Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenecen, son propiedad de J.K. Rowling y etc. No recibo ningún beneficio económico por esto, sólo me encargo de jugar y soñar con ellos.
Rating: K+
Personajes: Draco M. & Hermione G.
NdA: Aquí estoy de nuevo con otra entrega de esta historia que cada vez se pone mejor. Mis vacaciones expiran lentamente y con ellas las ganas de continuar. Tuve que recargar baterías para terminar este capi y espero que me duren bastante para publicar pronto. Comentarios, sugerencias, preguntas o anotaciones son bienvenidos y prometo contestarlos.
Sin nada más por el momento; vamos a leer.
EN LA NIEBLA
BY SOPHIELUNA
Capítulo cinco: La Búsqueda
El callejón Diagon se abría ante sus ojos marrones que observaban bajo su túnica negra un hermoso reloj de péndulo en una tienda de artículos de segunda mano: no tendría mucho tiempo. Sus hombres en plena misión de campo y ella en medio de un mercado en la ciudad... Gracias a su habilidad para planear y organizar tendría algunos minutos para empezar la búsqueda de los ingredientes que necesitaba; así que se dio prisa.
Esta vez tampoco iría por libros, lo que le hizo ahogar un gemido de frustración al pasar por la librería que sin falta frecuentaba cada vez que cruzaba por allí. Pero esta vez iba en misión secreta (¡Qué sorpresa!) y no podía entretenerse en otras actividades. Sacó la lista que reposaba en el bolsillo de su túnica y adentrándose en una tienda de aspecto sombrío en medio de una calle poco transitada, dio inicio a su tarea.
Veinte minutos después su cabeza vio de nuevo la luz del día en la puerta de la tienda. La expresión que inundaba su rostro iba de la decepción a la furia. En su bolso de cuentas ya contaba con algunos de los ingredientes. Aun así la lista continuaba siendo larga; bastante bien para la primera parte de la búsqueda. Era consciente que no encontraría todo en el mismo lugar. Quizá otra tienda... Pero no podía seguir buscando ahora cuando estaba en medio de una misión. Buscó un lugar un poco solitario y desapareció de nuevo para después reprocharse su irresponsabilidad y todas las reglas que estaba violando... Después de todo, la mitad de reglas que regían su vida sobre el piso habían quedado cuando el rubio de ojos plata irrumpió en su vida.
--oOo--
La grava sobre sus pies, el cansancio sobre sus hombros y todo un millar de preguntas sin respuesta entre sus dos cejas. Cinco de los hombres que debía investigar ya estaban fuera de su búsqueda. Era realmente fácil descubrir la vida de cada uno de estos hombres, aun cuando se hacían llamar aurores. A este paso tendría que ver los nombres de sus amigos frente a sus ojos y... la amistad tendría que quedar a un lado si quería terminar con su trabajo.
Esperaba. Esperaba no tener que hacer muchos esfuerzos para investigarlos, no quería encontrarse en una posición tan baja si era descubierto.
Ahora, se reunían en torno a una fogata frente a las tiendas de campaña. Ron entre un par de aurores rumanos, reía a carcajadas con cada invención de los extranjeros y Hermione... no estaba a la vista. Quizá estaba en su tienda revisando papeles o leyendo algún libro... Se sentía fuera de lugar a cada momento, pero debía continuar.
Detrás de un gran árbol ya entre la espesa vegetación tomaba un nuevo respiro debajo de su capa de invisibilidad, quizá un poco dispuesto a regresar a casa. Aunque todo el día tras el grupo de aurores no había sido del todo aburridor, el tedio ya estaba pasando su factura y los deseos de fundirse bajo sus sábanas era bastante tentador aunque el tener que hacerlo solo quitaba un poco de atractivo al asunto.
Tres días con sus noches en el mismo lugar intentando encontrar pistas de un doble agente, con cientos de preguntas que lo llevaban hacia otro lugar lejos de ahí, donde el rastro de Malfoy había desaparecido un par de semanas atrás.
