CAPITULO 5: Acontecimientos que atormentan: por que mi alma me infringe la culpa de mi torpeza, de la sombra que crea en mi la culpa de este error.

El Caballero Vampiro

Ddikado a DREAMS KOKORO DEAD

Y A TODAS LAS QUE ME LEEN.

Sakura se despertó poco a poco, se sentía incapaz de abrir los ojos, el sueño se apoderaba de ella y la arrastraba. De alguna forma sabía que no debía despertar, aunque era esencial que lo hiciera. Abrió los ojos a la fuerza y volvió la cabeza hacia la ventana. El sol entraba a raudales. Se obligó a sentarse y al hacerlo, las sábanas se deslizaron dejando a la vista su cuerpo desnudo.

- Shaoran... – susurró - te tomas demasiadas libertades -

Intentó conectar con él automáticamente, sentía una necesidad imperiosa de hacerlo. Al notar que dormía, se retiró de su mente. El ligero contacto fue suficiente. El estaba a salvo. Sakura se sentía diferente, feliz incluso. Podía hablar con cualquiera, tocar a cualquiera sin importarle esa sensación de peligro. La libertad de relajarse en presencia de otro ser era una alegría enorme.

Shaoran tenía grandes responsabilidades. Ella no sabía quién era él, solo que era alguien importante. Era obvio que se sentía muy a gusto con sus poderes,no como ella, que aún se sentía como una especie de monstruo. Quería ser como él, tener confianza en sí misma y no importarle la opinión de los demás. No conocía apenas nada de la vida en China. Las poblaciones rurales eran pobres y supersticiosas. No obstante eran personas amables y con una bonita artesanía. Shaoran era diferente. Había oído hablar de la gente de Hong Kong; no de los Samurais, sino de unas personas bien educadas, con dinero y que vivían por decisión propia en el corazón del bosque, en plena montaña. ¿Shaoran era su líder? ¿Era esa la razón de su arrogancia y de su carácter reservado?

La ducha le sentó bien a su cuerpo, librándolo de aquella sensación de somnolencia. Se vistió con sumo cuidado, se puso unos vaqueros, un jersey de cuello de cisne y una sudadera. Aunque hiciera sol, hacía mucho frío en las montañas, y tenía pensado ir a explorar. Por un momento sintió un dolor agudo y una quemazón en el cuello. Se retiró el jersey para examinar la herida. Era una marca extraña, parecía el mordisco de un adolescente enamorado, pero aún más intenso.

Se ruborizó al recordar la imagen de Shaoran en el momento de dejarle la marca. ¿Por encima de todo tenía que ser tan extremadamente provocativo? Podía aprender mucho de él. Se había dado cuenta de que él era capaz de estar siempre protegido del constante bombardeo de emociones. Para ella, ser capaz simplemente de sentarse en medio de una habitación atestada de gente y no sentir nada más que sus propias emociones, sería un enorme milagro

Sakura se calzó sus botas de montaña. ¡Un asesinato en este lugar! Era un sacrilegio. Los habitantes del pueblo debían estar aterrorizados. Al salir de la habitación sintió un extraño movimiento del aire. Como si tuviera que empujar contra una fuerza invisible. ¿Shaoran otra vez? ¿Intentaba mantenerla encerrada? No. Si había sido capaz de tal cosa, aquellas barreras invisibles la habrían detenido. Aquello era una especie de protección para mantener a cualquiera lejos de su habitación. Aún destrozado por el dolor y la rabia de aquel asesinato sin sentido y tan horrendo, la había ayudado a dormir. La imagen de Shaoran preocupándose de protegerla y ayudarla la hizo sentirse querida.

Eran las tres de la tarde – demasiado tarde para almorzar y excesivamente temprano para cenar – y Sakura tenía hambre. La dueña de la pensión le preparó muy amablemente una cesta con comida para que cenara de camino. Ni una sola vez mencionó que se hubiera producido un asesinato. De hecho, parecía ignorar por completo esta noticia. Sakura no se sentía con ganas de sacar el tema. Era raro; la señora fue tan amable y simpática – incluso habló de Shaoran, para ella era un viejo amigo, muy querido – pero Sakura no pudo decir ni una sola palabra del asesinato ni de lo que había supuesto para él.

