Por un instante Hermione creyó estar alucinando. ¡¡¿Qué diablos hacían Narcisa y Thomas en su casa! No era que le extrañase que aquella mujer pusiera sus pies en la casa de su propio hijo, pero no tenía sentido que estuviera ahí si se suponía que Malfoy había viajado a encontrarse con ella.
¿Y Thomas? Bueno, si lo pensaba también era lógico que visitara a su primo. Pero tomando en cuenta lo evidente del rencor entre ambos rubios, no parecía tan lógico. Además, y aún más importante, si Malfoy había ido al encuentro de su madre era obvio que ésta se lo dijera a Thomas.
El problema era que Narcisa… su suegra… ¡¡¡su suegra era una maldita mortífaga! Y aunque no lo podía saber con certeza de Thomas, su extraña cercanía a la rubia mujer y la manera en que había tratado de seducirla, sumados a su rivalidad con Malfoy; la alertaban a no confiar totalmente en él.
Aquello no pintaba nada bien. Y lo peor. Estaba sola. Y no era posible pedir ayuda a sus amigos. ¿Acaso los llamaría diciéndoles que su suegra y el primo de su esposo la visitaban? ¡Ridículo!
Así que, apelando a todo su valor como toda una Gryfindor, Hermione se dirigió a saludar a las visitas con su mejor sonrisa.
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Si nuestra protagonista creía que las cosas no pintaban nada bien, definitivamente tenía más razón de la que creía.
Después de someterse a otra interminable cena con la madre de Malfoy, en que por momentos creyó que iba a escupir la comida o atragantarse con el vino al escuchar los comentarios de su madre política o al sentir las manos de Thomas apoyarse peligrosamente en sus muslos por debajo de la mesa, Hermione debió apelar a todo su autocontrol para invitarlos al salón para saborear una taza de té.
¡Por Merlín, pensaba la castaña mientras se llevaba la taza de porcelana a la boca. ¡Esta situación es realmente insoportable! ¡Por favor que se vayan!
- Querida. – Aquella palabra en boca de su suegra resultaba tan fuera de lugar como se sentía ella misma entre el par de blondos. – No es mucho el tiempo que me quedaré aquí acompañándolos. - ¿Acompañándolos? ¿Plural? – Tengo que ir a resolver algunos asuntos financieros con Draco, como él ya te lo habrá mencionado. Pero supongo que serás tan buena anfitriona con Thomas como lo has sido conmigo.
¡¡¡¡Qué! Por unos instantes Hermione creyó que incluso su rostro la había traicionado.
- Disculpe, creo que no he entendido bien.
- Narcisa se refiere a que apreciaría mucho ser bienvenido en tu casa, Hermione.
¡¡Por todos los magos y brujas! ¡¡Ella y Thomas solos!
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Al abandonar su suegra la mansión parte del peso se desprendió de los hombros de nuestra protagonista, sólo para ser sustituido inmediatamente por él que representaba el primo de Malfoy.
Evitando cruzar miradas con el rubio, inmediatamente se disculpó con él alegando que se sentía en extremo cansada.
- Sipsy te llevará a tu habitación. – Le señaló antes de abandonar la estancia.
Lástima para Hermione que ella no sabía que una vez que la oscuridad y el silencio se hubieron apoderado de la mansión Malfoy, y Morfeo hubo desplegado su hechizo en sus habitantes; una sombra se escabullía por entre los pasillos. La sombra de una persona que se adentró en el despacho de la castaña y que salió de allí mucho tiempo después con una sonrisa maligna en su rostro.
Aquella persona tenía en sus manos las pruebas que sellarían el destino de Hermione. Y no para bien.
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Unos cuantos días después (día domingo para ser más exactos) en que Hermione no debía presentarse a trabajar, nuestra protagonista decidió quedarse unos instantes más en la cama. Sipsy decidió no importunar a la joven ama, por lo que Hermione se imaginó que la elfina pensaría que se encontraba cansada; pero lo cierto era que la criatura era mucho más astuta de lo que la castaña o cualquiera se hubiera imaginado.
Sólo bastaba observar el comportamiento de Hermione durante el día para saber lo que la aquejaba.
Por todos los medios posibles la joven trataba de evitar cualquier encuentro con Thomas, pero el destino parecía estar en contra de ella, porque en cada pasillo, en cada habitación y en prácticamente cualquier rincón de la enorme mansión en que ella se encontrara, el también estaba ahí.
