Mucha gracias a todos por sus reviews, aunque lamento mucho el rastrazo. Ha sido una mala época.

Bueno, aquí les traigo el siguiente capítulo, querids fans de Afrodita y Camus. El próximo será muy del agrado de Máscara Mortal y Aldebarán... ¡Ah, puede también un poco de Mü y Milo! (Santo Dios... la suerte de estos últimos dos... me dan taaaanta lástima...)

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Capítulo VII

Comprensión

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Abrió los ojos cuando el canto del gallo entró por la ventana. No estaba acostumbrado a la vida de campo. Tener un despertador era mucho más práctico que los gorgoteos de las aves; esos al menos de un golpe se silenciaban, pero los animales eran horas y horas de sonidos agudos intensificados por minutos. Pestañeó patoso soltando un bostezo...

¿Campo, verdad? La cama improvisada era de paja y para su horror tuvo que quitarse ramitas del cabello mientras se levantaba. No contó que el espacio estaba demasiado reducido así que terminó azotándose con el techo. Un golpe hueco resonó en el lugar.

Pero no le dolió en absoluto. Estaba tan dormido como antes.

Muy bien, planificó en forma rápida el día: asesinar a los gallos y regresar a la siesta.

Cielos... ¿¡cuánta paja había ahí!? Su cabello era un desastre. Buscó con la vista algún tocador o espejo que le ayudaran pero nada, salvo al hombre que estaba recostado a un lado de la ventana. Ahora recordaba por qué había optado por la cama de paja. Todo era de dura madera. Preferible tomarse un rato arreglándose que despertar con los músculos adoloridos; aunque Camus se veía cómodo.

— Duerme en una cama hecha de hielo; este lugar le parecerá un salón de plumas —murmuró. La puerta de la casa del árbol estaba ligeramente entre abierta, y deducía que aquel joven rubio debió salir. Era todavía muy temprano para buscarse negocio pero estar ahí dentro ya no era una opción para Afrodita, así que salió también.

Ahí estaban los molestos gallos ruidosos y reconsideró su posterior plan. Aún estaba decidiéndose cuando percibió las tenues notas musicales a la distancia. Soltó un sonido dudativo. Dulce, acompasado, y provenía en algún punto de la derecha, el cual era un camino que se internaba directo al bosque, sombreado y frondoso. El primer punto donde llegaba era un claro donde en los costados hierva silvestre y hongos florecían en pequeñas cetas.

En el aire sintió una fuerza acogedora y, no era que no le agradase, pero era extraño. No era igual a la que emanaba la diosa Atenea pero sin duda muy similar; y sí, efectivamente ahora que estaba descansado aseguró que existía en la naturaleza misma. Caminó con paso muy calmado. De ahí provenía el sonido, tras de una cerca que se abría en una fuente de agua con una pequeña cascada en el fondo. Sentado en la roca, el muchacho rubio se inclinaba con los ojos cerrados soplando con delicadeza una ocarina de madera, fiel a la bella melodía.

Aplaudió con fuerza cuando terminó. Sorprendido, el rubio embozó una sonrisa apenado ya que no se había dado cuenta de su presencia.

— De saber que alguien iba a verme hubiera dado una mejor presentación.

Afrodita todavía aplaudía. Soberbia, ¿y quién mejor que él para apreciar la belleza?

— Yo jamás tuve la paciencia para instruirme en la música. Y aunque la tuviera, mis circunstancias no lo hubieran permitido.

Link jugó con el pequeño instrumento antes de guardarlo, dirigiéndole otras palabras.

— Practicaba una de mis melodías favoritas... me la enseñó una querida amiga hace mucho, una que ya no he vuelto a ver, pero que es la forma en cómo la recuerdo... la canción de Epona... De ahí saqué el nombre de la fiel compañera equina que vieron anoche.

— Si entendiese más de tres palabras te respondería con gusto —confesó el sueco.

— ¿Tienes hambre?

