Capítulo 11: Abel Frye

-Joder- se quejó Lily que, como una tonta, acababa de dejar espacio para otra persona entre ella y Kathy.

-¿Otra vez?- pidió entre la tristeza y la risa Johanna, sentada delante de Kathy.

Lily acababa de llegar de su guardia como prefecta para cenar y, como era habitual, había dejado sitio entre Kathy y ella, donde se sentaba Caroline, pero ese ya no era el sitio de Caroline, y la pelirroja empezaba a hartarse de que le sucediera lo mismo cada vez que iban a cenar o a clase.

-Ya te acostumbraras- dijo Kathy, que tenía la vista puesta en otro sitio y no prestaba mucha atención a las chicas.

Matt charlaba alegremente unos sitios más a la derecha con Sirius. Ni la chica ni el moreno le habían contado lo de su pequeño deslice al chico, pero Matt se olía algo, pues ni Kathy ni Sirius se hablaban tras las vacaciones de Navidad.

-Yo que tu no le diría nada de lo que pasó en tu casa- dijo Johanna, apoyando la cara en una mano en señal de aburrimiento, mientras jugaba con un tenedor con la otra mano- Se va a cabrear y fijo que mata a Sirius- Kathy suspiró resignada a tener que llevarse el secreto que la carcomía por dentro a la tumba.

-¿Dónde están los profesores?- pidió Kathy, observando que en la mesa de estos no había nadie- Uhm, si, ya recuerdo, hablando en la reunión…- los profesores tenían una reunión con el Consejo Escolar y el grupo de aurores Veritas, para hablar, seguramente, de los extraños sucesos que habían estado ocurriendo en el colegio y por los cuales aún no había aparecido ninguna cura ni solución.

-Y hablando de hablar- empezó Lily, mirando a Johanna- ¿Aún no te hablas con Erik? ¿No te parece una tontería que cortarais por culpa de las serpientes?- pidió la pelirroja.

-Eso fue la gota que llenó el baso- dijo Johanna, sin quitarle importancia, pero no pudo evitar buscar a Erik con la mirada. El chico estaba en la mesa de Ravenclaw… ¡Y la miraba fijamente a ella! Johanna se sonrojo un poco y su corazón se aceleró al ver que el chico se levantaba y se dirigía hacia la mesa de Gryffindor sin apartar la mirada de ella.

¿Aún le querría? Se había cortado el pelo esas últimas vacaciones, aunque solo un par de dedos, y una no tan larga melena le seguía cayendo con un aire sexy encima de la cara. Siguió clavando sus ojos verdes en los de la chica, a la cual su corazón latía más y más fuerte ¿Qué querría?

Siguió avanzando hacia ella pero de pronto se quedó quieto y empezó a toser. Nadie se dio cuenta de que Erik tosía, y tosía cada vez más fuerte. Una carcajada sonora llamó la atención de varios, venía desde la mesa de Slytherin, de la garganta de Ian Sniders, que era el único aparte de Johanna que observaba a Erik.

El chico de Ravenclaw dejó de toser, y empezó a ponerse colorado. Johanna se levantó bruscamente, llamando la atención de varios alumnos que había a su alrededor, que la observaron a ella, para luego buscar el sitio donde tenía fija la mirada.

Erik se tambaleó un poco, mirando a su alrededor sin saber que hacer, parecía bastante asustado. Susurró algo que no fue audible desde la mesa de Gryffindor, pero sobresaltó a los pocos alumnos que se habían acercado a él, que retrocedieron rápidamente.

Todo el salón quedó en silencio, observando al chico que acababa de caer inconsciente al suelo. Johanna abrió la boca sin saber que decir. El silencio reinaba en el lugar hasta que uno de los chicos que estaba al lado de Erik, y había retrocedido dijo:

-Ha dicho algo de Abel Frye- y empezaron los murmullos de preocupación por doquier.

-Erik…-susurró Johanna, con preocupación. Sus dos amigas, que habían estado observando al Ravenclaw, voltearon rápidamente hacia la chica, esperando encontrarla preocupada o asustada, pero estaba roja de ira.

