¡Que mala soy! Lo último fue sólo una bromita. Es verdad, nunca dije que Hermione fuera a terminar con Draco, pero tampoco dije que NO fueran a terminar juntos. En realidad ese punto nunca lo aclaré… y no lo voy a hacer todavía, aunque estoy segura que ustedes ya se imaginan la verdad.

Muchas gracias por sus reviews. Me dan mucho ánimo para continuar y sobre todo sus reacciones me alientan a seguir escribiendo. Algún día los responderé, pero es que ahora me falta tiempo.

0000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000

- Veo que te tratan muy bien, Thomas. – Draco recalcaba malignamente el nombre del joven. Al escuchar su voz Hermione se soltó inmediatamente del aludido. Ambos jóvenes sentados en el sillón dieron vuelta sus rostros y se encontraron con el joven Malfoy, quien sonreía cínicamente mientras miraba a Thomas con chispas en los ojos.

- Ah sí. Tu esposa es un encanto, Draco. – El joven de ojos azules hablaba con descaro y ni siquiera se paró del sillón para saludar al recién llegado.

Hermione no sabía que hacer. Notaba la tensión entre ambos rubios y aún sin saber la razón de ella, la ponía nerviosa.

- Por supuesto que lo es. – El tono sarcástico de Draco podía significar muchas cosas. Pero para la castaña significaba que no la consideraba un encanto, lo que la ofendió. - ¿No me saludarás, querida? – Repentinamente Draco se había dirigido a ella.

Hermione abrió los ojos desmesuradamente. ¡Qué!... ¡Maldición! Estaba totalmente acorralada. Vio como Thomas la miraba confundido, como preguntándose por qué ella se mostraba sorprendida por tener que hacer algo tan natural para una esposa como tener que saludar a su marido.

Lentamente la muchacha se levantó y caminó hacia Draco. Al llegar frente a él aprovechó que estaba de espaldas al visitante para dedicarle a su esposo una mirada furiosa. Parecía que sus ojos llamearan.

- Disculpa, amor… es que Thomas me tenía taaaan entretenida que me tomaste por sorpresa. – A la castaña le hubiera gustado agregar "que me olvide de tu horrible y estúpida presencia" o "que si no hubieras llegado a arruinarme el momento quizás me hubiera escapado con Thomas, aprovechando para no verte nunca más".

Aquellas palabras fueron un golpe bajo para el rubio Malfoy. La miró entornando sus ojos y le susurró. – Pues esto si que te va a tomar por sorpresa, sangre-sucia. – Hermione lo miró sin entender. Sin embargo sus dudas sobre lo que Malfoy iba a hacer quedaron disipadas en sólo un instante al ser besada por el joven.

Malfoy la tomó por la cintura con delicadeza con una de sus manos y con la otra tomó su nuca. Era un beso lento, exquisito, elegante, lleno de gracia,… amable, incluso hubiera podido considerarse tierno. En resumen, uno de esos besos que derriten como mantequilla a todas las mujeres, sin excepción. Uno de esos besos que las hacen pensar que el hombre que junta sus labios con los de ellas las respeta, las quiere, las ama.

Lástima para Hermione que aquel beso se lo daba el hurón. La castaña estaba segura que si Filch la hubiera besado así se habría enamorado del hombre en un instante, pero como era el maldito de Malfoy el que la besaba; sólo podía pensar en que Malfoy debía ser muy estúpido para creer que ella era como todas las mujeres o que caería rendida a sus pies después de todo lo que había sucedido entre ellos.

¡MALDITO HURÓN BOTADOR, BESABA ENDEMONIADAMENTE BIEN! Pero ni aunque fuera el beso más perfecto en la historia de la humanidad, ella dejaría de pensar que él era un cerdo.

Obligada por las apariencias llevó sus brazos hasta el cuello de Malfoy y respondió el beso lo más fríamente que pudo. Sin embargo era difícil. Malfoy la obligaba, con sus labios y sus caricias, a profundizar el beso; y la apretaba con más fuerza contra él.

Un carraspeo fue la oportunidad que la joven estaba esperando para separarse de su esposo. Al separarse del rubio no pudo evitar que un fuerte tono carmín inundara sus mejillas, no sólo por su beso con el hurón, sino también por la mirada un tanto reprobatoria que les dedicaba Thomas.

Ya se estaba hartando del tono carmín que con demasiada frecuencia la estaba agobiando. Estaba segura que ese día por culpa de aquellos dos rubios se había sonrojado más que en toda su vida.

