Chapter 09: Preludio de Navidad

-¡Suéltala!- gritó Kathy, dándole una patada a Aubrey para que soltara a la pelirroja. Pero él ni se inmutó y le pegó un golpe a la castaña, que cayó al suelo tapándose la nariz que le sangraba.

-¡Kathy!- chilló Lily, acercándose a su amiga- ¡¿De que vas gilipollas?!- le gritó a Aubrey apuntándolo con la varita.

Expelliarmus!- dijo él, que fue más rápido y empezó a reírse- ¿Qué te creías que serías mas rápida que yo?- Lily la miró atemorizada al lado de Kathy, que tenía los ojos cerrados.

-¡Ni se te ocurra acercarte a ellas!- gritó un chico, desde el mismo sitio por donde había llegado Kathy. Aubrey se volteó para quedarse cara a cara con James, y al momento apareció Sirius, tambaleándose un poco todavía.

-Que miedo- dijo Aubrey, con sarcasmo- Dos niñatos y encima uno de ellos borracho ¿Qué me haréis?- Sirius y James se miraron el uno al otro una milésima de segundo, y los dos sacaron las varitas a toda velocidad, bastante sincronizados.

Engorgio!- gritaron y un rayo blanco salió disparado hacia Aubrey, que voló unos metros y cayó al suelo. Al levantarse su cabeza era el doble de grande. Los dos chicos esperaban un contraataque, pero en lugar de eso Aubrey sonrió maliciosamente y desapareció. James y Sirius corrieron hacia Lily y Kathy, que aún estaban sentadas en el suelo mirando hacia el lugar donde segundos antes estaba Aubrey Bertram.

-¿Estáis bien?- preguntó Sirius, examinando la nariz de Kathy- Episkey- susurró y la nariz dejó de sangrar.

-Gracias- dijo Kathy, un tanto sonrojada y desorientada por lo sucedido, miró a Lily, que estaba pálida, con los ojos acuosos y con aire ausente. James estaba arrodillado a su lado, pasándole la mano por delante de los ojos en un intento de que reaccionara, pero, en lugar de eso, la chica cayó hacia atrás desmayada- ¡Lily!- chilló Kathy. James la cogió en brazos.

-Tranquila- la calmó James- Eso se soluciona rápido- sacó la varita de nuevo- Ennervate- la pelirroja abrió los ojos y los miró a todos. Todos sonreían tranquilos, pensando que el peligro había pasado y que todo ya había terminado, pero unos chasquidos detrás suyo les llamaron la atención. Al mismo sitio donde había desaparecido Aubrey Bertram aparecieron cinco hombres, vestidos con el uniforme de auror.

-¿Son ustedes el señor James Charlus Potter y el señor Sirius Orion Black?- inquirió uno, con voz severa. James y Sirius se miraron desconcertados.

-Si que lo somos, ¿Por?- preguntó el primero, intercambiando miradas de desconcierto con Sirius y las chicas.

-Están ustedes detenidos por agredir al señor Aubrey Jonathan Bertram con un conjuro ilegal esta noche, miércoles veintitrés de Diciembre a las cinco cincuenta y cinco de la madrugada en la calle Mayor de Whitehill- dijo de carretilla el mismo hombre que antes.

-¿Cómo?- exclamó Sirius, levantándose, cosa que tomaron los aurores como un intento de fuga y, con un rápido movimiento, Sirius quedó atado de manos y pies. James también se levantó.

-¿Pero que hacen?- y lo mismo le ocurrió a Sirius.

-Acompáñennos- dijo otro de los hombres, acercándose a ellos. Le puso la mano a Sirius en la espalda y los dos desaparecieron. James los seguía mirando a todos atónitos, como si en cualquier momento fueran ha exclamar "Es una broma" pero eso no sucedía. Al ver que otro auror se acercaba a él se giró hacia Lily rápidamente.

