Capítulo IV: Reencuentros.
Kenshin pasó por alto lo mejor que pudo la mirada que le dio Sanosuke al verlo con la pequeña. ¿Qué más podía hacer?, en esos momentos se preocupaba más que ella estuviera bien, que dar explicaciones que no deseaba… pero que tendría que dar en algún momento… que no era ese.
-Kenshin, ¿quieres despertar de una vez?- Megumi le llamó la atención, casi golpeándolo. Se había dado cuenta después de hablarle tres veces, que su amigo prácticamente estaba en las nubes -¿qué fue lo que pasó con la niña?
-Ah, eso…- Kenshin miró con cierto nerviosismo a su alrededor, y luego fijó los ojos en la doctora –bueno… se cayó al río- notó su cara de sorpresa y se sonrojó –te juro que fue sólo un segundo de descuido. En un momento estaba a mi lado y al otro, persiguiendo a una mariposa. A penas la saqué del agua le cambié la ropa mojada, pero anoche le dio fiebre. Pensé que no era bueno viajar con ella en ese estado, y menos de noche, así que a penas amaneció, vine a verte.
-No es nada grave- le dijo Megumi, después de escuchar la historia –se va a mejorar en unos días más.
-Gracias- Kenshin sonrió aliviado –estaba preocupado de que le pasara algo.
-¿Cómo estás tú?- le preguntó la doctora, acercándose a él y mirándolo con suspicacia. Kenshin se alejó de ella rápidamente, dándose cuenta que no había cambiado en algunas costumbres –porque supongo que tu también te mojaste.
-Claro- contestó Kenshin.
-En ese caso, te mantendré vigilado, ¿escuchaste, Ken?
-No vas a comparar- Kenshin se largó a reír por la actitud de ella –June es muy delicada, no está acostumbrada a los cambios bruscos de temperatura.
-¿Debo suponer que la niña es June?- preguntó Sanosuke, mirándolo desde una distancia prudente. Durante el rato que los otros dos habían conversado, sólo se había dedicado a observar a su amigo.
-Así es, se llama June- contestó Kenshin.
-¿Y qué es tuyo?- le preguntó Megumi, mientras acariciaba la frente de la niña -¿o eres amigo de sus padres y por eso está viajando contigo?
-Eh…- Kenshin se notaba muy nervioso –bueno…
-¡¡Megumi!!- una voz de niña se escuchó fuera de la habitación, además de algunos pasos.
-Voy- dijo la doctora, poniéndose de pie –no creas que te has salvado, Kenshin Himura, tienes mucho que explicar.
La sonrisa en la cara de Kenshin se esfumó. Sí, sabía que en algún momento tendría que dar las explicaciones, pero ni siquiera había tenido el tiempo para pensar en qué decirles. No deseaba mentirles, pero el caso lo ameritaba… era muy necesario, para proteger a la pequeña y, por qué no decirlo, a él también.
-No creas que te has salvado…- escuchó a su espalda, y suspiró. Sanosuke continuaba en el cuarto, así que volteó a verlo, sonriendo –cambia esa cara tan seria, Sano…
-La cambiaré cuando empieces a explicar lo que pasó hace años, de quién era esa carta que te llegó y, por sobre todo, por qué te fuiste sin decirnos nada.
-Hum…
Megumi, al salir al patio, se encontró con Ayame y Susume, que estaban (para variar) de lo más felices, más atrás estaba Genzai, que se acercaba con un molesto Yahiko y, más atrás, Kaoru y Kaede, de la mano.
-Vinimos a almorzar contigo- le dijo Ayame, sonriendo –Yahiko dijo que Sanosuke estaba aquí, por lo que decidimos comer todos juntos. ¡Tendremos un almuerzo familia!
-Y no sabes cuánto- sonrió Megumi –adivinen quién está de visita.
Como Ayame y Susume eran muy curiosas, a Megumi no le extrañó que después de unos momentos, las niñas corrieran hacia el interior del cuarto. Los demás se quedaron extrañados cuando las escucharon gritar de emoción y luego lanzarse al interior.
