Capítulo V. Antes de leerlo les advierto que a mucha gente no le va a gustar lo que sigue. Pues lo siento, la historia ya la tengo lista desde hace bastante tiempo (casi, excepto por las preguntas que les hice) y todo en este fic sucede por algo.
Y este fic es sólo de Drakito y Herm, el resto de los personajes sólo sirven para aumentar la tensión entre esos dos.
Gracias por sus reviews. JAJA algunos me hicieron reír bastante. No se preocupen, díganme sus opiniones que yo no me enojo. Todo lo contrario.
Ron ya tiene su parejita. Y les aviso a quienes quieren que Pansy esté con Harry o Ron que no será así, porque ella ya tiene un papel definido en mi fic más adelante.
Estoy Escuchando una canción hermosa, Se llama "Nymphetamine". ¿La conocen?
Pues si no la conocen se pierden una de las mejores canciones!
LaBelle Evans, ¿realmente estás dispuesta a pagar lo que sea por ver a Pansy y Harry juntos? Lo siento mucho, pero Pansy no está en mis planes para Harry. Quizás en mi otro fic.
Odio a Cho Chang. No sé por qué, nunca me gustó.
Gracias por quienes me desearon que me vaya bien en la Universidad. Esta es mi última semana de vacaciones y después voy a estar totalmente estresada. Igual vale la pena, porque me encanta lo que estudio y adoro a mis amigos. Lástima que apenas voy a tener tiempo para mis pasatiempos.
Ya están advertidos los de mentes sensibles.
Tienen razón, uno no puede complacer a todos. Aún así gracias por sus sugerencias porque algunas sí serán utilizadas.
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Draco estaba sobre ella en la cama. Sus lenguas chocaban casi con furia, era una verdadera lucha. Ninguno había notado que continuaban llorando. Las lágrimas se mezclaban al contacto de sus rostros. Lloraban inconscientemente, porque en el fondo sabían que se arrepentirían, que sufrirían por lo que estaban a punto de hacer… que lo lamentarían… y que sólo estaría en sus manos resarcir el daño.
Draco comenzó a besar el cuello de la chica, bajando con besos posesivos y lascivos por sobre el camisón de ella. Pasó por entre sus senos, aprovechando de masajearlos con sus manos; y cuando llegó a su estómago las posó en las piernas de Hermione, subiendo a medida que retiraba la única prenda que se interponía en su camino para posar directamente sus delgados labios en la piel de la castaña. La muchacha había cerrado los ojos, acariciando el cabello del chico con sus inquietas manos, desordenándolo. Estaba totalmente entregada a la inmensa cantidad de nuevas sensaciones que se despertaban en su cuerpo. Era como si con cada beso que depositaba el rubio sobre su cuerpo, su estómago se contrajera y mil mariposas subieran hasta su pecho. No hubiera podido explicarlo, simplemente se sentía increíble.
Cuando las manos de Draco llegaron hasta los muslos de Hermione volvió a subir para fundirse con ella en un nuevo y apasionado beso. Ella se lo agradeció respondiendo eufóricamente y comenzando a desabrochar la camisa de Draco. Pero los malditos botones tomaban demasiado tiempo y ninguno estaba como para esperar tanto, así que el rubio se la sacó impaciente por la cabeza. Cuando por fin la molesta prenda estuvo tirada en algún lugar del dormitorio, Hermione acarició lujuriosamente el pecho y espalda del joven. Sus manos no se detenían en ningún lugar específico, simplemente querían abarcarlo todo de una vez. Ni siquiera se tomó un tiempo para admirar el cuerpo de Draco, no le importaba. Ya no pensaba… así como él tampoco. Lo que ambos tenían delante se había convertido en un pedazo de carne que los satisfacía… ya no eran personas. Ya ni siquiera eran sus corazones engañados que clamaban por afecto. No, en ese momento era como si hubieran desconectado sus cerebros y sus corazones. Sólo respondían a sus cuerpos, como animales siguiendo sus instintos.
Con poca amabilidad, Draco despojó a Hermione de su camisón de dormir, dejándola casi completamente desnuda si no fuera por la única prenda de ropa interior que cubría la parte inferior de su cuerpo. La besó esta vez sin la molesta camisola interfiriendo en su camino. Lamía sus pezones y los mordía a la vez que sus manos se posaban en las nalgas y muslos de la castaña, apretándolos… o mejor dicho estrujándolos debido a la fuerza con que lo hacía. Su lengua trazaba un recorrido frenético desde un pezón al otro, desde un pecho hasta el cuello, desde el otro pecho hasta el ombligo. El cuerpo de Hermione sólo disfrutaba y sin notarlo la joven había comenzado a friccionar su pelvis contra la del rubio… pidiendo más.