-Avisad a Remus, que les diga lo que ha ocurrido a mis padres, por favor- y desapareció al mismo instante en que el auror le puso la mano encima. Los tres aurores restantes se despidieron con una breve inclinación de cabeza de las chicas, que miraban con lo ojos como platos lo que acababa de suceder.

-¡Remus!- gritó Lily, saliendo corriendo hacia la discoteca, seguida por Kathy.

…•¤¤•.•¤¤•…

-Me aburro- repetía una y otra vez Sirius. Él y James hacía más de doce horas que estaban encerrados en una celda, en uno de los pisos subterráneos del Ministerio, sin que nadie les dijera absolutamente nada. En un principio estaban bastante asustados y la intriga les torturaba, pero llegaron al punto de empezar a sudar de todo, hartos ya de tanta espera.

Pese a que había más celdas nadie estaba allí dentro. Sirius jugaba con una pelotita que alguien olvidó, lanzándola una y otra vez contra la pared para luego cogerla y James miraba preocupado hacia la puerta, esperando a que alguien entrara. Y de pronto entró alguien: Charlus Potter, el padre de James que se acercó a los chicos con una expresión severa. El padre de James era un hombre un tanto delgado, bastante mayor para tener un hijo de la edad de James, que también llevaba gafas y tenía el mismo pelo despeinado que su hijo, a diferencia de que el suyo era bastante más claro y canoso.

-¿Se puede saber que habéis hecho?- preguntó muy enfadado. Los dos chicos se miraron, aun mas desconcertados; si James creía que alguien solucionaría algo sería su padre, ¿Por qué entraba así de enfadado?

-¡Salvamos a Lily y a Kathy!- exclamó James, levantándose. Se sentía agotado, los ojos se le cerraban y encima, por la expresión de su padre, ¡No los creía!

-¿Y porqué usasteis un hechizo ilegal?- pidió el hombre, calmándose un poco.

-No usamos ningún hechizo ilegal- contestó Sirius- ¿Quién ha dicho esta chorrada?

-Bertram- contestó su padre- y el hecho de que el último hechizo que realizasteis con la varita no sea el que le causó el crecimiento de la cabeza lo ayuda.

-¿A que te refieres?- preguntó James, acercándose a su padre, aunque los barrotes los separaran.

-Aubrey Bertram llega a San Mungo, alegando que le habéis atacado a traición yendo borrachos y con un hechizo ilegal. Los efectos de su cabeza tanto los puede provocar un hechizo ilegal como uno legal, pero, al requisaros las varitas han comprobado que el último hechizo que habéis realizado no ha sido ni uno ni otro, no os ayuda, ya que da a entender que realizasteis el hechizo y luego usasteis otro.

-¡Pero Kathy y Lily lo han visto!- exclamó Sirius- ¡Que se lo pregunten a ellas!

-No te preocupes por eso- le contestó Charlus Potter- Ellas y Bertram llevan casi desde que os han detenido declarando, esperad que a los jueces les parezcan convincentes las chicas- miró al reloj- voy ha ver si ya han terminado, ya os diré algo- El hombre se largó a toda prisa.

-Reza porque Lily no te odie lo suficiente como para mandarte una temporada a Azkaban- dijo Sirius, con un hilo de voz, tirando la pelota con fuerza contra la pared.

…•¤¤•.•¤¤•…

-Me voy, me voy- repetía una y otra vez Kathy, recogiendo cuatro cosas para irse a casa de sus padres a celebrar Navidad.

-Deberías dormir un rato- dijo Johanna- ¿Cuánto hace que no pegas ojo?

-Me tengo que ir- miró al reloj- ¡Que tarde se ha hecho!

Era veinticuatro de Diciembre por la noche, no hacía ni media hora que Lily y Kathy habían vuelto del Ministerio después de declarar y no dormían desde… desde… ya ni se acordaban.

-Al menos los han absuelto- dijo Caroline entrando a la habitación tras acompañar a Lily a dormir ya que la pelirroja no se aguantaba en pie.

