Hermione lo miró con los ojos abiertos por el asombro y la turbación. Realmente la tomaba por sorpresa y no sabía como reaccionar frente a la extraña actitud de Malfoy.
- No hay nada que aclarar entre nosotros. – Le contestó con voz firme mirándolo a los ojos. No quería parecer asustada, pero lo cierto era que la expresión del rubio era tan seria, grave, segura y molesta que era innegable que nada bueno saldría de toda aquella situación. No obstante su voz no tembló para nada.
Draco no le contestó. Siguió mirándola a los ojos como si la estuviera traspasando con la mirada. Era como si estuviera taladrando en su cerebro y quisiera saber que era lo que realmente pasaba en la cabeza de la castaña. Sus grises ojos parecían de hielo en aquel momento. Y por supuesto, Hermione sintió que se congelaba al sentirse expuesta a esos témpanos.
Los brazos del joven estaban firmes alrededor de su cintura. Sabía que sería imposible tratar de forcejear con él para que la soltara. Por eso no insistió. Sin embargo en un acto inconsciente llevó sus manos hasta los brazos del chico y trató de soltarlos. No fue un acto desesperado y ni siquiera utilizó demasiada fuerza.
A Hermione le pareció que ya había pasado demasiado tiempo desde que ella había dicho la última palabra. La mirada del blondo fija en ella la estaba poniendo nerviosa y estaba segura que con cada segundo que pasaba el rostro de Malfoy estaba más cerca del de ella. Alejó su rostro de él, pero el estar atrapada entre sus brazos no la dejaba llegar muy lejos.
- Malfoy, ya te dije que…
No pudo terminar aquella oración. En un acto totalmente inesperado, sin previo aviso y tomándola por sorpresa, el joven la había abrazado y descansado su cabeza en el espacio entre el hombro y el cuello de ella.
Hermione trataba de continuar con lo que iba a decir, pero sus cuerdas vocales ya no le respondían. Los sonidos llegaban a su garganta y ahí se apagaban sin remedio.
La chica ni siquiera había notado, en medio de toda su consternación, que sus manos seguían apoyadas en los brazos de Draco. Y si después lo notó o no en algún momento, no las sacó de ahí.
La castaña tenía los ojos abiertos y no podía notar que el chico tenía los ojos cerrados y que su expresión se había suavizado. Draco parecía estar en una tranquila ensoñación e incuso sería adecuado decir que en sus labios se veía el asomo de una leve sonrisa.
En la mente de Hermione había un lío. Ya ni siquiera trataba de buscar alguna explicación al extraño comportamiento de Malfoy. No existía una explicación razonable para explicarlo. La chica comenzaba a pensar seriamente que el rubio estaba un tanto loco. O más bien completamente loco.
En tanto en la mente de Draco sólo una idea tenía lugar. Y estaba seguro de que se saldría con la suya.
La serenidad del muchacho comenzó paulatinamente a contagiar a la ex-Gryffindor. Pronto ella se vio apoyándose a su vez en él. Y cuando ella lo hizo el joven levantó muy lentamente su rostro del refugio en que se encontraba y la observó. El rostro de Hermione estaba escondido en su pecho, como si se avergonzara de lo que hacía, totalmente tapado por sus rizos trigueños. Acarició el cabello de la chica suavemente y notó que su rostro se hundía aún más en su pecho. Entonces una fugaz sonrisa se asomó en sus labios.
Despegó sus manos del cuerpo de ella y las llevó hasta su cabeza. La tomó con increíble cuidado, como si fuera un cristal inmensamente frágil y delicado, y la obligó a levantar el rostro y mirarlo. Sólo entonces Hermione pudo notar el cambio en la fisonomía de Malfoy. Y se asustó. ¿Por qué Malfoy parecía tan calmado¿Por qué la miraba tan dulcemente¿Por qué su mirada parecía ser ahora una dulce caricia y ya no una fría bofetada¿Por qué¿POR QUÉ?
No tenía respuesta a sus propias preguntas y lo que más le asustaba no era lo que Malfoy pudiera hacer, sino lo que ella misma fuera a hacer. Las remembranzas de la noche anterior llegaban en tropel a su cabeza, recordándole que casi había sido capaz de… de… ¡AHHHHH¡Ni siquiera era capaz de decirlo en su propia cabezota!
Al pensar esto último cerró los ojos fuertemente y movió la cabeza de un lado a otro, como si con eso fuera a bastar para alejar aquellos "impuros" pensamientos. Draco al ver su rostro compungido y sus muestras de confusión, decidió que era tiempo de pasar al próximo "nivel".
La besó en la frente, suave y quedamente, tal como aquella vez. Sin embargo ahora había una gran diferencia entre las dos situaciones. Ahora ambos eran completamente conscientes de TODO lo que hacían.
Al sentir el contacto de los labios de Draco sobre su frente, Hermione casi estuvo segura que quemaba. Casi pudo escuchar como su piel ardía bajo aquellos labios y como se escuchaba el sonido de una quemadura, tal como cuando se marca a fuego la piel y se la escucha chamuscarse. Y pegó sus párpados todavía con más fuerza.
