Nota: los personajes de esta historia pertenecen a Sthepenie Meyer, salvo algunas excepciones y escribo sin ánimo de lucro
Aupi:
Bueno ya está aquí el siguiente capitulo, decir que parte para escribir este capi, me ha ayudado la señorita Selene, muchas gracias pedorra, no es muy largo pero bueno.
Muchas gracias por los reveiws
Os dejo con el capitulo
BELLA POV
Tras cruzar la sala y tirando de su mano le guíe hasta el segundo piso, guiándole con suavidad pero firmeza hacia el destino que había trazado en mi mente, mi cuarto. Edward me seguía como si de un muñeco se tratase, confuso pero obediente y sin preguntar, creo que todavía no había captado mis intenciones.
Entramos a la habitación, me giré, clavé mi mirada en sus ojos, y silenciosamente le desafié a contradecirme, pero antes de que le diese tiempo a ni siquiera plantearse empezar a tartamudear un posible rechazo, le besé.
Le besé con todos los sentimientos que se atascaban en mi pecho, esos sentimientos que con mi anterior cuerpo humano tendía a tratar de exteriorizar con lágrimas.
El pensamiento de poder expresar esos sentimientos, aunque no fuese con aquel método tan humano, me hacía inmensamente feliz.
Edward, sin embargo, todavía estaba en estado shock, no podía ser tan ingenuo como para no percatarse de lo que estaba pasando, bueno eso tenía fácil solución así que decidí dar el siguiente paso.
Pasé mi mano izquierda por su nuca, acariciando el fino vello que tenía en la nuca, y con la mano derecha comencé a acaríciale por debajo de la camiseta, tanteando sus maravillosos abdominales, el se apartó bruscamente, por fin se había dado cuenta por donde iba la cosa.
-¿Qué crees que estas haciendo?- dijo mirándome con la mirada llena de lujuria y paseando la punta suavemente la punta de la lengua por sus dientes.
-¿tu que crees?- le respondí acercándome a el y acariciándole con mi lengua su mandíbula, pero con el miedo en el cuerpo ante su posible rechazo
-Bella esto no esta bien- me dijo esta vez sin apartarse de mi, y entrecerrando los ojos ante mi caricia- no deberíamos…
-¿Por qué?, ya no puedes hacerme daño, y te quiero, se supone que tu me quieres y me deseas ¿Por qué no?, no puedes estar teniendo un problema de inseguridad, es imposible- le dije carcajeándome ante lo absurdo de esa idea.
El me miró, evaluando la situación, a mi, y a si mismo, en serio, ¿se puede ser tan frió y calculador en estas situaciones?, suspiro esbozando una de sus sonrisas torcidas y me dijo.
-no estoy tan tranquilo como piensas, de verdad siento inseguridad, no se lo que puede pasar, ni lo que podemos hacer, antes me has preguntado si te quiero y te deseo, Bella, esa es una pregunta muy estúpida para alguien tan lista como tu- de haber sido humana me hubiese sonrojado y después desmallado- pero ya que estamos destinados a ir al infierno, vayamos con el kit completo- me susurro con una sonrisa sugerente, acariciando con su dedo los botones de mi camisa, entonces lo vi claro, por fin había ganado.
A partir de ahí no hubo muchas mas palabras, Edward seguía acariciando los botones de mi camisa, para luego de un movimiento brusco agarrar el escote de mi camisa, arrancando únicamente la parte de los botones, dejando mi sujetador a la vista y las mangas en su sitio y manteniendo en mi piel su ardiente mirada ámbar, yo por mi parte no quise alargar el momento de ver su marmóreo pecho desnudo y le arranqué la camiseta, el me miró sonriendo ante mi impaciencia mientras se apoderaba de mis labios, demostrando que el también estaba ansioso por mi, me envolvió un escalofrió ante su pasión, la parte de la camisa que había sobrevivido cayó al suelo.
Seguimos besándonos con pasión, nuestras lenguas estaban entrelazadas en un frenético baile por ver quien ganaba el beso, Edward me apretaba con fuerza, mientras yo me pegaba mas a el, queriendo que todo el espacio que nos separaba desapareciese, las llamas de la pasión nos envolvían, provocando que el resto de nuestras ropas acaben desgarradas en el suelo, quedándonos desnudos el uno frente al otro, la luz de la luna envolvía la habitación, si antes Edward me había parecido un ángel ahora me parecía el mismísimo dios, por que nada que no fuese divino podía ser tan perfecto. Pero entonces me di cuenta de que yo también estaba desnuda, la vergüenza me inundo, ya que nunca había estado desnuda delante de él, bueno delante suyo y de nadie. El noto me vergüenza y me acarició el contorno de mis hombros, evaluándome de arriba abajo, sonrió juguetonamente.
-no te puedes ni imaginar lo hermosa que eres- dijo apretándome fuertemente contra el y besándome con pasión, antes de que la lujuria se apoderase de mi un pensamiento racional pasó por mi mente, Alice me mataría, nos mataría cuando se diese cuenta de cómo había quedado la ropa, toda desgarrada, aunque la verdad es que en esos momentos me importaba bien poco Alice, la ropa y todo el mundo en general.