- ¡Oh, lo siento tanto, primo! – La sonrisa que mostraba Draco casi no cabía en su rostro. - ¿Te incomodamos? No fue nuestra intención. Es que esto de recién casados es así; no podemos despegarnos una vez que hemos comenzado.

- No te preocupes por mi, Draco. Quizás cuando me case tenga la suerte de saber a que te refieres. Sólo espero que mi esposa sea como Hermione. TAN hermosa y dulce como Hermione. – Una sonrisa volvió a posarse en los labios de Thomas, quien miraba a Draco retadoramente.

- Tienes razón… - Draco nuevamente besó a Hermione tomándola de la barbilla. Esta vez fue un beso corto. – Mi Hermione es muy dulce. – dijo mirando a Thomas y relamiéndose los labios. Era como si le demostrara y recalcara a Thomas que la chica de cabello rizado era sólo de él.

Entre tanto la joven era sólo un espectador entre aquella verdadera batalla de indirectas y, por cierto, testosterona.

- Olvidaste decir hermosa. – Le dijo Thomas con la única intención de fastidiarlo.

- No lo olvidé. ¿Crees que es realmente necesario decirlo?

Thomas estaba dispuesto a contestar cuando apareció Narcissa Malfoy en la sala y con su sola presencia logró terminar la discusión.

Por primera vez en su vida Hermione se sintió agradecida de ver a su suegra.

- ¿De qué hablaban? – Todos estaban seguros de que la mujer sabía perfectamente la respuesta a su pregunta.

- Nada importante. – Contestó apresuradamente Draco. No tenía ánimos para tener que inventar algo más. A fin de cuentas, su madre sólo preguntaba para fastidiar.

- Pues a mi me gustaría hablar algo importante contigo, Draco. A solas si nos disculpan. – dijo mirando a Hermione y Thomas.

La castaña y el joven de ojos azules asintieron. Ella, confundida y preocupada y él, con una sonrisa mordaz que bien podría pasar por siniestra.

Antes de salir de la habitación junto con su madre, Draco le dirigió a su primo una mirada asesina.

0000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000

Y nuevamente la muchacha se encontraba a solas con el atractivo Thomas.

Se sintió como una tonta ahí parada sin hacer ni decir nada. Por fin se decidió a sentarse, pero esta vez en un sillón individual lo suficientemente alejado del chico para evitar que sus hormonas le jugaran una mala pasada nuevamente. Quizás mientras más alejada estuviera de él, menos atraída se sentiría.

- Dime, Thomas… ¿Draco y tú son primos? Narcissa dijo que tú y ella eran familiares, pero no dijo que era tu tía. No sabía que tuviera sobrinos. – Sabía que era una pregunta de lo más insípida y poco interesante, pero tenía que romper el silencio de alguna forma. Se sintió como una cotorra hablando tan rápido.

- La verdad es que no somos primos exactamente. Pertenezco a una de las ramas de la familia Black. Pero no te agobiaré con explicaciones de ramas familiares y esas cosas. El asunto es que soy pariente bastante lejano de Narcissa, algo así como un primo; por lo tanto Draco y yo casi no tenemos relación. Nos llamamos primos por… - El joven pareció buscar la palabra adecuada. - cariño. – Dijo finalmente

Sin embargo a Hermione no le pareció que entre Draco y Thomas hubiera una relación de cariño; más bien parecía que no se soportaban.

- Seguramente algo malo le hizo Malfoy. – Pensó la castaña. No creía que Thomas fuera capaz de cometer alguna barbaridad. Lo veía como un caballero. Y aunque estaba emparentado con Narcissa, ella sabía que no todos los Black eran malos. Un ejemplo de eso había sido Sirius.

- Ah… - No supo que más decirle al chico. Trataba desesperadamente de buscar algún tema de conversación en su cabeza para no quedar como una tonta, pero era inútil. Hasta hace sólo unos momentos le coqueteaba atrevidamente y ahora se sentía intimidada.

- ¿Tú y Draco estudiaron juntos, cierto?

¡Thomas al rescate!

- Sí, en Hogwarts.

- He oído hablar de esa escuela. – Hermione creyó percibir un tono amargo en la voz del joven. Quizás era su imaginación, así que no le dio mayor importancia. – Corrígeme si me equivoco, pero Narcissa me dijo que en la escuela tú y Draco no eran amigos. ¿A qué se refería?

- Eso es verdad. Nos odiábamos.

- ¿Y entonces cómo es que terminaron casados?

