Un placer ser tu esclava
"¡Eres un ser despreciable!"
By: *Ce
Eventualmente, llegó al retrato de su torre, pronunció la contraseña y entró a la Sala Común sin encontrarlo por ningún lado. Las puertas de ambos dormitorios permanecían abiertas dejando entrever su desolación. Contrariamente, la puerta del lavabo estaba cerrada por lo que caminó hasta ella decidida a dar con su marido de cualquier manera. Necesitaba saber si estaba bien y que él supiera que podía contar con ella. Tocó a la puerta. No hubo respuesta.
- ¡¡Draco!! ¿Estás bien? ¡Si estás ahí contéstame, por favor!- No hubo respuesta que rompiera con el silencio que le siguió a su demanda pero sí un sonido tenue que indicaba el movimiento de agua. Sabía que estaba allí, tenía que hablar con él, no podía dejarlo solo en ese momento. - ¡¡Abre, Draco!! O me veré forzada a abrir la puerta.
Nuevamente el silencio seguido por un sonido acuoso. Debía tomar una decisión. Quizás no fuera la más acertada pero necesitaba asegurarse de que estaba bien. Era conciente de lo mucho que su marido había apreciado a su padre en el pasado, sin importar lo que luego habría de suceder para que el rubio le tomara tanto rencor. Estaba segura de que estaría destrozado por el desenlace de los sucesos. ¿Sería capaz de cometer una locura? Aquel pensamiento la arrastró a decidirse. Por tanto, tomó su varita y murmuró "Alohomora". Resonó el eco del picaporte cediendo gracias al hechizo y sin perder más tiempo abrió la puerta de forma vertiginosa y acelerada. Y lo que vio la heló de pies a cabeza. Su corazón se encogió de una manera increíblemente asfixiante, dando la impresión que todo flujo de sangre había perdido razón de ser. La visión del cuerpo desnudo de Draco dado vuelta, flotando en la superficie de la tina, con su cara sumergida debajo del agua mientras sus nalgas sobresalían de ella desahuciadamente logró que algo en el interior de Hermione explotara y la desesperación de perder a su esposo terminantemente la hiciera reaccionar de forma inminente. Se precipitó dentro de la bañadera para girar al cuerpo que aparentaba estar sin vida, ahogado, inerte, muerto…
- ¡¡Por Dios, Draco!! ¿Qué hiciste, amor? ¡No me dejes!- la castaña se abrazó a su marido llorando desconsoladamente, miles de sentimientos aflorando por sus ojos ante la evidencia de su pérdida. Enterró su rostro en el cuello del blondo ineptamente, con la única noción de su llanto y sin percatarse de que el abrazo le estaba siendo tímidamente devuelto. Hasta que una risa la sobresaltó abstrayéndola a la realidad. Se separó sutilmente del fallecido cuerpo para enterarse de que ése tenía de fallecido lo mismo que tenía de feo. - ¿No estabas muerto?
- Al parecer no…- contestó él con su sonrisa maligna, entretenido por la escena. Aunque los pezones de su mujer transparentándose a través del leve beige de su remera por la acción del agua en la prenda lo hicieron desistir de mofarse del exabrupto de la castaña ahora empapada por una fracción de segundo.- Con que soy tu amor y no quieres que te deje, ¿no?
- Ah…- Sí, sin duda había perdido el título de la bruja más brillante de Hogwarts ese mismo día. No, no, el mismo día en que se había dejado manipular por el engendro de su esposo.- Ya sabes…a mi edad ser viuda no es un gran honor que digamos.
- ¡Ja! Podrías inventarte una excusa mejor, cariño. ¿Acaso no eras la bruja más brillante del colegio?
- Parece que no…- musitó para sí misma. Se limpió las lágrimas que se mezclaban con las gotas de agua y sin mirarlo a los ojos comenzó a ponerse de pie.- ¿Por qué no me contestabas?
- No quería hablar contigo. Bastante había oído de ti esta mañana.
- ¿Pero qué hacías en esa posición? Pensé que te estabas ahogando.
- Reflexiono mejor cuando sumerjo la cabeza por debajo del agua.
- Estás loco- comentó dándose vuelta.
- ¿Ya te vas? Pensé que después del pronunciamiento de tu amor por mí íbamos a consumarlo.
