El túnel por el que avanzaban con cautela Hermione y Draco, era tan antiguo como la familia Malfoy. Y como era de esperarse, en el último tiempo sólo era utilizada para propósitos oscuros y malvados.
Como era sabido por Hermione, el corredor subterráneo, que por lo menos debía medir unos cuantos kilómetros, llegaba hasta una antigua mansión, hoy abandonada. Era ahí donde se perdía el rastro de los mortífagos. ¿Cómo se trasladaban desde esa mansión en ruinas hasta su escondite secreto?
A medida que avanzaban por el oscuro pasadizo apenas iluminado por débiles antorchas cada cierto trecho, totalmente resguardados de cualquier enemigo gracias a un hechizo de invisibilidad, la chica notó roídas escaleras en las paredes que se dirigían hacia el techo de la galería. Las siguió con la mirada y pudo notar que terminaban en una especia de tapa en el techo del lugar; algo así como las tapas de las alcantarillas.
- Malfoy… - Le susurró tan bajo como le fue posible. Sin embargo no hubo respuesta. – Oye… Malfoy… - Nuevamente el chico no respondió. Maldito sordo, pensó la chica frunciendo el seño.
Lo que nuestra querida Hermione no sabía era que el chico de cabellos rubios la había escuchado desde un principio.
¡Por todos los magos! ¿Es que acaso Granger es tonta? ¡La van a oír! ¡Grita más fuerte, Granger, creo que no te oyeron en el ministerio! Pensaba nuestro joven Malfoy mientras se hacía el desentendido frente a los cada vez más fuertesllamados de la castaña.
- ¡Auch! – Aquella expresión ahogada de dolor por parte del rubio bastó a la chica para saber que por fin había captado su atención. - ¡Qué demonios crees que haces! – Le susurró dándose la vuelta y sobándose la cabeza. - ¿Quieres dejarme calvo?
- No exageres, fue sólo un tirón de pelo, Malfoy. – Le contestó la chica rodando los ojos. – Además era la única forma de llamar tu atención. Además no te veo, estúpido. Agarré lo primero que estuvo a mi alcance.
- Para la próxima procura alejarte de mi hermoso cabello, Granger.
La muchacha iba a replicar, pero prefirió hacerle la pregunta por la que se había armado todo ese barullo y así evitar que se vieran envueltos en una discusión con la que perderían tiempo valioso.
- ¿Hacia donde conducen esas escaleras en las paredes?
- Hacia distintos lugares del Londres mágico y muggle. Una forma rápida y fácil de escapar y esconderse aquí.
- ¿Osea que en cualquier momento puede aparecer un mortífago por una de esas compuertas?
-Sí, así que ahora quédate callada si no quieres que nos descubran. – Le contestó el chico con un tono de ofuscación bastante evidente. – Y sigamos avanzando que queda bastante camino por recorrer.
- Hurón. – Masculló la joven a la vez que comenzaba a caminar tras el chico.
- Te oí, rata.
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Cerca de 40 minutos después aún seguían caminando por el túnel. Hermione ya estaba bastante harta y más de una vez había tropezado con la espalda del chico al tratar de apresurar el paso. Todo su entusiasmo y ansias por descubrir el paradero de sus enemigos se esfumaba a cada segundo de su mente. En aquellos instantes tan sólo quería ir a dormir.
¡Mierda! Otra vez había chocado contra la espalda del chico. Y esta vez iba tan sumida en sus divagaciones que casi cae al duro y frío suelo del lugar.
- No vas atenta, Granger.
- No es mi culpa que tú pares de improviso. – Fue entonces cuando al levantar la vista la chica notó que el túnel se dividía a su vez en dos, una a la derecha y otro a la izquierda.
- Vamos. – Le susurró el chico.
- ¿Ah? – ¿Y éste como quiere que yo sepa por cuál de los dos senderos ir?- Malfoy… mierda, Malfoy… yo no sé cuál es el camino… - Le dijo a la nada un tanto nerviosa y rogando internamente porque el chico no la hubiera dejado sola a su suerte.
¡Esta mujer me tiene harto, farfulló en su interior el chico mientras se daba vuelta en seco y tomaba bruscamente una de las manos de la joven.