Kenshin recibió a las niñas y se sintió alegre al sentir su abrazo tan fuerte. Pudo sentir que ambas estaban llorando.
-¡Kenshin!- dijo Ayame, mientras Susume sollozaba de la emoción –¿por qué demoraste tanto en venir?
-Tenía cosas que hacer- contestó el pelirrojo, pensando que mejor salía del cuarto, para dejar a June dormir tranquila… Aunque no le agradaba del todo dejarla sola, debido a los últimos sucesos de su vida, pensó que era mejor que descansara sola.
Se puso de pie y tomó de la mano a las niñas, saliendo.
-Han crecido mucho, están muy bonitas- les dijo, a la vez que salía.
Al mirar al frente, se dio cuenta que no estaba del todo preparado para encontrarse con todos de una sola vez. Se quedó de pie, observando cómo Yahiko abría sus ojos al verlo, pero que no decía palabra, y cómo Kaoru se aferraba más del brazo de un joven que estaba al lado de ella. Sinceramente, la presencia del joven no le importó, sólo pudo pensar en lo linda que se veía Kaoru con el pelo suelto.
Yahiko miraba a Kenshin pegado en el lugar en que estaba. No sabía si sentir alegría porque la persona que más admiraba había vuelto con ellos por fin, o descargar contra él la rabia que sentía por su partida, así que sólo se quedó de pie.
Por otra parte, Kaoru no estaba mejor. Su primer impulso loco fue correr hacia él y abrazarlo con fuerza, pero entonces recordó lo que había pasado antes entre ellos, cómo se había ido sin siquiera despedirse… también se quedó de pie, sin moverse.
-Cariño- dijo Kaede, llamando la atención de la pelinegra –¿es conocido tuyo?, ¿por qué no me lo presentas?
-Eh… claro- Kaoru por momentos deseó enterrarse, sobre todo cuando vio que Kenshin se acercaba a ella, caminando con tranquilidad y en su rostro esa sonrisa que la derretía…
-Soy Himura Kenshin- dijo amablemente el pelirrojo –soy amigo de Kaoru.
-Me llamo Yamane Kaede, soy el novio de Kaoru- contestó el otro, con simpatía –nunca he oído sobre ti, ¿de dónde se conocen?
Al escucharlo, Kaoru se dio cuenta que la sonrisa que Kenshin lucía no cambió, pero que algo en sus ojos sí. Aunque no supo identificar la razón de ese sutil cambio.
-Kenshin vivió en el dojo hace años- dijo Kaoru, que aún tenía ganas de salir corriendo –se fue hace un tiempo de viaje.
-Ya veo…
-¿Por qué mejor entramos y aprovechamos de comer?- Dijo Genzai, acercándose a ellos. Kenshin inclinó su cabeza en forma de saludo –es un gusto verte nuevamente, muchacho.
-Para mí también lo es, y es agradable ver que esté tan bien- dijo Kenshin, volviendo a él la alegría. Estaba dando media vuelta para ir al interior de la casa junto a Genzai, cuando se encontró con el rostro serio de Yahiko.
El muchacho lo miraba más serio aún, si es que se podía. Kenshin esperaba con cierta diversión la primera reacción que tuviera el niño, pero nunca se imaginó que el chico le daría en plena cabeza con su shinai, dejándolo prácticamente estampado en el suelo. Sanosuke se largó a reír de lo más divertido, mientras que Kaoru, Genzai y Kaede escuchaban algo muy parecido a un "oro", que era lo que murmuraba el pelirrojo.
-¡Tonto!, ¡idiota!- Yahiko se agachó a su lado y comenzó a sacudirlo con cierta violencia, aturdiéndolo más aún- ¿¡Qué te costaba decirnos a dónde te fuiste o cuándo volvías!?, ¡¿tienes idea lo preocupados que estábamos por ti?!
-Ya déjalo, Yahiko- intervino Sanosuke, que aún reía un poco –ya entendió el mensaje.
Yahiko lo soltó y se quedó en el mismo lugar, cruzado de brazos. Kenshin demoró un poco en recuperar la consciencia, pero al hacerlo, sonrió.