- ¡Cierra la boca! Yo no te he dicho que te amaba ni mucho menos.
- ¿Estás segura?- preguntó el blondo obviando totalmente el hecho de estar desnudo frente a la chica que hacía intentos desnaturalizados por no echar vistazos a la parte baja de su marido, quién continuaba cómodamente recostado sobre el respaldo de la tina, incluyendo piernas abiertas y todo lo que conlleva aquello en plena exposición.
- No…no…¡¡Tienes que taparte!!- exclamó la muchacha finalmente, en un desesperante intento por articular palabras ante tan grave tentación. Se giró para ya no verlo y caminó hasta la puerta de salida. – Te espero en mi cuarto, primero me mudaré de ropa y luego de que toques la puerta te dejaré entrar.
- No necesitarás la ropa a juzgar por tu propuesta.
- ¡¡No es ninguna propuesta!! Quiero hablar contigo pero no puedo hacerlo en estas condiciones.
- ¿No quieres tomar una ducha de agua helada primero?
La joven ya no pudo contestar, sólo bufó antes de cerrar la puerta tras de si dejando a un Draco sonriente. ¿Quién fue el idiota que dijo que las mujeres son impredecibles?
- Podrías haberte vestido.
- Estoy vestido.
- Difícilmente se puede considerar como prenda de vestir a una toalla tapando tus partes íntimas.
- En algunas civilizaciones de antaño las personas solían vestirse únicamente con taparrabo, cuya función era idéntica a la que tiene esta misma toalla.- aleccionó Draco apoyándose contra el marco de la puerta del dormitorio de su esposa.- Aunque…no eran solamente los hombres quienes se cubrían de esa manera, las mujeres también.- El rubio estiró su brazo y utilizando su dedo índice jugó con las solapas que formaban al escote de la remera de la castaña, hasta que ésta le prohibió el tacto deshaciéndose de aquella mano indiscreta con un golpe.
- ¡¿Qué haces?!- exclamó indignada una vez más con el comportamiento desubicado de su esposo.
- Todavía nada.
- Y seguirás sin hacer nada, ¿me oíste? Sólo hablar.
- Contigo siempre se trata de hablar.- comentó entornando los ojos.
- ¿Eso fue una recriminación?
- Nooo, para nada.
- Puedo distinguir tu sarcasmo, ¿sabes?
- Me alegro… ¿Querías hablar conmigo o no?
Hermione suspiró resignándose pues sabía que debía controlar su ofuscamiento ya que supuestamente esa charla tenía el objetivo de demostrarle al slytheriano que podía contar con ella en un momento tan difícil como aquel por el cual estaba pasando. Y además planeaba disculparse o al menos insinuarle su arrepentimiento por su arrebato de aquella mañana.
- Pasa y siéntate, por favor.
El joven acató sin chistar y avanzó hasta la cama de su mujer sin ser capaz de ocultar la mueca de asco que se apoderó de su rostro al contemplar aquel lugar teñido en los colores que sus años de rivalidad escolar le enseñaron a detestar.
- Me revuelve el estómago ver tanto rojo y dorado.- dijo tomando asiento en el borde del catre.
- No lo veas si no quieres.
- Es imposible no hacerlo, todo en esta habitación es rojo o dorado.
- Todo en tu habitación es verde o plateado.- rebatió la castaña sin lograr contener su acrecentado fastidio. La arrogancia y petulancia del blondo la volvían loca, lástima que fuera tanto para mal como para bien.
- No puedes comparar, esa combinación es de buen gusto, pero ésta…
- ¡Ya! No sigamos discutiendo sandeces. Creo que deberíamos comenzar a comportarnos como gente adulta y…
- Concuerdo.
- …conversar civilizadamente… Espera…- se cortó Hermione habiendo reparado en la anterior interrupción de su esposo.- ¿Acaso escuché mal? ¿Dijiste que estabas de acuerdo conmigo?- inquirió claramente azorada.
- Aja.
- ¡Esto sí que es una novedad!- exclamó sinceramente sorprendida.- Bueno...- La castaña caminó hasta su cama y se sentó sobre el borde de un lateral de modo que hubiera una distancia considerable separándola de su esposo, quién continuó sentado en la misma posición mirando hacia la puerta de entrada. - ¿Quisieras desahogarte de alguna manera?
