Un Placer ser tu esclava
Sí lo amo..
Alzó los párpados con parsimonia, emulando en aquel movimiento el cansancio que aún no lograba desprender de su cuerpo. Miró el techo de su dormitorio con ojos entreabiertos y luego los cerró nuevamente agradeciendo a Merlín por el hecho de que ése fuera un sábado exento de cualquier obligación que no acarreara un par de ensayos para sus asignaturas que bien podría posponer hasta última hora del domingo. Se acostó de lado extendiendo un brazo para buscar al causante de tanta fatiga. No lo encontró. Sus párpados se dispararon consternados ante la sola idea de que él pudiera haber abandonado la habitación sin despedirse. No obstante, cuando su vista fue capaz de absorber los familiares rincones de su cuarto individual también sus oídos recuperaron el sentido auditivo permitiéndole escuchar el sonido de la ducha corriendo en su baño continuo. Sonrió muy a su pesar y se levantó de la cama sin preocuparse por ocultar su total desnudez.
En el camino al lavabo se acordó de cómo habían llegado allí. Después de su primera vez juntos se recordó a ella misma tratando de normalizar su agitada respiración sobre el pecho del chico, sin separarse de él lo miró y notó que su acompañante a duras penas podía mantener los ojos en sus orbitas. Se sabía buena en la materia pero jamás le habían dado a entender que era taaaaan buena. Una nueva oleada de excitación despertó al reflexionar en ello, recuperó el oxígeno en seguida y se separó de él para acostarse de espaldas en el piso.
- Ahora es tu turno para demostrar de lo que eres capaz estando arriba.
- Ya estuve arriba.- señaló el joven después de tomar una bocanada de aire.
- No hasta al fin de la travesía. Vamos, no te habrás cansado tan pronto, ¿cierto?- Aquello motivó al aludido más que cualquier otra cosa. Siempre había sentido la necesidad de destacarse, lo cual también implicaba al sexo.
- Está bien, pero… ¿crees que podríamos conseguir una cama? Me duelen las rodillas.
- ¿Siempre tan quisquilloso, Weasley?
- Ronald- corrigió el ojiazul
- Verdad...Agradece a mi puesto de Prefecta que tenemos un cuarto para nosotros solos.
- ¡¿Cómo?! Yo soy Prefecto y no tengo una habitación individual.
- ¡Ay, cariño! Te falta ser de Slytherin para eso. Salazar sí que sabía como recompensar a sus alumnos sobresalientes. Ya…no demoremos más.
Había sido una buena idea después de todo. A pesar de que los lugares poco comunes solían ser excitantes no había nada mejor que una cama de dos plazas- preferiblemente- para echarse un buen revolcón; aquella era su filosofía de vida.
Entró al baño cerrando la puerta del mismo tras de sí y vislumbró la silueta del pelirrojo a través de la cortina de la ducha. Se acercó haciendo el menor ruido posible y cuando corrió sutilmente la cortina observó que el chico le daba la espalda, dejando que el chorro cayera directamente sobre su rostro y su delantera permaneciera apoyada contra los azulejos de la pared mientras el agua arrasaba con todo vestigio de shampoo. Contempló la amplia espalda que se estrechaba a medida que la línea de su figura descendía hasta la cintura para volver a ensancharse y dar forma a su musculoso trasero. Con una irrevocable sonrisa en su expresión ilustrando su única y libidinosa intención caminó sigilosamente hasta su amante para abrazarlo por detrás. Ron se sobresaltó ante el inesperado tacto pero ella no le permitió decir nada ya que lo calló astutamente envolviendo su masculinidad con una mano.
- Buen día, Ronald.- saludó la rubia utilizando su otra mano para contornear una tetilla del pelirrojo.
- Pansy…- profirió él con su voz ya ronca.- ¿Eres insaciable o qué?
- Cuando me gusta algo, sí.- Comenzó a descender y ascender la presión de su mano a lo largo del miembro del extasiado adolescente y éste, casi falto de energías, tuvo que buscar el sustento de la pared de la ducha y estirar sus brazos para sostenerse de ella, aunque también apoyó todavía más su trasero contra el abdomen de la ojiazul, incitándola a proseguir.
- ¡Joder! Creo que deberíamos comer algo antes de continuar.
- Contigo me basta y sobra, Pequitas.
- ¿Pequitas?- preguntó en un intento por distraerse del sofocante placer que le producían los manoseos de la slytheriana, quién eligió aquel preciso momento para acelerar el accionar de sus dedos sobre la longitud del joven ocasionando que él inclinara su cabeza hacia atrás, lo cual ella aprovechó para lamer la oreja enrojecida antes de explicarse.
- Te llamo pequitas porque tienes muchas pecas, que por cierto…- Pansy barrió son su lengua las gotas de agua que corrían incesantemente por la pecosa mejilla que estaba a su alcance.-…son adorables.
Ron no pudo resistirlo más, pues sintió una mortificante y revivida necesidad de tocarla, de hacerla suya, de adentrarse y hundirse en ella…otra vez. Agarró impetuosamente la mano que apresaba su entrepierna, volteó hundiendo sus dedos en las caderas de la blonda y estampó su cuerpo contra el de ella forzándola a apreciar el resultado de sus torturas.
