Lo sé!!!!!!!!!!

Me demoré demasiado!

El capítulo no es tan largo, pero es bueno. Un tanto romanticón. Podrán apreciar klos cambios que se están gestando en la relación de los protagonistas.

Disfrutenlo!

Espero sus reviews!

Ah! Les recomiendo una agrupación buenísima, su nombre es Battlelore. Y aún más les recomiendo la canción "The river flows frozen" de la banda Eternal tears of sorrow. La canción es hermosa. Otra canción muy linda es "Wish you were here" de Blackmores night. Ojalá las escuchen.

Besos!

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Por supuesto al día siguiente Hermione sí se presentó a trabajar al Ministerio. Llegó al lugar con una sonrisa radiante que no le pasó desapercibida a Ginny, quien no tardó ni dos segundos en preguntarle con una sonrisa picara la razón de aquella sonrisilla.

Sin embargo no pudo evitar estar todo el día preocupada. El día anterior no había hablado con Malfoy a cerca de Thomas. Ambos se habían quedado en su habitación durante todo el día y toda la noche, sumergidos en una pasión tan intensa que les había sido imposible quitarse las manos de encima.

Aquel había sido con seguridad uno de los días más excitantes de su vida. Habían tenido una maratón de sexo tan increíble que aún le parecía demasiado bueno como para ser verdad. Y entre aquellos momentos de placer habían dormido (por supuesto no abrazados, jamás dormían abrazados), sólo para volver a despertar a nuevos placeres. Así había sido su día…y su noche. Qué maravilloso había sido despertar en la madrugada notando que Malfoy ya estaba dentro de ella, moviéndose lentamente en su interior y mirándola fijamente.

- Por fin despiertas. – Le había susurrado él.

- ¿Y… si no lo hacía pensabas continuar sin mí? – Le había preguntado ella a la vez que inmediatamente comenzaba a responder a su lento vaivén.

Él se había limitado a reír entre dientes y a enterrarse profundamente en ella, arrancándole un gemido de intenso placer.

- Cállate y disfruta. – Fue lo último que él le dijo antes de besarla con ardor.

Recordaba perfectamente cada una de sus caricias, de sus besos intensos y profundos, incluso su voz grave. Los recordaba tan bien que parecía estar reviviéndolos en ese mismo instante.

¡Merlín, lo extrañaba!

¡¡No no no!!, se dijo Hermione mientras se golpeaba la frente. Extraño el sexo con él, NO a él. Repuso más tranquilamente como si con aquellas palabras fuera capaz de convencerse.

Se obligó a despejar aquellos lujuriosos pensamientos de su cabeza para concentrase en lo que era primordial.

Thomas.

¡Diablos! ¿Y si Malfoy ya lo había visto? Cuando ella se había levantado en la mañana el rubio se había quedado profundamente dormido en la cama. Recordaba como antes de dejar la habitación lo había observado. Tenía una sonrisa perezosa y satisfecha en el rostro y el pelo absolutamente desordenado. Estaba de estómago en la cama, con las sábanas tapándolo a medias, arremolinadas en torno a su cintura y una de sus piernas destapadas casi colgaba del colchón. Abrazaba una de las almohadas.

Recordaba haber fruncido el ceño al notar como él ocupaba más de la mitad de la cama.

El corazón le había dado un vuelco en aquel momento. Y en ese instante, mientras sentada frente a su escritorio lo recordaba, su corazón volvía a experimentar lo mismo.

¡¡¡¡Diablos y más diablos!!!! ¡No se estaba concentrando!

Nuevamente volvió a tratar de concentrase en el primo de su esposo. Tan solo le quedaba esperar. Al llegar a la mansión sabría por la mirada que le dirigiera Malfoy si es que se había topado con su "adorado" primo.

Ojalá no lo hubiera visto. Pero si no era así entonces ella tendría que decírselo. Y eso no era muy alentador.

Y aquel fue el último pensamiento que dirigió a Thomas.

Durante el resto del día Hermione mantuvo a cierto rubio en su cabeza y a una sonrisa boba en su rostro.

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Al despertar Draco notó que Granger ya no estaba. Qué decepción. No le hubiera molestado para nada tener una sesión mañanera de buen sexo.