La muchacha estaba a punto de tener un ataque de nervios si la situación seguía así. El rubio primo de Malfoy no dejaba de acosarla o lanzarle insinuaciones en todo momento. Al principio ella se había limitado a actuar como si no lo escuchara, pero el día anterior había sido el colmo. Thomas, aprovechando que ella se encontraba de espaldas a la puerta, se había acercado silenciosamente hasta quedar detrás de ella. Y apoyando sus manos en la cintura de Hermione le había preguntado con voz sedosa al oído si deseaba dar un paseo por el jardín.
En aquellos instantes la joven casi creyó tener un ataque cardíaco. Se había paralizado completamente. Y apenas había logrado balbucear, alejándose nerviosa del contacto de las manos del rubio, que estaba ocupada con algunos informes que debía entregar en el Ministerio.
¡¡Merlín! Si la situación seguía así no sería capaz de soportar ni un día más. Y no quería llegar hasta el punto de tener que abofetear a Thomas para ponerlo en su lugar. ¿Es que acaso ese hombre no respetaba ni a la esposa de un miembro de su familia? Sus acercamientos eran descarados y cada día lo eran más.
- Me pregunto como actuaría Malfoy si yo le dijera lo que su primo esta haciendo. – Murmuró la joven en la soledad de su habitación.
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Draco ya no podía esperar. Estaba demasiado ansioso, demasiado deseoso, demasiado excitado.
Después de aquellos días sin ella le parecía como si llevara un año lejos de Granger. Él mismo sabía que era una completa locura extrañarla, pero era exactamente lo que había sentido cada uno de los días, cada uno de los minutos, cada uno de los segundos que había estado sin ella. No tenía sentido negárselo a si mismo. Mientras nadie lo supiera todo estaba bien.
Había sido una verdadera tortura el estar todo ese tiempo junto a su madre, realizando tareas insulsas que perfectamente hubiera podido llevar a cabo otra persona. ¡Diablos! Si hasta el imbécil de Nott hubiera sido capaz de hacer todas las ridiculeces que su madre le había impuesto esos días. No podía creer que hubiera estado todo ese tiempo haciendo negocios. ¡Negocios! ¡Cuando perfectamente hubiera podido mandar a otro y él hubiera estado aprovechando mejor el tiempo con Granger!
Aquello no le daba buena espina. Algo se traía entre manos su madre como para alejarlo de su esposa de esa manera. Sólo esperaba que la chica no hubiera sido tan tonta como para dejarse sacar información por alguien o mejor dicho… por "Thomas". Ese imbécil era lo que más le preocupaba. Si el muy maldito se atrevió a acercarse a ella lo voy a matar, pensó el blondo.
Con paso rápido subió las escaleras esperando encontrarla. Realmente no le importaba que fueran las siete de la mañana o que estuviera dormida. Quería verla, quería sentirla. Necesitaba sentirla con todo su ser.
Pero grande fue su contrariedad cuando encontró la habitación vacía. ¿Habría ido ya a trabajar? ¿Tan temprano?
Qué decepción.
Sin embargo un ruido proveniente del baño lo sobresaltó. Era el ruido del agua del lavabo corriendo.
¡Era ella! ¡Sólo podía ser ella! Una sonrisa iluminó su rostro.
Definitivamente Granger no se le iba a escapar. En ese baño no había escapatoria.
En dos zancadas estuvo frente a la puerta del baño. Ni siquiera se molestó en tocar. Simplemente la abrió. Que suerte para él que la muchacha no había cerrado con llave o algún hechizo. Seguramente él la hubiera abierto igual, pero se hubiera tardado más. Y no estaba como para tardanzas.
Cuando la castaña oyó la puerta abrirse se dio vuelta alarmada. No obstante un suspiro aliviado se escapó de sus labios al ver que sólo era Malfoy parado en el umbral de la puerta. No pudo evitar extrañarse. El chico la miraba de una manera bastante inquietante. Y cuando vio aquel brillo en sus ojos comprendió que era lo que él quería. Sin que pudiera controlarlo, un ligero rubor cubrió sus mejillas a la vez que los nervios se apoderaban de ella. Era capaz de anticipar lo que estaba a punto de ocurrir.
