Capítulo 22: La orden del Fénix
Kathy estaba en el baño se Sirius, tomando una bañera, mientras este se despedía de sus amigos.
-Lo siento- dijo Remus- ¿Crees que debemos decirle algo a las chicas o que se lo cuente ellas?
-Díselo a Johanna- contestó Sirius, con una mirada triste- y tú ve a buscar a Lily y habla con ella- James asintió.
-¿Me dejas un paraguas?- pidió Peter.
-Desaparece, tonto- le contestó James, mientras el bajito se daba un golpe en la cabeza con la palma de la mano, indicando que si, que tenía una memoria digna de un pez de colores.
-Anímala de parte de todos- añadió Remus, antes de cerrar la puerta tras de si.
Sirius suspiró y se dirigió hacia el baño ¿Qué debía hacer ahora?
Entre sollozos, Kathy le había contado lo sucedido: alguien había descubierto su relación y se lo había contado a sus padres que, en una gran reunión familiar donde la habían humillado por "deshonrar" a la familia, le habían dado a escoger entre Sirius y los Holmes.
El hecho que Kathy estuviera en casa de Sirius dejaba claro cual era su elección, y Sirius no podía evitar sentirse culpable: por su culpa ella estaba sufriendo, de nuevo.
Entró en el baño, donde la castaña se había metido en la bañera con ropa interior y aún llorando. Ni se inmutó al oír la entrada del chico.
-Kathy…-dijo él, para llamar su atención- Lo siento mucho- susurró cuando clavó su mirada miel en sus ojos grises.
-¿Por qué?- pidió ella, extrañada de verdad. Sirius se sentó al borde de la bañera.
-Porque… es culpa mía- empezó.
La verdad era que se sentía muy mal, muy culpable…
-No tienes la culpa de nada cariño- repuso ella.
Él fue ahora el que la miró extrañado.
-Claro que la tengo- siguió pero ella lo cortó.
-Tú no me has dicho "escoge". Tú no me has delatado. Siempre estás a mi lado, cuidando de mí. La única culpa es hacerme feliz- terminó, levantándose de la bañera, toda empapada.
Le dedicó una sonrisa tierna, mientras se abrazaba a él, mojándolo.
Había renunciado a todo por él, y no estaba triste por eso… Estaba preocupada, tenía un grabe problema y no sabía que hacer con él, pero ya tendría otro momento en el que preocuparse, primero debía hacerle entender a Sirius que ella era feliz estando con él, aunque tuvieran que vivir debajo de un árbol en algún lugar del Amazonas.
-Sirius- preguntó, minutos después cuando salió del baño, vestido con una camiseta del chico y el pelo medio secado-¿Te importa si me quedo a pasar la noche?
Pese a que en un momento el haberse ido de casa le hubiera parecido lo mejor que le podía pasar, por aquel entonces le habían salido dudas ¿Dinero? ¿Comida? ¿Ropa? ¿Casa? ¡No tenía nada! ¡No se había llevado nada! ¿Cómo había podido ser tan tonta?
-¿Quedarte a pasar la noche?- preguntó él extrañado.
-Si te molesto o algo, ya iré a casa de Johanna- respondió ella, pero él la cortó.
-¿Eres tonta o me estás tomando el pelo? ¡Tú te quedas aquí conmigo!- Kathy iba a decir algo- Para siempre- continuó con una amplia sonrisa, mientras ella le daba un abrazo.
Las dudas desaparecieron de nuevo mientras olía su aroma y lo comía a besitos.
-¿Qué querías?- pidió Remus, cuando Johanna se sentó a su lado.
Estaban los dos en el apartamento que, desde hacía una semana, la morena compartía con Lily.
La pelirroja se había negado en volver a vivir en casa de sus padres tras el incidente de la boda de su hermana, y la morena hacía tiempo que se planteaba en alquilar el apartamento.
Y al final ya lo tenían: con una superficie de ochenta metros cuadrados, dos habitaciones y dos baños (uno para cada una) una cocina y una salita, donde ahora estaban la parejita sentados.
