Capítulo 25: Una boda ensangrentada
-Papá…- murmuró James.
No sabía que decir ni que hacer en aquellas situaciones, se le caían las lágrimas mejilla abajo y ni siquiera le reconfortó el notar que Lily le cogía la mano con fuerza.
Suspiró al ver como su padre lo miraba con una sonrisa pícara, que él mismo había heredado
-¿Cómo se os ocurrió hacer algo parecido?
Mientras James y Lily estaban de luna de miel, a su padre se le pasó por la cabeza la genial idea de irse a China, también de viaje.
El caso era que los padres, ya viejos, habían contraído una extraña enfermedad mágica, de la cual no se tenía constancia en Inglaterra ni se conocía la cura en ningún lugar del mundo.
-Déjalo- lo mandó a callar su padre, de mal humor, se encontraba suficiente mal como para que si hijo le metiera broncas-. No me hagas de madre que estoy en el lecho de muerte- bromeó, aunque no andaba lejos de lo que decía.
-James, cariño- lo llamó su madre-. No se lo tengas en cuenta- suspiró, James la miró, sin poder evitar llorar de nuevo-. No llores cariño.
-Mamá…-murmuró James.
Se sentía como un niño de cinco años, pese a que ya era mayor, pero ¿Cómo no llorar cuando te estás despidiendo de tus padres para siempre?
-Hijo- lo cortó su madre-, queremos que os quedéis con la casa de el Valle de Godric. Toda la vida a pertenecido a la familia, no queremos que se quede sola, además, si todavía no chocheo mucho creo que aún no tenéis casa. Quedaos con ella ¿Vale?- James asintió, mordiéndose el labio inferior en señal de impotencia.
-Y no te gastes toda la herencia en bebidas- le advirtió su padre.
James lo miró horrorizado ¿Qué imagen tenía su padre de él? ¿Tenía que estar bromeando hasta cuando iba a morirse?
-Es broma. Cuida de Lily ¿vale?- le mandó su padre, con lo que la pelirroja se sobresaltó al entender que se referían a ella.
-Lily, cariño, ¿Vigilarás que no se meta en líos, verdad?- pidió su madre.
-No soy ningún crío…-murmuró James, ofendido de que las últimas palabras de sus padres fueran esas. Lily asintió con la cabeza.
-¿Te importaría dejarnos a solas con James?- pidió el padre de este.
-Para nada- repuso-. Esto… encantada de… haberles conocido- se despidió ella.
-Igualmente cariño. Sepas que nos alegra mucho que estés con James. Eres fantástica Lily- le dijo su madre, antes de que ella se fuera de la habitación.
-James hijo- empezó su padre-, aunque seas un liante y en muchos años solo nos hayas traído más que líos…-James iba a protestar.
-Sepas, cariño, que eres de lo que más orgullosos estamos en esta vida- siguió su madre- Te queremos mucho, mi amor, y nos has hecho muy felices- siguió su madre, haciendo que James empezara a llorar de nuevo.
Se dirigió hacia sus padres, para darles un último abrazo.
-Dale un abrazo a Sirius de nuestra parte- James asintió.
-Hijo, ¿Te importaría dejarnos un rato a solas?- pidió su padre- Para… hablar- dijo, en lugar de despedirse el uno del otro.
James asintió y tras eso abandonó la sala, sin poder evitar romper a llorar de nuevo.
Dorea y Charlus Potter murieron juntos a las tres de la madrugada del 2 de Enero de 1979.
James se negó en volver a casa esa misma noche, le parecía demasiado doloroso, por lo que tanto él como Lily decidieron ir andando hacia el apartamento de ella, que no quedaba muy lejos del hospital, donde habían estado hasta el último momento sus padres.
Hacía una noche fría y oscura, el cielo amenazaba tormenta y por la temperatura lo más probable fuera que nevara y aumentara el grosor de la que ya estaba acumulada en el suelo y algunas superficies.
Evitaron el tumulto de gente que se acumulaba ese Martes por la madrugada en las calles principales de la cuidad, y fueron por callejones, aunque así quizá daban un poco más de vuelta.