Con todo, existía cierto patrón que parecía seguir el auror promedio, con una previsibilidad tan abrumadora que daba sueño. No tenía nada más que hacer a no ser que prefiriera quedarse a escuchar vanas conversaciones o ronquidos provenientes de las tiendas de campaña. De hecho, le esperaba un nuevo informe por hacer si no quería desesperar a Shonner y su equipo de estrellas...Rodó los ojos con el sólo recuerdo y se concentró en su casa de Grimmauld Place. El modesto plop resonó en medio del bosque confundiéndose con los ruidos de la noche.
--oOo--
-¡¡Estoy muerto!! Esto ya es demasiado, no creo que pueda resistir otro día a este ritmo.
-Llevas diciendo lo mismo desde el primer día Ron. Ya deja de quejarte tanto.
-¿Acaso crees que soy un quejica? ¿O es que estás hecha de metal, Hermione? Creo recordar que hace unos días estabas apoyando mi idea de reportarnos enfermos.
-¿Yo? Lo único que te dije fue que sería bueno el hecho de estar enfermos. Tú empezaste a delirar solo con eso de engañar al Ministerio y poder salir de aquí... Por momentos olvidas que soy quien coordina esta unidad de aurores y sin mi consentimiento no podrás irte a descansar. Estás conspirando contra tu jefe enfrente de él, Weasley.
-¡¿Pero Hermione...?! ¡Estoy cansado! ¿O me vas a negar que cada vez son peores las misiones a las que nos envían? ¡Niégamelo!
-Quizá tienes razón pero hasta que obtengamos los resultados que ellos esperan esta situación continuará.- Tomó un largo trago del jugo de calabaza que sostenía entre sus manos para hundir más su cuerpo en el sofá.
-¿Y cuáles son "esos resultados"?
-Creo que es hora de ir a la cama, ya son las diez y treinta.
-Hermione...
-Deberías irte a dormir tú también. Mañana debemos avanzar mucho más de lo que hoy.
-Te hice una pregunta; ¿cuáles son esos resultados que el ministerio espera?
-Totalmente confidenciales.
-Me los contarás; soy tu amigo ¿o no?
-El hecho de desconocerlos no interferirá en tu motricidad.
-¡¡Hermione!!
-Tengo sueño, Ron. Vete a dormir.
-Me tendrás que contar, Hermione. Estoy seguro.
-Es mejor lo que no sabes. Así, puedes dormir tranquilo.
-¿De qué hablas?
-No te preocupes; yo me entiendo sola.
-Has estado rara estos días... como si... como si escondieras algo.
-¡Por favor, Ron! Deja la paranoia a un lado, no me pasa nada.- El énfasis y la naturalidad de sus palabras empeoraba con los días.
-Cada día estas peor. Tanto libro que comes a diario te está afectando; también es todo ese polvo que te tragas en ese agujero de biblioteca que tienes. No quiero imaginarme cómo te verás en unos años...
-¡¡Ronald!!
-Hasta mañana, Hermione.
--oOo--
Desde el sofá vio como abandonaba la habitación dejándola en medio de su no tan infundada ansiedad. Si Ron había notado algún cambio en su actitud, las cosas estaban empeorando hasta llegar a un punto peligroso. Debía manejar con cuidado las cosas, sus movimientos, sus palabras... todo. Al menos, hasta que la descubrieran.
Se levantó de un salto y observó a través de una ranura de la puerta el camino que seguía el pelirrojo Weasley hacia su propia tienda. Cerró la puerta con un hechizo, convocó un hechizo protector y luego de un vistazo minucioso hacia alrededor desapareció rumbo hacia su apartamento.
