Capítulo II: Sin decir adiós…
Fue extraño para Kaoru que, al levantarse, Kenshin no estuviera en ninguna parte del dojo, ni en la cocina ni en el patio, lavando. En parte, se preocupó. Normalmente cuando salía a hacer alguna compra le avisaba... pero la chica luego recapacitó y pensó que definitivamente estaba exagerando, en una de esas salió temprano del dojo y no quiso despertarla.
Sí, demás que eso era, así que tranquila se fue a desayunar.
Segunda cosa extraña... Kenshin ni había entrado en la cocina. Normalmente era el primero en hacerlo. Kaoru quiso pensar que su amigo esa mañana no tenía hambre, que quizás había ido al Akebeko a comer...
Yahiko se levantó un rato después que ella. Se extrañó al no ver a Kenshin ni lavando, ni cocinando, ni jugando con Ayame y Susume. Quizás había salimos.
-Comencemos el entrenamiento- dijo Kaoru, con voz mandona –ya, los ejercicios, Yahiko.
-Osh... hoy no tengo ganas de entrenar...- se quejó el chico. Kaoru lo golpeó en la cabeza.
-¡No seas perezoso!- le gritó, molesta -¡comienza de una vez por todas, Yahiko!
-Ya voy, ya voy...- el chico, al ver que no tenía otra salida, comenzó con sus ejercicios –por cierto, ¿dónde está Kenshin?, no lo he visto hoy.
-No lo sé- contestó Kaoru, tratando de ocultar el tono preocupado –cuando me levanté no estaba. Quizás fue a comprar lo que necesitaba para hacer el almuerzo.
-Debe ser eso...
En su interior, muy en el fondo, los dos tenían la sensación que Kenshin no estaba comprando. Kaoru, por cada minuto que pasaba, se sentía más preocupada. Kenshin no solía actuar de esa manera.
Hasta que se aburrió. Sin decirle a Yahiko, decidida se puso de pie y caminó con seguridad hacia el cuarto del pelirrojo. Estaba la remota posibilidad que él estuviera durmiendo, que estuviera enfermo y que no hubiera sido capaz de levantarse ni de llamarla... ¡pobre Kenshin!
Toda esa lástima y ternura que sintió por el ex hitokiri se desvaneció en un instante cuando, al correr el shoji, vio que todo el lugar estaba desierto. Ni rastros de Kenshin.
Lo que le llamó la atención después, fue que las cosas del pelirrojo tampoco estaban ahí. El corazón de Kaoru dio un vuelco, mientras que por su cabeza trataba de convencerse que podían estar en cualquier parte.
Nerviosa, pasó una segunda vez la mirada por el cuarto, buscando sus cosas o algún indicio que le indicara que él aún estaba ahí, con ellos. Algo desesperada, volvió corriendo con Yahiko, que continuaba entrenando.
-¡Yahiko!- gritaba, tratando de aguantar las lágrimas que amenazaban por salir -¡Yahiko!
-¿Qué pasa, Kaoru?- el niño se asomó, notándose nervioso por los gritos de su maestra -¿por qué tanto escándalo?
-Kenshin…- dijo ella, tratando de recuperar el aire y de calmarse al mismo tiempo –las cosas de kenshin no están, Yahiko, Kenshin se fue.
El niño abrió los ojos, como tratando de procesar lo que ella le había dicho, y luego corrió hacia el cuarto de su amigo, para asegurarse por sí mismo que ella no se había equivocado y lo estaba asustando por nada. Kaoru se quedó en el lugar en que estaba, tratando de encontrar alguna explicación.
Yahiko volvió casi inmediatamente, corriendo.
-Kaoru, ¿de verdad crees que se fue?, o sea… todo estaba bien, no habían enemigos, ni nada extraño… quizás está con Sanosuke…
-¿Con Sanosuke?- ella se vio un poco más animada ante tal posibilidad, pero luego de pensarlo un poco más, le pareció improbable –pero… ¿para qué llevaría sus cosas si iba a ver a Sanosuke?, no es lógico.
-Quizás él sabe algo, vamos a verlo.
-Sí…
Ambos fueron con su amigo, pidiendo en silencio que el pelirrojo estuviera con él. Llegaron al lugar donde el luchador dormía y Yahiko golpeó con brusquedad, ya que lo más seguro es que el otro estuviera durmiendo. Luego comenzó a gritar su nombre (eso sólo para hacerlo enojar) una y otra vez.
-¡Basta!- Sanosuke salió malhumorado de su cabaña (¿se le puede llamar así?, ni idea…). Al ver a sus amigos, los quedó mirando con extrañeza -¿qué hacen aquí?
-¿Está Kenshin contigo?- le preguntó Kaoru, mientras que Yahiko corría a Sanosuke y entraba a ver.
-¿Kenshin?... ¿por qué tendría que estar Kenshin conmigo?- preguntó Sanosuke, confuso. Kaoru sintió que en cualquier momento se pondría a llorar -¿me perdí de algo?
-¡No está!- Yahiko salió, desilusionado.
