Capítulo 15: Ayuda
Sirius y Remus llegaron pasadas las cinco de la mañana al colegio. Habían estado en San Mungo, junto a sus dos amigos James y Peter, y los padres destrozados del primero. Los Potter se sentían mal con lo sucedido a su hijo, al parecer James le comentó a su padre lo que ocurría en el colegio, pero él creyó que no había de que preocuparse "con lo mal que está el mundo mágico, lo que me faltaría es preocuparme de chiquilladas. Además, ya enviaron ayuda ¿o no?" eso le había dicho la última vez que James le pidió que interviniera en el tema, y ahora, al ver la magnitud del asunto, al ver que su único hijo estaba en el hospital, sin saber el porque y casi agonizando en el lecho de muerte junto a una veintena de chicos más… Porque eso era lo que hacían esos chicos allí, esperar día tras día inconscientes, con alucinaciones horrorosas que los hacían gritar y estremecerse, con fiebres altas, y cada vez más débiles y grabes ¿Cuánto más podían aguantar? Eso nadie lo sabía, la verdad es que nadie sabía nada de nada.
Con esos fúnebres pensamientos llegaron los chicos al colegio ¿Y que le dirían a Lily? ¿Cómo le sentarían las noticias de que esos chicos estaban ya casi al lecho de muerte? Fue decisión unánime decirle que seguían inconscientes y con delirios, y nada más.
Al llegar a un pasillo del segundo piso se encontraron con un chico vestido de negro, con la cabeza tapada por la capucha de la capa del colegio, que huía a toda velocidad de otro pasillo. Remus y Sirius se miraron perspicaces.
-Síguelo, yo voy a ver- dijo con rapidez el segundo, mientras Remus salía detrás del chico.
Sirius se metió por el pasillo del que procedía el encapuchado. Tumbada en el suelo, inconsciente y manchada de su propia sangre, estaba Kathy. El moreno se quedó paralizado, pensando que estaba muerta, porque eso era lo que aparentaba: estaba pálida, en medio de un gran charco de sangre que quedaba claro que era suya y con la boca entreabierta. De pronto pero la chica tomó un fuerte respiro de aire, que le volvió el color, y empezó a toser.
El chico se arrodilló a su lado y la abrazó, dejándola a ella más desconcertada.
-¿Qué pasa?- pidió preocupada cuando se hubo separado de sus brazos.
-Ahora ya nada- la besó, para terminar de asegurarse de que solo había sido un malentendido pero… ¿Y esa sangre?- ¿Estás herida?- La chica negó con la cabeza- ¿Qué te ha pasado?
Kathy le contó lo del pasillo, de las voces, de que alguien la había perseguido y luego pasó a contarle acerca de la araña, de sus sospechas y de que se las habían comunicado a los otros profesores. Justo cuando terminó de contarle toda la historia llegó Remus, respirando ajetreadamente.
-Era… de Slytherin- explicó entre jadeos- Se ha metido en la sala común de las serpientes, aunque no se quien era.
-Bueno, da igual, mañana ya hablaremos de esto- dijo Sirius, tras un largo bostezo- Estoy que me muero- los tres se encaminaron hacia la sala de Gryffindor.
-Por cierto ¿Cómo está James?- pidió Kathy.
Los dos chicos guardaron un momento de silencio para luego decir:
-Simplemente "está"- y le dieron a entender que no querían hablar de eso ahora.
Pasó una semana antes de llegar a saber nada acerca de la araña, ningún comentario al respecto de nada. Hasta que el director llamó a Kathy y a Lily a su despacho. Las tuvo entretenidas una hora y media, y luego llegaron más contentas que nadie, y la pelirroja hasta lloraba de emoción.
-¡Era la araña!- exclamó nada mas entrar en el Gran Comedor para cenar. Todo el mundo de fijó en ella- ¡Era la araña!- siguió entre lágrimas- ¡Saben como encontrar la cura de los ataques!
Eso causó una gran emoción en el lugar, estallaron las conversaciones y demás, todos muy alegres. Todos a excepción de ciertos Slytherins, que se miraban con preocupación: Si encontraban el arma era mas probable que encontraran pruebas directas para incriminarlos más de lo que ya estaban. Eso era un gran problema al que debían encontrar una solución rápida.
A partir de ese día desapareció el miedo hacia los Slytherins, aumentó el numero de venta de repelentes de insectos, y la mayoría de alumnos aprendieron hechizos anti-arácnidos, se instauró un nuevo mercado negro en Hogwarts con mil y un artilugios para protegerse del, ahora corpóreo y conocido, enemigo.
