Hola!! como estan?, que gusto volverlos a ver, hacía mucho que no escribía y es bueno estar de vuelta.

Después de un tiempo tuve mi ataque de inspiración, y creo que lo aproveché al máximo, he logrado escribir un capitulo completo luego del lapsus de escritor sin imaginación.

Espero que disfruten de este nuevo capítulo, y prometo estar bajando los demás lo más pronto posible, en serio me propuse a terminar este fic y lo haré, ya que pienso que aún hay más que compartir sobre esta parejita que tanto nos gusta: Ryoma x Sakuno.

Las parejas en este fic son muchas, pero ya saben cuales son las principales.

Espero que les guste, me encantaría recibir críticas constructivas y opiniones... y más aún que den sus ideas para el proximo capitulo.

Estaré en contacto pronto... xoxo


Inexplicable atracción

por: Reika Namino

4.- Aclaraciones

Nuevamente tenía que enfrentar un amanecer más, la luz del sol la despertaba reiteradamente y la brisa matutina se encargaba de despejarle la cabeza.

Ya se había acostumbrado a todos aquellos indicios que le daba la naturaleza para saber que ya era temprano, ahora los usaba como despertador y estaba encantada de que no hiciera algún sonido extraño.

Había estado dando vueltas en su cama solo hacía dos minutos, no quería desperdiciar más.

Se levantó de la cama lo más rápido que pudo, poniendo un pie tras otro hasta llegar al cuarto de baño, empujó la cortina a un lado y se metió a la ducha , espero hasta estar mas preparada y abrió el caño para darse largo baño; la noche anterior había sido literalmente una pesadilla, no podía creer que los recuerdos le acecharan con más frecuencia, últimamente no podía ver al rostro a su madre sin contraer la expresión, cada vez era más difícil verla y pasar más tiempo en casa a raíz de los recuerdos que empezaba n a aparecer cada noche, había hablado con su padre pero no le había contado acerca de las cosas que empezaba a recordar, no quería preocuparlo, solo le intentaba a decir que estaría en Tokio más pronto de lo planeado, esperaba que el sacara sus propias condiciones.

El jabón le irritaba los ojos, el escozor dimitió poco tiempo después pero le dejó aquella sensación de delicadeza que tanto odiaba. Ya estaba harta de ser delicada, quería enfrentar al mundo sana y salva, quería despertar sin haber tenido que sufrir durante la noche. Más que todo quería perdonar a aquella persona que se encontraba durmiendo en la habitación de al lado, quería tener el valor de hablar con su madre y pedirle explicaciones, quería que ella pidiera disculpas por lastimar a su adorado padre, quería tantas cosas, pero a la vez sabía que sería muy inmaduro esperar escuchar todo aquello de los tensos labios de su madre.

Se enjuagó y continuó meditando sobre lo ocurrido en su estancia en el pueblo; en las cuatro semanas que llevaba allí, habían pasado más cosas que en toda su vida. Las cosas con Echizen seguían rondando el mismo campo, tras el descubrimiento de su hermano mayor había tomado una actitud distante como evitando que se notara demasiado lo que había ocurrido.

Sakuno no había intentado hablar ni una sola vez con el mayor de los hermanos, pero suponía que Ryoma había logrado hablar con el hasta llegar a un acuerdo; le ponía un tanto nerviosa no saber que se llevaban entre manos, la incertidumbre había dado bienvenida a vicios perdidos en la niñez, como morderse las uñas o quedarse viendo el vacio inventando caminos que pudieron tomar los sucesos ocurridos.

