Capítulo 20: Trabajos

-¡Dios Lily! ¡Date prisa!- se quejaba James. Era el primer día que iban al Ministerio a empezar los estudios de Aurores y la chica llevaba una hora arreglándose- ¡Que no vas a ver a la Reina!- se exclamó de nuevo.

James estaba en el salón de la familia Evans, más que nervioso, siendo observado por los padres y la hermana de la pelirroja.

El padre lo miraba desconfiado, la madre con curiosidad y una sonrisa bobalicona y la hermana con repugnancia. Estaba por decirle a la chica que se fuera a freír espárragos, pero le pareció más educado quedarse callado.

Tras veinte minutos de incomodísimo silencio bajó Lily vestida con una túnica morada algo ajustada.

-¿Saldrás así a la calle?- pidió con desprecio su hermana.

-No, él me lleva- pese a que ya era mayor de edad Lily aún no tenía el carné de aparición ya que, por algún extraño motivo aunque a ella estas cosas siempre le habían salido a la perfección, no había conseguido superar el examen todavía- ¿Vamos?- le pidió a James.

-Que vaya bien tu primer día- la alentó su padre- de lo que sea que vayas a hacer- añadió, pues por mas que lo intentaba el señor Evans no había entendido que era lo que hacían ahora después del colegio.

-Ten cuidado- se preocupó su madre.

Lily miró a su hermana, que giró la cara. Volteó los ojos.

-Venga, vayámonos- le pidió a James algo fastidiada por el comportamiento de su hermana.

Le dio la mano al chico y con un puff desaparecieron del salón de los Evans.

Llegaron al Ministerio de Magia, lugar que Lily no había visitado aún.

Aparecieron en el Atrio, donde estaba el Vestíbulo, una sala muy larga, con el suelo de madera brillante y el techo de un azul eléctrico con runas doradas. Las paredes estaban cubiertas de madera pulida y llenas de chimeneas por donde aparecía y desaparecía la gente.

En el centro del Vestíbulo había una fuente, con una bruja, un mago, un duende, un elfo y un centauro, que sonreían y se miraban de una manera que le pareció bastante falsa a Lily.

Apoyado con descaro en la fuente estaba Sirius Black, que los esperaba impaciente.

-¡Ya era hora! Estaba empezando a pensar que me habíais dejado plantado- bromeó Sirius- ¿Vamos? Mi primo nos espera- comentó mientras los tres se dirigían a un ascensor.

-¿Tu primo?- pidió Lily extrañada- pensaba que no te hablabas con nadie de tu familia.

-Hay excepciones- explicó Sirius- los pocos normales como yo- Lily lo miró alzando una ceja- bueno, ellos son más normales que yo. De todos lo Black y familiares solo me hablo con tío Alphard, que aparte de ser el hermano de mi madre es otro renegado, y con mi prima Andrómeda, que es la que está entre Bellatrix y Narcissa- explicó, pero Lily parecía no haberlo entendido mucho- Son más viejas que nosotros, fueron a Slytherin…¿La morena con cara de loca y la rubia con cara de asco?- preguntó, por si lo entendía. Lily asintió- bien, con el que me llevo bien es con el que se casó con Andrómeda, se llama Ted, trabaja con los Aurores.

-¿Es Auror?- pidió emocionada Lily, encantada de tener algún contacto en el Ministerio.

-Se podría decir que si- explicó- dejó la parte práctica cuando tuvieron la niña. Es que mi prima no quería quedarse viuda, con estos tiempos y como ella no trabaja, y ahora ya se ha quedado ahí fijo. Se encarga del papeleo e investigaciones- explicó- tampoco está tan mal- comentó ante la cara de decepción de Lily.

Llegaron a la segunda planta, y tras doblar una esquina se quedaron delante de unas puertas de roble elegantes.

Al entrar dentro, pero, la elegancia se fue a pique: era una gran estancia dividida en cubículos, en forma de despachitos para cada Auror, y ellos, a su vez, lo habían decorado con fotos de familiares, equipos de Quidditch y de los criminales más buscados.

Nada más entrar se les acercó un hombre delgado y rubio, con cara de bonachón y una sonrisa muy amplia.

-¡Hey primo!- le saludó a Sirius con unas palmaditas en la espalda.