Con un suspiro se dio media vuelta, con las manos apoyadas en la nuca observó el techo a la vez que pensaba.

No pudo evitarlo y la verdad era que ni siquiera lo intentó.

La extrañaba.

Extrañaba a la rata de biblioteca.

Extrañaba a la pelo de escoba.

Extrañaba a Granger.

¡Demonios cuánto la extrañaba!

Suspiró. No tenía caso negarlo si incluso se lo había admitido a ella el día anterior. La muy bruja no era tonta. Y la verdad es que incluso hubiera dicho que amaba al cara rajada con tal de que ella lo dejara tocarla.

Con un nuevo suspiro se miró entre las piernas. Iba a ser un día muuuuuuuy largo.

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Al llegar esa noche a la mansión Hermione cenó sola. Según le informó Sipsy, el señor se encontraba en su despacho inmerso en su trabajo, por lo que había dicho que cenaría ahí y en cuanto al primo del señor, éste no se había presentado en la casa en todo el día.

¡Qué alivio! Bueno, tenía que haberse imaginado que Malfoy no había visto a su primo. De lo contrario le habría echado una buena bronca nada más poner un pie en la mansión.

Pero de todas formas debía hacer algo. Aquella situación se estaba transformando en un problema innecesario para sus nervios.

Mientras se llevaba los bocados a la boca decidió la estrategia que utilizaría para apaciguar la ira del rubio. No era que le tuviera miedo ni nada de eso, pero últimamente la relación entre ambos era tan…mmmm…agradable que no se atrevía a estropearla.

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La puerta del despacho de Draco estaba abierta. Antes de entrar Hermione se permitió observarlo.

Estaba sentado en un amplio sillón verde oscuro. Tenía un montón de pergaminos en la mano. Notó que se encontraba profundamente concentrado y fruncía el entrecejo. Al parecer alguna suma no le cuadraba, porque cerraba los ojos y murmuraba algunas cifras. Finalmente volvía a abrirlos y observaba molesto los papeles entre sus manos.

Parecía cansado. Se había arremangado la camisa, la corbata estaba totalmente suelta alrededor de su cuello y su cabello rubio estaba completamente fuera de su habitual orden.

Hermione no se percató hasta muy tarde de que una sonrisa boba adornaba su rostro. ¡Maldita sonrisa que no la había dejado en paz en todo el puñetero día! Se reprendió a si misma por ello. Menos mal que nadie podía verlo. Y sobre todo, menos mal que él no podía verla.

Borró aquella traidora sonrisa de su rostro y se preparó para entrar.

Malfoy levantó la cabeza hacia ella apenas dio el primer paso. Llevaba una bata de seda que la cubría hasta los tobillos. La prenda estaba cerrada completamente, pero se ajustaba con maestría al cuerpo de la castaña. No necesitaba mirarla dos veces para saber que no llevaba nada bajo aquella delicada prenda.

Su cabello estaba suelto y caía en toda su larga extensión por su espalda, sobre sus hombros, sobre sus…pechos.

Draco tragó saliva y tuvo que hacer un esfuerzo casi sobrehumano para que su boca no se abriera desmesuradamente hasta chocar contra el piso.

Se veía demasiado deseable. Pecaminosamente deseable.

Hermione se felicitó internamente al verlas reacciones que provocaba en Malfoy. La miraba fijamente con una aparente expresión de completa neutralidad. Él no había movido ni un solo músculo del rostro después de verla, sin embargo no la engañaba. Para ella era evidente que se contenía al ver aquel brillo que se había encendido en os ojos del rubio.

Definitivamente conocía ese brillo. Ya lo había visto muchas veces en Malfoy. Era deseo. Puro e intenso deseo.

Caminó en dirección al blondo sin apartar la vista de él.

Draco estaba bastante extrañado.

¿Qué demonios quería Granger?

¿Y por qué estaba vestida así?

¿Y por qué caminaba hacia él?

¿Y por qué lo miraba así?

Y lo más importante…¿Por qué él no hacía algo?

