Capítulo III: Cambios.

En más de una ocasión, en todo el tiempo que pasó, Kaoru soñó con que se levantaba y, cuando iba al patio, se encontraba con un sonriente Kenshin, que lavaba y tendía la ropa. Se volteaba a verla y la saludaba con el mismo cariño con que lo hizo tantas veces… pero, lamentablemente, todo eso se quedaba en eso nada más, un sueño…

Kenshin no había vuelto, ni siquiera tenían alguna idea de dónde podría estar, ya que tampoco fue capaz de mandarle alguna carta o algún mensaje sobre su estado en todo ese tiempo…

Primero, Kaoru pasó por un estado de tristeza muy parecido al que tuvo cuando él se fue a Kyoto a luchar contra Shishio; luego de eso, dio paso a una rabia contra él por cómo había dejado el dojo y también, al rencor. Estos dos últimos sentimientos fueron ganando terreno dentro del corazón de la kendoka, hasta quedarse definitivamente en él.

Con los demás, pasó algo parecido. En ellos siempre estaba la incertidumbre sobre el posible estado de Kenshin, sin contar que lo extrañaban horrores (las que más lo demostraron fueron Ayame y Susume).

Después de un tiempo todos llegaron a un acuerdo silencioso… las conversaciones sobre el pelirrojo se evitaron olímpicamente, principalmente para evitar abrir viejas heridas, sobre todo delante de Kaoru, que poco a poco (para alegría de sus amigos), comenzaba a ser la de antes.

Pero dentro de ellos, siempre quedó la duda sobre el actuar del exhittokiri…

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En el dojo Kamiya se escuchó una maldición. Yahiko, quien fue el que lo dijo, se puso de pie, algo molesto. A la distancia pudo ver la llegada de alguien que no era del todo de su agrado. Tomó su shinai en sus manos e intentó adentrarse en el dojo sin ser visto.

-¡Yahiko!- escuchó la voz del joven.

-Demonios…- dijo entre dientes el chico, dando media vuelta y sonriendo falsamente –Kaede, que bueno verte, ¿cómo has estado?

-Muy bien, gracias- el muchacho, de unos tantos años más que él, le sonrió. Yahiko hizo todo lo posible para mantener su sonrisa.

-¿Qué te trae por aquí?

-Ah, vine a ver a mi linda novia- contestó Kaede, pareciendo (según Yahiko), más bobo que de costumbre -¿en dónde está?

-En la cocina, supongo- contestó con desgana el otro –al parecer está tratando de hacer algo comestible. No puedo creer que aún no sea capaz de hacerlo, hemos tenido que aguantar su comida desde que se fue Ken…- Yahiko se detuvo. Ese nombre estaba prácticamente prohibido delante del novio de Kaoru.

-¿Quién?- preguntó éste, extrañado por el repentino silencio.

-Nadie… ya no importa- contestó Yahiko –dile a Kaoru que me fui al Akebeko, que llegaré después.

-Como digas.

Yahiko salió del dojo caminando con toda la lentitud del mundo. Tratando de entender su lógica, pensaba que mientras más se demorara en llegar al Akebeko, más tiempo tendría que estar ahí y, de esa manera, menos tendría que aguantar al novio de su maestra… no es que le cayera mal, de hecho, se notaba que era un buen muchacho, pero aún no se acostumbraba. Desde que había llegado con Kaoru al dojo, había tenido la idea de que ella finalmente se quedaría con Kenshin (aunque sonara cursi). Él sabía que ellos se querían, pero desde que él se había ido…

La entendía, no podía culparla de querer rehacer su vida, buscarse un novio… y justo llegó Kaede. Ni siquiera sabía dónde se habían conocido, sólo que de un día para otro comenzó a frecuentarla, hasta que se hizo muy (pero muy) cercano a ella.

-Hola Yahiko- camino al Akebeko se encontró con Sanosuke -¿a dónde vas?

-Al Akebeko- contestó el muchacho –Kaede fue al dojo y no tengo ganas de ver a idiotas babosos.