El excitado cuerpo de Draco comprendió perfectamente y sin demora se despojó de sus pantalones y a continuación quitó las bragas del cuerpo de Hermione. Por último se quitó los boxer. Por supuesto que en cada uno de estos movimientos fue ayudado o más bien incitado por las manos de la chica. Respiraban con ahínco, tratando de llenar de aire sus pulmones.
Finalmente estaban desnudos… completamente desnudos y completamente excitados. Pero…
¡PLOP! Como si recibiera un golpe el cerebro de Hermione hizo sinapsis y comprendió lo que estaba a punto de hacer. Abrió los ojos de golpe y su respiración se aceleró aún más. Entre tanto Draco seguía en lo suyo, besando y lamiendo los pechos de Hermione, masajeando su cuerpo.
En un movimiento reflejo la castaña llevó sus manos hasta el pecho de Draco, tratando de detenerlo. Él no se percató.
- Malfoy… - Le dijo avergonzada. Lamentablemente para ella no hubo respuesta. Draco no parecía querer detenerse. Mientras él gemía de placer y ya comenzaba a separar las piernas de Hermione, ella abría sus ojos como platos; espantada. Ya no sentía placer con cada toque del rubio, ahora sentía miedo, temor, nerviosismo… aversión… repulsión. Cada uno de los músculos de su cuerpo se tensó ante el terror que se apoderaba de ella.
- ¡MALDICIÓN, MALFOY, QUÍTATE! – Golpeaba furiosa el pecho de Draco y trataba desesperada de quitarlo de encima de su cuerpo. No podía, él estaba firme en su lugar, forcejeando con ella para abrir sus muslos. Las lágrimas caían sin misericordia por su rostro… nuevamente. - ¡POR FAVOR, QUÍTATE DE ENCIMA! ¡PARAA!
- ¡MALFOY! ¡¡¡MIERDA, MALFOY ME VAS A VIOLAR!
Ni siquiera aquellas palabras tuvieron efecto en Draco. Hermione había imaginado que quizás al decirle aquello pararía. Había visto el semblante asqueado de Malfoy al ver como Goyle violaba brutalmente a la desafortunada jovencita. No, se había equivocado. Se había equivocado con Malfoy… no era un hombre… no era una persona… no tenía corazón… ¡NO SE DETENÍA!
Hermione estaba tan asustada que las palabras no salían de su boca. Ya no era capaz de emitir sonido alguno. Le hubiera gustado gritar auxilio, pedir ayuda a quien fuera… pero ni un solo sonido salía de su boca. Temblaba descontroladamente y parecía que sus ojos fuerana salirse de sus órbitas de tan abiertos que estaban.
Únicamente podía intentar defenderse con pies y manos. En su cabeza el miedo sólo era superado por el odio. El odio a Draco Malfoy. Trató y trató de gritar… nada. Y Malfoy cada vez hacía más fuerza.
Con toda la energía que tenía su ser pudo articular finalmente sólo una palabra, que para su desgracia no alcanzó a terminar al sentir el dolor más grande de su vida.
- ¡MALF… ¡ - Después de tanto forcejeo, Draco definitivamente había penetrado a Hermione de la manera más atroz. Sin miramientos se había introducido en su interior de un sólo movimiento rudo y violento. El cuerpo de la joven se contrajo de dolor, sentía como si le estuvieran clavando un cuchillo en la entrepierna.
El blondo arremetía enérgicamente. En cuanto a la castaña, sólo podía llorar y gemir debido al inmenso daño que Draco le producía. Tensaba sus músculos sin poder evitarlo, lo que provocaba mayor fricción con el miembro de Draco y, por lo tanto, mayor placer para el rubio y mayor sufrimiento en ella.
Quizás, si Hermione no hubiera estado llorando y no se hubiera encontrado tan sumida en su propio e inmenso padecimiento, habría notado que lágrimas que no eran suyas caían sobre su rostro.
La joven había dejado de luchar. Mirando al vacío, su cuerpo recibía inerte cada arremetida del rubio. Con la cabeza ladeada, las silenciosas lágrimas de Hermione mojaban la almohada.
Después de lo que pareció un siglo para la chica, Draco emitió un ronco gemido, se impulsó por última vez tensando su cuerpo producto del clímax, y se desplomó sobre la castaña escondiendo su rostro en el hueco entre el cuello y el hombro de Hermione. Ella seguía indiferente a todo, menos a su sufrimiento.
Tras haber calmado su respiración, el rubicundo levantó lentamente la cabeza de su refugio y la miró. Abrió los ojos desmesuradamente viéndola como si fuera un Dementor. Hermione no pudo ver que el rostro de Draco se transformó progresivamente a uno de completo terror.
El joven se levantó de la cama en un abrir y cerrar de ojos y salió de la habitación con el rostro completamente contraído. En él se podía ver el miedo, la rabia, el enojo, la furia.
