Gracias por sus reviews. GRACIAS, GRACIAS, MUCHAS GRACIAS ATODOS.

Me he dado cuenta satisfactoriamente de que como yo, hay muchos que también odian a Ginny. Bueno, en realidad no la odio, pero si odio que la emparejen con Drakito.

Por fin llegué a los 100 reviews! Para celebrarlo subí un oneshot. No olviden visitarlo, se llama "Sabíamos que esto sucedería"

Recuerden, reviews!

Este capítulo me gusta bastante, pero no tanto como el próximo que es uno de mis favoritos.

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Draco bufó exasperado.

- No me hagas repetírtelo, Granger.

- ¿Es que acaso tú estás loco¡¡YO NO DORMIRÉ EN LA MISMA CAMA CONTIGO!

- No te queda otra opción. – Draco rodó los ojos hastiado de lo que él consideraba una total inmadurez por parte de la joven.

- ¡Entonces dormirás en el suelo!

- ¡JA! Tú debes estar loca si crees que YO dormiré en el suelo. – Sin hacer caso a las protestas de la chica, Draco comenzó a quitarse la chaqueta.

- ¿Pero que crees que haces! – Hermione miraba con los ojos desorbitados como ahora el rubio se quitaba los zapatos.

- Me preparo para dormir. Sabes, no acostumbro dormir con zapatos. – Le contestó irónicamente.

- Ten un poco de respeto. – Malfoy continuó con la corbata, sin prestarle la menor atención. - ¡VE A CAMBIARTE A OTRA PARTE!

- No me jodas, Granger.

- ¿Yo te estoy jodiendo¡Oh, discúlpame, gran Draco Malfoy!

- Estás disculpada, Granger.

Al principio lo único que el joven quería era dormir y evitarse una pelea con la chica. Sin embargo, ahora se daba cuenta que el verla de mal humor le quitaba a su vez a él todo su cansancio y su mal humor. Y mejor si era él mismo el causante de la furia de la chica. Entonces¿por qué no antes de acostarse tener una gratificante y revitalizante discusión con la rata de biblioteca Granger?

- ¡Maldito egocéntrico¡Haz lo que quieras, pero en esta cama no dormirás! – Y dicho aquello Hermione se dejó caer furiosa en la cama, justamente en la mitad del lecho tratando de ocupar con su cuerpo la mayor extensión posible.

Draco la observó divertido. Parecía una niña a la que se le ha negado algo. Siguió quitándose la ropa hasta que quedó sólo en ropa interior. Se miró un momento. La verdad era que acostumbraba dormir completamente desnudo, pero no sería muy buena idea teniendo en cuenta que ahora tendría que compartir el lecho con Granger.

Exactamente, compartir el lecho con Granger, porque él no dormiría en el suelo.

Se acercó hasta el lado izquierdo de la cama y con los brazos como jarras observó a la castaña. Tenía los ojos fuertemente cerrados y el rostro contraído por la furia.

- Jaja. Oye, Granger, no es necesario que hagas tantos esfuerzos para no mirarme.

- No digas estupideces, imbécil. No es ningún esfuerzo el tener que apartar mis ojos de tu asquerosa presencia.

- No es necesario que trates de auto convencerte. Sé lo difícil que debe ser para ti el tener que aguantarte frente a este cuerpo maravilloso.

- Más bien no sabes lo difícil que es para mí aguantar el vómito. – Hermione ya había abierto los ojos, pero seguía en la misma posición dándole la espalda al chico.

- Pobre, Granger. – Draco imitó una voz compasiva. – Ya no sabes ni lo que dices. No te preocupes que causo ese efecto en muchas mujeres. – Y después añadió tras pensarlo un momento. - En realidad en todas.

- Creo que tu única neurona ya se murió, Malfoy. ¡Ah no es eso, se me olvidaba que tu cerebro está lleno de testosterona¡O quizás sólo eres capaz de pensar con otra parte de tu cuerpo!

Draco rió abiertamente frente a los comentarios de la chica.

- No es mi culpa que yo tenga vivas esas partes, Granger. Hay otros, y OTRAS, a los que no se les despierta con nada. ¿Sabes cómo se llama esa gente?

- ¿Y tú sí?

- Claro que sé, porque conozco a UNA. Esa gente se llama AMARGADA. Tú deberías saberlo, porque eres un ejemplo perfecto.

