Capítulo XI: Redención.

No era difícil para él escabullirse entre los pasillos de esa mansión, después de todo, no era la primera vez que caminaba por esos lugares. La única diferencia, eso sí, era que en esos momentos llevaba un bultito en sus brazos, una niña de al menos cuatro años que dormía completamente ajena a todo lo que ocurría a su alrededor. Sólo esperaba que continuara así, porque de esa manera le sería mucho más fácil actuar y llevarla a otro lugar.

Kaede alcanzó a esconderse en uno de los cuartos, antes que pasaran tres de los hombres y fuera descubierto. Soltó un suspiro, aliviado, y se dio cuenta que cada vez le quedaba menos tiempo para salir de ahí sin que nadie se diera cuenta.

Saliendo nuevamente del cuarto y vigilando que no hubiera nadie alrededor, comenzó nuevamente la marcha. Siempre había detestado ese lugar, por lo grande, frío, sombrío... incluso húmedo. Lamentablemente por su historia familiar nunca había disfrutado de un hogar, ya que prácticamente había crecido ahí, por lo que no tenía idea de lo que era el calor de una familia ni nada de eso... eso fue hasta que por órdenes llegó al dojo Kamiya.

Desde que tenía memoria había estado en ese lugar. Había llegado ahí después del ataque que había sufrido el pueblo en el que vivía cuando sólo tenía seis años, sus padres habían muerto debido a la brutalidad de unos hombres que nunca llegó a entender, y después de caminar unos días por los caminos se encontró con un hombre muy elegante al cual le dio lástima, y lo tomó bajo su "tutela"... si es que se podría llamar tutela el que lo obligara a robar para mantenerse vivo. Pero al menos, después de eso, la comida, la ropa y el techo en el cual refugiarse nunca le faltaron, aunque fuera ese lugar tan horrible.

¿Había tratado de liberarse de eso?, por supuesto, pero nunca lo había logrado. Cuando escuchó la historia de Yahiko y su llegada al dojo (ya que en un comienzo había pensado que eran hermanos), lamentó que en su historia no existiera ese espadachín que lo ayudó a escapar de ese lugar (tanto Kaoru como Yahiko no le nombraron al pelirrojo, pero él siempre supo que se trataba de él). Quizás por eso le tenía tanto aprecio a Yahiko (aunque sabía perfectamente que no era mutuo), porque en parte, ese chico había logrado lo que él nunca pudo, y en parte lo admiraba por eso.

Ni siquiera ya siendo un adulto podía dejarlo. A pesar que no estaba de acuerdo con nada de lo que se hacía en ese lugar (después de todo, la poca educación que sus padres le habían dado nunca la había olvidado), no le quedaba otra que actuar. Pero en parte, agradecía que le hubieran designado la misión de vigilar el dojo Kamiya, porque de esa manera pudo conocer no sólo a Kaoru, sino a Yahiko y a los otros (aunque también sabía que no lo apreciaban)

Por fin, después que le había costado mucho, logró llegar a la puerta de la mansión. Al menos la oscuridad de la noche le ayudaría a esconderse para que no lo vieran tan bien. A pesar que estaba cansado, se obligó a seguir corriendo para llegar al corral y poder sacar un caballo. De esa manera llegaría mucho más rápido al dojo, y quizás, habría tiempo de salvar a Eleanor también.

Porque sus "jefes", tanto Kanryu como Thomas, sabían perfectamente que él no estaba de acuerdo con lo que le pedían hacer, por eso lo habían mandado a vigilar el dojo, porque de esa manera podían mantenerlo ocupado recopilando información que los otros dos sabían perfectamente, prácticamente lo habían mandado a perder el tiempo, y como eso a él no le molestaba, aceptó inmediatamente.

¿Se había enamorado de Kaoru?. Quizás sí, quizás no... ni siquiera él lo tenía claro. Lo que sí sabía, era que en esa casa, en el dojo Kamiya, experimentaba sensaciones que las tenía olvidadas, porque a pesar que los que frecuentan el lugar y los que viven ahí no tienen lazos sanguíneos, se podía sentir el calor hogareño, el amor familiar.