Y nada había cambiado. Malfoy laceró su visión con una mirada que en peores momentos mataría, dejando claro que estaba tan furioso como el día en que Hermione no le permitió irse. A pesar de haber pasado varios días continuaba con la misma actitud agria y distante, haciendo acto de sus peores caras e ignorándola todo el tiempo. Pero era capaz de soportar su desprecio si con esto le tenía cerca y respirando. Al final sería capaz de adaptarse a sus Malfoy-ofensas, aunque continuaba pensando que sólo eran pataletas de un niño.
Luego de llevarle algo de cena junto con un gran vaso con jugo de calabaza que deliberadamente el slytherin rechazó bajo las sábanas, su escala de paciencia estaba tocando límites que no eran prudentes y ya cerca de llegar al"¡Vete a la mierda, Malfoy!"decidió continuar con los preparativos para la poción.
Sacó los ingredientes que compró y empezó de nuevo a leer todo el proceso de preparación buscando memorizar todo para que ningún error en el futuro estropeara sus planes. Paralelamente, sabía que debía darle algo a Malfoy para contrarrestar el dolor hasta que la poción estuviese lista. Una ayuda que le asegurara que el rubio resistiría hasta el final. Con esto tuvo suficiente para enterrarse en medio de montones de libros que sólo despedían olor a humedad y a años mientras hojeaba volúmenes que podrían tener lo que buscaba. Por un momento recordó las palabras de Ron de horas atrás sobre sus preciados libros haciendo que una carcajada resonara por toda la habitación. Qué importaba si se tragaba el polvo de toda una vida o si el olor penetraba hasta su ropa; al estar en ese ambiente su seguridad se renovaba y caminar no era peligroso. Allí pertenecía y adoraba sumergirse entre la sabiduría casi infinita que esas estanterías le entregaban.
Entonces la encontró. Cuando ya los bostezos le hacían salir lágrimas y sus piernas no paraban de dormirse por la incómoda posición se encontró con un viejo libro de pociones oculto tras una enciclopedia de plantas acuáticas bajo toda una pila de volúmenes sin acomodar. No tendría tiempo de preparar otra poción de un nivel tan complicado por más que se propusiera hacerlo. Así que decidió buscarla en su próximo viaje al Callejón Diagon, al día siguiente. Resolvió irse a descansar antes que los libros que por casualidad había encontrado absorbieran su voluntad y los rayos de sol le sorprendieran aun despierta.
Caminó lentamente hacia su habitación para encontrar al rubio en la misma posición y sobre la mesa de noche, la cena que le había preparado. No había probado bocado de nuevo. Igual que la noche anterior y la anterior a esa. Menudo niñato engreído y caprichoso tenía bajo su techo... Una vez había establecido ciertas condiciones y si Malfoy no pensaba ceder ella tampoco lo haría. El infierno vendría a su casa pero no permitiría que esa situación continuara.
-¡Malfoy, despiértate! –Le llamó ya cerca de la cama adoptando su actitud para la pelea que sabía vendría.
Se mordió los labios viendo como de nuevo el slytherin la ignoraba. Sólo su acompasada respiración indicaba su permanencia en el lugar. Tendría que presionar un poco más.
-¡Malfoy levántate! ¡No comiste nada otra vez! ¡No permitiré que hagas lo que se te de la gana! ¡Ya estás muy grande para estas niñerías!
Nada todavía. Ultimo recurso: directo a su orgullo. No podría fallar.
-Sigues siendo tan engreído e inmaduro como en Hogwarts. ¡Y te dices llamar un Malfoy! Vaya, no sabía que con la edad que tienes sigues comportándote como un niño de once años. Te recuerdo que ya no está Snape para defenderte ni...
Y no falló. Con la victoria de nuevo en su boca fue testigo de otra mirada asesina que el rubio le dedicó al bajar las sábanas para quedar al descubierto. Un poco más pálido que ayer y con el cabello revuelto sobre su cabeza se incorporó en la cama y cruzó los brazos sobre su pecho claramente esperando. Hermione no esperó ser invitada, así que se sentó al borde la cama a su lado y le alcanzó la bandeja con la cena que le había preparado. Y vio el rencor en los ojos de Malfoy cuando su varita revoloteó en el aire para calentar la cena, todo un río de rabia contenida que estaba próximo a desbordarse sobre la cabeza de la castaña.