Demasiado tarde para Draco. Hermione, sin perder un sólo segundo, le había quitado los papeles de las manos y para después tirarlos a un lado y luego se había sentado a horcajadas sobre el rubio. Él, inconcientemente, había puesto sus manos en las caderas de Hermione.

Mientras la tenía encima, Draco sólo era conciente de de que tenía los senos de hermione justo a las altura de sus ojos. Parecía hipnotizado. La joven tuvo que contener una risita al verlo así, con la mirada fija en sus pechos.

Tomó suavemente el rostro del rubio entre sus manos y lo obligó a mirarla a los ojos. Al verse forzado de esa manera (por cierto tan dulce) de dejar de admirar "tan bello paisaje" (según los pensamientos de Draco), el chico gruñó y recién entonces pareció reaccionar.

- Malfoy, tengo que hablar contigo. La voz de Hermione era dulce y pausada, pero a la vez profundamente sensual.

Y dicho aquello lo besó. En un principio el blondo fue tomado por sorpresa y pareció no atinar. Pero solamente al principio, porque cuando se dio cuenta de su ventajosa situación con Hermione casi desnuda (si no fuera por la bata) sobre él, se fue con todo a responder el beso.

La castaña casi pierde el control totalmente y por poco se deja ser controlada. En un inicio el beso había sido liderado por ella, haciéndolo erótico y pausado. Pero ahora que Malfoy había despertado se estaba transformando rápidamente en un beso demasiado apasionado como para permitirse continuarlo. Y por si fuera poco las manos de él bajaban peligrosamente hacia su trasero.

Finalmente Hermione rompió el contacto entre sus labios antes de que le fuera imposible pensar.

Tomando conciencia nuevamente de que era ella la que tenía que controlar la situación, cuando el rubio trató de besarla nuevamente, alejó su rostro del de él.

- ¿Se te olvida que tengo que hablar contigo? – Le dijo aparentando inocencia.

- ¿Ah? – Draco la miró confundido, como si ella fuera una loca por decir algo así en un momento como aquel.

- Quiero hablarte. – Le repitió con voz cándida mientras acariciaba los cabellos del rubio.

- ¿De qué? – Lástima para el joven que su voz había sonado demasiado ansiosa. Hermione sonrió.

- Tengo que advertirte algo.

Al escuchar aquella frase inmediatamente los sentidos de Draco se alertaron. Ahora entendía todo. ¡Ja¡ Si creía que con sólo unos cuantos besos y una bata iba a conseguir cualquier cosa de él estaba equivocada. Muy equivocada.

La miró escéptico, a lo que Hermione comprendió que había sido descubierta demasiado pronto. Tendría que usar métodos más efectivos.

- ¿Y se puede saber qué es lo que tienes que advertirme? – El tono de voz de Malfoy lo decía todo. No sería fácil convencerlo.

- Verás… - Comenzó la castaña mientras se movía sobre él, como si "inocentemente" se estuviera acomodando mejor.

Draco no pudo evitar dar un respingo al sentir el cuerpo de la chica rozar aquel lugar tan sensible de su anatomía. Apretó sus manos a la cintura de la chica.

- Tengo que decirte que… - Continuó Hermione a la vez que volvía a moverse contra la entrepierna del rubio.

Esta vez Draco cerró los ojos fuertemente y emitió un sonido gutural parecido a un gruñido. ¡Merlín! ¡¿La muy maldita acaso quería matarlo?! Hubiera querido ser más fuerte, realmente le hubiera gustado no sucumbir tan fácilmente a las manipulaciones de Granger, pero con esos rocecitos "inocentes" lo estaba volviendo literalmente loco.

- ¡Oh! Disculpa si te molesté…es que estaba un poco incómoda. - Le dijo ella con una sonrisa traviesa en los labios. – Si quieres me levanto.

Y ya estaba haciendo ademán de hacerlo cuando el rubio la agarró con fuerza de la cintura impidiéndole levantarse de su regazo.

- No. – Le dijo él con voz ronca.

- ¿No? – Preguntó Hermione, esta vez moviéndose sin disimulo sobre él.

- No. – Repitió Draco tratando con todas sus fuerzas de que su voz no sonara como un gemido.

