El ruido de las chicas despertándose y preparándose para el primer día de curso me sacó de mi frágil y ligero sueño. Comencé a moverme perezosamente en mi cama, mientras, inconscientemente, murmuraba unos ruiditos ininteligibles. Estos ruiditos hicieron que automáticamente, mis compañeras redujeran el ruido y se apresuraran más de lo que habitualmente hacían para maquillarse, peinarse y estar perfectas para la acción. Sonreí de cara a la almohada, satisfecha con el resultado, y tras unos cinco segundos de reposo, finalmente me enderecé sobre el colchón. Al hacerlo, coloqué mi mano sobre algo duro. Miré hacia allí, dónde, entre las sábanas, asomaba el diario que había estado escribiendo por la noche. Debí quedarme dormida mientras lo hacía. Lo cogí y abrí la página en la que había escrito, marcada por la pluma que usé, mientras con la otra mano me frotaba los ojos. Estaba rendida, muerta de sueño. Si no hubiera sido el primer día de curso, sin dudarlo me habría quedado durmiendo. Sacudí la cabeza, con la esperanza de que el movimiento brusco me despertara un poco, y bajé los pies al suelo, helado. Leí lo último que había escrito, curiosa, ya que no recordaba absolutamente nada.

"Posiblemente, Black sea el que más odie. Hay que ver lo que un buen cuerpo y una reputación de chico malo pueden…"

Ahí quedaba inacabada la frase, así que intuí que en ese momento fue en el que me quedé dormida. En mi cara se dibujó una apenas perceptible sonrisa orgullosa, y, palpando las sábanas, cogí de nuevo la pluma, alargué el brazo para entintarla en el frasquito que reposaba en la mesita de noche, y me dispuse a terminar el escrito.

"... hacer de un simple cabeza hueca con menos luces que un gusarajo."

Dejé la pluma de nuevo en la mesita, cerré el diario con un golpe seco, satisfecha con mi obra, y lo lancé de nuevo sobre la cama. Miré el reloj de mi muñeca y volví a estirarme durante unos segundos, con los ojos cerrados, pensativa. En parte, se me había pasado el bajón que sufrí la noche anterior. Qué tontería, no entendía a cuento de qué me dió por sentirme tan... sola. Total, ¿quién dijo que necesitaba a alguien más? Slytherin era la casa de los verdaderos amigos, y aunque la mayoría de ellos no significaban nada para mí, Sev y Regulus eran la excepción, habían estado siempre conmigo, en lo bueno y en lo malo. ¿Para qué mas? A parte de que en el colegio tampoco quedaba mucha más gente con la que valiera la pena relacionarse... Mejor sola que horriblemente acompañada. O eso dicen. O de eso intento convencerme.

Después de aquellas reflexiones matutinas sobre mi aceptada o no soledad, me levanté por segunda vez de la cama, ahora con los ánimos a niveles más aceptables. Estiré un poco las sábanas y coloqué bien la almohada, donde justo debajo puse el diario. Me dirigí a mi baúl, saqué de él uniforme que me pondría ese día y me lo llevé, junto a todo lo necesario para la ducha, conmigo al cuarto de baño.

Tras una ducha rápida, vestirme y en general prepararme y "adecentarme", eché un último vistazo a la habitación, cogí la bolsa de cuero donde llevaba los libros y me la colgué del hombro mientras salía hacia la sala común.

La fría estancia estaba completamente vacía, por lo que que ya debería hacer rato del comienzo del desayuno. Miré el reloj, y efectivamente, pasaban unos veinte minutos. No es que me importara mucho, así que no tuve mucha prisa en el camino hacia el Gran Comedor.

Justo al entrar por aquellas enormes puertas, un grupo de alumnos se cruzó en mi camino hacia la mesa de Slytherin. Carraspeé cuando tuve que rodearlos para poder pasar, ya que al parecer les importaba bien poco estar obstruyendo el paso. Estúpidos Gryffindor.

El grupo, capitaneado por el mayor de los Black, acompañado de Lupin y Pettigrew, con los acaramelados Potter y Evans cerrando la comparsa, hablaban y reían ruidosamente. Al pasar por mi lado, todos ellos me miraron de diferentes formas cada uno, a las que estaba más que de sobra acostumbrada y me sabía de memoria; Lupin, con algo parecido a lástima, Pettigrew, con un temor y un pánico rídiculos, Evans, con un marcado odio y rencor, ya que, según ella, yo y solo yo era la culpable de que Sev estubiera metido en "ése grupo de fanáticos psicópatas y asesinos" (pobre chica, qué inocente.), Potter, con asco y Black... bueno, Black miraba a todas las chicas con un gesto a medio camino entre la provocación y la chulería, pero a mí me dedicaba su "mirada especial", seria, indiferente, inalterable. Si Lily me odiaba por "corromper a Sev", Black debía hacerlo por hacer lo mismo con su hermano Reg. Les lancé a todos una sonrisa malévola y continué mi camino hacia la mesa sin interrupciones. Esos pequeños detalles eran los que me alegraban el día, alguien que osara mirarme con otro sentimiento que no fuera fingida amabilidad.

- Debería ir con más cuidado, ¿no, Sev? – dije en un falso tono preocupado, mientras me sentaba frente a él y junto a Reg, aún con mi sonrisa característica en los labios. Los dos me miraron algo confusos, que no se dieron cuenta de mi llegada – Quiero decir, un día de estos, si me descuido, Lily va a cogerme por los pasillos y me atacará por ser tan mala contigo... – reí para mis adentros sólo con imaginarme la escena.

