Disclaimer: Nada del mundo de mi Harry me pertenece... sólo quiero ser feliz e intentar dibujar sonrisas y de alguna forma perpetuar ese fascinante mundo. No recibo beneficio monetario alguno.
Nota: Si, lo se. Es tarde y ya cruzamos las puertas del 2009. Sólo quiero desearles a todos unas felices pascuas y prosperidad para este nuevo año. Gracias a todos por estar aquí XD. Antes de navidad tenía el capítulo casi listo... pero algunos inconvenientes impidieron terminarlo. Como dijo una persona a quien admiro... cuando la vida real golpea a la puerta, uno no puede esconderse bajo la mesa. (Perdóname nena por usar tu frase :D)
Ahora si... es hora de continuar.
EN LA NIEBLA
BY SOPHIELUNA
Capítulo Cuatro: Al descubierto.
Y cada insulto, blasfemia o mirada acusadora que había recibido de su parte en sus años de Hogwarts, sólo se alejaban con el paso de los minutos.
Bajo la tenue luz de una lámpara de su habitación, velaba el inquieto sueño del rubio. Hacía más de dos horas que había realizado el último hechizo de sanación que había encontrado en el pesado libro que ahora descansaba al lado de otro montón sobre la alfombra; y aunque aparentemente la herida tenía otro aspecto no conocía el estado real de Malfoy.
Aun recordaba la mirada calculadora y penetrante del slytherin mientras trabajaba sobre su herida; quizá intentaba intimidarle pero fue imposible. Cuando se hallaba cerca de los libros nada podía hacerle temer. Sólo que era nuevo el hecho de utilizar sus habilidades para el bien de ese rubio engreído que... en fin, ya no importaba.
Ahora una débil sonrisa se dibujaba en sus labios con el fresco recuerdo del estremecimiento de Malfoy a su contacto, la pálida piel de su torso era un total contraste con los rastros de sangre coagulada sobre la herida que se alzaba en un profundo corte horizontal cerca del abdomen.
Gracias a sus conocimientos y a los libros que la acompañaban, había encontrado el hechizo responsable de tan profundo corte. Obviamente, magia negra. El problema radicaba en que debía conseguir los ingredientes necesarios para fabricar la poción antídoto lo más pronto posible. De lo contrario, el maleficio invadiría el cuerpo de Malfoy y... sería demasiado tarde. Según el viejo volumen empolvado que había decidido consultar, con el paso de las horas el dolor se tornaba insoportable terminando con la víctima.
Correr. Debía correr en contra del tiempo si quería salvarle la vida a su antiguo enemigo. Pero la misión que le habían asignado comenzaba al día siguiente y sería casi imposible tener el tiempo necesario para encontrar los ingredientes de esa poción que parecía ser lo suficientemente complicada como para quitarle valioso tiempo. Le tomaría alrededor de una semana la preparación sin contar el tiempo que gastaría recolectando la totalidad de los ingredientes... Oh, cómo necesitaba de un giratiempo... Pero el hallarlo, le tomaría demasiado tiempo. Tiempo, tiempo y tiempo... ahora todo en su contra.
Pero preocuparse hasta enloquecer no surtiría ningún cambio en su situación. Luego de un momento el cansancio acumulado y las horas de sueño que había sacrificado en cuidar de Malfoy, un peso horrible caía sobre sus hombros. Ir hasta la otra habitación no entraba dentro de lo que se creía capaz de hacer a las dos de la madrugada; entonces optó por la vía fácil. Apenas despertara se iría sin hacer ruido. Total, el slytherin no se daría cuenta que había dormido acompañado... y con este reconfortante pensamiento, una sonrisa plena se acomodó en sus labios mientras dejaba caer pesadamente los párpados fundiéndose en sus sueños.
--oOo--
Abrió la carpeta que descansaba sobre su escritorio sintiéndose muy molesto todavía por tener que seguir órdenes que iban en contra de lo que pensaba. La idea que aurores estuviesen involucrados con Malfoy sonaba cada vez más descabellada, aun más ahora cuando observaba que los sospechosos hacían parte de la división en que se encontraban sus amigos. Voldemort podría resucitar diez veces antes que sus amigos hicieran algo como eso y parecía que todo lo que ellos habían hecho durante la guerra y a su lado no tenía ninguna validez para el Ministerio.
-Malditos desagradecidos- murmuró por lo bajo mientras ojeaba los expedientes de los veinte y cuatro aurores, deteniéndose frente a la fotografía de Hermione que le sonreía casi modestamente desde el papel.