- Ronald…- jadeó al sentir la inexcusable erección del pelirrojo contra la parte inferior de su vientre.- Me alegra ver que seas tan energético.
- Tú me das las energías poniéndome así.- replicó él antes de someterla a un beso hambriento y lujurioso.
En instantes, la temperatura del agua tibia parecía estar tan helada como un témpano en comparación al calor de sus bocas; sus caricias envolventes provocaban una humedad anhelante que el agua jamás habría podido lograr; los dedos de uno se hundían en la piel del otro, determinados a complacer el apetitito de los contrarios hasta ganar la última batalla de esa reñida guerra erótica y convenciéndose con cada nueva intentona que terminarían siendo los fracasados; y la lluvia de la ducha les motivaba a intentar más arduamente.
- Quiero mi premio, Ronald.- pronunció Pansy con la voz hosca, significándole un gran esfuerzo decir algo más o menos coherente entre gemidos, aprovechando la ocasión en que el ojiazul le dejó respirar descendiendo sus labios por su cuello.- ¡Ahora!
Él acató instantáneamente, excitándose dolorosamente al escucharla darle órdenes. La alzó tomándola del trasero y oprimiendo sus nalgas para incitarla a rodear su propia cintura con sus piernas, la estampó contra la pared en el mismo momento en que la penetraba ayudado por la húmeda disposición de la entrada de la joven. Pronto, sirviéndose del sustento del muro, soltó sus caderas para aprisionar las manos de la rubia contra los azulejos, manteniendo los dedos de ambos entrelazados y fijos a los lados de la cabeza de la Prefecta. Se miraron a los ojos, distinguiendo en las pupilas del otro el brillo del deseo y las ansias de devorarse mutuamente. Pansy tomó la iniciativa del beso y la lengua del chico penetró su boca con igual fervor que sus pelvis colapsaban entre gemidos y jadeos demandantes causados por cada nuevo embiste.
Y de repente, alguien tocó a la puerta del lavabo.
- ¡¡Parkinson, necesito hablar contigo!!
- ¿Quién carajo es?- gruñó el gryffindoriano en el oído de su amante al tiempo que capturaba tenazmente sus caderas para hundirse más profundamente en ella. Pansy ahogó un grito en la asperaza de su garganta habiendo sentido el roce celestial de otro punto sensitivo y tuvo que contentarse con clavar sus uñas en la espalda ya bastante maltratada del pelirrojo para que el intruso no la oyera gritar.
- No importa… sigue… sólo sigue...- La ojiazul cortó sus ruegos por falta de aliento al sentir que sus pechos eran estrujados con una intensidad mucho más acertada y precisa que en las primeras tentativas del ahora entrenado pelirrojo. Disfrutando del trato de su boca en su pezón, miró hacia al frente agradeciendo por haber elegido agrandar el espejo de su toillette y le sonrió a su propio reflejo antes de que sus ojos viajaran hasta el trasero del chico. Por unos segundos analizó satisfecha cómo las nalgas de su amante se contraían con cada embestida y no pudo evitar llevar una mano al objeto de su admiración para intensificar el encuentro.
- ¡¡Parkinson, sal!! ¡¡Soy yo, Malfoy!! ¡¡Tenemos que hablar de mi mujer!!
- Mierda… ¡Me estoy duchando, Draco! Ya acabo…
- ¿Ya acabas?- preguntó Ron con una sonrisa maliciosa, ademán que ella encontró lo suficientemente excitante para morder el lóbulo del chico antes de susurrarle que incrementara su velocidad. Él obedeció pero también le masajeó el clítoris llevándola al borde de su orgasmo y con algunas otras arremetidas la sintió contraerse alrededor suyo, arrastrándolo a su propio clímax mientras el nombre de uno se grababa en el oído del otro a base de susurros. Se mantuvieron en aquella posición unos segundos más, unidos, abrazados y anidando sus narices en el cuello del otro aguardando a que los leves temblores de sus cuerpos se apaciguaran por completo mientras los aromas del shampoo y el jabón limpiaban los restos de la irremediable esencia del sexo. El ojiazul fue el primero en agotar el último espasmo de su orgasmo así que tomó el rostro de la joven con sus manos y fundió sus labios en un beso más tierno y minucioso pero igualmente apasionado para después musitarle al oído lo hermosa y preciosa que era. Entonces fue cuando Pansy lo supo, cuando comprendió que jamás se había sentido tan especial en los brazos de un hombre, que nunca la habían hecho tan propia y tan deseable. En sus anteriores encuentros, mayoritariamente con slytherianos, no se sintió anhelada, más bien utilizada. Pero con Ronald se sentía ambicionada, aspirada, demandada e incluso requerida, todo aquello que ella había buscado tan trabajosamente en sus innumerables citas dejándose usar a medida que usaba para encubrir de alguna manera su insatisfacción (en los mejores casos) con placer efímero y trivial.
- ¡¡¿Te falta mucho?!!- Se volvió a escuchar al irritado Draco a través de la habitación.
- ¿Lo mato?- cuestionó el ojiazul depositando a su compañera en el piso.