¡Oh oh! Hermione se recriminó mentalmente el haber dejado que la conversación llegara hasta ese punto. Ella y Malfoy tenían una historia que constantemente contaban, pero detestaba tener que mentir y siempre temía que le hicieran alguna pregunta que la hiciera equivocarse o contradecirse.

- Supongo que sabes la historia…

- Sí, la sé. – Al escuchar aquello la castaña gritó de alegría en su interior. – Sé que Draco te comenzó a cortejar hace un tiempo y que, bueno, caíste como muchas otras. – A Hermione no le hizo gracia el comentario.

-Lo que a mi me intriga es saber cómo una mujer tan inteligente, segura, agradable, hermosa… - El chico se había levantado de su asiento y caminaba hacia ella a medida que pronunciaba aquellas palabras. Parecía un gato acorralando a su presa. Hermione lo miraba con los ojos desorbitados, encogiéndose en el sillón, temiendo que el rubio fuera a hacer lo que ella temía que estaba a punto de hacer.

- …atractiva, sensual… - Había llegado hasta ella y tenía ambas extremidades apoyadas en los brazos del sillón. La castaña parecía un ratoncito indefenso, totalmente encogida. Trataba inútilmente de alejar su rostro del chico; lo que era imposible debido al respaldo del inmueble.

-… terminó casada con un patán… - Estaba apunto de besarla. Sólo unos pocos centímetros separaban sus rostros.

¡Qué hacer! Hermione estaba petrificada, sinceramente asustada.

0000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000

- No debiste traerlo, madre. – Draco apretaba los puños al hablar.

- Es mejor así. Sabes que si debo traerlo conmigo, debe ser de esta manera o lo reconocerían.

- No confío en él. No me parece que su lealtad hacia nuestra causa sea sincera.

- Pero parece que tu esposa sí. Podría ser una ventaja. Ya te he dicho que tu matrimonio con la sangre-sucia no sólo nos ha beneficiado socialmente, también debemos sacarle información. Y si tú no lo haces, otro lo hará. – Aquello sonaba a amenaza.

- Y yo también te he dicho que de a poco debo interrogarla. No queremos que sospeche. ¿Estás de acuerdo conmigo?

- Tienes razón, hijo. De todas formas nunca está de más tener un respaldo. Tú sólo preocúpate de mantenerla bien enamorada y de aumentar nuestras riquezas que yo me ocupo del resto.

- ¿Por qué no me incluyes en los planes, madre? ¿Es que acaso no confías en mí? – La voz de Draco destilaba resentimiento.

- Sabes que no es eso. Tu momento aún no ha llegado, hijo. – Se acercó hasta él y le acarició una mejilla, como si fuera un niño. – Ten paciencia, ya queda poco. En fin, ya veremos si ocupamos a nuestro "querido Thomas" con la sangre-sucia. Por lo pronto esa es tu tarea. Él me está ayudando con otras. Sólo podemos confiar en nosotros dos, pero el resto puede sernos muy útiles, hijo.

0000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000

Thomas se acercaba cada vez más. Hermione veía como el rostro del chico estaba a sólo un par de centímetros del suyo.

Dos centímetros…

Un centímetro…

- Thomas, Draco desea hablar contigo en su despacho. Te está esperando. – Narcissa actuaba normalmente, como si no hubiera visto a su nuera a punto de besarse con otro hombre que no era su hijo.

Perezosamente el joven enderezó su cuerpo. Sin una pizca de vergüenza se dispuso a ir al encuentro de su primo, no sin antes dedicarle a Hermione una sonrisa acompañada de un guiño de su ojo.

- Yo me quedo a acompañar a Hermione.

La castaña tragó saliva al escuchar a Narcissa. No sabía que era peor en aquella casa: el estar a solas con Thomas, con Narcissa o con el hurón. Los tres la incomodaban terriblemente, claro que por diferentes razones.

0000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000

- ¿Qué mierda creías que hacías? – Le preguntó Draco tranquilamente a Thomas cuando este último entró al despacho. El joven Malfoy estaba sentado como un rey y su voz sonaba demasiado segura y serena, en contraste con sus duras palabras.

- No sé a que te refieres, Draco. ¿Podrías ser más específico? – Thomas hablaba haciéndose el inocente. Seguramente en otros tiempos aquella actitud hubiera sacado de sus cabales al joven de ojos grises, pero en aquellos instantes estaba más preocupado de otros asuntos. Draco lo miró seriamente.