Afrodita ladeó suavemente la cabeza.

Hur mycket är klockan?

— Ah, sí... el idioma —murmuró—. Lo siento.

El hylian se llevó una mano al mentón frunciendo en ceño, dispuesto a pensar en la manera para hacerle entender mejor sus ideas, o al menos las cosas más básicas. Hasta ahora no había muchos problemas, pero bien, era apenas el primer día de su llegada a la aldea. ¿La mímica funcionaría? Ahí Link recordó que era pésimo para esas señas de manos... pero tenía que intentarlo. Se volteó pero el caballero ni lo observaba. Estaba absorto en su reflejo en el agua cristalina mientras jugaba distraídamente con su cabello, lentamente quitando las ramitas de paja de el. Su expresión era ausente y le costó reaccionar cuando le llamó.

— ... Afodeta.... —recordaba que iba algo así el nombre.

— ¿"Afrodita"? —frunció el ceño.

— ¡Afodita! —sonrió Link. Y a juzgar por el estado anímico al verse a si mismo en el agua, no era menos pensar que frecuentara tener cierto cuidado especial a su apariencia física. Señaló el reflejo y luego una figura circular en sus manos, esperando atinarle a sus pensamientos.

Todavía confundido, el santo de Piscis miró alternativa las manos al agua.

— ¿Qué...?

Link se puso a un lado de él y ubicó sus manos aun en círculo entre él y el reflejo. La cara en el agua estaba enmarcada en esa posición. Abrió los ojos con sorpresa.

— ¿Espejo?, ¿me estás ofreciendo un espejo?

El hylian, que juzgó por el brillo de los ojos, asintió mientras apuntaba con un dedo la dirección del camino.

— ¿Cómo era que te llamabas? —cuestionó al aire el santo de Piscis.

— Pues de desayunar nada más tengo leche bronca, pan y queso. No tengo más. Te digo, no esperaba invitados.

Afrodita asintió depositando una sencilla trenza arriba del hombro, pensativo.

Tenían que solucionar el idioma, definitivamente.

* ~ * ~ *

Aquella noche fue de fiesta en la villa Ordon y no estaba para menos; siempre estaban deseos y abiertos a los nuevos visitantes. Era un próspero pueblito que servía en parte al rancho, como cría de ganado, almacenamiento de comida y deportes que una vida saludable puede brindar. No eran muchos pero si los suficientes para disfrutar y divertirse por horas, hasta entrada la madrugada. Medio se habían relacionado con ellos y, disculpándose por no entender mucho o nada a base del idioma, no evitó que se sentaran cómodos y comieran en la mesa.

Inconcientemente Camus le había advertido a Afrodita que tuviese modales; el caballero de Acuario no era alguien reconocido por la delicadez y sutileza.

Pero Piscis sí lo era. Se ofendió de tal manera que Camus parpadeó, pensando mentalmente si había hecho mal.

— ¡Ah, pero qué encantadores! —chillaba una señora a otra, ruborizada—, hace mucho que no veo a galanes así, ¿de dónde serán?

— Se ven como finitos... con un aire aristocrático, ¿verdad? —Beth soltó un suspiro, apoyando su cabeza entre las manos.

— El que tiene el lunar parece una señorita... ¿o lo será y es que simula ser hombre por la ropa?

— ¿Qué dices, Uli? —su esposo Ruls se sentó a un lado de ella. Había estado bebiendo con otros hombres más allá pero que hicieran tanto escándalo por otras gentes le parecía perturbador—. No me dirás que tienes pensando darle uno de tus vestidos.

— Le quedaría bien —dijo la vecina adelantándose a la rubia, quien reía disimuladamente—. Si entendiera nuestro idioma créeme que ya se lo hubiera ofrecido.

— Con permiso o no, eres capaz de obligarlo.

La señora parpadeó.

— ¿"Obligarlo"?... —miró a Afrodita, quien por primera vez sintió que era observado—... ¿¡no es mujer!?