- No, perderías tu inocencia, cariño, y eso no es lo que queremos, ¿verdad?- culminó besándolo fugazmente en los labios. Luego cortó el agua, salió de la ducha y le entregó una toalla al risueño gryffindoriano.
Cinco minutos después de secarse mutuamente en un rápido pero dulce roce de telas y pieles abandonaron el baño envueltos, cada uno, en una toalla que tapaba sus partes íntimas.
- ¡Maldita sea! ¿Tengo que encontrármelos a los dos después de lo que obviamente estaban haciendo allí dentro?- inquirió el Premio Anual desde la cama, más fastidiado que antes y haciéndose la pregunta más a si mismo que a la pareja, pues no podía creer la suerte de perros que llevaba ese día.
- Pues el desubicado eres tú, así que no te quejes.
- Como sea, Weasley.- El blondo hizo un gesto de mano indicándole al aludido que poco le importaba lo que tenía para decir. Se dirigió a su compañera de casa, yendo directamente al grano.- ¡¿Qué mierda le hiciste a Hermione?!
- Ah…eso…- susurró ella llevando una mano a su nuca. – Nada serio, le puse en su bebida una poción que desinhibe, diría yo.
- ¡¿Eso dirías tú?!- exclamó el slytheriano poniéndose de pie.- Pues yo diría que le has puesto un estimulante para hipógrifo.
- Batata, patata…Es lo mismo.
- ¡¡¿CÓMO?!!
- ¡Espera, Malfoy!- intercedió Ron posicionándose delante de la amenazada para protegerla del peligroso acercamiento del enardecido. – Hablemos con calma, ¿quieres?
- ¡¡¿La defiendes?!!- se indignó Draco.- ¡¡¿¿ La defiendes luego de haber perjudicado a tu mejor amiga??!!
- No le hizo nada. La pócima era inofensiva, ¿verdad?- El chico miró dubitativamente sobre su hombro a la acusada para cerciorarse de que lo que ella le había dicho la noche anterior era cierto.
- Claro, no le debería haber hecho ningún daño.
- Daño tal vez no, pero estaba completamente descontrolada.
- Tú fuiste el que me dijo que convenciera a los demás para asistir a tu dichosa fiesta.
- ¿Y eso qué?
- Que no hay mejor propuesta para nuestros compañeros que ver ridiculizada a la mujer del Príncipe de la casa que nos relaciona.- explicó la joven entornando los ojos por la clara obviedad de su estamento.
- Llevan la traición en la sangre, ¿verdad?
- Draco, no juegues el rol de ángel caído del cielo porque no te sienta y sabes muy bien que estás lejos de ser algo parecido. Ya conoces a los chicos. No es porque te odien, simplemente les parece divertido reírse a costa tuya, no es por maldad…
- Ya lo sé…- dijo el aludido resignándose.
Ron miró a las dos serpientes incrédulamente y luego meneó la cabeza susurrando para sí: - Slytherianos…
- Ok, por ahora lo dejaremos así, lo único que me interesa saber es si mi esposa recuperará la memoria alguna vez.
- ¿Recuperar la memoria? ¿De qué hablas?
- ¿Cómo de qué hablo? Hermione no se acuerda de nada y está un poco…irritada.- Sabía que no podía confesarles que su mujer le imputaba de abusador por aprovecharse de su estado inconsciente porque supuestamente él podría tomarse aquella libertad siendo su marido.
- Pero Hermione debería recordar todo lo de anoche. La falta de conciencia era momentánea, ¿crees que habría malgastado una oportunidad para que la señorita come-libros se retuerza de la culpa?
Draco frunció el entrecejo por la mordacidad en las palabras de la rubia pero ignoró la posibilidad de insultarla puesto que lo de su esposa le empezó a preocupar gravemente. ¿Y ahora qué? ¿Acaso ella se acordaba de todo pero prefirió hacerse la desentendida para despistarlo? ¿Eso significaba que había recibido tantas reprimendas y golpes al divino cuete? ¡Mierda! La muy astuta había conseguido una nueva excusa para eludirlo. Pero no, ya no la dejaría salirse con la suya, ya no…
- Adiós ¿no?- se ofendió la ojiazul al ver que Malfoy salía de su cuarto apresuradamente sin despedirse. Luego giró para concentrarse en el pelirrojo y arqueó una ceja viéndolo vestirse rápidamente con la expresión enfurecida. - ¿Ya te vas?
- ¿Tienes que odiarla tanto?- inquirió él ignorando la pregunta de la blonda mientras se ajustaba los pantalones.
- ¿De quién hablas?
- De Mione, Pansy. ¿De quién más? ¿Tienes que alegrarte tanto por su sufrimiento?
- Yo…Ronald, yo…- balbuceó confundida al tiempo que ceñía la toalla más firmemente a su cuerpo.
- ¿Sabes qué? No digas nada mejor. Ya escuché demasiado. No debería haberte hecho caso nunca. Fui un idiota, me dejé llevar por…por… ¡Joder! ¡Me voy de aquí!
- No, ¡espera!- Pansy lo detuvo tomándolo de la muñeca antes de que él pudiera salir de la habitación.- No te vayas.