El rubio a continuación besó la punta de su nariz. Sí, tal como aquella vez. Y entonces comenzó a trazar un camino de besos por todo su rostro. La castaña sentía que su cara se encendía, y los besos del joven no ayudaban. Con cada uno de ellos el calor aumentaba considerablemente.
No obstante, en ningún momento besó sus labios. Todavía no.
Draco llevó una de sus manos hasta el cuello de Hermione y ahí comenzó a acariciarlo, mientras la otra seguía en la nuca de la chica. Sus manos estaban tibias o más bien calientes, y la joven se preguntó si acaso sería que realmente lo estaban o que ella las sentía así. Después de unos momentos esa misma mano bajó quedamente hasta la base del cuello y de ahí hasta su hombro pasando por los tirantes del camisón de la chica. Siguió su camino a través del brazo desnudo de Hermione y a medida que avanzaba podía sentir como los vellos de la chica se erizaban, como su piel respondía al tacto de su mano pálida. Cuando llegó al final, hasta sus manos, entrelazó sus dedos con los de ella. Ante ello Hermione tragó saliva. Y cuando el rubio hizo lo mismo con su otra extremidad ya ni siquiera pudo hacerlo, porque su boca se había secado.
Se encontraban de pie uno frente al otro con las manos entrelazadas. Hermione aún permanecía con los ojos cerrados. Draco aprovechó aquello para permitirse sonreír socarronamente.
En ese momento la joven se apartó un poco de él, dando un paso hacia atrás. Sus manos seguían juntas. La sonrisa de Draco, en vez de apagarse, se intensificó más todavía.
Suavemente la tiró hasta quedar a sólo centímetros de distancia. Y finalmente juntó sus labios con los de ella. Se besaron por largo rato. Al principio Hermione no contribuía, simplemente se mantenía quieta y dejaba que el rubio presionara delicadamente.
La presión que Draco ejercía con sus delgados labios era tan sutil que seguramente ni la besadora más experta hubiera notado que poco a poco era "obligada" a corresponder. Y como Hermione era una chica inexperta, por su mente jamás pasó la idea.
Poco a poco, con pequeños besos alternados de suaves mordiscos en su labio inferior, el rubicundo se abría paso en su boca. Hermione trataba de pensar coherentemente, pero los besos, y por sobre todo la situación en la que se encontraba, no la dejaban concentrarse en que debía separarse del rubio. Lástima para su racionalidad, que todos sabemos que en nuestra vida muchas veces no escuchamos a nuestro cerebro y dejamos que otras partes de nuestro cuerpo gobiernen nuestros actos.
- No entiendo que sucede… - Se decía la chica mentalmente. – Podría golpearlo o quizás…quizás… yo… ehhh… ehhh…
A partir de ese momento toda frase con sentido se esfumó al posar Draco una de sus manos en la cadera de la joven y la otra en su brazo. Al parecer el rubio había notado que Hermione se tensaba y estaba concentrado en no dejarla pensar en ningún momento. Sabía que si Granger pensaba y se ponía a analizar todo como fastidiosamente siempre lo hacía, su plan se iba al demonio.
Las manos del chico subían y bajaban acariciándola. Y esta vez ella no pudo evitar que un gemido apenas audible escapara de su garganta. Y es que Malfoy, sin quererlo, había descubierto algo que ni ella misma sabía. El chico había descubierto que la zona de las caderas de Hermione era su punto débil.
¡El maldito hubiera podido tocarla en cualquier otra parte, pero tenía que empezar justo por ahí! Hermione sentía que miles de choques eléctricos subían desde su bajo vientre hasta su pecho.
Al comprender él lo que sus toques provocaban en ella, intensificó el contacto y llevó su otra mano hasta el lugar. Una sonrisa malévola y lujuriosa se posó en los labios del rubio mientras tomaba fijamente los flancos de Hermione y la arrastraba hasta la cama.
Cuando llegaron hasta el borde del lecho, aún besándose, Draco rompió el contacto labial inesperadamente y la miró con una de sus características sonrisas. Por un segundo ella estuvo a punto de librarse de sus brazos, pero sus intenciones fueron nubladas cuando Draco posó firmemente sus palmas en las nalgas de la chica y como si fuera una pluma la levantó. Hermione dio un respingo y estuvo obligada a agarrarse al chico con piernas y brazos si no quería caer al suelo.
Sin embargo el no tenía intenciones de dejarla caer en el suelo, sino en otro lugar mucho más blando y cómodo.
La colocó sobre la cama sin dejar de mirarla a los ojos. Y cuando Hermione sintió el suave contacto de las colchas bajo su piel y la seguridad de la cama, despegó inmediatamente sus extremidades del cuerpo de Draco. El problema para ella era que ahora tenía al chico sobre ella.
Y rápidamente el rubio había comenzado a actuar. Sin perder tiempo bajó hasta las piernas de Hermione y desde sus tobillos trazaba una ruta de besos subiendo peligrosa y lentamente por su pierna, a medida que subía el camisón de la chica. Tan lentamente que Hermione tenía que hacer grandes esfuerzos para no dejar de respirar.
