Chapter 08: Whitehill

Hacía mucho que no le hablaba. Johanna miró con recelo a Erik, que charlaba alegremente con Astrid Jones, que sonreía con aire coqueto. El chico pareció darse cuenta de las malas ondas que le mandaba su ex, ya que se giró de golpe a mirarla, con expresión seria. Johanna giró la cara, con un aire teatral y ofendido y siguió comiendo. A su lado estaba Lily, con los ojos rojos de llorar, observando como una magdalena se ahogaba en su tazón de leche, sin esperanzas de ser salvada y comida por la pelirroja.

-Debes comer- dijo la morena- ya se que estas deprimida y todo eso- contestó ante la mirada suplicante a la pelirroja- pero hace ya casi una semana que casi no comes mucho. No puedes hacer esto- Lily suspiró resignada y cogió una de las cucharitas que tenía mas cerca.

Faltaba un día para que empezaran las vacaciones de Navidad, el humor de Lily estaba por los suelos, estaba pálida, con un aire demacrado, los ojos rojos de llorar… daba lástima de ver. La morena fulminó con la mirada a James, que estaba al otro lado de la mesa. También tenía un aire bastante desolador, pero para nada parecido al de la pelirroja, él estaba charlando alegremente con Sirius y Remus, comiendo con ganas y sonriendo a todo el mundo. Eso hacía que la morena se pusiera de los nervios.

Los otros deprimidos de la mesa eran Remus y Caroline. La chica se marchaba de Hogwarts durante estas vacaciones, cuando terminaran ya empezaría sus estudios den la Academia Real, los dejaría, los abandonaba, y el que mas triste estaba con eso era Remus, que parecía un alma perdida. Como cerecita del pastel, Sirius estaba de un humor de perros, no hablaba casi con nadie, solo con James y con Remus, intentaba matar con la mirada a Matt, fulminaba a Kathy y, por desesperación de muchas chicas, ni siquiera charlaba con alguna de sus fans. A todo eso, se le tenía que añadir que la felicidad de Matt y Kathy parecía imborrable por muchos problemas de sus amigos. Al parecer, el chico se iba a pasar las vacaciones de Navidad con su padre en Nueva York, que era donde trabajaba, y no vería a Kathy durante las dos larguísimas semanas que duraban las vacaciones (larguísimas a su parecer claro está, ya que si hubiera sido por Lily las vacaciones no hubieran terminado nunca, así evitaba ver a James).

Después del desayuno las cuatro chicas volvieron a la habitación, para terminar de hacer los equipajes.

-Haber, repasemos nuestras vacaciones Sin-Merodeadores- anunció Johanna, pero luego rectificó ante la mirada reprobatoria de Caroline- Vale, sin Sirius ni James.

Johanna y Kathy, que veían peligrar sus últimas vacaciones escolares por culpa de las depresiones que empezaban a coger Lily y Caroline, tomaron la iniciativa de organizarse las vacaciones ellas mismas. Aprovecharon que la madre de Johanna tenía una bonita casa en la montaña, cerca de unas pistas de esquí muggles, las cuatro chicas irían allí a pasar Nochebuena, Navidad y Nochevieja, sin padres, sin normas y, sobretodo, sin causantes de depresiones.

-Mañana cogeremos el tren en King's Cross, a las doce y media- anunció la morena, mirando una lista donde tenía todo el "planning" de vacaciones- Llegaremos a Whitehill a las dos y media del mediodía- Whitehill era el pequeño pueblo que quedaba al lado de la casa de los Rhodes- entonces, allí cogeremos un autobús que nos llevará a la casa, ya tengo los tickets- dijo, enseñando cuatro papelitos azules con cosas escritas a los que nadie prestó mucha atención.

-Tengo una pregunta- dijo Caroline- ¿Por qué coño tenemos que ir en tren y en bus si ya podemos hacer magia y aparecer?

-Porque yo no puedo aún-contestó Kathy, malhumorada- mi cumpleaños es el 25 de Diciembre, si su majestad hace el favor de acordarse, y hasta ese día soy menor de edad.

-Uh…- murmuró Caroline, dejándose caer encima de la cama, al lado de Lily, que tenía una mirada ausente.

-Y bueno- siguió Johanna, como si nada- tenemos una fiesta por Nochevieja y otra por Nochebuena. Kathy, ¿Tú irás con tu familia por Navidad a celebrar tu cumpleaños, no?

-Exacto- contestó la chica.

-Bien, pues a terminar de hacer las maletas- dijo con emoción Johanna, aunque ninguna de sus amigas pareció contagiarse de ella. Kathy miraba el reloj triste, contando las horas que le quedaban por estar junto con Matt, Lily ponía la ropa dentro del baúl con muy poca gracia y secándose las lágrimas cada dos minutos, y Caroline observaba cada rincón de la habitación (daba igual si era su cama como si era una insignificante telaraña que había en el techo) con pena y melancolía.

-Ay Dios- susurró para si misma Johanna- menudas vacaciones me esperan.

…•¤¤•.•¤¤•…

-Venga chicos- pedía Remus- un poquito de ánimos, que nos vamos a esquiar como los muggles y no queremos parecer unos deprimidos solitarios- siguió- que ya se que todos estamos bien jodidos por culpa de las chicas, pero os recuerdo que es nuestro último años y nuestras últimas Navidades- Remus estaba sentado encima de su baúl, haciendo presión para cerrarlo. El pobre no tenía mucha maña en poner las cosas dentro y, como lo había dejado para último momento, aún se había lucido menos de lo normal.

