Vio a Granger sentada en la sala conversando con sus amigos

Volví!!

Después de más de un año! Realmente pasó todo ese tiempo?

Sé que soy una malvada, una pérfida desconsiderada… pero por favor discúlpenme!!

Mi vida ha dado giros de 360º desde la última vez que actualicé (y tomen en cuenta que escribí giros, más de uno!) Murió mi abuelo, estoy en mi último año en la universidad y se me ha hecho difícil, mi hermano al que estoy muy unida estaba en el otro extremo del país haciendo el servicio militar mientras mi vida era una completa mierda, etc etc etc

En fin, sé que no es problema de ustedes.

Espero que disfruten el capítulo. Miles de gracias a cada una de las personas que me han escrito reviews, a los que incluso me escribieron a mi correo electrónico desesperados, a los que me han invitado a foros, etc

Gracias a cada uno de ustedes, y disculpen si no les respondí en su momento.

Quizás me demore en terminar esta historia, pero definitivamente la voy a terminar.

Gracias gracias gracias. Besos y abrazos para todos.

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Vio a Granger sentada en la sala conversando con sus amigos. Ni siquiera miró a Cararajada, Comadreja o la Lunática. Simplemente sus ojos se posaron directamente en ella.

Estaba riendo, y le pareció que aquella risa era el sonido más hermoso que hubiera escuchado. La veía hermosa, radiante…luminosa.

Sin percatarse de ello, se apoyó en la pared y se quedó observándola fijamente. Una sonrisa boba surcaba su afilado rostro.

Fue así como Ginny lo encontró. Y la pelirroja se asombró genuinamente. La joven jamás hubiera pensado que en su vida vería tal expresión de arrobamiento en Malfoy. Era abismante la diferencia entre esa expresión y la habitualmente fría y desdeñosa que el joven mostraba al mundo.

Se acercó divertida hasta él y con sorna notó que el joven no había reparado en su presencia.

Pasó una mano por delante de los ojos de Draco y con sorpresa y diversión vio como él estaba tan concentrado que no se percataba de nada.

Uf, este si que está enamorado, pensó la pelirroja cruzándose de brazos.

- ¡¡MALFOY!! – Le gritó al oído. El rubio casi quedó pegado al techo producto del susto.

- ¡Maldición, Weasley! ¡No es necesario que grites!

- Eso crees tú. – Le dijo la chica riendo. – Desde hace bastante rato trataba de captar tu atención y tú nada, Malfoy. Aunque… - En el rostro de Ginny apareció una sonrisa malévola. - …era evidente la razón. – Le dijo señalando con la cabeza a Hermione.

Malfoy la fulminó con la mirada y acto seguido se dirigió rápidamente hacia donde se encontraban los demás, dejando a Ginny sola y aún riéndose.

Cuando el joven llegó hasta el salón todos voltearon a verlo. Los saludó secamente y a continuación fijó su vista en Hermione.

La castaña lo miró un tanto cohibida. Siempre era así cuando estaban en frente de otros y más si esos otros eran sus amigos. Y aún más cuando notó la sonrisa entre traviesa y malévola que esbozó el rubio.

Sin siquiera notar al resto de los presentes, Malfoy caminó directamente hacia ella; para a continuación quedar de pie frente a su esposa.

- Hola, bonita. – Le dijo lentamente.

- Hola. – Contestó Hermione con voz apenas audible.

¡Por Merlín!, pensó la joven. No puedo ser más patética. Ahí estaba él, parado con su eterna suficiencia, mirándola con aquella sonrisa que le ponía la piel de gallina, y ella se sonrojaba como una adolescente.

Sin apartar los ojos de Hermione y, por supuesto, sin borrar aquella sonrisa pícara y a la vez petulante de su rostro (sólo Draco Malfoy era capaz de tal combinación), el rubio tomó delicadamente la barbilla de Hermione con su mano derecha para levantarla hacia él. Y se agachó para besarla.

Y mientras sus labios se encontraban la castaña fue muy en contra de su voluntad conciente de algo: Draco Malfoy era el mismísimo diablo. Era Lucifer, que disfrazado de serpiente le entregaba la fruta prohibida de sus labios. Y tal como Eva, Hermione supo que ella había caído presa de la tentación para ser expulsada del jardín del Edén.

Sólo esperaba que las consecuencias no fueran tan terribles; porque sabía que sin importar cuales fueran, ella mordería la fruta prohibida tantas veces como le fuera ofrecida.

Después de todo Lucifer era el ángel más hermoso, pensó Hermione al separar el rubio sus labios de los de ella. Y el más malvado. Le recordó su conciencia.