Johanna se levantó, y se dirigió hacia la mesa de Slytherin, para quedar justo al lado de Ian Sniders y Crystal Sparks.

-¡¿Qué le has hecho a Erik?!- gritó Johanna, apuntando con la varita a Sniders, que la miró divertido y simulando inocencia.

-¿Yo? Nada- dijo, encogiéndose de hombros y haciendo que toda la mesa de Slytherin empezara a reírse como unos posesos.

-¿Nada?- repitió burlonamente Johanna- ¡Pues esto también es nada!- gritó, agarrando a Crystal Sparks, que estaba a su lado, por el pelo con fuerza y haciendo que se diera un monumental golpe de cabeza contra la mesa. Crystal empezó a llorar, con una gamba pegada en la frente. Sniders se levantó de golpe, rojo de ira al igual que Johanna, que lo miraba amenazante, aunque el chico la sobrepasaba de altura por una cabeza.

-¡¿Pero que te crees que haces?!- gritó Sniders, empujando a Johanna hacia atrás, que casi perdió el equilibrio y se tambaleó un poco.

-¡Lo mismo que tu! ¡Atacar a la gente porque me viene en gana!- esta vez le dio un codazo en toda la espalda a un chico que parecía un gorila, que empezó a retorcerse de dolor. Más y más alumnos de Slytherin se levantaron para encararse a la chica, que seguía pegando a los que le quedaban al alcance.

-Johanna ya basta- ordenó una voz masculina desde detrás de ella. La chica se giró, mordiéndose el labio inferior y con lágrimas en los ojos.

-¡Han sido ellos!- le gritó a Remus, que había ido a intentar parar lo que estaba apunto de suceder en la mesa de Slytherin.

-Ya lo sabemos- susurró él, acercándose a la chica- pero así no vas a arreglar nada y…- Sin previo aviso, Sniders le mandó a Remus un hechizo, que hizo que el chico saliera volando unos metros para caer luego en el suelo un poco mareado.

Ese ataque provocó una batalla campal en todo el salón donde, en especial los amigos de los chicos afectados por la maldición, atacaban a los Slytherin, que se escondían debajo de su mesa, atacando también.

-¡James!- chilló Lily, enfadada por el desorden y porque nadie hacía caso de sus intentos de parar aquello, cosa que la frustraba mucha pues como prefecta debía intentar mantener el orden, pero por otra parte se moría de ganas de estar en primera fila para pegar a los Slytherins- ¡Avisa a alguien!

James la miró decepcionado: pelearse con los Slytherin era su hobbie más preciado, pero la cara de Lily no dejaba lugar para negaciones. Así el chico salió corriendo en dirección a la sala de profesores, donde creía haber oído que se celebraba la reunión. Llegó allí en menos de dos minutos, y entró sin llamar ni nada.

Todos los profesores, miembros del consejo escolar y aurores se voltearon hacia él, con una clara mueca de enfado, pero James se había quedado observando la escena. Por todos los sitios había libros y más libros de medicina, archivos con los nombres de los afectados y, lo que más llamó la atención de James: fotos y más fotos de un chico vestido con uniforme de Slytherin. Era alto, muy delgado, llevaba unas gafas, el pelo rubio, cortado de una forma muy pasada de moda y tenía un indudable aire de pardillo y ratón de biblioteca. En una foto recibía una medalla por el premio de no se que, en la otra una copa, y así en la mayoría, recibiendo premios. Las fotos flotaban con tranquilidad por la sala y James siguió observándolas todas, hasta que una lo sobresaltó mucho: una fotografía del mismo chico, ahorcado en el techo de alguna aula abandonada de Hogwarts. Entonces ¿Ese era el famoso Abel Frye? Tampoco daba tanto miedo.

-¿Qué hace aquí, señor Potter?- pidió por tercera vez McGonagall, sacando a James de sus pensamientos. James se los miró a todos, el motivo de su visita le había salido volando de la cabeza con tanta foto, pero al verlos a todos allí se acordó.

-Ha habido otro ataque- dijo, haciendo que todos lo miraran preocupados- Y se está montando una pelea en el Comedor- terminó, haciendo que los profesores de Hogwarts se levantaron rápidamente, y todos, excepto el director, fueron saliendo por patas del lugar.