Tras muchísimas horas de interrogatorio al final los jueces creyeron a la versión de Lily y Kathy, pues era la verdadera, y el detenido fue Aubrey Bertram. Las dos chicas habían querido quedarse a la espera de que James y Sirius fueran liberados, pero el padre del primero las convenció de que mejor se iban a dormir y de que ellos ya irían a visitarlas.

-Me voy me voy- repitió Kathy, bajando hacia la sala de estar cargada con una maletita con un poco de ropa y varias cosas necesarias para sobrevivir durante un día- Nos vemos- les dio un beso a Johanna y Caroline, que la habían acompañado- Hasta mañana por la noche- se acercó al fuego y lanzó dentro un poco de polvos Flu. El fuego cambió de color y la chica entró dentro.

-La mansión Holmes- dijo con voz potente y desapareció entre las llamas. Justo en el momento en que Kathy desaparecía alguien llamó a la puerta. Las dos morenas voltearon y fuero a abrir.

-¡Hola!- saludó alegremente Sirius, mientras James y Remus discutían acaloradamente. Tanto James como Sirius tenían unas ojeras equiparables a las de Lily y Kathy: ojeras de no haber dormido en horas y de haber pasado muchos nervios y preocupación, pero, por lo visto, el cansancio en ellos solo se veía en las ojeras ya que estaban cargados de vitalidad.

-¿Por qué discuten?- preguntó Caroline, que dejó por inútil el ir a saludar a Remus.

-Porque James decía que seguro que era esta casa y que apareciéramos dentro, mientras que Remus le decía que mejor no, porque si no lo era se meterían en un lío, y sería lo que le faltaría- explicó Sirius, entrando en la casa sin permiso de nadie y acercándose rápidamente a la chimenea en busca de calor. De pronto, pero, se volteó y fue rápidamente hasta Johanna- ¿Y Kathy?- preguntó ansioso mirando a todos lados, como si la castaña fuera a aparecer desde detrás de una planta o saltar de dentro de un jarrón.

-Ya se fue a casa de sus padres- contestó la castaña, observando con envidia como Remus y Caroline desaparecían escaleras arriba a hacer algo que no quería imaginar que ocurriría si su madre descubría que hacían en su adorada casa de la montaña.

-Vaya- dijo Sirius disgustado- Escucha, ¿Tenéis alguna lechuza o algo para que pueda comunicarme con ella? Querría darle las gracias- explicó el chico, ante la mirada interrogativa.

-En la cocina está mi lechuza- dijo la morena. Sirius la miró desconcertado, sin moverse- Ve por esa puerta y gira a la derecha- explicó, señalando el comedor, y el moreno salió corriendo hacia la cocina.

Johanna y James se quedaron solos. La chica lo examinó, le había cogido manía por lo que le había hecho a Lily y eso intentaba transmitirle con una de sus miradas mas cargadas de odio, una mirada que nunca había usado ni con Erik en sus peores momentos, esa mirada tampoco la había usado con ningún Slytherin, la estrenaba en ese momento, para mirar a James Potter, causante de la tristeza de una de sus mejores amigas, el chico que no se merecía ser perdonado por lo que había hecho. Si Johanna hubiera tenido que testificas a favor del moreno, ahora este estaría pudriéndose en Azkaban. Tal y como esperaba James pilló la mirada a la primera y bajó la cabeza, borrando la sonrisa con la que había estado mirando a Sirius hacía un par de minutos.

-¿Dónde está Lily?- preguntó él, con un hilo de voz.

-No te interesa- contestó ella, cortante.

-Quería darle las gracias, además es Nochebuena, también quería felicitarla y…- se quedó callado.

-¿Y qué?- pidió la morena, con suspicacia.

-Darle el regalo de Navidad y pedirle perdón- la chica se lo miró como si hubiera dicho que quería ir volando a la Luna con su escoba.

