No he dejado esta historia. Sé que este capi es un poco corto, pero ya los recompensaré.

Miles de gracias a todos quienes me han dejado sus reviews y muchas gracias por sus saludos y por su preocupación por mí. Ya me siento mucho mejor y en gran parte gracias a sus palabras. Me emocioné mucho al leerlas. De todo corazón gracias.

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- ¿Para qué crees que Snape nos llamó? – Le preguntó Ron a su esposa mientras esperaban fuera del despacho de Snape a que éste apareciera.

- No lo sé, pero si nos dijo que no le dijéramos a nadie supongo que debe ser algo importante. – Contestó Luna. – Debo confesarte que me sentí bastante mal cuando le mentimos a Hermione diciéndole que iríamos a comer a un restaurante sólo tú y yo.

- ¡Luna, eres demasiado buena! – Respondió Ron abrazando a su esposa y echándose a reír.

- No es que sea tan buena, es que tú eres demasiado despreocupado.

- No lo soy. – Le dijo el pelirrojo arrugando el entrecejo. – Y para demostrártelo no sabes cuanto me preocupa que en estos momentos no te estoy besando. – y dicho aquello atrapó los labios de su esposa en un dulce beso.

- Creo que interrumpimos, Harry.

- ¡Ginny! – Exclamó Ron separándose de Luna. - ¿Qué hacen ustedes aquí?

- Snape nos mandó a llamar. – Les dijo Harry encogiéndose de hombros. – Y no me preguntes la razón porque no tengo ni la menor idea. – Prosiguió el ojiverde adelantándose a al pelirrojo.

- Esto está raro. – Comentó Ginny. - ¿Y por qué no llamó también a Hermione?

- Ni idea. – Dijeron Ron y Harry a la vez.

- ¡A que no adivinan lo que vimos hoy en el Ministerio! – Exclamó de repente Ron.

- ¿Qué?

- Malfoy fue a buscar a Hermione al trabajo. – Comenzó a relatarles Ron tal como una chiquilla contándoles un chisme a sus amigas.

Y después de contarles todo lo sucedido en esa oficina exclamó:

- ¡No sé ustedes, pero yo creo que Malfoy es un maldito cretino y que ni en diez vidas él y Hermione podrían estar enamorados!

- ¡Ron! – Lo reprendió su esposa. – Ya te dije que quizás sólo fue una pelea.

- Quizás Luna tiene razón. – Concedió Ginny.

- ¿Entonces quien explica que Hermione le haya reclamado a Malfoy por algo que él le había hecho? – Acotó Harry.

- Esas son cosas de casados, yo también le he reclamado a Ron muchas veces cuand…

Pero Luna no pudo continuar, porque un sonoro gemido fue escuchado por todos. Un gemido proveniente del despacho del Profesor de pociones.

- ¿Qué diablos fue eso? – Preguntó Harry.

- Un gemido. – Respondió el pelirrojo.

- No me digas, Ron. – Contestó irónica Ginny.

- ¡Pues eso preguntó Harry!

- ¡Silencio! – Chilló Luna. – A mí me pareció una mujer.

- Y a mí me pareció… ehhh… bueno… Hermione. – Dijo Ginny.

- ¿Hermione? – Preguntó incrédulo su hermano. - ¿Y por qué ella tendría que estar ahí dentro gimiendo?... ¡Ya sé! ¡Ese malvado de Snape debe estar haciéndole algo malo!

Todos lo miraron con expresiones que decían "estúpido".

- Ay Ronnie. – Suspiró Luna. – Siempre tan lento. Pero no te preocupes que yo te quiero así.

- No entiendo… entonces ¿qué pasa ahí dentro?

Fue entonces cuando otro gemido se escuchó, acompañado de palabras que llegaban apagadas producto de la pared. Sólo que esta vez era de un hombre.

Los ojos de Ron se abrieron de para en par al comprender la situación.

- ¡Ese era Malfoy!... y si la otra voz es la de Hermione… ¡Por Merlín! – Harry rodó los ojos. - ¿Ustedes creen que ellos estén… ya saben?

