mismo siendo sabedor de este cambio interino y dándole poca importancia se inclinó nuevamente para conseguir otro beso de su esposa. No obstante, unos gritos provenientes de un corredor cercano lo distrajeron.

- ¡¡YA RON!! ¡¡Deja de hostigar a Harry!!

- Eso nunca, ¿cómo crees que debo reaccionar cuando veo a mi inocente y pequeña hermanita montando al pervertido de ojos verdes hipnotizantes que decía ser mi amigo?

- ¡Que yo no tengo ojos hipnotizantes!

- Claro que sí, ¿cómo explicas que mi hermanita haya accedido a semejante trato sino fuera por el encantamiento de esos malditos ojos?

- Yo misma te podría dar un millón de razones más: para empezar su culo, firme, redondito y tan bien torneado como sus abdominales que desde que le intensificaron los entrenamientos para que pudiera derrotar a Voldemort se han convertido en seis perfectos ravioles en los que fácil y apetitosamente podría esparcir unas cuantas hebras de queso rallado; su pelo, no apto para babosas porque es realmente hermoso, sedoso y rebelde al igual que me gustan los hombres, como mi querido y perfecto Harry; ¡sus brazos, madre mía!, dos perfectas y musculosas extremidades que me pueden envolver cuando ellas quieran, lo mismo va para tus piernas, cariño; también…

- ¡¡GINNY!!- en ese momento fue cuando los vociferadores gryffindorianos al son del nombre de la pelirroja entraron en la escena del mismo pasillo donde Draco y Hermione se disponían a tener más romanticismo, pero al ver los dos rostros rojos de sus mejores amigos (uno por la furia y el otro por la vergüenza) la castaña se desligó velozmente del abrazo de su esposo.

- ¡¿Qué?! Yo sólo contestaba las curiosidades de mi querido hermanito. ¡Ah! Hermione…Draco… ¿Cómo están?- saludó despreocupadamente la joven Weasley al matrimonio recién avistado.

- Bien…eh…gracias, Ginny. ¿Y ustedes?- replicó la Premio Anual con incomodidad.

- Pues aquí estamos, peleando y peleando por un malentendido que se llevó a cabo en el baño del tercer piso.

- ¿Qué pasó allí?- inquirió ansiosa por saber el motivo del altercado entre sus amigos de una vez por todas.

- Nada importante.- intercedió el anteojudo secamente, no tenía intenciones de confesarle sus problemas sexuales y/o fraternales a la mujer que lo tomaba por idiota y mucho menos si el odioso de su marido estaba a su lado escuchándolo todo.

- Claro que es importante.- Sin embargo, el pelirrojo no parecía compartir la misma opinión de su amigo puesto que estaba demasiado enceguecido por la supuesta traición del ojiverde como para reparar en que pediría apoyo y consejo en otra de sus presuntas amistades infieles.- Hermione, no podrás creer lo que pasó esta mañana.

- ¡Ron!- advirtió Harry.

- ¿Qué?- instó la aludida esbozando una sonrisa de oreja a oreja feliz de que al menos uno de sus amigos le volviera a dirigir la palabra.

- Que hoy he tenido la suerte de encontrarme a mi mejor amigo a escasos pelos de impurificar a mi hermana para siempre.

Por supuesto que la frase de Ron acarreó variadas y diferentes reacciones. Ginny le golpeó a su hermano muy pero muy fuerte en la cabeza con su puño, Harry se enterró el rostro en sus manos buscando un hueco entre ellas dónde poder meterse y desaparecer, Hermione se sonrojó legándose a si misma la vergüenza que la pelirroja no sentía y Draco, quién había permanecido exento de la conversación intentando controlarse para no golpear a los gryffindorianos debido a la interrupción, rompió en carcajadas tan fuertes que hasta tuvo que atajarse las costillas porque le había empezado a doler la panza de tanta risa.

- ¡¿De qué te ríes, Malfoy?!- el hermano deshonrado fue el primero en sentirse atacado por las risotadas muy mal disimuladas del slytheriano. El anteojudo fue el segundo.

- ¡¡Eso!! ¡¿Tú qué haces aquí?!

- Draco, por favor…- suplicó la castaña en el oído del rubio para que sólo él pudiera escucharla. Se miraron y después de compartir unos momentos de esa intimidad remota para algunos y esencial para otros el Premio Anual se dirigió a los compañeros de casa de su mujer.