-Eres un iluso si crees que te perdonará- dijo Johanna- pero no estaría mal que lo intentaras, mas que nada quiero ver que cara se te queda cuando te diga que no- Un grito de Sirius desde la cocina llamó su atención.

-¡Maldita lechuza! ¡Estate quieta o te serviré de cena esta noche con patatas!- gritaba Sirius, y todo de ruidos, de cacerolas cayendo y platos rompiéndose, se escucharon de fondo.

-Lily está en la habitación que hay subiendo las escaleras girando a la izquierda, la primera habitación que hay a la derecha- su tono ya no era irónico, sarcástico y cruel, como hacía unos segundos, sino que era tranquilo y suave- Si de verdad quieres que te perdone ve, pero sino no quiero ni que lo intentes- y dicho esto de largó hacia la cocina con paso rápido, gritando- ¡Black te voy ha matar! ¡Ni se te ocurre hacerle algo a mi lechuza!

James suspiró. Quería subir, quería pedirle perdón, quería darle el regalo de Navidad que tenía comprado desde hacía dos o tres meses. Cuando vio ese regalo pensó que debía ser para ella, que solo le podía regalar eso a Lily, como si ese objeto hubiera sido creado única y exclusivamente para la chica.

Tomó valor y subió las escaleras rápidamente. ¿Dónde le había dicho que era? A la izquierda… ¿La primera a la izquierda? ¡Maldita sea! Había alguno de esos dos conceptos que no era, o la primera o la izquierda. Entró a la segunda.

-¡James te voy a matar!- gritó alguien desde dentro. ¡¿Pero como se lo hacía siempre para entrar en la habitación cuando Remus y Caroline hacían sus cositas?! Esta vez, pero, salió la morena de dentro. Estaba toda despeinada y se tapaba demasiado poco con una sabana. En la mano llevaba la varita- ¡Te mataré! ¡Peor, te haré salir unas orejas de burro que ni en San Mungo te las sacaran!- la morena ya lo apuntaba. James iba a pedir perdón, o a excusarse, pero no había tiempo. Salió corriendo y entró en la primera habitación que pudo. Respirando agitadamente oyó como la puerta de la habitación de Caroline y Remus se cerraba. Miró hacia la cama de la habitación, donde cierta pelirroja dormía placidamente.

…•¤¤•.•¤¤•…

-¡Ya llegó! ¡Mamá! ¡Ya está aquí!- gritó un niño de cuatro años, lanzándose encima de su hermana, justo en el momento en que ella salía de la chimenea. Los dos cayeron al suelo.

Kathy suspiró resignada, aunque alegre, ante ese ataque de cariño de William, su hermanito pequeño. Le dio un abrazo y el niño salió corriendo de la cocina gritando a pleno pulmón que su hermana ya estaba en casa.

-Se van ha enterar hasta los vecinos- bromeó la chica, levantándose. Sentada en la mesa de la cocina estaba su madre, Margaret Holmes, mirándola con cariño. Era una mujer de unos cincuenta largos años, muy alta y delgada, y su cara era muy parecida a la de su hija, aunque con más arrugas: las dos tenían los mismos ojos miel, el mismo color de cabello y la misma sonrisa amable.

-Ya era hora chica- comentó su madre, con aire gracioso y apuntándola con un cucharón- ¿Cenaste?- Kathy negó con la cabeza. Se imaginó la imagen que tendría de ella su madre: con esas ojeras de no haber dormido, llegando mas de cuatro horas tarde de la hora acordada, muerta de hambre… Seguro que si no fuera su aniversario al día siguiente ya la estaría riñendo. La mujer hizo aparecer un plato lleno de espaguetis y un baso de agua. La castaña se lanzó a comer, justo cuando su hermanito entraba en la cocina corriendo de nuevo e intentaba subirse a la falda de su hermana.

-Siento llegar tarde- dijo Kathy- Es que hemos tenido un problemilla y estaba en el Ministerio con…

-Con tu amiga Evans, Potter y Black- terminó su madre- ya lo sé. Nos lo han contado Richard y Adam cuando han venido a cenar.

