La saga de Crepúsculo pertenece a Stephenie Meyer

Seis Meses

Resumen:

Su vida cambió radicalmente, cuando un niño de 6 años, apareció en su puerta con una mochila, una sonrisa, y despreocupadamente solo. No era un secreto que odiaba a los niños, pero ¿Cómo hacerse cargo de uno durante seis largos meses?

ExB


Mejor amigo

Caminé hasta mi despacho, con él pegado a mi espalda. Decidí ignorarle por completo, y solo hablarle si era necesariamente necesario o en su defecto de trabajo; nada de vida privada. Pero, al parecer, él, mezclaba la vida privada y el trabajo. Y, eso, me ponía muy nerviosa.

- ¿Qué tal te ha ido todo, Bella? - preguntó, una vez, ingresamos a mi despacho.

- Isabella, para tí - repuse con calma, a la vez que me sentaba, detrás de mi mesa. Él imitó mi gesto y se sentó en frente.

- Bella, estoy aquí porq...

- Isabella - volví a repetir con fingido desinterés.

- Isabella, estoy aquí en tu ofic...

- Cullen - fijé mis orbes en los suyos, y vi, por primera vez en años, el color verde, que, hasta entonces, no me di cuenta de lo mucho que lo había necesitado -. Han pasado los años, y todo ha cambiado. Deja de remover las cosas del pasado.

- Pero, Bella... - fruncí el ceño, y sabía que no lo podría evitar. Si seguía hablando le perdonaría, y lloraría en sus brazos.

Entonces, en ese momento, la puerta de mi despacho se abrió, sin avisar, y miré y me levanté furiosa, pero, para ese momento, un pequeño niño había entrado correteando, y estaba enganchado a mi pierna, balbuceando cosas sin sentido.

- No me dejes con esa... ¡Esta loca! ¡Sálvame! - maldito niño melodramático. Aunque no se lo negaba, Pili era muy empalagosa con los niños.

- Will suéltame... Estoy trabajando, ¿No puedes dejar de molestar ni un momento? - pregunté, zafándome de sus brazos.

- Pensaba que cuando tuvieras un hijo, te caerían mejor los niños - fijé mis orbes en los suyos verdes, y me quedé embalsada mirándole; al parecer, su efecto en mí, no cambiaba. Cerré los ojos y fruncí el ceño, alejando sus ojos de mi cabeza.

- No es mi hijo. Soy algo así, como su tutora legal por seis meses, - vi su cara de confusión, y continué - Renée me llamó y me pidió que cuidará de él en su ausencia, ¿Cómo negarme?

Suspiré, y miré al niño, el cual, inconsicientemente, me había agarrado de mi camiseta, y se negaba a soltarla.

- Be... Isabella - le miré -. Si necesitas ayuda no dudes en llamarme. No he cambiado mi número de teléfono - contemplé su rostro, y me prometí no llamarle bajo ningún concepto. No iba a arrastrarme.

- Será mejor que vayamos para casa. Will esta cansado - vi al niño queriendo abrir la boca, pero se la tapé -. Ya no veremos mañana... Cullen - cogí mi chaqueta y bolso, y salí de allí, cogiendo firmemente la mano de Will.

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OoOoOoOoO

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- Creo que deberías aceptar su ayuda - comentó el niño con desinterés, viendo un programa de dibujos.

- No veo por qué. Soy lo suficiente mayorcita para hacer las cosas solas. Y, a parte, tu eres un mocoso de seis años, así que no me digas qué hacer o qué decir, ¿Entendido? - dije, volviendo a buscar el número de Alice, y volverla a llamar.

- A esto yo le llamo una amargada masoquista - susurró Will, y se acomodó mejor en el sofá.

Dejé pasar el comentario, no era cierto lo que él acababa de decir, yo no era ninguna amargada y sobre todo, no era masoquista. En todo caso, si fuese masoquista habría aceptado la ayuda de Edward, y se la había rechazo. ¡Que se vaya a ayudar a quien lo necesite!

Resoplé frutrada, tirando contra la mesa mi móvil, odiaba cuando necesitaba a Alice, y no aparecía por ningún sitio, ¿Cómo se lo hacía? Entré a la cocina, y busqué por los estantes algo de comer. Cerré con fuerza el último armario, causando un gran ruído, y me apoyé contra la encimera, de brazos cruzados. ¡No tenía nada de comida! ¿Cómo podía ser tan torpe y despistada? Ahora debería ir a comprar, y sobretodo, tendría que llevar a ese niño mimado y consentido. Salí al comedor, y pude ver a Will durmiendo, con un hilillo de baba cayéndole de la boca, y no pude mirarle, sino, con ternura.