Hermione apretó los puños furiosa. Pero decidió no darle en el gusto al rubio y quedarse callada. Draco la observó crisparse de enojo y sonrió complacido.

- Granger,… muévete.

No hubo respuesta.

- Granger, si no te mueves aún así no impedirás que me acueste en MI cama.

Seguía sin haber una respuesta.

- Tú te lo buscaste. – Draco se metió bajo las sábanas.

- ¡TE DIJE QUE EN ESTA CAMA NO DUERMES! – De un salto Hermione se había incorporado y le gritaba al rubio furiosa.

Draco se hizo el desentendido. Con una sonrisa en el rostro y los brazos tras su cabeza, se acomodó y cerró los ojos. Al verlo así, se hubiera dicho que los ojos de la muchacha despedían fuego.

- ¡Maldito hurón oxigenado¡Quién te crees que eres para…!

- Me creo el dueño de esta cama, Granger. – La interrumpió tranquilamente, sin abrir los ojos.

Hermione ya estaba en cuclillas sobre la cama. Y se quedó quieta mirando al rubio, tratando de asimilar toda la rabia y frustración que sentía por culpa de él.

- ¿No piensas dormir, Granger? – Le dijo abriendo un ojo. - Sé que soy un espectáculo digno para pasar la noche en vela, pero…

- ¡CÁLLATE! – Hermione se abalanzó contra él ciega de ira, dispuesta a golpearlo. Lástima para ella que ya no era como en su tercer año en Hogwarts. Ahora Draco era un hombre fuerte y de rápidos reflejos.

De un solo y rápido movimiento el joven Malfoy se incorporó tomándola de las muñecas y la acostó en su regazo. Hermione estaba a su completa disposición.

Draco la observó bajo él. El pelo totalmente revuelto. El elaborado peinado que Sipsy se empeñaba en hacerle todos los días ya era historia. Sus ojos brillantes de cólera, había fuego en aquellos ojos marrones que se encontraba en aquel momento abiertos de par en par mirándolo con un a mezcla de furor, miedo y confusión. Una mezcla que le parecía de lo más excitante. Tenía las mejillas coloradas, como ya había visto tantas veces esa noche. Sin embargo, al tenerla más cerca, pudo notar que las escasas pecas que cubrían parte de su rostro desaparecían completamente bajo el color encarnado.

- Cuando te sonrojas no se te notan las pecas. – Le dijo con voz profunda, aún sin soltarle las muñecas. Como respuesta Hermione lo miró todavía más extrañada y como era de esperarse, el color de sus mejillas aumentó a una intensidad increíble.

Draco sonrió al verla así. Tenía que conceder que Granger era una de esas mujeres que incluso enojadas se ven bonitas. Una de esas mujeres que con el pasar de los años van madurando hasta volverse tan apetecibles como un buen vino. Sí, porque desde sus años en la escuela notaba un cambio en ella. Ya no era la rata de biblioteca que él recordaba. No, ahora tenía entre sus brazos a toda una mujer. Una mujer hermosa, encantadora, tierna y dulce. A pesar de sus rabietas y su terrible carácter, Granger era todo eso y más. Y quizás era su horrible carácter justamente su principal atractivo.

A pesar de que la odiaba, la aborrecía y la despreciaba, debía admitir que la joven era atractiva. ¡SÍ MALDICIÓN, ERA ATRACTIVA! Qué más daba admitirlo. No era que estuviera enamorado de ella, simplemente la consideraba interesante.

Nuevamente, como ya había hecho durante la noche, acercó una de sus manos hasta la mejilla de la chica. Ya se estaba volviendo una costumbre para él el tener que tocar la suave piel de la chica. Sorprendentemente, ella no trató de zafarse de él al tener una de sus manos libres.

Suavemente Draco despejó el rostro de la chica quitando los rebeldes mechones de cabello castaño que insistían en tapar el espectáculo. Hermione cerró los ojos.

- Malfoy, no lo hagas… - Le dijo con un hilillo de voz.

- ¿No haga qué? – le dijo suave e irónicamente mientras sus dedos contorneaban los labios de la joven. Era increíble como Draco era capaz de mezclar en el tono de su voz aquellas características tan disímiles sin problrema.

- No hagas esto… no te atrevas. – Hermione aún mantenía los ojos cerrados. No pudo ver una sarcástica sonrisa en los labios de Draco al escucharla decir "no te atrevas".