-Venga, tú repítelo- le contestó James amenazante- vuelve a repetir que estamos jodidos y te acordarás de mi para siempre.

-Creo que no te podría olvidar ni que quisiera, Jamesy- le contestó Remus, haciendo voz de chica y lanzándole un beso, cosa que provocó risas entre los cuatro chicos que estaban allí.

Al oír Sirius que Matt también se reía se marchó de la habitación mosqueado. Matt suspiró.

-No te tortures- le dijo James, sabiamente- Sabe perfectamente que tú no eres el malo de la película, pero le es mas fácil pensar que le quitaste la chica y querer odiarte, que no darse cuenta de que fue una cosa que él mismo decidió sin pensar mucho- Matt se encogió de hombros y miró el reloj.

-Me voy- les comunicó- Mi padre me vendrá a buscar a Hogsmeade en dos horas… Decidle a Sirius que feliz Navidad y feliz Año Nuevo de mi parte…-con un gesto de varita hizo levitar su baúl y salió de la habitación tras despedirse de los chicos.

-Me da pena el pobre, y Kathy también- comentó Remus- Si lo dejaron de mutuo acuerdo ahora Sirius no puede ponerse celoso y tratarlos así- James se miró a Remus dudoso- ¿Qué ocurre?

-Pues, que la cosa no fue tan bonita como nos la pintó Sirius en un principio, si es que una ruptura es alguna vez bonita- comentó al final, con melancolía.

-¿A que te refieres?- pidió el castaño- ¿Fue más culebrón?

-No te rías- les riñó James, ante las ocurrencias de Remus de un culebrón- Lo que pasó fue que los padres de Kathy no querían que fuera con él, porque los padres de Sirius les comieron el coco. Y Sirius dejó a Kathy por miedo a que terminara como él, siendo una de las ovejas negras de la familia, pero en su caso de los Holmes.

-Vaya… Pero si Sirius decidió dejarla, ahora no puede tratarla así, no lo entiendo.

-No hay mucho que entender- contestó James- fue uno de esos ataques que le cogen a veces cuando se nota asustado, uno de esos impulsos, que le hacen actuar sin pensar y luego se arrepiente. Le dijo a Kathy que no quería saber nada de ella, y ahora se arrepiente- terminó, seguro de que Sirius no escuchaba lo que James decía de él. Pero no era así, Sirius estaba justo apunto de abrir la puerta, escuchó lo que James pensaba en realidad de él, que era un impulsivo descerebrado y, si ya estaba de suficiente mal humor, eso lo hundió mas.

…•¤¤•.•¤¤•…

-¡Es precioso!- exclamó Kathy.

Matt le había pedido que lo acompañara hasta la salida del colegio, más que nada porque quería darle el regalo de aniversario-navidad de la chica, ya que no estaría con ella. Le había regalado un collar de plata, una cadenita muy fina y brillante, de la cual colgaba una florecilla del mismo material, con un diamante en el centro.

Le había costado bastantes quebraderos de cabeza el que comprarle, pero al final vio ese collar en una tienda de Hogsmeade y decidió comprarlo, aunque no podía negar que le había costado una pasta.

Kathy se lanzó a sus brazos, cubriéndolo de besos.

-Te echaré muchísimo de menos- dijo ella- y siento mucho no haber traído aquí tu regalo, quería mandártelo por Navidad, pero si esperas un segundo voy a buscarlo y te lo doy.

-No- dijo él, con una sonrisa- Dentro de veinte minutos me voy, quiero pasar más rato a solas contigo- pero no pudo ser. Un chico bajaba a toda prisa por el castillo, con su melenita negra toda despeinada, cosa rara en él, y tropezando con todo el hielo y la nieve que había acumulados en el jardín del colegio. Al final, como era obvio que ocurriría, tropezó y cayó al suelo. El grito que pegó llamó la atención de Matt y Kathy, que voltearon y acudieron en su ayuda.

-¿Sirius?- preguntó sorprendido Matt y, con temor, imaginó que el moreno había ido allí a hincharle la cabeza a modo de venganza o algo parecido. Miró que hacía Kathy y se sorprendió al ver que le tendía la mano para ayudarlo a levantarse.

-Gracias- dijo él, en un tono de vergüenza bastante impropio y poco usado, sin mirar a los dos chicos- Yo… venía aquí…- recordó lo que habían dicho James y Remus; tenían toda la razón, no podía comportarse como un crío de cinco años al que no le quieren comprar un juguete, tenía que dejar a Kathy y a Matt en paz de una vez, ellos no se merecían eso. Lily le había dicho algo parecido unos días antes, después de los interrogatorios con los Veritas. En un primer momento no hizo caso a lo que le había dicho la pelirroja, pero tras escuchar a sus dos amigos, le pareció lo mas cierto. Kathy, en especial, no se lo merecía, más que nada porque él aún la quería, y si el hecho de estar con otro chico la hacía feliz y la alejaba de tener problemas con la familia, era lo único que Sirius podía hacer por ella- Siento mucho como os he tratado durante estos meses- Matt y Kathy abrieron tanto los ojos que Sirius estaba preocupado por si se les caerían- En especial contigo Kathy, he estado apunto de echar a perder nuestra amistad, y quiero pedirte perdón por lo mal que te he tratado… y quisiera que me perdonaras, si no es demasiado tarde- Kathy sonrió, sintiéndose la persona mas feliz del mundo y le dio un abrazo a Sirius, que, a su vez, la chafó con fuerza contra él- Lo siento muchísimo, de veras.