- ¿Por qué? ¿Todavía no te has cansado de mí? ¿Cuánto tiempo pasará antes de que vayas a…
- ¡NO!- le interrumpió ella abrazándolo con fuerza. Supo lo que diría y no quiso oírlo, no de su boca. Se daba cuenta que se desesperó excesivamente con sólo imaginar que la abandonaría y se dignó a serle indiferente al sentimiento de orgullo clasista que le pinchó el pecho para tratar de evitar que se fuera- No quise decir lo que dije.
- Sí que quisiste.- afirmó Ron manteniendo sus brazos a los lados de su cuerpo, sin tocarla pero sin alejarla tampoco.
- Ok, tal vez sí, pero no quiero que te enojes conmigo por ello.
- Es mi amiga Pansy, además tu y yo…
- Tu y yo no hemos terminado.- sentenció desenterrando su cara del torso del joven para mirarlo a los ojos con sus pupilas suplicantes.
El gryffindoriano la miró sin poder resistirse a sonreírle, apreciando su belleza aún más extraordinaria que cuando la contempló momentos antes, después de haberla hecho suya contra la pared de la ducha. Acarició la mejilla de la ojiazul con un dedo, satisfecho consigo mismo al observar que ella cerraba los ojos y suspiraba ante la candidez de su tacto. Sin embargo, se forzó a controlarse para no volver a besarla y ensombrecer su semblante. La blonda abrió los ojos al percatarse de que él ya no la acariciaba y tragó saliva cuando lo vio tan serio, volvió a suplicarle con los ojos.
- Me tengo que ir, Pansy.
- Te verán salir.
- ¿Y qué?
- Que si ayer no te vieron entrar fue porque no había nadie, era de noche. Pero ahora la Sala Común debe estar repleta.
- ¿Y qué?- repitió queriendo imprimir en su pregunta lo poco que le importaba que lo viesen. Ella le miró durante unos segundos más, discurriendo si sería una buena idea que le vieran salir de su cuarto, pero decidió que ya daba igual. Se auto convenció de que nada malo pasaría, después de todo Draco se casó con una Sangre Sucia.
- Nada, nada.- se retractó finalmente- ¿Te veo más tarde?- tanteó.
- Seguramente sí, ¿somos compañeros de colegio o no?
- Ron…yo…
- Ya, Pansy, nos vemos.- La besó precariamente en los labios y salió por la puerta dejando a una blonda totalmente embobada pensando que en ese beso sutil había más significado que el que él había pretendido ocultar bajo su enojo. Se contempló en el espejo de cuerpo entero que adornaba su dormitorio y sintiéndose fuera de sí, completamente contraria a su usual frivolidad y cinismo, se consideró bonita como hacía mucho tiempo que no lo hacía.
- Buenos días.- dijo Hermione sentándose a la mesa Gryffindor en oposición a la pareja cariñosa que no interrumpió su mutua provisión de alimentos para corresponder al saludo de la castaña. Ésta no se molestó por ser ignorada sino que se limitó a examinar su alrededor intentando disipar de alguna manera el dolor de cabeza que todavía la fastidiaba. Pero lo que encontró la desconcertó. ¿Por qué estaban todos sus compañeros de casa mirándola como si ella fuera un extra terrestre? Frunció el ceño y les devolvió a los más cercanos un gruñido para indicarles claramente que dejaran de estorbarla y se ocuparan de sus propios asuntos. Se concentró en el plato vacío adjunto a su sitio y supo que había perdido toda posibilidad de desayunar puesto que las fuentes de comida habrían desaparecido hacía ya unos cuantos minutos.
Miró a Harry y a Ginny con envidia. El ojiverde trataba de proporcionarle a su novia una cucharada de cereales con leche pero la susodicha se negaba a aceptar el alimento en un interminable coqueteo que empezó a desesperar a la Premio Anual, por lo que luego de unos tres minutos -¿o habrán sido segundos?- de contemplar semejante juego ofensivo para sus entrañas pedigüeñas se incorporó y estiró sobre la mesa para manotear la cuchara y llevársela a la boca saboreando la única comida que probaba desde la noche anterior.
- ¡Oye!- se quejó la hurtada.
- Disculpa, Ginny. Pero si seguía mirándolos jugar con la comida, o era robártela o clavarte el mango de la cuchara en medio de la tráquea.
-Parece que te despertaste de mal humor...- opinó el pelo-azabache una vez que logró recuperarse de la mordacidad del comentario anterior de su mejor amiga.
- Un poco.- admitió la castaña.
- No me extraña...- comentó la pelirroja.
- ¿A qué te...
- Buen día.- saludó un Ron risueño que se sentó al lado de Hermione interrumpiendo la pregunta de la misma.
- Buen día. No te vi en tu cama cuando desperté.
- Si, bueno...me gusta caminar por las mañanas.
- No mientas, hermanito. Nunca fuiste madrugador. Estuviste con la chica de cara de dogo faldero, ¿verdad?
- Más respeto, Ginevra.
- ¡Ay! Pero si le toqué a su juguete nuevo alias Parkinson. ¡¡Qué desconsiderada de mi parte!!- espetó con sarcasmo.