El joven cerró sus ojos y trasladó sus manos a los muslos de Hermione. Era perfectamente conciente de cómo su cuerpo reaccionaba al roce con el cuerpo de la castaña, quien también estaba comenzando a ser muy conciente del bulto cada vez más grande que presionaba entre sus piernas.

La apretó con ímpetu a su miembro. Sin darse cuenta, Hermione cerró los ojos y se apretó contra él, abrazándolo. Ella también se había excitado increíblemente.

- Lo que sea que querías decirme tendrá que esperar. – Dijo Draco.

- ¡No! – Aquellas palabras habían sacado parcialmente a Hermione de la neblina de lujuria y placer en la que estaba sumida. - ¡Es import…

Toda protesta que ella hubiera podido formular quedó ahogada en su garganta cuando con una rapidez asombrosa el rubio desató el nudo de la bata y abriéndola llevó su boca hacia uno de los pechos de Hermione.

Ahora era el turno de ella de sufrir. La lengua de Malfoy rodeó el pezón de Hermione, para luego su boca succionar sin piedad. La joven sólo pudo arquear su cuerpo, ofreciendo su pecho desnudo a la exigente boca de él.

Hermione dejó de pensar. Se limitó a sentir. Y mientras la boca de Draco se desplazaba entre ambos pechos, ella enredaba sus dedos en el rubio cabello de su esposo, como si le transmitiera una silenciosa orden de continuar con lo que hacía.

- Oh… sí…así… - Murmuraba Hermione con los ojos cerrados.

Un gruñido intenso y profundo escapó de la garganta de Malfoy. Apartó la boca y besó a la castaña con violencia. El beso era rudo, hambriento, pero a ninguno de los dos les importaba.

- Te voy a penetrar ya. – Le susurró Malfoy al oído.

¡Por Merlín! Hermione casi tuvo un orgasmo ahí mismo cuando escuchó la voz ronca y erótica de Malfoy.

Al abrir los ojos se encontró con la mirada de Malfoy. ¡¡Por todos los magos y brujas de la tierra!! Hermione hubiera sido capaz de arder en llamas literalmente frente a aquella mirada. Era tan intenso el fuego que ardía en los ojos del rubio, tan insondable el anhelo que se reflejaba en sus pupilas, tan penetrante el deseo que inundaba aquellas profundidades grises; que Hermione dejó de respirar.

Se quedó mirándolo como una tonta, completamente perdida en él. Sin moverse, sin siquiera pensar; tan sólo sintiendo. Sintiendo algo que no entendía, pero que la inundaba completamente.

Y lamentablemente así fue como los encontró Thomas.

- Draco, es import… - La voz del primo del blondo se apagó al ver a los amantes. - ¡Diablos!

- ¡Por la mierda! – Gritó Malfoy, mientras una avergonzadísima Hermione cerraba su bata y se ponía de pie. - ¡¡Acaso no sabes que hay que tocar primero a la puerta antes de entrar!! – Gritaba el rubio mientras sin darse cuenta se ponía frente a la castaña y así evitaba que su impertinente primo tuviera algo que ver.

- ¡Hey! – Se defendía el otro rubio. – No todos podemos imaginar que tras la puerta de un despacho se están realizando actividades no precisamente… aptas para un lugar así.

- ¡Lo que yo haga o no haga con MI esposa en MI casa es asunto mío! – Y en ese momento Draco se dio cuenta de lo extraño que resultaba la presencia de Thomas en la mansión. - ¡¡¿Y qué diablos haces tú aquí?!!

Yo sí que tengo mala suerte, pensó Hermione. Tan sólo unos minutos más. ¡¡Condenado Thomas y su maldita interrupción!!

- ¿Acaso Hermione no te lo dijo? – Preguntó con fingida inocencia.

Draco volteó el rostro para poder mirar a su esposa. Ésta parecía haber perdido unos cuantos centímetros de lo encogida que se encontraba. Y lo miraba como diciéndole: "Oh… ¿qué cosas no? Se me habrá olvidado"

- ¿Tú sabes qué hace Thomas aquí… cielo? – Hermione casi podía sentir filtrase en cada palabra el enojo que el rubio sentía.

