Capitulo 23: El primer encuentro
Las pruebas para conseguir el puesto de Auror no fueron ni la mitad de difíciles de lo que imaginaban los chicos. A su parecer, les fueron más fáciles que los Timos, cosa que según Lily era muy mala (ya que eso podía indicar que de tan fácil que les había parecido, lo hubieran hecho todo fatal) mientras que Sirius decía que eso era muy bueno (según él ¡No debían dudar de sus instintos!) y James… bueno, él no sabía nada.
Él había hecho las pruebas y desde hacía dos semanas que vivía en una nube.
A decir verdad vivía en una nube desde que Lily le había dicho "Claro que si, bobalicón, pero ¿Cómo se te ocurre pedirme esto ahora y aquí? ¡Eso se hace en una cena romántica! ¿Lo haremos en una iglesia o por el civil? ¿Lo saben tus padres? ¿Invito a mi hermana? Mejor no, seguro que estará todo el rato con cara de asco, aunque si no lo hago, mi madre se muere de un infarto ¿Johanna volverá para la fecha? ¡Tenemos que avisar a Caroline! ¡Y el vestido! ¿Y cuántos invitados?".
Resumiendo: que se iban a casar.
Estaba tan contento que todo le parecía bello, bonito e inofensivo. Y Lily estaba más o menos igual, aunque a ratos volvía a la tierra y se daba cuenta de que no todo era bello, bonito e inofensivo.
Dos días después de haber pasado las pruebas salieron las listas con las puntuaciones y los aceptados. La nota máxima era mil, y la mínima cero, para ser aceptado se necesitaba como mínimo un seiscientos. De una treintena de aspirantes solo pasaron diez, y de ellos Lily tenía la mayor puntuación, precedida por Sirius y James que, por primera vez en la historia, empataron. La efusión de esa noticia se vio ofuscada por los nervios de la primera reunión de la Orden del Fénix, que se celebró en un caserón abandonado que había pertenecido a uno de los miembros.
-Buenas noches- saludó Dumbledore, cuando James y los demás llegaron.
Aparte de ellos, en el salón viejo y polvoriento del caserón, había otras personas, casi una docena
-Les presentaré: Elphias Dodge, Edgar Bones, Caradoc Dearborn, Benjuí Fenwick, Frank y Alice Longbottom, Marlene McKinnon, Dorcas Meadows, los hermanos Gideon y Fabian Prewett y –James tragó saliva cuando lo vio- Alastor Moody, aunque creo que ya lo conocen, y Rubeus Hagrid- terminó con una sonrisa.
-Bien hecho en las pruebas, Evans- le dijo Moody a Lily, que se sonrojó un poco.
-Gracias, profesor- repuso ella tímidamente mientras doce ojos le clavaban su mirada.
-No, niña, ya no soy tu profesor- corrigió Moody-. Ahora solo Moody, o Alastor- añadió.
-De acuerdo, Moody- respondió vacilante la pelirroja.
-Por favor, tomen asiento- mandó el director, señalando seis sillas intercaladas entre los otros miembros de la Orden- Bueno, esta reunión aparte de las presentaciones servirá para poner al día a los nuevos miembros- explicó- Dorcas, querida, ¿Cómo van las investigaciones?
Dorcas Meadows, una mujer un par de años mayor que los chicos, que había coincidido con ellos en Hogwarts, se levantó de la silla, con un pergamino en la mano.
-Lo cierto es que hemos avanzado mucho, Albus- contestó, para luego mirar uno por uno a los nuevos mientras decía- Soy una infiltrada en los contactos de Ryddle, que es el que mueve en las sombras a los Mortífagos, a sus ojos yo soy una Mortifago más, por lo que debéis evitar mostraros amables conmigo por la calle. A partir de hoy ni siguiera sabéis quien soy- explicó-. Ryddle planea un ataque en contra de Edgard Harness durante los Mundiales en Irlanda.
-¿Edgard Harness?- exclamó James- ¿El entrenador de los Appleby Arrows?
-Exacto- contestó Dorcas-. El entrenador hijo de muggles de los Aplleby Arrows, como dicen ellos, que no merece tanta fama. Pretenden asesinarlo justo en medio del partido. Arriesgado, pero les será imposible de disimular a los del Ministerio. Pretenden así que los reconozcan de una vez por todas. Una chiquillada comparado con lo que han hecho hasta ahora.