Desde que se había enterado de la vuelta de Kenshin, quizás era el que más lo lamentaba, porque eso significaba que todo lo que tenía que ver con el dojo tenía que sacarlo de su vida y cumplir con su deber. Como lo había hecho antes, al sacar a June de ese lugar, a pesar que no deseaba hacerlo.

Cuando ya tenía listo el caballo para irse de ese lugar, pudo escuchar a la distancia un carruaje. Eso sólo significaba que Thomas había llegado, y de seguro lo primero que haría iba a ser ir a ver a su esposa y su hija. Con eso se sintió mucho más presionado, por lo que sin pensarlo demasiado subió al caballo y se dispuso salir. Pero no contó con que June despertaría.

Comenzó a llorar, llamando la atención de los que estaban más cerca. Kaede por momentos no supo qué hacer, pero se dio cuenta que sólo tenía una alternativa: salir lo más rápido de ahí.

-Tranquila...- dijo, mientras salía lo más rápido del corral y podía escuchar a la distancia los gritos de los hombres –te llevaré con Kenshin, te lo prometo- era obvio que no le iba a creer, por lo que Kaede la afirmó con fuerza, esperando que al menos se quedara tranquila mientras salían del lugar. La niña continuaba llorando, a la vez que se escuchó un disparo a la distancia, seguido de algunos más –confía en mí, por favor, se lo prometí a tú mamá, te llevaré con él y con Kaoru al dojo Kamiya.

Apretó los dientes cuando sintió un dolor punzante en un costado de su espalda, cerca de su hombro. A duras penas logró mantener el equilibrio y no caerse junto a la niña, pero juntando la poca fuerza de flaqueza que le quedaba, afirmó con más fuerza a June y, gracias a la habilidad del caballo en que iba, logró salir del lugar, dirigiéndose lo mejor que podía al dojo, ignorando el dolor que sentía en esos momentos.

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Cuando Sanosuke escuchó de labios de Kenshin que tenía que ir a ver a una persona, lo que menos se imaginó era que esa persona justamente era Saito Hajime, que los recibió en su oficina como siempre, fumando, y con esa sonrisa burlona que tanto lo caracterizaba.

-Himura, me extraña que volvieras en tan poco rato- dijo el oficial al verlo, mientras los otros dos se sentaban –y menos pensé que volverías con el Cabeza de Pollo...

-¡Oye...!- Sanosuke iba a empezar a reclamar pero fue interrumpido por Kenshin.

-Se las llevaron- dijo el pelirrojo, y Saito enarcó una ceja –cuando vine con Eleanor en la mañana atacaron el dojo, y por un descuido mío se las llevaron a ambas.

-¿No dijiste que el Cabeza de Pollo se había quedado en el dojo?- preguntó Saito, Sanosuke frunció el cejo –quedamos en que era peligroso que estuvieran solos...

-Lo sé, pero no contaba con que Sanosuke saldría también- dijo Kenshin, algo fastidiado –eso ya no interesa ahora, lo importante es que tenemos que ir a buscarlas, al menos antes que Thomas llegue a Tokio.

-Thomas llega hoy, si es que no llegó ya...- dijo Saito, Kenshin se puso de pie –pero lamento decirte Himura que no podremos hacer nada, hasta mañana.

-¿Qué cosa?, no podemos esperar tanto tiempo...- Kenshin comenzó a protestar –Saito, lo sabes bien, a penas ese loco llegue ellas...

-Escucha, Battousai- gruñó Saito –tú no estás a cargo de la investigación, el que te me cruzaras en el camino no fue más que una estúpida casualidad. Si digo que lo haremos mañana es porque sé que ese es el mejor momento, mis hombres han estado vigilando insistentemente el lugar, me tienen informado de lo que ocurre ahí, llevamos meses en esta investigación.

-En ese caso también deberías escucharme a mí, Saito, porque sé qué es lo que desea Thomas de Eleanor.