- Basta, Gin. Deja de molestarlo.- le reprendió Harry notando que el rostro de su amigo ya cobraba un color rojizo causado por la cólera que iba acumulando.
- Ok, ok, pero no me gusta que me mientan.- insistió Ginny, aunque no aguardó a que su hermano recuperara la calma para replicar sino que prefirió ensañarse con la Premio Anual esbozando aquella sonrisa maliciosa que a Hermione tanto le hacía recordar a Draco. - Y tú, Mione, ¿cómo te has despertado? ¿Adolorida, quizás?
- Pues sí, la verdad es que tengo una resaca de los mil demonios y no comprendo la razón puesto que no tomé tanto.
- Bueno...para haber hecho lo que hiciste ayer, supongo que deberías haberte tomado unas cuantas botellas de whisky de fuego.
- ¿Haber hecho lo que hice ayer? No te entiendo, Ron. ¿A qué te...
- ¡¡Chicos!! ¿Se enteraron?- intervino Parvaty sentándose al lado de la nuevamente interrumpida para sumarse al grupo de amigos junto a Lavander que venía atrás de ella. La morena no dio tiempo a contestar. Directamente, comenzó a farfullar como acostumbraba a hacer cada vez que se trataba de cotilleos.- ¿Les contaron el gran espectáculo de anoche?
- Creo que todos los vimos, Parv.- comentó Harry con el seño fruncido mientras miraba a su amiga con aprehensión.
- ¿A qué especta...
- No hablo de Hermione...
- ¿Que yo qué?
- Hablo de la parejita feliz.
- Esperen, quiero saber lo que supuestamente hice...- intercedió la castaña en un nuevo intento por saber de qué corno hablaban sus amigos y la melliza Patil. Sin embargo, la mejor amiga de ésta cortó cualquier pensamiento que podría existir relacionado a su persona.
- ¡¡Nott y Colin se fueron de la fiesta JUNTOS!!
- ¡¡¿Qué?!!- espetaron los integrantes del trío de oro sin notar que la más pequeña de los seis sonreía orgullosamente.
- Me alegro por Colin.- comentó Ginny.
- ¿Tú sabías de esto?
- Por supuesto, amor.
- Pero yo siempre había pensado que como él siempre andaba atrás tuyo tenía algún tipo de fijación contigo.
- Claro que no, cariño. Éramos amigos nomás y él siempre me confió sus inclinaciones sexuales hasta que nos peleamos cuando tú y yo empezamos a salir juntos.
- ¿Cuándo tú y yo...? ¿Quieres decir que...
- ¡Ja! Parece que la fama también te trae admiradores masculinos, ¿no, Harry?
- Cierra la boca, Ron.
- Pero no puedes culparlo, amor, tu encanto no pasa desapercibido ni para los hombres.- acotó la pelirroja tomando la barbilla del anteojudo para buscar su boca.
- Ya, ya...Hagan el favor de no actuar como novios en público.
- Es que somos novios, hermanito.- puntualizó Ginny ofendida.
- Igualmente.- zanjó el ojiazul cruzándose de brazos.
- Bueno...sin desviarnos del tema...- terció Hermione.- ¿Esto quiere decir que Colin y Theodore son novios?
- No creo que se casen...- opinó Lavender con tono cansino.- Pero que son gays, son gays. Este año muchos han salido del armario, tanto hombres homosexuales como mujeres atrevidas, ¿no, señorita Premio Anual?
- ¿Y ahora qué? No entiendo qué les pasa. Han estado tirándome indirectas toda la mañana.
- Mione... ¿No recuerdas nada de lo que hiciste anoche?
- ¡¡NO!! No me acuerdo de nada, Harry. ¡¡¡Ya deja de hacerme pensar que soy una idiota!!!
- Tranqui...Nadie te está haciendo pensar nada. Es que lo de ayer fue un episodio que difícilmente podrías olvidar.
- Ron tiene razón. De hecho, no creo que ninguno de los allí presentes podamos olvidarnos alguna vez de tu pequeño exhibicionismo.- explicó la pelirroja divertida.
- ¡¿Exhibicionismo?!- repitió la aludida mucho más sobresaltada que antes. ¡Dios Santo! ¿Tan mal se había comportado?
- Claro, querida.- dijo Parvati.- Si no hubiera sido por tu marido habrías terminado desnuda enfrente de todos tus invitados al son de una canción demasiado sensual.
- "Satisfaction".- señaló Lavander.
Con esa última palabra la mente desusada de la castaña comenzó a trabajar todo lo que no había trabajado en esas últimas horas. Imágenes de la noche anterior irrumpieron en su cabeza sin ningún tipo de premeditación o previo aviso, nublándole la vista y provocándole ser solamente conciente de las escenas en que ella aparecía subida sobre una mesa que le servía de pedestal frente a una muchedumbre que la aplaudía y ovacionaba para incitarla a proseguir con el pequeño espectáculo que estaba elaborando. Se recordó cantando al tiempo que se manoseaba a si misma en un plan erótico bastante avasallante hasta que prácticamente se encontró reviviendo mentalmente el momento en que sus manos se centraron en el cierre de su cremallera para ir bajándolo lentamente... Aunque dos brazos fornidos le impidieron continuar, forzándola a descender de la mesa. Súbitamente, luego de unos gritos que ella no supo distinguir dentro de su cabeza, se visualizó encerrada en el familiar cuarto de su esposo.