James no quería hablar, tampoco sabía que decir, por primera vez en la vida se sentía solo y desprotegido. Sus padres habían cuidado siempre de él y lo habían sacado de más de un lío y ahora ya no estarían nunca más allí… ni en los momentos tristes ni en los felices.
Suspiró y miró a Lily que intentaba esconder las lágrimas.
-No llores- le dijo él, abrazándola, mientras ella empezaba a llorar más-. Venga, cariño- la animó él.
-¡Soy estúpida!- exclamó ella- ¡Debería ser al revés! ¡Debería ser yo quien te consolara a ti!- sollozó entre lágrimas.
-Tranquila. No pasa nada- susurró, abrazándose a ella sin poder evitar llorar ahora él también.
Justo entonces empezó a nevar, cosa que hizo volver a James a la realidad, aunque no fue lo único.
Unos estallidos, como te pistolas, llamaron su atención y sacó la varita al momento.
-Buenas noches, Potter- saludó una voz conocida desde la oscuridad.
Pese a que iba totalmente vestido de negro y con el rostro tapado por una máscara, James supo quien era: Severus Snape los apuntaba con una varita, acompañado por otros dos Mortífagos.
Remus estaba sentado en uno de los sillones de la saleta del apartamento de Lily y Johanna, esperando que la última le trajera algo para beber de la cocina.
Eran las dos y media de la madrugada cuando recibió una lechuza de Johanna, con una pequeña nota "Ven. Por favor."
Había tardado veinte minutos en decidir si iba o no, y diez en vestirse, arreglarse un poco y plantarse allí. Quisiera lo que quisiera no sería nada peor a lo que pasó la pasada noche (es decir, el uno de Enero tras la medianoche).
Estuvieron celebrando la fiesta hasta altas horas de la madrugada, bebiendo todos (a excepción de Kathy, por el bebé) y, obviamente, el alcohol no tardó en hacerse presente.
Las estrellas de la noche fueron, como no, Johanna y Caroline, en especial esa última, que nos contó su vida desde haberse despedido de todos un año antes.
-Y bien, Remus ¿Cómo vas de novias?- le pidió, cuando Kathy se quedó dormida en el sofá, Sirius y James acompañaron a Peter a vomitar en el baño y Lily fue a la cocina a buscar algo para comer.
Remus se quedó paralizado ante esa pregunta, y notó como Johanna, sentada al otro lado de Caroline, le mandaba una mirada fugaz.
Remus se encogió de hombros
-Me encanta esta respuesta, muy reveladora.
-Pregúntale a Johanna- dijo cortante Remus.
Seguía usando ese tono y tratándolos a todos de mala manera, estaba de mala leche, y sabía porque, pero era la única forma de no estar triste…
Caroline se volteó hacia Johanna.
-¿Y bien?- le pidió, oliéndose algo. La morena miró con rencor a Remus y luego espetó:
-Éramos novios antes de que me fuera a América.
-¿Erais?- pidió mirando ahora a Remus.
-Exacto, éramos, porque la señorita fue tan egoísta de preferir ser famosa a mi persona- repuso Remus, levantándose del sofá.
-Perdona, pero la señorita tiene vida y trabajo, aparte de su persona- contraatacó ella, imitándolo.
-A eso me refiero. Eres una egoísta. No pensaste para nada en los demás y te largaste.
-¡No seas exagerado Remus!- se quejó Johanna, cruzándose de brazos.
-¡¿Exagerado?!- exclamó él- ¡Por Dios! ¡Me gustaría saber que hubiera pasado si hubiera sido al revés!
-¿A que te refieres?- preguntó Johanna.
-¿Si yo me hubiera ido al culo del mundo por trabajo, dejándote sola y sin una triste explicación decente, como te lo hubieras tomado?- pidió Remus, dejándola sin palabras.
Tras esto, se dirigió hacia la puerta y, una vez más, se fue sin decir nada.
Johanna miró a Caroline, como esperando a que le diera la razón a ella.