- De muchas...Aunque no creo que ninguna de ellas esté en tus planes por más que los dos sepamos que serán de tu agrado.
- ¡¡Que eres porfiado, maldita sea!!- vociferó la castaña perdiendo los estribos de tal manera que tuvo que sostenerse los lados de su cabeza para ocupar sus manos en una tarea que no sea apalear a su obstinado marido. Sin embargo, no logró descargar su cólera sino que sólo consiguió desajustar el cabello que llevaba recogido en una colita de caballo ocasionando que sus rebeldes bucles cayeran revoltosamente. No entendía cómo él podía actuar tan capullo cuando le acababan de dar una noticia tan aplastante como el fallecimiento de su propio padre. Inhaló profundamente para tranquilizarse y poder controlarse. – Realmente quisiera que confiaras en mí, ¿sabes?
- ¿Por qué?- inquirió Draco girando sobre su hombro para ver a su mujer directamente a los ojos. No pudo evitar admirar la inusual y excepcional belleza que aquellos enmarañados mechones de pelo le otorgaban a su puerquita.
- ¿Cómo que por qué?
- Sí... ¿Por qué te gustaría que un violador como yo confíe en vos?
- ¡Ah! Eso, claro... Emmm... Mira, con respecto a eso creo que te debo una disculpa.- comenzó mientras bajaba la mirada apesadumbrada. – Sé que me precipité demasiado a la hora de juzgarte, pero trata de entender que desperté en un estado comprometedor.
- Podrías haber confiado un poco más en mí, ¿no crees?
- Siento decírtelo, pero tú no me has dado muchas pruebas de ser un tipo tan confiable que digamos.
- Entonces dices que no te fías de mí y aún así me pides que confíe en ti... ¿Con qué derecho?
- No, primero quisiera que me perdonaras.- solicitó devolviéndole la mirada al joven.
- Es increíble la forma que tienes para convertir todas tus disculpas en orgullosas justificaciones.
- ¿Me estás llamando orgullosa?
- Sí- afirmó tajantemente.
Ella suspiró como respuesta y después de reflexionar durante unos segundos tuvo que darle la razón.
- Ok, soy orgullosa, lo admito. ¿Me perdonas?
El blondo contempló a su esposa por algunos momentos mientras ella esperaba ansiosa la absolución final. Aunque la verdad era que Draco no la miraba fijamente por estar considerando la posibilidad de perdonarla o no, sino que era incapaz de desprender su vista embobada de los pedigüeños ojos marrones. Es que su mujer se veía sumamente hermosa con aquella expresión entre puchero y signo de interrogación. Luego de unos segundos interminables, Hermione carraspeó algo incómoda al sentirse tan intensamente observada y recién ahí el rubio pudo reaccionar. Se removió embarazosamente en su asiento y asintió con la cabeza rápidamente, concediendo su indulto para después voltearse todavía más fugazmente siendo conciente de que sus mejillas blanquecinas habían cobrado un rubor que jamás exponían. Fue en ese instante cuando supo que se estaba hundiendo en un torbellino de sentimientos que él había creído ajenos a su persona por mucho tiempo. No obstante, una nueva pregunta emergió de su oscura laguna mental... ¿Desearía consentir semejante hundimiento?
- Draco...- Hermione estiró su brazo para tocar el hombro de su marido delicadamente. – Quiero que sepas que puedes contar conmigo. Quiero que comprendas que si realmente sientes la necesidad de contarme algo, lo que sea, yo te escucharé porque si bien aún existen muchas diferencias entre nosotros creo que nos hemos acercado un poco más en este último tiempo, ¿no?
- ¿Te estás poniendo sentimental?- contestó él en tono socarrón. En realidad estaba un poco conmocionado por la ternura y el apoyo que le estaba mostrando la castaña, pero tampoco podía ponerse en evidencia.
- Quería que lo supieras nomás.
- Gracias.
- De nada.
A aquello le siguió un silencio enredoso e incómodo puesto que se habían pronunciado frases, palabras, y compartido gestos que eran totalmente nuevos para ambos. Si a alguno de los dos le hubieran dicho hace dos meses atrás que justamente él y ella intercambiarían alguna vez palabras de indulgencia y agradecimiento y, más aún, siendo éstas aceptadas y correspondidas por el otro, habrían pensado que el informante estaba rematadamente loco. El mutismo se perpetuó por unos segundos hasta que la incomodidad saturó al slytheriano, quién comenzó a hablar con la única meta de romper con ese ambiente tan cargado con tan variado repertorio de sensaciones que conseguían erizarle todos los pelos de la nuca.