-Hablar- repuso nerviosa la morena ¿Cómo se lo decía?
-Y por el tono de voz deduzco que nada bueno- contestó Remus, recostándose en el sofá- ¿No estarás embarazada, verdad?- bromeó, pero la cara seria de Johanna lo asustó- ¡¿Lo estás?!- pidió alarmado.
-¡¡No!!- se quejó ella, pegándole- Es… otra cosa- Iba a seguir pero Remus la paró.
-Tsss, yo lo adivino- le propuso, poniéndose como si estuviera pensando en algo- ¡Me pones los cuernos!- exclamó de pronto.
-¡Que no Remus!- se quejó ella- Quieres dejarme hablar, ¿Por favor?
-¡Ya sé!- exclamó él, que por lo visto se estaba divirtiendo pese a al cara de seriedad de Johanna- Te vas a Francia- siguió.
Esta vez algo en la cara de la chica lo sobresaltó
-No jodas…
-Tampoco es eso- cortó ella- aunque algo tiene que ver- reconoció.
Remus adoptó una expresión seria ¿Qué querría decirle?
-Toma- le entregó un folleto.
El chico lo miró arqueando una ceja ¿Qué era? Empezó a leer, trataba sobre la nueva imagen de la línea de confección Rhodes, que se había escogido de forma aleatoria en un concurso…No le parecía para nada importante, por lo que miró a la morena.
-Mira- esta le señaló las últimas líneas, pero no le dejó leer- Gané yo.
-¡Pues eso es bueno!- exclamó Remus- No se porque no me lo has dicho antes- le reprochó.
-Es malo Remus- explicó ella, con aire triste- Me voy a América- Remus abrió los ojos- A vivir- observó a su novia sin saber bien que decir- Lo siento- terminó ella, bajando la vista.
Estaban todos en el Valle de Godric, en casa de los Potter, mirándose los unos a los otros extrañados.
Habían recibido una carte de su ex director, citándolos allí para comunicarles algo.
Demasiado misterio como para no ir, reconoció James que, pese a estar todos en su casa, no tenía ni idea de nada.
A su lado, Sirius parecía igual o más divertido con la situación que su amigo, mientras que Kathy y Lily hablaban de algo entre susurros, cosas de chicas les habían dicho para que las dejaran en paz, Peter comía los dulces caseros de Dorea Potter y Remus miraba por la ventana con aire melancólico: Johanna se había ido hacía una semana a América, tras cortar con él.
Y él no lo entendía ¿Cómo había preferido ser famosa al amor? Quizá eran demasiado distintos… quizá eran demasiado diferentes, como con Caroline, que también se había ido.
Quizá era él, que estaba predestinado a estar solo.
-¿Quieres un poco de té?- le preguntó la señora Potter, sobresaltándolo.
-No gracias- respondió con una sonrisa amable, aunque a él le pareció de lo mas falsa.
Lo único que le quedaba eran sus amigos, pensó algo más alegre, con los que nunca se acostaría ni le dejarían de lado por su vocación…
Alguien llamó a la puerta y, segundos después, entró Albus Dumbledore vestido con una extravagante túnica dorada y una capa negra encima.
Un pensamiento pasó por todas las cabezas a la vez: ¡Que descolocado estaba ese hombre en el salón de los Potter!
-Muchas gracias por haber venido todos- agradeció el hombre, mientras se sentaba en uno de los sillones que le ofrecía Charlus Potter- Gracias- expresó el director, cogiendo una tacita de te que le ofrecía Dorea.
-Nosotros nos vamos- comunicó el señor Potter- Nos vemos por la noche hijo- le comunicó a James, que asintió efusivamente.
Sus padres sabían cuando molestaban y cuando no, era algo que le hacía sentir orgulloso de ellos, aunque quizá era una chiquillada.
-¿Por qué nos ha reunido aquí?- inquirió Lily, sentándose al lado de James, mientras Kathy hacía lo mismo pero al lado de Sirius.