El aludido, molesto, me asesinó con la mirada y acto seguido se interesó por el problema.
- ¿Puede saberse qué te ha hecho? – preguntó, con la mirada fija en la mesa de Gryffindor – No la ...

- Acaba de salir, no la busques. – dije secamente, contestando a la pregunta que no había pronunciado. – Ah, no me ha hecho nada en especial. Aunque parece creer que las miradas matan... – añadí, recordando el exagerado odio con el que me miraba.

- Antes he estado hablando con ella – continuó, inmerso en sus pensamientos. No parecía haber oído mi último comentario.

- ¿Te ha vuelto a rogar que te desentendieras del tema? – pregunté, con una ceja arqueada. De verdad que ésa chica me sacaba de quicio, siempre que hablaba con Sev era para eso.

No contestó, así que lo interpreté como un sí. Puse los ojos en blanco.

- Qué incordio... – Sev volvió a mirarme mal, aunque obviamente, eso me importaba poco o nada - ¿Nunca se te ha ocurrido decirle todo ésto a esa maldita cría? – le asalté, de repente. Esa era una pregunta que llevaba en mi cabeza desde el día en que me di cuenta que Sev se moría por Lily. – Y no me refiero precisamente a lo de que creo que es un incordio.

De nuevo el silencio.

- De acuerdo, tú sabrás. – me encogí de hombros, algo arrepentida, estaba mi pagando mi odio hacia la pelirroja con él – Yo no me dejaría pisotear por un imbécil como Potter...

- ¿Puede saberse a qué viene este sermón? – se extrañó él, incómodo. - ¿Ha pasado algo, Riddle?

- No llevo un día aquí y Potter y compañía ya me tienen histérica, sólo éso. – sacudí la cabeza y me volví hacia Reg, que estaba hablando con Avery – en especial cierto hermano tuyo – sonreí irónicamente.

El chico se giró hacia a mí.

- Ah, ése. – hizo un gesto con la mano, cómo para que dejara pasar el asunto – Entiendo tu estrés, entonces.

- Si, nadie mejor que tú, ¿no? – hice una mueca – Menos mal que desde que se fue a vivir con Potter ya no tienes que aguantarlo en tu casa... Yo no habría soportado tanto. – sonreí angelicalmente, guardándome para mí los detalles sobre lo mal que podría haber acabado el hermano de Reg si yo estuviera en su lugar. Reg sonrió también, pues conocía profundamente lo mucho que detestaba a su hermano mayor.

- Bueno – interrumpió Sev, en su voz se notaba que estaba ligeramente harto del tema – Mejor será que empecemos a ir hacia la clase de Defensa, y mucho mejor sería que dejáseis de hablar de esa panda

- Si quieres volvemos al tema de Evans, cómo quieras – sugerí inocentemente, mientras nos levantábamos él y yo de la mesa. Volvió a asesinarme con la mirada – Está bien... Nos vamos, Reg. Ya nos veremos a la hora de la comida.

Reg se despidió con un pequeño gesto con la cabeza. Sev y yo caminemos hacia la clase, charlando... de acuerdo, no, me pasé el trayecto remarcando lo mucho que odiaba al fabuloso grupo de Gryffindor y dándole a él una mini-charla sobre "lo que se debe consentir y lo que no de esos malcriados ineptos", tema del que nos desviemos cuando él empezó a hablar de Lily.

- Cambiando de tema – concluyó Sev, afortunadamente - ¿Dónde... dónde has estado éste verano? – preguntó, inseguro. Sabía muy bien por donde iban los tiros, por supuesto.

- En el apartamento de la playa con toda mi familia, si te parece – le contesté bruscamente, acelerando el paso - ¿Dónde crees? – solté un bufido, exasperada - En mi casa. Sola. Sin ver a nadie – Sev iba a interrumpirme – Y obviamente, no le he visto. De verdad, Sev, parece que no conozcas mi situación. ¿Te crees que a venir a visitarme …? – me reí yo sola ante esa semejante tontería, con amargura – Por Merlín, no puedo ni llegar a imaginar…

- Conozco perfectamente tu situación, Belle – atajó él, con dureza. Bajó la voz – A lo que me refiero es que… Ya sabes, es nuestro último curso… – me miró con preocupación – ¿Qué pasará luego?

Me mordí el labio inferior, pensativa, mientras aminoraba el paso, por lo que finalmente me quedé parada. Sev me imitó y se detuvo a mi lado, mirándome fijamente. No tenía ganas de hablar de eso ahora, así que evité su mirada y hablé, quitándole importancia al tema.

- Ya habrá tiempo para eso… No hay que ir tan rápido – sentencié, intentando parecer convincente.

El chico me sostuvo la mirada unos segundos, sin confiar del todo en lo que le decía, hasta que finalmente cedió y retomó el paso, lento. Me quedé un momento parada, pensando en lo que me había dicho, y automáticamente, sin darme cuenta, me toqué el antebrazo… Desde siempre había deseado con todas mis fuerzas convertirme en una Mortífaga, y, ahora, que cada vez estaba más cerca el momento, no sabía por qué, pero sentía algo parecido a miedo. ¿Es que quería echarme atrás?