Había comprendido la actitud reservada de aquellos hombres que había conocido hacía un mes, la mirada de Fuji ya no le parecía demasiado intimidante, al contrario le comenzaba a parecer un tanto graciosa; Eiji era la persona que más le hacía reír y Oishi siempre era el que intentaba calmarlo, parecían muy unidos y eso enternecía mucho a Sakuno. Tezuka, Inui y Kaidoh fueron más difíciles de comprender, aquella armadura seria le hacía recordar a Ryoma, los tres eran tipos duros, así era como los describía Ann cuando hablaban de ellos. Kawamura cocinaba delicioso, pero él alegaba de que no tenía suficiente tiempo para dedicarse a la cocina, eso entristecía a todos ya que era excelente en lo que hacía por ello había puesto cedes en todo el mundo de su restaurante de comida japonesa, hasta había intentado contratar a Sakuno luego de haber probado sus deliciosos platos. Momoshiro en cambió era el que se atragantaba de comer tanto, cuando lo conoció nunca había pensado que dentro de el se encontraba el barril sin fondo más grande de Tokio, él era el que más comía entre todos y era uno de los más graciosos y sobre todo amoroso cuando se trataba de Ann, ambos de adoraban. Tomoka era papa de otro costal, no se le acercó en ningún momento, Ann le había explicado que la veía como una amenaza y Sakuno no sabía como decirle que esa era una total mentira, no tenía ningún deseo por Ryoma Echizen, aparte de jamás volverlo a ver, o aceptar cualquier tipo de invitación a su habitación. Con el transcurso de ese pequeño periodo de tiempo Sakuno logró entender que todos guardaban su personalidad del dominio publico, eran elegantes, sí, pero no siempre, y eso hacía comprender a Sakuno, que tal vez en la ciudad, cuando veía a todos aquellos chicos que se comportaban así y que ella casi nunca podía hablar, sacaba la conclusión que tal vez eran como sus nuevos amigos.

Cerró el caño y se secó con la toalla, bañarse con agua fría le ayudaba a serenarse, hoy tenía planes con Ann, le había llamado la tarde anterior para preguntarle si le gustaría ir de compras con ella, Sakuno aceptó al acto, había comenzado a llevarse bien con ella, y le gustaba tener a alguien con quien poder pasar sus supuestas vacaciones, aún nadie sabía los propósitos de Sakuno, para ellos tan solo era una simple visita a su madre nadie sabía que en realidad era como palpar terreno nuevo.

Se enfundó los primeros shorts que encontró, eran de tela color negro con un lazo como cinturón, y se puso una camiseta larga color blanco que tenía un escote redondo, se sujeto el cabello en una larga trenza y se colocó un pañuelo sobre su cabello del mismo color que su polo. La última mirada en el espejo fue para confirmarle que estaba todo en orden y que había logrado su objetivo.

Se puso las sandalias que había dejado debajo de la cama y se las ató alrededor del tobillo.

Eso era todo lo que podía hacer por la mañana, despertarse lo más temprano posible y salir de la casa antes de que su madre despertara, ella no le había hecho problema cuando no regresó aquella noche después del almuerzo de Momoshiro, Sakuno llegó a la extraña conclusión de que en realidad no le interesaba su paradero, por lo que dejó de sentirse incomoda esperando su reacción.

Cerró la puerta de su habitación con llave y desapareció de la casa de su madre.

Había estado muy triste por no tener movilidad, no tenía independencia al no poseer un auto, no obstante no quería pedirle a su padre que le mandara alguno ya que esa sería la excusa suficiente para que su padre le mandara a alguien para vigilarla, y efectivamente sería la perdida de su privacidad.

Por suerte Ann había logrado que Momoshiro le prestara el auto a Sakuno por un tiempo indefinido, todos eran grandes personas, pero aquella pareja hacía que Sakuno se sintiera un poco más en casa. Eran increíbles con ella, y la hacían sentir como si fuera la más pequeña del grupo, aunque ciertamente era de esa manera.

Cuando salió de la casa se dio cuenta de que el sol estaba demasiado fuerte, caía sobre el pasto diagonalmente ya que aún no era medio día, aún así a Sakuno le parecía imposible que el pasto no se rostizara. Las plantas eran hermosas, y el jardín le quitaba el aliento siempre que lo cruzaba, todo lleno de piletas y adornos como pequeños duendes o ranitas de arcilla. El brillo que le daba era místico y pensó que ése era un gran lugar para los niños, a veces envidiaba a Ann y a sus amigos, ellos debieron pasar por una niñez preciosa, con todos aquellos lugares hermosos, la vegetación, la playa, etc.

Se fue fijando en los detalles, en especial en las aceras que eran más delgadas que las de la ciudad ya que por allí no transitaba mucha gente. La pista tenía también un color diferente producto del calor y las radiaciones del sol, las casas eran altas y grandes, siempre habiendo excepciones como la casa de su madre y la de los Echizen.

La casa de los Tachibana estaba más lejos que las demás, era hermosa, con rejas cercándola y con una jardín esplendoroso rodeándola. En aquel lugar la gente tenían afición por las cosas verdes, por los árboles y sobre todo por las cosas sencillas y naturales, tal como a Sakuno le gustaba, sin embargo en Tokio cuando no se quedaba con su padre, tenía un apartamento en el centro con la vista a la plaza y a las tiendas mas grandes, frente a ella estaba la tienda de la marca Rye por ello siempre que podía la frecuentaba. Como le hubiera encantado tener espacio en su apartamento para un pequeño jardín, para la luz solar, para el calor, cosas que sin duda escaseaban en Tokio.