Y esa era la parte más dura de todo el proceso; tendría que investigarla tanto a ella como a Ron. A pesar de todo lo que sabía que podría significar para ellos esto, estaba en una misión y debía callar. Era su trabajo, sólo que ahora este se ponía en contra de sus amigos y casi hermanos.
Suspiró largamente y reordenó los expedientes. Quizá tendría que hacerlo pero no tendría que ser tan pronto; en un momento los dos últimos expedientes del montón fueron los de sus dos amigos. Se obligó a no pensar en eso de nuevo mientras se ajustaba las gafas para leer los datos de quién sería el primero en su lista...
-¿Amanda?
-Si señor Potter, ¿se le ofrece algo?
-Por favor acérquese a mi oficina.
-En seguida.
Un momento después la puerta fue abierta con presteza dando paso a la figura larga y esbelta de una joven secretaria con el cabello rubio ceniza ondeándose en una larga cola de caballo.
-La división F3 del departamento de aurores tiene una misión de campo que inicia hoy mismo. Necesito saber hacia donde se dirigen, cuáles son las características del terreno, lo que buscan, con qué herramientas cuentan y cuál es el plazo que tienen para ejecutar la misión.
La secretaria observaba perpleja a Harry mientras una libretita flotaba a su lado con una colorida pluma que se movía a toda velocidad sobre el papel. Desde que tenía esa bendita libreta se había librado de los gritos de su jefe sobre su "ineptitud para captar la información que se le entregaba".
- Quién está a cargo de la misión y si habrá presencia de algún otro organismo diferente al Ministerio. Y no olvide- continuó haciendo referencia a este punto;- reservarme un traslador hacia ese mismo lugar, una vez conozca el sitio. ¿Entendido? –Terminó Harry levantando sus pobladas cejas negras y desplegando sus profundos ojos verdes hacia su secretaria.
La mujer pareció tambalear ante la expresión de su jefe. Estaba atrapada por los encantos naturales del griffyndor, que desconociéndolos simplemente los pavoneaba sin remordimiento.
-Si... si, señor.
-Ok. Eso es todo Amanda.
-Permiso.
Cerró la puerta con un duro golpe mientras suspiraba largamente mirando hacia la nada. A pesar de todo, si a pesar de cada dura crítica y exigencia en el trabajo; trabajar con Harry Potter era lo mejor que le había ocurrido. Y de nuevo se felicitó por lo bajo mientras volvía a su escritorio con la nueva tarea por realizar.
--oOo--
-Granger... Granger... ¡Hey Granger despierta!
Abrió los ojos abruptamente sintiéndose atacada. A su lado, el pálido y demacrado rostro del slytherin la observaba con un dejo de traviesa alegría en los ojos.
-Vaya, vaya... realmente esto no me lo esperaba de ti, Granger. –Alzó las cejas en una expresión que sencillamente lo regresaba a sus años en Hogwarts, el infaltable componente de sus ofensas. –Mira todo lo que eres capaz de hacer, sólo por estar a mi lado. Tienes que aceptarlo, soy irresistible incluso para ti. –Sentenció arrastrando las palabras mientras tomaba lugar de nuevo entre las almohadas suspirando sonoramente a su lado.
-Tu... ¡¡NO!!... ¡Eso nunca!
-Claro que sí.
-¡No, no y NO! Qué engreído eres, Malfoy... –La había dejado fuera de base...- Piensas que todas se mueren por ti;- No tenía palabras para contraatacar,- Yo nunca me fijaría en ti, eso es seguro, -sus mejillas ardían y las palabras intentaban cortarse en su boca;- Qué iluso eres...
-Niégalo si quieres. No me importa. –El hielo de sus palabras casi pudo abofetear a Hermione que observaba hacia el vacío sentada en la cama. –Aunque ver cómo te colapsas cuando te pregunto sobre esto me entretiene un poco... – Ignoró la mirada asesina que le dirigía la castaña y continuó; -Sabes, sigues siendo toda una caja de sorpresas luego de tantos años... tan predecible, irritable y... vacía después de todo. Me pregunto cuál es la razón de tanta soledad si...
-Cállate. –Le cortó las palabras mientras la furia parecía dominarla. El no tenía derecho de decir nada sobre su vida, no ahora cuando su propia vida estaba destruida.
-No tengo por qué hacerlo... Sabes, algún día pensé que "El famoso trío de Oro"estaría regodeándose con la caída de Voldemort siendo el centro de atención de todo el Mundo Mágico... ja, veo que los quince minutos de gloria ya pasaron y ahora ocupan el lugar que se merecen. En el fondo no me sorprende que ellos te hayan dejado, al final tu cabezota no era ya útil para sus propios planes después de la guerra... Sólo te usaron Granger, al peor estilo pero lo hicieron; ellos son los culpables de todo lo que tienes. No, es mejor decir de todo lo que no tienes porque...