Edward abandonó mis labios para centrarse en mi cuello, y por primera vez me mordió suavemente, pero no produjo dolor, sino que las llamas de mi interior ardieron con más ansia, provocando que un gemido saliese de garganta, pude sentir como sonreía contra mi cuello. Cuando Edward pareció cansarse de mi cuello volvió a besarme, y esta vez fui yo la que se separó para repetir que el ritual que había comenzado el, para luego continuar bajando por su pecho, pude sentir como temblaba bajo mis besos mientras gemía, antes de que pudiese descender mas el se separó bruscamente, sin dejar de sonreír, yo le miré a los ojos confundida, al mirar sus ojos pude ver como esos ojos dorados brillaban llenos de amor y pasión, me quería y eso me hacía la mujer mas afortunada de este mundo.
Edward seguía sonriendo, luego a una velocidad muy poco humana me alzó, yo le rodee la cintura con la piernas y nuestros labios volvieron a fundirse, noté vagamente que me llevaba a la cama y me tumbaba sobre ella y el sobre mi, y me acarició con la lengua el lóbulo de la oreja, este hombre estaba consiguiendo volverme loca, yo le acariciaba la espalda, notando cada uno de sus músculos, tan perfectamente moldeado, fue entonces cuando el se movió y se sitió entre mis piernas, podía notar como que estaba nervioso, éramos los dos nuevos en esto, pero algo me decía que todo iba salir bien.
En un movimiento entró dentro de mí, yo me arquee para recibirle, sintiendo como todo mi cuerpo se inundaba de electricidad y las llamas me consumían por dentro, por fin, después de tantos años, éramos uno, éramos uno solo moviéndose al compás, yo me acomodaba a cada uno de sus movimientos, sentía su respiración entrecortada contra mi oído, oía como pronunciaba mi nombre en medio de la pasión, yo enterré mis uñas en sus omoplatos y pronunciaba su nombre, por fin me sentía plena, inundada por su amor, enloquecida por sus abrazos, loca por sus caricias.
El alba llegó demasiado rápido, habíamos pasado toda la noche juntos y ahora descasábamos abrazados, no es que necesitábamos descansar, pero sabíamos que en cualquier momento uno de nuestros hermanos podría entrar en el cuarto.
Edward me acariciaba el brazo con delicadeza, mientras me miraba con la sonrisa grabada en su magnifico rostro, la misma sonrisa que debería tener yo en estos momentos, y ahí estábamos los dos, desnudos en mi cama, cuando levanté la mirada vi algo que no me había dado cuenta
-¿en que momento se rompió el cabecero?- le pregunté sonreído
-lo rompí durante la noche
-¿Por qué no me di cuenta?
-creo se te hace difícil darte cuenta de algo cuando estas…- dudó sobre lo que iba a decir- concentrada en otras cosas
Los dos nos miramos y nos reímos, la verdad es que no podía ubicar ningún momento durante la noche en la cual el había arrancado el cabecero
-a Rachel no le va ha hacer ninguna gracia- le dije con una mueca fingida, sabía que Rachel no me diría nada.
-le compraré cinco mas si hace falta- luego me abrazó fuerte- no entiendo por que me resistí a esto durante tanto tiempo, fui un idiota
-oh realmente lo fuiste- le dije burlonamente- un idiota adorable
-¿me has llamado idiota señorita Swan?- volvía a llamarme Swan
-creo que si- le dije sonriendo, el se incorporó y volvió a ponerse encima mío
-¿de verdad?- me dijo al oído mientras con su lengua jugaba con mi oído
-¿estáis visibles?- dijo una voz cantarina al otro lado de la puerta
-sabes que no Alice, así que piérdete un rato- le gritó Edward, mientras yo enterraba la cabeza en su pecho para ahogar las carcajadas, agradecía al cielo que Emmett y mi hermano ya se abrían ido, no sería capaz de aguantar sus bromas sin que me entraran ganas de arrancarles la cabeza.
-Edward quítate de encima de Bella, la familia Denali va a llegar dentro de media hora y os quiero a los dos vestiditos y presentables, además Bella necesitará que le peine y que le vista
-no lo necesito- le grité, aunque sabía que eso no serviría de nada
-voy a dejar las cosas claras- volvió a gritar la pequeña engendro del mal- una, claro que necesitas mis dotes de estilista, dos Jasper no ha pasado una noche muy agradable por vuestra culpa, tres, vosotros veréis pero tenéis cinco minutos para poneros presentables por que voy a entrar.
Tras esta pequeña "charla" Alice se calló, eso quería decir que teníamos exactamente cinco minutos para vestirnos, y ahí es donde comenzaba nuestro pequeño problema
-no tengo ropa- me dijo Edward, yo miré su ropa, estaba toda desgarrada, no se había salvado nada- y es tu culpa
-pues no lo siento- dije levantándome y dándole un suave beso en los labios, el gimió- ¿Qué pasa?