- No siento la muerte de mi padre, aunque me hubiera gustado que pasara más años sufriendo las torturas de los Dementores.
- Pero ¿por qué? ¿Qué pudo haber pasado para que sintieras tanto odio hacia tu propio padre?
- El asesinato de mi madre. Eso pasó.
Hermione intentó ahogar la exclamación que había estado a punto de escapar de su boca pues no quería incomodar a Draco con tontos jadeos de niñas que no saben nada de la vida. La guerra le había enseñado que las cosas no suelen terminar como uno deseara, que suelen existir contratiempos y adversidades inevitables en un mundo en que muchos se esfuerzan por sobrevivir procurando colmar sus vidas solamente de éxito y poder sin importarles el triunfar a costa de la desgracia ajena. Voldemort había sido prueba de ello, pues ella sabía que esas mortíferas batallas no se habían debido principalmente a disputas sobre la pureza de la sangre sino a la creación de una ideología que pudiera ser lo suficientemente respaldada como para congregar a un número óptimo de partidarios que le ayudaran a aquel desquiciado mago tenebroso adquirir poderío y gobernar según su antojo. La gryffindoriana no se permitía asombrarse de nada después de haber vivido una guerra como la que había vivido y de todas maneras seguía haciéndolo. Aunque luego pensó que tal vez no sería tan trágico ser incapaz de perder esa capacidad de asombro... Finalmente, la voz de su marido la abstrajo de sus vacilaciones.
- Ya todo el mundo sabe que mi padre fue un importante adepto del maldito ese pero nadie sabe lo mucho que me hostigaba para que yo me comprometiera con su amo de la misma forma que él lo hacía. No te voy a negar que al principio yo no quisiera unírmeles en lo que ellos llamaban la purificación de la Comunidad Maga, en especial porque yo crecí nutriéndome con el precepto de que ciertas cosas como la incorporación de los magos de proveniencia muggle a la Comunidad eran un completo repudio para las familias brujas como nosotros, con descendientes hechiceros desde centenares de generaciones atrás. Presión paterna y todo, yo dudaba de mi alistamiento como mortífago. Sentía miedo, siempre que escuchaba a mi padre hablar acerca de los planes de su señor y acompañantes me aterrorizaba. Nunca fui idiota, sabía que la matanza de unos pocos brujos hijos de muggles...- Hermione sonrió instintivamente al notar que su marido no había utilizado el término de "Sangre Sucias" para referirse a los de su origen.- ...también significaría la muerte de tantos otros magos que quizás no tenían nada que ver con los prejuicios de mi padre. Y a decir verdad, yo no les veía tanto problema a ustedes, tampoco me parecía algo tan relevante como para hacer semejante lío. Aunque siempre te observé, ¿sabes?- La castaña tragó saliva frente aquella alusión sobre ella pero no respondió. Igualmente, él no le dio tiempo a contestar sino que continuó hablando sin dejar de mirar hacia la puerta. Le resultaba mucho más fácil confesarse de esa manera, sin verla a los ojos, ya que así no sentía la compresión de su estómago. – A pesar de ser de origen muggle siempre te destacaste entre los magos de sangre pura, incluso más que cualquiera de nosotros. Todavía siento un poco de celos por eso, no te miento. Como sea, yo no comprendía, viéndote a vos no le encontraba razón a la cantidad de sandeces que mi padre me decía acerca de ustedes y aquello me daba más rabia, pero contra vos más que contra ningún otro. No soportaba que seres que supuestamente eran inferiores a mí según las enseñanzas de mi padre me superaran en todo estilo de magia. No lo soportaba y aún me cuesta hacerlo...
- Draco...
- Sin embargo, que tú lo hicieras, que tú me despuntaras era mucho peor. No me preguntes por qué pero era como una doble patada en el trasero o triple... No lo concebía y admito que por ello te hice pasar peores momentos que a ningún otro. Lo siento.