-¡¡¡QUE TE CALLES!!! –Apretaba fuertemente los puños a sus costados respirando agitadamente al tiempo que miraba enloquecidamente al rubio sobre la cama. –¡No eres nadie para decirme esto! ¡Es mi maldita vida y tú eres un desgraciado fugitivo que no tiene ni una tercera parte de lo que yo tengo! - Los ojos vidriosos a punto de estallar y todo el autocontrol tras la puerta de su habitación. El dolor fluía con largos corrientazos por todo su sistema, reviviendo heridas que ya parecían cicatrizadas. - ¡Si te parece mal mi vida y todo esto que ves, bien puedes largarte porque ya me hartaste! –Estalló en heridos sollozos sintiendo cómo se tambaleaba de nuevo en la oscuridad. Hasta el fondo cómo hacía tantas lunas.
Y huyó hacia el refugio que no existía tras la cortina que nunca había sido capaz de colocar. Esta vez cortar las lágrimas le costó más de dos horas y lograr levantarse tras todas las heridas que le había lanzado a quemarropa fue casi imposible. Le dolía admitir que una parte de todo el veneno que había recibido era cierto y que Malfoy sólo había necesitado unos días a su lado para darle nombre a todo el vacío que parecía llenar lo que necesitaba... y lo peor era que no había reparado en media sílaba mientras decía cada cosa con la peor frialdad que alguna vez recordaba en sus labios cuando era niña.
Por un momento recordó que debía partir rumbo al Ministerio con sus maletas y el montón de papeles que no podía olvidar. Era el primer día de su misión donde tendría que enfrentarse a un terreno de nuevo desconocido y quizá a condiciones más agrestes, dirigir su división y continuar cuidando del slytherin, todo al tiempo. Sin olvidar los ingredientes que debía conseguir para realizar la poción-antídoto para contrarrestar el maleficio que tenía Malfoy... si es que todavía quería salvarle la vida. Debía continuar, sin importar cuántos pedazos perdía en el proceso.
Abrió la puerta de su habitación con la única intensión de tomar sus maletas ya listas desde la noche anterior para poder largarse antes de moler a cruciatus al autor de sus lágrimas.
-Granger... – La voz casi impersonal del rubio no logró cambiar la fría y distante expresión que cubría su rostro luego de haber llorado hasta sentir que el alma se le partía en dos.
Avanzó hasta el closet y retiró las maletas del armario sin entregar la más mínima mirada hacia la cama donde debía estar el rubio.
-Granger, yo no...
¿Disculpas? No esperaba de el y mucho menos las aceptaría. No ahora que se sentía peor que mierda. Avanzó hasta la puerta de nuevo y murmuró casi cortante sin mirarle;
-Me voy.
-Granger, no te puedes ir. No es para tanto, además no quería que...
-Esta noche regreso. Estaré en una misión lejos de aquí así que sólo podré venir un momento en las noches. En la cocina hay lo suficiente para ti. Adiós Malfoy.
El portazo tras sus espaldas no le permitió escuchar la última réplica del slytherin antes de obligarse a permanecer en la cama y no salir corriendo a alcanzarla. Ahora creía que el mejor trato para Malfoy debía ser ese, únicamente el necesario... y si el quería guerra, se la daría sin importar nada. El mismo lo había dicho, estaba vacía. Completamente vacía.
--oOo--
Arribó al Ministerio casi entre nubes con un encantamiento glamour que no dejaba ver su rostro inflamado por las lágrimas, odiando cada minuto y con un genio que seguramente derribaría los muros de su oficina.
-Buenos días señorita Granger. –Saludaron casi al unísono el grupo de aurores que esperaban cerca de su oficina, algunos impacientes y con un sinnúmero de baúles, maletas y morrales a sus pies.
-Buenos días; -contestó con rapidez mientras alcanzaba la puerta de su oficina. Ron esperaba en la silla que ella solía ocupar, con un montón de papeles sobre el escritorio.
Tarde... bastante tarde para partir, "pero no pude evitarlo" se dijo a modo de disculpa para no sentirse del todo culpable. Su amigo estaba irritado, podía saberlo gracias al desastre que se veía en la oficina y a la dura mirada que ahora estaba recibiendo de su parte.
-Hola Ron...