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Dos horas e incontables discusiones después; Harry, Ginny, ron y Luna dejaban la Mansión Malfoy. Para cualquiera podría parecer una visita de los amigos de Hermione, pero principalmente se había tratado de una reunión para establecer unas cuantas reglas para la protección de Hermione y Draco. Obviamente todas impuestas por Harry, y que por supuesto no sentaron nada de bien a Malfoy.

- Ellos están enamorados. – dijo Luna de pronto, rompiendo el silencio en que se había sumido el grupo.

- Pues a mi me pareció repugnante. – Sentenció Ron con una mueca. – Lo siento, pero ni en cien años me voy a acostumbrar a ver al hurón con Hermione.

- Pues al parecer tendrás que acostumbrarte Ron. Realmente creo que Luna tiene razón. Solo hay que ver las expresiones de corderos degollados que ponen cada vez que se ven.

- Aún así hay algo que no me calza en todo esto. – Dijo Harry. Todos se voltearon a mirarlo. Sólo Harry Potter era capaz de hacer ese tipo de comentarios.

Lo peor era que generalmente, sino siempre, estaba en lo cierto.

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Una semana después la castaña se encontraba frente al espejo con expresión indecisa.

- La ama se ve hermosa. – dijo la elfina con su voz chillona.

- En realidad no se si debería ponerme este vestido. – Murmuró Hermione dándose vueltas frente al espejo.

- Definitivamente debería. El amo la encontrará espléndida.

Finalmente la castaña suspiró y claudicó. Sabía que no había otra opción. Malfoy le había dicho que la elfina le entregaría un vestido especialmente escogido por su madre y que más le valía ponérselo.

¡Por Merlín, cuánto odiaba a Narcisa Malfoy! ¡Esa despreciable mujer buscaba hasta la menor oportunidad para hacerle a vida imposible! ¡Cuando todo terminara la iba a…

El sonido de la puerta abriéndose la saco de sus cavilaciones. De un salto se dio vuelta enfrentando al rubio.

- Se nos hace tarde, Granger. - Le dijo el rubio echándole una corta pero potente mirada.

- Ehhh…ya casi estoy lista.

- Apúrate. – concluyó él. Pero justo cuando el joven se disponía a cerrar la puerta una visión lo dejó completamente estático en su sitio. Granger se había dado vuelta para ponerse un par de pendientes frente al espejo.

Draco tragó con fuerza. El vestido le había parecido bastante corriente de frente. Era azul marino, casi negro y tapaba a la muchacha de pies a cabeza adaptándose a sus curvas; pero simplemente no mostraba ni una sola porción de piel.

Pero por detrás. La espalda. ¡Por Merlín! ¡Si no existía espalda en aquel vestido! Tan solo piel. Piel y más piel al descubierto, hasta llegar justo hasta el final de la espalda. Draco se imaginó que si tan sólo ese vestido se deslizaba unos milímetros más hacia abajo y el trasero de Granger estaría a la vista de toda la comunidad mágica.

- ¿Estás segura que te pondrás eso? – Le preguntó con la vista fija en el final de la espalda de la chica. Aquel punto prohibido para cualquiera… menos para él.

- Sí. ¿Por qué me lo preguntas? Tú mismo dijiste que no tenía otra opción, Malfoy. – Contestó Hermione sin darse la vuelta. Además, ¿era su idea o la voz de Malfoy había sonado un tanto chillona?

- Verdad. – Escuchó que decía el rubio, sin embargo su voz había enronquecido.

De repente la joven pegó un salto al sentir al rubio a su espalda. Las manos de Malfoy estaban posadas en sus caderas, haciendo círculos con sus pulgares sobre la piel desnuda.

- Voy a matar a mi madre. - Le susurró al oído, para a continuación morder el lóbulo de su oreja.

Un estremecimiento recorrió el cuerpo de Hermione de la cabeza a la punta de los pies; y no pudo evitar recostar su espalda contra el pecho del rubicundo.

- Cuando termine esta maldita fiesta te voy a arrancar este condenado vestido. – Murmuró mientras deslizaba con descaro sus manos por sobre los pechos de Hermione. – Va a quedar hecho jirones, Granger.

¡Oh Merlín! Hermione casi desfallece ahí mismo al escuchar las palabras calientes de Malfoy.

Lamentablemente, ya estaban atrasados; y ya habían confirmado su asistencia a la maldita fiesta; por lo que unos minutos más tarde un par de magos bastante frustrados hacían su aparición en la fiesta anual que celebraba el Ministerio de Magia.