Peter se sentó en un sillón aparte y Remus se quedó de pie, apoyado al sillón del último.
-Supongo que todos saben que es la Orden del Fénix- empezó el director. Varios de ellos asintieron con la cabeza- Bien… El caso es que he venido aquí a preguntarles si quieren formar parte de ella. Son de los mejores alumnos que he tenido en Hogwarts, y su participación en la Orden nos sería de gran ayuda- explicó el director.
Se quedaron en silencio, escuchando las palabras.
-¿Qué implica formar parte de la Orden?- pidió perspicaz Remus.
-Implica una participación activa en contra del los Mortifagos- explicó-, implica arriesgar la vida y estar en constante peligro de muerte. Pero también implica luchar por un futuro de bienestar colectivo.
Remus miró a sus compañeros, no sabía que iban a hacer ellos, pero él lo tenía muy claro.
-¿Dónde hay que firmar?- preguntó el licántropo en tono decidido.
Tampoco tenía nada que perder, pensó, sus padres habían muerto hacía unos años, y ahora volvía a estar más solo que la una, ¿Qué más daba si le mataban?
Sus amigos, pero, lo observaron atónitos.
No era normal que Remus tomara una decisión tan importante sin pensarla lo mas mínimo. Y al parecer el director pensaba igual.
-¿Está seguro?- pidió, aunque no sin una sonrisa.
-Totalmente- dijo con firmeza Remus.
-Yo también- dijo Lily, levantándose del sofá.
James la miró unos momentos antes de levantarse él también y añadir:
-Y yo. Ser Auror, estar en la Orden… tiene los mismos peligros.
Peter miraba a sus amigos con admiración.
-¡Y yo y yo!- chilló como si le acabaran de preguntar si quería un helado.
-Y donde vayan los Merodeadores irá Sirius- dijo este, levantándose también.
Estaban todos de pie, a excepción de Kathy que tenía la cabeza gacha. Todos fueron fijando su atención en ella.
-Yo… lo siento, pero por ahora no- dijo, negando con la cabeza- Lo siento- repitió, mirando a Dumbledore- Pero no puedo- Este sonrió.
-Lo entiendo- dijo, con amabilidad.
Parecía de verdad que entendía el motivo de su negación ¿Podía ser que lo entendiera de verdad? Se preguntó ella. Dumbledore se levantó
-Les avisaré para la primera reunión formal de la Orden. Muchas gracias- se despidió para luego irse.
Sirius se había quedado desconcertado mirando a su novia.
-¿Por qué no?- le pidió.
-Sirius… no te lo puedo decir… por ahora- dijo ella.
El hecho de que tuviera un secreto pareció molestar a Sirius, que con un "voy al baño" desapareció de la sala. Kathy suspiró. A veces era demasiado infantil ¿Cómo se lo iba a decir si a ratos parecía un crío de tres años?
-Cariño- susurró Lily, cerca de su oreja-, tarde o temprano tendrás que decírselo, porque tarde o temprano se dará cuenta. No lo podrás "esconder"- explicó Lily, mientras Kathy tragaba saliva.
-Esperaré a que terminéis los exámenes- contestó-. No le voy a decir nada antes.
Lily miró a Kathy y tambien suspiró.
Entendía que el moreno se hubiera molestado: James le hacía algo parecido. Desde la boda de Petunia que todo el rato parecía encabezado con algo, y cuando ella le preguntaba lo negaba.
Aparte que mas de una vez se él había empezado a hablar de forma seria, para luego cambiar de tema radicalmente.
Entendía que Sirius se hubiera molestado ante tanto secretismo, ella misma estaba hasta la nariz del comportamiento de James.
-¡Levántese Evans!- gritaba Moody, mientras Lily hacía esfuerzos por ponerse en pie.
Estaba agotada, estaba apunto de desmayarse, pero si se desmayaba en ese momento no le dejarían hacer los exámenes.
Y si no hacía los exámenes JAMÁS sería una Auror.
Estaba peleando contra un Auror, ese con varios años de experiencia, y la estaba ganando por ventaja.
