Capítulo 10
Víctor largo una carcajada ante mi pregunta, no me contestaba y yo quería saber, él solo reía mientras miraba como Malfoy caminaba hacia las mazmorras, me quedé pensativa, Víctor no solía ser así, no el hombre que yo recordaba, los años habían hecho de él una persona distinta. Primero la besaba repentinamente, y ahora se burlaba de alguien que apenas había conocido hace muchos años. Evidentemente no era la persona que ella recordaba más cuando sin decirle nada la tomó del hombro casi abrazándola.
-¿Qué haces? –le pregunté disgustada, en ese momento Malfoy había mirado y negó con la cabeza la actitud del búlgaro.
-¡Vamos Hermione, solo te tomo del hombro! –me dijo sin sacar la mano, por lo cual hice un movimiento brusco y logré que me soltara.
-¡Víctor yo soy una mujer casada, te ruego me respetes! –espeté enojada.
Él se puso serio, pero no contestó mi pregunta y ya no quise insistir, tal vez Víctor halla estado en azkaban, Malfoy estuvo muy mal ahí, no quería ni pensar lo que estaba rondando en mi cabeza, no quería pensar que él haya sido el culpable de que Malfoy estuviera en ese estado…
Vino Hagrid y nos dijo que fuéramos hacia dónde estaba McGonagal que nos iba a entregar un programa de los temas a tratar en los distintos años, llegamos al despacho que antes ocupara Dumbledor, Hagrid dio la contraseña y los tres subimos.
-Señora Weasley, señor Krum me alegra verlos luego de tantos años, se ven muy bien ambos –espetó Minerva. Le dimos las gracias y ella nos entregó unas carpetas con nuestros respectivos nombres.
La directora llamó a un elfo para que nos acompañara a nuestras habitaciones, nos despedimos. Realmente estábamos cansados, a pesar de ser entrada la tarde, descansaríamos un rato para luego ir a la cena de bienvenida, que iba a ser a las nueve en punto, en el gran comedor, así que ambos seguimos al elfo.
-Hace cuantos años estas en Hogwarts -pregunté curiosa.
El elfo me contestó sonriendo,
-Yo la conozco a usted ama Granger, perdón Weasley.
-¿Nos conocemos?, dime Granger, le pediré a McGonagal que me llamen por mi apellido de soltera.
-En realidad mi madre me habló de ustedes, el trío dorado, amigos de mi padre Dobby.
-¿Tu eres el hijo de Dobby? –dije y casi lo alcé de la emoción, el pobre elfo me miró asustado del alboroto que había armado, pero enseguida sus ojos se llenaron de cariño, cariño que sentimos mutuamente.
Víctor nos miraba como si estuviéramos ambos locos seguramente no aceptaba mi manera de tratas al elfo.
-Ésta es su habitación- le dijo a Víctor, quien entró molesto por no poder despedirse a solas.
-Nos vemos en el salón comedor Hermione.
-Esta bien –le contesté sin mirarlo, seguí mi camino junto a Tobby.
-¿Cuál es mi habitación? –pregunté al elfo.
-Ama su habitación queda en el piso de abajo.
-¿En las mazmorras? –pregunté extrañada y pude ver como el elfo se ponía muy nervioso.
-Sí ama.
No quise seguirle perturbando, se notaba muy alterado, bajamos rápidamente y me indicó una habitación en una parte del castillo que no conocía, estaba todo muy frío, había una estatua que me parecía familiar, entonces recordé.
-¿No es la habitación que tenía el profesor Snape como despacho?
-Eso fue hace muchos años ama Granger, ahora es su habitación.
Le sonreí despidiéndome, me encantaba estar con el hijo de Dobby, su padre ocupaba un lugar grandote en mi corazón y su hijo era igualito a él.
Entré, la habitación era muy grande, con una cama, un escritorio, un enorme ropero, una chimenea que estaba encendida, la ventana que daba a los jardines y en el fondo dos puertas, la primera que trate de abrir estaba sellada, la otra era un baño enorme.
Dejé mi maleta encima del ropero, no tenía ganas de desempacar y me tiré de lleno sobre la cama, pensaba en todo lo vivido en el día, la aparición de Malfoy en el tren, no podía sacarme su rostro de mi mente, cerré los ojos, estaba quedándome dormida, cuando escucho unos golpes en la puerta, justo antes de abrirse.
-¡Granger! ¡Qué alegría tenerte tan cerca!