Ahora cuando se imaginaba nuevamente su hogar lo veía gris y pálido, sentía frio y no deseaba volver. Las cosas aquí eran más tranquilas, todo pasaba con normalidad y sobre todo con parsimonia. Como Sakuno siempre había sido alguien tranquila y callada, para ella este era su lugar ideal.

Manejo el volvo negro de Momoshiro por las pequeñas y estrechas calles, luego cruzo la carretera y se fue yendo al este, la casa de los Tachibana era bastante grande, pero la mayor parte la ocupaba el jardín y los arboles, se fue acercando hasta que quedo a escasos centímetros de la reja de entrada.

Tocó el timbre sin bajar del auto y esperó a que le abrieran las rejas, la dulce voz de Ann le respondió desde el intercomunicador.

Saku te estaba esperado – le dijo la voz de su nueva amiga – Ha habido cambio de planes, te lo cuento ahora, pasa – Sakuno por alguna razón se imaginaba a Ann corriendo de un lado a otro del todo desesperada, pero eso era imposible teniendo en cuenta que el intercomunicador estaba fijo a alguna pared

Gracias – dijo brevemente cuando le abrieron la verja, estacionó el auto lo más cerca posible de la puerta, no se fijó en los demás autos estacionados y cruzó rápidamente el umbral del hogar. Había estado allí un par de veces, en todas aquellas ocasiones se había quedado contemplando los grandes cuadros de los Tachibana, había grandes candelabros en las salas y las alfombras eran oscuras, Sakuno se imaginaba cambiando de siglo. Poco después Ann le había contado que su mamá era una gran diseñadora y ella esperaba ser algún día como ella. Le faltaba muy poco para terminar sus estudios y viajaría al país de la moda por una temporada para ver las grandes edificaciones y la hermosa arquitectura. Sakuno siempre había admirado los grandes sueños, y aquellas personas que últimamente la rodeaban eran el máximo ejemplo que había tenido sobre cumplir los grandes sueños antes de los treinta.

Saku, siento avisarte tan tarde de los nuevos planes – Ann bajaba las escaleras de dos en dos, estaba descalza y las uñas de los pies las tenía recién pintadas. Una toalla le envolvía el torso y parte de las piernas, mientras que otra se enrollaba en su rojiza melena.

¿Qué ha cambiado? – preguntó tímidamente – Cualquier cosa que sea no será problema para mi – le dijo Sakuno

Los chicos no tardan en llegar, han planeado un día en la piscina sin que yo estuviera enterada, y para colmo es en mi casa – Ann subía las escaleras rápidamente y hacía ademanes a Sakuno para que la siguiera. La castaña jamás había subido, había tenido la oportunidad de ver toda la planta baja, no obstante los pisos superiores seguían siendo todo un misterio

¿Todos? – tartamudeó sin pensar mientras subía las escaleras a trompicones

Si Ryusaki todos, incluyendo a Kawamura, Kaidoh y Echizen – exclamó corriendo a través del amplio pasillo adornado de fotos de la familia

Todo cambio de planes me vendría bien menos ver a Ryoma en el mismo lugar que yo – pensó Sakuno que por el momento estaba pendiente de no perder la vista a su amiga.

Llegaron a una habitación de tamaño medio, era de color beige con palo rosa, la cama estaba en el centro y el armario al frente, una gran ventana estaba a la derecha del lecho justo frente a la puerta y por lo que pudo apreciar el cuarto de baño no se encontraba dentro de la habitación.

Ann había abierto una de las puertas del armario para evitar que Sakuno la viera cambiándose. Y mientras lo hacía se iba poniendo la ropa.

Sakuno, se que no has traído ropa de baño, ni si quiera te había avisado, debes de pensar que soy muy mala, lo siento tanto – La castaña solo le sonrió complaciente

No te preocupes, puedo quedarme a mirar como se meten ustedes, no es necesario – le dijo Sakuno mientras se apoyaba en la cama

Ni hablar, todos se molestarían conmigo si permito que te aburras de esa manera- susurraba mientras batallaba poniéndose lo que sea que se estuviera poniendo

Tendría que volver a mi casa, y ya sabes que no quiero encontrarme con nadie – le dijo, ya le había dicho a Ann que no quería ver a su madre porque supuestamente se había peleado con ella, no era del todo cierto pero tenía su matiz de verdad.