Hermione abrió los ojos como plato. ¿Realmente estaba ocurriendo todo eso? Lo que había comenzado como un intencional deshago por parte de Draco había terminado en una confesión mucho mayor.
- Está bien.- dijo ella sin aliento.
- Gracias.
- De nada.
- Y bueno...yo te tenía rencor, sí, pero estaba lejos de darle la razón a mi padre. Cuando empezó a presionarme más intensamente para unirme a las huestes de Voldemort quise negarme pero siempre que lo hacía me ganaba un bofetón que si no hubiera sido por las pociones curadoras de mi madre habría tenido la cara marcada por semanas.- Hermione sintió que se le comprimía el pecho al oír el maltrato que había sufrido Draco por parte del padre, quiso decir algo pero era muy difícil hacer un comentario que no sonara insubstancial en ese momento y optó por el silencio aunque acercándose al rubio por detrás para apoyar sus manos en los hombros desnudos de él. Algún tipo de consuelo quería trasmitirle. El joven agradeció internamente el calor que le suscitaron las manos de su esposa antes de seguir relatando. – Mi madre nunca habló del tema, se limitaba a darle la razón a mi padre con un simple gesto afirmativo de cabeza. Nunca tuvo un voto ni una opinión valedera al lado de mi padre. Jamás los oí pelear acaloradamente, pero de vez en cuando descubría en los antebrazos de mi madre marcas o moretones que me indicaban qué tipo de bienvenida tenían sus verdaderas opiniones. – La castaña comenzó a masajear inconscientemente los hombros de su marido, intentando disgregar un poco de aquella tensión que le notó almacenar en su cuerpo. – Eso se siente bien...- comentó más distendido.- Bueno...mejor lo resumo un poco. No los escuché reñir hasta que la fecha de mi iniciación se hizo ineludible, vi cómo le pegaba incluso con más fiereza que a mí. Entonces no pude reaccionar, el miedo me paralizó y ni siquiera pude plantarme en frente suyo y defenderla. Y no obstante, todavía no era conciente de lo mucho que odiaba a mi padre...Me culpé por la golpiza que él le propinó a mi madre y decidí evitar que aquello se repitiera de cualquier modo, así que accedí a convertirme en un mortío.- Los masajes de la muchacha se hicieron más tangibles, más minuciosos e incluso pasó de lisonjear sus hombros a ocuparse de la parte superior de la fornida espalda de su esposo, quién suspiró aliviado antes de proseguir.- Cuando llegó la noche me llevaron ante Voldemort, sólo él podía marcarme de por vida con la insignia de ese grupo de dementes. Las iniciaciones eran una especie de celebración por lo cual todos los mortíos y esposas asistían, mi madre tampoco faltó. En fin… ella no quería que yo siendo tan joven me vinculara con ellos, decía que no estaba preparado, que apenas era un niño, que era una locura permitirme participar en tan peligrosa asociación. Y en el último instante, cuando yo temblaba con los ojos cerrados mientras mi padre me ordenaba que mantuviera el brazo quieto para que el maldito de Voldemort pudiera marcarme eficazmente, mi madre se interpuso y evitó que el hechizo me golpeara. La maldición obviamente no la mató pero si la tumbó al suelo turbándola un poco, yo quise ayudarla pero el hijo de puta de mi padre me petrificó. Vi que mamá se levantaba con dificultad, retorciéndose lastimosamente ante la vista fulminante de su amo quién luego de cruzar unas cuantas palabras con mi padre no titubeó en lanzarle un Crucius, seguido por otro, otro y otro. – En ese segundo, Hermione dejó de consolarlo por medio de sus masajes para abrazarlo estrechamente, pegándose a su espalda con fuerza, sin entender cómo era posible que Draco hablara con tanta entereza contando todo eso mientras que a ella el nudo de su garganta a penas la dejaba respirar. El blondo por su parte ni se percató de aquel íntimo contacto. Ya se había enfrascado en un viaje al pasado con duros recuerdos que lo empujaban a seguir reviviendo toda su historia hasta al final, sin importar si alguien lo escuchaba o no. Eran solamente él y sus remembranzas.- Me enfurecí y, sin varita ni nada, rompí el hechizo que mi padre me había lanzado, quise salvarla pero antes de llegar a ella Voldemort le había golpeado con la maldición asesina. Y todo lo demás se sucedió en una seguidilla de eventos indistinguibles, sólo puedo recordarme sentado en el despacho de Dumbledore, no tan herido pero sí destrozado y fugitivo, frente al peor enemigo de mi padre y amo, pidiéndole refugio. Creo que ese viejo loco ha sido el único ser humano aparte de mi madre que me ha visto llorar.