Pero, pese a todo, parecía que Hogwarts volvía a respirar menos asustado. Aunque la desaparición de los problemas internos hizo presente la cruda realidad exterior: la guerra entre magos estaba apunto de estallar, había mas de un misterioso asesinato diario, reinaba el caos total, el miedo y la incertidumbre, un poderoso enemigo acechaba a los magos que estaban fuera de Hogwarts, por lo que dentro intentaban vivir ajenos a eso.
-Llaman a la puerta- susurró Johanna, entre besos y caricias y más besos.
-Me da igual- contestó Remus a lo suyo. Pero los golpes de la puerta no cesaron.
-Llaman- repitió Johanna, cuando los golpes de hicieron más y mas fuertes.
Remus se levantó de la cama, más que molesto, se abrochó la camiseta, mientras Johanna hacía lo mismo y se dirigió a la puerta.
-¿Qué pasa?- preguntó abriéndola un poco. Pero Sirius dio un golpe de los suyos, titulado "como entrar si no te dejan pasar".
-Lo siento chiquillos, pero os vais a hacer guarradas a otro lugar, tengo que terminar los deberes y si no los termino aquí no hay manera.
Johanna iba a quejarse, iba a lanzarle a Sirius el libro de Historia de Hogwarts que los chicos usaban como pisapapeles (o pisa-ropa o pisa-cosas o pisa-planessecretos) pero Remus desistió antes de empezar y se llevó a la morena de allí. Sin decir nada los dos bajaron hacia la entrada del colegio, donde se abrigaron un poco antes de salir a los nevados patios.
Fuera hacía un viento no muy gélido, estaban a finales de febrero y hacía un par de días aún había nevado, pero relativamente poco. Caminos excavados por los alumnos iban desde el colegio hacia los invernaderos y el campo de Quidditch, pero ninguno hacía el lugar al que Remus quería ir, por lo que entre él y Johanna tuvieron que esforzarse un poco para llegar hasta el lago, en esos momentos helado.
-¿Ya? ¿Aquí?- pidió al final Johanna, cuando encontraron un par de piedras medio cubiertas de nieve donde podría sentarse para estar más cómodos.
-Si… Yo… quería hablar contigo- empezó Remus. Llevaban de rollo desde San Valentín y no habían hablado nada, él quería seguir, estaba seguro que le gustaba Johanna, y que si la cosa seguía iría a más, pero quería saber que opinaba ella, porque si ella no quería más que un rollo él… no lo quería.
-Hey, como ahora me salgas con un rollete tonto de "todo esto ha sido un error, bueno, hasta otra" me voy a enfadar, y aunque el lago esté helado de digo que te ahogo en él- espetó la chica de golpe. Al parecer también pensaba en lo mismo que él.
-No si lo del error…-empezó él de nuevo.
-¡Como me vengas con lo de "si te he visto no me acuerdo" es que te mato aquí mismo, Lupin!- chilló Johanna levantándose de golpe.
-¡Que no es eso!- gritó él, levantándose también- Lo que quería decirte es que tú a mi me gustas mucho, pero que si únicamente quieres un rollete de esos que no lleva a ningún lugar no soy tu hombre, ¿entiendes? ¿Qué quieres conmigo Johanna?
La chica se lo miró con los ojos un poco abiertos, y se pensó la pregunta varias veces, dejando una pausa que a él, al cual el corazón le latía con fuerza, se le hizo eterna.
-Todo- contestó Johanna al final, con una amplia sonrisa de niña que consigue lo que quiere y que sabe que es lo mejor- ¿Te considero mi novio?
-¿Te considero mi novia?- pidió él- Si- volvió a besarla. La sirena del inicio de las clases los interrumpió- Me tengo que ir que tengo clase de Runas Antiguas- comentó el chico- Anda toma, no cojas frío- y le dio su capa- Nos vemos por la cena- y dicho esto se largó hacia el colegio.
Johanna se quedó un rato aún en el exterior del colegio, y cuando ya había cogido demasiado frío, incluso con la capa de Remus, decidió entrar. Nada mas entrar unas voces llamaron su atención: la risa estridente de Margot Bontes se oía a tres quilómetros a distancia. En esos momentos la risa indicaba que se lo estaba pasando en grande a costa de alguien, por lo que no pudo evitar ir a ver que sucedía.
Le sorprendió encontrarse a Margot y a sus seguidoras metiéndose con Crystal Sparks, que lloraba hecha una bolita en una esquina totalmente empapada seguramente por algún hechizo. En un primer momento le dio pena la rubia, pero luego se acordó de quien era y de que hacía. Fue hacia Margot con paso destructor.
-Vaya, al final va a resultar que si sabes hacer algo bueno- le dijo a Margot.