No me refería a eso, Saku tengo algunas ropas de baño que aún no me he puesto, puede que te quede alguna de ellas, eres un poco mas delgada que yo, pero si encuentro uno que tenga para atar en todas partes puede que te entre – murmuró Ann mientras rebuscaba en su armario

No es necesario que te preocupes, de todas maneras no creo que me vaya a aburrir – trataba inútilmente de que Ann no se preocupara, no tenía ganas de andar semidesnuda frente más de ocho hombres, tal vez para ellas que lo conocían muchísimo tiempo era completamente normal, no obstante Sakuno seguía sintiendo pudor .

Ten, toma – Ann le había tirado un par de prendas – Nunca me lo he puesto, así que no es antihigiénico, te lo regalo- le susurró mientras se peinaba viendo por la ventana – te lo pondrás Sakuno, espero que te guste, pero esto querida es muy importante – le guiñó el ojo, aquel gesto no supo ser interpretado por Sakuno – Mira, Takeshi se ha caído de panza a la piscina – Ann se reía, por lo visto Momoshiro había llegado antes que ella.

Sakuno observó las prendas que tenía entre sus dedos, eran como las que ella se compraba, un bikini ciertamente hermoso, de temporada y muy colorido.

Gracias Ann – dijo Sakuno acercándose a la susodicha – es hermoso… ¿Qué fue eso?- Sakuno se llevó las manos a la boca

Es solo Eiji- riendo Ann se peinaba – tiene esa extraña manía

Ya están todos abajo – más que una pregunta era una aclaración

No solo están ellos dos, los demás no tardan en llegar, cámbiate rápido – diciendo esto salió de su habitación y se le escuchó bajando las escaleras

Sakuno poco después la vio en la piscina, ciertamente Ann era muy hermosa, era delgada pero a su cuerpo no le faltaba curvas, su ropa de baño era de color verde turquesa que hacía resaltar un poco más el color de su cabello, Momoshiro tan pronto Ann apareció salió de la piscina a su encuentro y la rodeó en un abrazo mojado.

Ann no paraba de reír y quejarse, luego comenzó a tiritar, Momo le dio un sonoro beso en la mejilla y la empujó al agua con ayuda de Eiji, los gritos de Ann llegaron a Sakuno demasiado nítidos mermando las ganas de la castaña por bajar en ese momento y sufrir el mismo destino de su amiga.

Observó nuevamente lo que tenía en las manos y resopló, no le vendría nada mal un poco de diversión, y estaría mejor que se divirtiera antes de que llegara Ryoma y los demás.

No entendía por qué Ryoma tomaba parte de sus pensamientos, estaba claro que le parecía alguien sumamente atractivo, pero había conocido muchos hombres así, claro no de tal magnitud pero se acercaban, y nunca le habían interesado demasiado, Echizen en cambio la intrigaba, tenía un aire oscuro como queriendo tapar todos sus secretos, tal vez eso era lo que más le llamaba la atención.

Aún recordaba el almuerzo en el departamento de Momoshiro, aquella vez en que sus ojos no se apartaron en ningún momento, donde Sakuno había sentido la mayor atracción sensual en toda su vida. Se acordaba de los ojos de Echizen, esos orbes dorados que se asemejaba tanto al champagne y que brillaban tanto como el sol. Su imaginación nuevamente voló y la dejó ensimismada en su propio laberinto de emociones, andaba rememorando aquella noche cuando la encontró en el auto, lo furioso que se veía por su estado, aquel estado que aún no lograba entender, había visto como Ryoma miraba las cosas que se encontraban en el auto, parando en el portavasos…

No, no era posible que haya malinterpretado sus mareos ni nada por el estilo, no era posible que haya creído que se encontraba del todo ebria. Tal vez esa era la razón por la que se le notaba tan distante con ella, había malinterpretado su actitud pensando que se trataba del descubrimiento de su hermano, nunca pensó que se trataba de un malentendido.

Sakuno se desvistió rápidamente, su mente trabajaba tratando de atar cabos sueltos, aquellas cervezas no le pertenecían, eran de Momoshiro; se puso la ropa de baño que le había prestado Ann, era de color blanco con rayas horizontales de color aguamarina, le quedó exacto cuando termino de atárselo en el cuello y en las caderas. Se colocó el polo sobre el bikini y dejo sus piernas desnudas. Eso tal vez evitaría que la lanzaran al agua como lo habían hecho con Ann, ya que ahora podía alegar que no tenía otro polo, se dispuso a dejar la habitación, cuando de pronto escuchó un ruido al otro lado de la puerta, esta se abrió de par en par y Sakuno se encontró cara a cara con los marrones ojos de Tomoka.