-como crees que me siento al verte desnuda, con Alice al otro lado de la puerta, no te puedes imaginar las ganas que tengo de mandar a todo el mundo al infierno y secuestrarte y retenerte en esta habitación para siempre
-me voy a tomar eso como un halago- le dije besándole esta vez con mas pasión
-¡que entro!- gritó Alice, yo me apresuré a tapar a Edward con la sabana y yo cogí el edredón, que por cierto jamás había usado.
Alice entró perfectamente vestida, con una sonrisa grabada en su cara de duendecillo del demonio, emanaba inocencia, bruja.
-que pena que no este Emmett, seguro que se lo pasaría en grande viendo a Edward en esta situación- miré a Edward, estaba mas mono tapado con la sabana.
-¿Qué pasa?- dijo la voz de Rosalie, mientras su cabeza aparecía por la puerta- dios Edward que mono estas, verdaderamente encantador
-por que no os perdéis las dos, Alice dame la ropa que tienes escondida en la espalda y hasta dentro de un cuarto de hora no quiero que ni tu, ni Rosalie, ni nadie se acerque a menos de diez metros de la habitación, ¿entendido?- dijo enfadado, Alice le lanzó la ropa mientras ella y Rosalie salían de la habitación riendo.
-incomoda situación, ¿no?- le dije todavía envuelta en el edredón mientras el se vestía, cuando termino se acercó a mi y me abrazó
-me da igual, que mis hermanas entren cien mil veces, esta noche ha sido una de las mejores que he pasado en toda mi vida- dijo besándome tiernamente
-yo también
-te amo Isabella
-te amo Edward- estuvimos abrazados hasta que Alice entró y lanzó a Edward fuera de la habitación, literalmente.
-voy ha hacer como que no estoy viendo la maravillosa ropa que os puse ayer destrozada en el suelo- dijo mirando con pena lo que quedaba de nuestra ropa.
-te diría que lo siento pero….
-se que no lo sientes, me alegro que por fin hayáis tenido la oportunidad de estar juntos
-yo también me alegro
-aunque Jasper no piensa lo mismo, ha sentido todo vuestro amor, lujuria, pasión y demás toda la noche
-¿eso no ha sido bueno para ti?- le dije alzando la ceja, ella me sonrió mientras me obligaba a ponerme unos pantalones negros pitillo y una camiseta morada pegada con un chaleco negro por encima
-en parte si
-¿puedo entrar?- dijo la voz de Rosalie desde la puerta- ¿la fiera se ha ido?
-si- le dijo su hermana
Ella entró perfecta como siempre, tras ella le seguía Rachel, ambas con una sonrisa de oreja a oreja, o por dios, espera que no tocase una ronda de preguntas embarazosas
-¿buena noche?- me pregunto Rachel sonriendo, yo bufé, esto parecía la edad media, cuando después de la primera noche como casados la madre le pregunta a la hija delante de toda la familia, la parte femenina al menos, como ha sido la noche- vale, vale, tu cara me lo dice todo
-dios Bella te estaré eternamente agradecida por ofrecerme a Edward en una situación comprometida, demasiadas veces ha entrado en mi mente- me dijo Rosalie agarrándome la mano
-no lo hace queriendo, lo que pasa que tu y tu marido sois unos pervertidos- dije poniéndome unas botas mientras Alice me alisaba el pelo.
-lo que sea- dijo mirando a otro lado, como si la cosa no fuese con ella
-los Denali van ha llegar ya- dijo Alice
-¿Qué le ha pasado al cabecero?- preguntó Esme entrando por la puerta, ¿Qué pasa no hay nadie mas en la casa?
-mi precioso cabecero- lloriqueó Rachel- con lo bonito que era- me miró mal
-se rompió- le dije a Esme sin dar mas explicación, tras esto las cinco salimos por fin de mi cuarto
Al bajar las escales vi a Edward en el salón, hablando con Jasper, al entrar yo en la estancia el se giró y me sonrió, estaba tan guapo con esa camisa negra y con unos pantalones vaqueros azul oscuro, aunque nada era comparable con verlo desnudo.
Cuando estaba bajando las escaleras la puerta principal se abrió y una mujer entró corriendo, lazándose a los brazos, espera… ¡a los brazos de Edward!
-Edward- gritó la vampira, Edward no la estaba abrazando, la verdad es que parecía no saber donde poner lo brazos- te he echado de menos
Cuando yo la estaba mirando llena de rabia, Rosalie pasó a mi lado y me miró con petulancia
-¿celosa?- me dijo mientras sonreía
-¿nunca te han dicho que estas mas guapa calladita?
-yo siempre estoy guapa- viva la modestia, esta casa estaba llena de modestos- ella es Tanya por cierto
¿Tanya?
------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Jejej espero que os haya gustado, ya he avisado que el capitulo me había quedado un poco pequeño, pero es que ha sido complicado escribirlo la verdad.
Bueno espero que para el viernes este el siguiente
Un saludo
tisha