Ruls soltó una estridente carcajada.

— Nos quedamos igual —Hanch se rascó la cabeza, desilusionado.

Su esposa Sera entrecerró los ojos.

— ¿Desilusionado?

— Ah... no —se escandalizó el mayor, y causó que más de uno se riera en lo que la vendedora le lanzaba miradas casi asesinas— ¡lo decía por Fado! —y apuntó al pastor de ovejas, que bebía una caña de cerveza—. El pobre se quedará soltero, ¿apoco no?

— ¿Eh? —musitó el pobre pastor.

Al otro lado de la mesa, en la cabecilla, se congregaba un séquito de varias personas atentas y riéndose por la fluidez de la plática amena y graciosa que el Mayor Bo compartía con Jaggle, un hombre fornido y corto de estatura. En medio del grupo estaban Camus que tenía una mirada muy apacible que rayaba a la cortesía. Afrodita por el contrario tenía un toque aburrido en sus ojos, mientras se recargaba con el codo en la mesa. Link llegó a sentarse a un lado de él apartándolo de la conversación —sin sentido— y le presentó a una muy linda muchacha llamada Illia, con la cual tenía una estrecha amistad.

— Se la debe pasar bien esta noche —dijo emocionada—. Fueron muy afortunados en encontrarse alguien como Link como anfitriones, porque todo quien sea amigo de él será fácil amigo de nosotros.

— No digas esas cosas Illia —le amonestó el rubio.

— ¿Qué? —se hizo la desentendida—. Bueno, al menos es mi caso. Vaya... me gustaría saber qué dicen, de seguro tienen historias de vastos lugares que seguramente no nos llegaríamos a imaginar... en eso me recuerdan un poco a ti, Link. Ya sabes... hace tres años.

Los ojos azules del aludido se oscurecieron un poco, enfatizando una sonrisa triste sonrisa.

— Has cambiado mucho desde entonces —prosiguió a muchacha, con los ojos cerrados—; acabas de cumplir los veinte... el tiempo pasa muy rápido, ¿no crees?

— Hay ocasiones que se me hacen muy largos los días, Illy —el rubio tomó un sorbo de cerveza.

Afrodita no había tocado apenas la bebida ya que no le gustaba ese tipo de alcohol, pero lo mecía suavemente para distraerse. Alternativamente cambiaba entre los dos muchachos y que hablaran en un tono tan personal agradeció que no conociera el idioma; asuntos delicados que no le incumbían.

— Afrodita —Camus se acercó, llamando la atención del trío—, luego de cenar nos retiramos.

— Sí, me parece bien —suspiró algo triste—. No veo algo peor que estar en una fiesta que no se disfruta.

Por la forma en cómo lo dijo los jóvenes intercambiaron una mirada preocupada. Adivinaron esos pensamientos; el semblante de ausente que frecuentaba el caballero de Piscis cuando se hizo imperceptiblemente más marcado, pero para ellos era perfectamente visible. Link profundizó en sus pensamientos un momento y tuvo una repentina idea que le iluminó la cara. Susurró algo rápido a Illia quien le miró sorprendida y el rubio tuvo que volver a sugerir su idea para ella también sonriera de hito a hito, asintiendo.

Se disculparon en forma rápida con Afrodita y se colocaron por detrás del Mayor Bo. El santo de Piscis se obligó a tomarle un pequeño sorbo al vaso antes de chasquear la lengua. Sabía bien pero prefería la ginebra. El vino todavía entraba en la lista. Escuchó la estridente risa del mayor y por alguna razón le recordó a la que emitía Aldebarán. Muy fácil de sacar y de voz muy grave. El alcalde de la villa le dio un paternal golpecito en la espalda a Link quien se alejaba con Illia en alguna parte que no logró ver.