- Eeehh… Malfoy… volviste… - Se sentía como una verdadera tonta. No sabía que decir. - ¿Acaso quieres ocupar el baño? – ¡¡Estúpida!
El rubio no dijo nada. Sólo sonrió de una manera que a la joven le resultó terriblemente encantadora. Era como si en aquella sonrisa se mezclaran la sorna y la ternura.
Realmente la ponía nerviosa.
Se quedaron mirando unos instantes que a ambos les parecieron un siglo.
Draco se permitió unos instantes entre todas sus ansias para observarla. Llevaba puesto unos de sus típicos camisones que la cubrían hasta los tobillos. Claro, como iba a ser capaz de utilizar la ropa que su madre le había comprado para dormir. Aunque a él no le hubiera molestado para nada. En cambio, esa simple prenda de seda era algo que la chica sí usaría. Obra de Sipsy por supuesto. Y agradeció a la elfina, como tantas otras veces, por eso. Y es que aquella camisola, sin poseer un escote vertiginoso, dejaba al descubierto el inicio de sus pechos; y sin mostrar su cuerpo, se ajustaba a sus curvas con maestría. Insinuaba más de lo que mostraba.
El rubio notó la mirada de la joven sobre él. Estaba visiblemente nerviosa. Pero no había asomo alguno de miedo o desprecio, ni siquiera odio en su rostro.
Y se había sonrojado.
Ya sin poder contenerse prácticamente se abalanzó sobre ella para besarla. Fue tan súbito que Hermione tuvo que sostenerse del mármol con ambas manos para no chocar con el lavabo. La besaba con ahínco, con pasión y con toda la locura y las ansias que había sentido todos esos días extrañando su cuerpo. Y la castaña no tardó en corresponderle aquel beso fogoso mientras enroscaba sus brazos alrededor del cuello del blondo.
Y mientras su lengua recorría con furor la boca de su esposa, sus manos no se quedaban quietas. ¡Por Merlín! Sentía que sus pantalones iban a explotar con solo tocar sus muslos.
Con premura dejó la boca de la chica, para bajar con besos ávidos por su cuello. Cuando llegó a su escote se encontró con el maldito estorbo que representaba la tela; por lo que un gruñido se escapó de su boca a la vez que miraba con odio la camisola. La joven rió ante su comportamiento; lo que, sin proponérselo, animó aún más la ya creciente erección que el chico ya tenía.
- Trapo del demonio. – Masculló Draco. Con manos hambrientas agarró la prenda y se la sacó por la cabeza siendo ayudado con entusiasmo por Hermione.
Al ver sus pechos desnudos, sintió que la locura se apoderaba de él. Como una fiera se fue sobre ellos.
La joven sintió que moría de goce. Sentía la lengua y los labios del rubio sobre su cuerpo como fuego. Habían sido demasiados días.
Se besaron nuevamente, como si no pudieran estar mucho tiempo sin sentir la calidez de sus bocas. E inconscientemente, mientras la camisa del blondo volaba lejos y recorrían sus cuerpos hasta donde sus brazos lo permitían; comenzaron a frotar sus caderas el uno contra el otro.
Después de unos segundos ambos tuvieron que romper el beso. Estaban tan excitados que aquel rítmico movimiento había sido demasiado. Con las respiraciones agitadas, abrazados y todavía con sus cuerpos completamente pegados, reposaron sus frentes en la del otro. Cerraron sus ojos.
Pero no fue por mucho tiempo. Draco, con solo abrir los ojos y verla tan agitada, supo que no podría aguantar más. Nuevamente se sentía animado y loco. Con premura se quitó los molestos pantalones y sin perder tiempo tomó entre sus largos dedos los bordes de la ropa interior de la chica. Pero contrario a lo que ella hubiera esperado, que las bajara; él simplemente las rompió. Aquello provocó un gemido por parte de la joven, que vio brillar con intensidad los ojos de su marido y sonreír travieso antes de tirar la prenda lejos.
Volvió a besarla. Y fue entonces cuando Hermione sintió como el rubicundo posaba sus manos en su trasero y con fiereza la levantaba para sentarla en el mármol del lavamanos. No podía estar más excitada.
Inmediatamente abrió las piernas y las enroscó alrededor de las caderas de Malfoy, pero grande fue su sorpresa y sobretodo su contrariedad, al notar que él ¡todavía tenía puesta su ropa interior!
