Capítulo 14: Arañas
James bajó a la sala común, vestido con unos simples tejanos y una camiseta negra de cuello algo. Se había puesto esa camiseta porque tenía unas mangas muy largas, perfectas para disimular los guantes sin dedos que llevaba para esconder la marca del ahorcado. Eran apenas las siete de la mañana y como suponía la sala estaba desierta, desierta a excepción de dos personas, aunque una de esas dos personas le iba de perlas.
Sirius y Remus dormían tumbados en los sofás. El primero con la camisa abierta y una pierna encima del respaldo del sofá y el segundo decentemente tapado con la capa del colegio a modo de manda.
-Sirius, Sirius- lo llamó James en voz baja, no quería despertar a Remus, pues este no les dejaría ir a ver a los Slytherins- ¿Quieres hacer un poco de ejercicio?- pidió cuando vio que el chico abría los ojos y lo miraba algo molesto.
Escondidos debajo de la capa, con el mapa delante de las narices, avanzaban velozmente por el colegio: nadie debía verlos, tenían que ser disimulados todo lo que pudieran. Sirius bostezaba a su lado, y él no podía dejar de pensar en la pelirroja que había dejado durmiendo sola, ajena a todo lo que estaba apunto de suceder ¿Volvería a verla antes de caer inconsciente? Ni siquiera se había despedido, podía haberle dejado una nota, algo, pero en ese momento no pensó en nada mas que en vengarse.
Porque todo era culpa de los Slytherins, no cabía duda. El motivo y el modus operandi cada vez era mas borroso, mas imposible e irracional, pero que ellos eran los culpable quedaba claro, todo el mundo lo sabía, ellos mismos se vanagloriaban de ser los "escogidos" de Abel Frye, de haber mandado a San Mungo a muchos amigos de James, y en poco rato a él mismo.
Llegaron a las mazmorras, delante de donde sabían que estaba la entrada a la sala común de las serpientes.
-¿Sabes la contraseña?- pidió James, mirando a Sirius.
-No, pero no será fácil descubrirla- dijo el moreno, que tenía un arte innato en adivinar contraseñas para entrar en determinados sitios- ¿Abel Frye?- murmuró, cerca de la pared, pero no sucedió nada- ¿Ahorcado?- esta vez si que pasó algo, se abrió una puerta que los dejó pasar- Siempre tan obvios estas serpientes- susurró Sirius.
Entraron silenciosamente a una sala fría, decorada de verde y plata, con un fuego encendido que poco calor hacía. Estaba más desierta que la sala de Gryffindor.
James buscó el dormitorio de los chicos, y se metió en el de los de séptimo, donde, entre otros, estaban Snape y Snyders. Antes de entrar, pero, habló con Sirius.
-Esto es Veritaserum- explicó con un susurro apenas audible- Si pasa algo, quiero que le digas a los Veritas que los interroguen.
-Sabes que es ilegal usarlo, ¿No?- recordó Sirius, aunque no parecía nada preocupado- Si descubren que lo has usado tú…
-No te preocupes, este Veritaserum lo ha hecho el mismísimo Snape, el otro día en Pociones, yo cogí un poco. Sabes que siempre hace las pociones "demasiado" potentes. Será su propio problema- tras esto entraron en la habitación en silencio, y metieron un poco del liquido en la jarra de agua y en los vasos que había al lado de cada mesilla. Suspiraron aliviados de que hubiera sido fácil, pero justo cuando iban a salir de la habitación la puerta se cerró.
-Vaya vaya, los corderitos han ido de visita a la cueva del lobo- murmuró Snape, levantándose y apuntando hacia donde estaban James y Sirius.
-Remus, ¿Has visto a James?- pidió Lily, mas que preocupada, despertando al castaño.
-¿No estaba contigo?- preguntó este.
-Estaba, no lo encuentro en ningún lugar ¿Sirius sabrá donde está?
-Tampoco se donde está Sirius- explicó el castaño- y que no estén ninguno de los dos es algo que me da mala espina. ¿En la sala no está?