Kaoru bajó la cabeza. Ya no tenía ganas de seguir aguantando los deseos de ponerse a llorar. Sanosuke, algo desesperado porque nadie le explicaba qué era lo que pasaba, se acercó a ella y la tomó por los hombros.
-¿Qué es lo que pasa con Kenshin?
-Se fue…- contestó Kaoru, casi en un murmullo –hoy al levantarnos no estaba en el dojo, ni tampoco sus cosas.
Sanosuke la soltó, poniéndose serio. Eso era extraño, supuestamente Kenshin no tenía razones para irse, a menos que fuera por la carta que había recibido el pelirrojo el día anterior.
-¿Lo alcanzaremos si vamos a buscarlo?- preguntó Yahiko.
-No creo que sea conveniente- negó Sanosuke –conociéndolo, lo más seguro es que se fue durante la noche, además, ni siquiera sabemos a dónde se fue, no sacamos nada con seguirlo a ciegas, sería perder el tiempo.
Yahiko bajó la cabeza. Sanosuke, al ver tan desanimados a sus amigos, trató de pensar en alguna manera de subirles los ánimos.
-Hey, vamos- dijo –no se angustien tanto, aún no sabemos todo- los otros dos lo miraron extrañados –o sea… quizás no se fue, tenemos que esperar.
-¿Esperar qué?- le preguntó Kaoru, molesta -¿esperar que se le ocurra mandar una carta desde quién-sabe-dónde, pidiendo disculpas porque no nos dijo que se iba?
-¿Y qué podemos hacer, Kaoru?- le preguntó Sanosuke, tratando de sonar suave.
Kaoru apretó los puños y dio media vuelta, enojada. Sabía que su amigo tenía razón, pero no deseaba sentarse y cruzarse de brazos a esperar a que el tonto de Kenshin se acordara que tenía amigos. Comenzó a caminar hacia el dojo.
Yahiko y Sanosuke se miraron. Simplemente no la entendían. La seguían desde una distancia prudente, para alcanzar a arrancar en caso que le bajara la rabia e intentara golpearlos. Ninguno habló.
En el dojo se encontraron con Megumi. La joven se veía bastante seria, más de lo normal. La verdad es que al levantarse, lo que más deseaba era ir al dojo a ver a sus amigos.
-¿Megumi?
No se dio cuenta en qué momento llegaron. Al escuchar la voz de Kaoru llamarla, se puso de pie. Pudo ver en los ojos de su amiga la confusión que estaba sintiendo, el dolor… Kaoru se acercó a ella, comenzando a llorar y la abrazó.
-¡Megumi, Kenshin se fue!- exclamó Kaoru, sintiendo cómo la otra la abrazaba -¡se fue!
Megumi miró a Sanosuke, como pidiéndole ayuda, pero Sagara bajó la vista, sin saber qué decir.
-Kaoru…- la doctora hizo que la mirara –cálmate, ya verás que…
-¿Y si se fue a luchar?- la interrumpió -¿Si Battousai vuelve?. Ahora entiendo por qué estaba tan raro ayer, él sabía que tenía que irse. ¿Habrá sido por la carta que recibió ayer?, tengo tanto miedo por él…
Megumi no contestó, sólo la miró con tristeza. No se dio cuenta que Sanosuke la miraba suspicazmente, como buscando en ella algo que le llamara la atención.
-¿Cómo era que sabías que Kenshin se había ido?- le preguntó Sanosuke, serio.
-¿Eh?- Megumi no supo qué contestar. Kaoru la quedó mirando extrañada -¿cómo supones que yo lo sabía?
-Desmiéntelo- dijo él, cruzándose de brazos –ni siquiera te sorprendiste cuando Kaoru te dijo lo que pasaba…
La doctora bajó la mirada, no deseaba mentir. Yahiko abrió los ojos pero no dijo nada. Kaoru se alejó rápidamente de ella, como si le quemara.
-¿Por qué no nos dijiste?- le reclamó Kaoru.
-Ustedes saben cómo es…- se defendió Megumi –no me dejó hacerlo. Le pedí que se los dijera, pero Kenshin pensó que así era mejor…
-¿Te dijo a dónde fue?- le preguntó Sanosuke.
-No… tampoco me dijo por qué…
Kaoru había comenzado a sentirse frustrada. Era verdad que Megumi era mayor que ella y más madura, pero se sentía más dolida con Kenshin aún. No era justo para ella lo que estaba sucediendo. Megumi la miró, y por la expresión de su rostro, se dio cuenta de lo que estaba pasando por su cabeza.
-Kaoru, él no me lo dijo- se apresuró a decir –ayer… me di cuenta que algo le pasaba por la manera en que estaba actuando. De verdad, Kaoru, él no quería hacerte daño.
La pelinegra estaba cerrada a escuchar razones. Simplemente dio media vuelta y entró al dojo, llorando silenciosamente. Megumi quiso ir tras ella, pero un brazo en su hombro la detuvo. Era Sanosuke.