Esta vez fue ella la que gruñó, provocando que el muchacho comprendiera inmediatamente que tenía que quitarse la única prenda que le impedía unirse a la chica. Casi con desespero el chico se separó de ella para quitársela y tirarla lejos.
La penetró de manera brusca, apoyando con fuerza sus manos en las caderas de la chica. De un sólo movimiento estuvo dentro de ella hasta el fondo. Tuvieron que romper el beso que se estaban dando para gemir sonoramente. Había sido demasiado para ambos.
Se quedaron unos segundos completamente quietos. Hermione lo abrazaba casi con furia, respirando entrecortadamente en el cuello del rubio. Había estado a punto de tener un orgasmo y estaba tan excitada que casi era doloroso.
En cuanto a Draco, tenía sus brazos alrededor de ella y se encontraba mucho más calmado de lo que ella estaba. Era verdad que al entrar en ella había sido demasiado para él, y se había asustado pensando que incluso podría acabar antes de tiempo. Pero ya estaba más recuperado y se sentía listo para continuar.
Se movió dentro de ella y casi al instante la oyó dar un pequeño grito y lo apretó aún más con sus brazos. Inmediatamente dejó de moverse.
- ¿Qué te pasa? – Le preguntó con un tono un poco más hosco del que hubiera querido usar. No pudo evitar asustarse pensando que quizás le había hecho daño con su rudeza al poseerla, pero tampoco era como para ser un cursi y preguntarle "¿Te he hecho daño?".
La chica no le respondió. Seguía escondida en el hueco de su cuello, respirando agitada., llena de sudor.
- Te hice una pregunta. – Sabía que no era el momento para iniciar una discusión, pero odiaba que lo ignoraran. Además estaba haciendo unos esfuerzos casi sobrehumanos para no continuar con sus movimientos.
Y al comprobar que nuevamente ella no contestaba, tomó el rostro de la chica y la obligó a mirarlo.
- ¿Qué te pasa? – Esta vez su tono había sido más pausado, menos brusco.
La verdad era que Hermione sí lo había escuchado antes, y le hubiera respondido; si no hubiera sido porque le era imposible hablar. Aún cono los ojos cerrados, tragó saliva para humedecer su reseca garganta y por fin le habló.
- Es que… - Estaba totalmente sonrojada, quizás por la situación, o quizás por lo que estaba a punto de decir. Quizás por ambos. –… es que… fue… muy intenso… yo… casi llegué. – Susurró finalmente con evidente vergüenza.
El rubio la observó atentamente mientras ella murmuraba aquellas palabras entrecortadamente, con voz apenas audible. Y aprovechando que ella no podía verlo, sonrió de una manera totalmente indigna de un Malfoy, y seguramente digna de Harry Potter.
Sin esperar más, calló los susurros de la joven con un beso que casi la derrite. Era increíblemente suave y gentil, mientras que sus manos sostenían el rostro de la castaña.
Comenzó a moverse lentamente en su interior. Sin pedirle permiso. Hubiera podido hacerlo, preguntarle con voz suave si podía continuar. Sin embargo ambos sabían que ese no era su estilo.
Pronto el beso se tornó salvaje y tan desesperado como en un inicio. Las embestidas de Draco también aumentaron su ritmo y su intensidad. Entraba y salía de ella como un demente, apretando las nalgas de Hermione como si quisiera acercar sus cuerpos todavía más (lo que era prácticamente imposible dado que casi no había espacio entre sus cuerpos). En tanto ella enlazaba sus piernas en torno a las caderas del chico tan fuertemente que seguramente Malfoy tendría moretones al día siguiente.
La castaña gemía sin contenerse y a cada nuevo gemido Draco sentía que estaba un paso más cerca del cielo.
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Un par de horas más tarde los gemidos se habían trasladado a la habitación.
Hermione se encontraba sobre Draco, moviendo sus caderas armoniosamente al ritmo que el rubio marcaba.
En un momento, cuando el chico quiso abarcar con sus manos los pechos de la chica, ésta tomó sus manos entre las suyas y se lo impidió. Sin dejar de moverse sobre él, Hermione llevó las manos del blondo y las aprisionó contra la cama, inclinándose ligeramente sobre él.
- No. – Le dijo jadeando, mientras una sonrisa traviesa cruzaba su rostro.
