"Regreso a casa"

EPOV

1931

Pude verlo jalar el gatillo incluso antes de que empezara.

Corría a través de las pequeñas calles de una ciudad. No me importaba el nombre, de todas formas, ¿para que recordarlo si me iría pronto? Estaba sediento, y corría hacia mi presa. Podía escuchar claramente sus pensamientos, desagradables y malévolos, mientras me acercaba.

'¡Vamos, niña tonta! ¡Cállate! Vas a disfrutarlo antes de que te envíe al infierno' me sentí furioso con su mente. Vi a la chica en su cabeza: era apenas una mujer, y la arrastraba hacia un callejón sin salida. Yo sabía lo que planeaba; lo había visto más de una vez durante estos 4 miserables años. Estaba deprimido, pero al menos debía alimentarme ahora, antes de que pudiera actuar.

Ni siquiera me vio acercarme. Salté sobre su espalda, y atravesé su cuello con mis dientes. Vi la expresión horrorizada de la chica junto a mí, y escuché su ruego mental por ayuda. Para ella yo era un monstruo; no tenía forma de saber que no iba a lastimarla. Ella huyó, pero no me preocupaba… su estado de shock y el horrible incidente que había estado a punto de vivir haría que los demás dudaran de su estado mental, nadie le creería. Sujeté con fuerza el cuerpo del hombre, secándolo para satisfacer mi sed. Cuando terminé, lo dejé caer al suelo y suspiré, disgustado conmigo mismo.

¿Cómo pude ser tan tonto? ¿Por qué creí que sería fácil hacer esto? Miré hacia una pequeña ventana, y vi mi rostro reflejado… me horrorizó. Mis ojos rojos, mi expresión feroz y la sangre escurriendo por mi boca; era el rostro de un monstruo. Avergonzado, di la vuelta y huí.

Corrí tan rápido como pude, como si eso pudiera ayudarme a escapar de mi culpa. Estos 4 años habían sido los peores de mi vida. Había pensado que podía cazar a los malos y los criminales, y así salvar vidas humanas sin sentir el remordimiento, pero cada vez era peor. Día tras día, hora tras hora, era perseguido por los rostros aterrorizados de mis víctimas; cada vez que todo estaba en silencio, escuchaba sus gritos de agonía. Traté de concentrarme en otras cosas para distraer mi mente, pero no ayudaba en nada. Los recuerdos seguían llegando.

Me pregunté que tipo de criatura era yo. ¿Era acaso mejor que aquel hombre que yacía en el callejón? Dudaba que él hubiera matado a tanta gente como yo… Me di cuenta con desagrado que no era mejor que los criminales de los que me alimentaba. Destruía vidas, igual que ellos, sin importar el propósito detrás de eso. Cada vez que mataba, era como si una parte de mí muriera junto con mi presa… cada vez era más difícil resistir la tristeza y desesperación. Quería detenerme, ¿pero para qué? ¿Para vivir solo, como Carlisle lo había hecho?

Pero lo peor de todo era mi don. Como podía leer sus mentes, podía ver como me veían, como lucía yo cuando cazaba… y podía escuchar su lucha mental. Me vi a través de sus ojos: un monstruo fiero y aterrador con ojos rojos que los atacaba sin consideración: un demonio.

Sus pensamientos no eran mejores. Cada vez, los escuchaba rogar por sus vidas; siempre pensaban en ello, rogando a cualquier deidad existente para que los salvara. Escuchaba sus mentes gritar el deseo de vivir, y la desesperación y miedo cuando se daban cuenta de que no había escapatoria, ni segunda oportunidad. Muchos me maldecían mentalmente, leía su odio hacia mí, y los oía gritar que me detuviera. Después, en los últimos momentos, siempre había imágenes, cientos de ellas: recordaban sus vidas humanas, la gente a la que amaban, y sus mejores momentos… todo eso me hería aun más.

Estaba deprimido. Había cometido un error fatal al separarme de mi familia adoptiva. Sentí deseos de regresar con ellos y vivir en paz de nuevo, pero estaba seguro que nunca me perdonarían. Ahora comprendía con claridad el ideal de Carlisle: cada vida era valiosa, y todos tenían derecho a vivirla… pero era demasiado tarde. Había matado a tantos… mi padre se sentiría avergonzado de mí.

Los extrañaba mucho. No deseaba nada más que hablar con Carlisle, o tocar la canción favorita de Esme en el piano… me pregunté si aun vivían ahí. Quizás podría ir a verlos, solo una visita. Sabía que no me aceptarían de nuevo, pero quería verlos, solo una vez, antes de continuar con mi infierno en vida.

CarlislePOV

No podía concentrarme en el libro que intentaba leer. Supuse que tendría algo que ver con el enorme piano frente a mí.

Desde que Edward nos había dejado, sentíamos un espacio vacío, imposible de llenar u olvidar. Esme y yo continuamos con nuestras vidas, pero nunca perdimos la esperanza de ver a nuestro hijo de nuevo. Me pregunté qué estaría haciendo… lo extrañaba.

Esme se sentó junto a mí, y tomó mi mano.

"Desearía que Edward estuviera aquí… lo extraño" dijo. Yo asentí, comprendiendo su pesar. Me disponía a consolarla cuando escuché un ruido afuera. Normalmente, no le habría prestado atención, pero este era diferente: sonaba como pasos, y solo había una criatura que podría hacer un sonido similar… un vampiro. Esme lo escuchó también, y se puso tensa.