Negué con la cabeza, y me senté en el sillón, contiguo al sofá, me hundí en él, pensando en cómo comprar comida y demás para llenar mi cocina, sin despertar a Will, ya que, aunque le odiara, sabía que había sido un día muy largo para él, o eso suponía, porque ni si quiera sabía si había llegado hoy en avión o había residido aquí durante un tiempo. Ni idea. Fijé mi vista en el móvil, reposando encima de la mesa. Y suspiré derrotada.

Yo sabía que iba a caer. Él lo sabía. Y todos los sabíamos.

¿Por qué retrasar lo evidente?

Me levanté a paso calmado, queriendo evitar la acción, pero, no pude retenerlo mucho. Al poco tiempo llegué al móvil, y ahora lo miraba, como si de un enemigo se tratase. Entrecerré los ojos, observando aquel aparatito. Busqué en contactos en la letra E, encontré su nombre, y me debatí el pulsar la tecla llamar o no. Total, habíamos sido amigos. Los mejores. Y, bueno, también de la persona la cual me enamoré, siendo un amor no correspondido. A parte, él me había dicho que si necesitaba su ayuda, que no dudase en pedírsela, ¿Cierto? Aquí la deseperada no era yo, en teoría era él, por haberme ofrecido su ayuda, sin pedírsela.

Suspiré.

A fin de cuentas, sabía que eso eran estúpidos pretextos para aceptar que lo que iba a hacer era su culpa, y no la mía. Así me sentiría un poco menos culpable, y mis reproches a mi misma, serían, por así decirlo, más suaves, y menos dolorosos.

Saqué de mi cabeza toda mena de dudas, y le di a la tecla de llamar. Si no me lo cogía no volvería a insistir. Sguramente, estaría muy ocupado, viéndoselas con chicas o algo por el estilo, ¿Por qué debería estar pendiente del móvil? Quizá lo haya abandonado en su departamento, y ahora, este aquí, como una completa desesperada llamándole, porque no tengo otra vía de escape. ¿Desesperada? Yo no era ninguna desesperada, solo iba a pedirle ayuda a un buen amigo, y punto. No quería que pensara cosas que no son, porque luego vienen los problemas y-

- ¿Dígame? - retení aire en mis pulmones, al oír su aterciopelada y sexy voz por el teléfono, ¿Tenía efecto en mí, hasta, cuando no me veía? Tuve la necesidad de colgar, pero yo no era una quinceañera enamorado. ¡Si que no!

- E-Edward - ¡Bravo, Bella! Tartamudea para que vea que estás a su merced. Simplemente, perfecto -. ¿Estás ocupado? - pregunté intentando reponer mi voz.

- No, estaba aquí en mi apartamento viendo la televisión, ¿Necesitas ayuda? - su tono de ansiedad, hizo que miles de mariposas revolotearan mi estómago.

- B-Bueno, la verdad, es que tengo a Will durmiendo en el sofá y mi cocina vacía, y, aunque resulte raro, me da lástima despertarlo, y bueno he pensado, que quizá... pero, solo si tu quieres, no tienes por qué ayudarme sino quier...

- Que vaya a comprar algo de comer, y me pase por tu casa, ¿No? - sonreí. Tampoco era tan difícil.

- ¿Serías tan amable? - pregunté con una estúpida sonrisa bailoteando en mis labios.

- ¿Vives donde siempre, cierto?

- Si.

- Enseguida estoy allí.

Suspiré aliviada, cuando colgué el teléfono, y volví a dejarlo reposar encima de la mesa. Fijé mi vista en el sofá, el cual, se hallaba Will, dormido placidamente, y me asombré. Dormido parecía un ángel y no ningún intelectual superficial. Sonreí mínimamente, y le tapé con una manta, para que no cogiera frío. A esta época del año, quién sabe.

Me senté en el sillón, mirando la tele sin ver, con un nudo en el estómago, Edward vendría a mi departamento. ¿Pensaría que eso era una escusa para engatusarle? Negué rápidamente con la cabeza. Él no era ese tipo de chicos. Apoyé mi mejilla en mi puño, y contemplé embobada, la pequeña mesa rodeada por los sofás, mientras recordaba el primer encuentro en mi agencia. Lo cierto era que no había sido muy agradable con él, quizá por rencor o por miedo a que ponga mi vida, de nuevo, patas arriba. Aunque, a decir verdad, por muchos años que pasasen, mi vida, si él no esta presente, es como si fuese un sin sentido, una puerta cerrada con llave. Una renuncia a todo cuando me rodea. Pero, estaba claro, eso jamás lo admitiría, yo había hecho mi vida, y estaba ordenada, no pensaba que volviera desordenarla, para luego marcharse a Dios-sabe-dónde, y dejarme sola y con la espera en mi mano.