-No era mi intención preocuparlos- dijo -¿se te quitó el enojo?
-Algo… como compensación, tendrás que practicar conmigo uno de estos días, ¿escuchaste, Kenshin?
-… Como digas, Yahiko…- sonrió Kenshin.
Ya en el interior, todos se sentaron a la mesa. Kaoru, que se había quedado algo rezagada, fue tomada por la manga por Megumi, y se acercó a ella.
-¡Qué guapo se ve con ese gi verde!- le susurró, Kaoru no quiso contestar, aunque ya había pensado en eso. Definitivamente coincidía con la doctora -¿Te lo imaginas como Battousai?, ¿con esa cara de malo y los ojos color ámbar…?
Kaoru no quiso ni imaginárselo…
Mientras comían tranquilamente, entre todos pusieron al corriente a Kenshin sobre todos los sucesos que habían pasado en esos años en que no había estado presente. El pelirrojo se había sorprendido al saber que Misao había logrado conquistar a Aoshi, y que ambos llevaban cerca de tres años casados, otra noticia fue que Tae había conseguido un novio que la adoraba y que Yahiko y Tsubame estaban saliendo (esto último fue negado rotundamente por el aludido, causando la risa de la mayoría de los presentes)
Kaoru en ningún momento se sintió cómoda en ese lugar. A ratos podía sentir la mirada de Kenshin sobre ella y la mano posesiva de Kaede sobre la suya, como si supiera lo que la chica estaba sintiendo en esos momentos.
-¿Cómo fue que se conocieron?- les preguntó Kenshin, Kaoru no quiso mirarlo.
-Tae nos presentó- contestó Kaede, pasando un brazo por los hombros de Kaoru –debo decir que a penas la conocí me llamó la atención, a pesar que en esos momentos ella tenía una acalorada discusión con Yahiko, que estaba a punto de pasar a los golpes…
Kaoru bajó la mirada. Lo único que estaba deseando en esos momentos era irse a su casa y asimilar tranquila que Kenshin había vuelto. Además, tenía que convencerse que todo lo que estaba sintiendo en esos momentos no era emoción por la vuelta del pelirrojo, que sólo era una suave alegría como cualquier otra…
-Creo que eso es lo que más caracteriza a Kaoru- escuchó decir a Kenshin tranquilamente –la vitalidad que tiene de verdad es admirable, es algo que siempre ayuda en los momentos más oscuros, dando una razón a la vida de las personas que la rodean.
Lo miró, y por primera vez desde que había llegado, se encontró con los ojos violetas de Kenshin, que le sonreían. Tuvo deseos de meterse en su cabeza y saber lo que estaba pensando en esos momentos… esa mirada que le daba, era la misma que aquella vez, cuando habían vuelto de Kyoto y ella le había dado la bienvenida a su hogar.
Como contraste a la comunicación visual que ambos estaban teniendo, Kaede apretó a la chica más contra sí, y Megumi decidió intervenir entre ellos. Estaba segura que tanto Kenshin como Kaoru tenían que hablar, pero no encontraba que fuera prudente que estuvieran dándose esas miradas en frente del novio de la chica…
-Bien, Kenshin- dijo la doctora, sonriendo ampliamente –nosotros te hemos contado todo lo que ha sucedido acá en el tiempo que no has estado, ahora te toca contarnos a ti qué fue lo que hiciste el tiempo que te marchaste.
-¿Oro?- dijo el pelirrojo, y la mayoría de los presentes suspiraron al darse cuenta que la muletilla aún no se le quitaba -¿qué cosa, Megumi?
-¡Que te toca a ti!- dijo esta vez Sanosuke –pasaste cerca de cuatro años lejos de nosotros, creo que ya es hora de que comiences a dar explicaciones…
Kenshin se sonrojó un poco al notar la mirada inquisidora de sus amigos sobre él, en la espera que dijera alguna respuesta digna y que los convenciera…
-Bueno… viajé- fue lo único que dijo. Todos lo miraron desilusionados por lo corto del relato –es que no sé qué contarles…- admitió.
