Al salir Hermione de la oficina, los cuatro quedaron en un profundo silencio, notablemente incómodos y alterados; aún sin poder digerir la información que acababan de recibir sus cerebros.

Luna fue la primera en romper aquel mutismo.

- ¡¡Pero qué diablos te pasa, Ron! – Le gritó la rubia a su esposo, provocando que el aludido pegara un salto asustado.

- ¡¡¿A mí! ¡¡¡¿A MÍ! ¡¡MEJOR PREGÚNTALE ESO A HERMIONE!

- Definitivamente no te entiendo. – Le dijo la rubia negando con la cabeza. – Y a ti tampoco, Harry.

- Luna, creo que yo soy el que no te entiende a ti. Estoy de acuerdo con Ron en que tu actitud no es de lo más adecuada.

- No me vengas con eso, Harry. – Le contestó seria. – Son ustedes los que actúan fuera de lugar. No puedo creer que después de tantos años no conozcan a Hermione.

- ¡¿Cómo puedes decir eso!

- ¿Qué cómo puedo decirlo, Harry? Sólo mírense. ¿Acaso creen que Hermione sería tan tonta cómo para casarse con el hombre equivocado? – Mientras Luna hablaba, Ron y Harry la miraban como si Snape les estuviera diciendo que ambos eran sus alumnos favoritos. - ¡Por Merlín, estamos hablando de Hermione! Sé que desde la guerra y la muerte de sus padres nunca volvió a ser la misma, pero… ¡sólo mírenla ahora!

- Luna tiene razón, chicos. – Añadió Ginny. – Herm se ve radiante y debemos darle una oportunidad a su matrimonio. Es difícil incluso para mí entender todo esto, pero por lo menos podríamos tratar de analizar por qué nuestra amiga hizo lo que hizo. Estoy segura que debe haber una explicación razonable, conociendo a Hermione.

- Ese es justamente el punto, Ginny. – Dijo Harry. – Conozco a Hermione y sé que aún estando deprimida ella no se dejaría engatusar por el primero que la halagara. Y sé que sólo sería capaz de casarse con un hombre bueno que la amara de verdad y al que ella amara.

- ¿Y entonces cuál es el problema, Harry?

- El problema es que… ¿realmente crees que Malfoy sea un hombre bueno enamorado de nuestra amiga?

Al escuchar aquello por primera vez Luna y Ginny comprendieron que los chicos no estaban del todo equivocados. Y eso las asustó.

- ¡¡EXACTO! – Gritó Ron emocionado. - ¡¡Eso era justo lo que yo decía, Harry!

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Hermione iba a paso rápido sin fijarse bien en lo que hacía. Sólo quería salir de allí y dejar de escuchar los reclamos.

Si tan sólo pudiera decirles la verdad. Todo hubiera sido mucho más fácil. Sus amigos sabrían que ella jamás quiso casarse con el hurón, que ni loca se enamoraría de él, que él nunca se enamoraría de ella y… QUE TODO ERA UNA ESTÚPIDA FARSA.

Eso era lo que le dolía. Tenía que defenderse de todos esos gritos y ni siquiera era verdad.

Y para peor el escuchar las palabras de sus amigos sólo la hacía pensar que para ellos ella era una solterona amargada que había caído a los brazos de Malfoy por desesperación; y que había sido tan tonta como para no darse cuenta que él tenía alguna especie de plan para sacarle información.

¡¡TAMAÑA ESTUPIDEZ!

Casi por inercia llegó hasta el baño de damas y entró para apoyarse en uno de los lavamanos y abrir la llave del agua. Se miró al espejo con rabia pensando en que a pesar de ser todo una mentira eso no quitaba que se hubiera acostado con el hurón. Se sintió una cualquiera.

Bruscamente se mojó la cara, restregándose fuertemente las manos contra el rostro. Improperios y maldiciones se formaban en su cerebro en contra de Dumbledore y Snape por haber tenido tan "brillante" idea.

- ¡¡CON UNA MIERDA! – Gritó finalmente a la vez que le pegaba una patada a una de las puertas de los sanitarios.

- ¡Auch! No quisiera ser esa puerta.

- ¡Jonathan! – Exclamó la castaña viendo al joven parado con expresión divertida frente a ella.

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- Deberíamos ir a buscarla. – Propuso Harry luego de un rato.

- ¿Y a dónde? – Le preguntó Ginny.

Ron se encogió de hombros.

