Capítulo 24: Juntos de nuevo

Se despertó en un lugar conocido, pese a que no le era familiar, abrió los ojos y se sintió dolorida. Miró, sin mover la cabeza, a su alrededor y reconoció las paredes blancas inmaculadas de su alrededor: estaba en San Mungo.

Intentó moverse pero no pudo, estaría inmovilizada, intentó hablar, pero le dolía demasiado todo como para llegar a articular palabra, así que se limitó a observar su alrededor para encontrar mas información de porque estaba allí.

Las paredes estaban decoradas con motivos navideños ¿Estaban ya en Navidades? ¿Qué hacía ella allá? Intentó hacer memoria… lo último que recordaba era que le había contado algo importante a Sirius… ¿Pero que?

De pronto, como un rayo en una tormenta, todo vino a su memoria: sonidos, imágenes, movimiento, gritos, dolor…

-¡Mi bebé!- gritó, sin ser conciente de que ella había gritado tal cosa, y su grito provocó movimiento a su alrededor.

-¡Kathy!- exclamó jovial una voz familiar: era él ¿Pero porque jovial? ¿No se daba cuenta de que podría haber perdido el bebé? ¡Con ese golpe contra la estantería! ¡Con los golpes que le pegó el Mortífago! Oyó como su voz seguía gritando, aún sin ser consciente de que lo decía ella- ¡Tranquila! ¡Está bien! ¡Y tú estás bien! ¡Kathy tranquilízate!- pidió Sirius.

La puerta de la sala se abrió y entraron un par de Sanadores. Le obligaron a beberse una poción, que la calmó. No tenía de que preocuparse. Estaba tranquila… y se quedó dormida.

-Otro ataque- comentó el sanador, ante la mirada suplicante de Sirius.

-Pero eso es bueno ¿No?- pidió por enésima vez, esperanzado.

Kathy llevaba en San Mungo un mes entero, y ese era el quinto ataque que tenía tras despertar del coma ocasionado por los golpes: gritos y más gritos, hasta que se le subministraba la poción.

-Solo podemos hacer conjeturas, pero algo hemos avanzado, cada vez dice cosas mas lógicas- el sanador miró el reloj- Es muy tarde, quizá debería dormir- y dicho esto se fue de la sala.

Sirius estaba harto, tenía miedo sobre lo que le podía pasar a Kathy ¿Por qué no se recuperaba de una vez por todas? Un maldito mes sin oír su voz ni notar sus caricias, oyendo solo como gritaba y luchaba por dejar de estar inmovilizada… pero eran los sanadores los que sabían que le ocurría a ella y como tratarla, no él…

No podía evitar sentirse culpable por lo que le había pasado, las palabras del Mortifago resonaban en su cabeza en sueño: que Kathy estuviera como estaba era solo culpa de él, por ser Auror, por ser miembro de la Orden ¿Por qué no había pensado en que también la ponía en peligro a ella antes de nada?

¿Qué haría si no se recuperaba? Un mes ya, y había mejorado tan poco… ¿Qué haría Sirius sin ella? ¿Y si le pasaba algo al bebé? Estaba ya de dos meses, le parecía muy temprano como para llamarlo "su hijo" por lo que se obligaba a pensar en él como "el bebé".

Suspiró y, tras mirar a la chica que ahora dormía tranquilamente, concilió el sueño.

-¡Oh Dios James! ¡Esto es horroroso!- se burló Lily, cuando el chico le hizo un dibujo de cómo quería que fuera la decoración de la sala del banquete- ¡Pareces un crío!- comentó, al ver que había dibujado Snitches volando por la estancia.

Iban en el coche de Lily, pues se había sacado el carné y sus padres le habían regalado un Mini negro cuando terminó el curso en Hogwarts.

-¡Pero si quedaría la mar de bien!- se quejó el moreno.

Estaban ultimando los preparativos para la boda, que se celebraría a medianos de mes; el día 10 de Diciembre, para ser exactos. En ese momento se dirigían hacia la agencia muggle que se encargaba de todo pues, al ser la familia de Lily muggle, no podían celebrarla al modo mágico.

-Buenos días- saludó la mujer de recepción-. Pueden pasar, la señora Burton les atenderá en cuanto pueda- les señaló amablemente unos cómodos sillones tapizados de piel delante de una puerta de roble muy elegante.