Lentamente el rubio acercó su rostro al de ella. Cuando la punta de sus narices se rozó, Draco cerró también los ojos y liberó la otra muñeca de Hermione. Ahora ella era completamente libre para huir o para golpearlo, pero no lo hizo. En cambio, la castaña llevó sus manos hasta el cuello de Malfoy mientras éste posaba las suyas en la cintura de la chica. Abrazados, sin besarse, sólo sumidos en el perfume del otro. Apenas entre sus rostros el contacto de sus narices.

Finalmente el blondo fue quien la besó.

¿Qué se podría decir de aquél beso? Sería difícil explicarlo. Porque no era un beso de amor, ni de cariño. Sin embargo poseía todos los elementos que lo calificarían como tal: ternura, calidez, paciencia, tranquilidad.

Tampoco era uno de esos besos pasionales, frenéticos y apresurados. No obstante no por eso era menos apasionado, febril o ardiente.

En fin, era un beso que aún no tenía un verdadero hueco y significado en sus corazones, pero que más tarde podría significar mucho.

Pausadamente sus labios se movían contra los del otro. Parecía que no tenían apuro alguno por descubrir los misterios y rincones más recónditos de la boca del otro. Un ritmo acompasado por sus cuerpos, que se acercaban a medida que el abrazo se volvía más fuerte.

¿Han oído la expresión que dice que "todo lo que tiene un inicio tiene un final"? Pues este beso no era la excepción.

Tan lentamente como sus rostros se habían juntado se separaron. Por unos segundos Draco pareció mirar a Hermione con ¿terror, pero ella no pudo notarlo pues aún tenía los ojos cerrados. Parecía como si la joven estuviera en una especie de dulce y embriagante estado de trance. Tenía las mejillas ligeramente sonrosadas y los labios aún abiertos. Se veía extremadamente tranquila y ¿feliz?

- Será mejor que durmamos. – Dijo Malfoy con voz neutral sacándola de su agradable sueño. La castaña abrió los ojos y lo miró confundida. Antes de que pudiera siquiera reaccionar Draco la tomó suavemente de la cintura sacándosela de encima y la puso al otro lado de la cama.

A continuación el rubio se acostó dándole la espalda. Ella imitó su gesto. Sin embargo debieron pasar varias horas antes de que Hermione pudiera conciliar el sueño.

Se quedó totalmente quieta pensando en lo que acababa de suceder. El beso con Malfoy no dejaba de dar vueltas y vueltas en su mente. Y había una razón para ello que la chica no podía pasar por alto. Era que, a diferencia de todos los besos anteriores, esta vez había actuado totalmente consciente de lo que hacía ¡y por voluntad propia! En sus besos previos a este había actuado presa de la desesperación y la pena u obligada por las apariencias, pero hace sólo unos minutos la situación había sido completamente diferente. Pudo haber golpeado al rubio y salir de entre sus brazos y no lo hizo. Y para aumentar su pesar estaba el hecho de que lo había disfrutado tremendamente. ¿Cómo era eso posible! No entendía como era que se había sentido en las nubes con un hombre como Malfoy.

Tenía que admitir que no era una experta en materia de besos (la verdad era que era una completa inexperta en sentido romántico o en cualquier cosa que relacionara a una hombre y una mujer). El hecho era que le había parecido un beso muy bonito. Sabía que la palabra "bonito" para describirlo era un tanto ridícula, pero eso era lo que sentía. Sólo sus labios en contacto, sin que sus lenguas formaran parte del beso (se sonrojó al pensar en eso). Y sin embargo, a pesar de ser un beso tan inocente, había sido de lo más excitante. Con sólo recordarlo Hermione sintió una descarga eléctrica en su vientre.

Hermione estaba realmente preocupada y, por sobre todo, decepcionada de si misma. No podía creer que hubiera caído tan bajo. Y lo peor de todo era que no había sido ella la que había detenido el beso, sino que había sido el hurón. ¡Malfoy había detenido el beso¡¡¡MIERDA!

¿Es que acaso si él no hubiera actuado como lo hizo ella se le hubiera entregado sin reservas y completamente a gusto?