- ¿Haciendo el amor? ¿Teniendo sexo? ¿Haciendo pequeños huroncitos albinos y de pelo indomable? – Le preguntó la pelirroja. – Yo creo que sí.

- ¡Ginny! – Exclamó su hermano escandalizado. Todavía le costaba aceptar que su hermanita menor era toda una mujer. – Además quizás sólo están conversando. Hoy estaban peleados.

- A mi me parece una excelente forma de reconciliarse. – Acotó Ginny.

- Ginny tiene razón, Ron. Además, teniendo en cuenta su pasado… no debería extrañarte.

- No comprendo.

- ¡Por Merlín, Ronald! – Estalló Ginny. – Dos personas que se odian de la forma en que Hermione y Malfoy sólo pueden terminar de dos maneras: amándose o matándose. Ellos eligieron la primera y… ¡sólo piensa que ahora en vez de pelear y discutir como en el colegio descargan esas tenciones de otra manera!

- ¡Ya entendí! – Gritó Ron.

- Mierda, ¡silencio ustedes dos! – Los reprendió Harry.

- Lo siento, Harry. Es sólo que es un tanto perturbador el saber que una de tus mejores amigas esta a sol unos pasos de ti… y teniendo sexo con un bastardo. – Se defendió Ron.

- Lo sé, Ron.

- Supongo que ahora sólo nos queda esperar. – Dijo Ginny.

- Por supuesto. Yo ni loco entro a ese despacho. –Dijo Ron.

- Somos dos. – Añadió Harry.

- Tres.

- Cuatro. – Completó finalmente Luna.

- ¿Cuatro qué?

Todos se dieron vuelta para observar al dueño de esa voz que conocían tan bien.

- ¡Profesor Snape! – Exclamó el pelirrojo.

- Quite esa expresión de su rostro, Sr. Weasley. Ya no es mi alumno, no voy a castigarlo. – Le dijo el hombre con voz fría.

- Sí… sí, señor… disculpe… profesor. –Tartamudeó el chico.

Snape chasqueó la lengua perdiendo la paciencia. Y mirando a todos preguntó:

- ¿Sólo ustedes han llegado?

- Ehhhh… no… - Comenzó Ginny. - Hermione y Malfoy también están aquí, pero…

- ¡Bien! ¿Y dónde están?

- En su despacho, pero…

- ¡Mejor! Vamos todos adentro. Síganme.

- ¡No, espere! – Gritó Ron interponiéndose entre el arisco profesor y la puerta.

- ¡Basta de tonterías, Sr. Weasley! – Bramó el hombre.

- Usted no entiende. No es buen momento para entrar.

- ¡Tonterías! – Y dicho aquello pasó junto al joven y abrió la puerta.

- ¡Espere! – Fue lo último que gritó el muchacho antes de ver como se abría la puerta.

- Sólo espero que esos dos estén decentes. – Murmuró Harry.

- Aún no escucho gritos, así que supongo que sí. – Dijo Luna.

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Cuando Snape entró a su despacho seguido de cerca por Ron, ambos pudieron observar a una Hermione más tiesa que una tabla mirándolos con ojos como platos y a un Draco completamente sereno.

- No sé cuál era el escándalo, Sr. Weasley. Aquí dentro todo esta bien. – Le dijo molesto el Profesor, a lo que el pelirrojo lo miró con rencor, antes de posar su vista en Hermione, quien había abierto aún más los ojos al escuchar al hombre de cabellos negros.

Ron notó que la chica entrelazaba frenéticamente las manos y que parecía bastante agitada. El pelirrojo entrecerró los ojos, y al verse la chica sometida a tal escrutinio por parte de su amigo, miró nerviosamente a su esposo; quien a su vez observó a Weasley con descaro.

Aquello parecía una lucha de miradas. Y Ron pasaba su vista de uno a otro tratando de encontrara algún indicio que confirmara las sospechan que tenían mientras se encontraban fuera del despacho.