- ¡¡Mione!!- una voz lejana la abstrajo de sus cavilaciones causando que las imágenes irrespetuosas que se habían infiltrado en su memoria se esfumaran repentinamente para permitirle enfocar a sus amigos y al resto del Gran Comedor que parecía estar mucho más vacío que dos segundos atrás.
- ¿Qué...qué pasó?- balbuceó la chica confundida.
- No lo sabemos. Estábamos hablando y de repente pareciste entrar en una especie de transe como si ya no escuchases nada de lo que decíamos.- explicó el ojiverde preocupado mientras Ron trataba de proporcionarle aire a la recién animada agitando un periódico enfrente de su rostro.
- ¿De qué hablaban?- preguntó Hermione manoteando la copia de El Profeta para evitar que el pelirrojo siguiera despeinándola con las molestas oleadas de aire.
- Comentábamos lo de tu espectáculo, ¿recuerdas?
- Cierto.- asintió devolviéndole la mirada a la ahora consternada Ginny. - Entonces... ¿casi me desnudo delante de ustedes?- Sintió que el corazón se le comprimía asfixiantemente con tan sólo recrear la situación en palabras.
- Y delante de los slytherianos.- recalcó Parvaty sin poder ocultar en su sonrisa lo mucho que se regocijaba con todo aquello.
- Y de tu esposo...- agregó la amiga de la morena.
- ¡¡Madre de Dios!!- exclamó la castaña escondiendo su rostro con el periódico entre sus manos en un vano intento por desvanecerse.- No puedo creerlo...- musitó anonadada mientras iba apartando el papel de su cara para tomar grandes bocanadas de aire y así tranquilizarse. No obstante, lo que vio en la portada de El Profeta la impresionó de tal manera que reaccionó poniéndose de pie en un salto. - ¡¡Madre de Dios!!
- Creo que eso ya lo dijiste.- subrayó Ginny.
- No, no, no, no, no, no, no....- coreó en un monótono repertorio en que sacudía la cabeza mirando fijamente la portada del diario, leyendo su contenido.
- ¿Y ahora qué le pasa?- inquirió Ron.
- Ni idea.- contestó Harry encogiéndose de hombros.
Finalmente, después de unos minutos en los que la trastornada castaña no atinaba a decir otra cosa más que exclamaciones de asombro seguidas por negaciones, Parvaty le arrebató el diario despojándola del periódico y también de su última gota de resistencia puesto que la hurtada se dejó caer en un asiento totalmente abatida. Los cinco gryffindorianos restantes se asomaron sobre los hombros de la morena para leer el artículo a la par de ella.
¿Matrimonio por amor o por conveniencia?
por Rita Skeeter
El último Lunes del mes se ha llevado a cabo un inesperado y sorprendente acontecimiento dentro de las propiedades del bien afamado Colegio de Magia y Hechicería: Hogwarts y se trata de nada menos y nada más que del cuestionable casamiento entre dos alumnos del recinto: Hermione Jane Granger y Draco Malfoy.
Únicamente con leer estos dos nombres deben deducir lo insospechada y extraña que resulta esta unión matrimonial puesto que, no sólo incumbe a dos personas extremadamente jóvenes que aún trascurren la flor de su adolescencia como para ser suficientemente maduras y, por tanto, capaces de embarcarse en un proyecto tan trabajoso como lo es el matrimonio, sino que también nos referimos a dos seres humanos que se han visto confrontados por sus historias familiares y sociales desde el comienzo de sus estadías en el instituto educacional.
Por un lado, hablamos acerca del último descendiente de una de las familias más antiguas y Pura Sangre de la Comunidad Mágica: los Malfoy. Inclusive, Draco se ha visto vinculado estrechamente con las acciones extremistas y discriminatorias de los ya olvidados Mortífagos y demás partícipes del destruido que aún no debemos nombrar. Es más, este muchacho es el primogénito de uno de los mortíos más influyentes y temerarios de su círculo.
En contraposición está la ex señorita Granger, una sobresaliente estudiante que desde hace años se le reconoce su afán por sentirse en la mira de todos debido a sus reincidentes intentos por destacarse sirviéndose de amistades con personalidades famosas como nuestro gran héroe: el señor Harry James Potter, Creemos que esta ineludible obsesión por distinguirse confluye de su obstinación por demostrar que aún siendo una hija de Muggles podrá, alguna vez, llegar a ser una bruja competente.
Como verán, se han casado dos personas muy distintas que para mayor detalle han perjurado y decretado públicamente, hace no más de unos pocos días atrás, que se odiarían por el resto de sus vidas. Y de repente... ¿se unen en Santo Matrimonio? ¿Qué hay de raro en todo esto? ¿Acaso no es todo esto demasiado surreal para que efectivamente sea auténtico? Valiendo la redundancia... ¿será realmente un auténtico matrimonio? ¿O será que hay conveniencias ocultas que forzaron a estos dos adolescentes a comprometerse en un lazo que les sobrepasa en voluntad y libertad?