Abrió los ojos desmesuradamente, temiendo la respuesta. No quiso responderse, pero muy en el fondo sabía perfectamente lo que su mente le decía o más bien le gritaba. Comenzó a tararear una canción en su mente para opacar los gritos dentro de su cabeza. Trataba de concentrarse en la canción furiosamente. Suerte que nadie podía escucharla en esos momentos, porque realmente parecía una loca.

Y entonces recordó que Malfoy estaba a su lado en la cama. Aguzó el oído y sólo pudo escuchar la acompasada y tranquila respiración del rubio. Seguramente debía estar profundamente dormido. ¡Cómo podía dormir después de lo que había pasado¡Si ella apenas podía¡¡MALDITO HURÓN!

Y así pasaron los minutos y las horas en que la castaña reflexionaba y trataba de comprender su comportamiento, el cual ella calificaba de "inaceptable" y "reprochable".

- ¡Merlín! Parezco una virgencita amargada que no ha sido tocada jamás. – Se dijo a si misma con pesar antes de caer por fin en un intranquilo sueño.

Lo que Hermione no sabía era que a sólo unos centímetros de ella, cierto rubio pasaba por una situación bastante similar.

Draco Malfoy al igual que ella, se encontraba totalmente quieto en el lecho. El chico no movía ni un solo músculo, temeroso de hacer notar su intranquilidad. A simple vista parecía dormir plácidamente, pero si alguien lo hubiera observado de cerca habría notado que dentro de él se producía una lucha sin cuartel. Tenía los ojos fuertemente apretados, el entrecejo fruncido y los labios contraídos en una mueca de disgusto.

El joven Malfoy estaba tan o incluso más decepcionado de si mismo que Hermione. Sin embargo sus razones eran un tanto diferentes a las de la chica.

Tenía la chica a su merced, lista para lo que él quisiera. Y se había detenido. Esta vez no había sido ella la que se había arrepentido. ¡Había sido él! Sé sintió avergonzado de si mismo, actuando como una jovencita pudorosa.

Era la oportunidad perfecta para demostrarle a Granger que él era el rey del sexo y lo había arruinado. Era la oportunidad perfecta para arreglar su reputación sin manchas en materia sexual y la había desperdiciado. Era la oportunidad para vengarse y la había echado a la basura.

¿Por qué¿Por qué había sido tan estúpido?

Sabía la respuesta, claro que la sabía. Por que con ese simple y estúpido beso había experimentado más sensaciones que con una sesión entera de sexo con muchas mujeres. Porque con ese insignificante beso se había sentido en las nubes. Porque había sido demasiado perfecto.

- ¡Pero que mierda, Draco! – se dijo si mismo. – Pareces una romanticota de esas que leen "Corazón de bruja".

Tendría que remediar la situación. No podía dejar que la sabelotodo Gragea lo venciera.

Por un momento se imaginó que quizás ella lo había planeado todo para desconcertarlo. Pero se dio cuenta de que esa teoría era una estupidez. Granger era una total inexperta y demasiado bobalicona como para algo así. Lo había notado desde su primer y desastroso "acercamiento". Sus movimientos torpes y tímidos la delataban. Y por supuesto su sonrojo era las principales evidencias. Granger era demasiado "virginal" en sentido físico y pasional.

Sonrió maliciosamente al pensar en las ventajas de su situación frente a la chica. Se sintió casi como un profesor dispuesto a ayudar a su alumna a descubrir un potencial escondido que ni ella sabía que tenía. Sí, porque Granger, con todo y su aura de niñita santurrona, destilaba una pasión y un ardor bastante llamativos. Era como si se esforzara en reprimir una fogosidad y un ímpetu colosales. Se daba cuenta de ese fuego interior al discutir con ella y pensó que quizás ella debería aprender que había otras formas de "descargar tensión".

Se durmió mucho más tranquilo y satisfecho de lo que la pobre Hermione lo hizo. Y además mucho antes de lo que ella lo hizo.

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Draco despertó con una sonrisa radiante y bastante descansado. En contraste, Hermione tenía unas ojeras atroces.

El rubio se levantó de un salto bastante animado y se dirigió al baño para darse una ducha. Cuando volvió ya completamente vestido se encontró con que su esposa continuaba en la cama, sin aparentes intenciones de levantarse. La miró divertido.

- Granger, eres una perezosa. – Le dijo hilarante.

- Muérete. – Fue la única respuesta de la joven, quien se removió bajo las sábanas y volvió a intentar dormir.