-Todo olvidado- contestó Matt, con una sonrisa. Miró el reloj, tenía que irse o su padre lo mataría- Me voy- Kathy se soltó rápidamente de Sirius y se lanzó sobre Matt, dándole un beso.

Sirius sonrió complacido, al ver lo feliz que estaba Kathy y pensar, que en parte, aunque solo fuera poquita, era gracias a él. Los dos se despidieron d Matt, que salió volando del recinto escolar, seguido de su baúl.

-Muchas gracias- le dijo la castaña a Sirius, dándole otro abrazo. Él la cogió e hizo que dieran una vuelta, para caer los dos a la nieve, entre risas y sonrisas.

…•¤¤•.•¤¤•…

-Vamos a ir quedando, eh- recordó por enésima vez Caroline a Remus, que estaba a un paso del suicidio- pobre de tú que no contestes a mis cartas estas vacaciones.

-¡Que si!- exclamó él, ya harto.

Tras una larga charla, los dos se dieron cuenta de que, por mucho que quisieran, su relación terminaría en el momento en que la morena dejara de asistir a Hogwarts, es decir, cuando terminaran las vacaciones de Navidad. Decidieron que esas vacaciones las pasarían separados, para no hacer tan dura la separación definitiva, pero obviamente se permitirían el lujo de quedar durante las vacaciones, pues los dos podían aparecer.

-¿Pero como puedes no acordarte de donde os vais de vacaciones?- preguntó mosqueada la morena.

-¡Tú tampoco te acuerdas de donde vas!- se quejó él.

-Ya lo se, pero yo no soy la organizadora del viaje- Remus la ayudó a cerrar el baúl y los dos bajaron hacia el vestíbulo de Hogwarts, donde los esperaban sus amigos. Johanna miraba desafiante a James, que estaba de espaldas al grupo, mientras Lily miraba el suelo, conteniendo las lágrimas. Por otro lado Sirius y Kathy charlaban alegremente, como si nunca hubiera habido el mínimo problema entre ellos. Había un movimiento impresionante, todo el mundo charlando y corriendo arriba y abajo, gente despidiéndose, gritando, llorando, dándose besos, bueno, una señora despedida.

-Que vaya bien- dijeron Remus y Sirius a la vez, despidiéndose de las chicas, que salieron del terreno, abrigadas hacia Hogsmeade.

-¿Y porqué no cogemos el autobús Noctámbulo?- preguntó Caroline, desesperada mirando el Hogwarts Express que las llevaba a ellas y a varios alumnos mas hacia King's Cross.

-Porque ya tenemos los billetes de tren- Johanna miró el reloj- venga que ya son las ocho y diez, el tren se va a y cuarto, todas dentro- animó con alegría.

Las chicas subieron, minutos después, el tren arrancó a toda pastilla hacia King's Cross.

-¿Y porque coño va tan rápido este trasto?- se quejó Caroline, que empezaba a sentirse mareada- ¿Ahora tiene prisa? Y el uno de septiembre parece que nunca llegaremos- comentó, hora y media mas tarde de haber perdido de vista la estación de Hogsmeade, cuando vio unas colinas que indicaban que ya estaban a mitad del camino- Creo que vomitare- continuó con un hilo de voz, y salió corriendo del compartimiento.

Lily se removió entre sueños. Sus amigas la habían convencido de que durmiera un poco, ya que hacía una semana que dormía fatal.

-Pobrecita- murmuró Kathy.

-Potter es un idiota integral- contestó Johanna, con una mirada llena de odio- Tenemos que hacer que Lily vuelva recuperada de Whitehill, ¿Vale?- Kathy asintió y las dos echaron a reír. Minutos después entró Caroline un poco lívida.

-Vomité- anunció, tumbándose en el asiento del compartimiento- Este viaje me va ha matar.

Llegaron a Whitehill tras coger otro tren. Las cuatro chicas se quedaron asombradas observando el pueblecito.

Whitehill era un pueblo que se encontraba, como indicaba su nombre, en una colina nevada. El pueblo estaba en el punto más alto, rodeado de un lado por un lago y por el otro de una grandiosa pista de esquí que estaba a rebosar de gente. Las chicas bajaron del tren y Lily, Kathy y Caroline ya se dirigían hacia el pueblo cuando Johanna las llamó.

-No tan deprisa forasteras- dijo- Nosotras no estamos en el pueblo, sino por ahí- señaló lo que parecía una pequeña urbanización en medio del bosque, donde habían todo de grandes cases de estilo rústico. Cogieron un autobús que las llevó delante del lugar.

-¡Que hermosa!- exclamó Lily, cuando vio la casa de los Rhodes. Era una construcción de dos pisos, muy grande, completamente de madera y recubierta de nieve. El caminito que llevaba desde la entrada del jardín hasta la casita había estado limpiado recientemente, cosa que intrigó a Lily.

-Ha sido Bertram, trabaja para mi madre y ella le pidió que encontráramos la casa en condiciones- contestó la morena, orgullosa de su madre, ante la mirada interrogativa de la pelirroja.