— Señores, señores —dijo el bombacho hombre levantándose, aclamando la atención de todos—. Acá me acaban de abordar con una magnífica idea así que si alguien falta por favor mándenlo a llamar. Link e Illia se han propuesto para hacernos una presentación especial dedicada a nuestros dos huéspedes. Si las palabras no abren las fronteras, la música sí que lo hace —y se rió, antes un coro de aplausos en general y muchas exclamaciones—. Ahí están... vamos, queridos, vengan.

Link había ido a la casa para traer la ocarina de madera que había visto esa mañana mientras que la joven se ponía aun lado de él, sonriendo apenada por ser el centro de atención mientras los del pueblo se sentaban alrededor de la mesa.

— ¿Cuál vas a cantar, cariño? —le dijo el Mayor que al parecer era el padre de la muchacha.

— Ah, cántanos la de No Need to Argue —sugirió alguien—, ¡esa me encanta!

— Oh la de Dreaming My Dreams —dijo una mujer, con tono de enamorada.

— Alto, alto —rió Link, levantando las manos—. Estábamos pensando en interpretar algo en otra lengua para la comodidad de nuestros invitados. No sé, me parece bien esa intención.

— Una canción que aprendí de mi querida abuela... ¿si la recuerdas, papá? —preguntó Illia mientras ponía las manos en su regazo.

— Ah —el hombre quedó sorprendido, cruzando los brazos—, ¿te refieres a esa que aprendió de niña en su zona natal?... cómo olvidarla, era extraña pero muy bonita. Lástima que sea una lengua muerta ahora —negó con la cabeza, aun en sus pensamientos—. Salvo los estudiosos la conocen... considéralo un gran honor, Illia, que cuando ella vivía les enseñó lo que sabía. Vamos, ustedes dos son únicos pero no nos hagan esperar. Vamos, vamos, ¡un aplauso para ellos!

Se hizo silencio y Link lentamente acercó sus labios a la boca de la ocarina y lentamente sopló arrebatando tímidas notas que, gradualmente, se envolvieron en complejidad y potencia. La ausencia se quedó expectante cuando la hermosa jovencita dio un paso levantando la cabeza. Cerró los ojos extendiendo sus manos al frente, abriendo su boca:

Gigni de nihilo nihil,

in nihilum nil posse reveti

Mayor sum quam ui

mancipium sin corporis mei

Afrodita lentamente empezó a erguirse con un aspecto extrañado, parpadeando. Esas palabras se le hacían familiares, como si de antemano las conociera de algún lugar, pero no ubicara de dónde. Camus pensaba igual pues también se irguió, atento a las palabras.

Gigni de nihilo nihil,

in nihilum nil posse reveti

A celebrare riti di sangue,

mayor sum quam ui mancipium

sin corporis mei

El santo de Acuario abrió la boca, anonadado. Imposible. Imposible, se repitió. Ahora entendía por qué desde el principió tenían un sentimiento acorde a lo que ellos hablaban.

Le rose, il miele,

nei circhi e negli stadi

s'ammassano turbe stravolte

— ¡Latín!

— ¿Qué? —Afrodita no asimilaba las palabras.

Camus se levantó de su asiento y se inclinó hacia delante exclamando unas palabras en voz tan alta que la joven se interrumpió confundida, despertando de su concentración.

— Camus —murmuró el santo de Piscis, tan confundido como ella.

— Les pregunté si pueden entender lo que digo —dijo potentemente en un perfecto latín.

Link reaccionó y, tras unos segundos donde titubeó, observó los ojos marinos de Acuario.

¡Sí! —exclamó en el mismo idioma, sorprendido—. Te entiendo...

Afrodita quedó boca abierto mirando alternativamente el uno al otro en un completo silencio general. Muchos estaban casi tan aturdidos como él y fue luego de un momento, asimilando lo sucedido que al menos ese aspecto parecía solucionado.

Lo vuelvo a decir: Afrodita no es de los que le gustan la cerveza. Pero en aquel instante sintió necesidad ella así que se la acabó, prácticamente en un solo trago.

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[Fin del Capítulo VII]