- Todos morimos algún día. – le dijo como si reflexionara como un filósofo. Draco estaba de tan buen humor que nada de lo que ella dijera podía molestarlo. Eso creía él.

Hermione bufó al escucharlo. – Déjame en paz. – le dijo somnolienta.

- Lamento - La verdad era que no lo lamentaba en lo más mínimo. - interrumpir tu sueño, perezosa Granger, pero no sé si recuerdas que tenemos visitas y que ya nos deben estar esperando para desayunar.

Al escuchar aquello Hermione abrió por fin los ojos. Suspiró resignada y se levantó de la cama. En ese momento escuchó una carcajada por parte del joven que no le gustó para nada.

- ¿Se puede saber que es tan gracioso? – le preguntó ácidamente al rubio. Éste rió todavía unos instantes más antes de contestarle.

- Tu cara. – le dijo simplemente cruzándose de brazos y con una sonrisa de oreja a oreja.

- ¿Y por qué?

- Deberías mirarte a un espejo urgentemente y sabrías de lo que hablo.

- No sé porque estás tan feliz esta mañana, Malfoy. Quizás encontraste tu cerebro.

Hermione le dedicó una mirada de profundo odio y salió en dirección al baño. Cuando llegó a él entendió a lo que Malfoy se refería. Su aspecto era desastroso. Tenía unas ojeras del tamaño de Hogwarts, los ojos rojos y un rostro demacrado. Por si fuera poco, su cabello era una verdadera mopa para limpiar el piso. El reflejo que le devolvía el espejo le recordó a su antigua apariencia antes de los atentos cuidados de Sipsy.

Se metió bajo la ducha y como esperaba, la frescura del agua hizo maravillas. Al mirarse al espejo nuevamente pudo ver que las ojeras habían desaparecido casi por completo y que su rostro volvía estar joven y lozano. Sonrió satisfecha y salió del baño envuelta apenas en una toalla. No esperaba que Malfoy siguiera en la habitación. Fue por eso que casi pega un grito cuando lo vio tranquilamente sentado al borde de la cama.

- ¡Se puede saber qué haces todavía aquí! – le gritó cubriéndose con los brazos por sobre la toalla.

- Te espero. – le dijo con un tono demasiado alegre para el gusto de Hermione. Al hacerlo la miró fijamente y como acto reflejo la castaña se cruzó de brazos para esconder su cuerpo. Se sentía desnuda frente a él. Al verla hacer eso los ojos de Malfoy brillaron.

- No es necesario que me esperes. – le contestó agriamente.

- Quiero que bajemos juntos.

- ¿Por qué?

- Porque no quiero que te encuentres sola con Thomas.

Hermione no creía lo que oía. ¿Qué le importaba al hurón que ella estuviera a solas con Thomas¿Acaso estaba celoso?

- Ese es asunto mío.

- Te equivocas, Granger, es asunto tan mío como tuyo. No me interesa tu vida amorosa en lo más mínimo, pero mientras estés casada conmigo no me harás quedar como tonto.

¡JA! Y ella que había pensado que el hurón albino podía estar celoso. Qué ingenua. Él sólo estaba preocupado por no ser humillado.

- ¿Me estás diciendo que mientras esta farsa dure no puedo relacionarme con ningún hombre sentimentalmente?

- Exactamente.

- Entonces las cosas deben ser justas. Tú tampoco estarás con ninguna mujer. – le dijo resuelta.

Malfoy la miró como si ella estuviera contando un chiste. ¿Realmente era tan tonta como para pensar que él iba a dejar de estar con alguna mujer sólo porque ella se lo decía?

- ¿Es un chiste? Debes estar muy loca para creer eso.

- ¡Entonces olvida que yo te haré caso¡Yo estaré con quién quiera!

- Cómo si alguien pudiera querer estar contigo, Granger. – Aquello fue demasiado duro para Hermione. Se sintió profundamente dolida, pero no lo demostró. Sabía que no era la mujer más bonita, atractiva o sensual del mundo. Aún así le dolió. Nunca había tenido una gran confianza o autoestima al respecto. Sin embargo siempre había pensado que quien la quisiera, tendría que hacerlo por lo que había en su interior.

- ¿Y tú qué sabes? No tienes idea sobre mi – le dijo con odio. – Tú no sabes nada de nada sobre lo que alguien ve para tener una relación.