Definitivamente esta será una larga noche, pensó Malfoy al ver como su esposa entregaba su capa a uno de los mayordomos y aquella indecente porción de piel quedaba al descubierto.

Y por supuesto Hermione pensó exactamente lo mismo al ver la mirada de Draco Malfoy fija en ella: ardiente, abrasadora, llena de crudo deseo. Las piernas de la joven flaquearon y su corazón se aceleró. Por unos momentos, como en aquellas tontas películas románticas que la castaña siempre despreciaba, se quedaron mirando fijamente y todo a su alrededor pareció desaparecer. Sólo ellos dos.

¡Maldición!, pensó la joven. ¡No puedo creerlo! ¡Soy una estúpida! ¡Estúpida estúpida Hermione!

El rubio debió de haberse percatado del cambio en la actitud de la joven, quizás su rostro había revelado parte de su miedo; porque comenzaba a dirigirse hacia ella con expresión preocupada cuando un grito ahogado rompió el silencio en que la pareja estaba envuelta.

- ¡Por Merlín! Draco, ¿eres tú? – Apenas susurró una muchacha, como si tuviera un nudo en la garganta.

Hermione observó atónita a la mujer que acompañaba a su amigo Harry. Era una joven hermosa de cabellos oscuros y ojos azules que miraba con lágrimas en los ojos al rubio. Harry también parecía bastante sorprendido, por lo que la castaña llegó a la conclusión de que tampoco entendía nada de lo que estaba ocurriendo.

- Sara – Tan sólo esa palabra escapó de los labios del rubio. Se veía que estaba tan conmovido como lo estaba la joven; si bien no tenía lagrimas en los ojos, su rostro estaba surcado por una profunda expresión de anhelo y afecto. Hermione no pudo evitar sentir una punzada en el corazón al verlo, porque tenía que admitir que jamás había visto tal expresión en la cara de Malfoy. Pero lo que más le dolía, era que jamás había visto tal expresión cuando la miraba a ella.

Y como si aquella joven supiera como hacer aún más daño a Hermione, se lanzó a los brazos del rubio, quien le respondió con ímpetu.

- ¡Oh, Draco! ¡Jamás creí que volvería verte! – Sollozaba la joven. - ¡¿Cómo has estado?!Cómo está Severus?! ¡¿Qué ha sido de tu vida?! ¡Todo este tiempo! ¡Mis padres han preguntado por ti!

- Tranquila, tranquila. – El rubio tomó con ternura entre las suyas las manos de la joven y las llevó hasta su boca para besar el dorso con delicadeza. – Una pregunta a la vez. He estado bien, Severus también, y me he casado.

Tan sólo en ese instante el rubio se dio vuelta hacia Hermione.

- Esta es mi esposa, Hermione Granger. Hermione, esta es Sara Savage. – las presentó el rubio.

- ¡Hermione! ¡Hola! ¿Cómo estás? – Saludó efusivamente la joven, abrazando a Hermione, quien aturdida sólo atinó a esbozar una tenue sonrisa.

- ¿Se conocían? – Preguntó extrañado el rubio.

- ¡Claro! Harry me la presentó hace un tiempo. ¡Oh! Disculpa, olvidé mencionarte que Harry es mi prometido. – Dijo la chica señalando a Harry.

- No te preocupes, Sara. Malfoy y yo ya nos conocemos. – Lamentablemente. –Lo que me gustaría saber es como se conocen él y tú. – Si Hermione no se equivocaba, había cierto resentimiento en la voz de su amigo. Seguramente el mismo tipo de resentimiento que la inundaba a ella. O más bien, los mismos celos que la inundaban a ella.

- Larga historia, Potter. – Dijo Draco. – Una larga historia que Sara te contará en otro momento. Por el momento te digo que Sara y yo nos conocemos desde hace mucho y que sólo somos buenos amigos.

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"Sólo somos buenos amigos"

Aquellas palabras no dejaban de rondar por la cabeza de Hermione. ¿qué diablos significaba aquello?

- Buenos amigos y una mierda. – murmuró al espejo del tocador. Tras lo que le pareció una tortura interminable conversando con Sara y Harry, por fin se había escabullido con la excusa de que necesitaba ir al baño. Ya llevaba varios minutos mirándose al espejo, escuchando una y otra vez en cabeza esas cuatro palabras.

"Sólo somos buenos amigos"

Ella y Harry sólo eran buenos amigos, ella y Luna sólo eran buenas amigas, ella y Ginny sólo eran buenas amigas. Pero definitivamente Malfoy y Sara no eran "sólo amigos".