No podría.
No aguantaría.
Le temblaban las piernas, y sentía como todos sus compañeros la observaban preocupados. Ya no podía más. Esquivó un hechizo y cayó pesadamente de espaldas al suelo. Respirando ajetreadamente.
-¡Lily! ¡Levántate! ¡Aguanta un poco más!- le gritó una voz familiar a lo lejos.
Y fue como si recobrara la fuerza, como si le hubieran pasado una corriente eléctrica por todo el cuerpo.
Se levantó de golpe, con un salto y, con un par de rápidos hechizos desarmó a su oponente y lo mandó contra una de las paredes.
Un silbato le indicó el final de la prueba y, entonces si, mientras sus compañeros la aplaudían, se dejó caer al suelo sin fuerzas.
James y Sirius corrieron hacia ella, y el primero la tomó en brazos.
-Señor Potter, se lo perdono pero sepa que no podrá estar siempre animando- le reprochó Moody-. Llévela fuera, que le de el aire. Y si quiere ya pueden marcharse los tres. Los veré en las pruebas finales- explicó el profesor.
James y Sirius salieron de la sala sin decir palabra.
La verdad es que los estudios de Auror duraban cuatro años, y eran durísimos, pero, con todo lo que sucedía en el mundo mágico se habían hecho unas preparatorias más cortas, aunque quizá cuatro veces más duras, y en dos meses se evaluaban a los alumnos, para saber si conseguían los puestos.
Quizá también eran mucho más estrictos a la hora de evaluar, de aquí que solo salieran los mejores.
James, con su novia aún en brazos e inconsciente, se sentó de uno de los sillones de espera que estaban fuera de la sala de evaluación.
Se quedó ensimismado mirándola y recordando el grito de animo que había hecho momentos antes. La quería tanto y le asustaba tanto perderla que, aunque solo fuera en las clases practicas, se le hacía un nudo en el estomago de verla en "peligro".
-¿Debemos hacer algo?- pidió Sirius, observando a Lily, que estaba algo pálida.
-Solo está cansada, con que la llevemos a dormir en su casa bastará- Y con un puff desaparecieron todos, para quedar en el rellano del apartamento de Johanna y Lily, aunque esos momentos solo habitado por la pelirroja.
-¿Cuándo se lo vas a preguntar?- le pidió Sirius, con una sonrisa cómplice, observando distraído el apartamento de la chica, que estaba un poco hecho una pocilga.
-Hoy- contestó James- Creo.
-¿Cuántas veces lo has intentado ya?- bromeó Sirius, pero solo se ganó que James le sacara la lengua.
Sirius no tardó en despedirse, dejándolos a solas.
James recostó a la pelirroja en su cama, que era lo único que estaba en buenas condiciones del apartamento: todo tirado, ropa por todas partes, revistas, cartas que se enviaba con Johanna desde América, diarios, los apuntes de la academia, fotografías que había hecho a lo largo de los siete años en Hogwarts, esparcidas por doquier o colgadas en todos los sitios.
Empapó una toalla y le limpió la cara, a lo que la pelirroja abrió los ojos, con una mirada desconcertada.
-Pasaste la prueba- explicó antes de que ella preguntara-, pero te desmayaste. Te hemos traído aquí.
-¿Hemos?- preguntó ella, mirando a su alrededor, en busca de otro alguien.
-Sirius, pero ya se ha marchado- le contó James y, sin previo aviso, le plantó un beso en la boca.
Un beso apasionado, que se prolongó varios minutos.
-Ya me encuentro mejor- bromeó ella, pero James la observaba con expresión seria.
-Lily…- vaciló un poco, como las otras veces- Cásate conmigo.
.o.0.o.0.o.0.o.
Tachin tachan!
¡Qué final! ¿Os gustó? ¡Eso espero!
Una cosita tengo planeado terminar este fic en Febrero, solo tendrá 28 capítulos al final.
Poco tiempo, pocas palabras :( lo siento.
Espero vuestros comentarios
Eri.