Pero existían cosas peores y hasta cierto punto era divertido ver cómo el rubio se valía de todo su repertorio-para-odiar intentando mandarla lejos. No era menos cierto que el tenerlo cerca ocasionaba colapsos en su interior, mucho más ahora que todo ese tren de sentimientos ya tenía nombre en su cabeza. "Es peligroso", se dijo más de cien veces mientras veía al slytherin comer con modesta delicadeza cada cosa de su plato. Luego un "¡pero si es Malfoy!" pasó corriendo mientras buscaba esas plateadas orbes sólo para sumergirse en ellas y al final su corazón latía desbocado refrenando las ganas de tocarle y sentirle. La belleza de Malfoy eclipsaba cualquier pensamiento cerca dejando sólo lugar para una fuerza extraña y casi magnética que la ataba a su cuerpo.
-Debo irme.-Susurró tomando la bandeja ya vacía del regazo de su huésped cuando la hostilidad empezó a herir. Hora de partir.
Buscó sus ojos y una ráfaga de dolor atravesó su espina dorsal cuando esas fuentes sólo le mostraron rabia en su estado puro. Quizá se acostumbrara a eso aunque cada vez dolería más el no poder hacer nada para contrarrestarlo. Sin embargo, no se rendiría.
Esperó una palabra de su boca, un asentimiento o cualquier cosa en forma de réplica pero no llegó. Se sintió entonces completamente sola, viéndose así misma miserable y estúpida esperando lo que nunca saldría de la boca de Malfoy. Suspiró profundamente antes de caminar hacia la puerta y con el alma encogida se perdió en la penumbra del pasillo.
--oOo--
Descargó con un golpe sordo los papeles el sofá aun asimilando cada una de las palabras de su jefe. Y bien fuertes si habían sido estas, recordaba ahora caminando de un lugar a otro sin definir que camino tomar.
Era sencillo y abrumador: tenía que encontrar algún rastro de Malfoy o de los mortífagos que le "acompañaban" lo más pronto posible, antes que la misión fuera abortada y su reputación enviada al suelo. Servicios Secretos no tenía las intenciones de esperar cruzados de brazos a que ellos hicieran todo el trabajo; de hecho, ahora mismo un grupo de ellos tomaba su lugar al lado de los aurores.
-Malditos,-susurró intentando calmar la ansiedad que le producía saber la gravedad del asunto. Y sabía para su desgracia que a ese paso no faltaría mucho para que todo terminara. Entonces todo empezó a condensarse a toda velocidad en su cabeza; ¿hasta qué punto llegaría cuando todos se lanzaran en su contra? ¿Sería capaz de resistirlo? ¿Malfoy estaría a su lado cuando todo se descubriera? O ¿huiría a la menor oportunidad?... En realidad, ¿podría confiar en el frío rubio que ahora parecía odiarla con todas sus fuerzas? No lo sabía. Malfoy resultaba ser todo un cofre de sorpresas aunque su experiencia se inclinaba hacia el lado de la oscuridad.
Y la resolución salió a flote tensando cada músculo de su cuerpo. No existía vuelta atrás y se encontraba más allá de las posibilidades... el único camino se hallaba frente a sus ojos y seguirlo sería lo que haría hasta que todo terminara; es decir, hasta que Malfoy la traicionara porque estaba claro que eso haría. La lógica golpeaba ahora directo a su rostro con todo el cúmulo de razones en las que se había refugiado días atrás. No ocurriría ningún agradecimiento de su parte, mucho menos su compromiso para luchar a su lado. El... el, se iría sin siquiera mirar atrás. Era Malfoy después de todo.