El timbre de la puerta llamando estrepitosamente, hizo que mi estúpido corazón latiera fréneticamente, y miles de mariposas se agoplaran en mi estómago, sin remordimientos. Me levanté a trompicones, no sin antes reparar que Will seguía dormido, este niño duerme como una marmota, pensé, ya que el sonido del timbre no le había despertado. Al llegar a la puerta, cogí y solté aire, y la abrí, cegándome por la belleza que se encontraba al otro lado de la puerta, ¿Cómo podía pasearse por el mundo sin pararse a pensar a cuantas mujeres deslumbrará?

- Hola, Bella - mi nombre salía tan bien de sus perfectos labios. Me hice a un lado para que pasara, y dejó las bolsas de la compra, encima de la mesa.

- ¿Cuánto te ha costado? - pregunté, mientras rebuscaba en mi bolso mi cartera.

- No voy a aceptar tu dinero - repuso con calma.

- Si. Si que lo vas a aceptar - dije una vez abrí mi cartera, y esperaba a que me dijera el precio.

- Me conformo con que me prepares e invites a comer - puso su sonrisa torcida, mi favorita. Y, ¿Quién en su sano juicio se negaría ante tal sonrisa? Yo creo que nadie. Asentí, y dejé mi bolso, junto a mi cartera, en una silla de alrededor de la mesa.

Cogí las bolsas y las llevé a la cocina. No iba a esmerarme en hacer una comida abundante, no quería impresionar a Edward, y pensara cosas que no son. Así que hice patatas fritas con pollo, y me salieron exquisitas, ¿Para qué mentir?

- ¿Necesitas ayuda, Bella? - negué con la cabeza, dipositando las patatas a la freidora, para esperar a que se hiciera, mientras el pollo estaba en el horno.

- Prepara la mesa, si eso. Ya sabes, donde guardo las cosas - no le vi, pero me imaginé su rostro con los labios fruncidos, al nombrar, indirectamente, el pasado.

¿Sería para él tan doloroso como para mí?

Una vez estuvo echa la comida, aparté en un plato un muslo de pollo y patatas fritas, para cuando despertara Will, tuviera algo que llevarse a la boca. Comimos en silencio, el tic-tac del reloj, era lo que se oí de fondo, ya que, a una gran idea mía, apagué la televisión, quién sabe por qué razón. Me fijé en su rostro, impasible y sereno, con su vista fija en su plato, y entonces, me di cuenta de algo, los dos éramos patéticos. Es decir, él había venido aquí para hablar, y yo me rehusé a escucharlo. ¿Y quién no? Si un día te levantas de la cama, queriendo ver a tu mejor amigo, del cual estás enamorada, y estás -a causa de la influencia de un duendecillo-, completamente segura de decire tus sentimientos, y en el momento en que le ves, él te dice palabras tan simples que pueden hacer que una vida entera se derrumbe, ¿A quién no le resultaría dolorso?

La ira comenzó a fluirme por mi ser, ¿Cómo había dejado que entrase a mi casa sin reparar en todo el daño que me había echo? Apreté con más fuerza el tenedor, sin que él se diese cuenta, y lágrimas de impotencia, y quizá de algo de tristeza, se acoplaron en mis ojos. ¿Cuanto tiempo hacía que no lloraba? Mucho. Lo que debía hacer ahora mismo era echarlo de mi casa, pero, claro, en teoria, esta también era su casa. Estúpido pasado y sus promesas no cumplidas, [(EN CURSIVA)] intenté calmarme, a fin de cuentas, él estaba en todo el derecho del mundo de marcharse, aunque dejase una vida desorganizada y un corazón echo trizas.

- ¿Y... qué tal te han ido estos últimos años, Bella? - su voz aterciopelada me sacó de mis pensamientos, y me fijé en sus orbes verdes, poniéndome algo nerviosa.

- Como siempre, tu sabes. Con mi torpeza de aquí a allí, mi estatus sentimental rebajado a cero, y odiando a los niños. No he cambiado mucho, la verdad. ¿Y tu? - suspiró, quizá dándose cuenta de todo el mal que había hecho, pero, algo, tenía presente, yo no le iba a reprochar nada.

- Estudiando y trabajando - comentó, dejando reposar su cubierto al lado del plato, mientras se llevaba su vaso de coca cola a la boca, dando un bueno sorbo -. ¿Y con Black? - le miré con tremenda sorpresa, ¿Aún se acordaba de Jake? -. Estaba enamorado de tí, y bueno, pensé, que acabarías juntos, siempre lo creí.