- Debe estar en el baño. – Dijo Luna. Su esposo la miró extrañado.

- Siempre he pensado que tú sabes más de lo que aparentas. – Le dijo Ron con los ojos entrecerrados.

- No seas paranoico, Ronnie. – Contestó la rubia acercándose a su esposo y dándole un pequeño beso en los labios que hizo desaparecer por arte de magia la mirada desconfiada del pelirrojo y la reemplazó por una cercana a la de un tontito enamorado.

- Jajajajajaja – Comenzó a reír Ginny.

- ¿Viste algo chistoso, hermanita? – Preguntó con un ligero tono de enfado.

- Jaja claro que vi algo chistoso: ¡tu cara! Jajajajaja.

Harry y Luna comenzaron a reír junto con Ginny al ver la cara de enfado del chico.

- No molestes a mi Ronnie. – Le dijo Luna a la pelirroja con falso tono de reproche. - ¿Qué no ves que se pone rojito? – Señaló con voz de mamá mientras abrazaba al aludido y le daba un besito en la nariz.

Ron hubiera querido enojarse, pero era imposible. Esos nunca cambiarían y justamente por eso los quería tanto.

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- ¿Qué haces aquí?

- Te vi pasar desde mi oficina. Te veías bastante alterada, Hermione.

- Ahh… bueno, sí… - La verdad era que no sabía que decirle al chico. Entre sus planes al ir al baño no estaba precisamente que alguien fuera hasta ahí. La idea era estar sola. Y por sobre todo Jonathan era la persona que jamás hubiera imaginado ver ahí con ella.

Al ver el rostro indeciso de la chica Jonathan sonrió.

- Espera un momento… - La expresión de Hermione había cambiado súbitamente para pasar a una de desconfianza. – ¡Este es el baño de mujeres!

Jonathan la miró un tanto sorprendido. ¡A quién le importaba si era el baño de mujeres o el mismísimo despacho del Ministro de Magia! Él había estado en lugares mucho más públicos y a plena luz del día con otras chicas y no precisamente conversando.

Notó con satisfacción que la joven no tenía ni la más mínima idea de lo que él realmente hacía ahí. O Hermione Granger se hacía la tonta o realmente era muy ingenua.

- Eso lo sé, no es necesario que me lo digas.

- ¡Entonces! ¡Que tal si entra alguien y te ve aquí!... ¡Y nos ve aquí!

- No puedo creerlo, Hermione. – Le dijo el chico con voz dolida. – Yo que me preocupo por ti y tú me pagas así. Me preocupé realmente cuando te vi pasar frente a mi oficina llorando desconsoladamente. Somos colegas, Hermione, y eso significa mucho para mí. No se puede uno quedar de brazos cruzados viendo a un compañero de trabajo sufrir.

Tras aquella actuación digna de un Oscar Hermione lo miró con los ojos abiertos.

- Oh lo siento mucho, Jonathan. No fue mi intención tratarte así. – La ingenua joven le había creído todo. Si tan sólo hubiera conocido al muchacho un poco más no hubiera confiado ni en un "hola" por parte de él. .

- No te preocupes que en este momento yo no soy el importante. Ahora lo que importa es saber qué te sucede a ti. – Estaba realmente satisfecho. Sí, Hermione Granger era demasiado ingenua. Y él era el hombre perfecto para aprovecharse de eso.

- Verás… es un tanto difícil de explicar…

- No me digas que tiene que ver con un pelirrojo y un moreno de gafas.

- ¿Cómo lo supiste?

- Sus gritos se escuchaban de aquí a San Mungo. No fue difícil para nadie en este edificio saber lo que sucedía.

- Que vergüenza. – Susurró la chica bajando la cabeza y posando su vista en el suelo del baño.

- ¡Oh! No digas eso, Hermione. – Le dijo el joven poniendo sus manos en los hombros de la chica.

- Es que es la verdad, Jonathan. No sólo es una vergüenza el enterarme de que todos en esta oficina escucharan y vieran aquel escándalo, sino que… - En ese instante los ojos de Hermione se humedecieron.

- ¿Qué sucede? – Le preguntó el castaño visiblemente preocupado, haciendo gala de su increíble capacidad actoral.

- Es que… no sabes lo triste que es saber que quienes considerabas tus mejores amigos no te apoyen…y es tan humillante que además todos tus compañeros de trabajo además lo vean… - Para ese instante silenciosas lágrimas caían por sus mejillas.