-No- respondió Lily, mirando a su alrededor, como si esperara que James saldría de debajo de uno de los sillones.
-Vamos a fuera a buscarlos- dijo Remus, incorporándose y los dos salieron de la sala.
El castillo estaba totalmente en silencio, aparte de que no había nadie.
-¿Crees que habrá ido a desayunar?- preguntó Remus. Unos gritos de pelea a lo lejos llamaron su atención- No jodas que son ellos los que se pelean, ¡si son las siete de la mañana!
Bajaron apresuradamente hacia donde procedían los ruidos, y en el vestíbulo, justo en la salida de las mazmorras, se encontraron a James y a Sirius peleándose con Snape y Snyders al estilo muggle. Al primero le sangraba la nariz y había perdido las gafas, iba mas despeinado de lo normal y tenía el pómulo derecho hinchado, el segundo tenía un profundo corte en el labio inferior y en la ceja izquierda, la camiseta del colegio manchada de sangre y desgarrada, y los dos Slytherins estaban bastante en mejor estado que ellos, seguramente porque en un principio eran mas Slytherins los que pegaron a los dos Gryffindor.
-¡Maldito hijo de puta!- exclamó Snyders, cuando Sirius le pegó un puntapié que hizo que su varita volara unos metros a lo lejos.
-Lo se- contestó orgulloso Sirius- Sepas que todavía no ha nacido el Slytherin capaz de derrotarme al cuerpo a cuerpo- anunció orgulloso Sirius.
Por otro lado James y Snape estaban en su propia pelea personal, con la vista fijada el uno en el otro, con la varita en mano, con la tensión a flor de piel, concentrados en uno en el otro y en nada más, en nadie más. Ni cuando Lily fue corriendo hacia allí para pedirle que parara.
-¡MUCHACHOS YA BASTA!- bramó Slughorn, que salió desde las mazmorras, atraído por el ruido de la pelea. Pero nadie le hizo caso- ¡NO ME OBLIGUEN A ACTUAR!- pero lo ignoraron por completo- ¡YA ME HE HARTADO!- exclamó, y tras un hechizó, separó a Sirius y a Snyders y los dos se quedaron paralizados. Iba a hacer lo mismo con James y Snape, pero Lily consiguió llamar la atención de su novio.
-¡James ya basta por favor!- chilló, preocupada por las consecuencias que traería esa pelea y por el estado del chico- ¡Mírame de una vez!- el moreno clavó en ella sus ojos. No llevaba las gafas, por lo que veía algo mal. De pronto se le nubló la vista. Ya empezaba el ataque de Abel Frye.
Se acercó tambaleándose a Lily, y ella se dio cuenta de que algo no iba bien.
-Lily, escúchame- dijo el chico, con la voz temblorosa. Lo veía casi todo negro, solo podía distinguir el color del pelo de Lily de un fondo oscuro- Yo…- se veía incapaz de seguir, notaba como le flaqueaban las piernas, se sentía débil, y eso no le gustaba a él, porque él era fuerte, pero ahora iba a ser vencido por algo que ni siquiera conocía- Lily, yo…- empezó de nuevo- sabes que te quiero, pero no quiero que te pongas triste- notó como ella lo agarraba de las manos con fuerza, pero al mismo tiempo él no se notaba las manos- encontraréis la solución, lo se. No estés triste, ¿vale?- vio como a lo lejos, detrás de Lily, aparecía una silueta de un chico delgaducho, con una soga en el cuello. Obviamente era Abel Frye, y obviamente era por eso que todos gritaban, porque verlo era simplemente escalofriante, pero él no gritaría, no les daría ese placer a los Slytherins.
James se desplomó al suelo pesadamente, a los pies de Lily, que aún no había conseguido articular palabra.
-¡Lily por favor tranquilízate!- chilló Kathy. La pelirroja llevaba todo el día como una loca leyendo mas libros para encontrar una solución- ¡Tienes que descansar!- eran casi las cuatro de la mañana de dos días después del ataque de James.