Las tres chicas llevaron los baúles hacia dentro con gran esfuerzo, pues no podían hacer magia en medio de la calle. Johanna abrió la puerta y el olor familiar de una chimenea les llenó los pulmones, mientras de dentro de la casa emanaba un agradable calorcito.

-¡Que genial!- gritaron Caroline y Kathy, entrando de golpe en la sala. Estaban en un pequeño recibidor, con una alfombra peluda blanca en la entrada y una lámpara de cristal muy bonita colgando del techo. Enfrente de la puerta había unas escaleras de madera oscura que subían al piso de arriba y a cada lado de la sala había una gran puerta.

-Comedor- dijo Johanna señalando a la derecha, hablando como si fuera un robot- Sala de estar- señaló a la izquierda- Habitaciones- señaló las escaleras. Las tres chicas subieron al piso de arriba guiadas por Johanna, todas muy emocionadas por lo bonita que era la casa. El pasillo se dividía en dos por dos puertas.

-Habitaciones- señaló la puerta de la izquierda- Sala de fiestas- señaló la derecha- Ahora os digo donde tenéis que dormir- y se las llevó por la puerta de la izquierda. Había dos habitaciones en cada lado del pasillo- En la primera habitación duermo yo, en la otra Caroline. Y al otro lado Lily y Kathy, venga, a poner las cosas en su sitio- y entró en su habitación. Las demás la imitaron.

La habitación de Lily era una salita bastante grande, con una puerta doble echa de cristal y madera oscura que comunicaba con un pequeño balcón, del cual también habían retirado la nieve recientemente. Las paredes eran de un color vinoso, al igual que las mantas que había encima de la grandiosa cama doble. Un imponente armario echo de una madera muy oscura se alzaba al lado opuesto del a cama y una puertecita al lado del armario comunicaba con un baño, que descubrió que compartía con Kathy, que irrumpió en la habitación muy emocionada.

Tras la fugaz visita de la castaña Lily corrió el cerrojo, quedando encerrada en la habitación. Se sentía triste, se sentía vacía, pero sobretodo se sentía traicionada, traicionada por él, por haber sido suficiente ingenua como para creer sus estúpidas palabras, suficiente ingenua para no ver lo que había ocurrido.

Se tumbó encima de la cama, examinando el techo pero sin prestarle mucha atención ¿Qué había echo ella para que él le hiciera eso? ¿Ir a la biblioteca? Por mucho que le buscaba un motivo para poder darle la razón a él, no lo encontraba, no había motivo, solo lo había echo por una estúpida tontería ¿Se podía confiar en alguien así? Desde fuera del pasillo oyó como sus amigas se reían de alguna tontería que había echo Johanna. Se sintió muy distante a ellas. Ellas eran felices, ella no. Ellas podían sonreír, pero ella no. Hubiera sido mejor que no la hubieran invitado a esas vacaciones, solo haría que molestarlas su tristeza.

Se quedó pensando en eso último. Caroline sufría tanto o más que ella, en poco las dejaría a todas, se iría del lugar donde había estado viviendo durante siete años y empezaría una vida nueva. Las dejaba a ellas, dejaba a Remus, se iba y se quedaba sola. Seguro que en el fondo estaba triste. Kathy igual, pese ha haber echo las paces con Sirius se había separado de Matt, seguro que eso no la alegraba, y Johanna también, no hacía nada que había cortado con su novio y, aunque dijera que se alegraba, Lily sabía que eso no era cierto. Pero las tres chicas hacían como si no pasara nada, sonreían, charlaban, bromeaban, parecían felices… ¿Por qué lo hacían? Se preguntó Lily. Tras darle vueltas a la cosa se dio cuenta: Era su último año juntas, a partir de ahí cada una seguiría con su vida, tan podía ser que se vieran cada día como que no se volvieran a ver hasta dentro de diez años, era por eso que estaban felices, porque querían tener un hermoso recuerdo donde volver y pensar en momentos tristes, recordando esa amistad que habían creado con años de estar juntas.

Un brillo de alegría se abrió en su corazón ¿Qué más daba que James le hubiera puesto los cuernos? ¡Él se lo perdía! ¡Era él quien tenía que sentirse mal! ¡No le daría la alegría de ver que eso la había afectado! ¡Ella no!

Lily se levantó decidida hacia la puerta, se secó las pocas lágrimas que aún le quedaban en los ojos y salió de la habitación con una gran sonrisa, sorprendiendo a sus tres amigas que se la quedaron mirando desconcertadas.

-¿Adonde vamos esta noche de fiesta?- preguntó muy animada.

…•¤¤•.•¤¤•…

-¿Os ha quedado claro donde tenéis que aparecer?- inquirió por enésima vez Remus. Sirius y James asintieron, ya hartos. Los tres chicos estaban en las afueras Hogsmeade, con ropa de abrigo muggle, unas bolsas deportivas cargadas de ropa y unos esquís apoyados en la espalda.

-¡Que si Remus que si! En la estación de esquí de Whitehill- contestó Sirius.

-Que no- se quejó Remus ya harto, enseñándoles a los chicos un mapa y una fotografía del lugar- Aquí, en este bosquecillo, al lado de la estación de tren y la de autobús, no llamaremos la atención ni les parecerá raro que vayamos con todo el equipaje, ¿Si?