-Gracias señor Potter, ya puede irse- lanzó una indirecta amable el profesor. James asintió con la cabeza, pero nada mas salir se puso su capa invisible, y volvió a entrar, aprovechando que uno de los aurores salió para ver que ocurría en el comedor.

-No han encontrado la cura aún, Albus- dijo uno de los aurores, el mismo que había reñido a James el día en que les presentaron- Y cada vez están peor los afectados.

-Ya lo se, ayer me llegó una carta de San Mungo, han alcanzado una cuarta fase.

-¿Cuarta fase?- pidió Miranda Switch, la bruja que los había interrogado.

-Si- explicó el auror de antes- Por lo que han podido observar primero tienen como un resfriado, luego alucinaciones, caen inconscientes y ahora, además, empiezan a tener mucha fiebre. Lo peor es que cada vez pasan mas rápido de una fase a la otra, el primer paciente, Pettigrew, tardó varias semanas en alcanzar la tercera fase, mientras que el último afectado la alcanzó en varios días. Se nos acaba el tiempo, Albus, a esos chicos les va la vida- terminó el auror.

-Ya lo se, ya lo se…-murmuró el profesor, con preocupación, observando la fotografía de un sonriente Abel Frye, que pasó volando por encima de Miranda Switch.

-Tenemos que hacer algo, si nos dejas, podemos interrogar de nuevo a esos chicos, y "sacarles" la información- propuso con aire misterioso el auror.

-¡He dicho que no y lo repito, Dorian!- exclamó, enfadado el director- No van a darles Veritaserum a mis alumnos, va contra las normas, no mientras no haya pruebas concluentes que…

-¿Y la libreta?- cortó Miranda, apuntando a la libretita de Sparks, que estaba encima de la mesa- ¿No es suficiente prueba?

-No- cortó el director- Apareció después de las listas, puede ser que copiaran los nombres de algún lugar, no tienen porque ser ellos los culpables.

-¡Pero Albus!- exclamó el auror, llamado Dorian- ¿Es que no sabes quienes son sus padres?

-Si lo se, ¿Y acaso tu no sabes quien soy yo?- el auror lo miró desafiante- Soy el director de este colegio, y digo que queda terminalmente prohibido usar Veritaserum en contra de cualquier alumno.

El auror se levantó, enfadado.

-No nos iremos de aquí Albus, vamos a descubrir quienes son los culpables- terminó, para luego dirigirse hacia la puerta- Buenas noche- y salió, seguido por todos los demás aurores.

James apretaba los puños con fuerza desde debajo de la capa, mirando fijamente al director ¿Cómo podía ser tan tonto?

-Ya puede salir de debajo de la capa, señor Potter- dijo Dumbledore mirando fijamente al lugar donde estaba el moreno, sobresaltando a James ¿Cómo sabía donde estaba?- ¿Cree que el culpable es Abel Frye? Venga y le contaré toda su verdadera historia- James se quitó la capa rápidamente.

…•¤¤•.•¤¤•…

-¡No puedo creer que me hayan castigado!- se quejaba Johanna en voz alta, cuando llegó a la Torre de Gryffindor, a altas horas de la madrugada.

Lily, Kathy, James y los demás habían estado esperando a que la chica volviera. Cuando llegaron los profesores en el comedor, y se encontraron semejante guerra campal, casi les da un soponcio. Tras preguntar y preguntar se llevaron a Johanna y a Sniders, como incitadores de todo, y a Erik lo vino a buscar un grupo de sanadores de San Mungo.

-Tranquila- intentó calmarla Kathy.

-La verdad es que tú te lo buscaste- dijo Lily, provocando que Johanna abriera la boca para replicar- pero se lo tenían bien merecido.

-¿Se sabe algo de Erik?- pidió Sirius.

-Dicen que sigue inconsciente…-murmuró Johanna, con un deje triste en la voz. Todos se quedaron en silencio. Todos quedaron en silencio hasta que Matt habló.

-James ¿No ibas a contarnos algo que te había dicho Dumbledore?

-¡Anda!- abrió la boca- Es verdad… Dumbledore me ha contado la historia de Abel Frye.