-Hora y media tarde... llegué a pensar que te habían secuestrado o que se había incendiado tu apartamento. Pero parece que estás bien después de todo...
-No quería preocuparte, sólo... me levanté un poco tarde. Lo siento.
Inmediatamente la expresión de Ron se suavizó entornando sus azulados ojos de nuevo con expresión cansada.
-No te preocupes, aunque el jefe está un poco neurótico por todo esto... es mejor que vayas a su oficina y le des la cara. Te aseguro que se tranquiliza, compañera.
-Inmediatamente. Hazme el favor y les dices a todos que en menos de diez minutos estamos saliendo. Voy por un regaño fijo y regreso.
-Como ordene jefe. –El pelirrojo alzo una mano y la colocó sobre su frente con la misma actitud de un soldado dirigiéndose a su superior.
-Ay Ron, tu siempre... –Sin quererlo una sonrisa algo modesta se dibujó en sus labios por un momento mientras se dirigía hacia la oficina de su jefe. En días cómo esos, se alegraba por tener a su amigo cerca al menos para hacerle olvidar lo duro que intentaba tornarse todo.
Cinco minutos más tarde su grupo recibía instrucciones. El lugar era desconocido y los únicos datos sobre este eran los recogidos por sus libros y uno que otro pergamino perdido en su biblioteca. Con un mapa en la mano y el plan ya diseñado en su cabeza explicaba a los aurores cada paso que darían una vez se encontraran dentro de la misión.
-Es muy importante que se mantengan en grupos, no sabemos a ciencia cierta que nos espera. Si por alguna razón se sienten acorralados, sólo deben enviar una luz de bengala hacia el cielo. Estaremos listos para acudir. Pero por favor; -hizo énfasis en esto con sus ojos dirigidos hacia su grupo- que sólo sea una emergencia y en caso de versen incapaces de enfrentarse a los mortífagos o quien sea.
-¿Y si es Malfoy junior qué debemos hacer? –Preguntó un joven auror con una indescifrable expresión en el rostro.
Los murmullos se hicieron evidentes y la expectativa brillaba en los ojos de los aurores. "Esperan encontrarlo para luego...", apretó los puños y repiró hondo ante el escalofrío que recorrió su espalda. "Con cautela, con cautela..." se dijo mientras aclaraba su garganta para tener de nuevo la atención de su grupo.
-Si Malfoy se deja ver intenten inmovilizarlo antes que hacer algo más. Si necesitan ayuda sólo pídanla con la luz de bengala. Seguiremos el procedimiento ordinario para estos casos de recaptura.
-Pero... nuestro deber es acabar con todos los mortífagos. Es lo que hemos estado haciendo, ¿Por qué ahora con Malfoy tiene que ser diferente? –La voz estrangulada y casi fiera de una bruja rubia de ojos rasgados levantaba de nuevo una columna de murmullos entre el grupo. Incluso sátiras y promesas de venganza eran oídos desde su lugar.
-Silencio, por favor... ¡Silencio! –Con la atención de la totalidad de su grupo sobre sí de nuevo arremetió: -Se muy bien lo que hemos estado haciendo pero Malfoy merece un trato diferente al menos hasta que el propio Ministro decida su suerte.
-¡Es un asesino! ¡No debe vivir!
-¡No se merece nada!
-¡Ha matado a muchos; sería una traición de nuestra parte perdonarle la vida!
-¡No me importa el protocolo, lo primero que le voy a enviar será un Avada Kedavra!
-¡Por favor, No Más! ¡Ya es suficiente con toda la sangre que se ha derramado para querer tirar más! ¿Acaso vamos a responder de la misma manera en que nos atacaron? ¿No creen que no sería justo con todos los que dieron sus vidas por un mundo mejor? –Los rostros de los aurores observaban y escuchaban sus palabras reconociendo y aceptando... –Sencillamente esto es lo que van a hacer: Esta vez enviarán un mensaje a cada mortífago que intercepten con todos los beneficios que recibirán si se entregan. Obviamente, necesitamos cualquier método para capturarlos así no sean del todo ciertos. Segundo: No sean los primeros en atacar y Tercero: el trato para los mortífagos que sean capturados será el mismo para Malfoy; -sus ojos temblaron acunando esa remota posibilidad- Nuestra misión es terminar con la ola de muerte y dolor dejada por Voldemort; no perpetuarla.
Todos la observaron atentamente incluso Ron que estaba absorto en sus pensamientos. Sintió la fuerza de lo que acababa de decir y concluyó:
-Ahora si, es hora de irnos. Tomen su equipaje y caminen en parejas hacia el traslador. Buena suerte a todos y no olviden las instrucciones.
