Capítulo 18

Me sentí morir junto con ella ¿qué había hecho? La solté del cuello y su cuerpo se deslizó por la pared, me arrodillé a su lado, estaba pálida, muy pálida, desesperado busqué alguna señal de vida, no la encontré pero era imposible, Granger no podía morir así de fácil, me negué la posibilidad, la tomé en mis brazos y corrí por los pasillos, fui a la enfermería, no me importaban las consecuencias, Pomfrey tenía que salvarla.

Maldije a mi pierna que no me dejaba ir lo rápido que quería, maldije los pasillos, las escaleras, los pasadizos, si no conociera el castillo mejor que a mi casa, jamás hubiera llegado a tiempo, pero lo hice, la deposité en una camilla justo cuando entró la vieja medimaga.

-¡Señora Weasley!, gritó la bruja corriendo hacia ella, yo estaba oculto, siempre tuve mucha suerte, y siempre instintivamente busqué salvar mi pellejo, así que me quedé escondido, tampoco iba a sacrificar mi libertad, menos por la sucia impura, ví como la medimaga por medio de su varita hacía aparecer un montón de ungüentos, varios se los hacía oler, otros trataba que se los tomara, parecía que nada funcionaba y yo veía como la mujer se desesperaba más…

-¡mierda Granger, reacciona! –pensé desconsolado, pero ¿Por qué sentía ese dolor en el pecho? ¿Qué me importaba a mí si la impura se moría?

Me fui del lugar, empecé a vagar por los pasillos y allí los ví, Scorpius estaba burlándose de la pequeña Granger, la insultaba, la humillaba, tal como yo se lo había ordenado, mi hijo me vió de refilón y entonces fue mas cruel con ella, la pequeña cargada de libros al igual que su madre trató de esquivarlo y Scorpius fiel reflejo mío, le hizo una zancadilla en la cual la niña tropezó y calló de bruces golpeándose fuertemente y desparramando todo en el suelo…

-¡eres patética Weasley! –mofó Scorpius desde el piso, riéndose a carcajadas.

-¡vete! –le grité- mi hijo me miró desconcertado, se suponía que debía felicitarlo, pero verlo en esa situación, creada por mí lo sé, me descompuso el estómago.

-¿estás bien? -le dije a la niña, quien me sonrió, su risa me desarmó, ¿cómo podía parecerse tanto a su madre?

-gracias señor, pero… ¿usted no es el padre de Malfoy?

-sí lo soy, y lamento lo desconsiderado de mi hijo.

Ella rió, su risa era dulce tan dulce como...¡basta!, me estaba volviendo loco, no podía seguir pensando en ella, luego de haberla lastimado como lo había hecho, luego de estar sin saber si estaba viva.

-no le diga nada –me pidió defendiéndolo, creo que no le caigo muy bien, hace dos día que nos conocemos y él…

No la dejé terminar, no podía oírla, no quería oír lo injusto de sus insultos hacia ella, lo injusto de mis insultos hacia su madre, porque al decir verdad las dos eran inocentes…

La pequeña empezó a juntar los libros, yo la ayudé, me volvió a sonreír, y yo me volví a enfurecer, esa niña era de Granger, esa niña era de Weasley, esa niña debió ser mía.

Debo haber puesto una cara especial, ella es muy inteligente, tanto como…, me miró a los ojos, miró más allá de lo normal, y antes de irse me dijo algo que caló mis huesos…

-creo que para ti, yo tampoco debía haber nacido ¿no?

-¿Quién te dijo eso? –grité.

-tu hijo –me dijo tranquila- le pregunté el porque no me soportaba, y el dijo eso, dijo que el problema era yo, solamente por eso por nacer, porque nunca debí haber nacido.