-¿Qué quieres Rhodes?- pidió desconfiada la rubia- ¿No irás a chivarte a tu amiga Evans, no?
-No, todo al contrario, estoy pensando en colaborar con la causa- dijo con voz cruel. Desvió su mirada hacia Crystal y sus ojos se cruzaron: realmente la pequeña rubia tenía miedo de ellas, estaba más que asustada, y aunque fuera mala, Johanna no lo era, ella no debía hacerle nada por mucho que Crystal si lo hubiera hecho- Pero mejor dejémosla en paz- concluyó tras una pausa.
Las sonrisas sádicas desaparecieron rápidamente de la boca de Margot y las demás.
-Dirás que tu la dejas en paz, bonita, pero nosotras seguimos con lo nuestro, así que si no quiere divertirte vete- ordenó Margot cruzándose de brazos.
-No bonita- contestó con sarcasmo- Os vais vosotras o os hago marchar- siguió amenazante colocándose entre las dos rubias y sacando la varita. Margot y sus seguidoras retrocedieron unos pasos, pero la chica aún no se daba por vencida.
-Por culpa de ella y los suyos está tu amadísimo Erik en el hospital- dijo, haciéndose la comprensiva- Lo mínimo es que se lo hagamos pagar.
-Primero: no es mi amadísimo Erik, es simplemente Erik, y segundo: ya se encargarán los aurores de darles su merecido cuando se aclare todo- hizo salir algunas chispas de su varita- Yo que tu me iba ahora.
Margot las fulminó a las dos con la mirada.
-Te salvas esta vez- amenazó Margot para luego salir corriendo por donde había llegado Johanna, con sus amigas pegadas a su trasero.
-Toma, no vayas a coger frío, y levántate- dijo Johanna, lanzándole la capa que le había prestado Remus a Crystal- ¿Dame las gracias al menos, no?- pidió, cuando vio que la rubia cogía la capa y se iba sin decir nada. Se giró y la miró unos momentos para luego seguir como si nada.
Mas que molesta Johanna volvió a la sala común.
Pociones tocaba por la tarde, dos horas junto a los Slytherins, que habían pasado de ser las más tensas a ser las más entretenidas: todo el mundo se dedicaba a meterse con Sniders y su grupito, y Slughorn hacía la vista gorda.
-Hey Snape, creo que lo de tu pelo no tiene solución ¿Qué tal si te cortas la cabeza? Quedarías mas favorecido- le casi gritó Sirius desde la otra punta de la clase. Todos los Gryffindors empezaron a reírse y el profesor empezó a buscar con mucho interés algo en uno de los cajones de su mesa.
-Yo que tu cerraría el pico, Black- amenazó Ian Sniders.
-¿Por? Lo siento por tu información pero no tengo aracnofobia, y ni que tuviera en este colegio hay tanto insecticida que creo que vamos a convertir a las arañas en una especie en peligro de extinción- siguió Sirius, provocando más risas. Ian se levantó de su silla, e iba directo hacia Sirius cuando alguien lo agarró de la túnica parándolo. Se volteó para ver como Crystal, aún con la capa de Remus, lo miraba suplicando clemencia.
-No vayas, por favor- pidió en un susurró casi inaudible.
-¿Pero porque?- pidió él, extrañado.
-Déjalo Ian, estamos haciendo mucho daño, no tiene sentido, no conseguiremos nada- siguió ella.
-Cállate niñata- ordenó Snape, metiéndose en la conversación- No es momento de hacerse atrás, y lo sabes. Haz lo que quieras, Sniders- dijo, dándole un golpe a la mano de Crystal para que soltara la capa del otro Slytherin.
-No le hagas esto- ordenó Ian, fulminando a Snape con la mirada- No ha hecho nada malo.
-Pero quería que tú no hicieras algo bueno- siguió Snape- Bonita, como sigas así tendré que hablar con quien tú sabes, y no le hará mucha ilusión que le cuente que quieres desertar.
-Ella no quiere desertar- contestó rápidamente y con preocupación Ian- ¿Verdad?
-Ian… no vamos a conseguir nada, nos utilizan, no vamos a hacer más que buscarnos problemas, debemos parar ahora y arreglar lo que hemos hecho- dijo con voz suave Crystal.
-¡¿Y que pretendes conseguir?!- gritó Snape, perdiendo la paciencia y agarrándola a ella por los brazos. Toda la atención de la clase se centró en ellos, incluso Slughorn que miraba la reacción de Snape boquiabierto.
-¡Suéltala Snape!- ordenó Ian.