Al llegar a sus rodillas el rubio levantó la cabeza para mirarla y se encontró para su satisfacción con que la chica tenía una expresión de vergüenza, remordimiento y placer en su rostro.
Era obvio que Hermione tenía una lucha interna en aquel momento.
Siguió subiendo quedamente por sus muslos y sintió como un escalofrío la recorría cuando acompañaba los besos con caricias circulares por la zona besada. Finalmente, cuando llegó hasta la ropa interior de la joven, apoyó una mano en cada muslo y las subió hasta llegar al borde del calzón pasando algunos dedos por debajo de los costados de la prenda. El cuerpo de Hermione se tensó ante aquella acción, como si temiera que el rubicundo fuera a quitarle la prenda.
Rechazando sus suposiciones, Malfoy sacó sus dedos de ahí y siguió subiendo con sus manos llevando con ellas el camisón dispuesto a llegar mucho más arriba, pero cuando ya estaban en la cintura de la chica, paró súbitamente como si recordara algo y la miró arteramente antes de retroceder nuevamente y posarlas en las caderas de la castaña. Al ver aquella mirada en los ojos del chico Hermione supo de inmediato lo que tramaba, y también supo que sería presa fácil.
La joven sentía el toque de las manos de Draco de forma exquisita. Las manos expertas del rubio se movían de arriba abajo, desde su cintura hasta sus muslos; de un lado al otro, desde su espalda hasta su ombligo. No le daba respiro. Y mientras realizaba aquella maravillosa tortura, no perdía oportunidad de besar su estómago, de lamerlo.
Hermione sabía que lo que hacía estaba en contra de lo que debía. ¿Pero que importaba lo que debía hacer en aquel instante cuando tenía a un chico sobre ella besándola y tocándola de esa manera¡Con una mierda que quien la hiciera sentir tan bien fuera el hurón Malfoy¿Acaso era un pecado sentir placer y disfrutar?
Era conciente todavía, mientras una de las manos de Draco se aventuraba más arriba de su cintura (bastante más arriba), que debía salir de esa cama deprisa, pero no podía… ¿O no quería?
¡A la mismísima mierda con todo¡No estaba dispuesta a terminar con esa mariposilla loca en su estómago que la volvía loca! Ya después tendría tiempo de llorar y arrepentirse por haberse acostado VOLUNTARIAMENTE con el hurón albino, pero ahora sólo quería más…
Aquella mano traviesa del chico ya se encontraba sobre uno de los pechos de Hermione, quien ahogó un gemido al sentir el tacto de la palma y los dedos de Draco. A esas alturas el camisón representaba una molestia demasiado grande como para no ser tomada en cuenta, por lo que él tomó la fastidiosa prenda y la sacó por la cabeza de la chica que cooperó levantando los brazos.
Y entonces por fin tenía a Granger casi completamente desnuda bajo él. Esta vez fue Draco quien ahogó un gemido al sentir por sobre la tela de su camisa los senos de la joven. Perdiendo momentáneamente la cordura prácticamente se safó de su prenda de vestir y la tiró a algún lugar del suelo junto con el camisón de ella.
Cuando esta vez percibió la suave piel pegada a la suya en todo su esplendor, tuvo que cerrar los ojos para concentrase. Sabía que si además miraba la exuberante delantera de su esposa era capaz de dejarse llevar. Y no podía permitirse algo así.
Tragó saliva sonoramente y se quedó quieto un par de segundos con los ojos aún cerrados, tratando de ordenar sus ideas; lo que le resultó endemoniadamente difícil. Y más cuando escuchó su respiración. Y todavía más al sentir como Hermione lo tomaba de los brazos suavemente. Y todavía mucho más cuando notó sobre su pecho desnudo como los pezones de ella se endurecían.
Estaba seguro que merecía un premio por tanto autocontrol. Un muy gran premio. Un enorme premio, porque su tarea era titánica.
Al recuperar su sangre fría nuevamente (sólo una expresión, porque en esos momentos la sangre de Draco debía estar literalmente ardiendo) el rubio colocó ambas manos sobre los pechos de Hermione. Comprobó que los pezones de la castaña eran de erección fácil, además de considerable, circunstancia que aprovechó para jugar largo rato con ellos: los pellizcaba, los rozaba apenas con la yema de los dedos, los mordía, los chupaba, los acariciaba, los sobaba, los besaba, los lamía… y la ex-Gryffindor sentía que se moría de goce por dentro, incapaz de comprender cómo podía albergar dentro de sí tantos gemidos y como era capaz de excitarse tanto.
Despertaba en ella ciertas sensaciones difíciles de describir pero que la hacían ponerse tensa y expectante. Se sentía al borde del delirio.
Después sus manos fueron a sus glúteos, sobaron sus formas, se movieron con dulzura
Ella cerró los ojos; no sabía qué hacer. Es más, no sabía qué estaba haciendo, quién era ella, quién era ese tipo. Estaba húmeda y hambrienta de placer. Eso era lo único real.