- Y ahora para de ser un maldito estorbo, Granger. – Le espetó el chico casi arrastrándola por uno de los pasillos.
Hermione no respondió. Se sentía bastante turbada al tener su mano unida a la de Draco. Y a pesar de que no podía verlas, podía sentir la calidez de la mano del rubio sobre la suya. La tenía cogida con fuerza y seguridad.
Y no pudo evitar el rubor que cubrió sus mejillas. Agradeció que fueran invisibles y se sintió estúpida al tener tales manifestaciones en una situación como aquella.
No es el momento ni el lugar, Hermione, se dijo mentalmente.
Sin embargo, por la mente de cierto rubio pasaban exactamente las mismas palabras.
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Entre tanto, lejos de ahí, en una antigua y espléndida mansión, una rubia mujer hablaba con un hombre.
- Tendremos que encargarnos de ella lo más pronto posible. – Le dijo la mujer con odio impregnado en su mirada.
- Tranquila, Narcissa. Ninguna sangre-sucia se interpondrás en nuestros planes. No te preocupes. Aún no es tiempo. – La voz del hombre era fría como el hielo.
- Pero su influencia sobre Draco… no sabemos que puede provocar ella en él. Ya una vez cayó rendido frente a una mujer y sabemos muy bien lo que es capaz de hacer. No podemos arriesgarnos nuevamente.
- No te preocupes he dicho. Démosle tiempo al niño y hagámosle creer que tiene todo bajo control. Además – Esta vez había cierto tono socarrón en las palabras del hombre. – Fuiste tú la que insistió en casar a Draco con ella.
- Sí, pero mis planes eran que Draco le sacara información, no que ella nos espiara.
- ¿Crees que ha estado espiándolos?
- Estoy segura.
- Pues entonces es una sangre-sucia muy estúpida. En todo caso no hay de que preocuparse. Draco aún no sabe nada, así que por lo tanto no hay nada que ella pueda sacarle. Por ahora deja las cosas como están, Narcissa. Ya llegara el momento en que Draco sepa todo y que nos deshagamos de su "esposa".
- Tienes razón. – Le contestó Narcissa bajando la mirada. Pero la verdad era que aún así no permitiría que esa repugnante sangre-sucia se entrometiera en los planes que tenía para su hijo. Estaba segura que esa estúpida era sabía mucho más de lo aparentaba. Ya le diría a "Thomas" que la mantuviera bien vigilada.
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No es el momento ni el lugar, Draco. Se dijo el blondo mentalmente.
Trataba de pensar con claridad en lo que estaba haciendo y que en cualquier momento podría aparecer un mortífago, por lo que tenía que estar alerta. No obstante, no podía evitar sentirse turbado por la mano de la castaña unida a la suya.
Era la primera vez que tenían algo así como un acercamiento físico fuera de su dormitorio, o más bien fuera de la cama. Era extraño, como si no estuviera bien, como si estuviera fuera de lugar. Pero a la vez se sentía bien. Su pequeña mano, tibia y suave, lo tranquilizaba y al mismo tiempo lo ponía nervioso. Suerte para él que estaban invisibles y así Granger no podía notar su rostro consternado.
Por fin, después de un tiempo que para Hermione fueron siglos, llegaron hasta lo que parecía el final del túnel.
La muchacha miró estupefacta la pared que se alzaba ante ellos impidiéndoles continuar.
- ¿Qué demonios?... oye Malfoy… el túnel termina aquí… no me digas que te equivocaste de corredor… - Le susurró.
- No, Granger. Yo no me equivoco. – La chica rodó los ojos ante la falta de humildad tan evidente de Malfoy.
- ¿Entonces?
- Entonces quédate callada de una vez por todas y no me fastidies. – Le dijo el blondo dando por terminada la discusión.
Fue entonces cuando Draco se acercó a la pared de piedra y soltando la mano de Hermione comenzó a palpar la pared.
- No te alejes de mí. – Le dijo en tono autoritario mientras continuaba su inspección.