- ¡Maldición!

Las lágrimas empañaron su vista. Sabía que estaba actuando como una tonta, sintiendo celos d Malfoy. ¡De Malfoy! Pero no podía evitarlo, simplemente no podía. Cuando se habían quedado mirando fijamente hace tan sólo unos minutos se había dado cuenta de algo. De algo espantoso y aterrador que la había asustado como nunca antes algo la había asustado en su vida.

Y eso era lo que más le dolía. El haber sido tan tonta como para permitir que pasara.

- De alguna u otra manera, siempre logras hacerme sufrir, Draco Malfoy. – Murmuró con pesar mientras se limpiaba las lágrimas. – Ya debería estar acostumbrada.

Después de cerciorar en el espejo que todo estaba en orden, finalmente la castaña decidió que ya era tiempo de dejar su refugio. Había llegado a la conclusión de que debía permanecer firme y no dejar ver lo trastornada que se sentía.

Sin embargo, no estaba preparada para lo que vio.

Malfoy y Sara bailaban al compás de un vals en medio de la pista de baile. Era como si hubieran nacido para bailar juntos; elegantes y sofisticados, se movían con gracia extrema por la pista de baile; mientras reían y conversaban como dos personas que se conocen íntimamente y desde hace mucho tiempo.

- No sabía que tu marido conociera a Sara Savage.

- ¿Ah? Oh… hola Jonathan. ¿Qué… tú la conoces acaso?

- Por supuesto. Esa mujer es una de las mejores aurores del mundo. Seguramente no sabes de ella porque se ha especializado en misiones en el extranjero, pero es condenadamente buena en lo que hace. Y muy hermosa, por cierto.

Lo único que la castaña sabía era que a cada palabra del joven ella se sentía más y más insignificante.

- ¿Es cierto que es la prometida de Potter?

- Sí, así es.

- Y entonces… ¿qué hace bailando con tu marido y no con su prometido?

Hermione hubiera querido responderle que ella se hacía la misma maldita pregunta.

- Son amigos, se conocen desde hace mucho. – ¿A Jonathan le sonaría tan falso como le sonaba a ella?

- ¿Ah sí? – Una de las cejas del joven se había levantado con suspicacia. Definitivamente le había sonado completamente a basura. - ¿Te gustaría ir a tomar algo, Hermione?

La joven lo miró, después miró a la pareja sonriente en la pista, volvió a mirar a Jonathan y su vista nuevamente volvió a Malfoy y Sara.

- Por supuesto. Vamos.

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Casi una hora después Hermione se encontraba conversando muy animadamente con Jonathan. Entre trago y trago habían conversado de todo un poco, a cada momento que pasaba la joven se sentía más y más libre, contenta y relajada. La verdad era que Hermione sabía que tendría que haber parado de beber al segundo o tercer trago, nunca había sido una buena bebedora, pero la sensación de no tener problemas era tan placentera que había mandado al demonio lo correcto.

Además Jonathan era tan amable y atento (no como ese antipático de Malfoy) que no había ningún peligro. Había un pequeño diminuto y recóndito lugar de su cerebro que le gritaba que se alejara de ese hombre inmediatamente, pero Hermione decidió anularlo. Jonathan sí es un buen hombre, es un caballero, le decían sus sentidos embotados por el alcohol. Jamás intentaría aprovecharse de mí.

- Nunca te había visto tan desinhibida. – Le dijo el joven.

- Gracias. Pero la verdad es que no creas que siempre soy así.

- No te preocupes… me gusta. Me gusta esta nueva Hermione.

- ¿Hablas en serio? ¿Y por qué?

- Porque esta nueva Hermione parece capaz de muchas cosas…de tomar riesgos.

¿Era su idea o Jonathan estaba cada vez más cerca de ella?

- Vamos a bailar, bonita.- Le susurró el joven con todo su despliegue de galantería. Sin embargo Hermione no lo notó, o más bien no quiso notarlo. A pesar de eso, no pudo dejar de percibir que aquella palabra, "bonita", sólo se escuchaba bien los labios de cierto rubio.

Cierto rubio que esta bailando con otra, se recordó a si misma.

- Vamos. – Sonrió mientras enlazaba su brazo al del joven.

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- Draco, deberías tranquilizarte. Sabes que Hermione conoce a casi todas las personas de este lugar. Podría estar con cualquiera de ellas. La mayoría son sus compañeros de trabajo.