Entonces, no pudo contener las lágrimas. La cruda y hostil verdad se mostraba frente a sus ojos sin necesidad que alguien lo hiciera por ella. Un gran error había cometido; uno tan grande que le costaría la vida. Se deshizo en su propio dolor siendo consciente que no existía diferencia entre el hoy y el ayer al que ya se había acostumbrado.
Era un poco más de medio día, el momento justo para continuar buscando el resto de los ingredientes, además de la poción contra el dolor para Malfoy. Aseguró de nuevo su tienda con las protecciones adecuadas y desapareció rumbo al callejón Diagon. Cuarenta minutos después la recibió el pasillo de su apartamento, con el corazón en la mano y diez mil posibles horribles cosas que le podrían haber pasado a Malfoy. Inmediatamente la punzada que atravesó su costado señalando el resquebrajamiento del vínculo la envió directo hacia su casa, aun con involuntarias lágrimas en sus ojos y el rostro del mago que le observaba casi estupefacto en la tienda donde se encontraba.
En menos de lo que su propio cuerpo le permitía correr abrió la puerta de su habitación para encontrarse de nuevo con el lugar en calma. Malfoy no estaba a la vista... de hecho, no estaba allí. Abrió de golpe la puerta de la habitación de enfrente, nada. Corrió hacia la cocina y la sala buscando algún rastro de forcejeo o... Nada. No existía otro lugar en donde... Un momento. La biblioteca.
Pero el slytherin no tendría por qué encontrarse allí. Al menos, eso era lo más probable porque... Olvidó razones e hipótesis mientras avanzaba a trompicones por el pasillo hasta el fondo de este, donde una puerta de madera más pequeña que las otras esperaba entreabierta.
-¡Malfoy...!
El pánico fluía sin control y el slytherin continuaba sin dejarse ver. Caminó hacia el centro de la pequeña habitación atestada de libros y su corazón estuvo al borde del colapso al enfocar al rubio en la distancia. Razón y corazón de nuevo actuando por separado.
-¡Malfoy pensé que te había...!
Malfoy no se tomó el trabajo de levantar la vista, dejándola en medio de la nada. Entonces, lo comprendió enseguida.
-Yo... pensé que... no sabía que tu... creo que mejor me voy.
Dio media vuelta sintiendo cómo su rostro ardía. ¿Falsa alarma? Era evidente. Ya no recordaba cuántas veces había pasado por la misma situación en el último mes. Sólo que... ¿Qué hacía Malfoy en su biblioteca y con sus libros? Mierda. Esto iba más allá de invadir su territorio y sus preciados libros. El sólo hecho de verlo en ese lugar hacía tambalear toda la investigación que había estado realizando. No sabía cuánta información quedó suelta la noche anterior y ahora al alcance del slytherin. ¿Y si ya lo sabía todo? ¿Qué haría si Malfoy descubría lo que le estaba pasando...? Lo más lógico era que buscara información al respecto sobre lo que tenía, evitando preguntarle a ella. Tendría que buscar la manera de saber cuánto había perdido a estas alturas, aunque nunca recibiera una respuesta.
-Veo que ya te sientes mejor;-era mejor si caminaba en redondo antes de llegar al fondo del asunto,-aunque... creo que es demasiado pronto para... para empezar de nuevo con los estudios.
El rubio fingió no oírla y continuó en "su tarea", sentado en la pequeña mesa tras un montón de libros que sólo dejaban ver su rostro y el platinado cabello ahora brillante y húmedo.
- Deberías esperar un poco más, cuando estés mucho mejor...-continuó ya sintiéndose estúpida y absolutamente ignorada;-hace poco traje unos volúmenes sobre pociones que podrían interesarte... se muy bien que era tu materia favorita en Hog...
Se detuvo en la mitad de la frase cuando los ojos plata se detuvieron en su rostro. La expresión que encontró en ellos la pateó lejos, incluso pudo sentirse caer hasta el piso. Era increíble con qué facilidad Malfoy podría herir su orgullo o lacerar cada una de sus estructuras ahora que se sentía... simplemente enamorada de el. Y dolía aceptarlo aunque era la verdad y sólo recibiera de su parte desprecios cargados de un odio que para ella ya no existía.
