ENVIDIA


Aquí estaba nuevamente. Esta sensación de no poder respirar, que algo se retuerza en la parte baja de mi anatomía por ser libre y el sudor frío en mi frente. Sólo lo había sentido de esta magnitud –y ni siquiera tanto- una vez. En aquella clase. Con Granger.

Qué mierda puedo hacer yo si a la santurrona de Granger se le da por romper sus votos de castidad en el momento en el que yo estoy pasando cerca. Y con el mono-neuronal de Weasel. Creo que necesito vomitar.

Es… hipnotizante. Es decir, desagradablemente hipnotizante. Él la besa –por no decir succiona- como si se le fuera la vida en ello. Ella a penas puede seguirle el paso. Lo siento, Weasel, Granger necesita un buen maestro. Alguien con experiencia y menos saliva. Alguien como Draco Malfoy.

Admito que espiar a través de la mínima abertura de la puerta no es digno de mí, pero tampoco lo es desear a la marisabidilla –que no lo hago. Jodida Granger y jodido Weasel. Jodidas sensaciones y, ¿saben qué? Jodidas reglas.

A la mierda con todo. Cómo desearía yo ser Weasley en este momento.


¡Qué pena que beber agua no sea un pecado! ¡Qué bien sabría entonces! - Giacomo Leopardi