Una vez fuera, se colocó la mochila en la espalda. No pudo percibir el horror del asesinato en ningún sitio. Ni en la pensión ni en la calle parecían excesivamente perturbados. Pero no podía estar equivocada; las imágenes habían sido claras y fuertes, y el dolor agudo y muy real. Había percibido tantos detalles que no podía ser obra de su imaginación.

- ¡Señorita Kinomoto! Su apellido es Kinomoto, ¿verdad? - dijo una voz femenina unos pasos detrás de ella. Sahory-san se acercaba deprisa, su rostro reflejada ansiedad, nerviosismo. Era una señora próxima a los setenta años, de aspecto frágil, cabello gris y una forma de vestir acorde con su edad

- Querida, está muy pálida esta mañana. Todos estábamos muy preocupados por usted. Ese joven, llevándosela de la manera que lo hizo, nos dejó muy asustados.

A Sakura le hizo gracia.

- Su presencia intimida un poco ¿no es así? Es un viejo amigo que se preocupa en exceso por mi salud. Créame, Sahory-san, me cuida muy bien. Es un importante hombre de negocios; puede preguntarle a cualquiera del pueblo.

- ¿Está enferma querida? - Preguntó la anciana de forma solícita,

acercándose tanto que Sakura se sintió amenazada.

- Me estoy recuperando - contestó sin dejar lugar a dudas, deseando que fuese cierto.

- ¡Yo la he visto antes! - exclamó la mujer - Usted es la extraordinaria joven que ayudó a la policía a capturar a aquel demonio que asesinaba en Tokio hace más o menos un mes. ¿Qué puede estar haciendo usted aquí, en este lugar?

Sakura se frotó la frente.

- Este tipo de trabajo es muy extenuante, Sahory-san. A veces enfermo. Fue una persecución larga y necesitaba alejarme de todo aquello. Quería visitar algún hermoso lugar remoto, un lugar saturado de historia, donde nadie me reconociera y me señalara con el dedo como a un monstruo. Hong Kong es muy hermosos. Puedo caminar, sentarme tranquilamente y dejar que el viento se lleve los recuerdos de aquella mente depravada.

- ¡Oh, querida! - la de cabellos grises alargó la mano con preocupación, intentando tocarla.

Rápidamente, Sakura se apartó hacia un lado.

- Lo siento mucho; me molesta mucho tocar a cualquier persona después de impregnarme de la mente de un loco. Por favor, entiéndalo.

La anciana mujer asintió con la cabeza.

- Aunque he notado que a su joven amigo no le importó tocarla.

Sakura sonrió.

- Es muy mandón, y le encanta especialmente representar escenas melodramáticas, pero es muy bueno conmigo. Hace tiempo que nos conocimos. Shaoran viaja muchísimo, ¿sabe? - Sus labios soltaron toda la sarta de mentiras sin ninguna dificultad. Se odió por ello - No quiero que nadie sepa nada de mí, Sahory-san. Odio la publicidad y en este momento necesito estar apartada de todo. Por favor, no le diga a nadie quién soy.-

- Por supuesto que no, querida, pero ¿cree que es seguro que ande vagando por ahí, sola? Hay muchos animales salvajes merodeando por esta zona.

- Shaoran me acompaña en mis pequeñas excursiones, y obviamente no voy a curiosear por el bosque cuando anochece.

- ¡Oh! - la anciana pareció calmarse - ¿Shaoran Li? Aquí todos hablan de él.

- Ya se lo dije, me cuida en exceso. Y en verdad, le encantan los platos de la dueña de la pensión - le confió con una sonrisa, alzando la cesta con comida. Mejor me marcho o llegaré tarde.-

Sahory la dejó pasar.

- Tenga mucho cuidado, querida.

Sakura se despidió agitando la mano y se alejó dando un paseo despacio y tranquilo por el camino que se internaba en el bosque y subía hacia la montaña. ¿Por qué se había visto obligada a mentir? Le gustaba estar sola y jamás se había tenido que justificar por lo que hacía. Por algún motivo que no acababa de entender, no quería hablar de la vida de Shaoran con nadie, menos aún con Sahory-san. La mujer parecía excesivamente interesada en él. Se le notaba en la mirada y en la voz, aunque no hizo ningún tipo de comentario al respecto. Podía sentir a la anciana estudiándola cuidadosamente, hasta que el camino giró bruscamente y los árboles la ocultaron.