-¿Chiquillada?- pidió contrariada Lily- ¿Cómo puedes llamarle chiquillada a intentar matar a alguien?
-Preciosa- contestó Dorcas, un poco con superioridad-. Cuando lleves aquí un tiempo te darás cuenta que matar es lo menos cruel que saben hacer esa gente.
-Muchas gracias Dorcas- cortó Dumbledore-. Gideon, Fabian, quería pediros que os llevarais a James y a Lily en vuestra próxima misión. Sirius tú irás con Frank y Remus tú con Marlene. Peter, quiero que vayas junto a Elphias- todos asintieron-. Yo por ahora debo irme, no puedo olvidar mis tareas en Hogwarts- explicó-. Ponedles al corriente de que trata cada misión y lleváoslos un par de horas para que vean como las gastan- Dumbledore ya estaba casi en la puerta que se paró de golpe- ¡Cierto! ¡Me olvidaba por completo!- todos lo miraron atónitos- Vamos a hacer una foto de recuerdo- el grado de sorpresa aumento-. Venga, poneos en filas- mandó, mientras hacía aparecer una cámara- ¡Decid: Fénix!
-¡Fénix!- gritaron todos a coro, pensando que el viejo empezaba a chochear. E hizo una foto y prometió mandarles una copia a cada uno. Luego se largó.
-Bien parejita- empezó Fabian, el pequeño de los dos hermanos. Era cinco años mayor que ellos, el ex Capitán de Quidditch de Gryffindor-. Nuestra misión consiste en vigilar a los Malfoy- James hizo una mueca-. Nos aposentamos cerca de su casa y allí pasamos el día. Tremendamente aburrido, pues apenas reciben visitas.
-Pero cuando las reciben es cuando se pone interesante- siguió Gideon-. Uno de nosotros, o los dos a la vez, dependiendo del caso, debe entrar en la Mansión y escuchar ¡La de cosas que se llega a descubrir cuando los amos piensan que en su casa tienen privacidad!- exclamó divertido.
Gideon tenía cinco años más que su hermano.
Y allí estaban, media hora más tarde, los cuatro miembros de la Orden escondidos con un hechizo mimetizador entre el bosque que quedaba en frente de la Mansión, que tenía todos los ventanales iluminados.
-Y ahora- anunció con aire misterioso Gideon-, a esperar- James y Lily compartieron miradas de aburrimiento.
La misión de Sirius junto a Frank era algo parecida a la de ellos: Frank se encargaba de vigilar el Ministerio de noche, escondido debajo de una capa de invisibilidad recorría los pasillos y despachos de las personales potencialmente peligrosas (es decir, considerados Mortífagos) hasta altas horas de la madrugada.
-Más de una vez se han dejado alguna pista que nos a llevado por buen camino- explicó Frank-. Ryddle cree que la Orden de momento apenas se está fundando, eso es lo que cree todo el mundo, pues Dumbledore ha ido filtrando esas ideas, cuando en realidad llevamos ya un año trabajando en todo esto- terminó.
-¿Podemos entrar a los despachos de la gente?- pidió con curiosidad Sirius.
-Solo de algunos, la mayoría van cerrados con una contraseña ¿Te gustaría entrar a curiosear en el despacho de tu padre?- le preguntó Frank, mientras a Sirius se le iluminaba la mirada. Si, estaría bien entrar allí después de dos años.
Marlene y Remus se encontraban en casa de la primera, leyendo correos interceptados ese día. Marlene McKinnon era de la misma edad que Remus y los demás, había ido a Ravenclaw y era otra de las brujas prodigio de la promoción. Tenía el pelo castaño lleno de tirabuzones largo hasta los hombros, y unas largas pestañas oscuras.
-La mayoría son copias. Capturamos las lechuzas, copiamos las cartas, y luego las dejamos libres. Mi trabajo es interpretar los códigos que usan para avisarse. Lo usan poco, pero si mandan cosas con objetos de Magia Negra. Lo hacen para que lo interceptemos, pero el hecho de que se lo manden ha creado una red y así los hemos relacionado.
-No lo entiendo- contestó Remus. Observando una carta que ponía "A. Dolohov" y nada más.