-Si es verdad lo que dice él, creo que te ha ganado en la pelea- contestó, encogiéndose de hombros. Johanna se encendió de rabia y también se fue de la fiesta, cruzándose con Lily que volvía con una bolsa de patatas fritas.
-¿Y esa adonde va?- le pidió a Caroline, que negó con la cabeza.
Y ahora estaba en el apartamento, donde habían hablado a solas por última vez hacía unos tres meses ¿Le daría al final una buena explicación? Johanna apareció por la puerta de la cocina, con dos vasos llenos de café.
-Toma- le dio uno a Remus, para luego sentarse a su lado, no sin dejar un poco de espacio entre los dos.
Se hizo un silencio incomodo.
-¿Y bueno, que querías?- pidió Remus.
-¿Qué quieres, Snape?- pidió James, que de pronto se había olvidado de toda la pena, y estaba dispuesto a una pelea, aunque sabía que resultaría más peligrosa que a las que estaba acostumbrado.
-Cosas, Potter- repuso, avanzando hacia él sin bajar la varita en ningún momento-. Primero que me des tu varita.
-Ven a buscarla- tentó James.
-James- le susurró Lily, en tono de advertencia-, déjame a mi, en cuanto puedas saca la varita- y antes de que pudiera decir algo Lily había hecho un paso al frente, cosa que hizo dudar a Snape.
-Evans- murmuró él, cortante.
-Severus- dijo Lily-. No sé que quieres pero me da igual, no estoy de buen humor, y ya sabes que es mejor no tentarme- siguió, avanzando hacia él, cosa que hizo que la atención que fijara en ella.
Uno de los Mortífagos, el que apuntaba a James, dejó de apuntarle a él para apuntarla a ella, momento que aprovechó James para sacar la varita.
-¡Animo Linqui!- gritó, dándole de lleno en el pecho, mientras Lily se arrodillaba a toda velocidad, para evitar un rayo del otro Mortífago.
La pelirroja sacó la varita y disparó al otro Mortífago, mientras Snape desaparecía del lugar. Segundos después aparecieron en el lugar varios Aurores, compañeros de trabajo de James y Lily.
-¿Estáis bien?- pidió uno de ellos, mientras los otros ataban a los dos Mortífagos.
-Perfectamente- contestó James, mirando a Lily, que le sonrió desde el suelo, lugar en el que aún estaba sentada tras arrodillarse.
-Solo me he mojado el culo- comentó Lily, refiriéndose a la nieve del suelo- ¿Vamos a casa?- pidió, inocentemente la pelirroja, pero esas palabras hicieron volver a la realidad a James… sus padres…
Pero no podía hundirse.
Si algo le había enseñado Moody era que en cualquier momento de debilidad podía estar acabado, y lo sucedido en hacía un rato lo dejaba claro. Sonrió de nuevo.
-Vamos a casa- le contestó a la pelirroja.
-Remus…-empezó Johanna-. Pensando en lo que me dijiste la pasada noche… la verdad es que tú tienes toda la razón. Fui una egoísta, y te dejé…- Remus iba a decirle algo, pero se calló, a esperar a que terminara-. La verdad… es que no tendría que haber vuelto hasta pasado medio año pero… me di cuenta de una cosa…
Miró hacia Remus, con sus ojos vidriosos ¿Estaba a punto de llorar?
-Me fui por mi, pero volví por ti, porque me di cuenta de que sin ti no podía vivir- dijo, con un hilo de voz- Y… si estás dispuesto a perdonarme… querría volverlo a intentar, sino me iré de tu vida para siempre y…-pero él la cortó con un beso apasionado- ¿Eso es que si?- pidió esperanzada y con una amplia sonrisa en la boca.
Remus asintió efusivamente.
Por primera vez en tres meses… no necesitaba estar de mala leche para no estar triste. Estaba feliz, se sentía agradecido con todo el mundo, no podía evitar sonreír, se sentía bien. Sonrió mientras le daba un abrazo a Johanna.