Sanosuke puso cara de desagrado. Yahiko supo que se sentían de igual manera. Como si estuviera ocupando un espacio que estaba reservado para otra persona.

-Ah, y yo que tenía ganas de ir a conversar con Kaoru- suspiró Sanosuke –como sea, iré a verla más tarde, le pediré a Megumi que me acompañe, al menos a ella le cae bien.

-Hum… sí. Bueno, nos vemos luego, Sano.

-Adiós, chico.

Sanosuke cambió la dirección a la que se dirigía, hacia la clínica en la que Megumi y el doctor Genzai (aunque ya a esas alturas, en menos medida) se encargaban de atender a los pacientes. El luchador caminaba sonriente, pensando en lo que ella diría al verlo.

Después del tiempo que había pasado, ambos habían comenzado con una aventurilla que lo tenía bastante entusiasmado. Todo había empezado por una simple discusión entre ellos, en la que la única forma en que le ocurrió callar a Megumi fue dándole un beso… se sintió feliz cuando ella le correspondió y, después de toda una discusión (otra) en la que ella ponía trabas por la cuestión de la edad, ambos tenían algo informal… aunque para él, de informal tenía bastante poco.

Mientras, en el dojo, Kaoru y Kaede estaban juntos en la cocina, riéndose. Ella ya se había rendido de hacer algo comestible ese día, pero aún así, el muchacho trataba de convencerla que le diera a probar.

-¿Estás seguro?- le preguntó ella como por décima vez. Kaede asintió –bueno, si es lo que quieres…

Kaoru le sirvió un poco de su comida y se la entregó para que comiera. Esperó unos momentos después que él se echara el primer bocado a la boca, para luego verlo ponerse completamente serio y algo… ¿verde?

-Ahm… supongo que en algo me pasé, ¿cierto?- a pesar de lo avergonzada que se estaba sintiendo, le causaba risa la cara que su novio tenía al intentar tragar la comida que tenía en la boca.

-Kaoru, cuando nos casemos no se qué vamos a hacer… tendremos que gastar una millonada en el Akebeko porque en el concurso de quién cocina peor, los dos nos peleamos el primer lugar.

Los dos se largaron a reír, a pesar que Kaoru se sintió un poco incómoda por el comentario de Kaede. Ella ya sabía que cocinaba mal, y no le gustaba que se lo repitieran cada vez que podían… sin querer, se acordó que Kenshin siempre decía que ella estaba mejorando (aunque no fuera verdad). ¡Si hasta Yahiko y Sanosuke intentaban disimular lo malo que estaba cuando ella cocinaba!

Quizás era por eso que Yahiko no tragaba a Kaede. En una ocasión en que él había tenido el mal tino de hacer un comentario no muy agradable sobre la comida de Kaoru, Yahiko, molesto, lo enfrentó, y después de decirle unas cuantas verdades lo golpeó. Lamentablemente ella no reaccionó por lo shockeada que estaba, pero Sanosuke sí, y fue quién los separó. A pesar que las heridas no eran de consideración, Kaoru se sintió muy molesta por la actitud del niño.

Obviamente que le reclamó por lo que había hecho, pero la respuesta que Yahiko le había dado la dejó realmente sorprendida.

"¡Si crees que voy a dejar que un idiota que no tiene nada que ver con nosotros venga a hacer comentarios desagradables sobre ti, estás muy equivocada!"- le había gritado Yahiko, muy enojado "¡Primero le parto la cabeza!"

Kaoru en esos momentos se dio cuenta que no estaba haciendo del todo bien las cosas. Por la urgencia de querer olvidar a cierto pelirrojo estaba actuando de manera precipitada. Decidió que hablaría con Kaede y, cuando lo hizo, él la escuchó pacientemente hasta que terminó y, una vez que lo hizo, él tomó sus manos…

"Ya verás" le había dicho "yo te enseñaré a quererme, te prometo que te ayudaré a olvidar a ese tipo que te hizo sufrir…"

El único problema de Kaoru era que, al menos en esos momentos, no estaba seguro de si deseaba olvidar al pelirrojo… pero ya pasado un tiempo más se dio cuenta que lo mejor para ella era comenzar a plantearse la idea de que Kenshin no volvería, así que… aceptó la propuesta de Kaede.

