Capítulo 7 : Limitaciones

Tras recuperarse de la cantidad de información que, aunque por un lado no era del todo nueva para Wilson no podía dejar de sentirse sobrepasado por lo que suponía la confirmación a tantas sospechas, salió rumbo a las consultas algo apresurado pues llevaba casi media hora de retraso.

Intentaba concentrarse pero su mente volvía una y otra vez a darle vueltas al asunto. Él mismo se había sorprendido metido de lleno en las charlas de corrillo entre las enfermeras y defendiendo que, lo que a estos dos les convenía, era un buen revolcón y dejarse de tanto parloteo inútil. Pero de ahí a enfrentarse con la realidad de que al fin habían pasado la frontera, había un mundo… ¿Dónde había estado metido que no se había percatado del crujir de los cimientos de la gran muralla china?

Así que ¿ya termino la reunión? - La voz de Cuddy le sobresaltó. Casi sin darse cuenta había llegado al puesto de enfermeras. Tenía un expediente entre las manos y aunque su cerebro parecía recordar algo de información que se encontraba escrita en el papel, él no podía recordarse a si mismo leyéndolo.

¿Reunión? ¿Qué reunión? - titubeó el oncólogo.

Es mi hospital, y nadie puede rascarse la oreja sin que yo me entere Wilson- le dijo en tono sermonearte- Vale que House se pierda cada vez que tocan consultas, es un caso perdido, lo único que le pido es que no arrastre consigo al resto de doctores- decía mientras firmaba unos papeles en el mostrador frente a la atenta mirada de la enfermera Brenda.- ¿es mucho pedir? - volvió a mirarle.

No, supongo que no, per…

Nada de peros Wilson. No dejes que te arrastre, se supone que tú eres quien debe influenciarle, y no al revés.- terminó de decir poniendo camino a su despacho. Wilson no pudo evitar mirarla mientras se alejaba, en su cabeza aun resonaba la loca teoría de House.

¿Cuddy embarazada? - Dijo sin percatarse en voz alta. Sus dotes deductivas nunca serian tan buenas como las de su amigo. Como podría asegurar que Cuddy estaba embarazada, escapaba totalmente a su comprensión. Los sentimientos eran lo suyo, contactaba con la gente, eso se le daba bien. Ser el hombro para llorar era su punto fuerte. El ultimo bote en el Titanic, esa sería la definición que aparecería al lado de James Wilson en el diccionario Webber. Pero, ni aunque su vida dependiera de ello, podría jamás leer tan alto y claro en las personas como House parecía poder hacer con total facilidad. ¿Quizás esa sonrisa? ¿Quizás el tono cariñoso con el que se dirigió anteriormente a él? ¿O esa forma de sonreír a los desconocidos?, quizás eso la delataba, pero él no podía ver más allá. House era el experto, tendría que confiar en él si tan convencido estaba.- Cuddy embarazada - volvió a repetir creyendo que sus palabras no captarían la atención de nadie. Con una sonrisa a la enfermera Brenda puso camino a la consulta número 2, dejando a la mujer con ojos como platos, incrédula ante lo que había escuchado. Ya tenía conversación para el café de la tarde, pensó la enfermera ansiosa porque llegara el momento de soltar la bomba en el cuarto de enfermeras.

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- Puede que yo no sea tan buen analista como tú- dijo sobresaltando a House que entraba mirando un informe que llevaba en la mano.

- Wow, es verdad, acojona un rato.- dijo refiriéndose a la sorpresa de encontrarse a Wilson en su despacho. El oncólogo se levanto del diván y siguió a House hasta su escritorio.

- Pero sí que sería capaz de captar que tú y Cuddy estáis manteniendo una relación.- House le miraba condescendiente.

- ¿Y quién te ha dicho que mantenemos una relación?

- P…- de nuevo, las teorías de Wilson se cayeron una tras otra como fichas de dominó.

- Si me dejaras contar la historia sin interrupciones, ya habríamos llegado a ese punto- le sermoneó.

Wilson le miraba atento, ya daba igual si era verdad o mentira, pero nadie contaba historias como House.

- Esa misma mañana…- comenzó a relatar.