-¡No hasta que no encuentre algo!- exclamó la pelirroja, y acto seguido subió al cuarto de los chicos. Sirius y Remus no estaban, se habían pasado todo el tiempo con los Potter, pues al no tener mas hijos estaban desechos por lo sucedido a James, y así tenían una excusa para poder despejarse las ideas fuera del castillo.
Johanna y Kathy subieron detrás de Lily a la habitación. La pelirroja empezó a ponerlo todo patas abajo: papeles, diarios, ropa, sabanas, colchones,… estaba dispuesta a encontrar lo que fuera, cualquier cosa que ayudara a curarlos a todos.
-¿Qué es eso?- pidió Johanna, señalando algo que acababa de moverse de debajo de la cama de James a la de Sirius cuando Lily levantó el colchón.
Las tres chicas se agacharon debajo de la cama de Sirius. Estaba todo oscuro y lleno de formas extrañas.
-Lumos- murmuró Kathy, metiendo la varita debajo de la cama. El suelo estaba lleno de calcetines sucios tirados de cualquier forma, papeles arrugados, cajitas de chucherías y… algo que volvió a moverse al ver la luz acercarse.
-¡Ya me he hartado!- exclamó Johanna- ¡Wingarium Leviosa!- la cama de Sirius se levantó por los aires.
El pequeño ser que se movía evitando al luz era una araña, parecida a la que estuvo apunto de atacar a Kathy unos días antes.
-Arania Exumai- dijo Lily, apuntándola. El rayó impactó de pleno en el insecto.
-¿Otra araña?- pidió Kathy, asqueada, mientras Johanna se dirigía disimuladamente hacia la puerta, con cara de susto. La puerta cerrándose de golpe les indicó que Johanna había salido por patas de la habitación- Pero mira que son guarros ¿Cómo se puede tener un bicho así aquí y no darse cuenta?- miró con reprobación la habitación.
-¿Qué quieres decir con otra araña?- pidió Lily, metiendo con cuidado la araña en un pote transparente que había servido para meter los dineros de las apuestas de los ligues de Sirius.
-Hace unos días encontramos a otra parecida- explicó Kathy- a decir verdad creo que fue el mismo día que atacaron a Matt… o un par de días después…- Lily miró el insecto perspicaz- ¿Crees que hay alguna relación?
-¿Por qué no? ¿A quien se le hubiera ocurrido mirar algo relacionado con arañas? Estamos en Hogwarts, no en el Amazonas, esta araña no es de aquí Inglaterra, vete tú a saber como ha llegado aquí, y no me suena que en Gryffindor haya ningún obseso de las arañas que las saque a pasear y que se le pueda haber escapado. Deberíamos preguntarle a algún experto... ¿Crees que el de Cuidado de Criaturas Mágicas nos ayudaría?
-¿Kettleburn? Puede que algo sepa… ¿Se lo preguntamos mañana?
-¡No! ¡Vas ahora mismo!
-¡¿Que qué?!- pidió Kathy- ¡¿Pero que no ves la hora que es?! ¡No quiero que me de para comer a los bichos que tiene!
-¡Por favor Kathy! ¡Piensa que el tiempo es oro! ¡Que cuando más tiempo pasa peor se ponen! ¡Puede que sea irreversible!- Lily estaba tan alterada que la castaña no pudo negarse.
-Vale, voy, pero que si me castigan caiga el castigo sobre tu consciencia- agarró el pote y se largó de la sala común.
-Señorita Holmes, me parece que es algo tarde para ir a visitar a un profesor- dijo el profesor Kettleburn, un hombre de mediana edad, de pelo oscuro, flacucho, con gafas y piel amarillenta.
-Lo se señor, pero me pareció peligroso este espécimen. Además usted siempre nos dice que si tenemos alguna duda sobre un animal le preguntemos…
-Ya pero es que son las cuatro casi cinco de la madrugada…-se excusó el hombre, intentando cerrarle la puerta a los morros a Kathy, pero ella fue mas rápida y puso el pie para que no pudiera cerrar.