Ella sabía que o le simpatizaba del todo a sus amigos (por el incidente del comentario que había hecho), pero no le reclamaron cuando ella les anunció que ya eran novios. Lo que en parte, les agradecía.

-Kaoru, ¿qué te parece si vamos a alguna parte a comer?- le invitó –ya que no tenemos comida aquí, podemos pasar a ver a Tae, además, Yahiko va a estar ahí, puede acompañarnos.

-Ah…- Kaoru soltó una risita algo nerviosa. Si llevaba a Kaede justamente al mismo lugar donde Yahiko estaba, éste no la iba a perdonar… aunque a la larga ya ni le interesaba mucho eso –bueno, espérame un momento.

-Bien.

Kaoru salió de la cocina y fue a su habitación, más por costumbre que porque necesitara arreglarse para salir. Volvió con Kaede con un sólo cambio: el cabello, que antes lo llevaba en la típica cola alta, ahora estaba suelto en su espalda. Él sonrió al verla.

-Me encanta como te ves con el cabello suelto…- dijo él, casi babeando. Kaoru se sonrojó levemente.

-Ahora estoy lista, vamos.

Tomados del brazo, salieron del dojo conversando animadamente. Para su suerte, el día estaba cálido, a pesar que ya había comenzado el otoño. Pero lo más seguro era que durante la tarde, la calidez fuera reemplazada por el frío…

Al llegar al Akebeko, y ahí se encontraron con Yahiko, y doctor Genzai y sus nietas. Se sentaron con ellos a la mesa.

-¿Y Megumi?- preguntó Kaoru, una vez ya instalados.

-Se quedó en la clínica- contestó Genzai –Aún quedaban pacientes, y a pesar que le dije que la esperábamos, no quiso.

-A ella no le gusta almorzar sola- dijo Ayame –pero no dejó que nos quedáramos…

-Sanosuke iba a ir a verla- Yahiko sonrió –me encontré con él cuando venía para acá.

-En ese caso- dijo Kaede, sonriendo -¿qué les parece si compramos porciones y vamos a almorzar con ellos?, yo invito esta vez. (NOTA: no tengo idea si el Akebeko tiene comida "para llevar", pero ya qué xD)

Claro que todos estuvieron encantados, siempre era bienvenida alguna comida gratis (sino pregúntenle a Sanosuke)

Y hablando de Sanosuke, éste esperaba pacientemente que Megumi terminara de atender al último paciente que quedaba. Era extraño que ese día hubieran ido pocos pacientes (comparados con otros días), pero él no se quejaba…

-Tómese esto junto con agua todas las mañanas- decía Megumi –le ayudará a sentirse mejor. Venga a verme la próxima semana para ver cómo sigue.

-Gracias, señorita Megumi- la anciana inclinó su cabeza y se fue con paso lento. Megumi se acercó a Sanosuke y, después de sentarse a su lado, tomó su mano.

-Es extraño que hayas venido a esta hora- le dijo la doctora –tienes que agradecer que no hubo mucha gente hoy, y pude desocuparme más temprano.

-Es mejor esperarte solo que con el novio de Kaoru- sonrió Sanosuke –al menos aquí puedo conversar con gente más agradable.

-¿Estaba Kaede en el dojo?

-Sí, me encontré con Yahiko cuando iba camino al dojo, éste se iba al Akebeko a pasar el rato.

-Ya veo…- Megumi miró al cielo, pensativa –a veces me entra la duda de si se dará cuenta que ustedes no lo tragan.

-No lo sé, y la verdad es que no me importa- contestó Sanosuke –lamentablemente me cae mal, y lo siento por Kaoru, pero es así: no lo trago.

-Uhm… ¿es que te cae mal o sientes que trata de reemplazar a Kenshin?