- Disculpen…- comenzó ganándose el asombro de los tres.- Sólo me acordaba de un chiste que escuché hace un rato.- Todos ciñeron el entrecejo ante semejante excusa pero la aceptaron, después de todo era Malfoy, cualquier disculpa que diga (por increíble que sea) es un milagro por el hecho de que una disculpa salga de su boca.

- Pero Hermione…- terció Ginny.- Tú no sabes lo que hemos visto Harry y yo en ese dichoso baño, a parte de mi tonto hermano claro.- dicho lo cual, miró con suspicacia al enrojecido pelirrojo y volvió a mirar con malicia a su amiga ignorando las señas para que hiciera silencio de su novio.- ¡¡Pansy!! Ron y Parkinson en un mismo baño y él tenía la camisa desabrochada y el pelo revuelto cuando lo encontré, ¿quién es el desubicado en esta historia, eh?

La reacción al nuevo estamento declarado en la causa fue la siguiente: el acusado se sonrojó tanto que hasta parecía a punto de explotar aunque aquello se podría remitir a la furia que sentía por ser expuesto de esa manera enfrente de Mafloy, el famoso Potter volvió a buscar en sus manos algún lugar que le permitiera salvaguardarse de ese grupo de dementes (ya bastante había sufrido en su vida el pobrecito) y Hermione esbozó la misma mueca de desconcierto que su marido, sólo que éste terminó en una situación parecida a la anterior: sosteniéndose las costillas por el dolor de panza que le produjeron los risueños alaridos.

- ¡¿De qué mierda te ríes, Malfoy?!- volvió a ofenderse el pelirrojo.

- Nada, nada, otro chiste que escuché por ahí.

- ¿Ya se han reído lo suficiente de nuestra situación?- se mosqueó el ojiverde.

- Harry, yo…- comenzó la castaña, quién en realidad no se había reído de nadie y ya se veía condenada de antemano a causa del comportamiento de su esposo.

- Espera, Potter, que Hermione no se ha reído de nadie…Yo sólo me reía de un chiste así que no te lo tomes a mal ¿ok? Por otra parte…Weasley- Draco volteó para mirar directamente a los ojos azules del gryffindoriano, quién lo miró un poco receloso preparándose para lo peor.- No sé por qué haces tanto espaviento de lo de tu hermana con Potter si él es tu mejor amigo, más vale con él que con algún otro en quién tú no confíes tanto, ¿verdad? Al menos sabes que él la cuidará siempre y la respetará, si es que es eso lo que opinas en verdad de tu amigo, sino… allá tú. Pelirroja…- mentó luego dirigiéndose a la joven Weasley y mirándola con sus penetrantes ojos grises.- Si tu hermano ha decidido experimentar los placeres de la vida con Parkinson bien por él, seguramente esa señorita….eh….experimentada le ensañará unas cuantas cosillas, solamente deberías aconsejar a tu hermano que use protección por las dudas. Pero no te preocupes que a pesar de ser una toca pelotas y algo hueca esa rubia es menos mala de lo que parece. ¿Todos en paz?

Como vio que ninguno le contestaba sino que todos se tomaban su tiempo (uno muy largo) para poder asimilar lo que acababa de pasar sonrío satisfecho consigo mismo y tomó la mano de su mujer insinuantemente para preguntarle de forma sutil si podían marcharse ya. Ella miró sonrientemente a sus amigos que seguían con la boca abierta a causa del dictamen de su esposo y luego de considerar que no había nada más para decir saludó a los chicos educadamente y enlazó su brazo con el del blondo para caminar juntos hacia su Sala Común.

- ¿Qué fue eso?- balbuceó Harry.

- No lo sé…- contestó Ron incrédulo.

- Es…es el Draco cambiado, ése del que hablaba Hermione.

Un silencio sepulcral se apoderó de la escena y después de unos minutos contemplando la dirección por donde se había ido el renovado y mejorado Draco Malfoy marcharon hacia su propia torre olvidándose por completo de sus recientes disputas.

Hola gentee!! Ya se que me querran golpear por tardarme tanto en subir un nuevo capitulo pero esque vacaciones

Ademas que e andado algo atareada, o si, fue mi cumpleaños el miercoles 23 oficilamente ya tengo 16 añoooos :D si aun estoy peque pero no problem :)

No se porque festejo que estoy mas vieja :´)

Bueno les aseguro que la proxima semana les subo el proximo capitulo, el lunes o martes mas tardar el miercoles ok?

Gracias a tods por leer y dejar review!! Entre mas review mas rapido subo :)