La pareja se dirigió hacia allí para esperar pacientes.

Ya se lo habían dicho a sus padres, primero a los de él, y luego a los de ella.

Lily aún recordaba con risas la reacción de los padres de James…

-¡Hijo!- exclamó su madre, tapándose la boca con las manos, en señal de sorpresa.

-¡Caramba! ¡Eso si que no me lo esperaba!- dijo su padre.

-¿No te lo esperabas?- inquirió James, arqueando una ceja.

-La verdad es que ni yo- añadió su madre.

-¡Pero si Lily es muy buena chica! ¿Qué os pensabais que no era suficiente para mi?- bromeó, antes de recibir una colleja por parte de la pelirroja.

-¡No!- exclamó su madre- Si ya sabemos que Lily es un cielo, a mi me encanta, mejor chica no podrías haber encontrado. Además ella te sabe dominar- añadió, como si James fuera un perro.

-Lo que pasa es… que bueno… no nos esperábamos eso de ti- explicó su padre.

-¿Qué pensabais? ¿Qué la dejaría preñada y luego no querría saber nada de ella?- bromeó James, a lo que sus padres asintieron fervorosamente- ¡Mamá! ¡Papá!- se quejó él, mientras Lily estallaba en carcajadas.

Quizá hubiera preferido que sus padres se hubieran tomado tan bien la noticia…

-¡¿Qué que?!- exclamó su madre, mirando a su hija como si le acabara de decir "mamá, he estampado el Lamborghini yendo borracha y drogada en una carrera de coches ilegales".

-Cuando te lo dijo Tuney te alegraste un poco más- comentó con ironía la pelirroja, mirando algo molesta a su madre.

-Lily, cielo, Petunia tiene tres años más que tú y Vernon era su novio de toda la vida… Él…- empezó hablando de James, como si no estuviera delante- ¿Cuánto hace que salís?

-Un año y medio- aproximó la pelirroja.

-Es muy poco- dijo su padre- Cariño, no quiero que te precipites… ¿No estarás embarazada, verdad?- pidió preocupado de pronto.

-¡No!- se quejó ella- Si quiero casarme con él es porque me lo he pensado mucho, ¡No porque no tenga otra opción!- respondió ante la pregunta de su padre- La cosa es que lo voy a hacer, si os está bien mejor, sino me da igual- y dicho esto se dirigió hacia la puerta- James nos vamos de esta casa- el moreno la miró dudoso y tras pedirles perdón a sus padres (¿Por qué tenía la sensación de que siempre estaba pidiéndoles perdón?) salió detrás de la pelirroja.

-Mujer, tampoco era para ponerse así…- intentó calmarla James, cuando se metieron en el primer callejón para desaparecer.

-Entiendo que se pongan así- explicó ella- Pero piensa como está nuestro mundo: cada día mueren personas, hay desaparecidos, miedo, las cosas no van bien James y lo sabes, puede que el próximo seas tú o sea yo- explicó, quedándose sin voz al hacer esa afirmación- Cariño, quiero vivir al máximo ¿Cómo se que este minuto no es el último?- pidió, con los ojos llenos de lágrimas.

James la abrazó.

-Pues Carpe Diem, mi amor- le susurró él.

Y allí estaban ahora, esperando para ver la propuesta de "la señora Burton" acerca de la decoración de la boda. Lily y James tenían la teoría de que era una solterona de cuarenta años, pero que como no quedaba bien que una soltera se encargara de organizar bodas se hacía llamar señora en lugar de señorita.

-Buenos días- saludó la señora Burton abriendo la puerta.

Era una mujer de de espaldas anchas, mandibula recta, vestida con un traje falda celeste y con el pelo totalmente lacio

-¿Ansiosos por ver las propuestas?- bromeó, cuando la parejita entró y se sentó en otros dos sillones, algo más cómodos que los de afuera, delante del escritorio de la mujer.

-Pues la verdad es que si- repuso Lily, mientras James hacía una mueca como dando a entender que le daba igual.

-Pues la verdad, señora Burton, que Lily está con la mente un tanto cerrada hoy para ideas nuevas- se quejó refiriéndose a la reacción con su dibujo.