-Podrías empezar contándonos por qué te fuiste- dijo Kaoru rápidamente.
Kenshin soltó una pequeña tos, mirando a sus amigos. Pensaba que si dudaba contarles lo que había pasado a sus amigos, estando Kaede con ellos nunca se los contaría… tenía que pensar en alguna excusa para no decirles nada… o inventar una historia decente que los convenciera en esos momentos y lo dejaran tranquilo de momento.
-Lo siento…- dijo, casi de manera solemne –estoy muy cansado, y la historia es algo larga, ¿podemos dejarlo para mañana?
Por las miradas que le dieron se convenció que debió haber inventado cualquier cosa, incluso que se había ido de safari o algo así…
-No se enojen- comenzó a decir rápidamente –de verdad que el viaje fue muy duro…
-¡¡Papá!!- se escuchó un llanto desesperado de niña que dejó a todos quietos y calladitos. Kenshin fue el primero en reaccionar y ponerse de pie rápidamente para ir donde estaba la voz.
El pelirrojo corrió el shoji y sonrió aliviado al ver que la niña estaba sentada sobre el futón en que la había dejado, y lloraba a mares. Se acercó a ella, mientras que a su lado llegaban los demás, extrañados por el llanto de la niña.
-June, calma, ya estoy aquí…- dijo Kenshin, hincándose a su lado. Al verlo, la niña se abrazó a él, continuando con su llanto.
-¡Estaba él!- dijo la niña, entre su llanto. Kenshin trataba que se calmara paseándola de un lado a otro y sobándole la espaldita –me llevaba y tú no estabas…
-Fue una pesadilla- la interrumpió Kenshin, mirándola a la cara –nada malo va a pasarte…
Los demás, que observaban desde la puerta, no entendían qué tenía que ver esa niña con Kenshin, y menos por qué él la trataba con tanta familiaridad.
-Papi, no quiero que me lleven…
-Y no lo harán…
-¿Quién es ella, Kenshin?- la voz de Kaoru sonó algo temblorosa, a pesar que ella trataba por todos los medios permanecer impasible ante la escena que sus ojos veían. De pronto la chica sintió que las piernas comenzaban a temblarle.
Kenshin no contestó, pero miró a sus amigos. Por sus caras pudo saber lo sorprendidos que estaban, sobre todo cuando June lo había llamado "papá". Pero era mejor así, aunque sintió mucho dolor cuando vio los ojos de Kaoru…
"Sabía que no tenía que venir a Tokio" pensó, sin dejar de mirarlos y sintiéndose de pronto muy incómodo… algo extraño si se tomaba en cuenta que estaba con los que consideraba sus mejores amigos.
June los observaba con cierto recelo, podía sentir en ellos cierta apatía hacia Kenshin y ella.
-¿Es tú hija?- le preguntó Sanosuke, Kenshin pudo notar enojo en su voz -¡Te hice una maldita pregunta, Kenshin!
-¡Sanosuke!- esta vez fue Megumi la que perdió un poco el control. Estaba igual de sorprendida que todos, pero en ningún momento había olvidado el estado en el que estaba la niña, que se había escondido en el pecho de Kenshin cuando escuchó los gritos del luchador –la niña está enferma, no quiero que grites en presencia de ella, puede empeorar.
-¿Ahora yo tengo la culpa?- gruñó Sanosuke -¡qué estupidez!
Sanosuke dio media vuelta y se fue, enojado. Fue seguido de cerca por Yahiko, que tampoco se despidió de Kenshin.
-Megumi, nos vamos con ellos- dijo Kaoru suavemente, Kenshin no se atrevió a mirarla –adiós…
Kaede no hizo ninguna pregunta, simplemente se fue, tan metido en sus pensamientos como la misma Kaoru. En todo el trayecto al dojo, ninguno dijo palabra alguna.
Megumi se quedó en el cuarto, esperando que Kenshin volviera a dormir a la pequeña, que ya se notaba más relajada.
-Ya casi no tiene fiebre- dijo en algún momento Kenshin, más que nada porque el pesado silencio que había en el lugar lo estaba molestando mucho –gracias, Megumi.