El fluorescente del baño parpadeó dejándole ciego. No es que fuera aun de noche, pero las persianas cerradas a cal y canto para no dejar paso al sol, le obligaban a encender las luces. Cansado y entre flashes de colores se acercó al espejo para realizar el chequeo de costumbre. Globo ocular blanco, pupilas normales… todo como siempre. Cada vez más claros en su cabeza…si, desgraciadamente, como siempre. Pensativo, se pasó la mano acariciando su mentón, lentamente. Pensó un momento. Abrió la puerta del espejo haciendo un ruido seco que tambaleo todo el espejo. Estudió por un momento el interior, pasta de dientes, jabón…curioso, pero en el único lugar en el que sería lógico encontrar un bote de vicodinas, no había rastro de ellas. Ni siquiera una pastilla perdida. Cogió lo que estaba buscando y volvió a cerrar el espejo, haciendo de nuevo que el espejo temblara en la pared. En una mano, un bote de gel de afeitar, que por lo que se podía leer en él, era la panacea de los geles…En la otra, una cuchilla que casi lanza un grito de júbilo ante la posibilidad de perder su inmaculada virginidad. Miro ambos artilugios como si se tratase de unos cacharos traídos a la tierra por marcianos. En el caso de que él creyese en marcianos, claro…

- Es como ver el primer homínido que descubrió el fuego.- House se volvió al escuchar su voz. Apoyada en el marco de la puerta, liada en la sabana que supuestamente debería cubrirle por completo y ella se había encargado que no le estorbara mas allá de las rodillas, le hablaba una Lisa Cuddy sonriente.

Asegurándose el agarre de la sabana a la altura del pecho, se dirigió hacia House, tomando la maquinilla y el bote de gel en sus manos. Separando un poco a House, se colocó entre él y el lavabo para, tras dar un pequeño salto, sentarse sobre el frio mármol.

- Con Stacy, te planchaste la camisa- decía mientras le acariciaba el mentón extendiéndole el gel- y conmigo te afeitas- susurraba en un tono grave que tan solo el trasnochar te puede dar. Subió sus manos hasta las sienes de House donde comenzó a masajearle con sus dedos. Él se dejaba llevar por esta vez, cerrando los ojos y disfrutando del tacto de las suaves yemas de sus dedos. Como quien despierta de una pesadilla, volvió a abrir los ojos cuando dejo de sentir el juego de sus manos. Frente a él, Cuddy estudiaba la cuchilla, jugueteando con ella entre sus dedos. Le miró y ladeo la cabeza no muy convencida. Las piernas se ataron a su cintura, atrayéndole, no sin dificultad para el pobre cojo, como él le gusta definirse en ocasiones, más hacia ella, haciendo que diera unos pasos hasta quedar a apenas unos centímetros el uno del otro. – Por el aspecto de tu guarda ropa y de tu barba…no se puede decir que marques muchos tantos, ¿no?- preguntó coqueta jugueteando con la cinturilla del pantalón del pijama de House. Este no tardó en reaccionar. La mente del nefrólogo, tan rápida como siempre, tenia lista un respuesta a la altura de la circunstancias. Pero Cuddy no quería arriesgarse a perder esta ventaja virtual, así que le beso para callarle y él no hizo el mas mínimo ademan de quejarse.

- AUNGGGG- se quejó Cuddy con cara de asco. Había conseguido callarle, sí, eso era cierto, pero lo que su plan maestro no había previsto es que el gel de afeitado no sabía tan bien como olía.

Rápidamente intentó quitarse la espuma dándose manotazos en la lengua, pero el sabor no se iba, así que dando otro salto, bajo del lavabo y puso camino a la cocina.

- ¡Te está bien empleado por meterte con la vida sexual de un pobre cojito!- le grito House asomándose al a puerta del baño.

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House no tardó mucho en salir del baño, recién duchadito pero con la barba incipiente de siempre.

- No sé si sentirme ofendida – le dijo Cuddy con fingido dramatismo- ¿no te has afeitado?- House se paró a la entrada del salón tocándose el mentón.

- Sí que lo he hecho, pero soy como Homer Simpson, segundos después de afeitarme, me vuelve a crecer.- se sentó a la mesa de la cocina mientras Cuddy seguía en el sofá del salón.

- ¿Y el desayuno?- gritó mirando a su alrededor.

- Ya sé que crees que soy una bruja, pero mis poderes no abarcan milagros tipo crear comida de la nada.- sonreía maléficamente.

- Creí que las mujeres veníais con equipadas con un gen Balncanieves que os hacia las perfectas amas de casa- dijo saliendo de la cocina.