Ya no había que decir, sentía que lo había drenado todo y la sensación de alivio era indescriptible. Se había jurado a él mismo que jamás compartiría su historia con nadie, más que nada porque le era sumamente doloroso revivir todo aquello. Sin embargo, no se sentía mal. Sí, sentía melancolía y añoranza por su madre. Y aún le perduraba la sensación de su sangre hirviendo cada vez que nombraba a Voldemort o a su padre, pero el consuelo o la liviandad que experimentaba luego de desvelar su pasado era tan grande que apañaba cualquier emoción de desasosiego. Cuando se lo había confesado a Dumbledore había sido diferente, la furia, la ira y el ansia de venganza recubrían cualquier otro sentimiento. En cambio ahora sólo pudo tener una sensación paliativa que le quitaba un peso enorme a su cuerpo y a su alma inclusive...
- ¿Cómo te sientes?- preguntó Hermione cruzando sus brazos por los pectorales de su marido, pegándose aún más al revés de éste.
- Extrañamente mejor. Gracias.
- Me alegra que me hayas contado esto, de verdad. Y realmente siento todo por lo que has pasado.
- Está bien, ahora mi padre está muerto, ya no hay más sobras del pasado.
- Siempre las habrá...- comentó ella honestamente.
- Lo sé, pero no sabes el alivio que es haberlo contado. Aunque algo me dice que es más aliviante el habértelo contado a vos.
- Mejor así…
- ¿Y por qué es esto mejor?
Ella no replicó, más bien reflexionó.
- ¿Y por qué nadie sabía de la muerte de tu madre? ¿Cómo es que no salió publicada en los diarios?
- Porque Dumbledore creyó que si lo dejábamos en secreto sería mejor para mi protección. Durante el resto de las vacaciones me refugié en Hogwarts y el viejote pensó que con la persecución de los mortíos ya era suficiente y que me perjudicaría aún más tener la vigilancia de la prensa, así que él se encargó de todo. Todavía me pregunto cómo lo sabe el escarabajo de Rita Skeeter.
- No comprendo cómo hace para enterarse de todo, es una animaga pero eso no lo explica completamente. – Hubo otro mutismo en el que los cónyuges consideraron las diferentes posibilidades acerca del tema por sí solos hasta que Hermione fue la primera en rendirse y suspirar resignada.- Da igual… Yo sigo contenta porque hayas confiado en mí. Entonces… ¿cómo te sientes con respecto a la muerte de tu padre?
- ¿Eufórico?- tanteó él en tono bromista.
- Siempre igual tú.- apreció la castaña besando el hombro derecho de su esposo para luego apoyar su mejilla en la espalda masculina. Un instante después se dio cuenta de que ya se estaba extralimitando con los mimos que le regalaba al slytheriano pero no le importó.
Por otra parte, el rubio volvió a percatarse, con muchísima satisfacción, de todos y cada uno de los más ínfimos masajes de su mujer.
- Hermione, si sigues besándome y tratándome de esta forma creo que tendré que tomar medidas más vengativas, así como devolverte los gestos…
La aludida sonrió descaradamente sintiéndose muy segura de sí misma y siendo protegida por la clandestinidad que le otorgaba su posición trasera dudó unos milisegundos pero inmediatamente volvió a cellar la piel suave del revés de su esposo con sus labios anhelantes y su mente decidida…
Sin premeditarlo siquiera la labor de su lengua se prolongó con la única ambición de saborear su piel el mayor tiempo posible, así pues lamió concienzudamente el tramo que separaba el hombro de la oreja izquierda de su marido.
Al sentir esa respuesta, los párpados de Draco se dispararon manifestando asombro en su rostro, expresión que rápidamente fue reemplazada por una más maliciosa y atenta. Pensó en hablar, probablemente hacer algún comentario para enfatizar la sumisión de su esposa, aunque ésta fue más rápida.