- No pensaba irme a ningún lado. – Le contestó molesta. Sin embargo se acercó hasta el joven y lo tomó de la túnica, para que él supiera que estaba allí.
- ¡Bingo! – Draco había localizado lo que buscaba.
Presionó una de las piedras que sobresalían del muro y éste simplemente desapareció. Hermione estaba anonadada, contemplando con los ojos abiertos como la pared desaparecía de su vista.
Inmediatamente el rubio volvió a tomar su mano y la arrastró hacia la oscuridad. Al pasar por el lugar donde tendría que estar la muralla, Hermione levantó la mano con que sostenía la varita palpando el aire. Notó con asombro que efectivamente había desaparecido.
- ¿Cómo…
- Magia oscura, Granger. Vamos, apresúrate. En unos segundos volverá a aparecer.
Y tal como Draco dijo, apenas cruzaron el umbral, la pared volvió a aparecer. Hermione, aún asombrada, tocó la muralla, notando que no era ninguna ilusión. Realmente la pared aparecía y desaparecía.
Nuevamente cogidos de la mano, ambos magos avanzaron por lo que a la chica le pareció una oscura habitación. Quizás un sótano.
Entre tanto el rubio avanzaba seguro. Era evidente que conocía aquel lugar. Después de caminar un corto trecho entre la penumbra, subieron unas escaleras. Tuvieron que hacerlo con mucho cuidado, porque los escalones de madera estaban tan roídos que crujían y se astillaban a su paso.
Cuando terminaron de subir los escalones, se encontraron con una puerta de madera totalmente arruinada. Lentamente Draco la abrió y fue entonces cuando finalmente Hermione pudo ver lo que parecía una mansión en ruinas.
La castaña devoró con sus ojos el lugar, tratando de encontrar algún indicio o pista que le indicara como era que los mortífagos viajaban desde ese lugar hasta su escondite.
Pero el lugar parecía estar abandonado completamente hace años. Las maderas en el techo y piso estaban podridas y grandes agujeros se abrían en ellas. Muchas de las paredes estaban caídas y absolutamente todo estaba cubierto de telarañas y polvo. Además absolutamente todo se veía negro, como si en algún tiempo un incendio hubiera tratado de arrasar sin éxito con el lugar, que a duras penas lograba mantenerse en pie.
La castaña no lograba entenderlo. Aquella casa parecía más apropiada para ser utilizada como un refugio o un escondite en último caso.
Volvió a observar la mansión. Las cortinas sólo eran pequeños jirones de tela quemada. Los muebles estaban la mayoría carbonizados y los pocos que aún existían estaban completamente chamuscados. Los adornos y lámparas, los cuadros y tapices, todo, absolutamente todo estaba destruido.
Draco también observaba atentamente a su alrededor sin perder detalle. Sin embargo él sabía lo que buscaba. Había escuchado en una ocasión a Goyle decir algo que le había dado una gran idea. El problema era que no conocía su forma.
De improviso, un ruido proveniente del segundo piso los alertó. ¡Mierda! No estaban solos.
Agudizando sus oídos, y totalmente quietos, escucharon lo que parecía una conversación entre dos hombres. Al parecer uno era Nott, pero ni siquiera Draco fue capaz de reconocer la voz del otro; por lo que supuso era un mortífago de poca monta.
- Supongo que esta es tu primera visita a la mansión Malfoy. – Le dijo Nott al desconocido, el cual asintió.
Inmediatamente los ojos de Draco y Hermione se abrieron como platos, comprendiendo perfectamente lo que significaba aquello. Debían volver inmediatamente a la casa.
- Me han dicho que es enorme. – Comentó el mortífago.
- Sí. Draco tiene suerte.
Para entonces ambos hombres ya estaban en el primer piso, acercándose hacia el sótano. El rubio tiró de Hermione para seguirlos.
Pronto se vieron bajando sigilosamente las destruidas escaleras tras ambos mortífagos.
- Espera. – Ordenó Nott al mortífago. - ¿Escuchaste eso? – Le preguntó señalando hacia arriba. Nott se dio media vuelta y miró hacia arriba, quieto como si tratara de ver o escuchar a algo que estaba ahí.