-Ya la sabemos- cortó Sirius.

-Es verdad, la encontré en el registro de sucesos de Hogwarts- dijo Lily, mirándose extrañada a James.

-Si, pero es que esa historia no es la real- respondió James.

-¿A no?- pidió Lily extrañada- pero si allí…

-Modificaron la historia- explicó James- Lo pidió la familia de los afectados. Bueno, la de Frye no.

-Venga, cuéntala- animaron Kathy y Remus al mismo tiempo.

…•¤¤•.•¤¤•…

-¡Espérame!- gritó una chica, corriendo por el pasillo hacia un alumno de su misma casa y curso- Chico, como corres- dijo, entre jadeos.

-Déjame en paz Anabelle- cortó el chico, molesto, sin mirarla a ella.

-Oh venga, Abel, si solo era una bromita- dijo la chica, acercándose a su hermano mellizo- No hay para tanto.

-¡Si que hay!- se quejó él, volteándose y mostrando el motivo de su enfado: algunos alumnos de Gryffindor le habían dibujado en la cara "Soy gay" con una tinta mágica que tardaba un mes en marcharse- Siempre me hacen lo mismo, y yo nunca les he hecho nada. Podrías hacer algo, eres mi hermana, y uno de esos indeseables es tu novio.

-Ya hablaré con ellos si quieres- dijo Anabelle, encogiéndose de hombros- O no, ya viene esa- dijo, refiriéndose a una chica que se acercaba lentamente desde la otra punta del pasillo. Abel se volteó rápidamente a ver quien era, y acto seguido se tapó el escrito de la cara con la mano.

-¿Qué se ve mucho?- pidió nervioso, pues la chica que le gustaba se acercaba a él.

-Hermanito, ya te he dicho muchas veces que no me gusta esa chica- recordó Anabelle, pero su hermano le hizo un gesto grosero para que se callara- Pues me voy- dijo ofendida, y se volvió por donde había llegado.

-Buenos días…-dijo la chica recién llegada. Era muy bajita, morena, de pelo muy rizado que le daba un aire de león, y unos grandes ojos negros, que tenía muy abiertos, aunque era bastante guapa. Se llamaba Angelica Heaven e iba a Slytherin también- ¿Cómo estás?- pidió en tono cortés la chica.

-Genial ¿Y tu?- pidió él. Y los dos chicos se fueron, charlando de una manera solemne, sin saber que estaban siendo espiados por otros dos chicos, de la casa de Gryffindor.

Minutos después, Angelica y Abel estaban besándose apasionadamente en una sala abandonada, sin ser conscientes de lo que iba a pasar en breve. Los dos chicos de Gryffindor que los habían estado siguiendo, salieron de su escondite y los sorprendieron.

-Bueno, bueno, bueno… ¿Qué tenemos aquí?- pidió uno de ellos, que era alto y de pelo algo desordenado de color castaño oscuro.

-Una película gore- bromeó el otro: un chico no tan alto como el otro, moreno y muy guapo. Los dos eran los típicos chulos de curso, que se creían que todo el mundo estaba a sus pies y ellos eran suficiente superiores como para ir a pisarlos.

-¿Porque no os calláis?- Ordenó más que proponer Angelica.

-Porque es más divertido no callar-dijo el segundo chico, llamado Odgen.

-Vosotros seguid con lo vuestro, como si no estuviéramos- dijo el otro chico, llamado Williams.

-Me dais asco, vais por la vida de jefes, sois unos prepotentes egocéntricos y…-empezó Angelica.

-Déjalo Angie- cortó Abel.

-Eso, Angie, déjalo, que Abel se asusta- añadió en tono burlón Odgen, provocando las risas de Williams.

-¡Callaos ya!- bramó Abel, fuera de si. Estaba harto, harto de tenerlos todo el día pisando sus talones, harto de tener que soportar sus burlas y comentarios, harto de que su hermana no hiciera mas que repetir una y otra vez que no había para tanto ¡Harto de todo!

Ante el grito del chico Odgen y Williams parecieron dudar. Se miraron el uno al otro, y recuperaron la confianza y la prepotencia.