-Vale- contestó ya harto James- Si no nos encontramos en diez minutos volvemos aquí mismo, ¿Vale?- comentó recordando que en todo el verano no habían conseguido quedar, pues uno aparecía a la calle que no tocaba, el otro en cualquier otro barrio, y cosas por el estilo. Los chicos desaparecieron en la nada.

-¡Auch!- exclamó Sirius, cuando James cayó encima de él- ¡Vigila con el aterraje Prongs!- entonces apareció Remus, que cayó encima de James, aplastando a Sirius- ¡Quitad joder!- gritó el moreno aplastado entre la nieve y ahogándose con tanto peso. Los dos chicos salieron rápidamente de encima y lo ayudaron a levantarse como signo de arrepentimiento. Cada cual cogió sus cosas y salieron del bosquecillo.

Delante de ellos había una pequeña estación de trenes, cubierta de nieve, y al lado una parada de autobús. El autobús subía hacia un pequeño pueblo arriba del todo de una colina. Al lado del pueblo se veían las pistas de esquí y el refugio de montaña que podían alquilar los esquiadores y donde dormirían ellos tres.

-Vayamos rápido o perderemos el autobús- pidió Remus, que salió corriendo hacia el trastito bastante destartalado que recibía el nombre de autobús. Sirius y James entraron felices y campantes, sin pagarle nada al conductor que iba a quejarse, justo cuando Remus sacó el dinero muggle para pagar. Era el único que tenía moneda a mano muggle, ya que su madre trabajaba en Gringotts y se lo había mandado para la ocasión. James anduvo lentamente hacia uno de los asientos vacíos, observando distraídamente. Empezó a pensar que varios de los chicos que había allí le resultaban extrañamente familiares cuando vio claramente como una melena pelirroja muy conocida subía a toda prisa hacia otro autobús que acababa de llegar a la estación. El autobús recién llegado se puso en marcha pero, a diferencia del que ocupaba él, fue en dirección a una pequeña urbanización, mientras que el suyo subía colina arriba. Volteó rápidamente para mirar a Remus.

-Escucha, ¿De donde sacaste la idea de venir aquí de vacaciones?- preguntó preocupado por lo que había visto, y cada vez mas seguro de que varios chicos y chicas que habían en el autobús eran de Hogwarts, pues Sirius charlaba con una castaña como si la conociera de toda la vida, y Sirius era muy simpático y tratable, pero tampoco tanto.

-Pues…- empezó Remus, haciendo memoria- lo vi anunciado por Halloween en Hogsmeade y les pedí que nos reservaran cinco plazas, aunque al final solo hemos sido tres ¿Por?- pidió ahora él, ante la mirada de preocupación de James.

-¡Porque acabo de ver a Lily cogiendo otro autobús!- Remus abrió mucho los ojos y James empezó a rezar para que no se cruzaran con la pelirroja en ningún momento, pues estaba seguro de que no sería muy agradable.

-¡Pedazo habitación!- exclamó Sirius, lanzándose en una cama y tirando todo su equipaje por el suelo.

La habitación que ocupaban era realmente grande, aunque tenía el pequeño fallo de estar ubicado en las buhardillas del gran refugio de montaña. Pese a que el tejado tenía una desconcertante forma en picado, la habitación no podía haber sido mejor ni haber tenido mejor precio: tres camas, con baño, televisión, servicio de habitaciones y algo mas que nadie sabía para que servía, durante dos semanas, por menos de 100 libras por cabeza.

Justo cuando los chicos empezaban a deshacer el equipaje alguien llamó a la puerta.

-¿Se puede?- pidió una voz femenina.

-¡Claro que sí!- respondió Sirius, ignorando por completo a James que se estaba cambiando y se encontraba en calzoncillos, por lo que tubo que ir corriendo hacia el baño.

Una chica de larga melena castaña que parecía casi rubia, bastante alta, pecas e la nariz y ojos azules entró en la habitación, acompañada de otra chica. Sirius se levantó de la cama, donde minutos antes estaba comiendo chucherías muggles que vendían en recepción, con una expresión de real asombro al reconocer a la castaña.

-¿Astrid?- pidió, acercándose a ella y dándole dos besos, uno en cada mejilla- ¿Qué haces aquí?

-Lo mismo que tú, tus amigos y medio séptimo de Hogwarts- contestó, con una sonrisita, saludando a Remus. La chica que la acompañó tosió aposta, para que dieran constancia de que estaba allí- Hay si, os presento a mi amiga, se llama Mila Green- anunció Astrid, un tanto avergonzada de haberse olvidado de su amiga.

Era una chica alta, muy pero que muy delgada, de labios rosados, al igual que las mejillas y lucía una espectacular melena rubia con unos rizos perfectos.

-Buenas- saludó ella, con una voz bastante aguda, que a Remus le recordó a la de Crystal Sparks. La chica les dio un beso a cada uno en la mejilla, como señal de salutación.

-Bueno- dijo Astrid mirando el reloj- nosotras nos vamos. ¿Iréis esta noche a la fiesta que haces en el pueblo? Se ve que es en un recinto en no-se-dónde, en recepción os lo dirán mejor.

-Obviamente que iremos- contestó Sirius, que se comía con la mirada a las dos chicas.

-¿Qué os parece si vamos juntos?- pidió Astrid. Sirius asintió al instante- ¿A las diez y media nos pasáis a buscar? Estamos en la habitación 089.