Por inercia Hermione apretó con fuerza la mano del rubio, temiendo lo peor. Quizás los había escuchado. ¡Los había descubierto!
Tanto ella como Draco se quedaron quietos como estatuas. Esperando.
- Yo no escuché nada. – Dijo el otro encogiéndose de hombros.
- Voy a ver. – Dijo Nott comenzando a subir los escalones de vuelta hacia la casa en ruinas.
¡Con una mierda!, pensó Draco antes de empujar bruscamente a la castaña hacia la pared, justo a tiempo antes de que el mortífago pasara por su lado. Ambos se quedaron completamente inmóviles, sin mover un solo músculo. Incluso contenían la respiración mientras veían pasar a Nott casi rozándolos.
Después de unos minutos que al matrimonio les pareció un siglo, en que escucharon al mortífago caminar de un lado a otro por la casa. Finalmente lo oyeron exclamar "Maldita" y lanzar un hechizo.
Hermione y el rubio no pudieron evitar un crispamiento en sus cuerpos, pensando que quizás había alguien más en el lugar y que había sido descubierto y atacado por Nott.
- ¿Y? – Preguntó el otro mortífago, que había estado bastante aburrido mientras esperaba.
- Era una condenada rata. – Dijo Nott de mal humor, situándose a su lado y volviendo a bajar.
Hermione reprimió un suspiro de alivio al escucharlo. Y fue entonces cuando se dio cuenta de donde había quedado apoyada una de las manos de Draco. Había sido tanto el miedo y la adrenalina del momento, que ninguno de los dos se había percatado que al empujar Draco a la joven apresuradamente contra la muralla, su mano izquierda había quedado justamente sobre el seno derecho de la chica. Claro, había que tomar en cuenta que él no la veía y que en aquel instante por su rubia cabeza pasaba de todo menos sexo.
Sin embargo el peligro ya había pasado. Por lo menos el peligro más grave. Y ahora ambos se daban cuenta de su comprometedora posición. No podían ver, pero el rubio, despejada ya su cabeza, notó con claridad lo que su palma abierta estaba abarcando. Abrió los ojos con espanto y notó con claridad, antes de retirar su mano rápidamente de allí, como el pezón de la chica se endurecía.
¡Oh no!, pensó Hermione notando ella también como su cuerpo respondía al tacto de la mano del joven. ¡Qué verguenza para ella!
Ambos se quedaron un par de segundos sin tocarse y pensando en lo bochornoso que resultaba el asunto. Pero como su prioridad en esos instantes era regresar a la mansión antes que los mortífagos, no podían darse el lujo de permanecer más tiempo en esa escalera presos de la incomodidad. Ya más tarde habría tiempo para eso.
El rubio volvió a tomarla de la mano y con una suerte increíble alcanzaron a los hombres en el preciso instante en que la pared desaparecía.
- Quizás hasta podríamos hacerle una visita a la señora Malfoy. – Dijo Nott mientras caminaban por el túnel. El rostro del rubio se tensó al oirlo.
- No sabía que Draco estuviera casado. – Comentó el otro.
- ¡¿Pero en qué mundo vives, Travis! – Le dijo Nott verdaderamente asombrado. – Salió en todos los periódicos. – Añadió.
- No acostumbro leerlos. – Le dijo el joven como si fuera lo más normal del mundo.
Con razón eres un estúpido, pensó Nott.
- ¿Y cómo es ella? – Preguntó después de un rato de silencio el chico. Parecía haber imaginado durante todo ese tiempo el aspecto de la mujer que había atrapado al mujeriego Draco Malfoy.
Nott lo observó divertido y lanzó una carcajada antes de responderle.
- Mmmm… digamos que ese ratoncito de biblioteca se ha convertido en una brujita bastante apetecible. – Le contestó Nott con mirada lujuriosa.
Al escucharlo Draco apretó con fuerza la mano de la chica. Ésta tuvo que reprimir un quejido de dolor.
Travis miraba a Nott desconcertado.
- ¿A qué te refieres con eso de ratoncito de biblioteca, Nott? – El aludido lo miró recordando que el mortífago a su lado era aún un mocito de apenas 18 años que había estudiado en Durmstrang, por lo que seguramente jamás en su vida había oído hablar de Hermione "ratón de biblioteca" Granger.