Le extraño mucho que, sus hermano que ya tenía casi treinta años y estaban casados (Adam hasta tenía un hijo) hubieran ido a cenar en la casa de sus padres, cuando al día siguiente había una comida familiar, por lo que miró a su madre con interrogación.

-Creyeron conveniente informar a tu padre de que aún te veías con Black- dijo su madre, buscando las palabras mas adecuadas para decirlo. Kathy soltó el tenedor con el que comía ¿Qué era eso? ¡Parecían de una mafia! No si ya le extrañaba a ella que el tema de Sirius no hubiera salido antes.

-No mamá, ya no voy con Sirius- intentó explicar- lo dejamos hace mucho tiempo y, a decir verdad, casi ni nos hablamos- omitió el pequeño detalle que hacía dos días él le había pedido perdón por todo- Lo que ocurrió es que a Lily y a mi nos atacaron y él y James fueron en nuestra ayuda. Luego tuvimos que ir a testificar- tampoco le dijo que testificaban en defensa de los chicos, aunque parecía obvio.

-Hija, yo ya lo se todo esto, y tú también sabes que nunca me opuse a lo que vosotros teníais, todo al contrario. Solo te he dicho lo que tus hermanos le han contado a tu padre- Kathy ya lo sabía todo eso, pero no quería hablar mas del tema, ni con ellos ni con nadie, por lo que se levantó de la silla, cogiendo a su hermanito en brazos.

-Me voy a dormir- dijo, yendo hacía la puerta.

-Katherin- la llamó su madre, y ella se volteó- ¿Porqué lo dejasteis?- la chica se la miró como si en lugar de hacerle una pregunta le hubiera dado una bofetada.

-Porque me quería demasiado- contestó cortante, y se fue hacia su cuarto.

…•¤¤•.•¤¤•…

-Ya pronto te irás…- dijo Remus, con tristeza, dándole un beso a Caroline y abrazándola.

-No te me pongas sentimental ahora- cortó ella. Remus la miró mosqueado, ese podía haber sido un momento romántico, un momento bonito, y la morena, para variar, lo había echado a perder. Suspiró resignado. Aunque se gustaran y se quisieran, en el fondo no estaban hechos el uno por el otro, eso lo sabía desde un principio.

Ella era muy fría, aunque también bastante temperamental, no le gustaba sentirse muy ligada a las personas, y aún menos comprometerse. Mientras que él era muy cariñoso, le gustaba el contacto humano, estar con los demás, sentirse querido. Nada, que era un romántico empedernido, como Sirius le recordaba muchas veces. No le gustaban ir de "si te he visto no me acuerdo" con las chicas, eso todo el mundo lo sabía, y el echo de haber durado seis meses con una chica sin tener nada "oficial" había sido muy extraño. Ahora ella se iba y él había tenido que aceptarlo a regañadientes, al igual que todos los que la conocían.

-Empezamos en un hotel, y terminaremos en una pista de esquí- soltó de pronto la morena. Vaya, al parecer ella pensaba en las mismas cosas que él. Remus sonrió, era verdad lo que había dicho, y le había echo gracia aun sin saber muy bien porqué- Te echaré de menos, a ti y a todos- dijo, con tristeza.

-Y nosotros a ti- Remus la volvió a besar- ¿Vendrás a vernos, verdad?

-Eso espero- contestó, dándole un abrazo- ¿Qué te parece si… lo dejamos hoy?- pidió ella, con timidez. Lo de dejarlo le sonaba raro, tampoco eran "nada" aún siéndolo todo, era extraño.

-¿A que te refieres?- preguntó Remus. Sabía que un día u otro de esas vacaciones lo suyo terminaría, pero tampoco sabía que día. Él no quería apurar al último, no quería terminar las vacaciones triste.

