Apenas llegaron a la Mansión Malfoy, Hermione subió las escaleras hacia el dormitorio sin decir una palabra

Apenas llegaron a la Mansión Malfoy, Hermione subió las escaleras hacia el dormitorio sin decir una palabra. Draco la observó subir los peldaños, parecía completamente derrotada. No, más bien como si se hubiera rendido.

¿Qué le sucedía? Se había comportado de forma extraña toda la noche. Draco no la entendía, no comprendía su extraña actitud por más que trataba de analizarla una y otra vez. Sin embargo había una cosa que el rubio sí entendía. La joven sufría. Sufría intensamente. Y aquel sufrimiento le causaba a Draco una extraña sensación en el pecho; lo oprimía, estrujaba su corazón y lo dejaba sin aliento.

¿Qué significaba eso?

- ¡Maldición! – Masculló el rubio.

Subió las escaleras de dos en dos, absolutamente decidido a terminar con aquella sensación que lo dominaba.

Encontró a la joven quitándose el abrigo y tirándolo descuidadamente al piso. Ni siquiera hizo ademán de notar su presencia en la habitación. Estaba molesto, pero aún así se maldijo a si mismo, porque al ver su cuerpo enfundado en aquel condenado vestido la deseó.

Que el diablo se lo llevara, pero la deseaba. La deseaba con una intensidad que rayaba en lo enfermizo. Ese pensamiento lo asustó. Y lo encolerizó.

- Esto ya ha sido suficiente, Granger. ¿Qué diablos te pasa?

Como si no lo hubiera oído, la castaña se sentó a los pies de la cama para quitarse las medias. Al ver sus piernas otra oleada de deseo atravesó el cuerpo del rubio.

- ¡Te hice una pregunta, maldición!

- Sabes, Malfoy, realmente me gustaría dormir. – Ni siquiera lo miró.

- ¡No! ¡¡Me dirás que mierda te pasa y me lo dirás AHORA!!

Sólo entonces, al oír la atronadora voz del rubio, Hermione dejó de lado aquella pose de indiferencia para dirigirse a él con el rostro completamente contorsionado de furia y dolor.

- ¡¡Lo que a mí me pase no es de tu incumbencia!! ¡¡Nunca lo ha sido!! ¡¡Por qué tendría que ser diferente ahora?!

Nuevamente había lágrimas en sus ojos, pero esta vez Draco estaba tan consumido por la rabia, la frustración y la confusión que ni siquiera lo afectó.

Se acercó hasta ella con pasos amenazadores. La muy maldita. ¿Qué quería que le respondiera? ¿Qué sí le importaba? ¡Pues jamás se lo diría! ¡¡Granger no lo controlaría!!

- Tienes razón. - Le dijo con su rostro casi pegado al de ella. – Nunca me has importado. Ni antes ni ahora… sangre sucia.

Al oír aquello Hermione no puso evitar que un gemido brotara de su garganta. Con todas sus fuerzas trató de evitar que su rostro lo demostrara, pero por un instante, apenas una milésima de segundo, todo el dolor y la sorpresa se reflejaron en ella. El rubio lo vio. Quiso arrepentirse, decirle que lo sentía, que la rabia lo había dominado. Pero ¿cómo hacer aquello sin parecer su perrito faldero? No podía permitirse aquello. ¡Su orgullo!

- Si no es mucha molestia me gustaría dormir sola hoy. – El rostro de la joven volvía ser una máscara de indiferencia.

- Muy bien.

Y apenas Malfoy dejó la habitación dando un portazo, Hermione comenzó a llorar desconsoladamente. Sus hombros se sacudían presa de los sollozos que desgarraban su garganta.

¡Maldito maldito y mil veces maldito hurón!

Harta de llorar y tan solo queriendo olvidar, Hermione tomó su varita y convocó una botella.

- Veamos si es posible ahogar las penas en alcohol. – Susurró mientras llevaba la botella a sus labios.

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Draco Malfoy se paseaba como león enjaulado por su estudio. Llevaba más de dos horas en el lugar, rumiando sus desbocados sentimientos, sus confundidos pensamientos. Un vaso de wisky sin tocar era testigo de su atribulada situación.

Granger. Todo era culpa de ella. Se comportaba como una loca y lo trataba como si fuera su culpa. ¿Cómo mierda iba a ser su culpa si ni siquiera sabía qué le pasaba a la muy loca?

Sin poder aguantar ni un solo segundo más salió del lugar en dirección al dormitorio. La despertaría si estaba durmiendo, pero le diría qué era lo que le pasaba.