- No me importa cuanto confíe mi madre en ti. Estás en mi casa y me respetarás. Óyeme muy bien, porque no te lo volveré a repetir: jamás, me oyes, jamás vuelvas siquiera a tocar mis cosas.

- ¿Tus cosas? Otra vez no te entiendo.

- Sabes muy bien a que me refiero. Ya estás advertido.

- ¿Me amenazas acaso?

- Tómalo cómo se te dé la gana. Yo más bien lo veo como una sugerencia. Yo en tu lugar la tomaría en cuenta.

- ¿Ah sí? ¿Y qué tal si decido ignorar tu sugerencia?

- Sufrirás las consecuencias. – La voz de Draco se escuchó realmente tétrica.

- No me amenaces Draco. Recuerda que soy el brazo derecho de tu madre. ¿Tienes miedo de que después de quitarte tu sitial de oro dentro de los mortífagos también te quite a tu esposa?

Como respuesta Thomas sólo recibió una sonrisa siniestra.

- Puedes retirarte, "primo".

- Es lo mejor. – Contestó Thomas dirigiéndose a la puerta, pro antes de salir se dio la vuelta. – Hermione debe estar esperándome. Tuvimos una charla TAN agradable mientras tú y tu madre conversaban. Lástima que nos interrumpió en el mejor momento. – Y salió de la habitación con una sonrisa de triunfo en el rostro.

Draco esperó aún varios minutos antes de salir al encuentro de su esposa y sus familiares. Tenía que pensar.

La presencia de ese estúpido sólo complicaba más las cosas. Por suerte había convencido a su madre de tenerlo alejado de Granger. Pero la tonta parecía haber caído rendida a los pies de su "primito".

¡Estúpida Granger! Qué no se daba cuenta de quién era realmente. Por supuesto que no. Sin embargo el problema era que no podía decirle a Granger la verdad sobre la identidad de su blondo familiar. No confiaba lo suficiente en la chica. Ella podría comportarse diferente, asustada, y en menos de dos segundos serían descubiertos.

¿A qué se refería su madre con eso de que aún no era su tiempo, que tuviera paciencia? Algo le tenía preparado y por lo visto algo grande.

Y en medio de todos sus problemas estaba Granger. No entendía como era posible que Snape pensara que ella podría serle útil. ¡Si desde que se habían casado todo era peor!

La chica era un dolor de cabeza permanente. Comenzóa enumerar en su mente todos los problemas que Granger le traía:

Uno. El sólo tener que casarse con la sabelotodo era una catástrofe. ¿Por qué ella? ¿Por qué no había podido ser una chica más agradable, más tratable, más coqueta, más femenina. En fin, menos… ella.

Dos. Lo hacía sentirse sumamente culpable por haber abusado de ella, si es que podía calificarse de abuso. No quería disculparse, pero ella también tenía la culpa. ¿O acaso él era el único que había besado, acariciado, etc? No, no había sido el único. ¡MIERDA, AÚN ASÍ SEGUÍA SINTIÉNDOSE CULPABLE!

Tres. Su venganza seguía en pie. Nadie lo despreciaba y su reputación estaba en juego.

Cuatro. Ahora ni siquiera podía dormir en su propio dormitorio. ¡SU DORMITORIO, NO DE ELLA!

Cinco. Tener que simular frente a todos y en especial frente a su madre que tenían un feliz matrimonio.

Seis. Granger coqueteaba con otro en su casa dejándolo en ridículo. Le importaba un comino si Granger se acostaba con diez tipos a la vez, pero mientras estuviera casada con él no lo dejaría como un cornudo, como un engañado. No a él, no a un Malfoy.

Siete. Ahora tendría que vigilarla. No confiaba en lo que su madre pudiera hacerle a la chica y menos su "primo".

Ocho. No tenían pistas aún. No tenían nada.

Siguió enumerando hasta llegar al número veinte más o menos, hasta que se dio cuenta de que tenía que bajar y "rescatar" a Granger. Se levantó cansinamente.

- Esta si que será una larga noche. - Suspiró.

0000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000

Hermione tuvo una terrible, horrible, incómoda, eterna y escalofriante conversación con su suegra mientras estaban a solas. Hablaron de trivialidades, nada importante. Sin embargo la rubia mujer no perdía oportunidad para darle consejos a la chica para que "cuidara bien de su hijo" o para que "fuera una buena esposa".

La castaña contaba los segundos esperando a que algo o alguien terminara con la tortura.