Sakura movió la cabeza con tristeza. Se estaba convirtiendo en una especie de presa, al evitar que cualquiera se le acercara, incluso una dulce viejecita preocupada por su seguridad.

- ¡Sakura! ¡Espera!

Cerró los ojos, molesta por la intromisión. Se las arregló para componer una sonrisa en cuanto yuki la alcanzó.

- Yuki, me alegra que te hayas recuperado, te atragantaste, ¿verdad? Fue una suerte que el camarero conociera la maniobra de Heimlich.

Yuki frunció el ceño.

- No me atraganté - dijo a la defensiva, no quería que ella lo acusara de no saber comportarse en la mesa - Todos lo creen, pero no me atraganté con un trozo de carne.

- ¿De verdad? La forma en la que te agarró el camarero… - no acabó la frase.

- Bueno, no te quedaste el tiempo suficiente para darte cuenta - la acusó de mala gana, totalmente ceñudo - Dejaste simplemente que ese… Neandertal te sacara en brazos de allí.

- Yuki - dijo amablemente - no me conoces, no sabes nada de mí ni de mi vida privada. Por lo poco que conoces, ese hombre podía ser mi marido. Me encontraba muy mal anoche. Siento mucho no haberme quedado, pero en cuanto vi que te recuperabas, no creí apropiado vomitar en el comedor.

- ¿Cómo es que conoces a ese hombre? - preguntó Yuki celoso - Los vecinos del pueblo dicen que es el hombre más poderoso de esta zona. Es rico, es el dueño de todos los negocios petrolíferos. El típico hombre de negocios con mucho poder. ¿Cómo pudiste conocer a un hombre así?-

Se estaba acercando a Sakura cada vez más, y de repente, cayó en la cuenta de lo solos que se encontraban y de lo retirados del pueblo que estaban. Tenía una mirada de niño consentido que estropeaba su rostro infantil. También pudo percibir otra cosa, una especie de excitación, que lo hacía sentir culpable. Percibió que ella era una parte importante de sus fantasías más perversas. Yuki era un niño rico acostumbrado a conseguir cualquier nuevo juguete que se le antojara.

Sakura percibió un pequeño movimiento en su mente.

- ¿Sakura? Temes por tu seguridad -Shaoran estaba profundamente dormido, pero luchaba por despertarse.

Ahora empezó a preocuparse. Shaoran era una especie de interrogación en su cabeza. No sabía qué iba a hacer él, solo que la protegería. Por ella misma, por Shaoran y por Yuki, este último tenía que entender que no quería nada con él.

-Puedo manejar esto-

le contestó para tranquilizarlo.

- Yuki - dijo pacientemente - creo que deberías marcharte; vuelve a la pensión. No soy una mujer fácil de intimidar. Me estás acosando y no tendré ningún problema en exponer una denuncia en la policía local, o como se llamen-

Contuvo la respiración al notar que Shaoran esperaba.

- ¡Muy bien, Sakura! ¡Véndete al mejor postor! ¡A ver si consigues un marido rico! Él te usará y luego te dejará tirada; ¡Eso es lo que hacen los hombres como Li! -

gritó Yuki. Escupió algunos insultos más y se marchó dando zancadas.

Sakura dejó escapar el aire de sus pulmones muy despacio, dando gracias.

- ¿Ves?- Dijo obligándose a reírse en sus pensamientos- Manejé yo misma la situación, y eso que soy una insignificante mujer. Sorprendente ¿no?-

Desde el otro lado de la densa arboleda, imposible de ver desde donde ella estaba, se oyó el grito de terror de Yuki y después un débil gemido. Mezclado con su segundo chillido, pudo oírse el rugido de un oso enfurecido. Algo pesado cayó al suelo entre los arbustos, detrás de Sakura. Ella oyó la risa de Shaoran, muy masculina, se estaba divirtiendo de lo lindo.

- Muy divertido, Shaoran. -Yuki emanaba miedo pero no se había hecho daño- Tienes un sentido del humor bastante dudoso.-

- Necesito dormir. Deja de meterte en problemas, mujer.-

- Si no te quedaras despierto toda la noche, no pasarías todo el día durmiendo, le regañó. ¿Cuándo trabajas?

- Los ordenadores trabajan solos.

La imagen de Shaoran con un ordenador la hizo reír. A él no le pegaban los coches ni los ordenadores.