-¿Qué es lo que quieres ahora, Granger?,-las palabras impactaban sobre Hermione que ya no se protegía contra ellas. Sin embargo, Malfoy no se detuvo.-Deja de dar tantas vueltas y dime de una maldita vez qué es lo que te pasa. ¿Te disgusta tanto que toque tu montón de basura? ¿O te preocupa que averigüe por mí mismo lo que me estás ocultando? Porque eso es precisamente lo que estoy haciendo.
Estupefacta desde su lugar le observaba. No tenía palabras para decir cada cosa, no podría hacerlo. De nuevo el rubio continuó en lo que estaba haciendo sin darle mayor importancia a las lágrimas que estaba intentando contener.
-Creíste que no me iba a dar cuenta. Lamento informarte que no soy igual que Potter o la comadreja. Y tú no eres más lista que yo.
-Malfoy... no voy a permitir que sigas insultándome. –Hizo énfasis en cada palabra tan lento que logró cambiar la expresión del rubio. Sentía la furia corriendo sin control de nuevo, una furia tan irracional como lo que sentía por el.
-Y yo si debo permitir que me retengas en este lugar... vaya, no creo que exista diferencia ¿o si?
Una solitaria lágrima se dejó caer y rodó a través de su mejilla frente a la dura mirada que Malfoy le entregaba. Quizá era cierto... sólo que no podía parar.
-Y aun así quieres ocultarme cosas. Creo que me merezco que me digas la verdad, al menos es lo mínimo que puedes hacer.
-Yo sólo...
-Siempre estás pensando en ti; sólo te importa tu vida con tus logros y todos estos malditos libros que tienes. Eres una egoísta Granger, una maldita egoísta.
-¡Eso no es cierto! ¡Lo único que he hecho siempre es preocuparme por todos, por intentar solucionar cada cosa que esté a mí alcance! ¡No tienes derecho a decir algo así! ¡No, después de...
-Dilo. Sabía que algún día llegarías a echarme a la cara todo esto que estás haciendo. Te estabas tardando en hacerlo.
-¡Claro que no! Yo no podría...
-Ya me hartaste. Si no quieres decir nada, no lo hagas. Lo averiguaré por mi mismo dentro de poco. Después de todo, no falta mucho para que den con mi paradero. Y entonces... importará poco si no quieres hablar. –Bajó la mirada de nuevo dejando a Hermione fuera de control. Un momento después aun sin levantar la vista, murmuró:-Si piensas quedarte ahí todo el día al menos quítate de mi vista. Odio que me interrumpan.
Cerró la puerta de un portazo que casi la traspasa al otro lado. Tenía tantas cosas que decir y no podía, que sentía que iba a estallar. Se había atrevido a llamarla egoísta, después de todo... Sus propios pasos la llevaron hasta la cocina en busca de un vaso con agua para tranquilizar los nervios y la rabia que aun sentía flamear dentro de su cuerpo.
Un poco más tranquila y aun con el vaso contra sus labios, resolvió ocuparse pensando en los ingredientes que aun no tenía y que debía conseguir. Al menos estos pensamientos no intentarían destruirla. Sobre la mesa de la cocina vació su pequeño bolso de cuentas con todo su contenido, y con su lista a un lado una débil sonrisa tomaba forma en su rostro sintiendo cómo su trabajo ya estaba cerca de llegar a su fin. Y es que las largas búsquedas entre esas horribles tiendas donde el aire se sentía espeso parecían ya lejanas, dándole paso a una pequeña esperanza que luchaba por no morir.
Estaba tan abstraída en sus pensamientos y en recordar con una nitidez palpable la preparación de la poción, que no escuchó el sordo sonido de los pasos de Malfoy en la distancia. Incluso, no sintió como el rubio la observaba con una indescifrable mirada en los ojos más allá del odio de hacía unos minutos cuando la distancia que los separaba se acortaba cada vez más.
