Introducción.
Sueño. Un gran y profundo sueño. Eso es lo que era.
Sin conciencia. No existía la frágil línea que separaba la fantasía de la realidad. Sin cansancio. Sin dolor.
... ¿Sin dolor?...
Abrió los ojos... o tal vez pensó que los había abierto. No importaba. Flotaba en medio de un océano negro de oscuridad. Rumbo al olvido.
Estaba muerto.
O quizás esté vivo... ¿qué mas daba? Ya nada importa...
... ¿Nada?...
Se inclinó, arrastrando su cuerpo para atrás. Así que sí estaba varado en un espacio... curioso, ¿era así como experimentaban todos aquellos que en su pasado llegó a enfrentar?... rumbo a un espacio, a una dimensión distinta; corromper las leyes de la naturaleza, manipular portales a su placer... ¿pero quién era él?, ¿aquél ser que puede crear portales hacia otros mundos?
... ¿Que si quién soy?...
Observó su mano. Estaba en su leve momento de lucidez. No quería volver a dormirse, no lo deseaba. Estaba ahí, en la nada. Destinado a pasar toda la eternidad. Pero lo peor de todo es que sus recuerdos se hacían confusos, no llegaba a comprenderlos como si una nube empañara todo enfrente de sus ojos. Lloró. Se sangró la mano en un desesperado intento de sentir algo. Su cuerpo esta bloqueado. Su mente estaba bloqueada. Le obligaron a dormir nuevamente pero se resistió, agravando la herida.
Todavía no... Si cerraba los ojos olvidaría sus dudas, como en una cuenta en cero; eso era aquél lugar. Era la Nada. Era el castigo.
Era la prisión de los dioses.
Tenía que aferrarse a una idea que lo obligara a seguir adelante, antes de caer al abismo negro...
... ¿Quién soy yo?...
... es justamente la respuesta que he estado buscando... jamás llegaré a comprender lo que soy realmente...
... porque eso es algo que actúa dentro de mi ser...
Lloraba de verdad. No lograba ubicar quién era... Alguien jugaba con él. Le evitaba saber la respuesta. Su memoria se desvanecía. Era destrozada. Le decía duerme, duerme, no te esfuerces. No sabía nada. Maldita sea...
Abrió la boca en un signo de dolor cuando los huesos se astillaron bajo su piel. La mano se encontraba destrozada pero sirvió para bloquear a la inmensa fuerza que lo suprimía. Grave error, dijo una voz que nacía en su cabeza. El horrible frío se coló hasta sus huesos agotándolo sin misericordia. Gritó en agonía mientras se retorcía.
Era su castigo.
La presión cercenó sobre su garganta impidiéndole respirar. No pudo gritar más, sus pulmones colapsaban, el oxígeno no llegaba a su cerebro. Lo obligaban a dormirse. Oh, para que quedara tan manso, tan controlado... Talvez fue un descuido en primer lugar que saliera por esa fracción de segundos del sueño... entonces ya no le permitirían una segunda ocasión... sintió miedo. Agarró su garganta en intento de alejar la mano ficticia que lo ahogaba. Luchó desesperado, aterrado.
No podía permitirse perder, ¡esta vez no! Era su única oportunidad... pero Dios, ¡qué fuerza más inmensa era aquella!, ¿cómo podía contra algo así?... ¡ni siquiera tenía idea de cómo hacerle frente a algo como eso!...
Reunió hasta sus últimas fuerzas en sus manos, porque acaso, ¿él no era un caballero de Atenea?, ¿no poseía el poder para crear los milagros?, ¿en hacerse un camino para una oportunidad? Aquella era la prisión que los dioses les dieron a los doce que destruyeron el Muro de los Lamentos; y como tales, estarían ahí para siempre. Eso era aquella atmósfera que los dominaba.
Su cosmos le rodeó. Su única oportunidad. El poder de Pólux brotó entre sus manos mientras su cuerpo se partía en dos, ¡¡era horrible!!, ¡¡pero tenía que lograrlo!!
— Another...
Escupió un rastro de sangre mientras la presión desgarraba el interior de su garganta; no se lo iban a permitir. Él era de ellos. Él sería su prisionero, para toda la eternidad, ¡definitivamente!
— ... Another!!...
Su cuerpo flaqueó. Estaba ciego, sordo y pronto mudo. Los dioses sonrieron. Exactamente. Los traidores estarían encerrados en ese lugar. Un humano jamás sería capaz de superar a un dios, ¡una deidad!, ¿qué pretendía aquél sujeto?, ¿salir?... que no les hiciera reír, ¡¡eran la prueba en vida de que ellos tenían en poder!!, ¡qué todos los demás puedan apreciarlos en su monumento en el Santuario de aquella diosa desertora, que sepan qué les espera si es que acaso osan levantar su puño contra ellos también! Aun así, resultaba curioso como un diminuto gusano se retorcía, como la hormiga sacaba sus fuerzas para picarlos, para escapar... una hormiga de un millón... ¿qué sería capaz de hacer? ¿de dañarlos?
Entonces se rieron. Pero pronto sus sonrisas se desvanecieron, cuando un brillo dorado alumbró la oscuridad cegándolos.
— ANOTHER DIMENSION!!
La presión liberó su garganta cuando una fuerza lo succionó con brutalidad y su grito fue audible mientras entraba al espacio. Tenía razón. No sólo era él, si no también todos sus compañeros, quienes también se encontraron a la deriva donde la mano de un dios no serían capaces de agarrarlos. Pasaron todos y con lo último de sus fuerzas se dispuso a cerrar el portal, pero de las paredes de la dimensión la Oscuridad se aferraba, como atónita y sin comprender qué era eso. No, no bastaba con cerrarla. Tenía que acabar con su ataque. Sería condenarlos, pero era preferible eso: morir mientras se intentaba escapar que no hacer nada de nada.
La oscuridad lo sujetó, entonces dijo el caballero que sentiría su poder a quemarropa, para probar que no importarse quiénes eran, tenían el poder de los milagros, y que lo dioses le recordasen. Con fuerza sobrehumana hizo estallar su cosmos regresando a la oscuridad donde debía de estar y el portal se desvaneció frente a él. Su poder se desintegró, y como él, todos los demás ahora ya esparcidos comenzaron a caer a su suerte. Su mente estaba agotada; había llegado a su límite y colapsaba también.
...Lo lamento...
Le dijo a sus compañeros.
...Lo lamento por hacerlos sufrir otra vez...
Cerró los ojos, inconciente.