-No sacas nada con alegar- gruñó Saito, dando punto final al asunto –si quieres mi ayuda...

-En ningún momento consideré esa posibilidad- lo cortó Kenshin, hablando seriamente –lo que quiero es que me digas la ubicación de la casa.

Saito permaneció unos momentos sentado cómodamente en la silla, con el cigarro en la mano, momentos que Sanosuke pensó que no le daría la información a Kenshin. Pero luego se acercó a uno de los cajones de su escritorio y sacó unas cuantas hojas, las que tiró a Kenshin descuidadamente sobre la mesa.

-Ahí tienes lo que quieres- dijo el policía, volviendo a acomodarse –si quieres ve ahora, por cómo es el terreno lo más seguro es que llegues cuando esté amaneciendo, así que sólo habrás perdido tiempo y energía...

Sin decir una palabra más, Kenshin tomó las hojas y salió de la oficina, seguido por un extrañado Sanosuke. Definitivamente, esa visita en vez de ayudarlo, lo confundió más aún.

-No tenía idea que tenías que ver con Saito- le dijo, una vez que estaban saliendo de la comisaría.

-Saito lo dijo- replicó Kenshin, sin quitar el rostro serio –el que nos encontráramos en esto fue una casualidad. Yo me dedicaba a cuidar de Eleanor y de June, y él investigaba a Thomas y su familia. Nada más es eso.

-¿Y por qué viniste a verlo durante la mañana?- preguntó ahora Sanosuke.

-Eleanor quería hablar con él, yo no- por el tono utilizado, el luchador se dio cuenta que Kenshin no deseaba hablar más de ese tema, por lo que decidió cambiarlo.

-¿Y qué vamos a hacer?- le preguntó, el otro lo miró –vamos, no creerás que te dejaré ir solo a buscarlas... tenemos mucho que planear.

-Iremos a estudiar lo que Saito me dio- si es muy complicado, quizás sea conveniente que esperemos hasta que empiece a amanecer, hoy ni siquiera hay luna...

-Completamente de acuerdo.

Llegaron en poco tiempo al dojo, caminando por las tranquilas callecitas. Tanto Kaoru como Megumi se sorprendieron al verlos llegar, lo mismo que Yahiko.

-Pensé que se habían ido a buscarlas y que me habían dejado atrás- gruñó Yahiko al verlos -¿volvieron por mí, cierto?

-No exactamente, chiquillo- contestó Sanosuke, más que nada para molestarlo –volvimos porque tenemos que analizar algunas cosas.

-¿Analizar?- Kaoru miró a Kenshin, confusa -¿a dónde fueron?

-A ver a Saito- contestó Kenshin, mientras todos se sentaban a la mesa –está investigando al esposo de Eleanor, por lo que supuse que tendría información sobre a dónde las llevaron.

-¿Y es así?- preguntó Megumi, mirando a Sanosuke, que asintió.

-Creo que es un poco complicado llegar- Kenshin extendió en frente de ellos unos papeles, todos tomaron algunos tratando de entender para qué eran.

-¿Qué dicen?- preguntó Kaoru.

-Eso me gustaría saber- lo miraron sorprendidos -¿qué?, estaba hartándome de la conversación que estaba teniendo con él, así que tomé lo que me pasó sin molestarme en revisarlo y salí de su oficina. Espero que no me haya engañado.

-No lo creo- dijo Sanosuke, mirando con atención los documentos que tenía en sus manos –al parecer, Saito te pasó parte de la investigación que estaban realizando. ¿Tú sabías que el esposo de Eleanor tiene conexiones con Kanryu?

-¿En serio?- Kenshin abriendo los ojos con sorpresa, todos pudieron notar que Megumi se tensaba –no sabía que lo habían liberado.

-Al parecer se escapó con ayuda de terceros...- Sanosuke continuaba viendo los documentos –no puedo creer que Saito te entregara esta información sin pedir nada a cambio.