-…Y siempre dice que da igual la hora que sea.
-Está bien, pase- se dio por vencido al final. Llevó a Kathy hasta el centro del despacho, donde había una mesita con todo de pergaminos de dibujos de animales que no le sonaron de nada a Kathy, algunos parecían sacados de un cuento de hadas y otros de la peor de las pesadillas- ¿Qué es eso tan desconocido que quiere enseñarme?
Kathy se sacó el pote de la capa y lo puso en medio la mesa. El profesor Kettleburn lo examinó cuidadosamente.
-Me parece que es una araña normal, no es ningún ser mágico, señorita- reprochó el hombre.
-Lo se, pero… ¿Es un animal típico de Inglaterra?- pidió ella, perdiendo la paciencia. Le parecía tonto decirle que encontraba una relación entre el ahorcado y la araña.
-No, me preguntó como habrá llegado aquí…- siguió el hombre, sin prestarle mucha atención a la chica.
-¿Cree que es venenoso?- pidió ella, de nuevo.
-Seguro, y por los colores que tiene debe de serlo mucho ¿No le habrá picado, no?- recobró el interés en Kathy.
-No no, ¿Qué cree que me pasaría si me picara?
-No estoy muy seguro, parece un animal mestizo, entre una Grammostrola y una araña parta, alucinaciones quizá, perdidas de conciencia, fiebres, y como algo fatal la muerte. La mayoría de estos venenos de arañas causan lo mismo.
-¿Lo mismo que la maldición esta no?- preguntó perspicazmente.
-¿Cómo quiere decir?- pidió él.
-Si, los que caen "victimas" de la maldición tienen alucinaciones, perdidas de consciencia, fiebres, y cada vez están peor, digo yo, que debe ser lo mismo, ¿No?
-¿Está insinuando que este animal es el causante de todo?- preguntó el hombre irónicamente, sacudiendo el pote y la araña de dentro- Solo a encontrado una araña, a saber donde, señorita Holmes, la veía a usted mas espabilada y menos incrédula.
-Es la tercera araña de este tipo que veo en una semana, y todas las veces a sido una de distinta- contestó ella, algo picada por el comportamiento estúpido del profesor.
-¿A si? ¿Dónde?- pidió el hombre, menos irónico que antes.
-Una intentó picarme, pero la mataron, la otra es esta, y la tercera está detrás de usted paseándose por encima de sus libros- señaló por encima de la cabeza del profesor: en uno de los estantes estaba esa araña.
-¡Será posible!- exclamó el hombre y con un gesto de varita la mató- Vamos a hablar con el profesor Dumbledore ahora mismo.
-Y eso es todo- terminó la historia Kathy. Al parecer el profesor Kettleburn pensó lo mismo que Kathy, que parecía muy estúpido relacionar una araña con esos sucesos en principio paranormales, pero por alegría de Kathy el director la observó con claro interés y preocupación por el tema.
-¿Cree firmemente que puede haber una relación con estas arañas y los chicos?- pidió tras una breve pausa Dumbledore.
-Estoy segura.
-¿Entonces cree que no hay culpable?- pidió el director.
-¿Cómo?
-Me refiero a que si el causante es una araña no hay persona culpable, me refiero a que puede ser una casualidad ¿Qué cree usted?
-Yo opino que no, director- contestó Kathy, levantándose de la silla en la que había estado sentada hasta el momento- Una araña como esta es poco probable de que llegue aquí, y que además coincida con la historia de los Slytherins y las listas… lo siento pero no, sigo creyendo que los culpables son los que todo el mundo piensa.
-Esta bien, muchas gracias- contestó Dumbledore, con una sonrisa- Gracias por la ayuda, ahora mismo mandaremos este espécimen a San Mungo y nos encargaremos de vigilar por el colegio si hay más. Puede ir a dormir ya señorita Holmes.