- Sé mucho más que tú, en muchos aspectos sobre las relaciones.

- ¡JA! Cómo si supieras lo que es querer realmente alguien. Tú no sabes lo que es el amor, Malfoy.

En ese momento Draco se levantó furioso de la cama y se acercó a Hermione. Sus ojos despedían fuego. Parecía poseído y dispuesto a matarla. La joven se encogió, realmente el joven producía miedo.

Se acercó tanto que sus rostros quedaron a sólo centímetros.

- Escúchame bien, estúpida sangre-sucia, tú no sabes nada de mí. – La voz del joven era casi un murmullo. Un murmullo tétrico y amenazante. - ¡NADA¡¿ME OÍSTE! – Hermione pegó un saltito al escuchar el grito.

Sin siquiera mirarla Draco salió de la habitación pegando un portazo. Hermione quedó estática, completamente paralizada por el miedo, la confusión y el asombro. No entendía por qué Malfoy se había enojado tanto. Incluso parecía dolido ¿Qué era lo que ella no sabía?

Minutos después ya estaba lista para bajar gracias a la ayuda de Sipsy. Abrió la puerta y lo que vio la sorprendió. Parado afuera del dormitorio y con una cara de pocos amigos estaba Malfoy. Antes de que pudiera decir o hacer algo él la tomó del brazo y prácticamente la tiró para bajar las escaleras. En otros momentos Hermione hubiera chillado y reclamado, pero ahora estaba demasiado liada.

Mientras bajaban los escalones volteó a ver a Malfoy. Se veía serio. Demasiado. Su semblante estaba grave y su mandíbula tensa, como si apretara los dientes. Hermione tragó saliva y desvió la vista rápidamente del chico.

Cuando llegaron al comedor Narcissa y Thomas ya se encontraban ahí. Entonces Hermione observó por el rabillo del ojo como el rostro de Malfoy cambiaba de expresión completamente para engañar a su madre y a su primo. Era increíble como todo vestigio de rabia o enojo había desaparecido, para dar paso a su habitual semblante sarcástico, confiado y tranquilo.

Todos se saludaron amable y fríamente.

- ¿Pasaste una buena noche, Draco? – preguntó Thomas con ánimo de fastidiar.

- Por supuesto. – le contestó el joven. Y al hacerlo le dirigió una lujuriosa mirada a Hermione con toda la intención de que Thomas notara la connotación de su respuesta.

Fue un desayuno bastante incómodo. Y silencioso. Hermione apenas habló y el silencio poco habitual de Draco le confirmaba a la joven su mal humor y su enojo todavía presente. Si a aquello sumemos las continuas miradas de odio entre Malfoy y Thomas y los mordaces comentarios de Narcissa; tenemos como resultado un verdadero infierno para Hermione.

Al despedirse de Narcissa Hermione se sintió increíblemente aliviada. Y cuando Thomas se despidió de ella con un beso en la mano particularmente prolongado, se sintió todavía más aliviada. Era obvio que Narcissa era su enemiga y por eso prefería tenerla lejos, pero con el rubio Thomas no sabía que pensar. Le atraía y no obstante había habido un momento la noche anterior en que había sentido una gran desconfianza hacia él. Además que sus continuas galanterías la incomodaban, la intimidaban y la avergonzaban.

Al instante en que los dos visitantes desaparecieron la careta de Malfoy se desvaneció y pasó a tomar lugar la amedrentadora expresión que había visto Hermione. Por suerte para ella no volvió a dirigirle la palabra en todo el día y como era de esperarse tampoco lo vio.

Al llegar la noche Hermione se preparaba a dormir cuando recordó con aflicción que al día siguiente debía volver al trabajo. ¿Cómo había sido capaz de olvidarlo! Bueno, tomando en cuenta todas las emociones y extrañas situaciones que había vivido las últimas semanas, no era de extrañar que lo hiciera.

Estaba de pie junto a la cama lista para meterse bajo las sábanas cuando escuchó la puerta abrirse de un empujón. Se dio vuelta rápidamente y pudo ver como Malfoy se acercaba a ella con expresión de enfado, la tomaba bruscamente por la cintura y con voz resuelta le decía:

- Esta noche dejaremos las cosas bien claras, Granger.

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Nos vemos en el próximo cap. No olviden dejar reviews.

Un beso!