-Me refiero a que… ahora estamos muy bien… ni tú ni yo estamos muy tristes… Lo que quería decir es… ¿Qué te parece que lo nuestro termine hoy? Así tendríamos un… bonito recuerdo de esta noche- Remus pensó lo que decía la chica, tenía razón, era un momento bonito, un momento que los dos recordarían siempre, tanto si se veían al día siguiente como si nunca mas se volvían a encontrar.

-Me parece genial. Nuestra última noche- los dos se besaron de nuevo, sabiendo que, cuando a la mañana siguiente despertaran ya sería todo distinto.

…•¤¤•.•¤¤•…

-¿Lily?- susurró James, no quería despertarla, estaba tan bonita dormida que no se atrevía a molestarla, pero tenía que hacerlo, tenía que hablar con ella como fuera. Volvió a llamarla y la pelirroja abrió los ojos lentamente. Pareció que tardaba unos segundos en orientarse, en reconocer la cara de James y donde estaba, hasta que se incorporó en la cama, sin poder evitar soltar un bostezo- Siento haberte despertado.

-No pasa nada- contestó ella, mirándolo con una sonrisa amable aunque a la vez triste.

-Esto… yo… muchas gracias por testificar a nuestro favor…- ay dios que "formal" había sonado eso, aunque tampoco sabía como hablarle, le habían quedado incógnitas desde la noche de la discoteca, tenía que aclararlos, ese era el momento- Yo… Lily… lo siento muchísimo…

-James no…- intentó pararlo ella- no quiero hablar de eso…- se giró, dándole la espalda, ya la había visto llorar demasiadas veces, ya estaba harta de que él la viera llorar.

-Lily, por favor, haré lo que sea para que me perdones, lo que tú me pidas, lo que sea- imploró James cogiéndola de la mano. Lily se volteó.

-¿No lo entiendes? No es que no te quiera perdonar, es que mi corazón no te puede perdonar James.

-Dame una oportunidad, por favor, solo una- estaba por arrodillarse a sus pies, solo para que le diera esa maldita oportunidad, tampoco le pedía mucho, tenía que concedérsela, solo eso.

Lily negó con la cabeza.

-No puedo obligarte- murmuró el chico con resignación- pero por lo menos acepta mi regalo de Navidad- y le entregó un paquete envuelto con mucho cuidado.

Tras dudar unos segundos Lily cogió el regalo. Miró a James, que estaba de pie delante de ella, con pocas intenciones de irse hasta que la chica abriera el regalo.

Lo desenvolvió con cura, sin romper el bonito papel de envoltorio. Dentro había una cajita transparente con una horquilla de plata para el pelo y en uno de los extremos había una pequeña mariposa de cristal de color verde esmeralda, como sus ojos.

-Es precioso- dijo ella, con un hilo de voz. No tenía que haber aceptado el regalo ¿Qué haría con él? No podía perdonarlo, le dolía tanto, le dolía muchísimo, pero también le dolía el estar lejos de él, el tener que mirarlo pensando en todo lo que había ocurrido.

Sin decir nada y dejando a la chica con sus cavilaciones James fue hacia la puerta. No podía hacer nada, solo le restaba esperar a que ella lo perdonara, pues no pensaba irse con nadie mas, solo la esperaría a ella, aunque ella ya no lo quisiera volver a ver. Se giró un último momento antes de salir. Y vio como Lily lo observaba con una sonrisa.

-Te doy una oportunidad- dijo, incorporándose de la cama y acercándose rápidamente a él- Te la doy, pero si me vuelves ha hacer algo parecido de juro que te mato.

James abrió la boca, de sorpresa ¿De verdad había dicho eso? ¿No eran imaginaciones suyas?

-¿Me perdonas?- preguntó, atónito, con un brillo de esperanza en los ojos y en el corazón.

-Si, te perdono, pero ya te he dicho que como vuelvas a pasarte ni un poquitín conmigo no me olvidarás nunca.