-Déjala- le dijo él –creo que es mejor que esté sola…
-Pero…- Megumi hizo un ademán para soltarse, pero Sanosuke no la dejó –me siento mal por no decírselos, pero Kenshin… él…
-No te preocupes, todos sabemos cómo es de terco…- le dijo Sanosuke, ella bajó la cara.
Al igual que ocurrió cuando Kenshin se fue a Kyoto, Kaoru cayó en algo muy parecido a una depresión. Comía mucho menos, a penas y entrenaba a Yahiko y a otros alumnos, casi no salía del dojo… después de varias semanas todos comenzaron a preocuparse realmente por ella, ya que no se veía ningún cambio en su actitud, sólo una notable tristeza que cada vez era más fácil de notarla.
Y de Kenshin… ni sus luces…
Aunque nadie hablaba sobre el tema, todos tenían dentro de ellos la duda sobre las razones por las que el samurái decidió dejar el dojo y a sus amigos para irse. Lo que más los desesperaba, era el no saber de su estado… si estaba vivo, si tenía que luchar con un nuevo enemigo…
Kaoru, aunque habían pasado semanas, continuaba molesta con Megumi por no contarle lo de Kenshin, pero también estaba enojada con ella misma porque no fue capaz de darse cuenta qué era lo que pasaba, o no fue capaz de preguntarle. Se sentía una inútil.
Esa mañana estaba sentada mirando al patio, en donde Kenshin, en todo el tiempo que estuvo quedándose en el dojo, había lavado la ropa y jugado con Ayame y Susume… pero ya no…
Pudo sentir que se sentaron a su lado y, al ver quién era, tuvo deseos de ponerse de pie e irse de ahí y, cuando lo estaba haciendo, Megumi la tomó del brazo y la detuvo.
-No puedes evitarme siempre- le dijo Megumi, seria –en algún momento tendrás que hablarme, Kaoru.
-¡No quiero!- Kaoru se soltó –no quiero que me dirijas la palabra, Megumi, ¿qué no entiendes?
-Kaoru…
-¿Entiendes o no?- la cortó la muchacha –yo no tengo problemas con que vengas al dojo, pero por favor, no me dirijas la palabra. No quiero hablar contigo.
-No seas inmadura, Kaoru- le dijo Megumi, enojándose –estás culpándome a mí por lo que Kenshin hizo y no debería ser así- Kaoru se quedó mirando a su amiga –es verdad, quizás debí habérselos contado, pero tampoco podía faltar a la palabra con él… además, ¿tú no habrías hecho lo mismo?
Kaoru bajó la mirada, sin contestar. Megumi sonrió un poco y esperó a que dijera algo. Había decidido que esa sería la última vez que intentaría hablar con ella y, al parecer, había sido una buena decisión intentarlo una vez más.
-No entiendo…- murmuró Kaoru -¿por qué se fue?, es que…
-No es algo que yo entienda mucho…- dijo Megumi –no me dijo a dónde iba ni por qué… y si no me hubiera dado cuenta, tampoco lo hubiera admitido.
-¿Cómo de diste cuenta?
-… No sabría explicarte muy bien… sólo… lo supe por su manera de actuar- Kaoru la miró confusa –cuando nos miraba, lo hacía como si tratara de grabar esos momentos.
-Entiendo…- murmuró Kaoru. Se sentó en el piso con la mirada hacia el patio. Megumi, pensando que las cosas entre las dos habían mejorado, se sentó a su lado. Kaoru suspiró -¿qué hago, Megumi?
-¿Eh?
-Me siento tan sola, lo extraño tanto, pero… si él se fue…
-Kaoru…- la interrumpió Megumi –no puedes quedarte estancada porque él se fue. Sé que aunque intentas disimularlo, la partida de Kenshin te afectó tanto o más que cuando se fue a Kyoto… pero creo que está bien cómo estás llevando esto… en algún momento tendrás que superarlo.
-¿Y cómo, Megumi?, estoy enamorada de Kenshin y él se fue sin decirnos… ni siquiera sé si va a volver… no se qué hacer.
Megumi se acercó a ella y la abrazó con suavidad.
-Tienes que seguir adelante- le dijo –el mundo sigue viviendo, y tú tienes que hacerlo también, por ti…
-Pero, ¿y Kenshin?
-Sólo tienes que seguir lo que te dice tu corazón. En algún momento sabrás la respuesta cuando sea necesario… eso sí, sólo tienes que hacerle caso a él.
-Gracias…
-Sabes que puedes contar conmigo para lo que desees… no me gusta verte mal, Kaoru… y aunque no entendamos del todo la manera de actuar de Kenshin, todos sabemos que él lo habrá hecho porque es importante… y si no nos dijo, es porque quiere protegernos.
-Lo sé…- murmuró Kaoru.
-No vale la pena que te calientes la cabeza… ya lo único que nos queda es ver si vuelve alguna vez y, si decides esperarlo… depende de ti.
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Holas!!
Quiero agradecer a Kunnoichi Himura, Mei Fanel, Mai Maxwell y a Okashira Janet por dejarme sus comentarios por el primer cap. Espero que este cap también les haya gustado.
Estaré esperando sus comentarios!!