-Mira, por ejemplo esta- dijo Marlene, señalando la que observaba-. Salió de la Mansión Malfoy, y te recomiendo no tocarla. Fabian intentó abrirla y estalló, casi pierde la mano. Al mandarle la carta Malfoy a Dolohov podemos establecer una relación entre ellos y, como sabemos que se llevan bien, que no es que Malfoy quiera matarlo, pues entendemos que lo hacen en contra nuestra. Tienen que mandarlo a otro Mortífago para no levantar sospechas- explicó- y así hemos creado una red- señaló en la pared trasera, donde había un mapa detallado de Inglaterra y puntos marcados con chinchetas y unitos por un hilo rojo- así sabemos a quien debemos vigilar y a quien no- Remus asintió sorprendido.
La puerta se abrió, y entró Elphias, que en una mano cargaba una bolsa llena de sobres y con la otra arrastraba a Peter, que estaba inconsciente.
-El muy tonto intentó abrir una y esta se rebotó en contra de su cabeza- explicó Elphias-, dentro de un rato se despertará.
-¿Tú trabajo es encontrar las cartas?
-Exacto- le contestó Elphias a Remus- ¿Te vienes conmigo un rato y así te da el aire?- Remus miró a Marlene.
-¡Oh! ¡Por mi puedes ir con él! Hoy no tengo mucho trabajo- explicó-, cuando terminéis el turno podéis venir a comer- terminó mirando a Remus con una sonrisa coqueta.
Sirius llegó al apartamento pasadas las dos de la madrugada. Entró sin hacer mucho ruido, y acertó, pues Kathy se había quedado dormida en el sofá, vestida con un camisón celeste, mientras ordenaba sus cosas.
Fue una suerte que el hermano de Kathy, Victor, le mandara todas sus pertenencias. Casi se podía decir que le había mandado su habitación entera, a excepción de los muebles.
La castaña llevaba un par de noches quedándose hasta altas horas de la madrugada ordenándolo todo, excusa que usaba para esperar despierta a que Sirius volviera de sus misiones.
Pero al parecer esa noche se había dormido. Se sentó a su lado, acariciándole la mejilla con cuidado. Estaba algo pálida, llevaba un par de semanas vomitando y se negaba en hacérselo mirar.
-Es por los nervios y el estrés- le decía cada vez-, tengo mucho trabajo en el hospital.
Sirius pensó en hablar con su tío, no era plan que le dejara a la novia enferma de tanto trabajar. Se dispuso a llevarla a la cama a dormir cuando se despertó.
-Hola, cariño- le susurró ella, con voz dulce y somnolienta, mientras se frotaba los ojos-. Me quedé dormida. En la cocina te he dejado la cena ¿Es muy tarde?
-No, ayer lo era más- comentó él. La chica se incorporó para dejar que se sentara a su lado- ¿Estás bien?
-Claro que si- respondió Kathy, aunque la verdad es que estaba algo mareada…
-¿Seguro? Cariño, creo que te pasa algo. Y no me lo quieres decir- comentó perspicaz. La castaña bajó la mirada- ¿Es algo malo?
-Depende- respondió en un susurro-. Depende de ti- siguió-. Ay, Sirius- se exclamó-, es que no se como decírtelo.
-¿Decirme el que?- pidió, un poco asustado.
Estaba agotado y, cuando el sueño lo amenazaba, sentía los sentimientos de una forma más fuerte que de costumbre.
-Es que…-se quedó callada ¿Cómo podía decírselo? ¿Se lo soltaba sin más? ¿Cómo se lo tomaría? ¿Qué debía hacer?
Sirius se levantó, para dejarle tiempo a pensar, y se acercó a las ventanas, desde donde se veían los tejados de las casas vecinas.
-Kathy, no puedo obligarte a que me cuentes que te pasa, pero piensa que desde que vives aquí tus problemas son mis problemas- le explicó- y mientras tu estés preocupada yo lo estaré. Si te preocupa que me lo pueda tomar mal lo mejor es que me lo digas cuanto antes.
La chica se levantó y se acercó a él.
-Sirius… ¿Qué harías si te dijera que… estoy embarazada?
-¡Un poco más por favor!- pidió Elphias a la madre de Marlene, que le sirvió otra copa de vino- ¡Pero que bueno!- exclamó el hombre y, segundos después estaba dormido con la cabeza apoyada en la mesa.
La señora McKinnon negaba con la cabeza.
-¿Dónde están Remus y Marlene?- pidió Peter.