-A las diez y media estaremos allí, listos para la juerga- contestó Sirius, mientras las dos chicas se marchaban del lugar.

…•¤¤•.•¤¤•…

-¡Don't let me go!- cantaba a pleno pulmón Johanna mientras colgaba todo de adornos navideños por la sala de estar.

-¿No te parece que deberías cantar algo mas navideño?- propuso Lily, ya harta de oír los gritos desafinados de su amiga. Johanna se encogió de hombros y siguió con su sarta de chillidos desafinados.

La sala de estar era una amplia habitación de paredes de piedra cortada y parqué oscuro con una gran alfombra granate en medio. Una gran chimenea estaba en la pared que quedaba mas lejos de la puerta de entrada y varios cómodos sillones de piel se encontraba delante, donde Kathy y Caroline miraban revistas distraídamente.

Alguien llamó al timbre, cortando el recital de Johanna que fue ha abrir rápidamente.

-¡Hola señor Bertram!- exclamó Johanna, abriendo completamente la puerta de la sala para que dos hombres muy abrigados entraran un arbolillo de navidad.

El primer hombre era al que Johanna llamaba señor Bertram. Era un hombre de unos cincuenta años, bastante calvo y canoso, con gafas y con cara de buena persona. Era un tanto delgado y parecía imposible que entre él y otro chico hubiera llevado el árbol hasta allí.

-Buenos días Hanna- saludó él, provocando una mueca en la cara de Johanna al oír el apelativo- ¿Lo habéis encontrado todo bien?- las chicas asintieron, un tanto desconcertadas con tanta confianza- Bien, bien. ¡Ah si! Os presento a mi hijo- señaló al muchacho que había detrás suyo.

Era un chico de unos veintitantos años, alto, rubio, de ojos azules, sonrisa prefecta, es decir, que las cuatro chicas abrieron mucho la boca y no empezaron a babear porque tenían consciencia de que parecerían totalmente estúpidas.

-Buenas- saludó él- Soy Aubrey Bertram, encantado- y le dio dos besos a Johanna, que aún parecía en estado de shock- ¿Tú debes ser Johanna Rhodes, verdad?- la chica hizo un leve movimiento con la cabeza, que el chico interpretó como una afirmación. El chico se acercó a Lily, que era la que estaba mas cerca, con todo de cintas doradas atadas en la cabeza con un aire hippi, cosa que también llevaba Kathy, pues habían estado jugando con esas cintas hacía un rato. Se paró delante de ella, con una amplia sonrisa.

-¡Lilianne Evans!- exclamó Lily, sonrojándose un poco, y dándole la mano, cosa que el chico ignoró y le dio dos besos al igual que a Johanna.

-Mucho gusto- dijo el chico, y luego fue hacia Caroline, que estaba sentada haciendo el gesto de estar cogiendo una revista abierta, pero la revista no estaba en sus manos si no en el suelo.

-Yo soy Caroline Ross- dijo Caroline, intentando actuar con normalidad pero se sentía un tanto turbada por todo, en especial por el espectacular chico que tenía delante. También le dio dos besos y luego se acercó a Kathy- ¿Puede ser que tú seas Katherin?- la chica lo miró como si le hubieran salido topitos rosas por el cuerpo.

-¿Nos conocemos?- preguntó ella, extrañada.

-Conozco a tu hermano Richard- explicó el rubio- Me enseñó una foto de toda la familia hace no mucho. Trabajamos juntos en el Ministerio, pero que conste que no soy tan viejo como él- añadió al ver que la cara de Kathy se había deformado al pensar que el rubio tenía la misma edad que su hermano, que casi llegaba a los treinta.

-Aubrey- lo llamó su padre- tenemos que irnos ya, queda mucho trabajo para la fiesta de esta noche.

-¿Fiesta?- preguntó Johanna.

-Aja- contestó el rubio- Estamos montando una sala de fiestas en el polideportivo ¿Vendréis no?- las cuatro asintieron rápidamente- ¡Genial! ¿Queréis que os pase a buscar con mis amigos?- volvieron a asentir, imaginándose a mas chicos como él- Pues pasaremos por allá las diez y media, ¿Vale?- y dicho esto se largó de la casa con su padre.

Las cuatro chicas se quedaron quietas, en silencio, sin moverse, hasta que Caroline miró el reloj.

-¡Son las siete y media!- gritó y, como si de una carrera se trataste, Johanna y Caroline salieron corriendo para ver quien llegaba antes al baño que debían compartir. Lily se quedó con Kathy en el salón.

-¿Cuántos hermanos tienes?- preguntó con curiosidad la pelirroja, a lo que la castaña respondió moviendo rápidamente las manos como si decir el numero de hermanos que tenía estuviera prohibido- Supongo que tú no querrás ir a la caza de chicos, ¿Verdad?- Kathy negó con la cabeza divertida- Genial, porque me pondré tu vestido violeta- y salió corriendo hacia las habitaciones. Kathy se quedó terminando de adornar el árbol recién llegado.

-¡Yo lo vi primera!- le gritó Johanna a Caroline, las dos tiraban con fuerza de un vestido azul turquesa- ¡Además es mío!

-¡Pero dijiste que me lo dejarías si te dejaba los deberes! ¡Cumple tu promesa!- contestó Caroline. Lily y Kathy sacaron la cabeza por la puerta para mirar que ocurría.