-Angie, ¿Por qué no le dices a tu amiguito que se calme?- pidió Williams acercándose a la castaña, que dio un paso hacia atrás desconfiada.

-Eso, Angie, dile que se calme y que se vaya ¿Podríamos pasárnoslo bien los tres juntos, no?- comentó Odgen, fijando la vida en el botón desabrochado de la camiseta de la chica, que dejaba ver un generoso canalillo.

-No os acerquéis- amenazó Angelica, sin mucho convencimiento. Odgen se acercó rápidamente a ella, haciéndola retroceder hasta chocar contra la pared, al lado de unas cajas llenas de cristales rotos. Al ver eso, Abel salió en su ayuda, pero Williams fue más rápido y atrapó a Abel con una cuerda que había en el suelo, inmovilizándolo.

-¡Dejadla en paz!- gritó, al ver que Odgen acercaba su cara a la de Angelica, mientras le sujetaba las muñecas para impedir su huída. Odgen se volteó un momento, para mirar a Abel con malicia, y ese momento lo aprovechó Angelica para agarrar uno de los cristales que había a su lado e intentar atacar a Odgen. Este lo esquivó pero no sin un pequeño rasguño en el brazo.

-Maldita serpiente- murmuró por lo bajo. Angelica parecía fuera de si, blandiendo el cristal como si de una espada se tratara se acercó amenazante a Odgen, que la volvió a esquivar por los pelos. La castaña seguía con sus ataques intentando herir a Odgen, hasta que Williams le hizo la zancadilla y cayó de cara al suelo.

Tardaron varios minutos en darse cuenta de lo que sucedía, el tiempo que tardó la sangre en crear un abundante charco al lado del ahora cuerpo sin vida de Angelica. Al caer se clavó ella misma el cristal en el pecho, muriendo instantáneamente.

-Dios mío…-susurró Williams. Odgen tenía la boca abierta, sin saber que hacer y sin querer ver que era lo que había pasado. Su amigo había dejado de sujetar con fuerza a Abel, que miraba pálido el cuerpo de Angelica.

-Yo me voy- consiguió pronunciar Odgen, y salió corriendo de la habitación, y segundos después Williams lo imitó. Los dos se dirigieron al despacho del director, con clarísimas intenciones de contar su propia versión de los hechos, en la cual ellos salían totalmente indemnes.

-¿Angie?- pidió en voz baja Abel, acercándose a la chica- Venga Angie, ya basta de la broma- le dio la vuelta al cuerpo de la chica: una expresión de susto mostraban sus ojos, y tenía la boca entrecerrada, todo el uniforme estaba manchado de sangre, y manchado de sangre quedó Abel tras darle un último abrazo.

Dejó un mensaje escrito, pidiendo perdón por lo sucedido, pues se creía culpable de la muerte de la chica, y tras eso, se ahorcó."

…•¤¤•.•¤¤•…

-En ningún momento mencionó una venganza, y ya visteis que no era un follonero- terminó de explicar James.

-¿Por qué escribieron otra historia?- pidió Lily, extrañada.

-Porque escribieron la historia de los dos que salieron vivos de ahí, y aparte se montó una historia paralela, y bueno, años despues y antes de morir esos dos fueron a hablar con la hermana de Abel, y le contaron la verdad. Ella fue a hablar con Dumbledore, pero le dijo que no era necesario cambiar la historia porque había pasado tanto tiempo que daba igual.

-¿Y con esto que quiere decir, que no hay espíritu que busque venganza?- pidió Sirius.

-Eso es lo que cree Dumbledore.

-¿Y que más te ha dicho?- pidió Remus.

-Nada más.

-Pero ¿En que todo es culpa de los Slytherin está de acuerdo, no?- preguntó Johanna.

-Ya sabes como es Dumbledore, confía en todo el mundo- explicó James- quiere buscar a otro culpable.

-¡Pero si son ellos!- exclamaron varios a la vez.

-Bueno chicos, creo que es muy tarde- comentó Matt, mirando al reloj- ¿No sería mejor ir a dormir? Hemos tenido un día ajetreado, y con todo esto… yo no creo que podemos pensar con claridad.