Kathy se despidió de los dos profesores y se largó hacia la sala común. Estaba muerta y cansada, eran ya pasadas las cinco ¿Por qué demonios no había ido Lily? Aunque conociéndola y sabiendo como estaba lo más probable hubiera sido que se hubiera estresado a la primera negativa de Kettleburn y lo hubiera mandado volando por los aires.
Siguió a paso rápido hasta que llegó a un pasillo del tercer piso, dispuesta a coger un atajo hasta la torre. Pero unos murmullos a lo lejos le llamaron la atención y, otra vez, no pudo resistirse a la curiosidad de investigar quienes eran y de donde procedían.
Con paso suave fue poco a poco hasta el final del pasillo, dónde se hacían mas fuertes y algo mas claras.
Procedían del interior de un aula que, según ponía en un letrero, era de almacén y por el aspecto que tenía de uso poco frecuente. Se acercó aún más, pero era imposible entender nada de lo que decía, aunque sonaba a una especie de plegaria ¿Quiénes serían y que demonios estaban haciendo? Se le puso de piel de gallina al escuchar todo aquello.
Sentía tanta curiosidad que no pudo evitar la tentación de abrir la puerta: agarró el mango de la puerta, pero al girarlo no sucedió nada. Parecía atascado, por lo que intentó de nuevo con algo más de fuerza.
Un fuerte crujido le indicó que había roto el mango de la puerta y el hecho de que este se hubiera desprendido de la puerta y ahora restara a modo de prueba incriminadora en su mano no ayudaba. Se percató, con mucho horror, de que los susurros sinistros habían cesado y, sin pensárselo dos veces, salió corriendo del pasillo.
No tardó en oír pasos detrás de ella, que la perseguía a toda velocidad. Dobló a la primera esquina que encontró con las esperanzas de despistar a su perseguidor, pero no hubo manera. Cruzó a la siguiente esquina y se encontró en un pequeño pasillo con fin, aunque con muchas puertas abiertas. Entró en la que le pareció menos sospechosa y se escondió debajo de un pupitre.
Era una aula oscura, bastante vieja, en desuso, nunca había estado allí pero estaba convencida de que de día sería escalofriante, porque de noche estaba apunto de hacerla llorar. Paró el oído para ver si alguien se acercaba.
Y alguien se acercaba. Con pasos lentos y calculados. Para asustarla. Tenía la piel de gallina. Vio por la poca luz que entraba por la puerta una silueta negra que, por alivio suyo, pasó de largo la puerta. Los pasos pararon. Notaba como su corazón latía con fuerza. Quienquiera que fuera empezó a andar de nuevo. Volvía hacia atrás. Se paró delante de la puerta.
Kathy tragó saliva. No sabía que había interrumpido, ni quería saberlo, solo sabía que estaba en peligro y que debía largarse de ahí rápidamente. Optó por la vía rápida.
Salió corriendo hacia la puerta justo cuando el desconocido intentaba abrirla, con lo cual le pegó con toda la madera en la cara, mandándolo medio metro hacia atrás. Intentó aprovechar ese momento de descuido para huir, pero su captor se abalanzó sobre ella, haciendo que cayera al suelo, que se diera de cabeza contra el suelo.
Tras eso se largó del lugar, dejando a Kathy inconsciente y desangrándose por una profunda herida en la cabeza.
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¡Aquí estoy de nuevo! ¡Y ahora os habéis quedado con más intriga que antes… si es que!
Bueno, no tengo NADA de tiempo para dar agradecimientos, apenas si puedo subir :P pero esta noche JURO SOLEMNEMENTE contestar a todos los reviews con reply, ¿vale?
Y anunciar que esta vez si, no vuelvo a actualizar hasta que termine con toda la historia (me quedan unos capítulos) a no ser que vuelva a haber algún lector "ANSIOSO" se leerme que me vuelva a dejar 13 reviews (no se quien es el anonimo, pero le estoy agradecida)
Aparte, quiero deciros que os paséis por mi nuevo fic, llamado Teenagers, ya que estoy convencida de que os va a gustar n.n
Besazos
Eri