Ambas se quedaron sin palabras viéndose frente a frente, Tomoka le llevaba algunos años y se notaba en su rostro y en su cuerpo, Sakuno aún conservaba los rasgos de su niñez, mientras Tomoka ya se asemejaba a una mujer, su piel era tersa y bien cuidada, los hombros delgados y la cintura estrecha, sus caderas no eran demasiado voluptuosas pero tenían forma, su cabello le caía como una cascada sobre los hombros y le tapaba la parte derecha de su rostro como un flequillo. Sakuno se dio cuenta de que en realidad era muy atractiva, acaso a Ryoma no le interesaban las mujeres así, se veía que aquella mujer que tenía frente a ella estaba completamente enamorada del ambarino, ¿cómo es que aún no se encontraban juntos?

Buenos días – saludó Sakuno con una pequeña reverencia - ¿Cómo estás?

Muy bien, gracias – a Sakuno le pareció una respuesta cortante, pero no era de aquellas personas que pensaban mal dela gente, por lo que no hizo el menor caso a su conclusión - ¿Qué estas haciendo aquí Ryusaki? – preguntó paseando su vista por la habitación

Me estaba cambiando, Ann me prestó su habitación por un momento – Sakuno estaba terminando de arreglar su ropa sobre la cama- ¿Quieres que te deje sola?

No, no hay ningún problema – susurró Tomoka – Quédate si lo deseas, yo iré a cambiarme en el baño

Oh, no Tomoka, yo ya me iba- exclamó Sakuno, esquivó a la mujer y salió de la habitación, escuchó detrás de ella un portazo y luego silencio.

Bajó las escaleras pensando en lo sucedido, no quería ser la manzana de la discordia en aquel grupo, quería llevarse bien con Tomoka, no obstante con aquella hostilidad en su mirada era muy difícil. Tampoco estaría sentada como una santa, si Tomoka quería discutir, ella estaba completamente dispuesta a defenderse.

Con ese pensamiento rondando su mente, bajo con pasos determinados las escaleras, siempre asentando correctamente el pie para no irse de bruces hasta la planta inferior. Por qué todo tenía que ser tan injusto.

La casa se veía realmente vacía, tal vez los padres de Ann habían salido, le preguntaría cuando tuviera oportunidad.

La puerta frente a la escalera se abrió y pudo fijarse en los cabellos rubios que poseía Fuji en la coronilla.

Fuji, hola, ¿Cómo estas? – Sakuno se apoyó en la baranda y le saludó con las manos

Buenos días, señorita Ryusaki – Fuji se acercó a la baranda y sujeto la mano de Sakuno entre las suyas – No sabía que la encontraría por aquí – le dio un beso en el dorso y la soltó, Sakuno nuevamente se rió como una adolescente

Iba a salir con Ann, pero cambiaron nuestros planes – le dijo Sakuno bajando las escaleras – Estoy muy agradecida que me dejen pasar el tiempo con ustedes

El placer es nuestro Sakuno – la tuteo por primera vez desde que lo conocía

Sin duda también el mío – susurró acongojada bajando la mirada, dios, se había olvidado que andaba descalza por una casa que no era suya y tan solo con un polo, al instante se puso roja como un tomate – e…

¿Te bañarás en la piscina? – parecía que no se había dado cuenta de su sonrojo

Ese es plan – sonrió cohibida

Cruzaron la gran sala y luego bajaron las escalerillas de las vitrinas, Sakuno se tapó los ojos cuando la luz incidió contra su rostro, el sol se había puesto más fuerte y caía perpendicular sobre la gran piscina, Ann se encontraba tomando el sol, Momo acababa de irse a la cocina a buscar algo para beber, Eiji aún estaba zambulléndose en el agua y por lo visto todos esperaban que llegasen los demás.