- Vuelve a dormir grandullón. Muchísimas gracias, puedo manejarme yo sola sin un enorme machote que me proteja.-

- Preferiría, en realidad, que volvieras a la pensión hasta que yo me levante.- No hubo ni el más ligero asomo de orden en su voz. Estaba intentando suavizar su forma de ser y sus esfuerzos la hicieron sonreír.

- No lo haré, aprende a vivir con mi forma de ser.

- Las Japonesas sois realmente difíciles.

Siguió subiendo la montaña, la risa de Shaoran todavía resonaba en su cabeza. Dejó que la quietud de la naturaleza inundara su mente. Los pájaros cantaban suavemente; el viento susurraba entre los árboles. El prado estaba cubierto de flores de intensos colores que se mecían con la brisa.

Sakura no se detuvo, se sentía en paz en aquella soledad. Se encaramó a una roca escarpada, en la parte alta de una pradera rodeada de espesos grupos de árboles. Comió y se tumbó de espaldas, recreándose en el paisaje.

Shaoran se movió, permitiendo a sus sentidos explorar su entorno. Yacía en la tierra poco profunda, sin que nadie lo molestara. Ningún humano se había acercado a su guarida. Quedaba poco menos de una hora para el ó de la tierra, saliendo al sótano húmedo y frío. Mientras se duchaba, imitando la manera humana de proceder a la limpieza – aunque realmente no era necesario -, tocó la mente de Sakura. Estaba amodorrada en la montaña, desprotegida y empezaba a oscurecer. Frunció el ceño. La mujer no tenía ni idea de cómo tomar medidas de protección. Le urgía darle una buena sacudida, no, más aún, quería levantarla de donde estaba tumbada y mantenerla segura en sus brazos para siempre.

Se puso en marcha bajo el pálido sol, subiendo por los caminos de la montaña con la rapidez de los suyos. El sol acariciaba su piel, calentándola, haciéndole sentir vivo. Las gafas oscuras, realizadas especialmente para él, le protegían los ojos ultrasensibles; no obstante, le molestaban unos pequeños pinchazos. Al acercarse a la roca donde Sakura dormía, captó el olor de otro de los suyos, de un hombre.

- Yamasaki.-

Shaoran enseñó los dientes. El sol se hundió tras la montaña, alargando las sombras de las colinas y bañando el bosque con tenebrosos secretos. Shaoran salió al claro, con los brazos extendidos a ambos lados. Su cuerpo emanaba poder, se movía de forma fluida, como si volara. Era un demonio que acechaba, silencioso y letal.

Yamasaki estaba de espaldas a él, acercándose a Sakura. Al sentir la fuerza en el aire, se giró. Sus facciones estaban desfiguradas por el dolor y la ira.

- Shaoran… - le falló la voz, cerró los ojos - Sé que jamás me perdonarás. Sabías que no era un verdadero compañero para Nauko. Aún así, ella no hubiera permitido que yo me marchara. Me amenazó con quitarse la vida si la dejaba, si yo intentaba buscar a otra. Permanecí junto a ella como un cobarde.

- ¿Por qué te encuentro agazapado al lado de mi mujer? - gruño Shaoran, mientras la furia lo invadía. Las excusas de Yamasaki le asqueaban, aunque fueran ciertas. Si Nauko había amenazado con morir bajo el sol, él tendría que haberlo sabido. Shaoran tenía el suficiente poder para detener el comportamiento auto-destructivo de Nauko. Yamasaki sabía muy bien que él era su príncipe, su líder, y aunque nunca había compartido su sangre con el compañero de su hermana, podía leer en su mente el placer perverso que le proporcionaba esta relación, su dominio sobre ella y la obsesión que Nauko sentía.

A sus espaldas, Sakura se movió, se sentó y se echó el pelo hacia atrás, ese pequeño gesto tan suyo. Se veía soñolienta, provocativa, era una sirena esperando a su amante. Yamasaki giró la cabeza para mirarla y una expresión taimada y astuta cruzó por su rostro. Ella sintió la inmediata orden de Shaoran para que guardara silencio, y percibió el dolor no reprimido de Yamasaki, sus celos y el odio que sentía hacia Shaoran, la tensión palpable entre los dos hombres.