-No me llames señora Burton, cielo, llámame Tricia- contestó con un tono sensual que hizo que Lily la mirara mal-. Bueno, la verdad es que tengo tres propuestas- cambió rápidamente de tema y de tono al notar las malas ondas de la pelirroja- Este es el primero- explicó, enseñándoles uno de los bocetos- es algo típico, en tonos blancos y marfiles…

-Demasiado típico- dijeron a la vez Lily y James observando con horror el boceto.

-Bueno… aquí tenemos el segundo… Es algo más… jovial- si por jovial la mujer entendía que estaba lleno de colores chillones había dado en el clavo.

-Demasiado jovial- volvieron a decir a la vez.

-Pues vamos a por el tercero… es quizá… el más tranquilo- James y Lily lo miraron unos minutos en silencio, luego se miraron el uno al otro y dijeron al unísono.

-Este es perfecto- la señora Burton sonrió complacida.

-¿Quieres otra almohada?- pidió servicial Sirius, cuando Kathy se sentó en el sofá de la ahora reparada saleta.

La chica negó con la cabeza y con una amplia sonrisa: con haber salido del hospital y saber que su bebé estaba bien volvía a ser feliz.

-Voy a mandarles una carta a los demás, para que sepan que ya tengo el alta ¿Me traes un pergamino y el tintero, por favor?- pidió a lo que Sirius corrió a toda prisa, mientras ella se reía- ¿Estaban muy preocupados?

-Lily y James si- explicó, haciendo memoria de las visitas que había recibido- A Johanna no quisimos decirle nada hasta saber algo del cierto y Remus…

¿Cómo decirle que no había ido ningún día? Remus se estaba comportando de forma rara desde que habían entrado en la Orden, apenas le veían el pelo, solo durante las reuniones, y se negaba a hacer cosas junto a ellos ¿Pero porque? Ese comportamiento no hacía más que hacer sospechar a Sirius.

-Remus también- añadió tras una breve pausa.

Ya hablaría con Remus cuando pudiera, ahora él no era su prioridad.

La mañana siguiente del último ataque que le dio a Kathy, se despertó alegre, como quien despierta de la siesta, sin gritos ni forcejeos, y tras comprobar que estaba bien le dieron el alta.

Al parecer Sirius estaba más feliz que ella de volver a la normalidad, aunque los sanadores le habían recomendado hacer reposo un par de semanas. Y Sirius se lo había tomado al pie de la letra.

-Por favor, que no soy una niña- se quejó en tono bromista, cuando iba hacia el baño a hacer sus necesidades y él se ofreció voluntario para acompañarla- esta casa no es tan grande como para que me canse al ir a mear- siguió.

-¡Pero han dicho reposo absoluto!- protestó él.

-Reposo absoluto no significa que me vuelva inútil- suspiró- puedo yo sola, y si no ya te haré un grito y vienes a salvarme de las terribles aguas del inodoro.

Le costó un montón convencerlo de que tenía que ir a trabajar y que ella podía apañárselas sola. Aunque la verdad es que quería hacer una cosa sin que él se enterara… pero de todas formas necesitaba ayuda.

Y el único que lo podía ayudar era…

Remus estaba apunto de terminar el turno de la mañana en la librería cuando recibió una misteriosa nota de Kathy:

"Necesito tu ayuda. No le digas nada a Sirius. Ven al apartamento enseguida. Gracias"

Así se dirigió él hacia allí, sin entender que quería la chica y, cuando le contó sus planes, no pudo intentar negarse a ayudarla. Pero ella le había soltado que lo haría con su ayuda o sin su ayuda, por lo que al final accedió.

Y allí iban ellos dos, en dirección a la Mansión de los Holmes, para contarles a sus padres que la chica esperaba un hijo.

Remus se mordía el labio con impaciencia mientras esperaban que la puerta se abriera, abrió la elfina domestica de la familia, que ni se inmutó ante la presencia de Kathy.

-Señorita, tiene prohibida la entrada a esta casa- anunció la elfina.

-Lo sé, solo quiero que les digas a mis padres que tengo algo importante que decirles- explicó Kathy-. Pregúntales si puedo pasar o no- la elfina dudó pero al final entró dentro de la casa, cerrándoles la puerta para que no pudieran ver nada.

Minutos después volvió a abrir.

-Dicen que no puede pasar, que me diga que quiere contarles.

Kathy suspiró.

-Diles que espero un hijo de Sirius Black- y dicho esto se volteó, arrastrando a Remus.