Suysuke, querido ya pensaba que no llegarías – Ann se levantó de la colchoneta y se acercó a los demás – No iras a descansar en el sol con esa ropa ¿no es así? – Sakuno observó el atuendo de Fuji con detenimiento, llevaba unos pantalones color caqui y una camisa blanca holgada

No pensaba bañarme, pero por si acaso traje lo necesario, lo dejé en el auto – dijo señalando a la nada – Me encontré con Kawamura en la calle, dice que tan pronto termine de comprar las cosas que quiere traer vendrá

Pero ¿Por qué?, aquí hay todo lo necesario y más – Ann le miró preocupada – Kawamura siempre se preocupa de más al igual que Oishi, apuesto que estaban juntos- Fuji asintió

Yo le dije lo mismo, pero esos dos no me hicieron caso, dicen que odian hacerte gastar, así que me hicieron sentir mal, por lo que traje algunas cosas – El ceño de Ann cada vez se hacía más profundo – Me hacen parecer una anfitriona horrible, se que nunca seré como Ryoma, pero al menos permítanme poner la comida

Fuji se encogió de hombros, le dio una palmadita y se alejó al encuentro de Eiji que le saludaba desde la piscina.

Eso es lo que odio de estos hombres- se lamentó Ann – haré que todos regresen lo que han comprado – Takeshi y yo hemos comprado el almuerzo y bebidas para todos – tomó de la mano a Sakuno y se sentaron juntas en los asientos de goma.

Me han hecho pensar que yo también debí haber traído algo – susurró Sakuno

Oh, no querida, por favor no sigas sus pasos – expuso mientras se colocaba bloqueador en la nariz y en las mejillas - ¿Deseas un poco?- preguntó entregándole el pote

Gracias – Sakuno se colocó el doble que Ann, su piel tendía a ponerse rojiza y a que le salieran pecas si es que no se cuidaba

Quítate el polo, Saku – de esa manera tomaras un poco de color, aún no estás concorde a la ciudad, sigues con la palidez de Tokio

Te haré caso solo porque creo que tienes razón –dijo- aún así no quiero terminar tan bronceada como tu, no me quedaría tan bien – Ann volteó los ojos

Querido, ¿traes refrescos? – le preguntó a Momo que tenía una bandeja –

Tengo unas cuantas cervezas- le respondió acercándose a ella, Momoshiro sonrió al ver la timidez con la que Sakuno se quitaba el polo; Ryoma le había contado lo sucedido hacía casi un mes, cuando la encontró en el auto y se la había llevado a su casa, había evitado cualquier detalle como siempre, pero le había explicado que Sakuno no había deseado quedarse en su propia casa y había aceptado la propuesta de llevarla a la suda donde desafortunadamente Ryoga los había encontrado y había malinterpretado todo aquello, suponía que los dos protagonistas no querían nombran nada de aquello, conocía a Ryoma por lo que sabía que nunca saldría la misma historia de su boca y por lo que podía ver en Sakuno, suponía que estaba demasiado avergonzada para decir algo

Solo es una niña Ryoma- le había dicho Momoshiro aquella vez – tienes que entender que tal vez se asustó

¿Y crees que yo no? – le preguntó – Mataré a Ryoga si se cruza en mi camino

Le llevas casi cinco años Ryoma, debes entender que tal vez no te quiera volver a hablar – le explicó Momo

Tal vez yo tampoco lo desee – susurró molesto, Momoshiro no entendía por qué

Momoshiro se sentó al lado de Ann y le paso una de las latas, Sakuno tomó una sin pensar, sería maleducado decir que no luego de que Ann se sintiera mal. La pelirroja se apoyó en el hombro de Momo y cerró los ojos, Momo la abrazó y le tapó los hombros del sol.

Creo que te estas bronceando en exceso, eso tampoco es demasiado bueno cariño – le susurró besándole la coronilla

Hoy me he puesto bloqueador – le explicó – No planeo quemarme la piel, la última vez casi me da insolación, la temperatura esta subiendo y mi hermano me ha dicho que es sumamente dañino.

Y tiene toda la razón – le respondió – Mira allí están llegando todos los demás

Sakuno creyó que veía todo en cámara lenta, Kawamura entró corriendo para lanzarse directamente a la piscina, Oishi le siguió detrás, pero no se lanzó a la piscina ya que aún se encontraba vestido pero descalzo. Tezuka se había apoyado en una de las columnas y su cara se volvía cada vez más seria mientras veía como Eiji trataba de mojar a Oishi.

Alguien resopló a sus espaldas, Sakuno viró asustada ya que presentía quien estaba allí.

¡Ryoma! – Ann ya se había levantado para abrazar al susodicho – Yo creí que no vendrías, nadie sabe cuando vendrás cada vez que te invitamos, eres todo un misterio – dijo haciendo un puchero

No me hubiera gustado ser el único que faltara, hasta Inui y Kaidoh están metidos en algún lugar – dijo mientras se quitaba los lentes de sol y los dejaba en la cabecera del colchón de Sakuno, esta se había quedado estática ante la primera impresión, casi sentía que su boca estaba abierta de par en par, por lo que verifico una y otra vez si todo se encontraba en orden.