Hermione se adelantó a cualquier posible reacción de su marido sosteniéndose de los hombros del rubio para girar su posición y colocarse sobre su regazo con cada pierna rodeando sus caderas al tiempo que aprovechaba sus ahora enfrentados ojos para mirarlo directa e intensamente.
- Quiero que se vengue con cada parte de mi cuerpo, señor.- Entrelazó sus brazos por detrás del cuello blanquecino reconociendo en los ojos grises aquel brillo depredador que siempre esparcía temblores por su cuerpo ocasionando que cada zona erógena de su cuerpo vibrara excitantemente de anticipación.
Draco no se tomó su tiempo para darle un segundo pensamiento a la situación, había ansiado tanto ese momento que no dejaría que ninguno de los dos pudiera retractarse. Y es más, no dejaría que después de esa noche la castaña se le volviera a escapar, pues pensaba convencerla lo mejor posible de que no había nada mejor que ellos dos juntos. Alcanzó la nuca de su esposa y se abalanzó a sus labios apasionadamente luego de haberlos contemplado con el mayor de los deseos. Sus manos se perdieron en la maraña de cabello de la joven mientras que se esforzaba para no dejar ninguna distancia mínima entre sus cuerpos, habiéndola presionado más fuertemente contra su pelvis. Pronto, sintió el gemido de Hermione ahogándose en medio de la riña de sus lenguas. Se separó repentinamente, con su mano todavía tomando firmemente la parte trasera del cuello de su mujer. Los ojos grises se clavaron en los marrones, aún más confiados cuando recalcaron en las mejillas sonrojadas de la muchacha y su boca hinchada gracias al frenesí del beso.
- ¿Estás segura que no te vas a arrepentir más tarde?- inquirió con su último vestigio de razón pero sin apartarse un milímetro más de lo necesario para poder hablar.
- Probablemente sí, ¿quién sabe?- replicó ella logrando que el ceño del blondo se frunciera. Ahora tenía una sola tarea que planeaba finalizar por tanto volvió a buscar la boca de su esposo a medida que sus manos manipulaban el nudo de la toalla que lo cubría para deshacerse de ella, consiguiendo que él jadiara de excitación. Luego buscó la erección del rubio para estimularlo con la avidez característica del famélico que necesita saciar su hambre desesperadamente.
- Espera…- jadeó Draco interrumpiendo el beso y tomando la mano de la castaña para detener su accionar.- Vamos despacio, quiero hacerlo muy lento…
- No, por favor…- rogó Hermione valiéndose del poco aliento que conservaba.- Esperé demasiado tiempo por este momento.
El joven envés de replicar volvió a besar a su mujer antes de servirse de las nalgas de ésta para aferrarla más firmemente a su cuerpo desnudo y ponerse de pie con ella a cuestas. Hermione se sujetó fervientemente del cuello de su marido mientras éste caminaba para suavemente depositarla de espaladas sobre el colchón.
- Te aseguro que no lo has esperando tanto como yo - rebatió el blondo antes de descender sobre el cuerpo de su esposa para despojarla de los jeans que vestía en el mismo tiempo que ella aprovechó para quitarse apresuradamente la remera y el corpiño. – Lento, amor…Dije que haríamos esto lentamente.
- ¡No quiero esperar más!
- Si no quieres puedo parar- tanteó él disfrutando de la actitud caprichosa que adoptaba la castaña.
- ¡¡No, por favor, no te detengas!!
Draco sonrío satisfecho frente a la arrebatada súplica de su mujer.
- Entonces tendrás que ser paciente. – sentenció aprisionando con una de sus manos los dos brazos de la chica sobre su cabeza y contra la almohada. Se acostó arriba de su cuerpo ocupándose de dejar unos centímetros de separación corporal para poder observarla mejor.
- ¡Eres un ser despreciable!
- Yo creo que tú me aprecias lo suficiente…- comentó sonriente acariciando con un dedo el vientre de su mujer desde su bajo abdomen hasta su boca, admirando el jadeo ahogado que se petrificó en la expresión tiesa de la castaña hasta al segundo de su liberación cuando ésta lamió la yema de aquel dedo lisonjeador. - ¿Ves lo que digo?- Y sin esperar respuesta volvió a fundirlos en otro beso apasionado que interrumpió con la sola idea de esparcir más besos por otras partes de su cuerpo, deslizando sus labios por el cuello cetrino, por los hombros que forcejeaban vanamente para obtener su autonomía y así poder acariciarlo a su antojo, por los senos hinchados de excitación y por el estómago que se erguía y se caía en cada vehemente respiro con los que Hermione pugnaba por absorber el aire que se empeñaba en abandonarla.