-¡¡No quiero volver a oír eso!!- le gritó Snape a Crystal, que se había puesto más pálida de lo normal y temblaba de miedo. La soltó de golpe, y Crystal se tambaleó para caer al suelo. Seguía temblando. Parecía un…
-¡Ian! ¡Ian!- empezó a chillar Crystal desde el suelo, haciendo aspavientos con las manos para apartar a alguien- ¡Ian es Abel! ¡Ian quiere matarme!
…ataque ¿Pero porque tenía un ataque Crystal? Ian se arrodilló a su lado, justo en el momento en que quedaba inconsciente. El chico la miraba con los ojos abiertos y la boca desencajada, luego se volvió hacia Snape con la mirada cargada de rabia.
-¡¿Por qué ha pasado esto?!- le gritó, agarrándolo por la túnica y empujándolo hacia la pared- Trae el antídoto ahora mismo- susurró la orden lleno de furia.
-No puedo hacerlo, si lo hago será una prueba más en nuestra contra. Ya va bien que la haya atacado Abel- dijo con ironía, aún en susurro- nos será más útil que de la otra manera.
-¡Lo has hecho tú!- exclamó Ian- ¡Tu le has hecho eso a Crystal!
-Dúdalo, Ian- contestó Snape- Si observas atentamente lo que lleva puesto verás que no es suyo, sino de un Gryffindor, y por lo que ha sucedido estoy convencido que era de Lupin, que tenía que ser el siguiente afectado- explicó rápidamente.
Ian se volteó para mirar lo que decía Snape.
-Y ahora haz el puto favor de soltarme, que todos nos miran- añadió de mala manera, señalando a todos los de la clase, que habían estado escuchado atentamente lo que decían pero sin llegar a entender nada pues el tono había sido casi todo el rato muy bajo. Slughorn los miró desconcertado.
-Demos la clase por terminada, voy a buscar ayuda- dijo el hombre, saliendo a paso rápido del lugar.
-¿Por qué deberían atacarse entre ellos?- pidió con calma Albus Dumbledore sentado en su sillón.
-¡Es una manera de despistarnos, Albus!- se quejó Dorian, uno de los aurores- ¡Debemos actuar rápido!
-Tranquilícese, Dorian, por mucho que grite no encontraremos ninguna solución- intervino McGonagall.
-Usted habla tranquila, usted no tiene a su hijo en el hospital- comentó lleno de rabia Dorian- Debemos actuar ya- repitió.
-Lo que no debemos es actuar sin las pruebas necesarias- recordó otra auror, Miranda.
-¡Por favor! ¡¿No tenemos suficientes pruebas?! ¡Es tan obvio que solo les faltaría llevar un cartelito colgando del cuello!
-Piensa en la araña, Dorian- añadió Miranda- El jefe dice que con esta nueva prueba queda todo desajustado. Necesitados una prueba irrefutable.
-¡Pues que nos deje usar Veritaresum!- exclamó Dorian, señalando al director- ¡O algo que no sea eso!- añadió al ver negación con la cabeza de este- ¡Pues déjenos actuar de alguna forma! Estoy harto de ir mirando por todos los pasillos para ver si encuentro algo y ni siquiera hablar con los supuestos sospechosos ¡¿Cómo demonios espera que encontremos algo así?!- pidió, mas que enfadado.
-De eso debe encargarse usted- contestó McGonagall, haciendo que los furiosos ojos del mago Dorian se clavaran en ella- Hágalo por su hijo- dijo la mujer. Antes de cualquier respuesta la puerta del despacho se abrió y Filch, el celador.
-Señor director, acaba de llegar una carta desde San Mungo- explicó entre jadeos, quitándose del bolsillo de la túnica una carta amarillenta con letras doradas y el emblema del hospital, junto a unas grandiosas letras rojas que ponía "Urgente".
El director la cogió bajo la mirada atenta de todo el grupo de profesores y aurores, que estaban congregados en su despacho. La leyó con atención y el ceño fruncido.
-¿Qué pone, Albus?- pidió McGonagall.
-Debemos hablar con todos los alumnos- explicó el director- Esta misma noche.
La historia del ataque de Crystal Sparks voló por el colegio y empezaron a salir historias y mas historias acerca de todo, de cómo había sucedido, de que si la araña no se que o que en realidad si que era un espíritu, que a lo mejor no eran los Slytherins y se llegó a oír una que hablaba de un triangulo amoroso entre Sparks, Sniders y Snape, y cosas por el estilo. El grupito de Gryffindor, que había estado presente, parecía el más preocupado.
-¿Crees que se les habrá descontrolado lo de las arañas?- pidió Johanna, mirando a todos lados preocupada mientras entraban en el Salón para cenar.