-Remus… ahora que Lily se irá con James y demás y yo me quedo sola en el apartamento…¿Qué te parece venir a vivir conmigo?- pidió esperanzada, la mañana siguiente cuando los dos se despertaron en la cama de ella.
Remus se sobresaltó.
No habría nada que le hiciera más feliz que irse a vivir con ella pero… ¿Qué haría las noches de luna llena? ¿Debía contarle la verdad?
-¿Te importa si me lo pienso un poco?- pidió con toda la naturalidad que le fue posible.
-Piénsatelo todo el tiempo del mundo- contestó en un suspiro de felicidad la chica.
-Felicidades, Dorcas- saludó Lily, entrando en al pequeña habitación donde se preparaba la novia antes de la boda. Se acercó a ella para darle un abrazo.
Dorcas iba vestida con un típico traje de bodas muggle: un vestido blanco marfil, recto y con algunas capas de tul algo más cortas. Llevaba su larga melena negra recogida en un elaborado moño.
-Gracias- respondió Dorcas, con una sonrisa, pese a que se veía algo triste.
-¿Qué te pasa?- le preguntó Lily, cuando la morena no pudo mostrar más la sonrisa.
-Marlene- contestó-. La hecho de menos…
-Todos la echamos de menos- contestó Lily, con mirada melancólica-. Sirius y Remus se sienten culpables porque por su culpa se delataron, pero Dumbledore opina que hacía días que sabían de nuestra posición porque fue un ataque bien planeado.
-Opino igual que Dumbledore- añadió Dorcas-. Bueno, el hecho es que no hay nada que hacer ya. Marlene no está. Quería pedirte un favor Lily.
La pelirroja la miró sorprendida.
-Tú dirás- contestó, arqueando una ceja con curiosidad.
-¿Te importaría ser mi testigo hoy en la boda?- le casi suplicó- Tenía que ser Marlene, y con todo, se me olvidó de pedírselo a otra persona…
-Será todo un placer- contestó Lily con una amplia sonrisa. Luego miró el reloj-. Creo que debería ir ya a sentarme, o me quitarán el sitio- añadió justo antes de salir de la sala tras despedirse de Dorcas.
Avanzó por un pequeño pasillo y llegó a la sala principal de la Iglesia, decorada con flores blancas y llena de bancos, donde estaban todos los invitados. Lily se dirigió hacia los de la izquierda que era donde estaba la novia, y en las primeras filas, donde la esperaba James.
-¿Cómo está?- le preguntó cuando ella se sentó a su lado.
-Menos nerviosa que el novio seguro- comentó Sirius, al otro lado de James, refiriéndose al prometido de Dorcas, que miraba de un lado a otro sonriendo como un estúpido.
-Ya me gustaría a ti verte allí- lo picó James.
-Cuando la futura señora Black quiera- repuso este, refiriéndose a Kathy que estaba sentada a su lado pero que hablaba de algo con Remus y Johanna por lo que no se enteraba mucho.
-¿Qué?- dijo la castaña.
-Nada cielo- le contestó Sirius, con una sonrisa pícara- ¿Qué tal te encuentras?- le preguntó, refiriéndose a su estado.
La chica se encogió de hombros.
-He estado peor pero tampoco estoy perfecta. Quizá algo mareada- contestó con una amplia sonrisa mientras se pasaba la mano por el vientre, que aún no mostraba señales de embarazo.
La música empezó a sonar desde un órgano cerca del altar, mientras el cura se preparaba para iniciar la ceremonia y el novio dejaba de mirar de un lado para otro y se ponía serio y rígido, con la vista fija a la puerta de donde debía salir la novia.
Pero la novia no salió.
Los invitados empezaban a preguntarse que sucedía cuando se oyó un grito, procedente de fuera de la sala.
Un grito de dolor y desgarrador que resonó por toda la sala principal de la iglesia.
-¿Era Dorcas?- pidió preocupada Lily, levantándose del banco, a la vez que más invitados, mientras el novio salía corriendo hacia la puerta.
Pero no llegó, pues cuando la puerta se abrió un encapuchado le disparó un rayo verde que lo fulminó al instante.