-¿Reemplazar a Kenshin?- Sanosuke se largó a reír –sabes perfectamente que no es por eso, así que no te hagas la tonta. Además, no es por nada, pero no creo que logre mucho si trata de reemplazarlo.

-Los dos sabemos que Kaoru no está buscando un reemplazo de Kenshin, sino alguien con quién estar, que la quiera y la valore, con quien armar su vida.

-Lo sé… y también sé que es culpa de Kenshin el que él no esté primero en la nómina para ocupar ese papel. Pero bueno…

-Ha pasado un tiempo- suspiró Megumi –sólo espero que esté bien.

-Es lo que esperamos todos… que siga vivo, si es que se fue a luchar con alguno de los tantos enemigos de Battousai.

-Sí…

Luego de tener esa conversación acerca de dos de sus mejores amigos, la pareja pensó que ya era hora de hacer algo de sumo agrado para los dos: besarse. Aprovechaban que estaban solos en el lugar para tener una cierta intimidad…

En fin, en eso estaban, de lo más concentrados, cuando de pronto escucharon una risa cerca de ellos. Reconocieron inmediatamente esa voz, por lo que ambos voltearon a ver, con los ojos como platos.

-¿Y ya se casaron?- les preguntó Kenshin, tratando de aguantar la risa al ver la cara que los otros dos habían puesto -¿o lo harán pronto?, ¡si yo sabía que ustedes se gustaban!

Ninguno contestó, miraban a Kenshin boquiabiertos. El pelirrojo esperó paciente a que contestaran sus preguntas, o mínimo le dijeran cualquier otra cosa. Llevaba su típica hakama blanca y el gi (cosa que les llamó la atención a los otros dos) de color verde oscuro. Cargaba algo en una manta blanca, que daba la impresión no pesarle tanto.

Pero Megumi se quedó pensando en el gi… ese color lo hacía verse mucho más guapo de lo que ella recordaba.

-Ken… ¡Kenshin!- el gritó de Sanosuke hizo que la doctora dejara de pensar en eso. El luchador se puso de pie y encaró al otro -¡Idiota, ¿en dónde diablos te metiste en todo este tiempo?!

-Sano, eso tendrá que esperar- le dijo Kenshin, que de pronto había cambiado su semblante de alegría a uno de preocupación –Megumi, necesito tu ayuda.

-¿Estás enfermo?- le preguntó la doctora, poniéndose de pie y acercándose a él.

-Yo no- contestó Kenshin, acomodando el bultito que llevaba en brazos para que los otros dos lo vieran –ella…

Los otros dos se acercaron para ver. Kenshin llevaba a una niña que no pasaría los cuatro años, al parecer estaba durmiendo. Lo que más les llamó la atención de ella, era que estaba vestida con ropa occidental.

-¿Quién es ella, Kenshin?- le preguntó Megumi, mirándolo con extrañeza.

-Tiene fiebre- dijo el pelirrojo, ignorando la pregunta de Megumi –le subió hace un rato, a penas lo hizo, traté de llegar lo antes posible contigo.

-Ven, acompáñame.

Los dos se dirigieron al interior de la clínica, observados por Sanosuke, que le parecía de lo más extraño que Kenshin, su amigo vagabundo, tuviera una niña con él… y vestida de esa manera, además.

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Hola!!, aquí el tercer cap. Volvió el más odiado del fic, jajaja, de manera inesperada y encontrando a Sano y a Megu muy entusiasmados en lo suyo xD. Espero que les haya gustado.

Ah, ¿cómo les cayó Kaede?, lamento si salió un poco odioso, no era mi intención, pero tenía que dejar en claro que a Yahiko no le caía mal porque fuera el novio de Kaoru, sino porque una vez la había herido con un comentario suyo (actitud basada en la sobreprotección de mi hermano menor conmigo...).

Les quiero agradecer a Lica, Mei Fanel, gabyhyatt, Satinne y Mai Maxwell por dejar sus comentarios, y a todos los que leen este fic.

Byes!!