Tras unos minutos de toques que ya estaban haciendo mella en ambos, Draco fue por fin hasta la boca de Hermione. Se basaron posesiva y lascivamente, hambrientos. Finalmente sus lenguas se tocaron con furia, con violencia, con lujuria… con pasión y desenfreno. En aquel instante la castaña estaba entregada completamente y se abrazaba a la espalda del chico recorriéndola entusiasta. Entonces Malfoy aprovechó para bajar sus manos hasta la prenda interior de ella y comenzó a masajearla y toquetearla por debajo de la tela.
Cuando la chica sintió los finos dedos explorándola tuvo que romper el beso e inhalar el preciado aire, lo que se escuchó más bien como un gemido. Él siguió besándola en el cuello y los hombros, lamiendo la piel seductoramente. Y ella sólo cerraba los ojos y comenzaba a respirar dificultosamente.
Draco entonces comenzó a bajar lentamente pasando sus labios por sus pechos, su barriga y llegando hasta el borde de la tela. Volvió a mirarla desde ahí y ella sólo atinó a enredar sus manos en los sedosos cabellos rubios, invitándolo a que hiciera lo que quisiera. Draco entonces comenzó a trazar con su lengua formas sobre la tela, formas que para Hermione en ese momento no tenían ningún sentido. Ella sólo sentía la impaciencia y la espera, la exquisita ansiedad y por supuesto la fogosidad que le producía la ágil y delicada lengua de su esposo. Si hubiera estado concentrada en lo que el chico hacía, hubiera notado que él escribía "propiedad de Draco Malfoy" con una sonrisa burlesca en el rostro.
Y cuando terminó su tarea, Draco decidió que era tiempo del siguiente nivel. Sus pantalones y su ropa interior estaban soportando una presión que se lo recordaba magistralmente. Se sacó los pantalones rápidamente y procedió a tomar con sus dientes el calzón de la castaña. Lo fue bajando poco a poco y cuando lo tuvo entre sus dientes se arrodilló sobre la cama, miró a la chica y lo tiró a un lado. Hermione no pudo evitar que una risita se le escapara ante ese acto.
Y desde su posición de rodillas a los pies de Hermione, apreció todo su cuerpo en su completa desnudez. Ahora lo hacía, no recordaba haberlo hecho antes cuando fue su primer acercamiento. Y se dio cuenta de lo mucho que se había perdido. Granger no sabía el hermoso cuerpo que tenía. Sus voluminosos senos, sus sinuosas caderas, sus largas y torneadas piernas. En fin, un cuerpo lleno de curvas en las que quería perderse. Y para rematar un rostro dulce y melancólico que en aquel momento lo miraba con una expresión inequívoca de profundo deseo. Quiso grabarse esa imagen para siempre.
Hermione lo vio mirarla desde arriba y supo que la analizaba de pies a cabeza. Y pudo notar por el repentino estallido de calor en su cuerpo y sobre todo su rostro, que "sus pecas habían desaparecido por completo". Hubiera querido abrir sus brazos e invitarlo a acercarse, estirar sus brazos hacia él y decirle con voz ronca "ven", pero no podía. Su orgullo ya estaba por los suelos y no permitiría que lo estuviera más. Sin embargo se sintió decepcionada y apenada por no poder hacerlo.
Él la miró por una ráfaga de segundo enternecido, como si hubiera visto en sus ojos la confusión y la repentina decepción. Se quitó su última prenda sin movimientos bruscos o apresurados y se acercó hasta ella acomodándose sobre su cuerpo. La sintió estremecerse cuando ambas pieles se unieron. Y la abrazó buscando su calor, respondiéndole ella en igual medida. Así, abrazados y envueltos en un profundo beso, comenzó a penetrarla con cuidado. No estaba seguro si la chica aún podía sentir dolor.
Pero Hermione no sentía dolor alguno. Ahora entendía por qué había sufrido tanto su primera vez. Siempre había escuchado que lo importante era estar relajada, y esa vez ella no lo había estado. Bueno, por razones obvias. Sin embargo ahora lo estaba completamente y por eso mismo la docilidad y excesivo cuidado de Malfoy no le parecían suficiente. ¿Cómo hacérselo saber? No podía decírselo, no le daría el gusto. Por eso comenzó a moverse ella más rápido y a acercar su pelvis a la del rubio buscando un contacto más profundo. Draco entendió perfectamente a la vez que una sonrisa traviesa se posaba en sus labios. Esperó un poco para hacerla sufrir y de repente, tomándola totalmente por sorpresa, comenzó a arremeter en el interior de Hermione sin piedad.
Draco la embestía fuertemente contra la cama. Y con cada embestida Hermione se sentía un paso más cerca del cielo. Trataba de respirar, pero el aire se le hacía a cada segundo más escaso. Tenía que respirar cada vez más fuerte, cada vez más rápido, cada vez con más intensidad.
- Di… que quieres… esto… di que me… quieres dentro… que te… gusta… - Era un tanto difícil para él hablar, pero no se daría por vencido. La haría decirlo, la haría confesar que lo estaba disfrutando, que quería más. Su reputación estaba en juego.