"Espera aquí" le dije, y avancé con rapidez hacia la puerta. Cuando la abrí, vi a alguien que creía perdido para siempre.

Edward estaba ahí, de pie frente a mi… mi hijo lucía realmente miserable. Sus ojos eran rojos, lo que significaba que se había alimentado recientemente, pero la mirada en ellos estaba llena de profunda tristeza y desesperación. Vestía ropa gastada, y parecía extrañamente cansado; recordé la forma en que siempre se movía, tan elegante y grácil, pero ahora lucía derrotado, destrozado. Me pregunté la razón.

"¿Edward?" pregunté, tan bajo que rogué que Esme no lo escuchara. Si iba a marcharse de nuevo, sería mejor si ella no sabía que estaba aquí. Edward levantó la cabeza para mirarme, con dolor evidente en sus ojos.

"Carlisle… lo siento, solo quería…" dijo, pero se detuvo. Su voz era tan baja, un complemento perfecto para su apariencia triste. Le sonreí, para mostrarle que no estaba molesto.

"Dime, Edward" le pedí. Él lucía tan mal; deseé poder sostenerlo como un padre, pero no sabía si era eso lo que quería.

"No puedo… es demasiado horrible. He vivido en el infierno por 4 años, Carlisle, y ya no puedo más. Debí haberlo sabido… debí haber adivinado que esto pasaría. No puedo soportarlo, Carlisle… soy un asesino… no sé que hacer… solo quería verlos de nuevo antes de…" dijo, pero se detuvo de nuevo. Se sujetó la cabeza con las manos temblando suavemente, como si estuviera llorando. La imagen me partió el corazón. Nunca había visto a Edward derrumbarse así. Incapaz de resistirme, me acerqué y puse una mano sobre su hombro.

"Cálmate, Edward… yo lo entiendo. Sé que tenías que seguir tu camino, y que debías experimentarlo por ti mismo antes de decidir lo que harás el resto de tu existencia. Cuando te fuiste, te dije que esta siempre sería tu casa… lo dije en serio, Edward. No tienes que continuar viviendo así si no lo deseas… puedes regresar con nosotros" dije. Él me miró, asombrado.

"Pero yo… yo he…" dijo, incapaz de decir la palabra. Yo negué con la cabeza; me di cuenta que él creía que yo no lo aceptaría… ¿Cómo podía pensarlo? Era mi hijo.

"Cometer errores es la única forma de aprender… bienvenido de vuelta, hijo" dije. Lo abracé, y él reaccionó de pronto, sujetándome con toda su fuerza de vampiro.

"Soy un monstruo, Carlisle…" dijo, casi sollozó, sobre mi hombro. ¿Cómo podía pensar tan mal de si mismo, cuando yo veía el dolor que sufría?

"No, no lo eres, Edward. Un monstruo no lamentaría esas muertes como tú lo haces. Solo un alma bondadosa podría sentir compasión por las malas" dije. Era cierto; yo sabía que Edward poseía un alma bondadosa… por eso se sentía tan mal cuando mataba.

"Lo siento… padre" dijo. Se sintió bien escucharlo decir la palabra de nuevo. El momento fue interrumpido por una leve exclamación de sorpresa. Ambos volteamos para ver a Esme en el umbral de la puerta, mientras miraba a Edward con alegría y esperanza.

"¿Edward?" preguntó esperanzada, y sentí que Edward se tensaba; seguramente se sentía culpable por hacerla sufrir. Coloqué mi mano sobre su hombro de nuevo, para mostrarle que no nos importaba eso. "¿Vas… vas a volver?" continuó Esme. Yo miré a Edward, interrogándolo.

"Tu… ¿no estás molesta conmigo, Esme?" preguntó Edward. Ella respondió corriendo hacia él, y rodeándolo con sus brazos.

"¡Por supuesto que no! ¡Te quiero, Edward! ¡Te he extrañado tanto!" dijo ella. Escuché que Edward suspiraba de alivio, y supe que estaba de vuelta. No lo había aceptado antes simplemente porque temía nuestro rechazo.

"Yo también te he extrañado, mamá" dijo. Esme no pudo contenerse y le besó la frente con ternura, como una madre a su hijo.

"Vamos adentro… tenemos mucho de que hablar" dije. Esme sujetó el brazo de Edward y casi lo arrastró hacia adentro, sin dejar de hablarle.

"Mírate, ¡te ves horrible! Deberías al menos cambiarte de ropa… ¿no tienes frío? Quizás, después, podrías tocar algo para mi… hace tanto que te escuché tocar…" seguía diciendo. Edward me miró y sonrió, evidentemente divertido ante las palabras de Esme. Verlo sonreír de nuevo me hizo sentir alivio… estaba de regreso, y podría vivir feliz con nosotros de nuevo.

Con una sonrisa en mi rostro, entré en la casa, que ahora era un hogar de nuevo.

Argh! Un capitulo fuerte!!! Casi lloré ahí (y eso q yo lo hice)!!! Si, el ultimo momento fue ASI de dulce (mi lado oscuro sintió nauseas lol)

Me gusto este… Pobre Edward!!! Te amamos!!! Y SI, TIENES un alma, con un demonio! ACEPTALO!!! Lol //Edward: O.o//

Ahora a escribir lo q sigue: Rosalie!