- ¡Grang…

Las palabras murieron en la boca de Malfoy al ver el estado en que se encontraba la joven. La castaña estaba despatarrada sobre la cama, con una botella en la mano vacía hasta la mitad y cantando lo que parecía ser… ¿el himno de Hogwarts?

- ¿Estás borracha?

La castaña continuó cantando, o intentando cantar, al parecer sin darse cuenta de la presencia del rubio. El joven se vio obligado a acercarse a la cama.

- Granger.

Nada.

- ¡Granger! – Esta vez la tomó de los hombros y la zarandeó un poco.

- ¿Ah? – Lo miró bastante rato como si tratara de enfocarlo, antes de que su rostro se transformara producto del enojo. – Ah…erezz tú.

- Estás borracha. Dame esa botella.

- No. – Un mohín se dibujó en los labios de la chica. – Si tú…quierez… tendráz que buscarte la tuya.

- Dámela, Granger.

- ¡No! – La joven le dio la espalda en la cama y abrazó la botella contra su pecho. - ¡Ezz mía!

Draco se tendió a medias sobre ella, forcejeando para quitarle la botella. Hermione, a pesar de la borrachera, prestó una dura batalla, por lo que el rubio terminó a horcajadas sobre ella.

- ¡Listo! – Finalmente había logrado quitársela, y manteniendo el cuerpo de Hermione prisionero con el suyo, la hizo desaparecer con la varita de Hermione que no dudó en lanzar lejos.

- ¡Cuidado con mi varrrita, hurón!

- Ahora hablaremos. – Le dijo el rubio seriamente.

- ¡Yo no hablare nada contigo! ¡Te odio! – Hermione se retorcía para liberarse.

- Perfecto, yo también. ¡Ahora estate quieta!

- ¡Zuéltame! ¡Maldito hurón, te odio tanto! ¡Te odio, te odio!

- Estás actuando como una niña, Granger. – Era tan fácil para el rubio someterla que la castaña dejó de luchar. – Muy bien, así está mejor.

- No…nada está mejor. – Las lágrimas comenzaron a brotar de los ojos de Hermione. – Y ezz tu culpa.

- ¿De qué hablas, Granger? ¿Mi culpa?

- Zzii,… porque…¡porque tú me haces sufrir! – El llanto se había desbordado y Draco no tuvo más remedio que soltarla. Estaba ya saliendo de encima de ella cuando la chica lo abrazó y comenzó a llorar aún más fuerte, mojando su camisa. - ¡Te odio! – Murmuraba ella contra su pecho, confundiéndolo aún más. – Te odio…te odio

Y como tantas otras veces a causa de aquella castaña, Draco Malfoy no supo que hacer. ¿Acaso tenía que abrazarla?

Casi como un robot, el rubio obligó a sus brazos a cerrarse alrededor de la chica. Y solo eso. No era como si se fuera a poner a sobarle la espalda o darle pequeños besitos en el pelo.

Tras lo que al rubio le pareció una eternidad, los sollozos cesaron. ¿Habría logrado calmarla con su cuasi-abrazo?

Pero para su consternación un ronquido le confirmó que no era ese el caso, sino que la joven se encontraba dormida en sus brazos, acurrucada en su pecho como un gatito.

La observó un momento. Un pequeño momento de debilidad de su parte, que sólo se permitió a causa de que ella dormía. Era tan hermosa. Aún con las mejillas surcadas por las lágrimas, los labios hinchados y el pelo alborotado a más no poder. Aún borracha, balbuceante y hablando tonterías. Aún enojada, gritona y encolerizada. Aún mandona. Aún amiga de Cara-rajada y La Comadreja. Aún come-libros. Aún "sangre sucia"…

Se dio cuenta con cierta sensación de derrota que podría seguir con los "aún" infinitamente. Maldición. Ella lo había derrotado.

- Y ni siquiera lo sabes, Granger. – Le susurró para luego depositar el más delicado de los besos sobre los labios de la muchacha.

Con cuidado trató de acostarla en la cama, pero en sus sueños la joven se negaba a separase de él. Trató infructuosamente de zafar las manos de la joven de su camisa, pero éstas parecían tenazas. Finalmente, tras notar que sería imposible (además no deseaba despertarla por ningún motivo), se recostó junto a ella.

Por un instante temió que la castaña se despertara, ya que la joven se había movido entre sus brazos. Pero era algo mucho peor lo que se avesinaba.

- Mmmm… Te amo…

¡¡Qué?!

La joven hablaba en sueños mientras ese acomodaba en los brazos del joven. Malfoy estaba paralizado.

Pero no ha dicho un nombre… no ha dicho ningún nombre

- Te amo… hurón

MIERDA. Simplemente mierda. Sólo Granger es capaz de declarar su amor de esa manera.