-Hola Ted- contestó él animadamente- ¿Qué hacen mis dos primas?- pidió, refiriéndose a la mujer y a la hija de Ted.

-Están muy bien, Andrómeda insiste en que vayas algún día a comer y Dora te hecha de menos, dice que es muy divertido jugar contigo y que ya nunca vas a verla- explicó entre risas el hombre- ¿Preparados para empezar?- les preguntó a James y a Lily.

-Bueno…- dijo distraídamente James- ¿Quién es el profesor?- preguntó con curiosidad.

-Alastor Moody- contestó Ted.

-No jodas- exclamó James, mientras el hombre rubio reía y asentida efusivamente.

-¿Qué pasa?- le susurró Lily al oído.

-Ya lo verás- dijo con mucho misterio James- reza para que salgamos vivos de la primera clase.

-Buenos días, necesitaría el libro de "Desinfección de plagas domésticas" porque el otro se me cayó anteayer en el caldero y tengo de nuevo una plaga de Doxis- pidió una brujita algo vieja y arrugada- el autor es… es…- pero Remus fue más rápido.

-¿Este libro?- dijo sacando un grueso volumen encuadernado en piel de un color violeta algo chillón.

-Exacto joven- dijo la mujer- ¿Cuánto es?

-Cinco galeones- contestó Remus, envolviéndolo- Pesa mucho, si quiere se lo puedo guardar hasta que termine de hacer compras, o se lo podemos mandar a su casa- explicó.

-Pues me haría un favor si me lo mandará a casa- contestó la viejita- Tome- dijo, dándole diez galeones y una tarjetita- aquí está mi dirección y mi nombre, y quédese el cambio como propina- dijo la mujer, para luego irse de la tienda murmurando muy alegre algo como "al fin un joven como Dios manda".

Remus se quedó mirando el dinero ¿Qué suponía que debía hacer en ese caso? Eso no era ningún bar. Decidió que en cuando viera el jefe le preguntaría acerca de las abuelitas generosas.

-¡Hola Moony!- saludó Wormtail, entrando en la tienda con un helado en la mano.

-Peter, no puedes entrar aquí comiendo. Tíralo o espera a terminarlo- le riñó Remus.

Cada día le había hecho lo mismo durante las dos semanas que llevaba allí trabajando. Peter miró con pena el helado y al final lo tiró en la papelera de la entrada, donde estaba indicado que estaba prohibido el paso con comidas y bebidas.

-¿Vamos a buscar a Johanna y a almorzar?- pidió con cara de corderito degollado Peter.

-¡Pero si no hace ni dos horas que hemos empezado a trabajar!- comentó Remus, mientras ordenaba unos cuantos libros en sus correspondientes estanterías.

-Ya lo se, pero tengo hambre, y mi tía me ha dado permiso para dejar la tienda una hora- explicó el ratón, que trabajaba con su tía en el Emporio de las Lechuzas, pues ella era la propietaria.

Como comprobó Remus cuando fue a buscar a Peter el día anterior tras finalizar el trabajo, a la mujer no le hacía la mínima gracia tenerlo por ahí, pues no había cosa en pie que no hubiera tirado al suelo como mínimo dos veces en un minuto.

-¡Señor Flourish! ¡Señor Blotts! ¡Me llevo a Remus!- chilló por toda la tienda, haciendo que todos los compradores se rieran un poquito.

-Por favor, cállate- rogó Remus, enrojeciendo- que al tienda se llame así no quiere decir que el propietario se llame así ¿O es que tu tía se llama Lechuza Emporio?- preguntó con ironía.

-¿No se llama así?- preguntó Peter sobresaltado- ¡Si yo toda mi vida lo he llamado así!- Remus volteó los ojos.

-Venga, vamos a buscar a Johanna.

Kathy volvía de desayunar desde la quinta planta, y bajó hacia la primera, donde había sido destinada.

Trabajaba desde hacía unas semanas en la sección de Mordeduras del Hospital San mungo en la Sala Dai Llewellyn como sanadora en practicas, y el sanador que la instruía era ni mas ni menos que Alphard Black, el tío de Sirius.

Era extraño que un mago encontrara trabajo de sanador nada mas dejar el colegio pero sus buenas notas en los EXTASIS que necesitaba, y un poco de ayuda exterior (llamada Sirius) habían colaborado un poco.