-¿Cuánto tiempo queda? –preguntó cortando el silencio en que Hermione se encontraba. Una ansiedad mal ocultada detrás de sus palabras.
La castaña parpadeó repetidamente despertando violentamente del ensueño en que estaba. Sus ojos fueron del rostro pálido de Malfoy a los ingredientes sobre la mesa. De nuevo, sin argumentos.
-eh, yo... no se de qué me hablas. –Sin levantar la mirada, recogía los ingredientes sobre la mesa. Su cara ardía de nuevo y no quería imaginar lo que vendría.
-Claro que lo sabes. –sentenció el slytherin. –Granger, dime la verdad.- Sus palabras esta vez sonaron temerosas, esperando algo peor.
-yo no... Tengo que irme. En el refrigerador encontrarás lo suficiente para ti. Regresaré en cuanto pueda. –se levantó de un salto y con el bolso ya bajo su túnica emprendió la salida. Se mordía los labios de la desesperación sin importar cuán cobarde estaba siendo.
-¿Cuánto tiempo me queda? Dímelo. – Esta vez no era una petición, Malfoy exigía. La salida bloqueada por el cuerpo del rubio apoyado contra ella, sus inescrutables ojos de un plata líquido reverberaban contra su rostro. Mierda. Sabía que no tendría escapatoria.
-Te repito que no se de que...
-¡No soy estúpido, Granger! Así que no me trates como si lo fuera. –Las sílabas calculadamente pronunciadas, escondiendo rabia y quizá un poco de dolor. Recargó su peso de un pie a otro intentando ocultar el esfuerzo que le producía el estar ahí. Una vez más, respiró profundamente y continuó: -No necesito leerme esas montañas de papel enmohecido que tienes para darme cuenta que algo no anda bien. Se que no estoy bien. Los días pasan y yo... bien sabes que no ha habido mejoría.
El rostro de Malfoy se contrajo en una oscura expresión, ya cerca de una herida tristeza pero aun contenida por todo el orgullo de su pasado. Quería la verdad y Hermione supo que la merecía. No podía contener esa verdad por más tiempo sin importar lo que estaba haciendo para contrarrestar la maldición; era hora de hablar. Y de sus labios fluyó lentamente y sin pausa todo lo que con ahínco había estado guardando de Malfoy. Se permitió contarle sus hipótesis y cada una de las posibilidades que tenían. El rubio la observaba distante pero atento a cada palabra sin parecer inmutarse con todo el tren de sensaciones que su interlocutora mostraba sumergida en su relato.
Al terminar, el rostro de Hermione continuaba mirando hacia cualquier lugar menos el rostro del rubio, dejando que el silencio alejara la tensión que la rodeaba. Cuando pensó que nada ocurriría, la voz mecánica de Malfoy cortó sus pensamientos.
-No tienes por qué hacerlo... no es importante.
-No vuelvas con lo mismo, Malfoy. Pierdes tu tiempo. –Esta vez, sus ojos no temblaron ante la profunda mirada del rubio. –Ya me falta poco para completar los ingredientes; tan sólo un par botellas de néctar de camelia, una botella de jarabe de...
-Granger...
-En un par de días estaré lista para empezar. Se muy bien cómo debo prepararla, además creo que no será difícil si tengo todo lo necesario para hacerla. Quizá tú puedas ayudarme un poco para que ningún error ocurra. Además, la misión ya está próxima a terminar y eso me dará más tiempo para dedicarme a ella. Ya tengo todo planeado Malfoy, cuando estés bien tendremos todo listo para...
-Granger...
-Según lo que he leído, los efectos de la poción antídoto empezarán a notarse luego de las primeras ocho horas. Estoy segura que dará resultado porque la magia que encierra esta poción es muy alta, en un par de días estarás como nuevo. Pediré un permiso especial en el Ministerio para quedarme aquí mientras todo ocurre, luego podré renunciar alegando cualquier excusa sobre mis padres o unas vacaciones...