Los grandes ojos de Sakuno se posaron en los dedos de Ryoma, por lo visto no se había percatado de su presencia, o lo peor de todo la estaba ignorando descaradamente.

Ryoma sintió la mirada carmesí en él, pero trató de que todo pasara con normalidad, no le había pasado desapercibida la lata de cerveza que llevaba Sakuno en las manos, suponía que a esas alturas ya se la hubiera terminado.

Por lo visto estaba un poco nerviosa por su presencia, no había saludado a nadie en especial para evitar tener que entablar una conversación con Sakuno, tal vez ella tenía miedo que le contara a todos y su miedo era justificado.

Saludó a Momoshiro, que por lo visto entendía de que se trataba todo esto, trató de llenar los silencios incómodos y fue haciendo la conversación más amena. La piscina era hermosa, siempre la había envidiado, estaba rodeada de los famosos jardines de los Tachibana, además de exquisitas flores y algunos arboles que evitaba que los de afueran vieran lo que sucedía dentro de la propiedad.

Se sentó junto a Sakuno tratando de no ser maleducado por lo que le hizo una pequeña reverencia y le sonrió, estaba más hermosa que la última vez, el cabello de la sien se había aclarado producto del sol, sus mejillas estaban rosadas por el calor y sus labios rojos por habérselos quemado. Su cabello caía en ondas por su espalda y se hacían pequeños rulos por sus hombros. Era muy delgada, pero su figura seguía pareciendo sensual, sus pechos se entreveían por el bikini y su estomago estaba tonificado y plano.

Ryoma tuvo oportunidad de verla mejor cuando se levantó y camino hacia la piscina, por lo visto le había incomodado su presencia.

Ryoma ¿por qué eres tan maleducado? – le reclamó Ann golpeándole en el hombro derecho – Has hecho sentir mal a Saku – con que Saku, ahora le llamaban por diminutivos, se sintió incomodo por la nueva relación que tenía la nueva con su amiga

Eso ha estado muy mal Echizen – recalcó Momoshiro, por lo visto la pareja tenía la manía de tener las mismas opiniones, dos contra uno nunca sería una batalla justa.

¿Por qué? – preguntó Ryoma, encogiéndose de hombros – No he hecho nada

Es por eso que eres un maleducado, no has hecho absolutamente nada – le susurró Ann roja de rabia – Si Rinko viera esto te mataría, Ryusaki es una chica muy sensible, se da cuenta cuando alguien no la quiere cerca, Takeshi me contó lo que sucedió después de que almorzamos juntos en su casa, no sabes como he intentado para que Sakuno se sintiera nuevamente bien con nosotros

Es una persona encantadora – le dijo Momoshiro sorbiendo su lata de cerveza

Es una alcohólica – le respondió Ryoma haciéndose el agredido

¿Alcohólica? – exclamaron Ann, Momo y Tomoka al mismo tiempo, esta última acababa de acercarse a ellos y tenía una sonrisa radiante en el rostro, la última frase le había caído como un vaso de agua en el desierto, no es que deseara mal a alguien, solo que no podía soportar la idea de que Ryoma tomara atención a la recién llegada.

No, no lo soy – dijo Sakuno quien se encontraba detrás de Tomoka, por lo visto solo se había parado para traer un par de limonadas – Eso fue un malentendido Señor Echizen…

La mirada de Sakuno era determinada y se posaba justo en los ojos ámbar que los miraba asombrado.

Momo me prestó su auto con las latas en el portavasos – le explico sentándose a su lado, la sonrisa de Tomoka desapareció, no obstante no dijo nada.

Eso es cierto Ryoma, me acabo de acordar que no limpie el auto antes de dárselo – se disculpó Momoshiro

Si esa es la razón por la que te sientes incomodo conmigo puedes descartarla – le dijo Sakuno tomando un sorbo de limonada – Nada me gustaría más que llevarme bien con ustedes, yo no se beber, siempre se me sube el alcohol muy rápido a la cabeza, por lo que siempre he evitado las bebidas como la cerveza o parecidas. Tomo cocteles o bebidas para hacer brindis pero nada mas Echizen, siento haberte dado otra impresión

El pequeño grupo se había quedado completamente callado, Ryoma parecía completamente perplejo, pero a la vez se alegraba de que aquella mujer no fuera lo que pensaba.