-Siento llegar un poco tarde, señor Black- dijo Kathy, mirando el reloj, eran las once y dos minutos.

-Deja de llamarme señor Black que me siento mas viejo de lo que soy- comentó el hombre- O me llamas Alphard o mi amo- bromeó el hombre, haciendo que Kathy riera un poco, al igual que algunos de los pacientes- Cámbiale las vendas a McCormac, y tráeles la comida al resto- pidió Alphard, atendiendo él a una enferma que tenía una mordedura que había adquirido un color verde bastante angustiante.

Empezó con el trabajo, orgullosa de ella misma y feliz de estar haciendo lo que hacía, olvidando por unos momentos los problemas que tenía en casa.

-¡Pettigrew no!- gritó Johanna, amenazante, cuando este se acercó a una de las túnicas que estaban colgadas de unos colgadores- Como vuelvas a ensuciar algo, te juro que te lo comes, y me pagas ya los tres vestidos que no te he contado porque eres de los mejores amigos de mi novio pero te merecerías pagarme los quinientos galeones que vale cada uno- amenazó a toda carretilla.

Peter se quedó paralizado en el gesto de coger un vestido para observarlo mejor, y volvió hacia atrás lentamente.

-Yo también te quiero mucho- murmuró Remus, dándole un beso a la cabreada morena, pues desde que había entrado en la tienda no le había dicho nada.

Johanna trabajaba para su madre, la diseñadora Gabrielle Rhodes, en su última tienda que, por alegría de Remus, estaba en el Callejón Diagon muy cerca de la suya, por lo que iban a desayunar y a comer siempre juntos.

La tienda era muy lujosa, y tenía todo tipo de túnicas para todas las ocasiones, edades y sexos, aunque no para todos los bolsillos.

Su madre le había ofrecido un cargo más alto, pero ella no quería abusar más ni de influencias ni de apellido, por lo que quiso ir a trabajar a la tienda, y si veía su madre que iba bien ya la ascenderían.

Aparte de su madre y los que tenían más contacto con ella, nadie en la empresa sabía que era la hija de la jefa, por lo que la tratarían como igual.

-¿Vamos a comer?- pidió Johanna- ¡Mariette, te encargas tú de la tienda!- le gritó a la otra dependienta que estaba un peldaño por debajo de ella en la jerarquía empresarial- Nos vemos- desapareció cogida de la mano de Remus.

-¡Levántese señor Potter!- rugió Alastor Moody, apuntándolo con la varita- ¡Un Mortífago no le dará tiempo a rascarse el trasero!- James estaba arrodillado al suelo.

Moody se había batido en duelo contra cada uno de los aspirantes a Auror, una pequeña preselección donde los que aguantaran conscientes diez minutos luchando casi a muerte (estaba prohibido usar Maleficios Imperdonables) podían considerar suyo el puesto de estudiante de Auror. Pero esos diez minutos contra Alastor Moody eran un tormento.

Como habían ido por orden de lista, Lily y Sirius ya habían pasado, y se esperaban en la cola de los aceptados. Sirius muy concentrado en James, y Lily, que era la única mujer aceptada, con cara de angustia.

Sacando fuerzas de donde pudo, se levantó y atacó a Moody, que estaba riñéndole.

El hombre se las ingenió para esquivarlo, lo que no vio era que James había lanzado dos hechizos seguidos.

Moody salió disparado contra la pared para caer pesadamente al suelo.

-¡Y diez minutos!- anunció mirando el reloj- Muy bien señor Potter- dijo y luego miró a los que no habían aguantado los diez minutos- esta tarde habrá una prueba de repesca, pueden presentarse, pero solo si creen que pueden superar lo mismo que esta mañana. Venga, se terminó, ahora largo- mandó con voz autoritaria- Usted no, Potter, venga un momento.

James, que ya se había unido a Sirius y a Lily y se disponían a irse del lugar para dejar verde al loco profesor, se paró en seco y se volteó, esperando un ataque por parte de Ojoloco, que no hizo más que hacerle un gesto para que se acercara

-¿Cómo supo que en que dirección se movería?

-No lo se, fue un presentimiento- reconoció James.

-Tenga en cuenta siempre- dijo el hombre poniéndole una mano en el hombro, para hacer el aire más confidente- que los presentimientos son buenos, pero no se debe abusar, porque no son ciertos al cien por cien y podría llevarse un fiasco.