-¡Yo no te prometí nada!- las dos chicas iban en ropa interior, con una toalla atada encima y el pelo mojado. Cada vez tiraban más del vestido- ¡Suéltalo que es mío!

-Chicas, por favor- pidió Lily, que veía como la tela no aguantaría mucho más, y, obviamente, no lo hizo. Con un crujido la tela se partió, quedándose Caroline con una de las mangas y Johanna con el resto del vestidos, las dos al suelo ya que por inercia se cayeron. Johanna miró con lastima lo que era su vestido favorito y Caroline contempló la manga que tenía en la mano.

-Tuyo- dijo la última, levantándose y tirándole la manga a Johanna, para luego ir hasta su habitación y vestirse.

-Joo- se quejó Johanna- Lily, ¿Puedes arreglarlo?- la pelirroja asintió- ¡Genial! Pero ahora no me lo pondré- y sacó unos tejanos oscuros y una camiseta de hilo naranja del armario- Es demasiado elegante para la fiesta de hoy- se quedó examinando como iba vestida Lily: unos tejanos bastante viejos y una camiseta normal y corriente- ¿Adonde vas tu así?¿A pedir limosna?- la pelirroja se sonrojó.

-No si… es que el vestido que iba a ponerme no me queda bien y…

-No me vengas con que no has traído mas ropa porque vaciaste el armario de Hogwarts, venga, que voy a ayudarte con la ropa.

-¡Que no que no!- gritó Lily mientras Johanna la arrastraba hasta su habitación- En serio, es que no me apetece arreglarme mucho.

-Bueno, pero tampoco querrás parecer una pordiosera.

-¡No parezco una pordiosera!

-Si lo pareces- dijo Johanna, cruzándose de brazos- y te lo digo yo que soy la hija de una diseñadora famosa.

-No me vengas con tonterías…-empezó Lily, pero Johanna la cortó.

-Si lo que pasa es que no quieres arreglarte porque aún piensas en Potter dímelo- contestó con una sonrisa maliciosa- Y te ayudaré a encontrar mas tíos que te metan mano para luego dejarte- Lily se mostró bastante cabreada con el comentario.

-¡No es eso!- gritó, muy enfadada, aunque sabía que en realidad si que era eso, que aún tenía a James en la cabeza, que se sentiría mal arreglándose para ir a ligar cuando aun le quería, por mucho daño que le hubiera echo. Se quitó la ropa rápidamente, esos tejanos y esa camiseta viejas, y cogió el vestido violeta que le había pedido a Kathy- ¿Mejor así?

-Genial- contestó Johanna con una amplia sonrisa.

Las diez y media, alguien llamó a la puerta y Johanna bajó veloz ha abrir. Iba vestida con unos tejanos oscuros muy apretados, una camiseta naranja también bastante apretada, unas botas de piel terminadas en punta y un recogido sencillo en el pelo, obra de Kathy, que tenía una practica en hacerlos brutal.

-¡Hola!- saludó cuando se encontró con el guaperas de Aubrey Bertram- ¡Chicas bajad ya!- gritó, y segundos después apareció Kathy, también con unos tejanos, en su caso de un tono grisáceo, encima llevaba una camiseta ajustada y bastante larga de color marrón pálido y el pelo lo llevaba suelto. En el cuello llevaba el collar que le había regalado Matt.

Los amigos de Aubrey, que solo eran tres, entraron rápidamente en busca del calor de la casa, ya que fuera estaban nevando.

-¿Podéis aparecer?- preguntó Aubrey, mirando por una de las ventanas- Será la manera mas cómoda de ir y venir.

-Yo aún no puedo- dijo Kathy, ruborizándose.

-Bueno, te coges a alguien y ya está- contestó uno de los amigos de Aubrey.

Lily y Caroline bajaron apresuradas, la primera con el vestido violeta y Caroline con una minifalda de pana negra y un jersey blanco que parecía muy suave.

-Os presento a mis amigos- dijo Aubrey, pero ninguna prestó atención ya que no era bastante alegres a la vista por decirlo de alguna manera. En un "puff" desaparecieron todos.

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-¡Otra copa más!- gritó Sirius, agitando su baso vacío en la barra. A su lado estaba Astrid, bastante borracha, murmurando cosas en voz baja y poniéndose colorada por lo que ella misma decía, aunque nadie llegaba a oírla por culpa del fuerte volumen de la música. James los observaba divertido, mirando aleatoriamente a Sirius y su pareja y a Remus y a Mila. La chica lo había arrastrado a la fuerza al medio de la pista de baile, sin saber que bailar no era lo suyo, y el pobre hacía lo que podía para intentar seguir el ritmo de la música. Dio un sorbo de lo que se estaba bebiendo, sin recordar que era.

Estaba triste, nunca había estado tan triste como entonces y, cuando mas intentaba aparentar que no le pasaba nada, mas vacío se sentía. Aún se arrepentía de cómo lo había estropeado todo, por una estupidez había perdido a Lily, y estaba completamente seguro de que nunca lo perdonaría.