Una muchedumbre de asentimientos se escuchó antes de que el grupo se fraccionara en parejas o tríos que caminaban hacia la cabina de trasladores. Tomó su propia maleta y no se sorprendió al ver a Ron esperándola; en cada misión el pelirrojo intentaba estar cerca para "asegurarse de que ella estaría bien", entre otras razones que ahora no quería recordar y que se obligaba a creer que eran las únicas.
-¿Vamos? –Preguntó ya conociendo la respuesta.
-Eres toda una líder Hermione... –la fascinación en sus palabras era evidente; -muy bien...
-Sólo hago mi trabajo... es lo que me toca.
-No seas modesta, eres muy buena en lo que haces.
-Gracias Ron. Tú también eres bueno en esto.
Una sonrisa mezclada de suficiencia y tranquilidad cruzó su rostro mientras caminaba con su amigo por el ya desierto pasillo. Intentó no pensar en nada, pero un momento más tarde esta ya se había desvanecido al recordar todo lo que debía hacer y... todo lo que no debía sentir.
--oOo--
Tras cuatro mortífagos muertos, un auror herido y el cansancio del día sobre sus hombros; se alejaba ahora del grupo hacia los árboles con la intensión de aparecerse en su apartamento y permanecer allí un rato.
Tal como lo había esperado el terreno intentó doblegarlos pero ahora luego de tener un gran terreno asegurado el resultado no podía ser del todo desalentador, aunque... le sorprendía un poco el no ver las manos de sus nuevos "aliados" dentro de la misión. Sin embargo, el hecho de no ser oficial no desaparecía la posibilidad de estar vigilados. Aunque no había notado ninguna anormalidad entre los aurores sería más cautelosa en sus movimientos.
Giró hacia todas direcciones mirando entre la espesa vegetación pero nada se reveló ante sus ojos. Un momento después la recibía la penumbra de su apartamento y sin quererlo la angustia regresó de nuevo a pesar de los intentos por permanecer tranquila.
Y esperó unos segundos hasta calmarse para caminar rumbo hacia su habitación esperando encontrar a Malfoy. Pero una pequeña voz en su cabeza le decía que este ya se había marchado y que era mejor tenerlo lejos.
Todos sus temores se habían materializado en el momento en que su grupo intentaba enloquecer de furia con la sola mención de la recaptura del slytherin. Esta era tan sólo una muestra de lo que sería la reacción del mundo mágico ante la aparición de ese rubio mezquino que parecía no tener sentimientos. Y quizá lo matarían frente a sus ojos antes de que hicieran lo mismo con ella por ayudarle. Su suerte ya estaba decidida sin importar las razones que entregara.
Encendió las luces y caminó hacia la cocina intentado ganar tiempo antes de encontrar a Malfoy y llenar el vacío que le producía saber tantas cosas. Todo se veía tal cual como lo había dejado en la mañana, no había ninguna evidencia de comida sobre el fregadero y la cesta de basura continuaba vacía.
El pánico cruzó rápidamente por su sistema mientras abría la nevera de golpe para encontrarse con todo el contenido en su lugar. Ahogó un pesado pensamiento y se obligó a respirar antes de caminar a grandes pasos hasta su habitación.
Abrió la puerta rápidamente y se quedó en su sitio. La débil luz de una lámpara de una de las mesas de noche envolvía la habitación en un ambiente cálido y distante. Sobre la cama podía ver un bulto bajo las mantas. Alivio y angustia iniciaron de nuevo su recorrido; estaba ahí pero no podía estar bien. Al menos no lo suficiente como para acercarse a la cocina. Aunque... la posibilidad de que la pelea de la mañana hubiese sido la razón principal por la que decidió no tocar la comida la hizo tambalear... Que orgullo tan patético.
Quería acercarse pero no debía. Al menos no después de lo ocurrido en la mañana y todavía sentía el veneno de las palabras de Malfoy punzar horriblemente. No quería ser dura pero el se lo merecía. Aun así lo ayudaría... hasta que el se lo permitiera porque no estaba dispuesta a soportar las burlas y las acusaciones de alguien que simplemente no la conocía.
Entonces calculó sus movimientos junto con cada palabra y avanzó. El frío de su propia voz la sorprendió un poco pero... era lo mejor.
-¿Por qué no comiste nada Malfoy? Veo que tu orgullo toca límites. –Continuó sin esperar respuesta alguna.- Es tu decisión si quieres vivir un infierno... lamento decirte que te equivocaste de persona si creíste que cedería ante ti. Eso nunca.