- Yue me dijero que ella estaba bajo tu protección. No podía dormir y sabía que estaba sola sin ningún hechizo que la protegiera. Tenía que hacer algo o habría elegido unirme a Nauko - Era un ruego, buscaba comprensión, no el perdón. No obstante, Sakura no creyó nada de lo que Yamasaki dijo. No supo por qué ya que su dolor era real. Quizás estaba desesperado por conseguir el respeto de Shaoran y sabía en el fondo que no iba a lograrlo

- Entonces, estoy en deuda contigo - dijo Shaoran solemnemente, le costaba un enorme esfuerzo ocultar el asco que sentía por un hombre que dejaba a su mujer desprotegida, habiendo dado a luz hacía tan poco tiempo, para atormentarla con el olor que otra mujer dejaría sobre él.

Sakura bajó de la roca, era una menuda mujer de mirada compasiva en sus grandes ojos verdes como esmeraldas.

- Siento muchísimo la muerte de su esposa - dijo en un susurro, cuidando de mantener la distancia. Era el marido de la mujer asesinada. Su dolor y culpabilidad llegaban hasta el cuerpo de Sakura con dolorosa intensidad, pero ella estaba preocupada por Shaoran. Algo iba mal con Yamasaki. Su mente estaba desequilibrada, no era malvado, pero había algo extraño en él.

- Gracias - dijo Yamasaki escuetamente - Necesito a mi hijo, Shaoran.

- Necesitas que la tierra te cure - le contestó Shaoran como respuesta, era una decisión irrevocable y estaba firmemente decidido a que se cumpliera su voluntad. No entregaría un precioso bebé indefenso a este hombre en su actual estado mental.

El estómago de Sakura se contrajo de dolor, igual que su corazón, al oír la crueldad de las palabras de Shaoran. Apenas comprendía lo que encerraba la orden de el castaño. Este hombre, rebosante de dolor por el asesinato de su esposa, iba a ser privado de la presencia de su hijo, y aceptaba la palabra de Shaoran como una ley absoluta. Sintió su profundo dolor como si fuera propio, y no estaba de acuerdo con la decisión de Shaoran.

- Por favor, Shaoran. Yo amaba a Nauko - De forma instintiva Sakura supo que no estaba rogando para quedarse con el bebé.

La furia oscureció el rostro de Shaoran, dejó un atisbo de crueldad en su boca y enrojeció sus ojos dorado-pardo

- No me hables de amor, Yamasaki. Entiérrate; cúrate. Encontraré al asesino y vengaré la muerte de mi hermana. Jamás volveré a dejarme arrastrar por el sentimentalismo. Si no hubiera escuchado sus súplicas, ahora estaría viva.

- Soy incapaz de dormir. Tengo el derecho de cazar a los asesinos - La voz de Yamasaki sonaba resentida, desafiante, buscando el respeto y la igualdad como lo hace un niño, aún sabiendo que no podía conseguirlos.

La impaciencia y la amenaza brillaron en los pensativos ojos de Shaoran

- Entonces te obligaré a que lo hagas, te daré la orden para que descanses, puesto que tu mente y tu cuerpo lo necesitan - Dijo con el tono más neutral que Sakura le había escuchado. Si no hubiera sido por la furia que ardía en sus ojos ahora casi dorados, habría creído que se comportaba de forma amable y que cuidaba realmente de la salud del hombre.

- No podemos permitirnos que desaparezcas, Yamasaki - Su voz se suavizó, usó un tono aterciopelado que seducía y ordenaba implacablemente.

- Vas a dormir, Yamasaki. Irás con Yue y dejarás que te prepare y te cuide. Permanecerás dormido hasta que no representes un peligro ni para ti, ni para los demás.

Sakura estaba asombrada y alarmada por el absoluto poder de su voz, él ostentaba ese poder como si fuera su deber. La voz de Shaoran por sí sola podía inducir a un profundo trance hipnótico. Nadie discutía sus decisiones, ni siquiera en un asunto tan grave como era decidir quién cuida a un bebé. Se mordió el labio inferior, estaba muy confundida. Shaoran tenía razón en lo del bebé. Ella percibía algo malo en Yamasaki, pero que un hombre maduro obedeciera su orden – tuviera que obedecer su orden – la aterrorizó. Nadie debería poseer esa voz, ese don. Algo tan poderoso podía emplearse de la forma equivocada, podía corromper a aquel que lo poseía. Se quedaron de pie, uno en frente del otro, mirándose, mientras Yamasaki se alejaba entre la creciente oscuridad. Sakura sentía el enfado de Shaoran, estaba disgustado con ella. Desafiante, alzó la barbilla. El se acercó, deslizándose increíblemente rápido, sus dedos se cerraron alrededor de su garganta, como si quisiera estrangularla.