- Ma… maldi… to… - le dijo Hermione con la voz entrecortada. Había tratado que su voz se escuchara normalmente, pero al decir sólo esa palabra se había dado cuenta de lo difícil que se le iba a hacer insultarlo mientras el rubio cada vez arremetía más profunda y rápidamente, sin darle tiempo entre cada embestida, de decir una sóla palabra sin pausas.
- Dilo,… Granger… dilo… - Le respondió Draco con la voz tan agitada como ella.
- ¡Ah!... no… no lo… diré… ¡AAAH! - Apenas podía hablar. Y estaba segura que ya no podría aguantar mucho más. El palpitar en su entrepierna comenzaba a aumentar furiosamente, acercándose peligrosamente a una inminente explosión de placer. Cada roce del miembro del rubio lo sentía multiplicado millones de veces.
- Di… lo… - La respiración excitada de Draco golpeaba en su oído.
- ¡AAAAAAHHHHHHHHHHHHHHHH! – Hermione había abierto la boca lista para gritarle que se fuera al demonio. En cambio, sus cuerdas vocales sólo había sido capaces de articular aquel poderoso grito al ser presa en ese instante del primer orgasmo de su vida.
Draco abrió los ojos sorprendido al ver y oír lo que le ocurría Hermione. Realmente le parecía sorprendente que la chica hubiera llegado tan rápido. Y no había error, Hermione estaba en medio de un orgasmo. La chica apretaba los párpados fuertemente y arqueaba la espalda a la vez que abría la boca tratando de coger aire.
Hermione sentía que estaba en el cielo. Ningún placer experimentado antes en su vida se comparaba a ese. Era maravilloso. Era como si en esos momentos todo fuera perfecto. Y para su gratificación con cada acometida del chico ese pálpito se alargaba y se alargaba. Así era, Draco seguía moviéndose frenéticamente dentro de ella.
Draco se sintió un tanto decepcionado al ver que después de varios minutos Hermione dejaba de gemir y de moverse acompasada a él. "Qué rápida", había pensado. Y estaba dispuesto a parar sin él haber llegado a su punto culmine cuando la escuchó nuevamente. Una sonrisa de oreja a oreja se posó en su rostro al comprender que Hermione había tendido un primer orgasmo sólo para ahora tener un segundo. Y por supuesto él se encargaría de que lo tuviera. Y hasta un tercero y un cuarto y un…
Esta vez la golpeaba tan frenéticamente contra el colchón que prácticamente la hundía en él. La cama se movía furiosamente acompañada de sus crujidos y rechinamientos cada vez más fuertes y continuos. Draco parecía no tener límite de resistencia... y al parecer la cama tampoco.
- Di… lo… di…lo… ¡Ah!... – nuevamente Draco atacaba con aquella palabra.
- Mue… re… te… - Le respondió Hermione entre jadeos a la vez que rodeaba con sus piernas las caderas de él.
Draco estaba seguro de que podrían estar así eternamente y ella no lo diría. Debía usar otra táctica, por MUY difícil que fuera. Así que…
Hermione abrió los ojos como platos al notar con espanto que Malfoy ya no se movía. Lo miró extrañada y enojada. Como respuesta el rubio se encogió de hombros y le respondió burlonamente:
- Si no quieres decirlo… debo entender que quieres que pare...
La castaña quería matarlo en aquel instante. Lo miró con furia. ¡Cómo se atrevía dejarla así! Aún con las mandíbulas apretadas y los ojos chispeantes de ira, movió su pelvis en contra de la de él, profundizando el contacto. Draco casi gimió ante ese acto. El chico comprendía perfectamente lo que ella quería, pero no estaba dispuesto a ser pasado a llevar de esa forma. Quería oírlo. Sabía que esa era la única manera de verla humillada.
Pero era TAAAAN difícil. Hermione continuaba moviéndose, cada vez más rápido bajo él. Era como si ella tomara el control de la situación. No lo estaba tomando en cuenta para nada. Si él no se lo daba, ella lo conseguía igual a costa de él.
Cuando Draco casi estuvo a punto de mandar todo al demonio y hundirse en ella nuevamente, decidió que de esa manera estando quieto no lograría sus propósitos. Pues entonces, si no lo lograba así, tendría que usar el otro extremo. Además… no estaba seguro de poder aguantar ni un segundo más.
Sorpresivamente hundió su miembro en ella de un solo golpe, casi con urgencia, asaltándola sólo una vez tan profundamente que Hermione se agarró a su espalda enterrándole las uñas y gritó. A Draco le pareció uno de los mejores grititos que hubiera escuchado de una mujer en toda su vida. Y él había escuchado muchos. Y por supuesto se excitó sobremanera al escucharla, como siempre le pasaba cada vez que una mujer se movía y jadeaba bajo él. Simplemente le encantaba saber lo que era capaz de provocar.
- Di… ¡Ah!... lo… - Era la última vez que se lo decía, estaba seguro. Además ya no era capaz de hablar.