- Lo sé, Sara. Ese no es el problema. – El rubio parecía realmente enfadado y preocupado. – El problema es que ni siquiera Potty la ha visto… - El seño fruncido de la joven le advirtió de su error. - …bueno….Potter…¿contenta?...ni él ni esos amigos suyos la han visto.

- ¡Oh mira! ¡Ahí está!

Sui en aquel momento alguien hubiera visto el rostro de Draco Malfoy, definitivamente hubiera pensado que tenía intenciones serias de asesinar a alguien. Su esposa, ¡su esposa!, bailaba con ese galán de película porno barata llamado… ¿Cómo mierda se llamaba? ¡No importaba! ¡¡Y para colmo apretaba demasiado a SU esposa!!

- Definitivamente deberías calmarte, Draco. Sólo están bailando. – No era necesario ser un adivino para notar lo el rubio estaba pensando.

- Bailando mi culo. – Casi era posible ver como salía vapor de las orejas del rubicundo.

- No seas grosero.

- ¡Mira lo pegados que están! ¡¿Lo ves!? ¡Voy a matarlos! ¡A ambos!

- Estás exagerando. Además tú y yo estábamos bailando antes y Hermione no armó ningún escándalo.

- Pues estás a punto de ver uno, porque a mi nadie me ve la cara de tonto. – A continuación el rubio se dirigió resuelto hacia la pareja.

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Hermione estaba comenzando a arrepentirse de su decisión de bailar con Jonathan. Se suponía que en un baile entre amigos tu amigo no te abraza tanto, ¿cierto? Además, no era la mano de Jonathan aquella que bajaba peligrosamente hacia su trasero…¡por su espalda desnuda!

- Creo que deberías soltarme un poco, Jonathan.

- Vamos, Hermione, si no es nada.

- No. Hablo en serio. Estamos muy juntos. – La joven trataba de soltarse, per las manazas del hombre parecían de hierro.

- No seas así. No pasa nada. Nadie se da cuenta.

¡Qué pesado!

- No es ese el punto… yo no quiero, Jonathan. Por favor, suéltame.

- ¡Oh vamos! No seas mojigata

¡Qué!

- Ya te dije que me sueltes.

- Y yo te digo que…

- Mi esposa te acaba de repetir creo por cuarta vez que la sueltes. – El rubio definitivamente estaba enojado. Hermione podría jurar que jamás había visto una expresión tan seria e intimidante en el rostro del rubio.

Como activados por un resorte, los brazos de Jonathan soltaron inmediatamente a la castaña.

- No exageremos, amigo. Tu esposa y yo sólo bailábamos.

- Te recomiendo que salgas de mi vista en este instante. – Fueron las afiladas palabras del rubio.

Y por supuesto Jonathan demostró ser lo que todos creían, un completo cobarde, que en menos de un microsegundo ya estaba fuera de la vista de la pareja.

Malfoy no perdió tiempo, velozmente tomó a Hermione entre sus brazos. La muchacha podía sentir la rabia que emanaba de su esposo, tan perceptible era. A pesar de que sus movimientos seguían siendo gráciles y elegantes, había una rabia inmensa contenida en la forma en que la sostenía.

La forma en que la sostenía… tan diferente a como sostenía a Sara. La forma en que la miraba, con hostilidad; no como la dulce mirada que le dedicaba a Sara.

- Estás bebida. Ni siquiera puedes coordinar bien los pasos del baile.

La forma en que le hablaba, dura; tan diferente al tono afectuoso con que se dirigía a Sara.

- ¿Por eso dejaste que ese malnacido te manoseara?

Hermione no respondió, tan sólo se limitó a esconder su rostro en el pecho del rubio. Las lágrimas se escapaban de sus ojos.

- Respóndeme, Granger. ¿Por eso lo dejaste manosearte frente a toda esta gente?

¿Acaso eso era lo único que le importaba? ¿No quedar como un cornudo frente a la sociedad mágica? La joven ni siquiera lo miró. Malfoy no merecía una respuesta a una pregunta como aquella.

Harto del silencio de la joven, el rubio levantó su rostro.

- ¡Demonios, Granger!, te estoy preg… - Al ver las lágrimas en el rostro de Hermione las palabras se habían atascado en su garganta. El rostro de la castaña expresaba tanta pena, tanto sufrimiento; que el rubio se sintió morir.

- Por favor, sólo sácame de aquí. – Lo cortó la castaña al ver que él quería decir algo. – Tan sólo sácame de aquí, Malfoy.

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No vemos, espero, dentro de poco tiempo. Paciencia!