- No volverás nunca a cometer una tontería como esta.

Ella parpadeó, mientras mantenía su mirada.

- No intentes intimidarme, Shaoran; no funcionará. Nadie me dice lo que tengo que hacer, ni dónde puedo ir. Bajó las manos hasta sus muñecas, apresándolas, amenazando con romper sus frágiles huesos.

- No toleraré ninguna tontería que pueda poner en riesgo tu vida. Ya hemos perdido a una de nuestras mujeres. No voy a perderte.-

Había dicho que era su hermana. La compasión luchó con su instinto de protección. La base de esta discusión era el miedo que él sentía a que ella desapareciera.

- Shaoran, no puedes guardarme dentro de una caja y ponerme en un rincón seguro - Habló tan tiernamente como pudo.

- No voy a discutir sobre tu seguridad. Hace un rato estabas sola con un hombre que estaba planeando tomarte a la fuerza. Cualquier animal salvaje podía haberte atacado, y si no hubieras estado bajo mi protección, Yamasaki podría haberte hecho daño en su actual estado.

- Nada de eso ha ocurrido, Shaoran - Tocó dulcemente su mentón en una tierna caricia - Tienes suficientes preocupaciones, suficientes responsabilidades como para que me añadas a la lista. Puedo ayudarte. Sabes que soy capaz de hacerlo.

Tiró de su muñeca para que cayera sobre él.

- Vas a volverme loco, Sakura - La estrechó contra su cuerpo. Su voz bajó de tono, hasta convertirse en una caricia hipnótica, en pura magia negra - Eres la única persona a la que ansío proteger, y aún así no me obedeces. Insistes en mantener tu independencia. Todos los demás se apoyan en mi fuerza, pero tú buscas ayudarme, compartir mis obligaciones - Bajó la boca hacia la suya.

De nuevo Sakura sintió que la tierra retumbaba bajo sus pies, sintió el estallido eléctrico en el aire, a su alrededor. Era algo curioso. La temperatura de su piel subió hasta hacerla arder. En su cabeza giraban miles de puntitos de colores. La boca de Shaoran reclamaba la suya, posesiva, agresiva, dominante, borrando cualquier intento de resistencia. Ella separó los labios, permitiendo su ardiente y dulce asalto. Sakura posó sus manos sobre los anchos hombros, y después le rodeó el cuello. Sentía como su cuerpo se derretía. Shaoran quería tumbarla sobre la suave hierba, arrancarle esas ofensivas prendas del cuerpo y hacerla irremediablemente suya. Sabía a pura inocencia. Nadie, nunca, le había pedido compartir sus pesadas obligaciones. Nadie, hasta que llegó esta muchachita mortal, había pensado en el precio que él pagaba. Una humana. Tenía el coraje necesario para plantarse ante él, y él no podía más que respetarla por ello. Shaoran tenía los ojos cerrados, deleitándose en la sensación del cuerpo de Sakura pegado al suyo, en el hecho de quererla con aquella intensidad. Estaba consumido por un deseo ardiente. De mala gana alzó la cabeza, le dolía todo el cuerpo, de forma atroz.

- Vámonos a casa, Sakura - Su voz era pura seducción.

La boca de la castaña se curvó en una sonrisa.

- No creo que tu casa sea un lugar seguro. Eres de la clase de hombre contra la que me previno mi madre. Shaoran la abrazó de forma posesiva, atrapándola contra su cuerpo. No tenía ni la más ligera intención de apartarse de ella, de dejar que se marchara. Le indicó con su cuerpo el camino a seguir, por donde él quería. Caminaron juntos en un agradable silencio.

- Yuki no tenía intención de hacerme daño - negó de repente - Lo habría percibido.

- Tú no tenías intención de tocarlo, pequeña, y eso lo salvó.

- Realmente creo que es capaz de cometer actos violentos. Siempre es duro evitar la violencia - Le dirigió una traviesa sonrisa - Va pegada a ti como una segunda piel. Le tiró de la gruesa trenza en venganza por la broma.