Harry, Ginny y Luna entraron en ese momento, y al igual que Ron, sometieron al rubio y la castaña a un exhaustivo examen visual, cada uno sacando sus propias conclusiones.

Por favor, por favor que no nos hayan escuchado, pensó la castaña.

Mientras Harry observaba cierto bulto en la entrepierna de Malfoy, Ginny sonreía maliciosamente a su amiga y Luna le dirigía a Hermione una mirada comprensiva, ésta sólo era capaz de enrojecer cada vez más notando que su amigos parecían estar plenamente concientes de lo que ella y Malfoy habían estado haciendo.

- Sólo falta una persona para comenzar. – Dijo Snape.

Draco estuvo a punto de preguntarle a su padrino quién faltaba o, mejor aún, ¿qué diablos estaban haciendo ahí San Potter, el Pobretón, la pequeña Comadreja y la Lunática?

Sin embargo por lo menos una de sus preguntas fue respondida al instante cuando Albus Dumbledore entró al despacho con su habitual sonrisa.

- Me alegra verlos a todos reunidos nuevamente. – Les dijo a modo de saludo el anciano director de Hogwarts. – Severus, por sus caras asumo que aún no les has explicado ¿me equivoco?

- Lo esperábamos a usted para comenzar.

- ¡Bien! – Y dirigiéndose a los jóvenes les dijo entusiasmado. - ¡Por favor tomen asiento!

Ginny y Luna fueron las únicas que se sentaron. Entretanto Draco aprovechó para acercarse a Hermione, posando relajadamente una de sus manos en la cintura de la joven.

- Todos sabemos bien que aún quedan mortífagos sueltos. – Comenzó Dumbledore. – Y también sabemos todos que una de las tácticas más utilizadas por los aurores ha sido siempre la infiltración. Severus sabe mucho de eso, y justamente por esa razón es que en forma conjunta con el Ministerio hemos estado trabajando desde hace bastante tiempo a través de un mago de confianza que durante muchos años nos ha prestado su ayuda infiltrándose entre las filas de mortífagos y dándonos información valiosísima.

Todos lo miraban atentamente, a excepción de Draco, quien observaba a Snape bastante confundido, exigiéndole con la mirada una explicación para lo que creía que el anciano mago estaba a punto de hacer. El profesor de Pociones le hizo un gesto indicándole que no habría problema.

- Esta persona de la que estoy hablando incluso tuvo mucho que ver con la caída de Voldemort y de sus más fieles seguidores. – Y después de una pausa que pareció un siglo, finalmente continuó. – Estoy hablando de Draco Malfoy. – Inmediatamente todas las cabezas se voltearon a mirar al rubio, quien parecía a punto de estrangular al Director. – Sí, Draco ha sido una gran ayuda. – Afirmó el hombre mirando al aludido serenamente, expresándole un sincero agradecimiento.

- ¿Qué es lo que nos esta tratando de decir? – Preguntó Harry.

- Les estoy tratando de decir que desde ahora en adelante ustedes también tendrán cierta participación en esto. El matrimonio de Hermione y Draco… - En ese momento tanto la castaña como el rubio caso podían jurar que el anciano estaba a punto de revelar que su matrimonio era una farsa. - … nos pilló por sorpresa a todos, pero resultó traernos ciertos beneficios. – Ambos jóvenes miraron con asombro a Dumbledore. ¡No había dicho la verdad! ¡¿Por qué! – Nos ha permitido tener mayor con tacto con los informes de Draco, sin levantar sospechas, a través de Hermione. Les preguntamos y ambos han estado de acuerdo.

- ¡Pero Hermione podría estar en peligro! – Exclamó Ron.

- Es ahí donde entran ustedes. Son las personas de más confianza para nosotros y queremos que estén atentos para proteger a su amiga y, por supuesto, a su esposo.

- Yo no necesito a nadie que me proteja. – Replicó fríamente Draco.