Al verla así Jonathan pensó: Esta es mi oportunidad.

- No pienses en ellos, Hermione. – La abrazó "protectoramente" y ella se recargó en él buscando apoyo y amistad, mientras escondía su rostro entre sus manos y las lágrimas brotaban de sus ojos marrones aún más intensamente. – Yo estoy aquí para apoyarte.

- Gracias, Jonathan. – Le decía entre sollozos. - No sabes lo que significa para mi que alguien…

- Shhh… shhh no te preocupes por nada… - Le decía mientras acariciaba sus rizos. - Yo estoy aquí…

Y entonces el chico supo que por fin había llegado el momento. Lentamente tomó el rostro bañado en lágrimas de la joven y la obligó gentilmente a levantarlo hacia él. Por su parte la pobre Hermione, sumida en su propia pena, no se daba cuenta de nada.

Acercó su rostro al de ella. Lentamente. Sólo unos pocos centímetros los separaban. Ella tenía los ojos cerrados, todavía llorando, pero ya más calmada.

Estaba más cerca de su objetivo. Ya casi, se dijo mentalmente. Sólo un poco más.

Y cuando ya estaba a punto de posar sus labios sobre los de la chica…

- ¡Hermione! – Gritó Ginny al abrir la puerta del baño.

Aquel grito bastó para que Hermione abriera los ojos y se diera cuenta de lo comprometedora que era la posición en la que se encontraba con Jonathan… solos…. en el baño… abrazados. Se separó de él.

En tanto que al escuchar a la pelirroja el joven la maldijo internamente con tanta vehemencia, que si la aludida lo hubiera escuchado seguramente le hubiera lanzado una maldición imperdonable ahí mismo. Y al ver como Hermione se separaba de él un tanto avergonzada tuvo que hacer enormes esfuerzos para no ahorcar a Ginny.

- Te estábamos buscando, Herm. – Le dijo a la castaña con expresión de reproche. Y acto seguido miró al chico con una mirada que claramente decía "No te metas con mi amiga o te haré sufrir". El chico de cabellos castaños entendió perfectamente la efusiva mirada y le respondió con otra que parecía decir "Eso ya lo veremos". Ginny sintió que su sangre hervía de rabia y decidió que lo mejor era llevarse a su amiga lo más pronto posible de ahí.

- Si me disculpas Jonathan, me llevo a mi amiga. – Le dijo al chico lanzándole una fría mirada. Tomó a Hermione de un brazo y prácticamente la arrastró fuera del baño de damas.

- ¿Pero se puede saber que diablos te pasa, Ginny? – Le dijo la castaña una vez que se vio libre del agarre de la pelirroja ya varios metros lejos del baño.

- No puedo creer que me preguntes eso, Hermione. Eso fue salvarte del casanova más grande que ha pisado este departamento.

- ¿Ah? – Hermione parecía genuinamente extrañada por las palabras de su amiga. - ¿Pero de qué estás hablando?

- No me digas que no te diste cuenta de lo que ese Don Juan de pacotilla trataba de hacer. – Le dijo con ojos tan abiertos como dos platos. Y al ver la expresión de incredulidad de la chica Ginny bufó enfadada. - ¡¡Por las barbas de Merlín, Hermione! ¡¡No puedo creer que seas tan ingenua! ¡¡Estuviste a punto de caer en sus redes!

- Ginny, realmente creo que estas equivocada. Jonathan sólo actuaba como un amigo.

- Jaja. Hermione, si Jonathan estaba actuando como un amigo yo soy Severus Snape con una peluca pelirroja. – Hermione sonrió al imaginarse al arisco profesor de pociones con una peluca y un vestido dando una clase. – Jaja – Rió Ginny quien también había tenido aquella visión en su cabeza. – Bien. Volvamos al punto. El asunto es que Jonathan es un conquistador de primera. Créeme, amiga, yo fui una de sus víctimas; así que conozco sus tácticas. ¡Si hasta te lo advertí en una de mis cartas!

- Ahhhh… así que era eso a lo que te referías.

- ¡Por supuesto! Si tu eres una de las pocas que le falta… ¡o quizás la única!

- Aunque todo el personal femenino del Ministerio haya caído bajo los encantos de ese hombre, Ginny, no creo que él haya tratado de conquistarme en el baño. Estás exagerando.

- ¿Así que eso es lo que crees? – La pelirroja alzó una ceja sarcástica.