Todos los miembros de la Orden, que se encontraban en la boda, sacaron sus varitas al momento en que aparecía un mortífago desde cada una de las vidrieras de la iglesia.
-¡Todo el mundo al suelo!- ordenó con voz potente Moody, mientras la mayoría de los invitados, que eran muggles y no entendían nada, obedecían sin preguntar.
Solo quedaron de en pie los miembros de la Orden y los Mortifagos.
-En cuando puedas, huid Johanna y tú, y si es necesario desaparece- le ordenó Sirius a Kathy, que estaba escondida debajo de uno de los bancos.
-Pero, el bebé…- se preocupó ella, pues no era bueno desaparecer al estar embarazada.
-Si te matan no habrá ni bebé ni nada- cortó Johanna, que estaba al lado de la castaña.
Y, justo cuando Sirius se puso en pie de nuevo, empezó una batalla campal entre los Mortifagos y los de la Orden.
Maldiciones volaban por doquier sin acertar a ninguno de los combatientes pero impactando en los otros invitados, que eran los daños colaterales.
-¡Tenemos que salir de aquí!- gritó uno de los hermanos Prewett.
-¡Vamos hacia la puerta!- propuso Lily, dirigiéndose hacia allí, pero nada más cruzarla se le heló el corazón.
Tirada en el suelo, con sus grandes ojos azules completamente abiertos, al igual que la boca, estaba Dorcas, mirando hacia el cielo y con todo el vestido de novia empapado de su propia sangre.
Muerta.
Recobrando la respiración y con los ojos llenos de lágrimas Lily se acercó al marco de la puerta donde se apoyó intentando recuperarse del susto.
-¡Lily! ¡Cuidado!- gritó la voz de Remus, y la pelirroja esquivó por milímetros una Maldición Asesina, pero no pudo evitar caer al suelo, codo a codo con el cadáver de Dorcas y manchándose de la sangre de la morena.
Asustada miró el cadáver de su compañera.
-Lily- la llamó James, agachándose a su lado- ¿Estás bien?- pidió preocupado. La pelirroja asintió- Levántate, tenemos que marcharnos de aquí.
-¿Y los invitados?- preguntó preocupada.
-Ya se encargan los Prewett y Remus- añadió, tirando del brazo de Lily- Vamos, vamos- la apresuró.
Lily miró un último momento el cadáver de Dorcas para luego echar a correr.
Pero los Mortífagos no estaban dispuestos a dejar marchar a la gente de manera tan fácil.
Dentro de la capilla habían echado un hechizo para que no se pudiera aparecer ni desaparecer, e habían bloqueado la puerta para evitar que la gente saliera.
-Johanna, ve con Remus- le mandó Sirius, para luego agacharse al lado de Kathy- ¿Estás bien?- preguntó él, la castaña asintió, con la mirada un poco ausente- Escúchame, ahora saldremos de aquí.
-¿Cómo?- preguntó ella, fijando la mirada en la de él.
-Por esa ventana- señaló una de las vidrieras de la Iglesia.
Un hechizo perdido impactó contra una de las vigas del techo, que se desplomó encima de todos los invitados, cesando los hechizos y ataques.
Se hizo el silencio en lo que había sido la capilla.
Lily corrió hacia atrás, seguida de James, y los dos se pararon en la puerta de entraba, que en esos momentos estaba tapiada por los escombros del tejado.
James se paró a su lado, con un nudo en el estomago.
No se oía nada, pero sabían que sus amigos estaban allí ¿Qué debían hacer?
La pelirroja sacó la varita cuando una voz la paró.
-Estate quieta- ordenó alguien desde detrás de la pareja.
Los dos se voltearon y se encontraron cara a cada con Lord Voldemort.
Las expresiones de James y Lily dejaron de ser de miedo por la posible perdida de algún amigo, al más profundo odio, pero aún así no atacaron. Estaban rodeados por los mortífagos y el Señor Oscuro, cuando ellos apenas eran dos.
Lily buscó a James con la mirada y, sin palabras, entendieron lo que debían hacer.