-Creo que han ido un momento a fuera, mi hija quería enseñarle su biblioteca- explicó el señor McKinnon-, está en el jardín, es una caseta aparte, seguro que cuando as llegado lo has visto- Peter asintió efusivamente-. Así que tú también estás en la Orden- comentó el hombre.
Peter volvió a asentir, pero pronto su vista se fijó en unos objetos plateados que teían expuestos en unas estanterías.
-¿Qué es eso?- pidió, señalándolo.
-Son herencia familiar- explicó la señora McKinnon-, mi dote de cuando nos casamos- Peter hizo el ademán de cogerlos-. No puedes, están protegidos por el Ministerio. O esto o me los quitaban- comentó, mordiéndose el labio inferior como señal de impotencia.
-¿Por qué?- pidió Peter.
-Son objetos de Magia Negra, prohibidos por el Ministerio. Así se aseguran que no los usamos.
-¿Y que uso tienen?- inquirió de nuevo Peter. La señora McKinnon se encogió de hombros.
-Hijo, es mejor que no te intereses por estos temas en los tiempos que corren. Una respuesta equivocada y te tendrán por quien no eres- advirtió el hombre- ¿Y dónde me has dicho que trabajabas?- cambió bruscamente de tema.
Pero Peter no podía apartar los ojos de esos relucientes objetos de plata ¿Qué harían? ¿Por qué estaban prohibidos? ¿Tan poderosos eran que debían vigilarlos de esa forma? ¿Cómo sería él… con el poder de la Magia Negra?
-Así que esta es tu biblioteca- exclamó Remus, mirando al montón de libros que había por todas partes.
Aunque no era tonto, Marlene no lo había llevado allí solo parar mirar los libros
-Es impresionante…- susurró, volteándose, y se dio cuenta de que la chica estaba sentada encima del escritorio que había en el centro, en una posición bastante sugerente
-Marlene- murmuró Remus, y se quedó callado.
-Lupin- repuso ella, en un tono aún más sugerente que su pose.
Remus se dejó llevar y, segundos después, los dos estaban encima del escritorio, medio desnudos.
Y a él le daba igual.
Al chico que no le iba el rollo "si te he visto no me acuerdo" le daba igual lo que iba a pasar con Marlene. Y todo porque ya estaba harto de que lo dejaran siempre a él.
Harto de todo, pero sobretodo, harto de todas.
Iba a hacer lo que siempre se había reprimido por principios, pues por lo visto ya nadie los tenía en cuenta ¿Por qué él? Ya estaba hasta los huevos.
Una sonrisa lasciva se dibujó en su antes dulce rostro.
-¡¿Có…Cómo?!- exclamó Sirius, sin poder evitar dar un respingo.
Kathy suspiró: se lo temía, no tenía que haberle dicho nada y "arreglarlo" por su cuenta.
-Lo siento mucho- repuso ella, empezando a llorar.
¿Qué iba a hacer ahora? ¿Y si Sirius ya no quería que estuviera más con él? ¿Y si a partir de ese momento la veía como una carga innecesaria?
-No pidas perdón- contestó él-, si alguien tiene hacerlo soy yo. Digo, es mi culpa que te hayas quedado embarazada, no del aire que respiras- explicó-. Pero por favor, no llores.
Kathy se sentó en el sofá, dejando de llorar poco a poco. Sirius se sentó a su lado, cosa que reconfortó a la chica.
-¿Qué quieres hacer?- le pidió él- ¿Quieres seguir adelante o… abortar?- Kathy no respondió- ¿Estás de mucho?
-No- contestó con un hilo de voz-, apenas de un mes, no lo se seguro, pero no pasa de un mes- no quería mirarlo a los ojos ¿Y si ya no veía amor en ellos?- ¿Qué quieres hacer tú?- le pidió, aunque ya se imaginaba que le diría.
-Yo…- se quedó callado- Tú tienes trabajo, yo tengo trabajo, tenemos casa, somos independientes… Si tú quieres…- Kathy levantó la mirada, eso no iba para nada como se esperaba que fuera su respuesta-. Cariño, si tú quieres tenerlo… adelante- dijo, ahora él con un hilo de voz.
Kathy lo miró a los ojos. No le mentía, ni había dejado de quererla. No pudo evitar sonreír, pero, antes de darle una respuesta, de decirle que era lo que ella quería, una luz llegó desde la ventana. La castaña hizo el ademán de ir a mirar, pero él se le abalanzó encima, haciendo que los dos cayeran al suelo, y así evitaron un rayo de fuego que quemó todo lo que estaba a medio metro del suelo.