Draco respondió acelerando el ritmo, provocando la desconcentración de la chica y así llevando nuevamente sus manos hasta sus abundantes senos. Sin embargo ella no se dejó embaucar por aquel truco y de nuevo quitó las extremidades del rubio de su cuerpo.
- No… no hasta que…me digas… que… ahhh… que me extrañaste.
Draco la miró fijamente. ¡¿Qué diablos quería Granger! ¿Acaso estaba loca? Por supuesto que él no iba a decirle que la había extrañado. Antes decirle a Potter que lo amaba. ¡¡Y la muy maldita no lo dejaba tocarla! ¡¡Pues no lograría que lo dijera!
- Dilo. – Jadeó la joven aún aprisionando entre las suyas las manos del rubio. Sus movimientos sobre él aumentaron la velocidad.
- Nunca… estás loca… - La miró molesto, sin embargo no pudo evitar gemir al sentir como ella se movía más rápido. Draco trataba de pensar, de poner en orden su mente y así no caer en el juego de Hermione, pero la tortura a la que lo estaba sometiendo (tan dulce por cierto) lo estaba volviendo loco. ¡Y quería tocarla!
Trató de liberar sus manos, pero ella se lo impidió con fuerza, acercando su cuerpo al de él.
- ¡Ah!... ¡Malfoy!... – Hermione arqueó su espalda hacia atrás, olvidando las manos del rubio por un instante y llevando las propias hasta su cuello. Al verla sí, con los ojos cerrados, acariciándose, gimiendo y con sus pechos moviéndose al compás; Draco estuvo a punto de mandar todo al diablo y decirle lo que ella quisiera.
Otra vez sus manos fueron al encuentro de su esposa, y nuevamente ella se lo impidió, tapando sus pechos con sus brazos.
- Dilo… me…extrañaste…
La miró profundamente. Se veía tan hermosa.
- Mal… dita… extrañé el sexo… contigo
- No te dije… eso… - Hermione sonrió con sorna. Sabía que ganaría.
Malfoy gruñó. Sabía que estaba derrotado.
- Te… extrañé… rata… - Le dijo despacio, entre jadeos, mirándola a los ojos.
- Lo…sabía. – Logró articular la joven.
Entonces Draco se incorporó bruscamente, quedando sentado con Hermione sobre su regazo. La abrazó con fuerza pegándola a su tórax. La miró a los ojos entrecerrando los suyos, a lo que ella respondió con una sonrisa un tanto burlesca.
Sin embargo el rubio sabía que ahora sería él quien tendría su premio.
Con una sonrisa feral su boca fue al encuentro de aquella parte tan ansiada del cuerpo de su esposa. Y esta vez ella no opuso resistencia alguna.
Aquel día Hermione no se presentó a trabajar.
No obstante, presas de aquella pasión como ambos estaban, la castaña olvidó comentarle al rubio un detalle bastante importante. Un detalle con nombre de hombre.
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- Me gustaría que me acompañaras a visitar a Hermione un día de estos, amor. – Dijo Harry.
- ¿Te refieres a la casa en que vive con su esposo? – Le preguntó Sara.
- Sí. – Respondió el joven besándola en los labios.
- Por supuesto, amor. ¿Y cómo se llama su esposo?
- ¿Cómo? ¡No me digas que no lo sabes! ¡Fue la noticia del mundo mágico!
- Recuerda que estuve con mis padres en una misión, Harry. Sabes que volví a Inglaterra contigo después de mucho tiempo fuera de este país.
- Verdad… bueno, su nombre es Draco Malfoy, supongo que has oído hablar de su familia. Es una de las más poderosas del mundo mágico, pero también una de las más siniestras.
Sin embargo Sara ya no lo escuchaba. Después de escuchar aquel nombre había dejado de escuchar.
Draco Malfoy.
Es él, pensó con amargura. Tiene que ser él. No puede haber dos hombres llamados así.
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Estoy de vuelta. ¡¡¡¡¡Lamento tanto la tardanza! Es que simplemente la inspiración no acudía a mí.
El capítulo es un tanto corto y sé que los deja con bastantes interrogantes. Lo sé, soy mala.
Pero no se preocupen que aún quedan bastantes capítulos y todo se irá aclarando. Pero mientras tanto pueden ir sacando sus propias conclusiones.
Muchas gracias por sus reviews y nuevamente les pido millones de disculpas por la tardanza.