-¿Quién sois para mandarme órdenes?- preguntó Lily desafiante a la vez que mostraba respeto.
Los Mortífagos rieron al ver que su señor sonreía a la pregunta de Lily.
-Yo soy el futuro señor de todos- contestó él con soberbia.
-¿Y porque?- inquirió James.
Debían ganar tiempo, si ganaban tiempo conseguirían distraerles hasta que llegara Dumbledore.
¿Pero sabría él lo que sucedía? ¿Aparecería a tiempo?
Pero la pregunta de James no causó el mismo efecto que la de Lily. Voldemort sacó su varita rápidamente y le mandó un hechizo a James, quien lo esquivó con facilidad.
Luego se volteó hacia Lily para atacarla, pero ella ya había creado un escudo protector.
James se acercó a ella, sacando la varita, al tiempo que el resto de los Mortifagos, quienes empezaron a lanzarles maldiciones.
No les sorprendió que no les mandaran ningún Avada Kedavra, quería atraparlos vivos para torturarlos, pero no se lo permitirían.
-Lily- le susurró James- ¿Cuánto puedes hacer durar la barrera?
La muchacha reflexionó preocupada antes de contestar.
-Pocos minutos más.
James recapacitó.
-Cuando la rompan, mandaré un Patronus a Dumbledore pidiendo ayuda, pero quizá por aquel entonces estemos muertos…
-Y con nosotros caerán la mitad de ellos- continuó Lily, con una amplia sonrisa-. No nos matarán James, nos quieren para divertirse y lo sabemos.
-Pero ellos no lo saben esto- terminó James.
-¿A la de tres?- preguntó Lily.
James asintió.
-Una, dos y… ¡Tres!- se rompió la barrera.
Cada uno saltó hacia otro lado, lanzando hechizos y maldiciones al tiempo que las esquivaban.
Cayó un mortífago, y en varios segundos otro par.
Lily y James luchaban espalda a espalda, técnica que les enseñó Moody: no tenías puntos débiles al tiempo que eras cuatro ojos.
Otro mortífago abatido, no sabían si vivo o muerto, lo importante era que eso significaba un peligro menos para ellos.
Pero se les escapó un detalle. Un insignificante detalle que casi les costó la vida.
Estaban rodeados por delante y por detrás, en dos líneas paralelas, pero no se acordaron de que Lord Voldemort los observaba de lado.
Este, se quedó mirando la escena hasta que creyó patética la acción de sus seguidores.
Les mandó una maldición y les obligó a separarse.
Entonces fueron vulnerables.
Entonces todos los hechizos y maldiciones les atacaron.
Sintieron dolor.
Tuvieron miedo.
Cesó todo.
James se levantó como pudo, herido y maltrecho, se acercó a la pelirroja, que estaba hecha una bolita temblando de dolor en el suelo.
La abrazó, al tiempo que oía las risotadas de los mortífagos.
Ahí se terminaría todo, allí acabaría su vida.
De pronto, pero, se dio cuenta de que Lily reía.
¿Reía?
Y al momento entendió porque.
La pelirroja se volteó y encaró el suelo, escondiendo una risita pícara, miró al techo.
-Démosles su misma medicina- le susurró a James, al tiempo que los mortífagos empezaban a cesar sus risas.
Sacó la varita a toda velocidad y mandó un hechizo al techo, al tiempo que conjuraba otro escudo.
El techo cayó como el de la capilla y los mortifagos intentaron desaparecer de allí. Algunos lo consiguieron pues se acercaron a su amo, quien los protegió, otros no tuvieron tanta suerte.
Justo después de eso, Albus Dumbledore apareció en la profanada iglesia.
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Tachan!
Antes que nada, decir que JUSTAMENTE HOY hace un año que publico esta historia ¿Qué? Yo estoy muy contenta mañana es mi cumple, así que reviews a modo de regalo (xD es broma)
Y bien, respecto al capítulooo… ¿Qué habrá pasado? ¿Habrá muerto alguien? Tachin tachan… ¡Cada vez más cerca del final!
Un beso, y comentarios please.
Eri.