- Eeeeeeeeeeehhh… bueno… tu madre y él llegaron de visita el día que tú te fuiste y… Thomas se quedó aquí.

¡¡Tenía que ser obra de mi madre!!, gritó en su mente el joven.

- No importa. – Hermione vio como el rubio se relajaba visiblemente al dirigirse a ella. – Ve a nuestra habitación. Yo iré en un momento. – Le habló dulcemente.

- Está bien. – Por primera vez en su vida Hermione ni siquiera titubeó al prácticamente obedecer a Malfoy. Es más, ni siquiera se daba cuenta de que lo hacía. – Pero no tardes. – Le dijo cuando llegaba a la puerta.

- No lo haré. Sólo serán unos instantes. Thomas y yo tenemos que hablar. – Al decir aquello dirigió a su supuesto primo una de aquellas típicas miradas de hielo que desde hace tanto tiempo ya no dedicaba a Hermione.

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Draco se obligó a si mismo a controlarse. Sentía una furia ciega hacia el hombre parado frente a él. Pero aún más, sentía aquella furia multiplicada cientos de veces hacia su madre.

Cerró los ojos tratando de que algo de autocontrol acudiera a su mente. Las manos le temblaban con las ganas casi enloquecedoras que tenía de ahorcar a su "primo". Ni siquiera un Cruccio sería suficiente. Realmente quería usar sus puños. Necesitaba descargar su enojo en ese estúpido malnacido que hacía todo lo que su madre le decía.

Tras lo que pareció una eternidad Draco abrió sus párpados. Se topó con la mirada insolente de Thomas fija en él.

El maldito se osaba esbozar una sonrisa cínica.

- No me importa lo que mi madre te ordene. Esta es mi casa y jamás volverás a pisar un pie en ella sin mi autorización. – Siseó el blondo.

- No son tus órdenes las que yo obedezco, Malfoy.

La maldita sonrisa seguía ahí. Draco deseó quitársela a puñetazos.

- Ese es tu problema. Ahora puedes irte de mi casa. – sin vacilar Draco se dirigió a la puerta, seguro de que sus palabras serían escuchadas. O las consecuencias para su "primo" serían nefastas.

- A propósito, Malfoy… - Oyó la cínica voz de Thomas a sus espaldas. – Ahora que acabo de ver lo…fogosa que es tu esposa… - Había recalcado maliciosamente la palabra fogosa. - ¿crees que me la prestarás cuando terminemos con ellos? Yo también quisiera probar a la sangre-sucia.

El ojigris apretó los puños tan fuertemente que marcas rojas le quedarían en la piel de las palmas. Sin embargo él ni siquiera las sitió. Sólo fue capaz de sentir una ira y un odio abrasadores hacia el hombre tras él.

En ese instante Draco se juró a si mismo que lo haría pagar muy caro cada una de sus insolencias.

Y fue también en ese instante que "Thomas" supo tendría que matar a Darco…antes de que Draco lo matara a él.

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Hermione estaba nerviosísima. Parada en medio de la habitación se mordía las uñas pensando en lo que estaría sucediendo entre el par de rubios.

Que no se maten…que no peleen…que nada le suceda a Malfoy…que Thomas no le haga nada a Malfoy…que Malfoy no este herido…

Todos sus pensamientos tenían una sola dirección.

Y fue por eso que no notó cuando la puerta se abrió, ni tampoco como un rubio la observaba largo rato; y como el rostro de aquel blondo se transformaba de la ira y el odio a la pasión y la tranquilidad.

- ¡Ah!

Malfoy la había abrazado por la espalda.

- ¿Te asusté? – le susurró Draco al oído.

- ¡Claro que sí, tonto!

- ¿Y si te digo que esa no era mi intención? – Las manos blancas y fuertes del rubio se mantenían firmes en su cintura.

- Yo te diría que eres un mentiroso.

- Es verdad… - susurró con aquella embriagadora voz que invitaba a incontables placeres. – Mi intención es otra, Granger.

E inmediatamente Hermione supo cuales eran las intenciones de su esposo, al abrirle éste la delicada bata y deslizarla por sus hombros, no sin antes depositar en uno de ellos un beso.