- No importa. El asunto, mi querido Travis, – Continuó con voz fría el chico de cabellos negros. – es que la esposa de Draco incluso a mi me provoca el plantearme eso de la soltería.
- ¿Hablas en serio? – Le preguntó el chico asombrado.
- No. – Le contestó Nott divertido. – Pero sí estaría dispuesto a darme un buen revolcón con ella. – Ambos mortífagos estallaron en carcajadas.
Entre tanto, Hermione escuchaba la conversación con creciente incomodidad. ¡Qué asco! Ese Nott era despreciable y hablaba de ella como si fuera un simple pedazo de carne.
Si la castaña hubiera podido ver el rostro de su esposo hubiera notado que si las miradas mataran, Nott estaría muerto.
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Varios minutos después Hermione y Draco llegaban al final del túnel con prisa. Hace rato que habían dejado a los mortífagos atrás, pasando por su lado y apurando el paso para llegar a la casa antes que ellos.
Corrieron a prisa hacia la mansión y Draco prácticamente la arrastró escaleras arriba.
Al llegar a la habitación casi con desesperación se quitaron sus ropas a la velocidad del rayo y mientras el rubio quedaba sólo en ropa interior, la chica se puso su camisón. Ninguno siquiera se molestó en fijarse en el cuerpo del otro.
De un salto ambos estaban bajo las sábanas, sin mover un músculo. Atentos a cualquier sonido proveniente del exterior de la casa.
Después de unos cuantos minutos Malfoy observó como la punta de su varita se tornaba de un rojo intenso. Esa era la nueva manera que tenían los mortífagos para contactarse.
- Nott me esta llamando. – Le dijo a la joven simplemente a la vez que se levantaba lentamente de la cama y se ponía una bata negra de seda.
Con paso seguro y tranquilo el rubio salió de la habitación sin siquiera dirigirle una mirada a Hermione. Ella no supo que decirle ni que hacer. Simplemente lo vio partir, temiendo que nada bueno saldría de la conversación que tendría Malfoy con los mortífagos.
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- ¡Malfoy! ¡Por fin te dignas a hacernos gala de tu aristocrática presencia!
- A qué viniste, Nott. – Le dijo Draco fastidiado.
- ¡Uy pero que humor! – Le dijo el chico con tono alegre. – ¡No me digas que interrumpimos algo! – Añadió poniendo cara de sorpresa y tapándose la boca can ambas manos. - ¡No fue JAMÁS nuestra intención!
- Deja las estupideces de lado y dime a que viniste.
Ambos jóvenes se miraron a los ojos fijamente. Realmente se odiaban. Travis pasaba su vista de uno a otro totalmente perdido.
- Vine a decirte que tendrás que partir de viaje en dos días. Tu madre te espera en Noruega. – Los ojos azules de Nott brillaban con intensa malicia al ver como el rubio fruncía ligeramente el entrecejo.
- Por cuánto tiempo.
- Una semana… quizás dos. Quién sabe… hasta podrían ser tres.
Nott disfrutaba increíblemente al ver como con cada una de sus palabras la ira interna de Malfoy aumentaba, reflejándose en la arruga en su frente que aumentaba y aumentaba.
- Bien. – Finalmente Draco había roto el tenso silencio. – Puedes irte.
- Ya me voy, mi querido Draco. – El rubio observó como los dos hombres daban media vuelta y caminaban hacia el túnel. - ¡Ah! ¡Casi se me olvida! – Nott se había detenido y lo miraba con auténtica maldad. - ¡Dale mis saludos a la adorable señora Malfoy!
El rubio apretó los puños con fuerza para evitar lanzarse como una fiera sobre el mortífago. Lo odiaba. Lo odiaba demasiado.
Y comprobando que el túnel quedaba bien cerrado, el joven subió hasta su habitación reflexionando sobre lo que le acababan de comunicar.
Era extraño. Hace mucho tiempo que su madre no lo mandaba al extranjero para atender asuntos monetarios. Ahora que era ella la que viajaba la mayor parte del tiempo era casi innecesario que él tuviera que encargarse de sus propiedades y su dinero fuera del país.