-Granger...
-Sólo tienes que esperar un poco más, sólo te pido dos días. Luego de que estés bien las cosas serán diferentes. Ya verás, las cosas cambiarán. Mientras tanto, podremos amortiguar el dolor con una poción que compré. No lo quitará del todo, pero será de gran ayuda hasta que el antídoto esté listo.
-Granger... No...
Hermione ya más cerca de las lágrimas, se negaba a ceder ante los ojos cada vez más dolidos del rubio. Su corazón le decía que tenía que haber una salida sin importar qué tan pequeña era, ni cuántas lágrimas rodarían intentando alcanzarla o qué tan lejos tendrían que correr a por ella. Se negaba a creer en los ojos de Malfoy, en esa mirada desahuciada que por un momento olvidaba la frialdad de antaño y la estabilidad de su apellido. Estaba ante el hombre que se escondía tras toda esa barrera, viéndolo quebrarse en medio del dolor de ese futuro contra el que ella quería luchar desesperadamente. Allí sólo vacío... sólo muerte.
Y no esperó su aprobación para acercarse, sólo lo hizo sintiendo una fuerza que la ataba hacia el y que no podía parar. Vio sus ojos una vez más mientras sus lágrimas rodaban silenciosamente y el gris turbio de esas orbes apretaba las propias. Le abrazó con cautela sin esperar una respuesta del slytherin y cuando sintió los largos brazos de Malfoy apretar fieramente contra su cuerpo, se entregó completamente a sentir la respiración cada vez más calmada de su huésped. El tiempo se congeló en sus brazos, llenándose del calor del rubio, de su cuerpo, de su olor...
Entonces supo que no importaba si no alcanzaban esa salida. Al final lo único valioso era esto, sin adornos o luces de colores.
--oOo--
Pero la cerveza de mantequilla en nada ayudaba y los expedientes sobre la mesa reclamaban su atención. Eran más de las once y aun no tenía el valor suficiente para empezar a trabajar sobre ellos, el sueño intentaba doblegarle a pesar de que nada había hecho a excepción de tirarse sobre el sofá a ver la noche avanzar mientras se alcoholizaba la sangre.
Recuerdos de Hogwarts, momentos sobre su escoba y algunos de los besos incandescentes de Ginny antes de envolverla entre sus brazos. Toda una colcha de su pasado que se negaba a abandonarle y el peso de su culpa rondando sin descanso sobre su cabeza. A un lado, las fotos de Hermione enfundada en una túnica negra que el bien conocía; caminando por los lugares más devastados del callejón Diagon cuando debía estar en una misión de campo muy lejos de Londres. Y en el sobre junto a las fotografías, el informe completo de más de cuatro veces en que había visitado el lugar en las últimas semanas.
Se negaba a creer que ella estuviera involucrada con Malfoy. Era imposible, simplemente no tenía razón de ser. Pero Servicios Secretos parecía creer lo contrario y hasta el momento era lo único relevante que tenían de alguien en el Ministerio. Sin duda alguna, sabía que ella tenía una explicación para esto. Sólo que no podía ayudarla abiertamente porque el mismo debía investigarla, sin espera de más tiempo. Por otro lado, su jefe estaba cerca de lanzar fuego por su regordeta boca si no encontraba pronto al menos una pista sobre el paradero del odiado slytherin.
Y con la orden de ir tras Hermione antes que los demás aurores de esa división, se incorporó con una idea palpitando en su cabeza. Se cubrió con su capa y con la decisión ya en sus manos, desapareció en medio de la débil luz de la lámpara de la sala de estar. Quizá nada podía hacer, aunque un pequeño empujón podría solucionar las cosas en menos tiempo y la culpa, por supuesto sería menor.
Esta vez para mi Mairis, que con sus valiosos consejos hizo parar toda una maquinaria hacia la destrucción.
Hasta la próxima,
Sophie.