-Está bien- dijo James- bueno, nos vemos mañana- se despidió rápidamente deseoso de unirse a sus amigos e ir todos juntos a comer en algún sitio.

-Estoy nerviosa- comentó Kathy, mientras ella y Sirius se acercaban a la entrada de una casa.

-Mujer, pero si a uno ya lo conoces- se quejó él. Estaban delante de la casa de los Tonks- me pidieron que fuera a cenar, y mi tío les contó de tu existencia, es normal que quieran conocerte. Piensa que con lo único que me queda de familia a la que considere realmente familia- comentó con aire triste.

Kathy le dio la mano, con una sonrisa en la cara y llamaron a la puerta que tardó unos minutos en abrirse.

Kathy miró con sorpresa la niña que la había abierto: era pequeñita, debía de tener unos cinco años, la cara con forma de corazón y unos ojos muy oscuros. Lo que resaltaba en ella y sorprendió a la castaña era que tenía el pelo de color violeta largo hasta el culo.

-¡Primito Sirius!- chilló la niña, abalanzándose encima de él haciendo que casi perdiera el equilibrio- ¿Jugarás conmigo, no?- preguntó ansiosa.

-Solo si te llevas bien con ella- dijo, señalando a Kathy, que lo miró sorprendido. La niña la miró unos segundos y luego se acercó a ella.

-Soy Nymphadora, la prima de Sirius, pero no me llames Nymphadora, todo el mundo me llama Tonks o…- pero su madre la cortó saliendo al recibidor.

-¡¡Dora!! ¡¿Ya vuelves a ir con estas pintas?!- chilló Andrómeda Tonks, una mujer de unos veinticinco años.

-¡Pero mamá!- se quejó la niña, al borde de una pataleta- ¡A mi me gusta!

-¡Dora! ¡Vuelve a tu aspecto normal!- le ordenó su madre, apuntándola con el cucharón con el que segundos antes habría estado preparando la cena. Dora hizo una mueca, y el pelo se le acortó hasta quedar a la altura de los hombros y se volvió de un color negro azulado parecido al de Sirius- Eres castaña- dijo su madre.

-Pero hoy soy como él- dijo la niña, riendo- ¡Vamos a jugar!- exclamó, cogiendo tanto a Sirius como a Kathy de la mano y tirando de ellos hacia el jardín trasero, donde había una caseta de madera- Yo soy la madre, y vosotros dos sois mis hijos- les dijo con aire autoritario- Tú te llamas Wulfrich, y tú te llamas Geraldine- dijo señalando primero a Sirius y luego a Kathy, que miraba a Sirius preocupada. Sirius se acercó a ella y le susurró:

-Solo durará diez minutos.

Y fue cierto, porque a los diez minutos Andrómeda trajo la comida. Cenaron todos los Tonks juntos, Alphard, que llegó un poco tarde, Sirius y Kathy, que poco a poco fue perdiendo la vergüenza y tranquilizándose. Tres horas después, cuando ya habían terminado la sobremesa fueron a sentarse todos en los sofás de la sala de estar, a excepción de Andrómeda que fue a llevar los platos a la cocina. Kathy fue en su ayuda.

-No hace falta, cariño- dijo la mujer con una amplia sonrisa- ve a hablar, el tema te interesará.

Kathy obedeció, y se sentó al lado de Sirius, que tenía a la pequeña Nymphadora medio dormida en brazos. Si Kathy no hubiera sabido que era imposible hubiera pensado que la pequeña era su hermana, o quizás hasta su hija pues Sirius parecía bastante mayor de lo que era.

-La verdad es que no te hemos traído aquí solo para darte de comer- dijo en tono gracioso Alphard- que mal no te ha ido, porque cada día de veo más delgaducho.

-¿A no?- preguntó Sirius, un poco sorprendido.

-¿Dónde vives?- pidió su tío.

-¿Perdón?- el viejo empezaba a chochear.

-Que quiero sabe donde vives- repitió el hombre alzando la voz.

-En el Valle de Godric, en casa de los Potter- explicó Sirius, alzándola también.

-No grites que no estoy sordo- se quejó el viejo. Sirius arqueó una ceja, mientras Kathy y Ted observaban la escena, este último riéndose de lo lindo.