Y ahora estaban los dos en el apartamento de Sirius, sentados en el sofá, acababan de recibir un vociferador de parte de sus padres, diciéndole menos guapa y felicidades de todo.

Kathy observaba los restos del vociferador con una mirada melancólica.

-¿Qué esperabas?- pidió Remus, irónico- ¿Qué se lo tomaran bien?- Kathy lo miró sorprendida ¿Y ese tono de voz?

-Bueno, esperaba un poco de apoyo, quizá indiferencia o comprensión- dijo ella, guardando la tranquilidad.

-No seas tonta. Primero reniegas de ellos y luego te plantas en su casa con un "papi estoy embarazada". Si fueras mi hija hubiera sido peor- dijo él, sin medir sus palabras, y dejándola atónita ¿Era el mismo Remus Lupin que conocía?

-Tranquilo Remus- pidió ella, un poco molesta- Yo solo decía que…

-Actúas de manera inmadura y luego no te atiendes a las consecuencias- cortó él, aún sin darse cuenta de que se estaba pasando.

-¡Remus!- exclamó ella, levantándose del sofá, pero él siguió.

-Kathy, aún eres una cría y lo demuestras cuando de comportas así- Remus se levantó también del sofá- No creo que estés preparada para tener un hijo y…- bofetón- ¡¿Qué haces?!

-¡Te he pedido ayuda! ¡No que me eches la bronca! ¡Fuera de aquí!- le gritó Kathy, al momento que se abría la puerta de entrada y entraba Sirius, quien observó la escena atónito- ¡Que te vayas!- rugió de nuevo.

Remus se giró y se marchó de la casa sin decirle nada al recién llegado.

-¿Qué ha pasado?- pidió Sirius, acercándose a su novia que se había vuelto pálida.

-Nada ¿Me puedes acompañar a la cama? Estoy algo mareada- dijo, para cambiar de tema.

-¡Kathy!- exclamó alegre Lily cuando ella entró al vestuario que había dentro de la Iglesia, donde la novia podía prepararse, y eso era lo que estaba haciendo Lily- ¡Estas preciosa!- exclamó la pelirroja: la castaña iba con un vestido corto de color celeste, muy vaporoso y con mucho vuelo, un chal a conjunto y el pelo suelto pero con un peinado de peluquería.

-¡Mira quien fue a hablar!- bromeó ella, refiriéndose al vestido de Lily.

Era con un corte palabra de honor, pero con una gran falda, de varias capas de telas semitransparentes con mucho vuelo. Llevaba el pelo lleno de bucles, recogido en un moño con orquillas en forma de flor plateada. Parecía una princesa de cuento de hadas.

-¿Lista para el gran momento?- preguntó Kathy, sacando de la bolsa una cámara para grabar el encuentro.

-Cariño, todo apunto- anunció el padre de Lily, entrando con una gran sonrisa. Al final aceptaron lo de la boda.

A la boda habían asistido todos los miembros de la Orden, varios compañeros de curso (Lily quiso invitar a su odiada Lisa, pero James no le dejó) y familiares de las dos partes. Quizá el único que no estuvo presente fuera Remus.

-¡Viva los novios!- gritó Sirius, mientras James le pegaba un coscorrón para que se callara de una vez y Lily subía al elegante coche que los había ido a buscar, que los llevaría a cada de Lily, donde tenían el equipaje para marcharse de viaje.

-Nos vemos en dos semanas- se despidió James, vestido de smoquing, estrechándole la mano a Sirius, que iba vestido igual.

-¡Chicos chicos!- los llamó Kathy- Una foto, que no cada día se puede ver a un Merodeador tan elegante- bromeó

Y así fue como James y Lily se fueron a celebrar su luna de miel.

Cómo se habían metido en aquel lío Remus no lo sabía, lo único de lo que tenía consciencia era que quería salir de ese marrón en cuanto pudiera.

Haciendo el turno de los hermanos Prewett y los Potter, Remus, Sirius, Peter y Marlene se habían topado con la mitad de los Mortifagos.

Y allí estaban ellos, peleando a muerte con sus enemigos.

Un rayó pasó rozando la mejilla de Remus, que lo esquivó con cuidado.

Los habían encontrado de esa manera tan estúpida…

Minutos antes, en cuanto llegó Remus, Sirius parecía haber perdido el control y lo embistió contra un árbol, preguntándole de mala manera que porque no había ido a la boda de James, que porque no había aparecido cuando Kathy estaba en el hospital, y mil cosas más de las que ya no se acordaba.