Y sin embargo su madre requería de sus servicios. ¿Sería realmente para eso? ¿O finalmente le confiaría un papel más importante?
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La castaña, de espaldas en la cama hacia la puerta, escuchó como ésta se abría para que el rubio entrara. Percibió como él se quitaba la bata y finalmente se acostaba en la cama.
- ¿Qué querían? – Le preguntó la chica, demasiado ansiosa como para esperar a que él le contara al día siguiente.
Draco se demoró unos instantes en contestar.
- En dos días debo viajar a Noruega y encontrarme allí con mi madre. – Le contestó el joven con voz realmente cansada.
- ¿Y para qué?
- Supongo que para lo mismo de siempre: asuntos monetarios.
La verdad era que podría haberle comentado a la chica sus sospechas, pero no estaba de humor como para tener una larga y eterna discusión sobre mortífagos y sus planes. Conociéndola, empezaría con sus conclusiones y no habría forma de pararla.
- Ah. – Fue lo único que pudo decir Hermione. Realmente no sabía mucho sobre el dinero y las propiedades de su esposo.
Por eso mismo era que estaba dispuesta a preguntarle cuando repentinamente el joven habló.
- ¿Y entonces…
- Buenas noches. – La cortó súbitamente Draco.
Hermione no lo podía creer. Se dio media vuelta en la cama y vio con asombro como el chico se acomodaba dándole la espalda para caer inmediatamente en un profundo sueño.
¡Pero qué diablos es esto!, pensó la chica. No pudo evitar que una profunda decepción, aún más grande que la rabia que le producía que la dejara con las palabras en la boca, se apoderar de su ser.
Y aquella decepción, aunque ella no quisiera reconocerlo, tenía una sola razón.
Después de tantas noches "agitadas", volvería a tener una noche completamente tranquila.
Y eso no la alegraba precisamente.
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Hermione despertó asustada. Se incorporó a medias en la cama y observó al responsable de los murmullos y exclamaciones que no le habían permitido continuar su sueño.
- ¡Sofía! ¡Sofía! – El rubio parecía tener una pesadilla.
Y al escuchar ese nombre Hermione recordó la historia que Malfoy le había contado tiempo atrás. Sofía era la mujer a la que el blondo había amado tanto. Y al notar su rostro compungido y su voz anhelante la castaña sólo pudo pensar que quizás a la que todavía amaba.
Algo en su pecho se removió al tener ese pensamiento. No sabía lo que era, pero no le gustaba.
Acercó una de sus manos para despertarlo, pero justo antes de tocarlo el joven pareció calmarse. Hermione se quedó quieta, esperando un nuevo chillido. Nada. Malfoy volvía a dormirse tranquilamente.
Lo observó unos instantes, con miles de pensamientos contradictorios revoloteando por su cabeza totalmente confundida, antes de acomodarse de espaldas a él dispuesta a dormir.
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Otro día más de trabajo.
Con sólo pensar en aquello Hermione frunció el ceño mientras miraba la montonera de papeles sobre su escritorio.
No se sentía con ánimos de trabajar. Se había levantado de mal humor y no sabía por qué.
¿O sí lo sabía y no quería reconocerlo?
- ¡Menuda estupidez! – Exclamó tirando un montoncito de papeles lejos de su escritorio.
Toc toc toc
La muchacha observó la puerta con aprehensión. Por favor que no sea Jonathan, pensó afligida. Últimamente el chico se le aparecía hasta en la sopa y sus intentos de conquista ya la tenían harta. Gracias a Ginny había descubierto que ella era su nuevo objetivo. Y aunque reconocía que el tipo era extremadamente guapo y galante, simplemente no le atraía y no tenía ganas de tener nada con nadie por el momento. Además, estaba el hecho de que ella se suponía era una mujer felizmente casada. Y no se vería para nada bien que anduviera por ahí con otros si se suponía que ella amaba a Malfoy. Se preguntó si acaso el chico pensaría igual. La verdad era que no lo había visto con nadie y menos había llevado a alguna amiguita a la mansión. Sin embargo ella no podía saber que hacía su rubio esposo fuera aquellas cuatro paredes.