- Sí.

- Dime… ¿te dijo que se preocupaba por ti?

- Sí, pero que tú lo sepas no significa nada. Todo el mundo se preocup…

- ¿Te dijo que en ese momento lo importante eras tú y no él? – La interrumpió la chica de cabellos rojos.

- Sí… sí – Contestó la chica turbada.

- Y supongo entonces que después puso sus manos en tus hombros y que a continuación te estaba abrazando y que te dijo que…

- ¡¡¡Sí! – Hermione se tapaba la boca con las manos, avergonzada de su gigante ingenuidad. - ¡¡¡Cómo pude ser tan estúpida!

- Ay amiga. – Le dijo Ginny suspirando mientras negaba con la cabeza y le palmeaba la espalda. – No te preocupes que todas hemos pasado por eso. Lo importante es que tú sabes que él es un patán antes de que sucediera algo de lo que después te fueras a arrepentir.

- Gracias, Ginny.

- No es nada… oye, - Ginny la miró seriamente. - tengo hambre. - Vamos a comer algo porque su discusión interrumpió mi almuerzo.

- Jaja tú no cambias – El estómago de la castaña rugió sonoramente a lo que ambas rieron con ganas. – Sí, tienes razón. Vamos a comer algo.

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Hermione llegó hasta la habitación sólo con ganas de tirarse en la gran cama y poder sumirse en las profundidades del sueño. Se desvistió y puso el camisón. Cuando se metió bajo las sábanas cerró los ojos inmediatamente, sin embargo sólo después de varios minutos el sueño comenzó a dominarla. Ya estaba a punto de quedarse dormida cuando sintió que la cama se hundía bajo un peso extra. Se asustó muchísimo y seguramente se hubiera incorporado en la cama si no hubiera sido porque sobre ella se encontraba Malfoy.

- Qué diablos estás haci…

- Shhhhhhh…. – El rubio puso su dedo índice sobre la boca de la chica impidiéndole seguir hablando. La miró fijamente.

Y a continuación comenzó a besarla.

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Aquella semana sí que había sido extraña para Hermione.

Cada noche el rubio la hacía suya. Al principio habían sido una, dos veces, pero luego tres, cuatro… las que fueran posibles.

Y ella se dejaba… y por sobre todo lo disfrutaba.

Pero además tenía su pequeña venganza. Porque cada noche mientras el joven la poseía de su boca no escapaba ni un solo sonido. Ni uno.

Pudo notar primero la turbación por parte del joven, en seguida la confusión, hasta llegar al asombro, luego el enojo y por último la noche anterior que lo había visto (y sentido en carne propia) desesperado.

Era profundamente gratificante ver como Malfoy hacía todo lo posible por escucharla gritar o por lo menos gemir. Pero ella se mantenía completamente firme.

Malfoy la provocaba mientras la poseía, la incitaba a insultarlo entre besos, lo picaba con sus burlas; sin embargo jamás le suplicaba. Antes muerto.

El rubio buscaba nuevas formas de penetrarla, de tocarla, de besarla y ella se mostraba dócil a cada una de ellas, pero sin que de su boca saliera sonido alguno.

Podía notar como su actitud cada día hacía más mella en Malfoy. Lo notaba en lo hambriento que se tornaban sus besos, en lo furioso de sus movimientos al interior de ella, en la cantidad de veces que tenían sexo, que aumentaba considerablemente.

Sin embargo durante el día su relación seguía tal como antes. Los insultos iban y venían, las miradas rencorosas y las frases hirientes.

Y al llegar la noche se perdían en el cuerpo del otro.

Sin siquiera imaginarlo, Hermione comenzó a notar con culpa que la mejor parte de su día era justamente la noche. Cada día sólo esperaba ansiosa por aquellos momentos junto al rubio.

Y aunque le resultaba inmensamente gratificante verlo sufrir por la falta de sus gritos en la cama (porque fuera de ella le gritaba tanto como era posible en sus interminables discusiones), el asunto se estaba convirtiendo en una tortura también para ella. Simplemente cada día le era más y más difícil reprimirse. Estaba segura que cualquiera de esos días sencillamente explotaría en un grito ensordecedor presa de un orgasmo.