¿Qué más le daba a Sirius porque no quería ir con ellos? Le parecía demasiado obvio… si iba, se acordaría otra vez de ella… y no quería. No quería ponerse triste de nuevo.

Y gritando gritando, los habían encontrado los Mortífagos.

-¡Marchaos!- gritó de pronto Marlene.

Remus se volteó, horrorizado. De los ocho Mortífagos, Marlene había dejado fuera de combate a cuatro, pero el quinto de le adelantó, y le clavó un cuchillo en el abdomen. La sangre brotaba de la herida con demasiada fluidez, le pareció a Remus, que corrió hacia ella, pero Sirius lo detuvo.

-No hay tiempo- dijo, mientras Peter desaparecía de la lucha.

Remus miró un último momento a Marlene McKinnon y, tras parpadear, se encontraban en la sede de la Orden del Fénix. Ahí estaban Hagrid, Moody y Elphias Dodge, que los miraron sorprendidos.

-¿Ya habéis terminado?- pidió extrañado el primero, pero Moody fue más perspicaz.

-¿Y McKinnon? ¿Qué ha pasado?- los tres chicos parecían al borde de un paro cardiaco.

-Marlene…-empezó Peter, pero no supo continuar.

-Cayó en combate- resumió Sirius, con un hilo de voz, mientras Remus se mordía el labio inferior.

Era la primera vez que veían morir a un compañero.

-Debemos avisar a su familia- comentó Remus. Pero Moody negó con la cabeza- ¿Por qué no?

-Dumbledore nos prohibió exactamente hacer esto- explicó Elphias- dijo que, si caía uno, lo más probable era que lo convirtieran en un Inferi.

-Irán a casa de los McKinnon, usando el cuerpo de Marlene para cruzar las barreras protectoras que estableció Dumbledore allí- siguió Moody- No hay nada que hacer- terminó con un suspiro- Solo avisar a Dumbledore.

Y tenían razón. Horas después, cuando Dumbledore se dirigió a casa de los McKinnon, se encontró con una masacre. Sus padres, Marlene, sus hermanos pequeños y hasta el perro estaban todos muertos y mutilados. Habían saqueado la casa, se habían llevado las reliquias familiares y los objetos de Magia Negra vigilados por el Ministerio. En el cielo estrellado brillaba la Marca, anunciando lo que había dentro de la casa.

De eso, pero, ya habían pasado varias semanas.

Era 31 de Diciembre, y estaban todos en el apartamento de Sirius y Kathy ultimando los detalles para celebrar fin de año juntos. Tras la muerte de Marlene los chicos habían estado muy hundidos, pero la llegada de las fiestas les había echo recobrar la alegría y la perdida de una compañera los había unido a todos de nuevo.

James y Lily habían regresado de la luna de miel un par de días antes, y mientras él les contaba vete tu a saber que a sus amigos acerca del viaje, Lily y Kathy estaban en la cocina terminando de preparar la cena cuando alguien llamó a la puerta.

Extrañados todos se miraron.

-Voy yo- dijo Sirius, cuando Kathy sacó la cabeza por la puerta de la cocina y, segundos después, se oyó al chico proferir una exclamación alegre de sorpresa.

Todos corrieron hacia la entrada de la casa para ver quien era. Y no pudieron, como mínimo, repetir la expresión de Sirius.

En el umbral de la puerta estaba Johanna, más espectacular que nunca con un vestido de noche negro, recién llegada de América, y a su lado, quizás aún más espectacular, estaba Caroline, a quien no veían desde hacía un año. Se había cortado el pelo hasta los hombros y estaba algo más delgada de lo normal, pero lucía una sonrisa de triunfo poco común en ella.

Remus las observó a las dos boquiabierto. Eran las dos últimas personas que esperaba ver en la puerta.

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¡Hay pobre Remus! ¡Que se le van todas y luego todas aparecen!

Que triste, solo quedan 4 capítulos, y lo único que puedo adelantar es que será… trágico, muy muy trágico. (Soy mala, lo sé)

Ando, para variar, con tiempo escaso, así que agradecer los reviews y esperar que este capítulo os haya gustado.

Un super beso y mil gracias,

Erised.