Esperó esta vez su réplica pero no la obtuvo; por un momento parecía que el slytherin prefería ignorarla. Sin embargo, el aun no desaparecido rencor clamaba por si mismo y no aguardó para inyectarlo.
-El Ministerio está utilizando todas sus herramientas para dar con tu paradero... sólo esperan tirarte a la multitud para que te haga pedazos. No se cuanto tiempo les lleve encontrarte pero se que lo harán... Creo que no importa lo que yo haga, tu destino ya está resuelto. –Se odió por cada palabra, pero estas ya habían abandonado su boca en un tren desenfrenado rumbo hacia Malfoy. Golpe por golpe a pesar que se sentía igualmente herida. "Así no soy yo... pero el es único culpable de que yo llegue a estos extremos", se dijo intentando tranquilizarse en vano.
Cambió el peso de un pie a otro aun con la certeza de obtener veneno o quizá fuego de la boca del rubio. Un minuto o dos y seguía en su mismo sitio dudando de la efectividad de su ponzoña y con la vergüenza aumentando dentro de su cuerpo. Alejarse, debía alejarse.
-Voy a prepararte algo de comer, luego... luego me iré.
Dio media vuelta y la culpa ya se ocupaba de oscurecer todo pensamiento. Simplemente sus insultos no ocasionaban ningún efecto sin importar con qué intensidad eran despedidos desde su lugar. Era mejor olvidar y retirarse antes que fuera atacada y algo le decía que no estaría preparada para ello.
-Es... espera.
La quebrada pero aun audible voz de Malfoy cortó el ya amañado silencio antes que sus pasos abandonaran la habitación. Se frenó en su lugar asimilando cada palabra viendo como la culpa empezaba a aplastarla, aun así siguió firme.
-No lo hagas... Granger.
-¿Qué? ¿Qué dices?
-No hagas eso que ibas a hacer... no es necesario. –La voz ronca del slytherin revelaba los grandes esfuerzos de este por mantener un tono imparcial que Hermione ya había identificado como fingido.
-No has comido nada en todo el día y no seré la culpable de que mueras por inanición.
-He dicho que no es necesario. –Afirmó acentuando cada palabra.
-Pero... –Esta vez las hipótesis parecían no encajar en el nuevo rumbo de las cosas. No podía descubrir hacia dónde pretendía llegar Malfoy.
Lentamente vio como el rubio se incorporaba haciendo acopio de toda su fuerza y autocontrol para mantenerse en pie. Aun con su mano apretando fuertemente su costado y unas ojeras que enmarcaban su cuerpo enfermo la enfrentó intentando acomodarse detrás de una columna fría que se tambaleaba gracias a los fuertes azotes de dolor que recibía.
-No tienes por qué molestarte. –La calculada intensidad de sus palabras laceraba dentro de la castaña.
-Yo sólo...
-No lo hagas, déjalo así. No tienes por qué hacerlo. –Quizá era la tensión de la situación o sus propios nervios pero sintió un dejo de herido resentimiento en lo que acababa de escuchar. Debía ser eso.
-Lo único importante es que lo estoy haciendo.
-Me voy. Ya es suficiente.
-No. Tú no te puedes ir así...
-Claro que puedo hacerlo Granger. Esta vez nada me detendrá.
-El Ministerio está detrás de ti, Servicios Secretos, la comunidad mágica en general. No llegarás a ningún sitio sin encontrarte con alguno de ellos y no...
-Lo se y no creo que deba importarte. –Esta vez la punzada giró sobre la herida.- Puedo solo con esto.
-Si me importa así no lo entiendas. –Estaba aferrándose a cualquier tabla de salvación para lograr salvarlo del horror que le esperaba afuera.- Y no puedes hacerlo solo... es muy peligroso.
-Pero es mi vida Granger y no puedo cambiarla. Se que no debí meterme en tu vida y creo que es hora de que dejes de entrometerte en la mía. Por tu bien... al menos hazlo por eso.
La plateada mirada se convertía en un mar casi transparente y Hermione pudo ver la verdad que estaba escuchando. Su cabeza al mismo tiempo entendía que no podía existir un punto en el camino donde Malfoy y su vida tuviesen el mismo sentido, pero su corazón seguía cayendo bajo la figura que tenía frente a sus ojos.
-Ya has hecho por mí más de lo que esperaba... yo... –reprimió el fuerte dolor aferrándose a un dosel de la cama, luego continuó- Yo no esperé esto y mucho menos de ti... sólo se que no debe continuar. No estaré dispuesto a arruinar otra vida que no tiene nada que ver en esto. Y quizá sea cierto lo que dices y para mañana sea sólo un molesto recuerdo pero... es mi destino. Tú lo dijiste.