Claro, él y sus estúpidas teorias. ¿Yo con Jake? Si hacía como seis meses que no sabía de él.

- Pues ya ves. Te equivocaste - repuse con fingida tranquilidad. Prácticamente toda una vida juntos, y ni si quiera reparó de mis sentimientos, ¡Estúpido bipolar!

- No a sido mi primer error - murmuró más para si, que para mí. Fruncí el ceño, ¿A qué se refería?

- ¿Qué quieres decir con eso que no fue tu primer error? - pregunté con la curiosidad carcomiéndome por dentro.

- No importa - apartó su plato vacío con elegancia y tranquilidad -. Estaba muy buena la comida - me felicitó, en un intento vano de hacerme olvidar el anterior tema.

- Gracias. ¿Te habías olvidado que era una excelente cocinera? - dije, echándome flores, para en algo que resalto por mi misma, ¿Por qué no aprovecharme?

- Realmente, no lo olvidé. Pero si olvidé como sabían tus comidas, y te puedo asegurar que las extrañé.

- Claro. Todos echan de menos mis comidas, ¿Qué te crees que Charlie no me llamó un día para decirme como hacía tan buena la comida? - soltó una pequeña risa, y nos sumimos en un silencio algo incómodo.

Mi vista se fijó en el plato vacío, y creí que sería buena idea recoger la comida. Me levanté, y comencé a recoger los platos y cubiertos, esta de más decir que Edward me ayudó, como buen caballero que es. Una vez limpié la mesa, lo vi mirando las fotos de los muebles, sin embargo, no dijo nada. No se extrañó en ver que había quitado todas las fotos en las que salíamos él y yo, y que por consecuencia, eran la mayoría. Se volteó hacía mí, al oír mi pasos torpes e inseguros.

- Será mejor que me vaya - susurró, al tiempo que se acercaba a por su chaqueta. Lo acompañé hasta la puerta, pero antes de que él pudiera salir de mi casa, me miró -. Me ha gustado comer contigo, en serio - mis ojos se entrecerraron mínimamente -. Sería bueno repetirlo - acarició mi mejilla, y una corriente elétrica recorrió todo mi cuerpo, y tiré mi cabeza hacía atrás por inercia. Pude ver su mirada triste, y me quise disculpar, pero las palabra sno me salían -. Ya nos veremos, Bella.

Salió por la puerta, y yo la cerré una vez hubo desaparecido por el pasillo. Apoyé mi cabeza en la puerta, cerré los ojos con frustración, y solté un gran suspiro. Últimamente nada me salía a derechas.

- Parece que te gusta - la voz de Will, causó en mí un pequeño bote, y me voltée con el ceño fruncido -. Y él parece sentir lo mismo.

- ¿Tu no estabas dormido?

- Aunque, claro, solo soy un niño pequeño, intelectual, pero pequeño, así que no sé nada del amor y esas cosas que parecen ser muy cursis - se encogió de hombros, y se rascó la cabeza -. Tengo hambre, ¿Hay algo de comer?

Suspiré rendida, y le indiqué que me siguiera. Will me había aclarado algo que yo misma me había intentado negar, cuando sus orbes verdes se cruzaron en mi camino; aún seguía sintiendo algo por Edward. Aunque fuese lógico, me hubiese gustado negarlo, y decirme a mi misma que él era un buen amigo, mi mejor amigo.

- Creo que deberías decírselo - las savias palabras de Will m ehizo enfadarme más, y unas ganas tremendas de encontrar mi cama, llenaron mi cuerpo; si, era por la tarde, y yo ya pensaba en mi cama, ¿Y quién no?

- ¿Por qué no te metes en tu propios asuntos? - pregunté mordazmente.

Él simplemente se encogió de hombros, y siguió comiendo como quien no quiere la cosa. Al fin de cuentas, ese niño no sabía nada de mi vida. No debería por qué meterse en ella.


Subo capítulo rápido xD. Aprovecho que mi hermano se a ido al gimnasio y no me puede ver, y también, para decir, que, he logrado subir este capítulo, ya que mi profesora de lengua catalana me cambió el exámen para la semana que viene, y he podido colarme en el ordenador, esta tarde. Así que, hasta el próximo viernes, seré más o menos libre de los examenes xD.

Y si, no he encontrado mejor título para este capítulo, así que no os extrañeis xD.

Espero que os haya gustado el capítulo!

Nos leemos pronto!

Cuidenseeee.! :)

Marinilla14