- ¡MAL… DI…CIOOOON!... ¡ME GUS… TA, HU… RÓN¡SIGUE… SI… GUEEEE! – Ya no había podido aguantar más. ¿Y cómo demonios lo iba a hacer¡Si ella no era de madera¡Pero Malfoy parecía el hombre de hierro!
Como era de esperarse Draco aumentó la velocidad y la fuerza si era posible. Realmente parecía el hombre de hierro, de acero, el hombre incansable.
La chica se puso a gemir como una loca, como una salvaje. ¡Dios mío, si parecía que iba a morirse en cada orgasmo! Y lo más increíble es que aquello parecía no tener fin. Minuto a minuto, sus aullidos se sucedían con estrépito, sin que nada pareciera capaz de hacerla parar. O estábamos ante una multiorgasmica escandalosa, o Draco era todo un maestro del sexo.
Con diferentes intervalos y parones, aquel sexo salvaje duró más de tres horas.
Él iba y venía de adelante hacia atrás con fuerza, con violencia incluso; parecía que con cada embestida llegara más adentro de sus entrañas incrementando el placer de la chica hasta niveles inimaginables, mientras su erección seguía incólume minutos y minutos sin que llegara al punto final. ¿Cuánto tiempo estaría enterrándose en ella, al tiempo que se derretía entre orgasmos brutales, orgasmos que ya no ponía interés en ocultar? Estaba loca, ida, hasta casi perder el sentido.
Sólo era capaz de experimentar un placer inmenso, desconocido, incomparable, diferente. Hermione se sentía un tanto humillada, diría que usada, y eso contribuía en no poca medida a desarrollar aquel inmenso placer. Sabía que le había dado en el gusto al hurón, sabía que ahora además de fastidiarla por ser una horrible, poco agraciada, tonta, etc sangre-sucia, le restregaría en la cara que la había llevado hasta el cielo envuelta en orgasmos devastadores. Le restregaría que la había poseído sin violentarla, sin obligarla. Le restregaría que ella se le había entregado gustosa y por sobre todo que ella había gritado "me gusta", "sigue".
Antes por lo menos podía echarle ella en cara a él que la había forzado y dañado, que había sido un cerdo maldito. ¿Y ahora qué le diría? Todo lo que hubiera pasado antes ya no tenía validez. Era ridículo. ¡Mierda! El hurón Malfoy sí que era un cabrón inteligente.
Y a pesar de todo aquello no le importaba. Sólo le importaba lo que estaba sintiendo en ese instante.
Hermione sintió finalmente como el rubio se hundía en ella poderosamente. Tuvo su último orgasmo y supo al sentir como un líquido se derramaba en su interior, que después de tanto tiempo, por fin Malfoy había llegado hasta el clímax. Ambos gritaron extasiados y el rubio cayó sobre ella. Sin embargo no parecía tan agotado como debería haberlo estado, o como estaba ella. La había dejado rendida, agotada, pero a la vez extasiada de placer. Se recostó un poco sobre el cuerpo sudado de Hermione procurando no aplastarla y la miró triunfante. Ella frunció el seño mientras trataba de recuperar la respiración y lo miró enfadada. "Estúpido" masculló, a lo que él soltó una carcajada que la hizo molestarse aún más. Y mientras se reía se levantó de encima de ella y se recostó a su lado. Ambos quedaron mirando el techo, uno a cada lado de la cama sin tocarse, pensando ella en lo que había pasado y él regocijándose y felicitándose por ser tan increíblemente bueno en la cama.
Hermione se preguntaba si así era el sexo o si sólo era así con Malfoy. ¿Todas las mujeres eran penetradas con esa furia salvaje, con esa intensidad tan sobrehumana¿Todas eran presas de orgasmos tan devastadores que por poco las hacían desmayarse¿Todas sentían tantos que perdían la cuenta¿Todos los hombres duraban tanto? Por que estaba segura de que cuando se había ido a acostar eran las once de la noche y ahora que miraba el reloj veía que eran casi las cuatro de la madrugada. ¡Mierda! Y debía ir a trabajar temprano en la mañana.
Cerró los ojos mientras se tapaba con la sábana. Claro que no tenía frío, pero por inverosímil que pareciera, le daba vergüenza dormir desnuda sin algo que cubriera su cuerpo con Malfoy a su lado. Se acomodó dándole la espalda al joven y estaba dispuesta a dormirse cuando escuchó la voz del rubio…
- ¿Recuerdas a Blaise Zabinni? – Su voz era pausada y tranquila, como si no hubiera hecho esfuerzo alguno hace sólo unos minutos. No obstante ella percibió cierto toque de tristeza en su voz.
Draco seguía en la misma posición, con la vista fija en el techo de la habitación. Pero tenía la mirada perdida en algo mucho más allá. Hermione lo miró de reojo y notó que no se había tapado. Como si se tratara de un imán su vista se clavó en la entrepierna del rubio y se asombró al fijarse por primera vez en el tamaño de "ese" lugar. Sintió un temblor recorrerla entera al sólo pensar en lo que esa parte del cuerpo del chico la había hacho sentir. Esta de más decir que toda la sangre se le subió a la cabeza, agolpándose sin piedad sobre todo en sus mejillas. Se obligó a volver la cabeza y agradeció que él no se hubiera dado cuenta de su inspección. Y sobre todo agradeció el estar de espaldas a él.