-Deja de reírte, Ted- le riñó Andrómeda, volviendo de la cocina aún con el delantal puesto.

-Bueno hijo- empezó Alphard- Como ya sabes estoy algo viejo, y no tengo descendientes y…

-No me digas que te estas muriendo- cortó Sirius, con cara de susto.

-¡Pero quieres hacer el favor de dejarme hablar!- rugió el hombre, asustando a Kathy que dio un pequeño bote- Perdón- pidió en dirección a ella- ¿Me dejarás hablar?- le preguntó a Sirius fulminándolo con la mirada. El moreno pensó que tenía un parecido con McGonagall y que quizá serían parientes- Como ya estoy viejo, mi casa es muy grande para mi solo y me cuesta seriamente mantenerla limpia, por lo que aquí mi bonita sobrina- señaló a Andrómeda- deja que me quede en su casa y por lo cual, mi apartamento queda vacío. Lo que quería decirte es que es tuyo, y que así dejas de tocarles los huevos a los Potter- dijo cortante. Sirius lo miraba con la ceja aún más arqueada y con una expresión de desconcierto, que hizo que Ted tuviera que taparse la boca para no reírse.

-¿Me quedo con tu casa?- preguntó atónito- ¡Ah no! ¡Ya os dije que a mi obras de caridad ninguna!- exclamó, haciendo que Nymphadora, que se había dormido del todo se despertara y fuera corriendo hacia los brazos de su madre- ¡Cuando dejé la familia fue porque quedara claro que podía valérmelas yo solo!

-¡Y te las has valido Sirius!- exclamó Andrómeda, haciendo que la pequeña Nymphadora tuviera que irse de su regazo de nuevo porque se había levantado y se fue hacia su padre- ¡Dos años has vivido sin ningún tipo de ayuda de los Black, mientras que toda la familia esperaba que volvieras con la cola entre las piernas y bien arrepentido! ¡Creo que ya es suficiente de tanto orgullo y que aceptes un poco lo que te damos!

-¿Lo que me dais?- preguntó extrañado Sirius- ¿Ahora es en plural?

-Nosotros también tenemos un regalo para ti- explicó Ted. La niña lo miró alarmada, esperando que echara a chillar, pero este parecía impasible, aunque seguía con una sonrisa en la boca- Cuando Andrómeda se fue de la casa, era mayor de edad, por lo que pudo acceder a su parte de la herencia, y Alphard tiene la suya, mientras que tú no tienes nada, ni dinero ni casa ni empleo hasta que termines con las practicas de Auror- Sirius iba a protestar porque sabía lo que venía a continuación- Hemos decidido darte un poco de las dos herencias, tampoco te estamos dando un cincuenta por ciento, lo suficiente como para que puedas mantenerte hasta que consigas el empleo, y también te damos un lugar donde vivir.

Sirius se quedó callado. No quería ayuda de nadie, ya había sido una molestia para los Potter durante dos años, como para que ahora más gente se preocupara de él ¿Tanto les costaba entender que no necesitaba nada? ¿Qué solo se las apañaba?

-Sirius- dijo Kathy- acéptalo- el moreno la miró. Se había olvidado de que estaba allí por unos momentos ¿Ella tampoco lo entendía?

-No es que nos des pena, si es eso lo que te preocupa- empezó Andrómeda- tómalo… como un regalo de mayoría de edad… o por haber sacado buenas notas en los EXTASIS si mejor de sienta, pero acéptalo…

-Aunque da igual si lo aceptas o no- cortó Alphard- porque ya están hechas todas las transacciones, cambios de nombre y de propietario- terminó con una sonrisa.

-Supongo que debería daros las gracias- dijo Sirius, con un tono de voz poco típico de él.

-Yo me conformo con que a veces nos hagas de canguro- añadió Ted, señalando con la cabeza a Nymphadora que, ahora que dormía, su pelo cambiaba de color una y otra vez.

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¡Y volví! ¿Qué tal estáis? Bueno, espero que os guste este capítulo, porque al final he decidido hacer la continuación aquí, así que espero vuestras opiniones.

¿Queréis que conteste aquí también los reviews o no lo hago? ¿Os aviso también de la actualización del fic?

Bueno, esta vez lo haré porque es el "primer" capítulo, después según me diga la mayoría.

Besos,

Eri.