-¡Jamás podría olvidarte!- gritó James, cogiéndola por la cintura y levantándola lo suficiente como para que ella se agarrara a él por seguridad- ¡Te quiero, te quiero!- empezó a gritar, dando vueltas. Lily no pudo evitar reírse ante el ataque de alegría del chico.

Con tantas vueltas, obviamente, perdieron el equilibrio y cayeron encima de la cama.

-Te quiero- repitió James, que seguía abrazando a Lily. Dudó unos instantes pero al final la besó.

-Esto… pero yo no te he comprado regalo de Navidad- reconoció la pelirroja.

-Este es mi mejor regalo- y le volvió a dar un beso para luego, sin poder evitarlo, caer completamente dormido. Lily lo miró con una sonrisa cariñosa: ella también estaba loca por él. Tras intentar mantenerse despierta unos segundos, aunque solo fuera para mirarlo un rato mas, no pudo evitar quedarse dormida también.

…•¤¤•.•¤¤•…

-Kathy- la llamó su hermanito cuando esta salía de la habitación del pequeño- Papá dice que Sirius es un mal chico, pero no es verdad. A mí me gusta mucho Sirius, es muy divertido, y a Víctor también le gusta mucho Sirius- la chica no pudo reprimir una risita, pese a que le sabía mal que su hermano sacara el tema, pero al menos sabía que contaba con el apoyo de dos miembros de la familia (bueno, y tres si contaba a su madre, pero sabía que ella nunca llevaría la contraría a su padre).

-Buenas noches Willi- le dijo, y salió de la habitación del niño. Subió dos pisos más hasta llegar al último donde había las buhardillas. Hacía un par de años le pidió a su madre que trasladaran su habitación a una de las buhardillas, pues desde pequeña le encantaba ese lugar, con el techo torcido, todo de madera oscura y con un gran ventanal.

Se quedó unos segundos mirando la puerta, donde había colgado un cartelito que ponía "Kathyland" obra de dos de sus hermanos (William y Victor) y de Sirius. Reprimió con todas sus fuerzas una carcajada al recordar como su madre siempre intentaba sacarlo, pero no podía: uno de sus hermanos mayores le echó un hechizo para que no saltara nunca. Entró dentro. Toda la habitación era de madera oscura, al igual que los muebles: una gran cama de dosel con un aire a princesita, un gran armario, un escritorio y una puerta que daba a un baño exclusivo para ella. Las sabanas de la cama eran de un color lavanda, del mismo color que una gran alfombra peluda que había en el suelo. Se sorprendió al ver el gran ventanal abierto, pero encontró la causa al ver una lechuza parda encima del sillón que había al lado de la ventana.

"La lechuza de Johanna" pensó, preocupada "habrán quemado la casa" y se acercó a leer la nota que llevaba atada en la pata. Era una nota de Sirius, y se la tubo que releer varias veces para terminar concluyendo, mas convencida de lo que estaba, de que el moreno se había vuelto completamente loco ¡Quería ir a verla a su casa para felicitarle! Decía que iría a las doce y cinco, miró el reloj ¡Eran la doce y seis! Un leve chasquito se oyó detrás de la chica, que volteó rápidamente con una radiante sonrisa.

-¡Que suerte que todo terminara bien!- exclamó, aunque en voz baja, dándole un abrazo a Sirius, que acababa de aparecer detrás de la chica. Los dos se quedaron mirando fijamente unos segundos, hasta que empezaron a reírse el uno del otro mientras se señalaban.

-¡Pero que ojeras!- dijo Sirius, sentándose en el suelo, encima de la alfombra peluda.

-¡Anda que tú!- Kathy se sentó a su lado, reprimiendo las risas en un esfuerzo sobrehumano: vale que su habitación estaba en la buhardilla, pero tampoco era que sus padres fueran sordos, y a las doce de la noche el mínimo ruido se hacía grandioso.

-¡Felicidades!- dijo él, dándole un rápido beso en la mejilla. Kathy se lo miró sorprendida ¡Era verdad! ¡Era su cumple! ¡Ya era mayor de edad! ¡Podía hacer magia!