-No, por favor no... –La expresión de Malfoy cambió ante su desesperada súplica. Quizá ya había descubierto lo que hasta ahora tomaba nombre en su cabeza- Encontraremos la forma de eludirlos a todos, sólo dame tiempo y yo podré sacarte de aquí. No te encontrarán Malfoy, no lo harán...
-Ya basta. No has tenido una sola razón para hacer todo lo que has hecho y si existe... es mejor que la olvides. –Claro que sabía. ¿Cómo había sido incapaz de darse cuenta?- Nunca debiste traerme contigo... Nada de esto tenía que haber ocurrido, no tiene sentido. ¿No lo ves? No puede ser.
Pudo sentir cada lágrima abandonar sus ojos mientras los puñales arrebataban la última llama que parecía acobijar su cuerpo. ¿Por qué? Las razones nunca existieron y ahora intentaban solidificarse todas al mismo tiempo.
-Hubieras muerto... ¿para ti hubiese sido mejor haberte dejado ahí? –El horror se filtró en sus palabras sólo para golpearla lejos. Golpe bajo.
-Al menos todo habría terminado sin implicar a nadie más... Pero todavía se puede hacer algo: sólo debes darme mi varita.
-¿Qué quieres decir? ¿Vas a...?
-No te haré nada. La necesito para irme, es lo único que me ata a este lugar.
-¿Sólo eso...? –No le importó su estupidez. Estaba perdiendo todo lo que por un momento empezó a dar sentido a su monótona vida.
Esta vez el rubio dejó ver la perplejidad en su rostro mientras quedaba fuera de base incapaz de dar crédito a lo que estaba pasando pero la determinación que lo dominaba despejó cualquier pensamiento.
-Termina con esto. Entrégame mi varita.
-No, no...
-Vamos Granger, sólo hazlo y esta pesadilla terminará para ti. Mañana podrás seguir con tu vida.
-No estás en condiciones...
-¿Y qué importa cómo me encuentre si mis días están contados? Tu misma lo acabas de decir, da igual si me atrapan hoy o la semana que viene. No puedo escapar para siempre de esto... ahh! –El latigazo golpeteó tan fuerte que no pudo reprimir un fuerte grito mientras se precipitaba hasta el piso.
-¡No estás en condiciones, te lo dije! –Ahora frente al slytherin examinaba cada movimiento asegurándose de que el tiempo se acortaba.- Déjame ver... –Apartó la mano ya desmadejada que cubría la herida para observar horrorizada.- Estás sangrando... ven, apóyate en mi. Voy a devolverte a la cama.
-Déjame; -susurró débilmente con los ojos aun cerrados.
-No haré caso a nada de lo que digas Malfoy.
-Te estás condenando Granger. No... No es justo. –El lejano frío esta vez no hirió, sólo trajo aceptación a su desesperación.
-Lo sé. –Admitió con la vista perdida,- No importa si es justo o no; no hará diferencia alguna.
-Dame mi varita... –Esta vez los ojos plata se clavaron en los de Hermione aferrándose todavía en la decisión de irse.
-No lo voy a hacer... No permitiré que te hagan daño. –La calma en su voz envolvía el camino que hacía días había decidido tomar.
-¡¡Suéltame!! –Se incorporó con fiereza alejándose de todo contacto.- ¡¿Es tan difícil terminar con esto?! ¡¿No tienes miedo a morir?! ¡¡No se qué pasa contigo si...
-¿Es muy difícil aceptar que alguien esté dispuesto a hacer algo por ti?
-¡No te he dado motivos para que lo hagas Granger! ¡Soy la última persona a la que tendrías que ayudar, No después de todo lo que ha pasado!
-No regreses a lo mismo de siempre... nada tendrá sentido si lo haces. Malfoy, se muy bien que puedes estar sintiendo pero... no voy a dar un paso atrás.
El slytherin respiraba sonoramente clavando su espesa mirada hacia Hermione, quien cruzada de brazos lo observaba. Lo estaba acorralando con su obstinación, yendo bastante lejos de aceptar cada cosa que el decía... Resultaría muy difícil intentar dejar a la castaña si ella se encontraba en esa posición (Otra de las muchas cosas que le habían heredado Ron y Harry...).
-Entonces, tendré que irme sin mi varita. –Resolvió el rubio luego de varios minutos sopesando sus opciones. La última carta venía a su mano: Misión suicida.