- Ya ves- dijo relajada mientras House volvía a la cocina a buscar algo que comer en la nevera.

- ¡Eh¡- gritó desde la cocina- ¿Quién se ha comido el último Baggel?- Lisa sonrió.

- Culpable- le contestó una vez a su lado.

- ¿Y no has ido por más? ¿te comes toda mi comida y no tienes la decencia de ir por más? Tú no tienes el gen de la maruja de balncanieves, tú tienes el de la jodida tragona de ricitos de oro.

- Si no te has dado cuente, mi atuendo no es el indicado para ir a la calle- Lisa aun llevaba puesta la sabana.

- Eso no te paró anoche para ir por los preservativos- le dijo con una sonrisa.

- Ya, y si no hubiera habido nada de comer también habría ido, pero resulta que me encontré un baggel…- dijo sonriente volviendo al sofá.

- Está bien, pues esto va a desencadenar que hablemos de cosas más serias- Cuddy hizo una mueca y él se sentó frente a ella.- ¿Cuánto te vas a quedar? ¿ha sido una noche que se ha alargado a una mañana? ¿O es algo más…?

- No sé como tomármelo…o es malo, porque ya me quieres echar, o es aun peor porque te quieres casar conmigo.

- Ni una ni otra, es solo que tengo que hacer la compra y para evitar que muramos de inanición, he de saber si comprar para dos o para uno.

- Que romántico- se mofó ella.

- Así soy yo…- respondió con una mueca y la mano en el corazón.- Vale- dijo tras ver que Cuddy no respondía- primero vamos a desayunar algo.- dijo poniendo camino a la puerta.

- Ejem- tosió ella para llamar la atención de House. Esté se volvió y vio como Cuddy se señalaba la sabana.- no sé si me dejaran ir muy lejos con esto…

- ¿Quieres que te deje algo?- pregunto perdido.

- No, con que vayas a mi maletero y me traigas la bolsa de deportes me vale. - House asintió e hizo lo que Cuddy le pidió y tras vestirse salieron a la calle.

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Cafetería

- Me da igual que me mires fijamente con esos ojos de famélica. Te comiste el último baggel y no pienso compartir.- dijo con energía mojando el donut en café y comiéndose tres cuartos del bollo en un solo bocado.

- No, gracias- rechazó el ofrecimiento con una mueca de desagrado al ver como engullía el bocado y el café rebosaba su boca creando pequeños ríos por sus comisuras.- Sólo pensaba.

- Vale- dijo ofreciéndole el poco del bollo que quedaba- prefiero que me dejes sin comer a que me martilles la cabeza.

- Tenias razón- siguió sin hacerle caso- ¿Qué es esto House?- preguntó seria.

- Esto- se llevo lo el donut a la boca- era un donut- dijo tragando con esfuerzo, decidiendo ignorar la verdadera pregunta.

- Ha sido casualidad, solo una noche.

- Dos, si contamos la anterior.- comento resabiado.

- Dos noches- aceptó la aclaración de House- o…- no se atrevió a terminar la frase.

- ¿Qué tal si…?- el nefrólogo de limpió la boca con la servilleta. La lentitud de sus movimientos exasperaba a Cuddy, la cual no podía esconder el interés por escuchar la segunda parte de esa frase dejada en el aire.- ¿qué tal si…?- volvió a decir mientras con la lengua parecía buscar un trozo de Donut que se había escondido entre los dientes- ¿Qué tal si vemos como sigue?- movió los hombros con despreocupación.

- No.- la respuesta tan rotunda pilló por sorpresa a ambos.- No es buena idea- dijo algo más suave la decana- No es la primera vez que dejamos que ocurra House. No es la primera vez que dejamos que- paro un momento buscando la palabra- esto siga su propio camino y el final siempre es el mismo. Nos ha costado mucho llegar a donde estamos.

- ¿Pagamos a escote? Creí que a esto invitabas tú.- dijo bromeando.

- Sabes bien a lo que me refiero House- se acerco a él bajando el tono.- ¿Cuántas veces lo hemos intentado? Siempre hemos dejado que esto crezca a su ritmo, que haga las cosas a su antojo.

- Hablas como si fuera un hijo Cuddy.

- Es algo parecido. Hasta ahora hemos malcriado esto.

- Si vamos a seguir hablando de esto como si fuera un niño, exijo que le pongamos un nombre. ¿Qué te parece John? A mi padre le haría ilusión…

- House – gritó enfadada.