- No es momento para ser orgullosos, Malfoy. – Le contestó Harry. – Personalmente creo que es muy irresponsable de tu parte exponer así a tu propia esposa, pero si no que da otro remedio estoy dispuesto a involucrarme y apoyarlos en lo que pueda. Si amas y te preocupas por Hermione sabrás que no la abandonaremos y por ende, a ti tampoco. – Y con una sonrisa añadió. – Sé que Hermione no nos perdonaría que dejáramos que algo te pasara. Y la verdad es que ya la he visto enojada y quisiera llegar vivo a mis 30. – El chico cambió su expresión risueña a una más seria. – Tú también, Hermione. Nunca creí que fueras tan irresponsable.

Hermione se limitó a bajar la cabeza. Sin embargo Draco no se iba a quedar callado. Cuando estaba a punto de rebatirle a Harry una voz interrumpió.

- Entonces está decidido. – Dijo Snape. – ya saben lo que esta ocurriendo y los mantendremos informados. – Añadió dirigiéndose a Harry, Ron, Luna y Ginny. – En cuanto a ustedes dos, sé que en unos momentos tú Draco debes irte y supongo que mientras se encuentre sola Sra. Malfoy no dudará en pedir ayuda a sus amigos si es que tuviera algún inconveniente.

- No se preocupe. Así lo haré. – Contestó Hermione.

- ¡Bien! – Exclamó Albus Dumbledore. – ¡Esta reunión has sido todo un éxito!

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Una vez fuera del despacho del Profesor de Pociones, un incómodo silencio se apoderó del ambiente.

- ¡Merlín, Hermione! – Gritó de súbito Ginny, ganándose miradas sorprendidas por parte de todos. – Te apoyé en esto, pero ¡jamás pensé que tu marido fuera un mortífago!

- Ex–mortífago, Weasley. – Corrigió Draco.

- ¡Es lo mismo! ¡Para los mortífagos tú sigues siendo uno de ellos! – Y acercándose a Draco y apuntándole amenazadoramente continuó. – ¡Escúchame bien, Malfoy! ¡Cuando esos bastardos descubran la verdad, y espero de corazón que eso jamás suceda, no tendrán piedad ni de ti ni de Hermione!

- Sabemos lo que estamos haciendo. – Contestó el rubio malhumorado.

- Espero que así sea. – Dijo la pelirroja cruzándose de brazos.

Nuevamente el silencio se apoderó del lugar.

- Yo tengo que irme. – Dijo de pronto Draco mirando a Hermione.

- ¿Ahora mismo? – Le preguntó la castaña.

- Sí, ya habíamos hablado de esto ¿recuerdas?

- Sí… - Balbuceó Hermione evidentemente incómoda.

Draco también lo estaba y más aún si los cuatro chicos los miraban como si se tratara de un show en un parque de diversiones. Tomando a Hermione del brazo se la llevó unos metros alejada de sus amigos.

- Me hubiera gustado terminar lo que empezamos en ese despacho antes de irme. – Le dijo mirándola a los ojos, ejerciendo mayor presión en el brazo de la joven.

- A mí también. – Susurró Hermione, sonriéndole tímidamente.

Y Draco no pudo aguantar más. Se apoderó de la boca de Hermione apasionadamente, estrechándola fuertemente entre sus brazos, explorando con su lengua todos los rincones de la boca de su joven esposa.

Ambos se olvidaron de todo, porque eso es lo que consigue un beso perfecto, que te olvides de todo lo que sucede a tu alrededor. Sólo eres capaz de sentir a la persona que te esta besando.

Cuando se separaron, no fueron capaces de romper al abrazo. Se encontraban en un estado de euforia que no eran capaces de comprender.

Al sentir los suaves besos de Draco en su cuello Hermione cerró los ojos. Se sentía tan feliz. ¿Por qué? No lo sabía. Lo único que tenía claro era que no quería que Malfoy se fuera. Se apretó aún más a él. No le hubiera importado permanecer así por largo tiempo.

Sintió como el chico también apretaba sus abrazos con más fuerza a su alrededor y suspiraba.