-¡Gracias!- respondió dándole un fuerte abrazo. Tras el abrazo el chico empezó a buscar algo en su bolsillo, del cual sacó una cajita pequeña de terciopelo negro. Kathy lo miró intrigada.

-Regalo de cumpleaños y Navidad- anunció él, con aire solemne, aunque con una media risilla en la boca- Antes de que lo abras quiero que sepas que lo compré a principios de Julio- Kathy arqueó una ceja .

-¿Qué lo dices porque si lo quiero cambiar ya no se puede?

-Pobre de tú que vayas a cambiarlo- bromeó él- No es por eso, cuando lo veas lo entenderás.

Kathy cogió la cajita y la abrió con curiosidad: dentro había un anillo de plata con un brillante. Abrió la boca sin saber que decir, ahora entendía porque le había dicho la fecha de compra, cuando compró el regalo aún eran novios.

-Sirius, no… ¡Que es de plata! Es demasiado caro, no puedo aceptarlo- dijo ella, con convicción cerrando la cajita. No podía aceptar un regalo tan caro que le había comprado cuando eran novios, le sabía mal, y temía que lo malinterpretara. Sirius se la miró arqueando las cejas.

-No es plata- la chica suspiró aliviada, si no era de plata sería más barato de lo que imaginaba, por lo que no tenía excusa para no aceptarlo- Es oro blanco.

-¿Y el brillante es…?

-Es un diamante- Sirius se cruzó de brazos, haciéndose el ofendido- no pensaría que le regalaría una barajita a mi niña tontita- bromeó.

Pero la broma no le hizo gracia a Kathy. Sabía perfectamente que el anillo iba con una indirecta, no era tan tonta y además lo conocía perfectamente. No podía aceptarlo, pero tampoco tenía un motivo aparente para rechazarlo (¿Y si en el fondo todo eran tonterías suyas?). Volvió a abrir la cajita y observó como la luz de la luna se reflejaba en el anillo. Era precioso. Se miró a Sirius, que la observaba con pesar. Al mirarlo se sintió como vacía ¿Por qué? La conversación con su madre, y el comentario de su hermano, junto con lo ocurrido tras la fiesta, habían echo que se diera cuenta de que, pese a tener a Matt a su lado y quererlo mucho, aún estaba enamorada de Sirius, que lo miraba con esos ojos grises tan bonitos que tenía. Se mordió el labio inferior, para no echarse a llorar por todo.

-Si no te gusta se puede cambiar, solo era una broma- dijo Sirius, cogiendo la cajita de las manos de Sirius.

-¡No!- exclamó ella, sobresaltándolo, y quitándole la caja de nuevo- Me encanta- Sin saber porqué se lo puso en el dedo corazón. Se miró al moreno, que la observaba desconcertado ¿Aún la querría él? ¿Aún se podía hacer algo? ¿Y Matt?- Sirius yo…- no terminó, pues de manera involuntaria, se lanzó encima del chico, dándole un apasionado beso.

Sirius no se negó ante tal beso, aunque en un primer momento estuvo bastante desconcertado, al final le devolvió el beso mientras la abrazaba con fuerza.

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¡Tachan! Final de capítulo interesante… capítulo muy romántico a mi parecer…mmmm… ¿ha gustado? Eso espero, porque a mi me gusta mucho xD que mas que mas… siento haber subido 2 veces el capítulo 8, pero esque me confundí y tal xD sorry por las molestias… Darle las gracias a:

luna712, pekelittrell, sofigryffindor90, nohenatha, Haruka.Black-90, mapi, Bongio, carla07, Lucia-70.X, NannyPotter, pau0072, Lamister y Minina.

Este capítulo va dedicado a MAPI porque suyo fue el review numero 100 :P GRACIAS POLLUELA!!!

Pues nada, dejen review y que tengan una buena semana

Eri