- ¿A quién? – De pronto recordó que él le había preguntado si recordaba a alguien.
- A Blaise Zabinni. – La contestó con la misma vos de antes. Sin embargo ahora la notó incluso más apagada que antes. – Estudió con nosotros en Hogwarts. Iba en Slytherin. Nuestro mismo año.
- Sí, aunque creo que jamás tuve una conversación de más de dos frases con él. ¿Por qué?
- ¿Sabías que él era un mortífago? – No había contestado su pregunta.
- No, no lo sabía. ¿Por qué? – Volvió a insistir.
- Entonces tampoco sabes que él murió. – Su voz se había escuchado gélida; llena de resentimiento y odio.
- ¿Era tu amigo? – Hermione no sabía como reaccionar.
- Sí. – Le dijo escuetamente.
- Lo siento. – Dijo despacito la chica.
- Yo también. – Ahora se escuchaba dolido, afligido. – Cuando salimos de Hogwarts Blaise se enamoró perdidamente de Sofía, una bruja de muy buena familia. Lástima para él que ella era hija de aurores. Era obvio que los padres de Sofía no aceptarían que él se acercara a su hija, aún cuando en ese tiempo nadie sospechaba siquiera que Blaise era un mortífago. Pero los padres de ella sí lo hacían. Sin embargo ellos no contaban con que su hija mayor estaba tan enamorada como Blaise.
- Sofía dejó todo por Blaise. – Continuó el rubio. – Absolutamente todo. – Hermione estaba segura que la forma de pronunciar el nombre "Sofía" por parte de Malfoy escondía algo más. – Dejó un futuro como auror, una familia que la quería, una fortuna. Y se casó con él siendo desheredada por su padre. Desde ese día él la negó como hija y jamás volvió a ver a sus padres o a su hermana menor. Pero ella era feliz al lado de Zabinni y é era feliz junto a ella.
- Pero él sí era un mortífago. Una vez que tienes la marca tenebrosa en tu brazo ya no hay vuelta atrás. – Draco levantó uno de sus brazos y observó con expresión neutra la marca en el suyo. Suspiró. – Sofía quedó embarazada al poco tiempo y ambos fueron padres de una niña hermosa. Nunca creí que pudiera sentir celos por un hombre casado, pero los sentía. Pero no era una envidia mala, era una envidia sana. A mi me hubiera gustado en ese tiempo tener una esposa y una hija como las que tenía Blaise. Tener una vida tan feliz, al menos en parte. Porque para él era un sufrimiento constante el tener que esconderle a su esposa lo que era, lo que hacía. Blaise tenía una doble vida, pero por lo menos una de ellas era plena y tan feliz que opacaba a la oscura… Y todo terminó cuando Voldemort lo mató…
Draco se quedó en silencio unos minutos, perdido en sus recuerdos. Hermione no rompió el silencio. Sabía que el retomaría el relato cuando estuviera listo.
- Voldemort le había encargado matar a la familia de su esposa. Y él no podía hacer eso. Sabía que quizás su esposa jamás sabría quien había sido el asesino de su familia, pero él no podría cargar con eso. No podría verla llorara por sus padres muertos y saber que él era el causante de su llanto. Yo sé que era lo que Voldemort quería. – Era indudable por su tono de voz, que Draco albergaba un enorme odio en su corazón. – Él quería poner a Blaise en una encrucijada, adoraba hacer sufrir así a todos sus súbditos. Y cuando Blaise se negó tranquilamente, lo mató sin piedad; con rabia al ver que uno de sus vasallos se atreviera desobedecerle tan descaradamente. Recuerdo perfectamente la mirada que me dirigió antes de ser alcanzado por el rayo verde y lo que me recordó con ella. Yo, como un cobarde, sólo asentí, asegurándole con un simple y leve movimiento de cabeza que cumpliría la promesa de cuidar a las mujeres de su vida. Él me sonrió y cerró los ojos, entregado con calma a su muerte.
Otra pausa. Hermione sintió una profunda compasión y una lágrima rodó por su mejilla. Maldito Voldemort. Otra familia más destrozada por su culpa.