Respirando ajetreadamente Sirius se levantó.
-Suelta la varita, Black- ordení una voz fría a sus espaldas.
Eran cuatro Mortifagos. Cuatro contra dos, él iba desarmado y Kathy también… aparte, ahora que le había dicho que estaba embarazada, la imagen que tenía de ella era de una frágil figurita de cristal. No quería arriesgarse.
La chica observaba desde el suelo a las cuatro figuras vestidas de negro, con las mascaras blancas, con miedo. Luego clavó su mirada en Sirius, a la espera de que él pudiera hacer algo, pero él no sabía que hacer.
-¿Qué queréis?- le pidió con el mismo tono frío Sirius. Él no podría hacer nada, tenía que intentar avisar a los demás.
-Cállate, Sirius- imperó una voz masculina, que le resultó demasiado familiar.
-¿Regulus?- pidió este extrañado y de pronto, el miedo que sentía desapareció y se abalanzó hacia el que acababa de hablar.
-Estate quieto- ordenó otro de los Mortifagos, apuntándole con la varita en el cuello-. Mucho mejor. Siéntate a su lado- señaló a Kathy, y Sirius solo pudo obedecer.
-Sirius…-le susurró ella, dándole la mano.
-Tranquila, todo saldrá bien- la animó ella, aunque no sabía bien como hacerlo.
Los dos de los cuatro hombres empezaron a deambular por la casa y a sacar cosas de sitio para examinarlas, como si estuvieran realmente aburridos y se encontraran en un museo.
-Estaos quietos- ordenó el que había hablado primero, el de la voz más fría, el que obraba a modo de jefe.
-Nuestro Señor solo nos ha dicho que debemos prepararlo todo para su llegada- contestó uno de ellos, el que no había hablado aún- ¿No podemos divertirnos?- preguntó mirando a Kathy, que se agarró con más fuerza a la mano de Sirius.
-Levántate- ordenó el primer Mortífago, apuntando a Kathy con la varita. Ella negó con la cabeza-. Levántate- repitió, apuntando esta vez a Sirius. La castaña obedeció y se puso en pie.
-Ven- dijo él último Mortífago, el que parecía aburrido- ¿Sabes Black, que es lo que les ocurre a las parejas de los Aurores?- pidió, sacando un cuchillo de debajo de la capa y acercándolo al brazo de Kathy, que dejó escapar un grito ahogado.
Sirius se abalanzó hacia él y, antes de que nadie pudiera reaccionar, ya le había pegado un puñetazo y este había soltado a Kathy.
-¡Depulso!- exclamó uno de los Mortifagos, intentando darle a Sirius que lo esquivó, con tan mala suerte que le dio a Kathy.
La chica salió disparada un par de metros atrás hasta que chocó contra una estantería medio calcinada, que le cayó encima.
-¡Quieto!- ordenó el primero Mortifago, apuntándolo con la varita, cuando Sirius hizo ademán de correr hacia la castaña- Reg, ve tú- le mandó a Regulus, que aunque iba más que cubierto de negro, parecía tan preocupado como Sirius por la chica.
Sacó de encima de Kathy los escombros de la estantería y la incorporó, se había manchado el camisón y la piel con los restos carbonizados de la estantería, y tenía más de una contusión y corte que sangraba, por lo que ofrecía un aspecto deplorable y parecía un poco mareada.
-Ya basta- amenazó Regulus, cuando el Mortífago que había querido "jugar" con Kathy se acercó a ella de nuevo.
-¿Por qué?- preguntó en tono burlón, agarrando a Kathy y empujándola al suelo. Cuando ella iba a incorporarse él se sentó encima- Con lo bien que podemos pasarlo hasta que llegue nuestro Señor- dijo, mirando a Sirius- ¿Quieres verlo o prefieres no darte el placer?- pidió, mientras le metía mano a la chica.
-¡Suéltame!- chilló Kathy, con los ojos anegados de lágrimas e impotente ante la fuerza del Mortífago.
-¡No la toques!- rugió Sirius, corriendo hacia él, pero esta vez el Mortífago que lo tenía a tiro no falló.
-¡Crucio!- exclamó.