-Yo creo que ha sido un error, pero no se… prefiero no pensar en ello, uno menos- dijo Sirius, haciendo un gesto como de quien lanza algo a la basura. Se sentaron todos en los sitios que ocupaban de normal, dejando los espacios que debían ocupar sus compañeros hospitalizados.
-¡Sirius!- le riñó Kathy- Esa chica es una… persona- dudó antes de decir la última palabra.
-Es una persona mala que mira lo que hace a los demás- añadió, por sorpresa de todos, Lily- y no me digáis que no.
-Si, chica, pero no se merece esto. Nadie se lo merece- dijo Kathy.
-No lo hubieran empezado pues- contestó Remus cortante. Se quedaron en silencio pues sabían que si seguían con esa conversación acabarían discutidos: todos sabían que los Slytherin se merecían lo peor, pero ellos no eran nadie para decir que era correcto y que no.
Antes de que apareciera la comida, Dumbledore se levantó llamando la atención de todos.
-Queridos alumnos, es mi deber como profesor hablarles de este tema, que nos influye a todos y cada un de vosotros, aunque no seáis implicados directos. Como muy bien sabréis por extraños motivos de los cuales cada día descubrimos algo nuevo algunos de vuestros compañeros han ido cayendo victimas de una extraña enfermedad, que les causa fiebres y delirios, aparte de inconsciencia casi permanente. Más de quince chicos están ya en San Mungo, y la cruda realidad es que cada día su estado es más grabe. Esta misma noche he recibido una carta del hospital, donde nos comunicaban que los chicos empeoran por momentos, que se teme más que nunca por su vida- hizo una pausa, en las que no se oyó ni una sola mosca- Los sanadores del hospital, los familiares y amigos de esos chicos, os piden a todos que colaboréis, si sabéis cualquier cosa por favor avisadnos, lo podéis hacer de forma anónima, y prometemos no intentar descubrir nunca quien nos a facilitado la información y… ¿Quiere algo señorita Evans?- pidió, al ver que Lily se había levantado de su asiento.
-Si ¿Puedo hacerle una pregunta?- pidió. El director asintió con la cabeza- ¿No era la araña? ¿No tenían la cura ya?- el salón enteró estalló en murmullos acerca del animalejo peligroso que paseaba libre por Hogwarts.
-El causante es la araña, pero no saben como encontrar la cura, al parecer es un hibrido muy desconocido, a cogido las características de dos de las arañas mas venenosas del planeta, y el veneno es del doble de potente y mortal, aunque a su vez a conseguido retrasar los efectos y por eso siguen aún en vida. Como el único ejemplar que les pudimos mandar estaba muerto les es imposible realizar un antídoto a tiempo.
-¡Pero con la de pociones que hay no me digáis que no se los puede ayudar!- exclamó esta vez una chica de Hufflepuff, hermana de uno de los afectados.
-Los sanadores intentan todo lo que pueden, pero de momento solo han conseguido resultados negativos.
-¿Negativo?- pidieron varias personas.
-Han empeorado- anunció con voz afectada el director- Desde aquí solo podemos hacer esto. Chicos, yo confío en cada uno de vosotros, y también sabemos todos a la perfección que detrás de estos atroces actos hay unos culpables con nombre y apellido, porque estas arañas no han llegado solas al colegio, y tampoco han atacado de forma aleatoria, todo está planificado, pido a quienes sepan algo que por favor nos ayuden, sino, dentro de tres días el Ministerio va a realizar interrogatorios individuales con las más nuevas y efectivas técnicas de confesión existentes, y ya les puedo contar por adelantado que no pasarán un rato divertido. Pueden comunicarnos de forma anónima lo que sepan o pueden esperar a que sean descubiertos por el Ministerio, con los efectos legales que en esto contrae.
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Capítulo cortito con final ¿Interesante? Nada más a decir, solo que la semana que viene ya empiezo el colegio y se me va a hacer un poco difícil escribir y actualizar (intentaré hacerlo cada dos semanas… máximo tres mínimo una :D) y como siempre me olvido del "no actualizo hasta que termine de escribir" porque el fic va para largo… muy largo… y con final triste.
Pues nada, agradecimientos:
NannyPotter, Kari-uchiyama, pekelittrell, luna712, carla07, Judith Malfoy, Blushy Potter, Hao85, 1000N, Ann y Albetaxestergirl. Gracias por cada review, me hacéis continuar, si no fuera por vosotros/as creo que no me veríais el pelo por aquí.
Besotes
Eri.
R
E
V
I
E
W
Pd- ¡Instituto! ¡No! Pasen por "Teenagers"