- No cumplí mi promesa… Sofía vino a vivir conmigo, estaba destrozada. Tenía apenas 19 años y ya era una viuda con una hija que crecería sin padre. Nunca le dije la verdad sobre la muerte de Blaise, pero estoy seguro que ella la sabía. Se notaba en sus ojos. Y a pesar de eso confiaba en mí. Los tres vivimos en esta casa por casi 10 meses y estoy seguro que han sido los meses más felices de mi vida. Aprendí a conocerla, y si antes la admiraba y la respetaba, en esos momentos yo ya comenzaba a amarla. No sé cómo ni cuando pasó que la vi con otros ojos; sólo sé que me sentía el hombre más afortunado de la tierra al llegar a casa cada día y encontrarla esperándome junto a la pequeña Susan. Pero no todo era felicidad. También me sentía un traidor, desleal a la memoria de mi amigo por amar a su mujer. Y aunque traté de evitarlo, fue imposible. Ambas eran las mujeres de mi vida en esos tiempos. Tampoco sé cuando Sofía comenzó a amarme a mí, sólo sé que aquel único beso que nos dimos esta grabado a fuego en mí. Ese día nos declaramos nuestro amor, pero ambos sabíamos que nada sucedería. Con lágrimas ella me dijo que no sería capaz de convertirse en mi mujer habiendo muerto Blaise hace menos de un año, por lo menos no todavía. Al día siguiente Voldemort me llamó. Cuando lo vi sentado en su "trono" supe de inmediato que algo andaba mal. Y no me equivocaba. Me dijo que había ciertas irregularidades y que él se encargaría personalmente de eliminarlas. No entendía a que se refería hasta que escuché unos gritos. El corazón se me paró en ese instante y cuando vi a varios mortífagos traer a la fuerza a Sofía y a otro traer en brazos a Susan, estoy seguro que dejé de respirara. El maldito de Voldemort me preguntó si acaso estaba enfermo, que por qué estaba tan pálido. Yo sólo veía como la mujer que amaba trataba de desprenderse infructuosamente de los brazos de sus captores y pedí a gritos que le devolvieran a su hija, mientras uno de los mortífagos le entregaba a la niña a Voldemort. El señor oscuro tomó a la pequeña en brazos y le hizo algunos mimos. Sofía imploraba envuelta en llanto que le pasara a su hija. Cuando finalmente se la pasaron, cayó de rodillas al suelo abrazando a Susan con desesperación. Y yo… aún no hacía nada. Miraba atónito sin hacer nada… nada. "Verás, Draco, debo reconocer que fui un tanto descuidado con nuestro querido Blaise, pero no cometeré el mismo error contigo. El amor es un obstáculo y pues los obstáculos simplemente s e destruyen", me dijo. No necesité ni una milésima de segundo para entender a qué se refería. Grité que no y estaba listo a abalanzarme en contra de él, cuando me percaté sin haber dado siquiera un paso que no podía mover ni un solo músculo. Mi padre, mi padre me apuntaba con su varita y me controlaba mediante el Imperio. No pude hacer nada por ella, sólo vercomo Voldemort la mataba sin piedad al igual que con Blaise, llevándose el rayo verde su vida y la de Susan. Y yo lloraba de rabia, de impotencia. Sólo quería matar a Voldemort. Lo hubiera hecho con mis propias manos si no hubiera perdido el conocimiento por culpa de mi padre. Recuerdo que cuando desperté quise pensar que todo era un sueño, pero cuando vi a Snape a mi lado y me dijo "lo siento" comencé a llorar como un niño acurrucándome en su pecho. Y el me abrazó como un padre. Gracias a él no me volví loco y decidí aliarme con Dumbledore. Cuando Voldemort murió a manos de Potter supe que nunca me sentiría satisfecho, pero que por lo menos en algo ayudaba la venganza. Y cuando mi padre murió… - Hermione no pudo ver la sonrisa en los labios del rubio, pero sí pudo escuchar su tono de voz. Era de satisfacción, de complacencia. – Me sentí mucho mejor, porque supe que él había sido quien había dicho a Voldemort lo que ocurría entre Sofía y yo. El maldito siempre fue mi héroe hasta el día que cometió el error de interponerse entre ella y yo… Ahora sabes por qué me he pasado al otro bando. Al de los "buenos".
Después de aquella impresionante revelación se quedaron en silencio largo rato. Hermione no dijo nada. Estaba segura que nada de lo que pudiera decir podría ayudarlo o serle de consuelo, por lo que prefirió callar. Ahora entendía muchas cosas a cerca de la personalidad de Malfoy y de su a veces extraño y loco comportamiento. Y sintió lástima por él. Él también había sufrido y también había perdido como ella.
Se sobresaltó al percibir que el rubio se levantaba de un brinco de la cama y se incorporó a medias para ver que sucedía. Malfoy la miraba como si ella fuera un Dementor o alguna criatura venenosa. Creyó ver terror en su mirada y ella también se asustó. Miró la cama y a ambos lados asegurándose que era a ella a quien él observaba de esa manera. Y comprobó que así era. Lo miró confundida y él sólo recogió su ropa rápidamente y salió del dormitorio.
Draco no volvió esa noche.
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Después de tanto tiempo el capi 10. Me gusta mucho este cap y espero que a ustedes también.
Gracias por sus reviews, especialmente a quienes me dejan sus opiniones capítulo a capítulo. Y también les agradezco que me deseen suerte en los estudios. Gracias a ti, a ti, a ti, a ti, a ti y a todos ustedes. Y no se olviden de dejarme reviews.
Les adelanto que en el próximo capi Hermione irá a trabajar. ¿Con quién o quiénes se encontrará cuando vuelva al trabajo?
Un beso!