-No tienes que agradecer- replicó ella, sentándose a un lado de la puerta.
Pasó un rato más hasta que Kenshin estuvo listo, dejando a June en el futón, se sentó al lado de Megumi. Sabía perfectamente de qué quería hablar la doctora, y trataría de contestarle lo más que pudiera, dentro de lo que podía, claro está. Después que la doctora se sentó a su lado, ya que había ido por té, el silencio volvió sobre ellos, pero fue terminado por ella.
-¿De verdad es tu hija?- le preguntó ella.
-¿Eso cambiaría las cosas?
-Desde mí perspectiva, sí.
-De la mía, no- contestó Kenshin, tomando un poco de té –en parte, sabía que si venía a Tokio iba a pasar esto…
-¿Qué cosa?- lo interrumpió Megumi, con cierta ironía -¿qué te íbamos a interrogar sobre la pequeña, o que los otros tres se iban a enojar contigo porque al parecer, no estabas tan mal como nosotros pensamos?
Lo vio sonreír, pero no contestó. Kenshin seguía siendo igual que siempre, con ese misterio que nunca se alejaba de él. En parte eso le agradó a Megumi. Su amigo no había cambiado.
-Supongo que no me dirás nada, igual que esa noche- suspiró la doctora –no entiendo por qué tanto misterio… ¿es que de verdad es necesario?
-Lamentablemente sí, quizás cuando todo se arregle pueda contarte lo que ha pasado estos años- contestó Kenshin.
-¿En qué estás metido?
-Es mejor que no lo sepas, no te quiero involucrar- dijo Kenshin, con una pequeña sonrisa –a ninguno de ustedes, en realidad, pero no me quedó otra que venir a verte… cosas de la vida, ¿no?
-Claro, de todas formas estabas obligado a venir a vernos- sonrió Megumi -¿te quedarás con nosotros o te irás?
-Me iré, no puedo permanecer mucho tiempo acá- contestó Kenshin –como mucho, una semana.
-Pero es poco tiempo… June puede tener una recaída…
-Lo sé- dijo bajito Kenshin, como si estuviera analizando la situación –creo que tendré que arriesgarme, es mejor para todos.
-¿Lo dices por Kaoru, cierto?
-¿Es tan obvio?
-Creo que las ilusiones las tenía hasta que vio que June te llamó "papá"… sabes a qué me refiero, ¿cierto?
-Claro… no es difícil darse cuenta- Kenshin suspiró mientras jugaba con la taza de su té, pensando –si te soy sincero, y por tonto que te parezca, creo que hasta cierto punto tuve una leve esperanza que ella… bueno…
-Entiendo- lo cortó Megumi –pero te encontraste con que ella tiene novio… creo que fuiste algo iluso, ¿crees que ella te esperaría durante cuatro años, sin saber nada de ti?
-¿Cierto que no?- dijo él, sonriendo un poco –pero me hacía bien el imaginarlo…
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Holas!!, espero que les haya gustado el cap :P
Agradezco a Lica (Yo creo que eso de ver a Ken y Kao juntos lo queremos todos, aunque al menos en este fic, no se lo merezca mucho él, jajaja); Hannia (Lo del nombre de Kaede... no tengo idea si es exclusivo de mujer, pero hace un tiempo tenía un juego que se llamaba "The last samurai", o algo así, y en él el "protagonista" del juego se llamaba así, por eso, para no complicarme, decidí ponerle así...); Mei Fanel (¿Te gustó el cap?, jajaja, apuesto que ahora sí que debes pensar que Kaoru debe cerrarle las puertas de su casa en sus narices xD); isabel-chan (Ahm, eso del nombre, te digo lo mismo que a Hannia: en un juego uno de los chicos se llamaba Kaede, y como no sabía cómo ponerle, decidí que ese... ); Mai Maxwell (gracias por tu comentario, entiendo que te haya caído mal Kaede, es algo desubicado el joven, jajaja)
Gracias por sus comentarios, estaré esperando también por este capítulo :)
Saludos!!