¿Y ahora que se suponía que tenía que hacer él con respecto a lo que acababa de decir Granger? ¡Era demasiada información! Quizás debería olvidarlo, como si jamás lo hubiera escuchado. Ella ni siquiera sabrá mañana que ha dicho que me ama.

Me ama.

Granger me ama.

Y al decirse aquellas tres palabras el rubio no pudo evitar que su corazón se acelerara, que su pecho se inflara. Era una sensación eufórica, hilarante, que lo dominaba y lo hacía sentirse más vivo que nunca.

Y Draco Malfoy, exmortífago, eterno enemigo del trío dorado y último heredero del Linaje de los Malfoy; hizo algo que nunca antes había hecho y que jamás imaginó que llegaría a hacer. Se recostó para dormir junto a Hermione Granger, abrazado a ella, acariciando sus rizos.

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Hermione se despertó con el peor dolor de cabeza de su vida. Inmediatamente bajó los párpados, ya que la luz de la mañana prácticamente le quemaba los ojos.

- Ohhhhhhhh… - Un gemido lastimoso se escapó de su garganta lastimada. – No volveré a beber alcohol jamás. – Murmuró con voz rasposa, mientras se llevaba una mano a la adolorida garganta y se incorporaba en la cama.

Craso error. Un dolor de cabeza espantoso azotó sus sienes.

Maldición. Nada puede ser peor que esto, pensó.

Pero… ¿realmente nada podía ser peor? En ese instante Hermione recordó como el día anterior había decidido emborracharse después de la pelea con Malfoy. Recordaba que al principio el wisky le había quemado la garganta, pero conforme desaparecía el contenido de la botella el dolor se esfumaba y la alegría surgía. Creía recordar a Malfoy entrando nuevamente en la habitación, incluso le parecía que habían discutido por algo nuevamente. ¡Diablos! ¿Qué había sucedido?

Observó que la cama junto a ella parecía haber sido ocupada por alguien. ¿Acaso después de haber discutido Malfoy se había acostado junto a ella de todas maneras? ¿Por qué?

Solo espero no haber hecho nada de lo que pudiera arrepentirme, pensó la joven; sin saber lo equivocada que estaba.

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En ese preciso instante Draco Malfoy era recibido en la Mansión de su madre. Se trataba de un edificio imponente, ubicado no muy lejos de la Mansión Malfoy en donde él y Granger vivían.

El rubio estaba molesto. Su madre le había mandado una lechuza en la que le decía que era urgente verlo. Diablos, en ese momento para él eran otras cosas urgentes. Granger por ejemplo.

Finalmente había decidido qué hacer.

Le había costado horas conciliar el sueño, pensando una y otra vez en qué hacer al respecto, como solucionar aquel problema. Y finalmente al despertar aquella mañana la respuesta había llegado sola. Simplemente abrió los ojos y lo supo.

Pero el maldito oportunismo de su madre tenía que hacer acto de presencia. Así que había salido dejando a la joven dormida.

- Aquí estoy, madre. Como lo pediste.

- Draco. – Había cierta sonrisa extraña en el rostro pálido de Narcisa Malfoy. Como si estuviera disfrutando demasiado la presencia de su hijo. A Draco no le gustó. – Me alegro de que hubieras venido tan rápido.

Y realmente parecía alegrarla.

- ¿Para que me necesitabas con tanta urgencia? – Draco quería ir al grano. No estaba de humor y ahí le olía a gato encerrado.

- Es a cerca de nuestros planes, Draco. – Los ojos de la mujer brillaron. – Por fin a llegado tu momento, hijo.

El rubio quedó atónito. ¡Por fin su madre le diría dónde se encontraba el actual escondite de los mortífagos!

- ¿Estás segura? – Aún así no podía dejar de desconfiar. - ¿Por qué ahora?

- Porque ya sé todo lo que necesito saber, Draco. Confío en ti y sé que no eres un traidor.

¡¿Qué?!

- No me mires así, hijo. Debo confesarte que por un tiempo tuve la duda. Pensé que podías haber cambiado. Ya sabes, con todo eso que sucedió con tu padre. Pero ya sé que no es así.

- ¿Y cómo puedes estar tan segura? – Por dentro el rubio estaba en ebullición. "con todo eso que sucedió con tu padre". Si con aquella frase se refería al asesinato de Sofía su madre era peor de lo que él imaginaba.

- Porque te he mandado a vigilar.

¡¡Maldita!!

- Nott. No fue precisamente muy sutil de tu parte, madre. Sabías que yo conocía su verdadera identidad.

- Así es.

- ¿Y se puede saber por qué entonces lo mandaste a vigilarme?