- Quiero que vengas a vivir a mi casa. Por lo menos hasta que encontremos a los asesinos y nos hagamos cargo de ellos. Sakura caminó en silencio. Shaoran había dicho hagamos, como si fueran un equipo. Eso le gustó.

- ¿Sabes, Shaoran? Es de lo más extraño. Nadie en el pueblo, ni en la pensión, parecía saber nada del asesinato hoy. -Sus dedos rozaron levemente sus delicados pómulos.

- Y tú no dijiste nada.

Le dirigió una mirada calmada, por debajo de sus largas pestañas.

- Por supuesto. No me divierto cotilleando.

- Nauko murió cruelmente, su muerte no tiene ningún sentido. Ella era la compañera de Yamasaki…

- Ya dijiste eso antes, ¿qué significa "compañera"?

- Ese término es igual al de marido o esposa – explicó - Nauko había dado a luz a un niño hace sólo dos meses. Yo era el responsable de ellos. Nauko no será tema de cotilleo. Nosotros mismos encontraremos a sus asesinos.

- ¿No crees que si hubiera un asesino en serie suelto en pueblo tan pequeño, la gente tendría derecho a saberlo? Shaoran escogió las palabras con sumo cuidado.

- Los del pueblo no están en peligro. Y esto no es obra de una sola persona. Los asesinos desean acabar con nuestra gente. La verdadera raza de los Cárpatos está casi extinguida. Tenemos enemigos implacables que estarían felices de vernos muertos a todos.

- ¿Por qué?

Shaoran se encogió de hombros.

- Somos diferentes; tenemos ciertos dones, ciertos talentos. La gente teme aquello que es diferente. Deberías saberlo.

- Quizás por mis venas corra una versión diluida de vuestra sangre - dijo Sakura con una pizca de tristeza. Era agradable pensar que tenía antepasados con su mismo don. El corazón de Shaoran voló hacia el de Sakura. Su vida debía haber sido terriblemente solitaria. Shaoran quería arroparla entre sus brazos, protegerla de las cosas desagradables de la vida. La suya era una soledad auto-impuesta; Sakura no había tenido elección.

- Nuestros negocios con el petróleo y los minerales, en un país donde la mayoría apenas tiene nada, provocan odio y celos. Yo soy la ley para mi gente. Me enfrento con aquello que amenaza nuestra posición y nuestras vidas. Fue mi desacertada decisión la que colocó a Nauko en peligro; debo atrapar a sus asesinos y hacer justicia.

- ¿Por qué no has llamado a las autoridades locales? - Se esforzaba por entender, pero tenía que ir despacio.

- Yo soy la autoridad para mi gente. Soy la ley.

- ¿Tú solo?

- Tengo otros que ejecutan mis órdenes, que persiguen y cazan; son muchos, de hecho. Pero todas las decisiones son responsabilidad mía.

- Eres juez, jurado y ¿también verdugo? - apuntó ella, conteniendo la respiración mientras esperaba la respuesta. Sus percepciones no podían mentir. Ella habría sentido la mancha del mal en él, sin importar lo buena que fuera la protección que él hubiera intentando interponer. Nadie era tan poderoso como para que sus sentidos no detectaran una pequeña brecha. No se percató de que había dejado de andar hasta que Shaoran le acarició los brazos arriba y abajo, calentándola porque empezaba a tiritar.

- Ahora me temes - Dijo con cansancio, pero muy suavemente, como si se sintiera herido. Y en realidad la idea le hacía daño. Había intentado que ella le temiera; había provocado su miedo deliberadamente, y ahora que conseguía su objetivo, entendía que no era lo que pretendía de ella.

Sakura sintió la voz suave de Shaoran en el fondo del alma.

Nota: holas!!! pos aqui tratando de actualizar rapido jojo que les parecio el cap de hoy huh?? si quieren matarme haganlo lo aceptare valientemente jaja pero tambien acepto felicitaciones por que cuesta trabajo esto jaja perdon si hay algun error pero casi no eh dormido por mi trabajo pero ak estoy tratando jeje lesagradesco un monton sus comentarios son lo que me motiva, graxx de verdad en fin voy a actualizar el sabado se los pormeto graxx por leer hasta ak saludos a todos besos!!