Remus le convenció de que, si iba de vacaciones, se olvidaría de la chica. Pero el hecho de que el pueblucho este estuviera lleno de alumnos de Hogwarts, la mayoría de su curso, que sabían perfectamente que había sucedido no lo ayudaba nada. Aunque lo que no conseguía quitarse de la cabeza era haber visto a Lily, porque estaba seguro de que era ella, también en el pueblo ¿Sabría ella que estaba allí? ¿Y si se cruzaban? ¿Qué haría? ¿Qué le diría? Empezó a sentirse mareado. Buscó a Remus con la mirada, ya que, por mucho que le dijera a Sirius que se iba al hotel, serviría tanto como gritárselo al baso que tenía en la mano, pero no vio a Remus por ninguna parte. Suspiró resignado y empezó su fuga del lugar, esquivando los chicos y chicas que bailaban felices, divertidos, gozando de la velada, cosa que él no podría hacer en mucho tiempo, por culpa de ese maldito sentimiento de culpabilidad que le oprimía el corazón.

Cada vez se sentía mas mareado, y estaba convencido de que era por culpa del alcohol. Se acercó apresuradamente a una de las paredes del local, convencido de que si no caería al suelo y, justo cuando se estaba sentando en la pared, la vio a ella.

Lily estaba ni dos metros delante de él bailando con un chico rubio, la mar de feliz, con un vestido que le quedaba genial, mostrando esa sonrisa que tanto le gustaba. Cerró los ojos, sintiéndose cada vez peor. Cayó al suelo, dándose un golpe monumental, pero sin ser consciente del dolor que notaría al despertar.

-¿James?- le llamó con suavidad una voz. Este abrió los ojos. No llevaba las gafas, pero sabía perfectamente que estaba en la calle, y que no estaba muy lejos del local donde se había desmayado, pues la música aún llegaba a donde estaba él. Buscó rápidamente a la persona que lo había llamado, pero al intentar levantarse se mareó de nuevo- No te levantes- le regañó con cariño la misma voz femenina de antes.

-¿Qué ha pasado?- preguntó él- ¿Qué hora es?

-Bebiste demasiado- contestó la chica- Son las tres y media.

-¿Y porque me ayudaste? ¿Por qué estás aquí?- le preguntó, pero la chica no contestó- Lily, lo siento mucho- Él estaba estirado en un banco, en medio de la calle, y Lily estaba a su lado, arrodillada, pero al oír eso se levantó- No te vayas- dijo, cogiéndola de la falda del vestido e incorporándose, no sin tambalear.

-Por favor, suéltame- pidió ella, dándole las gafas a James- No me voy, pero no me cojas del vestido- él la soltó y Lily se sentó a su lado- ¿Te encuentras mejor?

-No- contestó él. No se esperaba que Lily lo tratara con tanta normalidad, aún menos que lo ayudara y ya no decir del echo de que estuviera a su lado sentada-Escucha, se que preguntarlo así seguro que no ayudará a mi favor pero… ¿Hay alguna manera de que me perdones?- Lily lo miró, con ojos acuosos y sin odio, sin decir nada se fue, entrando de nuevo al local ¿Ese silencio quería decir que si? Entró detrás de ella, pero ya no la vio.

-¡Como te vuelva ha ver yo con una rubia estúpida antes de que me haya ido te dejo sin carné de padre!- gritaba Caroline, furiosa, intentando ahogar a Remus, pero Kathy y Johanna la tenían bien cogida. Unos metros detrás de Remus, Sirius se balanceaba sospechosamente y Kathy fue en su ayuda, justo cuando iba a pegarse contra la pared.

-Venga, tú a sentarte al sofá- le dijo, severamente, aunque con una risa, empujándolo con cuidado hasta el sofá que estaba más cerca- ¿Qué hacemos con ellos? Yo tengo sueño, son las cinco pasadas- explicó la castaña.

-¡No nos vamos de ningún sitio!- gritó Sirius, cogiendo a Kathy como si fuera una almohada.

-¿Dónde coño está Lily?- gritó cabreada Johanna cogiendo a Caroline, que intentaba escañar aún a Remus por haberlo encontrado bailando demasiado pegado a Mila.

-Voy a buscarla- dijo Kathy, en un intento de levantarse, pero Sirius no la soltaba- Rectifico, vamos a buscarla- y los dos se perdieron entre la gente que bailaba incansablemente. Era imposible avanzar con Sirius pegado a la espalda, apoyándose contra ella, estaba apunto de caerse al suelo cuando alguien tiró de Sirius y "liberó" a Kathy. Este se volteó agradecida y se encontró con James.

-Gracias.

-De nada ¿Adonde ibais?- preguntó James.

-A buscar a Lily… Es que me ha dicho que estaría fuera… ¿Vais saliendo y yo ya voy a buscarla?- James asintió y Kathy salió corriendo hacia la entrada.

Salió fuera, donde nevaba, y se arrepintió de no haber cogido nada de abrigo antes de salir. Dio un vistazo por la calle y no vio a Lily por ningún lugar. Lo que pareció un grito de chica le llamó la atención desde el final de la calle, que estaba a oscuras, por lo que se acercó rápidamente allí.

-¡Suéltame!- oyó como gritaba Lily. Delante de la chica, o casi encima de ella, estaba Aubrey Bertram, intentando meterle mano.

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¡Buenas! ¡Muchisimas gracias por tantisimos reviews! En serio, estoy muy muy agradecida!

Por los que me pedíais romance, este capítulo y los dos siguientes tendrán bastante, por los que me pedíais misterio, tendréis que esperaros un tiempo, pero cuando llegue, LLEGARÁ.

Mañana contestaré a los reviews, porque no me dejan ni cinco minutos mas en el ordenador.

En serio que muchas gracias

Eri