-Mucha de la información que tiene se la dimos con Eleanor- replicó Kenshin –y aparte, no fue muy amable porque tendremos que perder mucho tiempo buscando entre todos estos datos la ubicación de la casa...- el pelirrojo se detuvo en una hoja en especial, mirándola con curiosidad -aquí está Kaede...

Kaoru estuvo tentada a pedirle que leyera lo que decía, pero no se atrevió. Decidió que era más interesante revisar el papel (que no decía mucho) que tenía en sus manos que estar preguntando sobre él. Pero no todos pensaban como ella.

-¿Qué dice?- preguntó Yahiko.

-...- Kenshin leyó unos momentos en silencio –hum... sus padres murieron cuando era niño, lo recogió un grupo yakuza que lo obligaba a robar...

-¿Dónde he escuchado esa historia antes?- murmuró Sanosuke, mirando sin ningún disimulo a Yahiko -¿qué más dice?

-No mucho... ni siquiera dice cómo fue que llegó a trabajar con Thomas y Kanryu... estuvo encarcelado un tiempo... se entregó él mismo...

Unos ruidos dejaron a todos en silencio, escuchando con atención lo que ocurría a su alrededor. En pocos momentos se pusieron de pie, y Kenshin salió inmediatamente del lugar empuñando la sokabattou, fue seguido por los demás, que estaban alertas también.

Entre la oscuridad del patio, pudo distinguir una pequeña figura que se dirigía hacia él a penas había notado que estaba ahí. No demoró en darse cuenta de quién era y, al hacerlo, sólo atinó a quedarse quieto. No entendía qué era lo que estaba pasando.

June se abrazó a sus piernas y se puso a llorar, llamando la atención de los demás. Kaoru, que traía una lámpara con ella, se acercó con rapidez.

-June...- Kenshin se agachó a su lado mientras eran rodeados por los demás, que estaban igual de sorprendidos que él –pero... ¿cómo escapaste?, ¿cómo llegaste aquí?... ¿y esta sangre?

La niña hipaba y no se decidía a contestar, lo que desesperaba más a Kenshin que como condenado la revisaba por si tenía alguna herida.

-Se cayó...- fue lo primero que ella dijo, Kenshin la miró sin entender –él se cayó... del caballo...

-¿De quién estás hablando?- le preguntó el pelirrojo.

-De él... de Kaede- contestó June, abrazándose a Kenshin.

Kenshin miró a Sanosuke, que inmediatamente notó el mensaje y salió corriendo a la calle, notando a la distancia que había un cuerpo en el suelo. No le costó darse cuenta de quién era, ni tampoco que estaba herido.

Definitivamente no entendía qué estaba pasando.

-¡Megumi!- gritó, acercándose. La doctora llegó momentos después, en compañía de Kaoru –es Kaede, tiene una herida de bala.

-Llévalo adentro- como siempre, Megumi no tardó en reaccionar, comenzando a ordenar todo a su alrededor para poder actuar mejor –Kaoru, necesito un futón, toallas limpias y...- notó que la kendoka parecía en un lugar completamente ajeno -¡Kaoru, reacciona!

-¿Eh?, sí... ya voy...

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Hola!!!, ¿qué tal están?

Bueno, ahora un poco la explicación de este capítulo, que tiene que ver con el título del fic, "Máscaras". ¿Se dieron cuenta que al final casi nadie es sincero en este fic?, tiene que ver principalmente con eso. La mayoría de los personajes esconden sus historias, sentimientos, lo que desean... y es más por eso que decidí llamarlo así.

Y de Kaede... quiero que sepan que no fue un impulso eso de ponerlo de bueno o arrepentido, siempre tuve esa idea en la cabeza aunque no tenía muy claro la manera en que ayudaría a los del Kenshin-gumi. Si no es tan malo... simplemente no tuvo la suerte ni la fuerza que tuvo Yahiko, pero muy en el fondo, guarda un corazoncito bueno ^^

Ahora, mi duda es... ¿lo dejo vivo o no?. Ahí tendré que decidirme...

Espero les haya gustado el cap. Agradezco a Mai Maxwell, Patrihimura, Mei Fanell y Katie-Karina por sus comentarios.