-No... –La incredulidad estallaba en los ojos de Hermione, ahora desencajada por la cruenta salida del slytherin.- Malfoy, no... eso es... ¡Te van a matar!
-De hecho, lo harán si la llevo conmigo también.
-Pero... ¡¿Es que no entiendes?! O ¿Te cuesta trabajo aceptar esto?... ¿Qué tanto de tu orgullo Malfoy se está yendo a la basura? ¡¡¡Dímelo!!!
-Es sencillo Granger, o me das mi varita y acabamos esto de una vez o me voy sin ella. No me importa qué tan lejos puedo llegar así, sólo quiero acabar esto de una maldita vez. –El tono de su voz heló de nuevo cada resquicio que Hermione aun conservaba cálido. Otro callejón sin salida que... parecía no ceder.
-Piensa lo que quieras, es mejor así. –Continuó escupiendo frías sílabas que se tambaleaban dentro de su boca. Nunca había estado tan cerca de perder las riendas como ahora.- De ti depende que me maten en cuanto salga de aquí o en unas horas si llevo mi varita conmigo, pero en cualquier caso me iré. No importa nada más, no es irrelevante.
-¿Y si te digo que no me preocupa el morir a tu lado?
La expresión del rubio tambaleó una vez más intentando controlar el dolor y el asombro al mismo tiempo. Algo corría por su cabeza a toda velocidad y sólo podía ver su propio terror ante la posibilidad de algo así. Claro que Hermione no se equivocaba... sólo que esta vez el rubio reconocía sus propios "intereses" involucrados en esto. Y para el todo significaba lo mismo: Muerte.
-No sabes lo que dices. Es una locura.
-¡Claro que lo sé! ¡Y no es ninguna locura!
-Me voy.
-¡¡¡Malfoy!!!
-Adiós Granger.
Parecía ir fuera de control y no podía hacer nada mas... estaba quedándose sin posibilidades, pero verlo caminar trabajosamente hacia el pasillo sólo la congeló en su lugar viendo cómo cada intento por retenerlo se desmoronaba entre sus dedos.
-Parece que lo que digo no lo tomas en serio.
El rubio levantó la vista ahora a la figura que intentaba bloquearle el paso hacia la salida. ¿Obstinación Griffyndor o locura? No existía diferencia.
-He dicho que no voy a dar un paso atrás, Malfoy. No importa lo que digas o lo que pienses... no vas a salir de aquí hoy.
Sintió sus mejillas arder y la férrea decisión de mantenerse en su posición. Quizá esta noche tenía sólo ese camino para mantenerlo a salvo... no el mejor, sólo el más efectivo.
-Y yo he dicho que esto no es problema tuyo. Sólo tienes que entenderlo.
El siseo de sus palabras flageló de nuevo los ojos de Hermione, que luchaba por mantenerse firme. Respiró profundamente y enfrentó la dura mirada que intentaba asesinarla. Pero debía ser más fuerte que el príncipe de la obstinación frente a sus ojos.
-Granger... te odio. –De nuevo su rostro se tensó en respuesta a otro tirón que intentaba derribarlo.
-Yo también te odio. –Respondió automáticamente. Acto reflejo, otro recuerdo del pasado. Sólo que esta vez la sensación de victoria hizo ensanchar una incipiente sonrisa en medio de la oscuridad a su alrededor. Nada de lo que el rubio dijera ahora la haría tambalear. Había ganado... aunque sólo fueran unas pocas horas más.
Se extasió desde su lugar mientras veía la tácita rendición del slytherin. Era obvio que en su estado no podría contra ella... mucho menos ahora que nuevas razones la obligaban a mantenerlo a su lado. Los ojos plata se endurecieron de cólera; no existía otra salida.
El silencio de la aceptación y la comprensión cruzó por su rostro aun incrédulo de lo que estaba presenciando. No dudó en ofrecer sus brazos para devolverlo hasta su cama, esta vez más despacio que antes.
Pudo ver como los músculos del rubio se tensaban al contacto y apretaba fuertemente su mandíbula controlándose... haciéndose el fuerte. Quizá era mejor así porque... en unos días el autocontrol se iría a la basura si la maldición seguía invadiéndolo. Tenía que encontrar los ingredientes de la poción y... el reloj ya corría en su contra.
Esta vez dedicado a Ricardo, quien espera... Tu historia, te prometo que será contada.
Y por supuesto amiga... gracias de nuevo por estar a mi lado. Valió la pena caminar en medio de la oscuridad.
Hasta la próxima.
Sophie.