- Es cierto, que le den a mi padre. Lo llamaremos James, seguro que esas cosas le encantan a Wilson.- Lisa se levantó mal humorada de la mesa. Estaba decidida a marcharse del café cuando House le paró agarrándole de la muñeca. Le hizo un gesto para que se sentase.

- ¿Estás dispuesto a hablar en serio?

- No, es que no traigo dinero. – La mujer volvió a hacer ademan de levantarse- pero si para que pagues- la voz de House le hizo parar su acción- tengo que tragarme tu discurso- hizo un reverencia- adelante. ¿Qué se te ha ocurrido?- Apoyó la cabeza en el puño, mirando con concentración hacia la morena frente a él.

- Propongo que le pongamos límites. Tu teoría del niño no es mala. Si seguimos como hasta ahora, sin poner normas y reglas, será un niño malcriado que terminara por hacernos daño. Así que propongo que seamos padres responsables y pongamos límites.

- Las metáforas son más fáciles cuando las haces y no cuando tienes que entenderlas- dijo tocándose el pelo cansado.

- House – le dijo en tono serio- no quiero perder esta mistad que nos ha costado tanto tiempo volver a tener- House entendió- pero tampoco quiero perder esta oportunidad y si hay una pequeña, por absurda que sea, posibilidad de tener ambas, voy a hacer todo lo posible por llevarla a cabo.

- ¿Qué propones?- preguntó serio.

- No dejar que nos pille por sorpresa, ponerle limites.

Y- a, ya, ya…lo de poner límites lo he pillado, pero ¿cómo?

- Había pensado, ponerle fecha. Mientras dura está bien. Los problemas comienzan cuando esto, ¿John o James?- preguntó nerviosa para quitarle hierro al asunto.- termina. Había pensado que podríamos…no sé… ¿el verano?- House sonrió- sé que es ridículo…- dijo apartando la mirada y jugueteando con las manos en el regazo.

- No es eso…- Lisa volvió a mirarle- es que hace años que no tengo un rollete de verano.- Lisa le devolvió la sonrisa. - ¿Y ahora qué? ¿Tenemos que compartir batidos helados con dos cañitas, llegar a casa antes del as 12…?

- Siempre se puede dejar espacio a la improvisación. No sé, cuando te apetezca o me apetezca… eso sí, solo hasta que termine el verano y después, no se vuelve a hablar de ello.

- Y si hay éxito ¿Qué?, ¿hasta el próximo verano?

- Todo depende….

- ¿Wilson?- House le miraba preocupado pues tenía la mirada perdida desde hace un buen rato.

- ¿Más veces? ¿Cuántas más veces?

- Cuantas veces más seria gramaticalmente más correcto, pero te entiendo.

- Que le den a la gramática, ¿Cuántas veces?

- ¡No sé! ¡Unas cuantas, no llevo la cuneta!. – Wilson le miró amenazándole con las cejas- vale, puede que sepas cuantas ha sido, pero ninguna llegó a más.

- Ya, ya…lo que tú digas, pero yo lo sabia…ahí había mucha mala leche…demasiada… ¿Cuántas?

- Pfffffff- gesticuló con fastidio- en la universidad, en una fiesta de la primavera…solo fue una noche.- una mueca de concentración se dibujó en su cara mientras intentaba recordar- Nada serio …ni nada de sexo… solo "jugueteamos" un poco- dijo marcando las comillas con los dedos.- Después…unos años mas tarde en un congreso en Nueva York. Eso sí fueron palabras mayores- sonrió.- no sé si me entiendes. Creo que duró…dos semanas, hasta que le dije que el padre de mi novia había muerto y tenía que ir al velatorio… ¿te sorprende?- preguntó a Wilson ante su cara de sorpresa.- Encuentros esporádicos pre Stacy. Hubo un tiempo en que, nos encontráramos donde nos encontráramos… bueno, ya sabes…Pero todo lo bueno que fue él durante se estropeaba con el final… Bueno me voy.

- ¿Qué? ¿Y me dejas así?- se quejó Wilson levantándose de un salto.

- Son las 4:45 es decir, que cuando llegue a bajo serán...las 5:30, mi hora de salida. – Wilson intento reprenderle con la mirada, pero no podía ocultar la sonrisa.- ¿Qué? Soy cojo y ando despacio.

- Vamos, te invito a un trago y me sigues contando.

Continuará...

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