Como si sus especificadas discrepancias fueran pueriles evidencias, también podemos argumentar que este suceso se ha llevado a cabo a espaldas de los amigos de estos dos colegiales, siendo Albus Dumbledore, director de Hogwarts, el único enterado y testigo de la ceremonia. Entonces... ¿tendrá Dumbledore, un adulto de 137 años, alguna influencia en esta unión conyugal? ¿Qué es lo que incitó a los tres protagonistas de esta historia a mantener tan desconcertante evento ajeno al conocimiento de sus más cercanos seres queridos?
Está claro que existe algún tipo de propósito recóndito, pero... ¿cuál?
Seguiremos informando...
- ¿Es esto verdad, Hermione?- indagó Harry con dureza. No obstante, antes de que la aludida pudiera responder, una nueva interrupción la salvó de tan preocupante interrogatorio, ingresando a través de las portentosas puertas del Gran Comedor.
- ¡¡Hermione, querida!!
- ¿Mamá?- corearon dos atónitos pelirrojos.
La señora Weasley no se detuvo para saludar a sus hijos sino que se abalanzó directamente sobre la Premio Anual, levantándola de su asiento para someterla a un intenso abrazo que casi le quita el oxígeno a la joven.
- Mi pobre niña...- se lamentó la adulta mientras acariciaba maternalmente la maraña de bucles marrones.
Los demás adolescentes compartieron miradas de desconcierto ante el arrebato de afecto por parte de Molly, pues aún conociendo su característica simpatía la escena resultaba un poco extraña.
- ¿Ocurre algo?- preguntó Hermione todavía entre los brazos de la señora, quién se separó para liberar a la muchacha y mirarla a los ojos con suma consternación.
- ¿Es verdad lo que dijo Rita Skeeter, querida? ¿Te has casado con Draco Malfoy?
- Eh...Sí, me casé con él.- contestó la chica sintiendo que sus entrañas se removían embarazosamente.
- Entonces te han obligado, ¿verdad? Pudiste haber acudido a nosotros, cariño, te hubiéramos protegido. No hacía falta que llegaras a esto, pequeña.
- No, señora Weasley...usted no comprende...- quiso explicarse la castaña pero su interlocutora ya había cambiado el centro de su atención dirigiéndose al pelirrojo ojiazul.
- ¡¡Tú!! ¡¡Ronald Weasley!!- chilló la madre- ¿Cómo pudiste no haberme mandado una mísera lechuza para darme la noticia?
- Mamá...eh...yo...- titubeó el aludido mirando nerviosamente a su mejor amiga en busca de socorro.
- ¡¡Y TÚ, Ginevra!! ¿Acaso no podías habérmelo contado cuando me escribiste para notificarme de tu noviazgo con Harry?- Inmediatamente, la señora volteó hacia el recién mentado con su expresión transformada en un gesto plácido y no furioso como el anterior.- ¿Cómo estás, querido? ¿Ginevra te ha estado tratando bien?
- ¡Mamá!- vociferó la ofendida pelirroja.
- Sí, Molly, todo bien, gracias.- contestó sonrojándose el anteojudo.
- Pero la desconsideración de mis hijos ahora no importa- continuó la adulta antes de tomar por los hombros a Hermione.- Dime, pequeña: ¿qué puedo hacer por ti para evitar que sigas sufriendo? Te han obligado a casarte, ¿cierto?
- Yo...no...yo...Por supuesto que no.
- Te han lavado la cabeza, un imperios quizás.- Molly siguió con su interminable balbuceo sin escuchar el tartamudeo de la Premio Anual.- Sí, Arthur siempre me decía que los Malfoys no eran de fiar pero yo lo contradecía por mi molesta obsesión de creer en la buena persona que vive dentro de todo ser humano. Pero si lo dice Rita Skeeter...
- Me extraña, Molly. Debería saber que la señorita Skeeter no siempre informa con la verdad- interrumpió la voz de Dumbledore que avistando a la mayor de los Weasley se había acercado a saludar recogiendo algunas de las palabras dichas por la dama.- Y muchas veces puede ser indiscreta. ¡Mira que revelar mi edad! Además, no cumplo los 137 hasta diciembre.
- Buen día, profesor. ¿Cómo está?
- Bien, asimilando noticias... ¿Y usted?- preguntó el anciano mientras se inclinaba para darle a Molly un beso en la mejilla.
- Pues algo preocupada. Esto del casamiento de Hermione con Draco me dejó anonadada.
- Era de suponer, pero no es tan sorprendente si lo analizamos bien. Siempre han tenido lo que se llama "piel", ¿no cree?- Con este estamento del director la señora Weasley giró para observar a la enrojecida y cabizbaja aludida teniendo que admitir lo decretado asintiendo con la cabeza. - Eso digo yo...
- Pero entonces...Querida, ¿estás enamorada de Draco Malfoy? ¿Lo amas?