El moreno cayó al suelo, mientras notaba como miles de agujas se clavaban en su piel, provocándole dolor. Pero más dolor le provocó oír los gritos de Kathy y saber que no la podía ayudar.
Cuando empezaba a pensar que no aguantaría más el dolor del hechizo, este cesó y notó otra presencia en la habitación. Se sentía incapaz de mover un solo músculo, pero tubo que girarse para ver quien era.
Y ahí estaba, de pie en el centro de la sala: Lord Voldemort.
Tom Ryddle era un hombre esquelético, delgado y muy alto. Su cara era más blanca que una calavera, con amplios y enfurecidos ojos escarlatas y una nariz plana como la de una serpiente con rendijas en los orificios nasales. Sus manos eran largas, como arañas, sus ojos rojos, cuyas pupilas eran rendijas como los de un gato, resplandecían más brillantes a través de la oscuridad.
Era la primera vez que Sirius lo veía, pero nada más verlo, supo quien era y que era más peligroso de lo que hubiera imaginado.
-Señor- dijo uno de los Mortífagos, mientras todos hacían una reverencia.
Sirius aprovechó el momento en que Voldemort le daba la espalda y los Mortífagos estaban de espaldas para coger su varita, que estaba olvidada en el suelo y mandarle un Patronus a James, para avisarlo.
Actuó tan rápido, que apenas se dieron cuenta de que se había movido.
-Tú debes de ser Black- comentó con voz fría Voldemort, fijando sus ojos rojos en él-. Y ella es… Holmes- dijo, con una sonrisa de triunfo, mirando a Kathy, que lloraba en un rincón de la sala, hecha una bolita-. Nos la llevamos.
Sirius se interpuso rápidamente entre ella y Voldemort.
-¿Acaso quieres morir?- le pidió este.
-Si es por ella me da igual- respondió el chico, con la respiración ajetreada.
Voldemort levantó la varita, y oyó como a sus espaldas Kathy gritaba algo, pero, antes de que pudiera ocurrir nada, una luz iluminó la habitación.
Segundos después aparecieron cuatro personas.
-¡Toma Padfoot!- le gritó una voz agradablemente familiar mientras le lanzaba la varita de nuevo.
A la vez que otras dos voces, también conocidas lanzaban hechizos aturdidores a diestro y siniestro, y una cabellera rojiza pasaba a su lado, gritando el nombre de su novia.
Dos de los Mortífagos cayeron al suelo.
-Avery, llévatelos- ordenó en un susurro molesto Voldemort- Quien tenemos aquí… ¿Los hermanos Prewett acompañados de nueva carne fresca para la Orden?- pidió burlón, para lanzar un hechizo asesino hacia Fabian, que lo esquivó con facilidad.
-Y el resto de miembros están apunto de llegar- comentó Gideon, sin miedo en la voz-, junto a Dumbledore- pareció como si la sonrisa se borrara de su cara
-¿Quiénes son los nuevos?- pidió, mirando primero a Lily y luego a James- ¿Tantas ganas tenéis de morir?- preguntó con ironía.
-Si con nuestra muerte nos llevamos a algún que otro Mortífago, entonces quizá si- contestó James, arrogante.
-¿Auror?- pidió con fingida sorpresa Dumbledore- Esa frase me suena a un viejo conocido mío- terminó con una risilla- ¿Y la mujer, quien es?- preguntó, mirando a Lily, que también se levantó para encararlo- ¿Tampoco tienes miedo?
-Jamás- repuso con voz firme, dando un paso al frente.
Con un rápido movimiento Voldemort levantó la varita, dispuesto a matar a Lily, pero James fue más rápido y casi lo desarmó.
Voldemort se volteo furioso hacia James, y Lily repitió la misma operación que acababa de hacer su novio. Voldemort, enfadado, iba a hacer algo, cuando una voz a sus espaldas dijo, con un aire un poco jovial.
-Hola Tom- Albus Dumbledore acababa de aparecer en la saleta.
Una mueca se dibujó en la cara de Voldemort.
-Nos volveremos a ver- amenazó a James, antes de desaparecer junto a sus seguidores.
James miró a Lily, orgulloso de ella a la vez que algo preocupado. Nunca jamás había estado tan cerca de un peligro, era la primera vez que veía a un hombre tan peligroso y poderoso de cerca… la primera vez que se encaraba a Lord Voldemort… y no había tenido miedo.