Y como te enteraste de aquello ¿Ryoma? – preguntó Tomoka quien se había acercado un poco más – ¿Has estado frecuentando a Sakuno?- Tomoka era todo menos tonta, se daba cuenta de las cosas, aunque un poco tarde, siempre lograba sacar buenas conclusiones, había notado la pronta conexión que se formó entre Sakuno y Ryoma, no es que envidiara a la castaña, pero añoraba más que nada las atenciones de Ryoma, tales como aquellas miraditas que le daba a la castaña, ella quería que la viese igual a ella

Nadie le hizo el caso necesario, al contrario, Ann y Momoshiro se adentraron en una conversación larga, Sakuno se levantó y se dirigió a la cocina a dejar el vaso vacío.

Escuchó pasos detrás de ella, por lo que aceleró hasta entrar a la cocina, se sentía nerviosa, todo aquello en lo que había pensado termino siendo verdad, Ryoma no confiaba en ella, pero que le importaba, total era una persona más, pero por algún motivo quería más que nada que el le creyese, nunca había tenido vicios y nunca esperaba tenerlos, su madre la había pasado muy mal por ello y ahora que recordaba todo haría lo posible por tacharlos completamente de su vida.

Lo siento mucho Sakuno – la voz de Ryoma le llegó desde atrás, Sakuno estaba sirviéndose un poco más de limonada

No se preocupe – le respondió sin apartar la vista de la jarra- ha sido solo un malentendido, igual iba a buscar una manera en como decirle la verdad

De todas maneras, fue totalmente irrespetuoso declarar esto en frente de los demás – Ryoma se había acercado a donde se encontraba Sakuno y se apoyó en la mesa.

No ha pasado nada malo, nadie me ha visto mal – sonrió aún sin mirarle, andaba imaginando que hubiera sido si Ann le hubiera creído

Dime Ryoma – susurró

¿Cómo? – preguntó extrañada, Ryoma por fin pudo ver aquellos hermosos ojos

Que me llames por mi nombre, así lo hacen mis amigos – murmuró, Sakuno se extrañó de esa manera tan coloquial de hablar, Ryoma eran tan atractivo desprendía tal sexualidad que le dejaba agitada, nunca había sentido nada igual, era como si cada poro de su cuerpo quisiera ser acariciada por las manos de aquel hombre

Soltó un pequeño suspiro, y alzó la vista hasta estar a su altura, Echizen era muy alto, Sakuno le llegaba a los hombros, y eso que ella no era tan baja.

Trató de alzar el vaso de la mesa, pero sus dedos se encontraban torpes y el vaso casi se le cae de las manos, por suerte Ryoma estaba allí para ayudarla.

Cuando sus dedos rozaron los de Sakuno, sintió una explosión, se miraron a los ojos sorprendidos de aquellas reacciones, Ryoma le acarició los dedos mientras la veía tan de cerca, luego paso por su muñeca, trazando semicírculos en los tendones y articulaciones. Sakuno estaba inmovilizada, no podía moverse, todo era tan extraño, no se habían hablado casi nada y de la nada todo había cambiado, no podía expresar en palabras lo que andaba sintiendo pero su cuerpo por lo visto si sabía como reaccionar.

Ryoma se fue acercando, sentía su respiración en su mejilla provocándole cosquilleos, Sakuno sabía que tal vez sus labios no demorarías en tocar los suyos…

¿Ryoma? – Sakuno dio un saltó y se apartó al escuchar la voz femenina. Cogió su vaso lo mejor posible y desapareció por la segunda puerta de la cocina, Ryoma resopló irritado al ver a Tomoka entrando a la cocina – Te he estado buscando – susurró con una gigantesca sonrisa – Me pidieron que trajera la comida, ¿Me podrías ayudar? – le preguntó acercándose al refrigerador

No hay problema – balbuceó Ryoma, tenía el cuerpo tenso por el deseo, y lo que no entendía era como podía aparecer esa clase de deseo de la noche a la mañana

Tomoka sonrió, y Echizen se dio cuenta de que ya no podía estar en esa situación con ella, tenía que hablar con Tomoka, mientras más pronto mejor.

Se fijo en la mirada de su eterna acompañante, y pensó que le haría mucho daño…


Espero que les haya gustado... y no importa cuanto tiempo pase, nunca teman darme su opinión.

Reviews!!!! ^o^ si quieren besar a Ryoma aprenten goooo

Reika Namino