Hermione quedó sola en aquella habitación, única y triste testigo de lo ocurrido sólo segundos antes.
Era tanto el odio que sentía que estaba segura no cabía en una sola persona.
Inerme, sola, desamparada, vulnerable…
No se movió. Se sentía rota… trizada… quebrada.
Draco Malfoy era un ladrón. Se había llevado lo mejor de ella.
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Después de aquella abrupta salida del dormitorio por parte de Draco, éste no había vuelto a la mansión en dos días. Durante ellos Hermione se había comportado como un zombi. Comía, leía, estudiaba; en resumen su vida era normal… pero no hablaba. Y no había vuelto a llorar. Se había jurado no volver a llorar por Draco Malfoy. Él no valía ni una sóla de sus preciadas lágrimas.
Sipsy la observaba atentamente. Le preocupaba la actitud de su ama y le preocupaba la extraña u súbita partida del señor. Estaba al corriente de que algo había sucedido entre los señores, pero también sabía que no era de su incumbencia. Se limitaba a atender a la señora y darle su silencioso apoyo.
Aquella mañana después del "incidente" con Malfoy, como prefería llamarlo para sus adentros, le había costado un mundo levantarse. Aún sentía ardor y cada vez que se movía una ligera punzada en la entrepierna. Estuvo casi dos horas bajo la ducha, sin moverse, únicamente dejando que el agua recorriera su cuerpo. Al terminar la ducha y pasar frente al espejo se miró en él, tal como lo había hecho aquella mañana en que Dumbledore habló con ella. Recordó lo decepcionada que se había sentido al ver su desaliñado rostro en el espejo. Sonrió con amargura; no se veía mucho mejor. Todavía sus ojos estaban hinchados producto del intenso llanto y su semblante representaba perfectamente toda la desesperanza en su corazón.
¡Qué más le daba que ahora tuviera las mejores pinturas y el mejor maquillaje! ¡QUÉ MÁS LE DABA QUE SU PELO LUCIERA MEJOR QUE NUNCA! ¡QUÉ MÁS LE DABA QUE EN SÓLO UNOS MOMENTOS LLEGARÍA SIPSY A VESTIRLA CON LAS TÚNICAS MÁS COSTOSAS! Nada importaba si por dentro era un estropajo.
Al llegar a la cama sintió una profunda opresión en su pecho al ver sobre las blancas sábanas unas manchitas de sangre… su sangre.
Nunca pensó poder soportar más sufrimiento en su vida después de la guerra, después de la muerte de sus queridos padres.
Pues ahora sabía que si podía. Con el pasar de aquellos dos días notó que con la ausencia de Malfoy sería más fácil recuperarse, olvidar lo que había sucedido. No le importaban las razones de la huida del joven. Simplemente era lo mejor.
Todo había sucedido un miércoles en la noche. Ese viernes recibió una carta. La lechuza se la entregó y se marchó inmediatamente. Al parecer no esperaba una respuesta. Extrañada abrió el sobre y lo que leyó la asombró inmensamente.
Granger:
Lo siento.
Sinceramente, Draco Malfoy.
Eso era todo.
La leyó y releyó quizás mil veces y seguía sin creerlo.
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No había hallado nada mejor qué hacer. Al instante mismo de haber mandado la misiva ya se estaba arrepintiendo. Sabía que no era suficiente, pero ¿qué más podía escribirle? Incluso aquel "sinceramente" le había parecido innecesario.
No esperaba que la joven lo perdonara. La verdad había sido un estúpido al escribirle… además de un cobarde. Había escapado como una gallina y ahora ni siquiera era capaz de hablar con ella en persona.
¡Cómo había sido tan asqueroso! Había pasado más de un día sin que dejara de pensar en lo sucedido y seguía sin comprender su actuación. No entendía como es que su cerebro no había respondido en esos instantes. Todavía podía escuchar los gritos de Granger clavándose como agujas en sus oídos. "VIOLADOR". Eso era. En eso se había transformado.
Se había convertido en un repugnante violador, en un cerdo como Goyle, en algo que odiaba. Se odiaba a si mismo con todas sus fuerzas. No podía pensar con claridad, cerró los ojos y movió la cabeza, tratando de organizar su mente.
Jamás se perdonaría a si mismo el haber actuado de aquella horrible manera. ¿Cómo se atrevía a decir "lo siento" si ni el mismo se perdonaba? Por eso no le había escrito "disculpa", porque estaba seguro que ella jamás lo haría.
Sin embargo no podría huir por mucho tiempo. Tendría que afrontarla algún día. Con esto estaba seguro los planes del viejo loco de Dumbledore se habían ido a la basura. Sería imposible continuar simulando un matrimonio de ahora en adelante.
¡¿Por qué!