Al rato llegó Thomas y a pesar de que la joven se sintió más tranquila, algo en la cómplice actitud de Narcissa y el joven la inquietaba.

Cuando por fin apareció Draco, Hermione le dedicó inconscientemente una mirada de agradecimiento. Malfoy podía ser un cretino, pero por lo menos un cretino al que no temía, como le ocurría con Narcissa y con Thomas.

Al ver el semblante de alivio de la chica, Draco sonrió con satisfacción y sarcasmo. Una típica sonrisa Malfoy. Vio una oportunidad ahí y decidió acercarse a ella.

- Linda, ¿No crees que ya deberíamos cenar?

- ¿Ah? – Hermione aún no se acostumbraba a las palabras empalagosas de Malfoy para con ella. Era como si el chico le hablara a otra persona. – Sí, por supuesto.

Acto seguido apareció Sipsy y Draco le dio instrucciones de que sirviera inmediatamente la cena.

Draco ofreció su brazo a su esposa a lo que la chica lo tomó tímidamente. Antes de emprender la marcha el joven Malfoy miró a Thomas socarronamente y a continuación con su mano libre acarició con increíble suavidad una de las mejillas de Hermione. Los largos y finos dedos del joven al principio rozaron apenas la piel de la chica y luego su mano entera se posó en la suave mejilla. La chica lo miró atónita, a la vez que su cara tomaba el color de las frutillas, de los tomates, de las cerezas y de tantas otras frutas rojas como la sangre.

Hermione sintió que toda la sangre en su cuerpo se agolpaba en su rostro, especialmente en las mejillas, una de las cuales era mimada por Malfoy. Era tanto el calor que sentía que las frías manos en su carrillo le produjeron un escalofrió que la hizo temblar.

¿Era por eso que temblaba, cierto? ¿Por las heladas manos del rubio, cierto? ¿Tenía que ser eso, CIERTO?

El joven percibió el estremecimiento de la muchacha y su sonrisa se acentuó. Acercó su rostro al de ella y la observó un instante antes de besarla dulcemente en la comisura de la boca.

Rompiendo todos sus esquemas, Hermione hizo lo que no tenía que hacer: cerró sus ojos en el momento en que los delgados labios de su esposo se posaban sobre ella. Y como si aquello fuera poco, algo como una descarga eléctrica subió desde su bajo vientre hasta su pecho en aquel momento.

Narcissa Malfoy observó encantada a su hijo. - Tan encantador como su padre. Es capaz de conseguir lo que quiera. – Pensó la mujer.

Al separarse de Hermione, el rubio le pellizcó suavemente la barbilla. – Estás roja. – Le susurró.

Hermione arrugó el ceño. No se dejaría vencer. - ¿Ah sí? – Le contestó tratando de parecer segura. – Es que hace mucho calor en esta sala. – Dando por terminada la conversación la joven lo instó a seguir su camino, sin quitar la vista del frente.

De mala gana, Thomas ofreció el brazo a Narcissa y siguieron a la pareja.

Lástima para la castaña que el color rojo de sus mejillas no quiso abandonarla durante toda la cena, producto de las constantes muestras de falso cariño que le prodigaba Malfoy.

No entendía como, aún sabiendo que todo era para guardar las apariencias, se sentía como una colegiala siendo cortejada. Quizás se debía a que no estaba acostumbrada a ser galanteada y menos de una manera tan directa. Además, el estúpido del hurón botador podía ser muy convincente si quería.

Terminada la cena, Hermione se excusó a la primera oportunidad con los invitados alegando un repentino dolor de cabeza. Al llegar a su habitación se recargó en la puerta y suspiró aliviada. ¡Por fin sóla! Alegremente se colocó su camisón.

Pero parece que es no era su día, porque al momento en que se metía bajo las cobijas, la puerta se abrió y por ella ingresó un malhumorado Malfoy.

- ¿Se te ofrece algo? – Le preguntó sin esconder la molestia que le producía el tener que verlo ahí.

- Mi madre y Thomas se quedarán esta noche. Tú y yo dormiremos juntos.

- ¡¿Qué!

0000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000

Después de una larga espera capítulo 8.

Espero reviews.

Estuve por ahí leyendo unos fic sobre la pareja Draco-Ginny y me di cuenta de que esa pareja tiene muchos seguidores, no sólo en los fic, sino que en internet en general. ¡NOOOOOOOOO! ¡ODIO A ESA PAREJA!

Hago un llamado a todos quienes prefieren a la pareja de Draco-Hermione a no dejarse vencer.