- Draco, por favor…- volvió a implorar.
- Todavía no, todavía falta…- Y dicho lo cual, liberó los brazos de su esposa para tomar sus piernas a cambio y apartarlas enterrando su cabeza entre ellas.
Una maldición escapó de los labios de la castaña cuando sintió al extasiante cosquilleo que le provocó la lengua de su marido en su punto más sensible, siendo luego acompañada por muchas otras blasfemias cuando los dedos de Draco se sumaron a la acción de su boca viéndose éste incitado aún más con cada una de ellas.
- ¿Qué hiciste hoy, Hermione?- inquirió el chico de repente. Pregunta que la muchacha no captó en medio del frenesí que la consumía, por lo cual el rubio tuvo que repetirla.
- ¡Nada!- gritó inútilmente, sólo podía pensar en la nada…realmente.
- Dime que hiciste hoy o no sigo.
- ¡No quiero jugar, Draco!
- Entonces no sigo…- amenazó el chico deteniendo sus lisonjeos para mirar a su esposa por encima de su cadera enarcando una ceja.
- No, no, sigue por favor…yo te cuento…yo te cuento.- Draco sonrió orgulloso de sí mismo antes de desaparecer nuevamente entre las piernas de la agasajada, quién sostuvo firme la cabeza del rubio intentando que él no se escapara de allí para después comenzar a relatar como le había prometido, pero lo hizo con dificultad ya que estaba siendo gloriosamente distraída por el placer que le infundía el increíble talento de su marido. – Amanecí…Dios mío…adolorida y rezongona como ya sabemos…¡Ay! Sin morder, ¿quieres?
- Disculpa, me dejé llevar por tus palabras.- se excusó el joven antes de proseguir con su quehacer. Por su parte, Hermione entornó los ojos resignadamente y también se dispuso a proseguir bajo el mismo y renovado goce.
- Bajé a desayunar…Ginny y Harry se daban de comer mutuamente…Merlín…y…apareció Ron…Parvati y Lavander también…hablaron y recordé la fiesta de anoche…Dios, Dios…mi borrachera…a ti salvándome de mi papelón público…después apareció la señora Weasley…preocupada por una noticia acerca de nuestro casamiento…¡Mierda!...Ahí, ahí…y…y…me preguntó si en realidad te amaba y yo al principio…no supe que decir…y…- Algo le decía que no debía continuar hablando, algún vestigio de conciencia que permanecía en sus adentros le indicaba que ya era hora de callarse, que estaba yendo demasiado lejos con la narración…Sin embargo, Draco ya había disminuido la intensidad de sus lamidas y caricias para concentrarse muy interesado en el relato de su mujer, pero al ver que ésta se había estancado…
- Vamos, Hermione, ¿qué le respondiste a la señora Weasley?- indagó agregando otro dedo a su penetración.
- Por Dios…¡Nada!
- No mientas…- y con una sagaz e impetuosa succión más de su centro, el rubio consiguió sonsacarle una respuesta al fin.
- ¡¡Que sí!! Le dije que sí te amo…
- ¿Y lo haces?- inquirió maravillado mientras ascendía hasta el cuello de su esposa para morderlo y besarlo vorazmente. A su vez, Hermione ya no pudo resistir los ardientes e involuntarios espasmos de los que era víctima su cuerpo ni el placer frenético de los roces enloquecedores de su marido, hasta tal punto que terminó sumiéndose en el más glorioso estado de inconciencia al mismo tiempo que un traicionero y afirmativo grito la delataba irremediablemente delante de Draco, o más bien…debajo de él.
Hermione lo ama!! XD Muajaha ^^, que formas de Draco de saber la verdad :D Este es le penultimo capitulo :´) Espero muchos review para subir el ultimo, dependiendo de los rr es cuando lo subire :)
uchas gracias por los review, el nombre del capi se debe a dos razones, Hermione lo dice a Draco por no hacerlo rapido, y ademas por Lucius que es un ser despreciable... u_u