¡¿Qué le había sucedido!
¡Él no era así!
¡Él no era eso!
¡¿Por qué lo había hecho!
¡POR QUÉ LO HABÍA HECHO!
Sentado al borde de una cama se agarró sus platinados cabellos y los tiró con furia.
Estaba decidido. Ahora mismo iría a hablar con Dumbledore y decirle que terminaría con esa estúpida farsa. Se vistió rápidamente y antes de salir de la habitación le dedicó una rápida mirada a la chica de cabello liso que dormía plácidamente en la cama. Mejor se iba rápido antes que despertara, porque no estaba de humor para soportar una escena.
- No, usted no entiende… ya no podemos seguir con esto…
- Señor Malfoy, es su problema y de Hermione. Ustedes tendrán que resolverlo.
- Es que es imposible resolverlo…
- No desperdiciaremos una oportunidad como esta sólo por sus peleas. Ya son personas adultas.
- Lo sé… pero esto es más grave… usted no se imagina…
Draco había llegado seguro y confiado. Ahora estaba sumiso y nervioso. A medida que la conversación con el Director de Hogwarts avanzaba, se sentía más inseguro.
- No veo que tan grave pueda ser. – El anciano lo miró profundamente y Draco creyó ver una chispa en sus ojos.
- Tan grave que en tu cabezota no cabría, viejo terco. – pensó Draco.
- ¿Y?
- ¿Y qué?
- Pues dígame qué es para saber qué tan grave es.
Draco lo miró aterrado. ¿Estaba loco? Si claro, seguro le diría "Oye, viejo chiflado, me aproveché como un puerco de Granger. Y creo que ella ahora me odia"
Silencio. El rubio seguía sin hablar y Dumbledore lo miraba atentamente a través de sus gafas de media luna. El anciano parecía examinarlo con la mirada y Draco palideció, era como si se estuviera adentrando en su mente y descubriendo todo en ella.
- Bueno, señor Malfoy. – Draco sintió un alivio inmenso al escuchar al viejo romper el incómodo silencio. - Creo que esta conversación se ha acabado. Lo que sea que haya pasado entre usted y Hermione es su asunto, sólo de ustedes y confío en que podrán solucionarlo. Tengo mucha fe en ustedes dos. – El anciano le sonreía.
Draco sintió que un abismo se abría bajo sus pies. Estaba perdido. ¿Y si hablaba con Severus? Mmmm… no mejor no. Severus lo atosigaría con preguntas y no se contentaría hasta sacarle la verdad.
Sí, definitivamente estaba perdido.
- Le deseo suerte, Draco. – Si el rubio no hubiera estado tan sumido en sus pensamientos habría notado que Dumbledore lo había llamado por su nombre, con dulzura.
- ¿Ah?... si… adiós.
- Adiós.
Mientras dejaba el despacho del Director. Draco se preguntaba qué haría Granger una vez que lo viera.
¿Lo golpearía?
¿Lo ahorcaría?
¿Le lanzaría un hechizo?
¿Quizás un Cruciatus?
¡¿O un Aveda Kedavra!
¿Le tendría alguna trampa y lo mataría mientras dormía?
¿O llamaría a San Potter y la Comadreja para que ellos se encargaran de hacerlo pedacitos?
En fin, todas parecían posibles. De todas maneras se las merecía.
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- ¿Era Draco? – Tan sólo segundos después que el blondo hubo dejado el lugar, Snape apareció en el despacho de Dumbledore.
- Sí, Severus. – Dumbledore suspiró.
- Supongo que venía a pedir su aprobación para terminar la misión.
- Exactamente. – Esta vez fue el profesor quien suspiró.
- Y supongo que le dijo que eso es imposible.
- Por supuesto.
- Le advertí que esto no funcionaría. – Severus Snape lo miró reprobatoriamente.
- Todavía es muy pronto para sacar conclusiones, Severus.
- Podrían hacerse mucho daño. – Su tono había cambiado a uno de profunda preocupación.
- Tengo fe en que saldrán adelante. – Snape negó con la cabeza al escuchar lo que él consideraba una cursilería. – Sólo tienen que abrir sus corazones. – Murmuró el anciano para si mismo.
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A veces es difícil seguir adelante con nuestras vidas después de una experiencia traumatizante, pero siempre hay alguien a la vuelta de la esquina que puede ayudarnos. Puede ser un amigo, un familiar o un enamorado; en todo caso es alguien que nos ama y que se preocupa por nosotros. Lo más importante es abrir nuestros corazones y no encerrarnos en nuestro dolor. Incluso a veces quien menos imaginamos se convierte en nuestro pilar.
Es mucho más fácil ser víctimas. Lo difícil es volver a sonreír.
Eso me lo enseñaron mis amigos: las personas que más amo en este mundo.
Un beso.