¿Por qué no podía ser como el resto de las mujeres? Toda su vida había escuchado a cerca de lo complicado que es encontrar una mujer que haya tenido un verdadero orgasmo. La mayoría tenía grandes dificultades para conocer esa maravilla y si es que lo hacía era con uno. Pero justamente tenía que ser ella la que además de tener unos orgasmos brutales y con una facilidad que le parecía abismante, resultaba ser una multiorgasmica.

¿Por qué Malfoy no podía ser como el resto de los hombres? Aunque no lo sabía por experiencia propia, ya que sólo había estado con el hurón, estaba segura que el chico era más resistente que una mula y seguramente más resistente que la mayoría de los hombres. Si tan sólo mostrara esa energía en otros aspectos como nuestra misión todo sería más fácil, pensó la chica.

Además comenzaba a pensar seriamente en la posibilidad de que Malfoy fuera algún tipo de maniático sexual o algo por el estilo. Era la única explicación posible que hallaba al hecho de que llamándola sangre sucia y despreciándola por ser hija de muggles después sin ningún empacho se acostara con ella. Y para añadir estaba el hecho de que parecía un masoquista. Mientras ella más se reprimía él parecía tener mas ganas de poseerla y lo hacía con un ímpetu y una pasión que la estaban volviendo loca.

En resumidas cuentas no sólo tenía que aguantarse, sino que tenía que reprimir sus muestras de placer el doble, el triple o el cuádruple cada noche.

Y era MUUUUUUUY difícil.

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Por milésima vez Hermione vio la hora. Eran las diez de la noche y aún ella y Malfoy no lograban nada. Cuando ambos habían llegado de sus respectivos trabajos habían comenzado a investigar y a sacar conclusiones sobre lo que tramaban los mortífagos, y nada habían logrado en las cerca de tres horas que llevaban en el despacho del rubio. Sólo habían logrado una cosa: fastidiarse mutuamente.

Ambos se quedaron en silencio, cansados hasta de discutir. Hermione se desplomó en uno de los sillones mientras el rubio lo hacía en la silla frente a su escritorio.

- Me gustaría ir a ver el pasadizo. – Finalmente la castaña rompió el silencio.

- ¿Te refieres al túnel por el que llegan los mortífagos?

- Sí. Me gustaría verlo, Malfoy.

- ¿Y se puede saber para qué?

- Para saber más sobre este asunto. – Lo miró con disgusto. – Debería haberlo visto hace mucho… ya he esperado demasiado.

Malfoy suspiró derrotado. Sabía de antemano que cualquier cosa que dijera no la haría cambiar de opinión.

- Esta bien, Granger. Pero recuerda que tendremos que hacernos invisibles. Y también espero que tengas muy claro que no estaré pendiente de tu seguridad.

- Lo que sea, Malfoy.

Con evidente desgana, el blondo se levantó de la silla.

- Vamos.

Hermione no pudo evitar levantarse de un salto del sillón. Estaba muy entusiasmada y ansiosa, segura de que esta vez si conseguirían una pista y si tenían suerte algo más.

Lo que nuestra protagonista no sabía era que no estaba equivocada…

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¡¡¡Lo sé! Me demoré muchísimo con este capi. La verdad es que el capítulo tenía muchas más cosas, pero resultó tan largo que tuve que cortarlo en dos.

Por fin terminé el semestre en la Universidad y aprobé todo. Por eso no pude escribir. Bueno, eso y una relación amorosa que resultó ser un total desastre.

Sé que prometí un one-shot, pero como la inspiración parece haberse ido de mi cabecita espero subir dentro de poco el primer capítulo de una nueva historia que da vueltas y vueltas en mi cabeza. ¡Si no la subo me vuelvo loca! Así que en vez del one-shot los dejaré con ese capi.

En cuanto a mi otra historia, la dejaré pendiente hasta nuevo aviso. Es que hay ciertas cosas en las que no me decido aún y necesito aclararlas antes de continuar.

A ver, como había prometido, aquí van tres datitos curiosos. Quizás son cosas que ustedes ya han leído en otros fics, pero ¿creían que eran verdad o sólo invento de los autores de los fics?

- Sirius Black tenía runas tatuadas en el pecho.

- Draco Malfoy nació el 5 de junio de 1980.

- Draco no tiene mascota, pero sí un águila para la correspondencia.

Creo que eso es todo. Espero actualizar pronto, cuando vuelva de mis vacaciones.

Un beso a todos quienes leen. Espero sus reviews. Y no se preocupen, que aunque no los conteste, son mi inspiración y me animan a seguir escribiendo.