- Adelante. – Dijo rogando internamente porque no fuera Jonathan.
- ¡Herm!
- ¡HARRY! – No podía estar más aliviada. Era tanto que corrió a abrazarlo.
- ¡Pero si te vi hace unos días! – Le dijo el chico riendo por la reacción de su amiga. - ¿No crees que estás exagerando?
Hermione se sintió un tanto avergonzada, por lo que un tanto ruborizada rompió el abrazo.
- Nunca se exagera cuando se trata de los amigos, Harry.
Tanto la castaña como el chico de la cicatriz dieron vuelta sus rostros para mirar a la recién llegada que había hablado.
Era una joven realmente hermosa, de cabellos negros y unos ojos azules como el mismo cielo. Su piel blanca contrastaba con lo rojo de sus labios; y sus mejillas ligeramente sonrosadas le daban un toque verdaderamente encantador.
- Herm, te presento a mi novia: Sara Savage. – Le dijo el joven de gafas mientras tomaba la mano de la joven y ambos se sonreían con ternura.
- Mucho gusto, Hermione. – La castaña se acercó a la joven para darle la mano, pero se llevó una gran sorpresa al notar que la muchacha la abrazaba. – He escuchado tantas cosas buenas de ti, Hermione. – Le dijo con entusiasmo.
Al verse libre de aquel abrazo la castaña notó que la joven le sonreía cálidamente. No pudo evitar sentirse incómoda. Sentía que aquella joven la opacaba, como si fuera mejor en todo que en ella, como si fuera capaz de ganarle en cualquier cosa. A pesar de que Sara era más baja de estatura, Hermione se sintió como una niña pequeña admirando a un inalcanzable.
- Espero que podamos ser buenas amigas. – Le dijo la joven de ojos azules.
- Yo también. – Le contestó con una sonrisa. Pero en el fondo sabía que no lo decía sinceramente. Había algo en Sara Savage que no le gustaba, algo que la incomodaba y la hacia sentirse vulnerable. Y a pesar de percibir que era una buena persona y que sus palabras y sus gestos eran sinceros, no dejaba de sentirse perturbada.
Hermione no sabía cuanta razón tenía.
Aquella joven solo le traería más preocupaciones a su ya de por sí ajetreada vida.
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Aquí me tienen con el la segunda parte del capi anterior. Ahora se dan cuenta de que si los dejaba juntos hubiera quedado excesivamente largo. Bueno, no hay escenas romanticotas ni nada por el estilo, pero espero que les guste y supongo que les traerá aún más dudas.
El personaje de Sara Savage es inventado por mí, pero no quise sacarlo de la nada. Por eso pensé que su madre podía ser Hestia Jones o por último ser familiar de ella. Si saben como es físicamente Hestia se darán cuenta de que me refiero. Y en cuanto a Savage, es un personaje que también existe en los libros.
Los dos próximos capítulos me encantan. En ellos por fin veremos a nuestros protagonistas celosos el uno del otro.
Recuerden… ¡¡¡REVIEWS!
No me gusta eso de que si no consigo 40 reviews no subo el próximo capi, pero igual espero sus comentarios. Me pongo muy contenta al leerlos y son mi ánimo para seguir.
Subí el primer capi de una nueva historia, espero que la lean. Se llama "Aquellos ojos grises"
Muchas gracias a:
Alanis Malfoy, iris warren, snapeforever, Caperucita Roja, MALFOYTEAMO, Kmiriel, Terry Moon, kisymy, LaBelle Evans, ProngsAndMoony, celia+ç, Lara Malfoy-Lynn, delita, Neishon, D.R.A.G.O.N. RRQ, annia, Aleja M, LilyRiddle86, EROL HARUKA, Shirru-Malfoy, shey, Sailor Alluminem Siren, Luthien, Asuka16, ALEJAMOTO DIETHEL.
Y creo que eso era todo para el capi anterior. A todos los que me escribieron en los capis anteriores también MUCHAS GRACIAS!
Un saludo gigante para todos y un beso!