- Porque la sangresucia no sabía de quién se trataba. Ella nunca supo que Thomas era en realidad Nott.

¿Cómo era posible que aquel apelativo sonara tan mal en los labios de su madre? ¿En sus años de escuela se escuchaba así? ¿Tan denigrante, tan hiriente, tan… estúpido.

- ¿Y qué te dijo ese?

- Lo que esperaba oír por supuesto. Tú no eres ningún traidor, hijo. Pero esa inmunda sí.

Miles de alarmas se accionaron en la cabeza del rubio. Sintió miedo, verdadero terror, sin embargo no podía dejar que su madre lo notara.

Una segunda vez no. Una segunda vez no, por favor.

- ¿Qué piensas hacer al respecto? – Su voz sonaba todo lo contrario a como se sentía: fría e indiferente

- Nada por ahora. Dejémosla que crea que ella tiene todas las cartas bajo la mesa. Nos puede ser muy útil todavía.

¿Su madre habría notado como su cuerpo se relajó con aquella respuesta? ¿Cómo la opresión en su pecho se había esfumado?

- Entonces vamos a lo que me ha traído hasta aquí.

Narcisa Malfoy sonrió. Todo estaba yendo de maravilla.

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Hermione estaba a punto de llevarse la tasa a la boca cuando sintió un gran estruendo en, la sala.

Inmediatamente hizo además de tomar su varita del bolsillo, pero se dio cuenta de que la había dejado en la habitación.

- Sipsy… ¡Sipsy, ¿qué sucede?!

No recibió respuesta.

Lo que sí recibió fue la sorpresa más aterradora de su vida.

Frente a ella se encontraban Pansy Parkinson y Theodore Nott, ambos apuntándole con sus varitas.

- Buenos días, Señora Malfoy. – Le dijo el hombre haciéndole una reverencia. – Siempre tan encantadora.

- Déjate de estupideces, Nott. – Le dijo la morena. – No manches ese apellido con esta asquerosa.

Hermione hubiera querido decirle unas cuantas verdades a esa perdida, pero sabía que su principal arma en esos momentos era su silencio.

- ¿No dices nada, sangresucia? – La provocó la mujer. Pero Hermione se mantuvo sin decir una sola palabra. – Pues a ver si esto te hace hablar. ¡Cruccio!

Durante la guerra Hermione había sufrido ya esa maldición. No era algo nuevo para ella. Sin embargo eso no bastó para aminorar el dolor. Su cuerpo se dobló en dos y cayó al suelo, presa de las interminables maldiciones que lanzaba la pelinegra.

Después de lo que fueron los minutos más largos de la vida de la castaña, finalmente Parkinson bajó su varita.

- Qué asco. – Prácticamente escupió. – No sé como pudiste querer follártela, Nott.

- Para mí es bastante obvio, Parkinson. Y debo decirte que si tu adorado Daakito no hubiera llegado a casa antes de lo previsto nos hubiera encontrado a su esposa y a mi bastante… ocupados, por decirlo suavemente.

¿De qué diablos hablaba Nott? ¿Ella y él? ¡Jamás siquiera lo hubiera dejado acercarse a ella!

- Veo por tu rostro, mi querida, que estás algo sorprendida. Verás, seguramente es porque me conociste bajo mi alias. Me disculpo. A tus servicios, el primo Thomas.

¡Por Merlín!

Si era posible sentir más miedo, Hermione lo sintió. Apoyándose en una silla se puso de pie lentamente, sin dejar de mirar a sus atacantes.

- Son unos malditos cobardes. – Les dijo sin poder evitar que las lágrimas se escaparan de sus ojos.

- ¡Ohh! ¡Siempre tan valiente! Deberías haberte quedado en el suelo como la sabandija que eres, Granger. – Nuevamente Pansy Parkinson la apuntó con su varita.

- Lo siento, querida. Si estuviera en mis manos tu y yo tendríamos un bello futuro juntos. Pero ya sabes, órdenes son órdenes. – El pelinegro también levantó su varita.

- Yo quiero tener el honor. – dijo Pansy Parkinson; la sonrisa más malvada y satisfecha que Hermione hubiera visto jamás.

Draco…¿dónde estás?

Draco

Draco

Draco

Aquel fue el último pensamiento de Hermione Granger antes de que el rayo verde la impactara. Sólo eso. Sólo Draco.

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Capítulo no muy largo, pero decisivo.

Disfrútenlo. Y nuevamente miles de gracias por sus comentarios. Siempre son muy amables.

Besos para todos quienes leen y escriben.

No contestaré personalmente, pero mi forma de responderle es subiendo un nuevo capi.

Nos vemos en un triste próximo capítulo.