Aquellas dos últimas palabras de la boca madura y sapiente de Molly surtieron efecto en la castaña, uno parecido al que había sido subyugada durante el pequeño lapso en el que recordó parte de los acontecimientos de la noche anterior. Su cabeza comenzó a girar en un minucioso relampagueo de imágenes vividas bajo la influencia de una actitud que ella no lograba vincular consigo misma. Se distinguió en el conocido cuarto del rubio siendo seguramente reprendida por él puesto que no se acordaba de sus palabras sino de su expresión consternada de decepción y enojo. Ella no lo tomaba en cuenta sino que se limitaba a comérselo con los ojos deseando pasar de un contacto visual a uno más corporal. Lo veía moverse de un lado para el otro, contemplando cada uno de sus ademanes con ojos depredadores aguardando el momento adecuado para asechar a su presa y devorarla finalmente.
Sin embargo, el blondo no tardó en salir de la habitación, ocasión que ella aprovechó para desvestirse y prepararse para recibirlo totalmente dispuesta. Cuando Draco regresó vio cómo él se le quedaba mirando boquiabierto sin saber qué hacer o decir. Pero ella no quería darle tiempo a pensar así que caminó hasta él tambaleándose para sostenerse en los hombros de su marido y comenzar a besarlo como hacía tanto tiempo que deseaba hacer, aunque no fue hasta ese instante que sus inhibiciones le escasearon para poder alcanzar su cometido. No obstante, se vio siendo rechazada, resistida por el hombre que siempre le había insistido. Y finalmente lo recordó, aquel momento en que sus cinco sentidos se confabularon para exteriorizar lo que realmente sentía y aquello que su pecho pugnaba por exclamar. Le había confesado que lo amaba...
- ¡¡Dios mío!! Sí lo amo...- espetó inconscientemente al volver de su letargo.
- Me dejas mucho más tranquila, querida.- Hermione escuchó la voz de la señora Weasley pero no replicó, más bien se fijó en la mirada condescendiente y conocedora de Dumbledore, quién la observaba con sus característicos ojos bonachones y sabedores.
- Claro que amas a tu esposo, Hermione- declaró innecesariamente el director.- Yo diría que es tu deber acompañar a tu marido en este momento, ¿no crees?
- Ciertamente- acordó Molly con expresión compasionada.- Pobre niño, ningún hijo se merece una pena tan grande, pero siempre pasa al final.
- ¿De...de qué hablan?- inquirió la castaña aún aturdida por su reciente hallazgo.
- No has terminado de leer el periódico, ¿verdad?
- No, profesor. Solamente leí la primera plana porque me llamó la atención la foto de Draco y yo siendo acorralados.
- Claro...Igualmente creo que la editorial de El Profeta debería empezar a reevaluar sus prioridades a la hora de publicar noticias. Lamento la noticia, Hermione...- el director le devolvió a su alumna una mirada de suma compasión y congoja.- Hubo un accidente en Azkaban, parece ser que algunos Dementores se han extralimitado con sus castigos y han succionado en demasía la vida de algunos presidiarios causándoles la muerte definitiva, entre ellos Lucius.
Todos los allí presentes se quedaron de piedra a excepción de la señora Weasley que era la única en haber leído el diario completo. Harry y Ron compartieron miradas preocupadas con los ceños fruncidos mientras que las demás gryffindorianas trataban de tapar sus expresiones boquiabiertas con sus manos. La castaña, en cambio, se sentó nuevamente para encontrar un apoyo del que sus pies parecían carentes.
- ¿Draco sabe?- murmuró finalmente, con sus manos sosteniendo su pesadísima cabeza. El rostro de su marido era lo único que se le venía a la mente.
- Sí, yo mismo le di la noticia hace un rato cuando lo intercepté fuera de la Sala Común de su casa.- Hermione levantó su mirada del piso para centrarla en la cara avejentada del longevo con la intención de seguir preguntando pero éste se le adelantó contestando: - Lo vi dirigirse a la torre de Premios Anuales.
La chica se excusó inmediatamente y entre pensamientos atolondrados y desordenados corrió en dirección a las alcobas que compartía con el rubio. Su cabeza continuó trabajando durante su carrera, preguntándose qué decirle y cómo enfrentarlo después de haberle reconocido que le amaba. ¡Por Merlín! Lo había tratado de abusador esa misma mañana, luego de que él la había rechazado, pero un momento... ¿Por qué le había rechazado? ¿No habría cambiado de opinión con respecto a ella, no? ¿Y qué mierda estaba haciendo, pensando en algo tan estúpido como sus intrincadas cuestiones amorosas cuando su esposo seguramente estaba sufriendo por la muerte de su padre? ¿No tenía corazón o qué?
Hola pues volví... Emmm pues el capitulo pasado lo edite :) esk me comí una parte y pues lo arregle ^^
Emmm este Fic no es mio, le pertenece a *Ce, una muy buena escritora, como se daran cuenta, que me dio su permiso para publicarlo en aqui, y los personajes le pertenecen a J.K. Rowling y asi... :)
Feliz Navidad, Feliz Año y ya casi dia de Reyes :)
Se cuidan y pues intentare no tardar tanto en los demas capis, que porcierto si no me equivoco quedan dos :)
Se cuidan ^^ Besos y si dejan post, publicare mas rapido :)
Los post son vida para los fic´s