- Esto me esta costando más de lo que me costaría abrazar a Potter. – Le dijo el rubio, provocando que la joven riera. Separándose un poco de ella para poder mirarla continuó. – Recuerda que si tienes cualquier problema debes llamar a esos escandalosos amigos que tienes.

- Sí, Malfoy. No soy una niña.

- Y que debes tener cuidado con Pansy. – Prosiguió ignorando el cometario de la muchacha.

- Sí. – Dijo ella cansinamente rodando los ojos.

- Y no se te ocurra ir hasta el túnel.

- Sí, Malfoy.

- Y no permitas que ningún desconocido entre a la casa.

- Sí, Malfoy.

- Y… ¿Por qué diablos no te estoy besando? – Le dijo arrancando otra risa más por parte de Hermione y atrapando nuevamente los labios de ésta.

Se estuvieron besando largo rato, juntando sus cuerpos y acariciándose por sobre la ropa, olvidando por completo que tan solo unos metros más allá cuatro jóvenes los miraban con la boca abierta.

Draco dejó la boca de la castaña y se dirigió hasta su cuello, repartiendo besos a lo largo de éste y haciéndola suspirar.

- ¡Auch! – Soltó repentinamente la castaña llevándose una mano hasta el cuello. – ¡Si serás tarado! – Le dijo al rubio golpeándolo suavemente en el pecho y sin poder evitar que una sonrisa se asomara en su rostro, indicio de que no estaba realmente enojada. - ¡Me va a quedar una marca!

- Por supuesto. – Le dijo él evidentemente satisfecho con su labor. – Una bonita marca que significa que… - Y acercándola a el le susurró al oído un par de frases que hicieron a Hermione enrojecer hasta la raíz del pelo, arrancándole a la chica un gemido. Le mordió suavemente el lóbulo de la oreja antes de separarse de ella. – Adiós, bonita. – Le dijo para posteriormente darle un fugaz beso en los labios a la chica, acariciar con ternura su mejilla y dar media vuelta alejándose por el pasillo.

- Adiós. - Susurró la joven, quien permaneció en la misma posición por largo rato, perdida en sus propios pensamientos.

- ¡Demonios, Hermione! Jajajajaja ¡Ese sí que es un gran chupón! – Le gritó Ginny sacándola de su trance.

- Debe ser una picadura o algo así. – Le contestó la castaña tapándose.

- ¡Ja! – Se burló Ron. – Te creería si no hubiésemos visto el espectáculo.

Hermione abrió la boca avergonzada, mientras sus amigos estallaban en carcajadas y lanzaban comentarios bastante subidos de tono acerca de ella y Malfoy.

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Al llegar a la mansión la joven se desplomó en uno de los sillones. Mientras cerraba los ojos y dejaba que su cuerpo se relajara, se preguntó cual había sido la razón por la cual Albus seguía ocultando que ella y Malfoy se habían casado como una treta para engañar a los mortífagos. Claro que considerando el temperamento de sus amigos, éstos jamás estarían de acuerdo con algo así. Considerando como habían reaccionado creyendo que ella se arriesgaba estando enamorada, las cosas serían aún peores si se enteraban de la verdad. Sí, quizás Dumbledore tenía razón y lo mejor era seguir con la farsa.

Farsa. Aquella palabra ya parecía no tener ningún significado. Ella no había fingido frente a sus amigos. No había fingido esos besos, ni las caricias, ni los abrazos. Ni las palabras.

"Una bonita marca que significa que… eres mía y de nadie más. Que sólo yo puedo besar cada rincón de tu cuerpo."

Un escalofrío recorrió su espina dorsal. Las palabras de Malfoy, su aliento cálido golpeando en su oído, sus pulgares acariciando disimuladamente sus pezones.

Lo deseaba. Lo deseaba como jamás había deseado algo en su vida.

- ¡Hermione, querida! ¿Qué haces tirada ahí?

Horrorizada al reconocer a la dueña de esa voz, Hermione se levantó precipitadamente del sillón, sólo para ver a Narcisa Malfoy acompañada de su falsa sonrisa… y de alguien más.

- Hola, Hermione. – La saludó Thomas.