-Tienes razón- dijo Kathy y levantándose rápidamente le dio un fugaz beso a Matt- Buenas noches- y subió al dormitorio, acompañada de Matt.

Lily fue un momento con James a la habitación del chico y Sirius se largó pues tenía una cita y ya llegaba muy tarde.

Johanna y Remus se quedaron a solas. Los dos tenían una mirada triste y no se habían percatado de la presencia del otro. Remus estaba triste, Caroline se había ido, lo había abandonado, y lo mismo le había echo Sarah un año antes, ¿Es que cada vez que quería a una chica y la conseguía esta tenía que abandonarlo por un motivo u otro? Empezaba a pensar que aparte de su licantropía a lo mejor estaba maldito por otra cosa. Un sollozo lo sacó de sus pensamientos, y se volteó hacia la morena que estaba a su lado, intentando disimular las lágrimas.

-¿Johanna?- pidió extrañado. La chica tenía aspecto de ser dura, no de las que se ponen a llorar por las buenas- ¿Qué te pasa?

La chica lo miró sobresaltada, dándose cuenta de que estaba acompañada. Erik estaba mal, había caído víctima de algo, y ahora ya no tenía ni en que pensar: en un momento era Abel Frye, pero tras la historia de Dumbledore ¿Qué era el causante de todo? ¿Por qué pasaba aquello? ¿Qué relación había con los Slytherin? ¿Por qué a Erik? No había tenido tiempo de hablar con él ¿Aún la querría? ¿Aún lo amaba? ¿Qué le pasaría a él y a todos los afectados? ¿Se morirían? Un escalofrío recorrió su espalda.

-Me molesta una lentilla- dijo la chica, mirando hacia otro lado en un gesto orgullosa.

-¿Llevas lentillas?- pidió Remus, extrañado.

-No, pero tu piensa que si y olvida esto. Nunca me han visto llorar- dijo cortante Johanna.

-Si estas triste es bueno llorar.

-No, no lo es, hacen que parezcas débil y yo no lo soy- se giró, enfadada ella.

-Nadie ha dicho eso- empezó Remus, pero Johanna la cortó.

-Y no voy a llorar porque Erik esté en San Mungo ni porque estoy asustada de todo lo que ocurre cuando no lloré por la muerte de mi padre- cada vez lloraba más.

-Eh, tranquila Johanna- dijo Remus, levantándose y acercándose a ella. La chica se había exaltado y estaba empezando a desvariar por culpa de todo- Erik se pondrá bien, y vamos a descubrir quienes son…- Johanna seguía llorando, y se lanzó a los brazos de Remus en busca de un apoyo-… Venga, que todo se va a arreglar…-animó él.

-Es que Remus, todo va mal, todo- siguió ella, entre sollozos. Se notaba que estaba muy angustiada por el tema del ahorcado- Todo.

-No va todo mal, tranquila, todo se arreglará, solo ten paciencia- La chica estaba agotada y parecía que se iba a dormir en cualquier momento.

-Pero estoy yo estoy sola. No tengo a nadie. Lily tiene a James, Kathy tiene a Matt, y yo estoy aquí sola- siguió, cada vez mas bajo, mientras se le cerraban los ojos.

-Estás tan sola como yo- comentó Remus, más que para Johanna que ya se había dormido para él- Los dos estamos solos y todo va mal.

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Bueno!! Aquí el capítulo 11!! Dedicado a Mapi, que consiguió el rr 200, y a los anónimos :O que se dedicaron a dejar un review tras otro, gracias por pasarse por aquí... y bueno, gracias también a: BarbaraNakamura, Kry, sofigryffindor90, Thaly Potter Black, Caprisse Allen, Mackie Tonks, Haruka.Black-90, Sus-Lupin-HHr, NannyPotter, Pau0072, albetachestergirl, Y, A y Sara Lovegood.

Bueno, aun queda historia para rato :D así que espero que os vaya gustando, prometo actualizar cada semana a partir de hoy (a excepción de cuando esté de vacaciones) menos cuando me vaya a la playa, porque no tendré ordenador.

No puedo contestar los reviews porque el explorer no funciona y no me deja casi escribir en webs -- lo siento muchísimo.

Bueno, mil besos y mil gracias :D